miércoles, 25 de febrero de 2009

La primera en la frente

Es una ley universal (y creo que hasta tiene su nombre) el que cuando te llega un libro de la imprenta, siempre, sin excepción, lo abres por la página que contiene el fallo más clamoroso, el error más garrafal. A todos nos ha pasado alguna vez, y siempre ocurrirá. En ocasiones da lo mismo cuántos filtros haya pasado el libro, cuántos ojos lo hayan visto.
Recuerdo un certificado de un curso de corrección de estilo, impartido por el mismísimo José Martínez de Sousa, en el que había una cantada taaan gorda que Asetrad tuvo que expedirnos otra vez el certificado.
A todos nos puede suceder. A todos nos ha ocurrido.
Ayer comencé un curso de corrección de estilo, impartido por Silvia Senz en la sede barcelonesa de EdiTrain. Como todas las lecciones inaugurales, tuvo más de teoría que de práctica, y se centró en los procesos de calidad editorial y en las responsabilidades de cada uno de los elementos que intervienen en el proceso de edición. El editor firma un pacto (el contrato) con el autor, y ambos tienen obligaciones y derechos, explícitos o implícitos. La corrección y las revisiones son medios que resultan beneficiosos tanto para el editor (que mantiene sus estándares de calidad y su prestigio, en el caso de que le importe editar un producto) como para el autor (que ve cómo su obra se edita en las mejores condiciones posibles).
Hasta aquí, la teoría.
Vimos ejemplos prácticos de hasta qué punto se puede llegar a infringir este pacto, que además se lleva por delante al lector, que la mayoría de las veces no tiene derecho a algo tan elemental como la devolución del importe de libros mal editados, por no decir insultantes. Libros juveniles de misterio en los que faltan las claves para resolver el enigma, por lo que cabe hablar, claramente, de fraude: no dan lo que prometían. Notas a pie de página en las que han bailado los dígitos de una fecha, con lo que se da una cronología descabellada (o anterior a nuestra era). Textos técnicos con párrafos breves en los que aparecen hasta once palabras acabadas en "-ción", sin que al parecer nadie fuera capaz de advertir la cacofonía o proponer sinónimos.
Silvia nos prometió llevarnos a clase las memorias de José Martínez de Sousa, cuya primera edición contiene una cagada muy gorda... ¡en la misma cubierta!
Los ejemplos son incontables. Creo que todos estábamos pensando en nuestros horrores favoritos, propios o ajenos, tanto los editados o corregidos por uno mismo como los que atesoramos en nuestras estanterías.
No todos estos errores son el producto de la negligencia, la desidia, el abaratamiento de costes, las prisas, la cuenta de resultados, la inoperancia, las tarifas esclavistas, los errores de principiante o descuidos tan tontos como que te saltaste un párrafo porque justo en ese momento llamaban a la puerta (cosa que, sí, amiguitos, ocurre con frecuencia: el editor y el corrector no trabajan en una celda de aislamiento). Buena parte de estos errores suceden porque suceden. Siempre falta algún par de ojos para detectarlos, aunque la editorial sea un paradigma de excelencia. Las leyes universales son implacables: siempre tiene que haber, al menos, una cantada de antología, agazapada justo en la página que abres al azar cuando, por fin, te llegan los libros de la imprenta.
Así es y así será.
Dicho esto, acabo de volver del centro. Siempre que puedo me acerco por La Central del Raval (mi librería favorita de Barcelona, sin duda) y por la Fnac del Triangle. Son visitas breves, apenas pensadas para ponerme al día de lo que se edita, para buscar posibles candidatos a los premios Xatafi-Cyberdark, posibles futuras reseñas para Hélice o Literatura Prospectiva.
En la de esta tarde me he encontrado con un posible candidato en la categoría de libro español, que tendré que agenciarme de alguna manera para comprobar si merece la pena, y con un ensayo colectivo sobre cine de ciencia ficción en el que tenía fundadas esperanzas, de cara al Xatafi-Cyberdark y los Ignotus.
Sin embargo, con respecto a este último, he tenido la desgracia de empezar justo por una cantada de las que hacen auténtica pupa, con el que, además, comienza el ensayo "Solarianas" de mi idolatrada Pilar Pedraza:

En la novela del checo Stanislaw Lem...


Y ya no he podido seguir. No voy a leérmelo. No voy a tomarlo en consideración para ningún premio. No me da la real gana.
Es posible que se trate de eso, del error garrafal inevitable que se escapa porque siempre falta un par de ojos en la editorial, y el resto del ensayo dé lo que cabe esperar de la autora de Espectra y La fase del rubí. ¿De qué otra cosa podría tratarse? No he continuado hojeando el volumen porque no tenía tiempo, y porque el error me ha llegado al fondo del alma. Tal vez estoy siendo injusto, o tal vez sea una más de incontables cagadas. No lo sé. No quiero saberlo, aunque en la ficha del libro en la página web de Valdemar continúan los despropósitos, esta vez en forma de "Arthur C. Clark".
He leído justo el tipo de error que hace que un lector como yo, justo el perfil del lector potencial de un volumen a priori interesante como éste, desista de leerlo.
Pilar Pedraza me parece, sin discusión, la mejor narradora de terror y ensayista sobre literatura fantástica que tenemos en España.
Antonio José Navarro está realizando una labor encomiable con las recopilaciones de ensayos sobre cine que coordina.
Valdemar se merece todos los premios nacionales a la labor editorial que ha ganado.
Y, sin embargo, ha ocurrido lo impensable: he abierto el libro por un error de contenido tal vez disculpable en una autora que no tiene por qué conocer la obra de Stanislaw Lem más allá del hecho de que sirvió como base literaria para las películas que entra a analizar en su ensayo, ni saber que era polaco y no checo, pero en modo alguno admisible para una de las editoriales que tiene los estándares de calidad más elevados del panorama español, ni para uno de los mayores y más respetables expertos en cine fantástico que hay en España.
Alguien no ha hecho los deberes que le correspondía hacer como autor, coordinador y/o editor, respectivamente.
Y se han quedado sin un lector.
Por todo esto es necesaria la existencia de correctores de estilo, de contenidos y ortotipográficos. Por todo esto seguimos cagándonos en la madre que nos parió cada vez que abrimos un libro recién salido de imprenta y, a pesar de todos los filtros, ahí está, la gran cantada, desafiante, justo en la primera página que abrimos al azar.
Por todo esto hay que ser indulgentes pero sin caer en la complacencia: a todos nos puede suceder... una cantidad razonable de veces, se entiende.
Y por esto siempre hace falta otro par de ojos para que un libro esté completo: los tuyos, lector.

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10 Comments:

Blogger Alfonso Merelo said...

Lo que es ley universal es que siempre está el error en algo al que le echas un vistazo. Es como una llamada hipnótica: el error está ahí para que tú, el otro claro, lo descubras de un vistazo. Anda que no he peillado yo barbaridades en reglamentos o en disposiciones. Es que no tengo ni que leerlas. Ayer, en una lectura rápida de un reglamento sometido a información pública, lo primero que leo es que se equivocan de numeración de artículo (el que aparece está sustituido por otro y en otra ley hace mas de 3 años, concretamente la LOU y la LAU). Han copiado y cortado y nadie se ha preocupado de cambiar un 11 por un 64. Pero es que hoy al mirar unos plazos de subsanación en un párrafo se hace referencia a dias naturales y en el siguiente a habiles. ¿A ver que coño haces tu ahora? En fin que es cosa de brujas :)

25 de febrero de 2009, 19:13  
Blogger Juanma said...

Los duendecillos de la imprenta, siempre tan revoltosos. :-)

El problema es que si se trata de textos aplicados, la puedes liar parda. Que te digas que Lem era checo, pues bueno, eso nos puede cabrear a mí y a cuatro puretas más, pero arriesgarte a que te caiga un paquete porque en el reglamento se trabuquen con un plazo, o a matar a un paciente porque en un libro de enfermería te baile un cero al aplicar una dosis... Aaamigo, eso ya es otra cosa.

25 de febrero de 2009, 19:17  
Blogger Rodolfo Martínez said...

Curiosamente, hace un par de días encontré un gazapo en uno de mis libros que se nos escapó a mí, al editor (y asumo que a buena parte de los lectores, pues nadie hasta ahora me lo había comentado).

En determinado momento un personaje femenino dice algo como:

"No soy hermosa. Lo que pasa es que como no soy una muñeca sumisa e independiente, los hombres me encuentran atractiva".

La cagada tiene tela. Y lo que yo quería escribir no era eso, evidentemente sino supongo algo como "sumisa y obediente" o "sumisa y dependiente". El problema del autor es que sabe lo que quiere decir y, al releerlo, asume automáticamente que ha escrito eso, cosa que a veces no es cierto.

En cuanto al lector, supongo que también, si es una expresión muy obvia, sabe lo que espera leer, y lo lee aunque no esté allí.

Hay gazapos muy chungos de pillar precisamente porque en realidad muchas veces no leemos lo que hay, sino que leemos una parte y asumimos el resto, en cierta manera. Hacemos un ejercicio de estrapolación, como si dijéramos.

26 de febrero de 2009, 6:42  
Blogger Juanma said...

Joer, Rudy, la tuya supera a las mías. :-/

Buena parte del problema estriba en lo que comentas: que el corrector o el editor siempre están buscando otras cosas (si haces ortotipográfica, se te pasan cosas de estilo; si haces estilo, se te pueden pasar cantadas de contenidos, etc.) y se les/nos escapan absurdidades flagrantes.

26 de febrero de 2009, 15:32  
Blogger Rodolfo Martínez said...

El rudysmo, ya sabes, que sigue floreciendo impenitente.

26 de febrero de 2009, 17:47  
Blogger Juanma said...

Ya te digo. Es que, claro, cualquier libro de Rudy necesita una corrección adicional: de estilo, ortotipográfica... y de rudysmos. :-P

26 de febrero de 2009, 17:49  
OpenID Instan said...

Pues a mí me parece un simple y claro ejemplo de hablar de un tema sin tener ni idea. Existe la idea, difundida entre los máximos defensores de eso de lo posmoderno, que la falsa erudición y el empleo de prosas espesas es suficiente para esconder la supina ignorancia.

Ocurre que en este caso el lector es un experto en el género de la ciencia ficción y no cuela, y en otros casos sí.

No sé como será Pedraza como narradora, pero he leído algún extracto de uno de sus ensayos en la desaparecida Galaxia y pocas veces he leído algo tan cargante, espeso e indigesto para las neuronas.

Desconfío mucho de quienes evitan la claridad en beneficio de una batería de aparente erudición. Desde luego yo no me leería el libro.

En cuanto a Valdemar. Todo el mundo mete la pata, pero tampoco me extrañaría que no se fijasen en algo como lo de Lem porque se supone que si encargas a alguien un ensayo sobre las adaptaciones al cine de una novela, al menos tendrá que sonar el autor de la novela. Hombre en realidad uno tendría que leerse la novela, alguna más del mismo autor, conocer su biografía, la cinematografía de los directores que han adaptado la novela, etc.

26 de febrero de 2009, 19:29  
OpenID arturovillarrubia said...

En todas partes cuecen habas.
Acabo de leer en la revista Imagenes un reportaje sobre Watchman: la pinicula.
Comentan con mucha aprobación la frase de Roschach: Never compromise,not even of the face of Armagedon.
(no tengo el original a mano)
que se traduciria.
Nunca renunciar a los principios, ni si quiera enfrentandose al Armagedon.
Que es la frase de un personaje heroico.
El probleam es que lo han traducido como:
Nunca comprometerte, ni aunque te enfrentes al Armagedon.
Que es la frase de un soltero impenitente en juerga universitaria III

26 de febrero de 2009, 19:35  
OpenID arturovillarrubia said...

En todas partes cuecen habas.
Acabo de leer en la revista Imagenes un reportaje sobre Watchman: la pinicula.
Comentan con mucha aprobación la frase de Roschach: Never compromise,not even of the face of Armagedon.
(no tengo el original a mano)
que se traduciria.
Nunca renunciar a los principios, ni si quiera enfrentandose al Armagedon.
Que es la frase de un personaje heroico.
El probleam es que lo han traducido como:
Nunca comprometerte, ni aunque te enfrentes al Armagedon.
Que es la frase de un soltero impenitente en juerga universitaria III

26 de febrero de 2009, 19:35  
Blogger Renee Vivien said...

Salvando que no estoy de acuerdo contigo en lo de "La central del Raval", para mí una librería pésima y patética, que por cierto está en números rojos y en la que sólo uno de los trabajadores ha leído un libro en su vida, y no lo digo porque donde estoy yo sea mejor, que también es bastante patética en algunos aspectos, lo de los gazapos es como tú dices, y a veces hay que tomárselo a broma. Recuerdo la traducción de las Crónicas de la Dragonlance al catalán de Devir. Ibas a gazapo y error ortotipográfico por página.

Tendré que releerme "Si una noche de invierno un viajero..." de mi idolatrado Ítalo Calvino y aprovechar para reirme un poco más.

1 de marzo de 2009, 8:42  

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