jueves, 26 de febrero de 2009

Postales desde el Mundo del Río


Es la primera vez que me entero de una noticia por Facebook, en vez de hacerlo a través de blogs o listas de correo, así que supongo que ésta va a ser la tendencia a partir de ahora.
Leo en el mensaje de estado de José Antonio del Valle que Philip José Farmer acaba de fallecer, y me quedo de piedra. No porque no me lo esperase (tenía noventa y un años), ni porque lo considerase el mejor autor de su generación, sino por una cuestión de puro cariño. Empecé en esto por culpa, entre otras (pocas) lecturas, de la serie del Mundo del Río. Me pasé la primera adolescencia soñando con resucitar en un mundo en el que estuviese toda la gente que ha existido en la historia de la humanidad, y poder conocer a mis ancestros, a gente famosa, a gente normal... y poder resucitar una y otra vez, y no tener que luchar por el alimento y caminar siempre desnudo en la orilla de un río inabarcable e interminable. También quería explorar los mundos que se abrían a través de Pórtico, ser alumno de Hari Seldon o asociarme con los tunantes Arnold y Gregor, pero, por encima de todo, lo que yo quería era explorar el Mundo del Río, con la compañía de Richard Francis Burton, Mark Twain o quien fuera.
Por aquello de la economía de medios (y que estoy a reventar de trabajo), copio y pego la necrológica que acabo de colgar en el Foro Fantasy de Círculo de Lectores. Sólo me he dejado una referencia que me parece obligatoria: hablar de "Las ruinas de mi cerebro", otro de mis relatos favoritos de todos los tiempos. Quitando eso, suscribo la necrológica palabra por palabra, con la perspectiva histórica que me dan los treinta minutos que han pasado desde que la escribí.
En casos como éste, lo razonable es ir a la librería más cercana, comprar algún título de Farmer y rendirle homenaje como a él le hubiera gustado: leyendo su obra. Pero, que yo sepa, sólo hay título suyo en catálogo; eso sí, el mejor. Hablo de A vuestros cuerpos dispersos. Si no lo conocéis, lanzaos a por él, sin duda. Vosotros también soñaréis con despertar en el Mundo del Río.

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El 25 de febrero falleció Philip José Farmer en su domicilio de Peoria (Illinois). Tenía noventa y un años.

Aunque no era un autor muy conocido por el gran público, lo cierto es que Farmer era uno de los grandes, y deja un poquito más huérfanos a los aficionados de todo el mundo, que ven cómo se mueren los autores de la denominada, con justicia, Edad de Oro de la ciencia ficción; ya sólo quedan Jack Vance (noventa y tres años) y Frederik Pohl (noventa).

Farmer nació en 1918 en Terre Haute (Indiana), y saltó a la fama con su novela Los amantes (1953), por la que ganó el premio Hugo al mejor autor novel. En ella se plantea un idilio entre un humano y una alienígena de una especie insectoide, en un mundo tiránico en el que este tipo de comportamientos está muy perseguido. El trasunto de la novela no era otro que las relaciones entre diferentes razas (en aquella década se comenzaban a abolir las discriminaciones con la minoría negra), y la novela levantó verdaderas ampollas. Leída hoy es bastante inocua, pero lo cierto es que se trata de una muy buena primera novela, y como tal hay que juzgarla.

Farmer abrió constantemente puertas a la apertura del género hacia nuevas formas expresivas y temáticas que hasta entonces se habían considerado tabúes. En 1960 publica una recopilación de relatos titulada Relaciones extrañas, en la que se adelanta a su tiempo en cuanto al tratamiento explícito de la sexualidad. En aquella época, sólo Theodore Sturgeon estaba yendo tan lejos en el campo de las publicaciones especializadas. De nuevo, algunos de los relatos han envejecido fatal en este aspecto, pero siguen siendo buenos relatos. No hay más que leer "Madre" o "Ábrete a mí, hermana mía".

Para estar a la altura del escándalo que supusieron los dos títulos ya citados, Farmer exploró a lo largo de su obra la sexualidad, e incluso la pornografía. La imagen de la bestia y Cuidado con la bestia, dos de sus novelas más famosas, son pornográficas, y Venus en la concha, firmada como Kilgore Trout, no es mucho menos explícita.

Con esta última, Farmer llegó a la culminación de una de sus obsesiones: el homenaje literario. Kilgore Trout es un personaje de las novelas de Kurt Vonnegut, y se inspira en el también escritor Theodore Sturgeon. De este modo, Farmer estaba rizando el rizo: escribía una novela "a la manera de" Vonnegut, firmada como uno de sus personajes y basada en otro autor. Merece la pena leerla.

Con todo, sus homenajes literarios más famosos tienen como protagonistas al Tarzán de Edgar Rice Burroughs y a Doc Savage. El primero aparece en una trilogía que comienza con otra de sus grandes novelas, A Feast Unknown. Y uno de sus cuentos más famosos, "El Niño Podrido de la Selva pasa de todo", consigue hacer funcionar un homenaje literario casi imposible: escribir un cuento del Tarzán de Edgar Rice Burroughs escrito a la manera del escritor vanguardista William Burroughs.

Su dominio del relato fue incuestionable, y lo convirtió en uno de los abanderados de la penúltima revolución que ha experimentado la ciencia ficción: la Nueva Ola. La antología emblemática del movimiento, Visiones peligrosas (seleccionada por Harlan Ellison) contiene el cuento más famoso de Farmer, y tal vez el mejor: "Jinetes del salario púrpura". Se llevó el Hugo, y comenzó a ser uno de los autores más influyentes del género. Ya no se limitaba a homenajear a sus ídolos y hacer aparecer a sus amigos en sus novelas, sino que él mismo marcaba tendencias y servía de inspiración a otros autores. Así, la serie de Ámbar de Roger Zelazny le debe mucho a la serie de Tiers, que comienza con Hacedor de universos.

Pero, por encima de todo, Philip José Farmer va a ser recordado por la serie del Mundo del Río, uno de los hitos de la ciencia ficción. Su primera parte, A vuestros cuerpos dispersos (1971), ganó el Hugo y aparece en todos los listados de mejores novelas de ciencia ficción. Con motivo. Farmer crea uno de los escenarios más apasionantes que ha dado el género: en un futuro cercano, toda la humanidad resucita en un planeta terraformado cuya superficie entera es el valle de un inmenso río. El protagonista, irónicamente, es Richard Francis Burton, el mítico explorador que descubrió las fuentes del Nilo. Se embarca en una expedición para encontrar, precisamente, las fuentes de ese río inmenso, y en el camino va rodeándose de personajes variados, algunos famosos y otros no: un neanderthal, un escritor de ciencia ficción (Peter Jairus Frigate, las mismas iniciales que Philip José Farmer) y un extraterrestre. Con el tiempo descubre que los humanos resucitados pueden morir... y resucitar; eso sí, en otro punto indeterminado del cauce del río. Ahora bien, tal vez no puedan resucitar indefinidamente.

La segunda novela de la serie, El fabuloso barco fluvial (1971), mantiene el nivel de la primera y está protagonizada por un piloto de barco de vapor del Misisipí, Samuel Clemens... que no es otro que el nombre auténtico del escritor Mark Twain. Las siguientes tres novelas, El oscuro designio, El laberinto mágico y Dioses del Mundo del Río, son de calidad decreciente y tal vez dejen un regusto amargo al lector, pero ya se sabe qué difícil es terminar bien una serie cuando comienzan a darse demasiadas explicaciones, algunas de ellas contradictorias...

Sea como fuere, Philip José Farmer es uno de los grandes escritores de ciencia ficción, un autor polivalente, irregular y prolífico, pero siempre fascinante.


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8 Comments:

Blogger manu said...

En el fondo sós un romántico, pibe :)

26 de febrero de 2009, 18:43  
Blogger Palimp said...

Una pena... que la tierra le sea leve.

26 de febrero de 2009, 19:53  
Anonymous Kaoss said...

Una pena, yo siempre tuve un cariño especial por Farmer. Como dices tal vez no sea el mejor escritor, pero ese punto entre homenaje al pulp de tantas de sus novelas.

Particularmente me impactó "Carne", en su momento, por la mezcla entre "El planeta de los simios" y peli porno...

26 de febrero de 2009, 22:17  
Anonymous An said...

Yo también me enteré por Facebook. Y también me pasmó haberme enterado por ese medio y no por otro... :O

Cada vez que camino descalza sobre la hierba, recuerdo el Mundo del Río, y añoro la existencia de un césped sin bichos, que no pique y que sea perfecto.

Y ya nunca habrá en mi mente un explorador mejor que Richard Burton (al que, por muy absurdo que sea, sólo puedo poner el mismo físico del actor que repite su nombre).

El Mundo del Río me recuerda a The Matrix, cuando todos los cuerpos están en su "cápsulas" o capullos... Tiene imágenes de las que nunca nos desprenderemos.

Y me temo que cuando esté a las puertas de la muerte, me preguntaré si despertaré en un lugar cubierto de ese césped perfecto.

28 de febrero de 2009, 20:08  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

An era yo, que se me va la barra y el ratón...
;)

28 de febrero de 2009, 20:09  
Blogger Renee Vivien said...

Ostras! Hacía tiempo que no sabía nada de ti y me encuntro con esto! De este señor si no recuerdo mal nos recomendaste la novelita "Los amantes", que me encantó, así que seguiré tu recomendación y buscaré otra cosa del tipo! Gracias

1 de marzo de 2009, 8:24  
Blogger Juanma said...

¡Gracias a ti, por leerme!

¿Qué tal todo? Pau me va contando cosas de vosotros.

Abrazos grandes.

2 de marzo de 2009, 16:29  
Blogger JAIME RAMOS MAYA said...

Si, phillip jose fármer, uno de los mejores escritores de Ciencia-Ficción que ha existido y que ya no esta. Pero en este momento estara sin duda, navegando en el FABULOSO BARCO FLUVIAL.

2 de septiembre de 2013, 0:20  

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