sábado, 14 de julio de 2007

Crónica de urgencia del Summercase (viernes 13)

Como esta semana he actualizado poco, aprovecho para escribir una mini crónica en dos partes del festival musical Summercase, que durante este fin de semana se está celebrando de manera simultánea en Madrid y en Barcelona. ¿Cómo es posible simultanear un festival en dos ciudades? Fácil: el cartel del viernes 13 en Barcelona toca en Madrid el sábado 14, y el del viernes 13 en Madrid lo hace en Barcelona el sábado 14.
Llevaba cuatro años sin asistir a macrofestivales; en concreto, desde el Primavera Sound del 2003, cuando todavía se celebraba en el Poble Espanyol. Para mí era un lugar muy cómodo, porque podía regresar andando a casa. Aquella edición deparó momentos inolvidables, como los conciertazos bajo la lluvia de White Stripes, Mogwai y Sonic Youth. Muy importante.
Para esta ocasión, el cartel me resulta algo más ajeno. He perdido contacto con la música que se hace ahora, y en cierto modo quería saldar cuentas con grupos e intérpretes a quienes aún no había ido a ver en concierto, así como ver qué se está haciendo en estos momentos. El rollito festival me empezaba a agobiar hace unos cuantos años (no sé si porque me estoy haciendo mayor o qué), pero en general compensa. Te pasas el fin de semana la mar de entrenido, y, por mucho que vayas de un lado para otro durante dos noches seguidas y no tengas tiempo ni para mear (dicho sea esto de un modo casi literal), resulta mucho más agotador ir a una hispacón o una Semana Negra, por ejemplo. Al menos, en mi caso. Por lo menos, en un festival musical no me paso hablando veinte horas diarias.
Durante la jornada de ayer pude constatar varias verdades incómodas:
-Me faltan diez centímetros de patillas para estar a tono con el espectador medio del Summercase.
-Al no llevar gafas de pasta, la gente se me quedaba mirando.
-Mi camiseta negra de Sin City daba mucho el cante. Y no tengo polos a rayitas horizontales rojas y negras. ¡Cielos, esta noche volveré a dar el cante!
-Siguen estando plenamente vigentes las leyes de Murphy sobre Tíos Altos O Gilipollas (o ambas cosas) Que Se Ponen Justo Delante De Ti En Los Conciertos Que Más Te Interesan. Aunque, en los cuatro años transcurridos desde mi último macrofestival, he podido comprobar que existe un corolario a la citada ley. Además de tíos altos o gilipollas, existe un tercer tipo de espectador que, con una probabilidad cercana al cien por cien, te va a joder tu concierto favorito: el Tío Con Sombrerito A Lo Muchachito Bombo Inferno. Por supuesto, no existe ninguna incompatibilidad con las otras dos categorías, y es perfectamente posible que delante de ti se plantifique un Tío Alto, Gilipollas Y Con Sombrerito A Lo Muchachito Bombo Inferno.
Dicho esto, las posibilidades del Fòrum como lugar de celebración de eventos de estas características son harto interesantes. Los cuatro escenarios están lo suficientemente alejados como para que no se produzcan demasiadas interferencias entre conciertos, y lo suficientemente cerca como para que el desplazamiento de un concierto a otro sea rápido. Además, está alejado de lugares habitados, y el vientecito del mar ayuda a sobrellevar las calurosas noches estivales de Barcelona. Los lavabos son infectos, aunque sigo con la duda razonable acerca de si fui a mear a un lavabo portátil o a un montaje artístico de los que se suelen exponer en el MACBA.
Las colas para el acceso eran un desmadre a primera hora de la tarde. Álex y Nuria tardaron cerca de una hora en poder entrar al recinto. Jordi, Kaoss y yo tuvimos más suerte. De todos modos, eso de pasar tres controles de seguridad no termina de parecerme muy normal. Ni que hubiera amenaza de atentado de Al Qaeda, joer.
Las tiendas de mercadotecnia tampoco es que estuvieran muy bien surtidas. En un momento dado me planteé despojarme de mi camiseta negra friqui (insisto, iba dando el cante), y no hubo manera de pasar desapercibido, porque todas las camisetas eran tirando a espantosas. Tampoco había pelucas con flequillos y patillas.
Las colas para adquirir tickets de comida y bebida eran kilométricas, ya que no se permitía el acceso de comida desde el exterior, y las botellas sólo podían entrarse sin tapón. Visto lo cual, Jordi y yo nos pusimos las botas en un bar chinocatalán de los alrededores. Con decir que llegué a casa a las seis de la mañana, y no tenía ni pizca de apetito...
Los cuatro escenarios (o terminales) intentaban conciliar los gustos de los espectadores con las características de los conciertos a celebrar. De este modo, las terminales Sur y Norte son carpas de circo o de feria de abril, muy aptas para desvariar a altas horas de la noche, pero no cuando aún es de día y no cabe un alfiler. Es lo que sucedió en la terminal Sur durante el concierto de PJ Harvey: si estabas al aire libre, soplaba un vientecito muy rico; pero si te metías bajo la carpa, llovía sudor condensado. Por contra, la terminal Este era un escenario muy amplio, con gradas desde las que el público podía contemplar el concierto sentado y comiendo tranquilamente, reponiendo fuerzas de cara a los siguientes conciertos. En el centro, la terminal Oeste, donde tocan los platos fuertes.
En cuanto a los conciertos propiamente dichos, me da la impresión de que el cartel está muy descompensado: demasiados conciertos interesantes el viernes, y muy poquitos el sábado. Un espectador de Madrid supongo que dirá lo contrario.

Al llegar a las ocho de la tarde, me perdí a Hidden Cameras, uno de los grupos que tenía apuntados entre mis musts. Álex y Nuria contaron que había estado bien, y que, por supuesto, terminaron con su himno "Ban Marriage". Jordi, Kaoss y yo nos quedamos viendo a los Editors, un grupo razonablemente bueno que suena a Joy Division (vozarrón del cantante) y que supo graduar muy bien el repertorio, con un final de concierto espectacular.
Calificación: 6,5.

De allí nos fuimos a la terminal Sur, donde Guillemots estaban en un momento psicodélico distorsionador que nos mareó a los dos minutos. Seguimos el resto del concierto tumbados en el césped, y la verdad es que la cosa se tranquilizó y pudimos escuchar a un grupo con muy buenos fundamentos.
Calificación: 6.

Una de mis deudas musicales pendientes hasta ayer era no haber visto en directo a PJ Harvey. Ayer saldé la deuda, pero me fui con una sensación agridulce. La apuesta era muy arriesgada: Polly Jean tocó en solitario, sin ayudas, tan sólo con su presencia (aunque su modelito retro parecía más propio de Björk), su imponente voz y su repertorio prácticamente perfecto. El único precedente que recuerdo en un macrofestival fue Julian Cope en un Primavera Sound, y casi tuvieron que sacarlo a rastras del escenario. PJ Harvey comenzó de una manera arrolladora, tres canciones seguidas interpretadas con su guitarra y sus cambios de ritmo y de voz, y me emocioné tanto que incluso envié sms a amigos para compartir la magia del momento. Sin embargo, cuando se sentó al piano la cosa cambió radicalmente. Polly Jean se enredó y espesó, y me pasé el concierto a trompicones, arrastrado hacia dentro y hacia fuera a medida que se sucedían los cambios de instrumento. Hacia el final, lo arregló con una interpretación del "Rid of Me" que nos puso los pelos de punta a todos los asistentes. Como digo, la apuesta era muy arriesgada, y de haberle salido bien habríamos tenido uno de los conciertos del año. O puede que mis expectativas fueran demasiado elevadas. No sé.
Calificación: 7.

En este punto, comenzaron las dudas: ¿Astrud o Flaming Lips? Me decanté por los últimos: ya podré ver a Manolo y Genís en más ocasiones. El principio de los de Oklahoma fue desastroso, con una "Race for the Prize" que apenas tenía que ver con aquel arranque tan imponente de su obra maestra, The Soft Bulletin. Jordi y Kaoss estuvieron a punto de largarse, pero les pedí que se les dieran un margen de confianza de tres canciones. Bendita la hora. Wayne Coyne se entonó, empeñado en parecer una versión indie de Peter Gabriel, y la profusión de freaks bailando sobre el escenario llegó a resultar entrañable, a medida que el grupo se afianzaba sobre el escenario y los globos gigantes saltaban de un extremo al otro de las gradas. El punto culminante del concierto fue la diatriba contra George Bush y la canción que se sucedió a continuación. Flaming Lips remontaron, tras un inicio decepcionante, y dejaron buen sabor de boca.
Calificación: 7,5.

A continuación, uno de los conciertos de mi vida: Arcade Fire. El inmenso combo canadiense, que salió al escenario con sólo nueve de sus no sé cuántos componentes, ofreció un concierto sin una sola fisura. Con sólo dos discos, Funeral y The Neon Bible, ya tienen un repertorio lo suficientemente acojonante como para que uno eche en falta canciones en el directo. Derrocharon ganas, fuerzas, contundencia, actitud, ilusión y todo aquello que convierte a un artista en un Artista, y a un muy buen grupo en un grupo indispensable. Ellos encarnan a la perfección el concepto de conjunto o grupo, en el que la suma de las partes es más importante que cada una de ellas por separado. Así, son una máquina perfecta cuyas piezas pueden ser intercambiables (Régine tocó el acordeón, el harmonium, la batería, los teclados y cantó), Win cantó (y sudó) con una intensidad pocas veces vista sobre un escenario y nos convirtieron en un intérprete más. No cabía un alma, pero todos coreábamos (insisto, como un intérprete más) sus himnos, uno a uno, esos "Rebellion (Lies)", "The Neon Bible" o el colofón, "Wake Up", que nos levantó un palmo del suelo y nos hizo desear más, mucho más. El rock como comunión de masas, la pérdida de identidad individual para convertirte en miembro de un evento mucho más amplio e importante, el delirio ante unas canciones fabulosas y una interpretación -insisto- sin fisuras... Todo ello hizo de Arcade Fires los triunfadores de la noche. Tan sólo dos defectos alejaron al concierto de la perfección: uno, que el batería no acertó a recoger la pandereta la tercera vez que la lanzó al aire durante los bises; y el segundo, y mucho más grave: que el concierto terminó. No debería haber acabado. Deberíamos seguir allí, todavía, embelesados con el grupo de Montreal.
Calificación: 9,99.

Cualquiera iba a ver nada después de Arcade Fire. Pese a que Diego y Valentina nos habían recomendado que fuéramos a LCD Soundsystem, nos decantamos por un doble juego: empezar a ver a Bloc Party, y luego llegar mediado el concierto de LCD Soundsystem. Bloc Party estuvieron contundentes, sin contemplaciones, haciendo un rock con fundamentos y olvidándose de los temas más lentos, que, a decir de Kaoss, lastraron su actuación de hace unos meses en Razzmatazz. Mediado el concierto, Jordi y yo nos fuimos y, salvo que Álex, Nuria y Kaoss me digan que el guión cambió sustancialmente, lo cierto es que fue un muy buen concierto.
Calificación: 8.

LCD Soundsystem
llenaron a reventar la terminal Sur, de modo que decidimos escucharlos desde el césped. Lógicamente, no fue lo mismo, pero llegaron claros los compases de "Daft Punk Is Playing At My House" y toda la fuerza del grupo de James Murphy. Hubiera estado bien meterse allí... si hubiera cabido un alfiler.
Sin calificar. (Intuitivamente, supongo que le hubiera puesto un 8.)

Scissor Sisters dieron un conciertazo. Si nos los tomamos como una sabia combinación de lo mejor de la música dance de los años setenta con el estado actual de las cosas, nos encontramos con que Scissor Sisters son tal vez el grupo que mejor capta la esencia de este confuso comienzo de década, siglo y milenio. Más allá de la estética y de sus influencias (David Bowie suplantando a los chicos de Abba y cantando con el falsete de los Bee Gees), Scissor Sisters dieron un espectáculo irreprochable, entablaron una comunicación real y sincera con el público, chapurrearon algunas frases en español (la más destacable: "Mi vagina es sussia"), jugaron con nosotros como quisieron y nos hicieron bailar y cantar. Cierto es que, como apuntaba Álex al final del concierto, les falla un poco el repertorio (que tal vez no dé para hora y cuarto de concierto manteniendo el nivel), pero las ganas de cachondeo y bailoteo no decayeron en ningún momento. El calvo que hizo Jake Shears, pese a ser el momento "comentable" de la noche, no fue ni mucho menos lo más espectacular. Ana Matronic también estuvo inmensa.
Calificación: 8,5.

Esta noche, más. El cartel está más relajado, pero sólo en el sentido de que no hay tantos grupos de relumbrón y va a ser más fácil elegir. En principio, empezaré con Jarvis Cocker (si no llego antes, a Soulsavers con Mark Lanegan), continuaré con Jesus and Mary Chain (corre el rumor de que "Just Like Honey" contará con la voz invitada de Scarlett Johansson), me solazaré con Air y reservaré algo de fuerzas para la traca final: !!! y Chemical Brothers.
A ver qué tal se da la segunda jornada. Seguiremos informando.


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3 Comments:

Blogger Álex Vidal said...

Sobre Bloc Party y LCD Soundsystem, dices: Mediado el concierto [de Bloc Party], Jordi y yo nos fuimos y, salvo que Álex, Nuria y Kaoss me digan que el guión cambió sustancialmente, lo cierto es que fue un muy buen concierto. So m*m*n*z*s, nos preguntasteis si nos quedábamos, me giré para preguntarle a Nuria y, cuando me volví, os habías pirado en plan correcaminos, que sólo se veía el polvo de vuestra pisadas :P Nos fuimos a ver LCD Soundsystem, que me pareció apabullante, pero que nos lo estropeó el trasiego de peña que colisionaba con nosotros y nos dejaban vaharadas de humo de numerosas sustancias en el rostro. Creo que con Bloc Party nos retiramos justo cuando el repertorio empezaba a hacerse cansino. Para mí son un buen grupo pero con un discurso pelín monótono.

Las camisetas: yo iba con una crema, con el rostro de un monigote desquiciado y el lema: "La energía nuclear me pone de los nervios / Greenpeace", que también fue objeto de escrutinio bastante atento por más de uno y de dos (recuerdo una chica que se quedó mirando fijamente durante al menos dos minutos; me gustaría saber si se había metido antes o esque sólo lee kanjis). Por otra parte, el "desfile de camisetas originales y rompedoras" que resultó ser el Summercase me deparó momentos de tierna hilaridad. Recuerdo especialmente una que decía "God hates techno" sobre una nubecita con ojos y rayo en el ¿concierto? de Chemical Brothers.

A mí me encantaron Guillemots: el problema es que el sonido en la tienda era infame, tanto que se comía los ricos detalles de su música. Yo les ponía mínimo un 8. Y Hidden Cameras, muy muy divertidos. Yo también les pondría un 8. Genial el momento reivindicativo: "Vosotros, los de las gradas, levantad el puto culo del asiento y venid aquí a bailar" :)

Espero tu reseña del segundo día (que, como tú y yo sabemos, fue tan bueno o mejor que el primero, cosa que a priori nos parecía imposible) y, cuando pueda, crossposteo el festival ;)

15 de julio de 2007, 14:21  
Blogger Juanma said...

Espero impaciente tu crossposteo.
:-)

16 de julio de 2007, 10:34  
Blogger jordi said...

Arcade Fire han sido delo mejor del Summercase y será uno de los pocos que volvería a ver en concierto(ni me imagino que pueden hacer estos canadienses cuando reunan a todo el grupo.Espectáculo en mayúsculas).Después de un concierto así,por mucho que lo intenten grupos como Bloc Party,Lcd,Editors,etc,se quedan en meros aprendices (el futuro nos dirá quién será alguien importante en la música).
Scissors es un caso aparte:vuelve el rock-disco-funky para mover el body y este es su único objetivo y !pardiez, que lo consiguen!.Ah!! su cantante :si llega a salir con una gorra me creo que es la reencarnación discotequera de Angus Young(que nervio,el tío)
A PJ Harvey le perdono un concierto como el que hizo porque he pasado grandes momentos con su música.Le doy un voto de confianza para la próxima visita.Pero solo uno Polly.

17 de julio de 2007, 11:55  

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