miércoles, 23 de abril de 2008

Ideas para Sant Jordi

Este año veré los toros desde la barrera. En vez de pasarme el día de Sant Jordi en una librería, experiencia agotadora pero divertidísima, me lo pasaré corrigiendo (por la mañana y a primera hora de la tarde), dando la vara en Hacienda para que me expidan de una santa vez los certificados de subcontratista que necesito para poder facturar mis primeras colaboraciones (saldré pitando en cuanto haya subido esta actualización) y visitando librerías en la Rambla y quedando con los compis del máster de edición (a última hora de la tarde). Así pues, esta actualización no versará sobre mis experiencias como librero en Excellence, ni sobre mi asistencia al pregón del Día del Libro. No obstante, friquismo obliga, quería escribir algo relacionado con la festividad de Sant Jordi, y, para ello, nada mejor que recomendaros algunos libros. Pero no unos libros cualesquiera (si queréis recomendaciones de género fantástico, cualquiera de los finalistas del premio Xatafi-Cyberdark 2008 os debería valer), sino tres títulos en los que estoy implicado de una manera u otra. No como autor, ni como editor, pero sí como corrector (los dos primeros) o como indizador (el tercero).
Hay más libros, ya que durante estos meses no he parado, pero algunos aún no están en el mercado, o sí lo están pero prefiero que no se me relacione con ellos. (Ya sabéis: novelas románticas, ensayos ubicados en las antípodas de mi ideología pero que alguien tiene que corregir, títulos de editoriales que se pasan tres pueblos a la hora de demorar el pago de colaboraciones y de los que por tanto no pienso hacer publicidad por muy buenos que sean...) Una lástima, porque hay al menos cuatro títulos imprescindibles de los que me hubiera gustado hablar en esta entrada. Otra vez será.

Noticias desde un universo desconocido. La fascinante historia de los océanos, de Frank Schätzing, es el primer libro que corregí en esta nueva etapa de mi vida. Lo edita Planeta, y es un ensayo elaborado con el material de consulta que utilizó el autor para escribir su best-seller El quinto día. Se trata de una lectura muy amena, en la mejor tradición del ensayo divulgativo (por momentos parece una versión "submarina" del Cosmos de Carl Sagan) y, aunque no siempre se aleja del efectismo de El quinto día, lo cierto es que es un compendio muy bien documentado y estructurado de la historia de la vida en el mar (lo cual es tanto como decir de la historia de la vida en la Tierra), de los problemas actuales que amenazan la vida marina (y, por extensión, la vida en cualquier otro ecosistema terrestre) y la proyección de futuro y posibles escenarios a los que debemos enfrentarnos. Como digo, a veces incurre en cierto efectismo, pero por lo general es muy comedido, si bien el autor no deja de repartir hostias a diestro y siniestro a todos los estamentos relacionados con la destrucción y conservación del medio marino. Igual reparte cera a los balleneros como a los ecologistas (si prohibimos toda la caza de ballenas, nos cargaremos a algunas comunidades nativas americanas que no tienen otro medio de subsistencia), pero, lejos de incurrir en el antiecologismo, nos presenta imágenes lo suficientemente explícitas como para que la cuestión de la conservación del medio marino salga de nosotros mismos: resulta inolvidable la explicación del proceso de elaboración de la sopa de aleta de tiburón por parte de los pesqueros chinos; la descripción de la tortura que sufren los escualos, una vez se les han arrancado las aletas caudales y han sido devueltos al mar, donde no tardarán en morir, parece un relato de Edgar Allan Poe, y sería capaz de remover la conciencia del antiecologista más cerril.
En resumen, un libro interesante y ameno, lleno de imágenes preciosas y perturbadoras, que nos muestra que, más que la conquista del espacio, lo que deberíamos hacer es aprender a conocer los fondos del océano, para saber en qué planeta vivimos y conservarlo mejor.
Ebro. Viaje por el camino del agua, de Pedro Cases (Ed. Península, col. Atalaya núm. 314), es otro título relacionado con el líquido elemento, pero en un tono mucho más cercano e íntimo. Podríamos encuadrarlo en el subgénero de libros de viajes iniciáticos. El autor, colaborador de El País y Cinco días, y autor de artículos de viajes, decide realizar un viaje en apariencia mucho más sencillo que aquellos a los que está acostumbrado, pero que resulta ser complejo y frustrante a partes iguales. El empeño de recorrer el Ebro desde sus fuentes hasta la desembocadura, más de novecientos kilómetros, choca con escollos importantes: la deficiente cartografía (no todas las rutas coinciden con la topografía real del terreno, por lo que se pierde en numerosas ocasiones) y los problemas de salud (ampollas al principio, pero después una enfermedad grave de su esposa y acompañante). Así pues, cuanto más avanza por el cauce del Ebro, más indefenso se encuentra. Tiene que posponer la segunda parte del viaje, y reemprenderlo unos meses después, en el punto en el que lo dejó. A partir de ese momento, y ya solo, vemos las imágenes más perturbadoras de un recorrido iniciático, en el que deja atrás recuerdos de infancia y adolescencia en el curso alto del río, para recorrerlo en soledad en el tramo más árido y escabroso, el de las etapas de cuarenta kilómetros. También pone de manifiesto que el río, que en teoría une todo el noreste peninsular, en ocasiones es un obstáculo que lo separa: no existe un mapa único del Ebro, cada comunidad autónoma dispone de sus propias rutas turísticas y caminos pecuarios, por lo que en ocasiones, la diferencia entre perderse y no hacerlo estriba nada más que en cruzar el río y, por tanto, adentrarse en otra comunidad autónoma.
Con la mochila a cuestas, y obligado a no ir en ningún otro medio que no sea a pie, Pedro Cases muestra un alma desnuda y en constante transformación, al tiempo que pone de manifiesto las contradicciones de las políticas agrarias e hidrológicas, el despoblamiento de la España interior, imágenes de pueblos e industrias abandonadas, referentes literarios e históricos... y, sobre todo, conversaciones con mucha gente, muy buena gente. La maduración del autor es la nuestra, pues aprendemos a mirar con otros ojos el paisaje rural y las gentes de la ribera del Ebro, a valorar de otra manera esa línea azul que recorre el mapa de carreteras, ese obstáculo para el conductor, salvado por puentes, que sin embargo es un camino de unión, pero también puede serlo de discordia.
(Edito la información sobre este título, eliminando alguna inexactitud. Muchas gracias a Ana Román, por ponerse en contacto con nosotros.)
Como el día del libro en Catalunya no se puede entender sin recurrir a Sant Jordi y el dragón, aquí va uno de dragones. Sylvie Chausse (autora del texto) y Philippe-Henri Turin (ilustrador) nos ofrecen, con Dragones cariñosos (Ed. Oniro), un acercamiento divertido y entrañable al mundo de los dragones de todas las culturas y ámbitos. Los dibujos son una auténtica pasada, lo que lo convierte en un libro de regalo si tenéis niños o sobrinos a los que robárselo o tomárselo prestado de vez en cuando.
Son sólo tres propuestas, pero ya os digo, hay muchas más, tantas como queráis: sólo en Catalunya, el día de Sant Jordi supone el 10 por ciento de las ventas anuales.
Os he recomendado los libros. De las rosas os encargáis vosotros.

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11 Comments:

Anonymous manu said...

A ver cuándo te encontramos en Sant Jordi firmando tus libros :)

23 de abril de 2008, 12:41  
Blogger Juanma said...

Dick (y algún editor, claro está) te oiga. :-)

23 de abril de 2008, 14:31  
OpenID kotinussa said...

Bueno, hoy toca hablar de libros, por supuesto. Pero en mi post de hoy, en lugar de recomendar, lo que hago es confesar públicamente que odio un libro de esos que tooooodo el mundo considera una obra maestra.

Es lo que hay.

Besos, y que sepas que aunque lleve tiempo sin comentar, te leo siempre.

23 de abril de 2008, 20:27  
OpenID arturovillarrubia said...

Bueno, hoy en "El publico" he visto retratarse a algunos politicos. Unos por mucho ( al ministro de cultura le gusta la Eneida pero ...solo el libro V) o por poco( ¡El libro de cabecera de Rosa Diez son "Los Pilares de la tierra"). Especialmente Super-Gaspi con "El Guardian entre el centeno". Un libro cuyos admiradores no parecen haberse acabado nunca porque lo que dicen Saliger es que pijo protagonista tiene que madurar.
En fin...

23 de abril de 2008, 22:53  
Blogger Juanma said...

Koti:

Odiarla no, pero desde luego me parece una chorrada, y no sé qué le ven. Olé por tu post. Ya te he contestado. :-)

Besooos. :-*****

24 de abril de 2008, 9:19  
Blogger Juanma said...

Arturo:

El problema de la gente es que lee lo que quiere leer, y sí, supongo que el libro de Salinger lo lees con quince años (lo leí más o menos en esa época) y lo puedes interpretar como una apología del peterpanismo, cuando lo que le pasa a Holden es que ha madurado y monta lo que monta para erigirse en figura paterna de su hermanita, que a todo esto ya era bastante más madura que él... En fin, quién nos entiende... :-P

24 de abril de 2008, 9:22  
Blogger Small Blue Thing said...

Ete... ¿Tú has pensado alguna vez en hacerte agente?

24 de abril de 2008, 12:34  
Blogger Juanma said...

Sí, pero no me sale a cuenta.

De momento, estoy empezando a hacer informes para una agencia, a ver si les gustan y me siguen dando más libros para informar. ;-)

:-***

24 de abril de 2008, 12:41  
Anonymous arturo said...

La primera vez que supe que a los chicos del laboratorio en España los llamaban la Brigada de la policia Cientifica, el friki que llevo dentro no pudo evitar imaginar a unos tipos con trajes futuristas que investigan una presunta violacion de las leyes de la fisica.
Lo de agente literario me hace pensar en
- ¡Agente literario! Este libro queda detenido.
- Pero si yo quiero que se edite ..
- Sabré yo lo que le conviene.
Me refiero a cosas como el agente de Jonathan Carroll que rechazó a Mondadori...

24 de abril de 2008, 18:09  
Blogger Small Blue Thing said...

Pues te lo propongo muy en serio. Total soy más muerta de hambre que tú, así que puedes explotarme más que a David Duchovny ;DDD

Vaaaa, porfaaaa...

28 de abril de 2008, 17:39  
Blogger Juanma said...

Que mira que los agentes se llevan hasta un diez por cientoooo, que son unos explotadoreees...

La idea es buena, y me estáis tentando: en vez de gastar relaciones públicas y tóner de impresora en disparar a ciegas, un autor se busca un buen agente que mueva su manuscrito, y así tiene la relativa seguridad de que va a llamar a las puertas adecuadas. El que publiquen el manuscrito ya es otra cosa, pero por lo menos tienes la seguridad de que alguien lo está moviendo de una manera razonable.


Eso sí, se quedan con un porcentaje; pero es mejor que en tu liquidación de derechos aparezca un cinco por ciento menos de algo que un cero por ciento de nada: por lo menos, es señal de que te han publicado el libro...

28 de abril de 2008, 17:45  

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