lunes, 8 de mayo de 2006

«Pon alguna de Sepultura»

El sábado fue el cumpleaños de mi amigo Antonio. ¡Felicidades! Es una de mis amistades más duraderas. Pese a que ambos éramos alumnos del mismo colegio, el Calasancio, no lo conocí hasta un par de años después, cuando yo ya iba al instituto Beatriz Galindo y él al colegio de San Fernando, donde los escolapios procedentes del Calasancio cursaban el COU. Yo seguía en contacto con Javier Ullán, David Sánchez Reyero y Juan Antonio Respaldo. Como todos éramos del barrio, y yo aún no había trabado amistades permanentes en el insituto, eran mi grupo natural de amigos. Me contaban cómo les iba en el San Fernando, donde el ambiente era más relajado que en el Calasancio y se los llevaban de convivencia, para que conocieran a otras chicas escolapias. Siempre me ha llamado la atención aquella manera de organización: te tenían segregado durante dos años de preescolar, ocho de primaria y tres de secundaria, para mezclarte con chicas solamente durante el último año. Y, además, con unos curas claramente casamenteros. De allí salió una relación, la de Javi con Elena, que duró cerca de un año y fue en cierto modo el pistoletazo de salida para nuestros despertares sexuales. Todo en aquella época era muy en plan “Amo a Laura”. Salíamos por Argüelles y Moncloa (el colegio de San Fernando estaba en la calle de Gaztambide), bebíamos cerveza en el Parador, leche de pantera en El Sapo Azul y nuestra primera discoteca era el Paraninfo.
Yo no salía mucho con ellos en aquel plan, porque para entonces ya estaba empezando a formarme un grupito de amigos del instituto, con Isabel Panizo, Isabel Sánchez, José María, Laura (que años después sería mi novia), Arancha, Sara Castelo y Sara Crespo. Cuando empecé a asistir a clases de ruso se nos unieron Patrizia y Eva (porque Isa Panizo y yo nos apuntamos juntos a ruso en la Asociación de Amistad España-URSS), y las Saras empezaron a descolgarse.
Pero mis amigos del barrio eran Javi, David y Juan Antonio. Y ellos salían con Antonio Plaza, que también era del barrio y había ido al Calasancio, aunque en el grupo D, porque el grupo E empezaba con los alumnos de la letra erre, y Javi, David y yo siempre habíamos estado en el grupo E, mientras que Juan Antonio oscilaba entre el D y el E.
Antonio había llegado a Madrid en primero de BUP, procedente de Socuéllamos, en Ciudad Real. Su madre y él se instalaron en la calle Conde de Peñalver, justo enfrente del Calasancio. Cuando lo conocí, estudiaba COU en el San Fernando, pero los sábados por la mañana quedábamos y nos íbamos a dar una vuelta por el barrio. A los futbolines de la calle de Hermosilla, donde por un duro podíamos jugar nueve bolas. Al parque de Eva Duarte de Perón, también llamado “la Perona”. A los bares cutres de perritos calientes que había en Alcalá, entre Goya y Manuel Becerra. En el más grande veíamos a los dueños discutir con su hijo, por entonces sólo un crío, mientras pedíamos un perrito caliente mixto, con su ketchup y su mostaza. Eran crujientes y ardían, y la mezcla sanguinolenta y purulenta de los líquidos se quedaba pegada a la carne y el bimbollo. Pero eran los mejores perritos calientes del mundo. Y encima teníamos asegurado el espectáculo.
No tardé en hacerme amigo de Antonio. Físicamente nos dábamos un aire, teníamos un sentido del humor muy parecido y nos entendíamos muy bien en asuntos musicales.
Aunque él era jevi, y yo no. Mi cultura musical había sido bastante abierta, como le corresponde al hermanito pequeño, y muy descolgado, de una familia en la que se había escuchado de todo, pero sobre todo mucho rock: Rolling Stones, Doors, Kinks, Jethro Tull, Dr. Feelgood, Asfalto, Leño, Topo, Radio Futura, Alaska… Mi contacto con el jevi, el rock duro y similares se reducía a las baladas que escuchaba en la tele, alguna canción suelta de AC/DC y tres discos que sonaban en casa de manera recurrente: Cat Scratch Fever, de Ted Nugent, Made in Japan, de Deep Purple, y el segundo de Led Zeppelin. Enrique o Pablo ponían “Whole Lotta Love” y yo dejaba lo que estuviera haciendo y me ponía a escuchar, aunque sabía que el corte estaba rayado.
Antonio era jevi. Yo también escuchaba algunas cositas en casa de José María Faraldo, de quien empezaba a ser amigo gracias a las tertulias de la asociación Antares (donde, además, me hice amigo de Julián Díez, Susana Vallejo, Héctor Ramos y Adalberto de Osma, y conocí a Agustín Jaureguízar, Carlos Saiz Cidoncha, Frank G. Rubio y Paco Arellano, entre otros). Gracias a él conocí el Operation: Mindcrime, de Queensrÿche (obra maestra, se mire por donde se mire), y algunas cosillas de Anthrax y Celtic Frost.
Iron Maiden pasaron a engrosar mi acervo musical. Y los Scorpions.
Ya debíamos de estar en la universidad. Yo me fui a Historia en la Autónoma; Javi, a Historia en la Complutense; David y Juan Antonio, a Derecho en la Complutense; Antonio, a Derecho en el ICADE, una universidad jesuíta en la que conoció a la que ahora es su mujer, Amparo. Tenían un profesor punki, que escuchaba a los Ramones y que no duró mucho tiempo allí.
Y Antonio tenía un amigo y compañero del Calasancio, Álvaro, que era jevi. Pero jevi, jevi, de los de melena y camiseta sin mangas. Y a veces quedábamos con él, y con Emilio Butragueño, que no era el futbolista pero también había asistido al Calasancio. Por otra parte, el grupito de amigos del colegio y barrio estaba disgregándose. Llegó a haber un momento en el que yo era el único que se hablaba con todos, y los demás sólo podían verse de dos en dos: podía salir con David y Antonio, pero si iba David no podía ir Javi, y si iba Antonio tampoco podía quedar con Juan Antonio. No es que aquello no fuera de mi incumbencia: simplemente, no tenía ningún problema con ellos y me hablaba con todos. El tiempo ha terminado distanciándome de Juan Antonio y David, en un caso por aburrimiento (es largo de explicar) y en el otro por incompatibilidad de caracteres (también es largo de explicar). A Javi lo puedo ver una vez al año, porque está en México dando clases; el año que viene se quedará en Europa y ya podremos vernos más seguido; es mi mejor amigo. A Antonio procuro verlo siempre que voy a Madrid. Nos reunimos Emilio, Amparo, él y yo, generalmente en el Vips de López de Hoyos, y hablamos de política, política y más política. Aunque no estamos de acuerdo en nada y siempre termino llegando al mismo razonamiento en voz alta («Pero si no voto al PSOE, ¿se puede saber qué hago defendiéndolo?»), el caso es que me lo paso bien, muy bien. Por verlos, y por poder discutir de política con alguien con quien no comulgo ideológicamente.
No sé cómo surgió la idea de ir al Canciller. Supongo que Antonio había quedado con Álvaro, me comentó si me apuntaba y yo, para variar, dije que sí. Me hice fijo.
El Canci era la discoteca jevi emblemática de Madrid, el templo de los metaleros. Cuando digo jevi quiero decir jevi, no heavy metal. También estaba la Argentina, que terminó siendo Canciller II, en San Blas. Y la Sukursal, en Vía Carpetana. Y algún bar en los bajos de Aurrerá. Pero la que tenía mejor ambiente y estaba más cerca de casa era Canciller. La teníamos relativamente al lado, en la calle Alcalde López Casero, enfrente de la casa de los padres de David G. Panadero (con quien, me apuesto lo que sea, seguro que llegamos a coincidir en el Canci, y con sus amigos los hermanos Díaz: Francis Boldo y Luis Chirla).
Por estas casualidades que tiene la vida, Amparo había vivido en el mismo edificio del Canciller cuando era pequeña.
Podíamos ir en metro, que sólo eran dos paradas (de Diego de León a Carmen), o andando. Iba a casa de Antonio, y desde allí salíamos a la Perona, bajábamos Alcalá, cruzábamos el puente de Ventas (que en aquella época era oscuro y supongo que peligrosillo) y subíamos Alcalá hasta Alcalde López Casero. Casi todos los viernes, durante un par de años, hacíamos la misma ruta.
En casa de Antonio escuchábamos canciones jevis: Venom, Stryper, Slayer, Dokkem, Def Leppard, Joe Satriani, Manowar…
A veces había concierto en Las Ventas. Antonio iba con su camiseta jevi, y yo con mis camisetas de Public Enemy o Def Con Dos, y nos mezclábamos entre el gentío, los puestecillos de venta de refrescos y banderas, los reventas.
Un viernes había un concierto de Julio Iglesias. Una revendedora entrada en años y carnes nos interpeló.
-¿Queréis entradas?
Mi respuesta, con mi mejor fruncimiento de ceño antisocial y antisistema, fue:
-¡Pero vamos a ver, señora! ¿Tenemos pinta de querer ir a ver a Julio Iglesias?
Nunca tuvimos el menor problema para entrar. Pagábamos la entrada en taquilla y bajábamos las escaleras. Lo primero que nos encontrábamos era una barra y el futbolín. Allí echábamos unas cuantas partidas mientras nos bebíamos un botellín de Mahou.
Para llegar a la sala de baile había que bajar unas escaleras. Como llegábamos pronto, aquello casi nunca estaba lleno. Algunas veces estaba casi vacío, y se podía distinguir a la clientela fija. Hubo una época en la que veíamos a una chica con pinta de yanqui o algo así. Iba con pantalones de chándal y no bailaba jevi: en vez de menear las melenas al viento, daba pasitos como de aeróbic. Siempre fue un misterio para nosotros. Y era fija.
Había una pantalla gigante, en la que nos ponían videoclips. Allí vi por primera vez “Paradise City” y “You Should Be Mine”, de los Guns ‘n’ Roses, “Enter Sandman”, de Metallica, “Poison”, de Alice Cooper, o “Love in an Elevator”, de Aerosmith.
Antonio y yo hacíamos muchas tonterías en la pista. La cruzábamos en diagonal, simulando que tocábamos la guitarra. Nos enfrentábamos mientras dábamos guitarrazos a nuestras guitarras imaginarias. Álvaro apenas bailaba, porque practicaba submarinismo y tenía problemas con el oído interno, de modo que no le convenía agitar la cabeza con demasiada fuerza.
Lo más burro que hicimos sucedió una noche que íbamos Álvaro, Emilio, Amparo, Antonio y yo. La pista estaba casi llena. Salimos cada uno de un extremo de la pista, como si fuéramos Angus, pero nos acercamos el uno al otro a demasiada velocidad y si no hacíamos algo íbamos a terminar chocando; de modo que le pasé por debajo. Si lo hubiera hecho a propósito, no habría salido mejor.
Otras noches íbamos solos. Y la sala estaba casi vacía. Pero en aquel momento nos acercábamos al disc-jockey y le pedíamos que pusiera alguna canción:
-Pon alguna de Sepultura, ¿va?
Nos hacía caso y se escuchaba la última salvajada de los Cavalera. Supongo que era la época del Arise; en todo caso, antes de que les diera por experimentar con el Chaos A.D. y el Roots.
La pista se vaciaba. Y, durante cinco minutos, era nuestra, y nada más que nuestra. Podíamos hacer lo que quisiéramos.
Como digo, estuvimos yendo al Canci prácticamente todos los viernes durante un par de años. Con el tiempo aflojamos un poco el ritmo. O íbamos al Sukursal.
A veces iba por mi cuenta con Luz, ya en tercero y cuarto de carrera, a ver algún concierto de sus idolatrados Medina Azahara.
O con Isa Panizo y sus primos Santiago y Luis. Fuimos a ver un concierto de Iron Maiden. No recuerdo si era la época en la que Bruce Dickinson se había ido del grupo o justo después de que regresara. Lo que sí recuerdo es la enorme decepción de ver a los Maiden en una sala pequeñita. El pobre Eddie apenas cabía en el escenario. La acústica no era la más adecuada, aunque no llegaba a los niveles del Palacio de los Deportes, donde Antonio y yo habíamos padecido un concierto de Manowar apenas dos años antes. Salimos sordos de allí, y la sordera nos duró tres días.
O con Alicia, cuando salíamos juntos. Fuimos a ver a Saratoga, que estaban empezando y aún no habían grabado ningún disco. Una compañera nuestra de Contemporánea, Susana, estaba medio liada con el batería de Saratoga, “El Niño”, y fuimos al Canci a verlos.
Poco después empezó a haber movidas legales con el Canci. El concejal de Ciudad Lineal se empeñó en cerrarla, emulando al concejal Matanzo y su cruzada para cerrar casi todas las salas del distrito Centro, desde el Agapo (con éxito) hasta el teatro Alfil. La sala empezó a abrir y cerrar, según fuera la batalla legal. Uno de aquellos cierres terminó siendo el definitivo. Ya no teníamos ninguna discoteca jevi a la que ir: Sukursal no nos convencía, y por hache o por be no tuvimos constancia para ir a la Canciller de San Blas. Ya no era el Canci, nuestro Canci. Era otra cosa.
Aunque nunca llegué a ser jevi, durante aquella época se puede decir que tenía mi corazoncito metalero. Fui con Alicia y Luz al campo del Rayo, a uno de los mejores conciertos a los que he asistido: The Cult (que fueron un poco pesados, teniendo en cuenta lo mitificados que los tenía a raíz del Sonic Temple), Suicidal Tendencies (una de las mayores revelaciones de mi vida, porque no los conocía y ya con los primeros acordes del “You Can’t Bring Me Down” me ganaron para siempre) y Metallica (cerca de tres horas de rock a toda hostia, lleno de contundencia y actitud).
Dos años después fui a ver a AC/DC, como estaba mandado. Antonio me regalaba discos de Gary Moore, Sucidal Tendencies y Wasp. Me grababan a Gigatrón. Me compré el Roots de Sepultura. Y fui desconectando del jevi, aunque Antonio sigue siendo uno de mis mejores amigos. Pero muchas veces me acuerdo de los años del Canci, de aquellos viernes de botellines de cerveza, partidas de futbolín y guitarrazos siguiendo el compás de Metallica o los Guns ‘n’ Roses o pidiéndole al disc-jockey una de Sepultura, para vaciar la pista y, durante cinco minutos, ser el centro del universo.

33 Comments:

Blogger Álex Vidal said...

Bueno, bueno, bueno, cómo han cambiado las cosas. Ahora, en el BeCool, vas y le pides al DJ Pulp, Franz Ferdinand o The Strokes. Qué cosas :D

8 de mayo de 2006, 13:49  
Blogger Juanma said...

La edad, que me ha vuelto poppie. Ya ves tú. :-P

8 de mayo de 2006, 13:51  
Anonymous Dalla said...

Mmmmmmmmmm, Juanma, hay alguna foto por ahí de esa etapa pseudo-jevi (o como la quieras llamar) tuya? jiji, que nos íbamos a reír...

Besos

8 de mayo de 2006, 13:58  
Blogger Juanma said...

Pos no específicamente, a no ser que Antonio tenga alguna.
Sin embargo, hay por ahí una foto mía en un concierto de Def Con Dos que... ;-P
Besooos. :-*****

8 de mayo de 2006, 14:10  
Anonymous Panadero said...

Eso sí que era divertido! Jejjeeeje.
A mi madre no le gustaba nada que yo fuera al Canci y una vez, que salía de una operación de cadera, aún anestesiada, me hizo jurar que no iría más a esa discoteca. No la hice caso.
Por suerte para ella, poco después, cerraron el tugurio. Yo me cansé de los elásticos y la cazadora de motero, y empecé a leer más y a escribir. Ya estaba en la universidad. Aunque si hago memoria, creo que mis padres nunca han estado demasiado contentos con lo que escribo.
Lo que son las cosas:)

Saludos desde Vallekas,
Panadero.

8 de mayo de 2006, 23:29  
Anonymous Pily B. said...

¿Aprendiendo ruso? Eres una caja de sorpresas. Y, ¡ey!, ¿qué pasa con esas fotos, dices...? XDDD

9 de mayo de 2006, 0:05  
Blogger Juanma said...

Panadero: Lo que yo te digo, seguro que hemos coincidido en el Canci. Pero seguro, seguro.
Pos fíjate, mi madre no me ponía pegas. Supongo que porque iba a horas razonables. O a lo mejor no se daba auténtica cuenta de dónde se metía su hijo.
Abrazotes vallekanos.

9 de mayo de 2006, 9:08  
Blogger Juanma said...

Pily: Las fotos, a su debido tiempo, que tengo una reputación que mantener.
XDDDDDDD
Y sí, estudié ruso. Y hasta lo chapurreo. :-)
Besoooos. :-*****

9 de mayo de 2006, 9:09  
Anonymous Ferio said...

Hola, la verdad es que no tengo mucho que comentar, pero me ha hecho gracia la descripción que haces del barrio; yo vivo al lado del "bar grande de los perritos calientes", estudié en el Inmaculada Concepción (a 3 manzanas del Calasancio), y hablas de algunos sitios que conozco bien y de otros que recuerdo entre brumas. Me has traído recuerdos, y de los buenos :)

9 de mayo de 2006, 10:17  
Blogger Juanma said...

Me alegro un montón de haberte traído buenos recuerdos.
:-)
Fíjate, el colegio de la Inmaculada era de chicas en aquella época, cuando el Calasancio era sólo para chicos, igual que los chicos del colegio del Pilar se iban a ligar con las chicas del colegio del Loreto (sólo tenían que cruzar Príncipe de Vergara, entonces General Mola) y los chicos del Ramiro se bajaban a ligar con las chicas del Beatriz Galindo. Ahora todos son mixtos, y los curas del Calasancio ya sólo reparten hostias en misa.
Abrazos.

9 de mayo de 2006, 10:28  
Blogger Stiletto said...

Hola,

No sabes la cantidad de recuerdos que tengo del Canci. Hice la selectividad en el Beatriz Galindo por no sé qué extraña razón nos tocó a los del Ramiro de Maeztu ir allí. Y sí yo también iba al Canci ante el cabreo de mi padre... ¿Sabes? creo que me sé de memoria todas las canciones jevis que has nombrado y sí The Cult fueron mitificados por el Sonic Temple pero a mi la de Eddie es una canción que me encanta.

Ah! qué nostalgia...

Besos
Shere

9 de mayo de 2006, 17:53  
Blogger Juanma said...

Joooo, si al final todos vamos a haber estado en el Canci. ¡Que lo reabran ya!
:-))))
Besos grandotes. :-********

9 de mayo de 2006, 19:53  
Blogger Small Blue Thing said...

A mí el Canci no me pilló: veía las colas cuando mi padre pasaba por allí con el coche cuando íbamos a recoger a mi madre a la Telfónica de Santo Domingo.

Y tu frase sobre el presi ZP también la digo muy a menudo... bueno, cada vez menos, porque sinceramente, determinadas conversaciones me aburren.

10 de mayo de 2006, 18:02  
Anonymous Alicia said...

Juanmita! Recuerdo como si fuera ayer ese concierto de Metallica, me acuerdo hasta de cómo iba vestida, del calor que pasamos hasta que se hizo de noche y de las risas.
También me acuerdo del concierto de Saratoga. Joder, que me están entrando ganas de menear un poco la melena!
Besitos.

11 de mayo de 2006, 16:29  
Blogger Juanma said...

Small Blue Thing: Pues sí, la verdad es que ya dan ganas de eludir según qué temas de conversación políticos... La cosa está muy crispada, sí.
Besooooos.
:-**********

11 de mayo de 2006, 17:49  
Blogger Juanma said...

¡Aliiii!
¡Pues como para olvidarse de ese concierto! Lo mejor fue que por la noche empezó a lloviznar y aligeró un poco el ambiente. Pero todavía me da un no sé qué cuando me recuerdo descubriendo a Suicidal Tendencies, o escuchando a Metallica atacar el "Enter Sandman". Grandes, grandes, muy grandes.
Besoooooos. :-********

11 de mayo de 2006, 17:53  
Anonymous Arturo Villarrubia said...

No nos olvidemos que este año los Finlandenses mandan a eurovision a unos heavys: Lordi

http://www.lordi.org/

Con la canción The devil is a looser/ Santanas es un pringao.

12 de mayo de 2006, 2:34  
Blogger Juanma said...

Mira tú por dónde, este es el primer año en mucho tiempo que voy a seguir Eurovisión. :-)
Como dije en un foro: Si gana Finlandia, empezaré a creer en la unidad europea. :-)
Y si no, pues mira, ¡y lo que nos habremos reído!
Hard rock Hallelujaaaaaaah!!!

12 de mayo de 2006, 10:23  
Anonymous Laureano said...

Yo creo que eso del corazón jevy no se puede olvidar nunca.
Lo de los finlandeses no es nuevo. Que yo sepa ya asistieron al susodicho festival los Nightwish.
NO le viene mal a esa cutrez de concurso un aire renovado.

12 de mayo de 2006, 14:48  
Blogger Juanma said...

Y aquí mandamos a las Ketchup, ya ves.
Cuando era pequeñito, no podía entender que una canción como "Ni tú ni nadie" no fuera a Eurovisión, y en lugar de eso mandáramos a La Década Prodigiosa.
Lo de los finlandeses es acojonante. Es cierto, ya enviaron a Nightwish. :-)

12 de mayo de 2006, 16:35  
Anonymous Manu o el terrorista catódico said...

¿No os ha pasado el sentir cierta vergüenza al veros en fotos más o menos antiguas y tener la sensación de no reconoceros? Como si se tratara de otra persona y no de nosotros mismos...

Opá, a lo ke iba. Que tengo un manojo de afotos de Juanma con pintas y actitudes reprobables. Amenazo con su publicación si no se atienden mis maléficas peticiones: publicación ya de la siguiente novela de Martin ;-)

18 de mayo de 2006, 12:48  
Anonymous Dalla said...

Manu, ¿aceptas sobornos para que publiques esas fotos?...(ya que por lo visto Juanma ha pasado de la famosa foto en el concierto de Def Con Dos, que no nos quedemos sin nada...) :pppppppppp

19 de mayo de 2006, 17:49  
Blogger Juanma said...

Ta bieeeeen, ya subiré la foto de Def Con Dos en la próxima entradaaaa...
:-)
Besooooooos. :-********

19 de mayo de 2006, 18:06  
Anonymous Dalla said...

Yuuuuuuuuuuuuupiiiiiiiiiiiiiii :D

19 de mayo de 2006, 18:09  
Blogger Juanma said...

Vuestros deseos serán órdenes. ;-)

19 de mayo de 2006, 18:59  
Anonymous Manu o el terrorista catódico said...

Aim sorri: lo de las afotos era una coña marinera entre Juanma y yo. Así que, Cristina, no dudes de este mocetón, hombre cabal donde los haya, por culpa de una broma mía sobre unas fotos inexistentes.

23 de mayo de 2006, 13:21  
Blogger Juanma said...

¿Y lo dices ahora que ya he subido la foto del concierto de Def Con Dos? XDDDDDDDDDD

23 de mayo de 2006, 15:18  
Anonymous Cristina said...

Manu, pues qué lástima que fuera broma, ooooooooohhhh...Nos hubiéramos reído un montón todos juntos :D A ver si ahora con un poco de suerte pone alguna suya en bañador y con gorrito... :p
Ej que soy mú mala :D

Besicos

24 de mayo de 2006, 13:53  
Blogger Juanma said...

Anda, tú por aquí. :-)))))
:-************************

24 de mayo de 2006, 14:51  
Anonymous Cristina said...

Yo siempre ando por aquí, no lo dudes, especialmente cuando se trata de conspirar contra ti :DDDDDDDDDDDDD

¡Besitos!

24 de mayo de 2006, 14:54  
Blogger Juanma said...

Esto sí que es una conspiración pa echarse a temblar, y no la del Código Da Vinci.
XDDDDDDD
Besitoooooooossssssss, cielooooo.
:-**************************

25 de mayo de 2006, 9:34  
Anonymous Anónimo said...

Frank G. Rubio, excelente escritor

10 de noviembre de 2006, 13:32  
Blogger fer santaolalla said...

Rebuscando en entradas tuyas sobre el Calasancio me encuentro con esta. Sabía de tu vasta cultura musical, pero no me imaginaba tanta cercanía con el jevi. ¡¡Vaya recuerdos que me has traído!! El Canci para mí fue también un lugar de visita obligatoria.
En la entrada hablas también de Respaldo, Reyero, Ullán,... compañeros del Cala. ¡Puff, Juanma! ¡Qué viejos somos!

14 de enero de 2016, 16:48  

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