jueves, 15 de enero de 2009

Lectura compartida de Dan Simmons en el Foro Fantasy de Círculo de Lectores


Aquí andamos, ganándonos la vida. Esta mañana ha comenzado la lectura compartida de El Terror, la última novela de Dan Simmons (Rocaeditorial). Como la novela es un verdadero escándalo (aunque no se acerca a la grandiosidad de Hyperion, todo hay que decirlo), y combina lo mejor de la novela histórica, la novela de aventuras y exploración, y el género fantástico, su lectura es más que recomendable, y tiene mi voto casi seguro para la primera fase de la cuarta edición de los premios Xatafi-Cyberdark, cuya convocatoria acaba de hacerse pública y a la que dedicaré una entrada cuando subamos a la red el tercer número de Artifex Cuarta Época, por aquello de hablar a la vez del tropel de novedades de Xatafi: Paura 4, Hélice 11, Artifex 3 y IV premio Xatafi-Cyberdark. Casi ná.
Aunque el título de la novela de Simmons es lo de menos, casi que merece una reflexión. Simmons, inteligente él, juega con la doble acepción de terror, "miedo muy intenso" y el nombre de la nave capitaneada por Francis Crozier, la HMS Terror. Hubiera sido igual de pertinente titularla La Terror, en caja alta, por la nave; con el título El terror, en caja baja, parece que sólo nos habla del miedo, y la novela es mucho más que eso. ¿Qué tal hubiera quedado tirar por la calle de en medio y titularla simplemente Terror? Es mucho más sugerente, y elimina ambigüedades.
Pijadas aparte, la novela merece la pena, y es una firme candidata a codearse con las mejores novedades extranjeras aparecidas durante 2008, tanto en el Xatafi-Cyberdark como en el Ignotus. Así pues, que tiemblen (de terror, si quieren, o de frío) Michael Chabon, Junot Díaz, Haruki Murakami, Alastair Reynolds, Peter Hamilton, Robert Charles Wilson, Hal Duncan, China Miéville, Jeffrey Ford, Ray Bradbury o J. G. Ballard... Pensándolo mal, la cosecha de 2008 no ha estado nada mal.
Pues nada, que os leáis El Terror, que merece la pena. Para hacer boca, copio y pego el primer comentario del Foro Fantasy de Círculo. Y si queréis entrar a comentar el libro de Simmons, pues ya sabéis. Vuestras opiniones son más que bienvenidas.

------------

Comenzamos la lectura compartida de la novela El Terror, de Dan Simmons. Su título original es The Terror, apareció en 2007 y, aunque no se ha llevado ninguno de los premios que suele coleccionar (Locus, World Fantasy, Bram Stoker Hugo), sí obtuvo el primer puesto en la votación de los lectores de Amazon.com sobre los mejores libros de género fantástico de 2007.

En cuanto al género literario al que pertenece El Terror, decir que no es uno sino varios. Hasta ahora sólo hemos comentado lecturas que eran claramente de género fantástico, pero El Terror tiene una peculiaridad, que además esperamos que sirva para darle más juego y profundidad a la lectura compartida: mezcla los géneros histórico, de aventuras y terror.

El género histórico viene dado por la premisa de la historia: narra los pormenores de una expedición famosa, la de John Franklin, que partió en 1845 para buscar el Paso del Noroeste, la ruta marina que uniera los océanos Atlántico y Pacífico por el norte del Círculo Polar Ártico. La necesidad de abrir esta ruta era comercial y estratégica, ya que ahorraba tiempo con respecto a la del Cabo de Hornos, en el Pacífico Sur, y el canal de Panamá aún no había sido construido. Franklin organizó una expedición, patrocinada por la Royal Navy británica, y reclutó a 128 hombres, que zarparon en dos barcos, el HMS (Her Majestie's Ship) Erebus y el HMS Terror, que es el que da nombre a la novela. Ambos barcos se habían destacado en la expedición de James Clark Ross a la Antártida, y eran sólidos y fiables, pero sufrieron todas las penalidades posibles en su itinerario por el Ártico canadiense y... Bueno, mejor lo leéis en El Terror.

La expedición del Paso del Noroeste centró los esfuerzos navales británicos durante casi todo el siglo XIX, y tuvo momentos muy dramáticos, uno de los cuales fue la expedición de Franklin, pero también hubo otros, como la expedición de William Edward Parry (a ver, lectores de La Materia Oscura, ¿a qué os suena el apellido Parry?) en 1819-1820, en la que se basa el famosísimo cuadro de Caspar Friedrich Friedrich El mar de hielo.

Después de la expedición de Robert McClure (1850-1854), la Royal Navy británica parece desentenderse del asunto, y la búsqueda del Paso del Noroeste pasa a la iniciativa privada; a ella debemos la expedición de John Rae (1854), un empleado de la todopoderosa Compañía de la Bahía de Hudson que, para reducir riesgos y costes, emprendió una expedición terrestre.

Con todo, el Paso del Noroeste no quedó abierto hasta la llegada en 1906 de Roald Amundsen, el mismo explorador que fue el primer hombre en llegar al Polo Sur unos años después. La ruta es difícil de por sí, pues necesita de barcos rompehielos y no está practicable en otoño e invierno, aunque en los últimos años el cambio climático está haciendo que la ruta esté más despejada y dentro de un par de décadas se pueda llegar a plantear como una alternativa al canal de Panamá.

Éste es el contexto histórico de la novela. Dan Simmons la narra utilizando los puntos de vista de los principales implicados en la historia: John Franklin, el comandante de la expedición, un hombre atenazado por el recuerdo de sus dos matrimonios y de su primera expedición al Ártico canadiense, en el transcurso de la cual se cree que hubo prácticas de canibalismo y se llegó al extremo de que los supervivientes tuvieron que comerse sus calzados para sobrevivir (de ahí el mote que lo acompañará toda la vida: "el hombre que se comió sus botas"); Francis Crozier, el capitán de la Terror, con la que ya había viajado a la Antártida en la expedición de Ross, unos años antes (1839-1843); James Fitzjames, capitán de la otra nave que componía la expedición, la Erebus, que también había participado en la expedición de Ross a la Antártida. Además de ellos, tenemos los puntos de vista de marinos de a pie y demás miembros de la tripulación, lo que da como resultado una trama multiperspectivista, similar en la estructura y en los resultados a lo que está haciendo George R. R. Martin con la serie Canción de Hielo y Fuego.

Como novela de exploración, y novela "de Armada Británica", El Terror funciona muy bien. Se puede apreciar perfectamente el funcionamiento de una nave en el siglo XIX, y las comparaciones con Patrick O'Brian son perfectamente pertinentes.

El último elemento, el fantástico, el componente terrorífico, se desarrolla a lo largo de la novela, pero aparece con inusual crudeza en el primer capítulo, protagonizado por Crozier. La acción comienza en octubre de 1847, cerca ya del desenlace de esta historia. La Terror está aprisionada entre el hielo, como en el cuadro de Friedrich al que hemos aludido un poco más arriba. Crozier sube a la cubierta y ve una aurora boreal, que Simmons nos describe casi con elementos de la imaginería de la ciencia ficción. Hace un frío extremo, y la Terror y la Erebus están separadas por apenas un kilómetro de hielo. Ambas naves están embarrancadas entre montañas de hielo. Estamos en octubre, y lo peor está por llegar: el auténtico invierno a 70º de latitud norte implica que no hay luz solar; ahora, por lo menos, tienen la suerte de disponer de una hora de luz al día.

Crozier recuerda la expedición de Ross a la Antártida, y cómo le pusieron el nombre del comandante a toda aquella tierra, pero no le pusieron el nombre de ningún accidente geográfico a Crozier. Éste ve próxima la muerte, y sus pensamientos son esos: no pasará a la historia porque ningún cabo, isla, roca o volcán llevará su nombre. Hasta sus barcos le dan nombre a sendos volcanes de la Antártida, pues tanto la Erebus como la Terror estuvieron en la expedición de Ross.

En la cubierta ve a Hickey, el ayudante del calafatero. Es necesario calafatear la cubierta, sellarla con brea, para evitar que el frío afecte a la estructura y pueda entrar agua. Crozier y Hickey hablan: no se oye ningún disparo procedente de la Erebus desde hace más de una hora. Quieren creer que ha sido el hielo, no un disparo.

Crozier le pregunta por Lady Silenciosa, una inuit (esquimal) que los acompaña. El teniente Irving tiene órdenes de vigilarla, pero Crozier lo abronca: una cosa es vigilarla y otra es seguirla a todas partes, sobre todo a la cubierta, de donde no puede escapar, dado el frío que hace: Irving está poniendo en peligro su vida con esa actitud, pues la congelación, a esas temperaturas, es casi inmediata. No obstante, a Crozier le gusta Irving, joven marino pero veterano, pues estuvo en una nave que será importante: la HMS Excellent. No obstante, sierte cierta conmiseración por Irving, pues está enamorado de Lady Silenciosa.

Crozier recuerda sus tiempos de gobernador de la Tierra de Van Diemen (la actual Tasmania), cargo que tuvo que abandonar debido a las reformas que intentó impulsar en el territorio, que era una colonia penitenciaria.

Sus pensamientos derivan a Lady Silenciosa, a quien le recomienda que baje de cubierta. La llaman así porque no tiene lengua. No es su única peculiaridad: el médico, el doctor McDonald, le calcula una edad de entre quince y veinte años, y ha comprobado que es virgen; algo que le extraña a Crozier, pues los esquimales son promiscuos y, además, suelen ofrecerle sus mujeres a los británicos.

El soldado Watts corre al encuentro de Crozier: el ingeniero Thompson requiere su presencia en la bodega. El marinero Manson está a punto de amotinarse porque no quiere llevar más sacos de carbón de la sala de calderas. No le gusta lo que oye allí, que cree que son fantasmas. De la sala de Muertos se oye un clamor, como si una bestia estuviera rascando el casco del barco. Crozier los tranquiliza a todos diciendo que son ratas, pero no lo cree. Sabe que todo se debe a que hay un monstruo que los acecha y ha excavado un túnel entre el hielo hasta llegar al mismo casco de la Terror. Y la situación es crítica, porque la nave podría estar en verdadero peligro.

-----

Con este capítulo angustioso, que parece más bien un relato de terror, casi autoconclusivo, comienza la novela. Las deudas con Edgar Allan Poe y el relato de terror decimonónico (por ejemplo, La narración de Arthur Gordon Pym) son evidentes.

Vemos el carácter de Crozier como un recio hombre de mar, muy experto y tratando de mantener la calma en un momento en el que toda su vida se viene abajo. Es llamativo su pensamiento casi recurrente: no alcanzará el renombre que cree que merece, y que sí tuvo su comandante en la expedición a la Antártida, James Ross. Ningún accidente geográfico llevará su nombre.

En apenas unas pinceladas vemos a la perfección cómo funciona la cadena de mando en una nave de la Armada Real británica. La obsesión por los rangos y por no decir ni hacer nada inapropiado. Crozier combina la mano dura con el paternalismo, en una actitud que podríamos calificar de muy británica.

El elemento terrorífico, el monstruo que acecha en el exterior, nos es mostrado desde el primer capítulo, lo que ayuda a darle otro sentido al resto de la novela, casi esperando el momento en el que aparezca.

Asimismo, con apenas un par de detalles, ya nos preparamos para especular con el papel de Lady Silenciosa, la enigmática esquimal muda.

Como prólogo, este capítulo es inmejorable, y nos da muchas pistas del futuro desarrollo de la novela.

¿Qué opináis?


Etiquetas: , , , ,

8 Comments:

Blogger Jose Antonio del Valle said...

No sé si te he entendido mal, pero fue Franklin y no Crozier el gobernador de Tasmania. Sobre ello (sobre toda la vida de Franklin en realidad) hay una novela muy interesante: "El descubrimiento de la lentitud" de Sten Nadolny. Por si alguno se queda con ganas de más después de leer a Simmons, que puede ser :D

Respecto a la novela, es lo mejor que he leido ultimamente. Te deja al nivel del betún si alguna vez has escrito o pensado en escribir algo sobre exploración polar.

15 de enero de 2009, 14:15  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Yo opino que ¡¡quiero TIEMPO para leer! El que obtengo en los transportes públicos no es suficiente.

Mierda.

:P

15 de enero de 2009, 14:33  
Blogger Juanma said...

Jose:
En efecto, cagada mía efecto de las prisas. El gobernador de Tasmania fue Franklin, no Crozier. El pobre Crozier bastante tenía con ir de casquete polar en casquete polar. (Uy, qué feo ha sonado eso.)

Y totalmente de acuerdo con tu apreciación: a partir de ahora, pa qué voy a escribir nada sobre exploraciones polares, si Simmons lo hace tan bien...

16 de enero de 2009, 13:02  
Blogger Juanma said...

Anónima:

Bueno, puedes hacer lo que hago cuando una lectura me engancha: ir por el camino que requiera más tiempo. Si en tranvía tardo media hora, en bus tardo cuarenta minutos y en metro tardo cincuenta, pues voy en metro, y así me puedo leer unas cuantas páginas más cada día... :-D

16 de enero de 2009, 13:03  
Blogger Jimina Sabadú said...

Te voy a hacer caso y me lo voy a leer...

17 de enero de 2009, 16:57  
Blogger Juanma said...

¡Ese es el espíritu!

Pues hay momentos acojonantes, de puro terror psicológico, y otros igual de acojonantes, muuuy explícitos. Una delicia.

Y además, como dice Jose, si te gustan las novelas o la temática de exploraciones polares, es casi el libro definitivo (quitando el diario de Scott y cualquier libro sobre Shackleton, claro).

19 de enero de 2009, 11:07  
Anonymous Anónimo said...

El libro es bueno, se nota que el autor se ha documentado a fondo. Sin embargo, la traducción contiene numerosos errores que a veces distraen de la narración.

5 de mayo de 2009, 0:17  
Anonymous Anónimo said...

A mi me parece un libro desesperante y deprimente de principio a fin. Tan crudo y tan poco esperanzador que solo quieres que acabe el calvario. Con esto expuesto no excluyo lo bien escrito que está y los aportes que nos proporciona.

El libro que nadie debería leer si tiene una época mala

5 de noviembre de 2012, 20:32  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home