miércoles, 4 de enero de 2012

Aquellas pequeñas cosas (I): carpetas

Como ya he contado, el mes de diciembre fue muy duro, ya que falleció mi madre, y tanto Cristina como su madre pasaron por urgencias. Además, nos hemos traído de Madrid una hermosa gripe que nos ha afectado, de manera sucesiva, a Cristina y a mí. Ayer me pasé media mañana en cama y, aunque ya voy remontando, sigo un poco tocado. 
Aproveché las vacaciones navideñas para comenzar a hacer cajas con las pertenencias mías que aún quedaban en casa de mi madre. No ha sido fácil, ni divertido, y si no ha sido peor se debe a que la mayor parte de ese trabajo sucio ya lo hice allá por 2005, con lo que esta era "solo" la segunda limpieza a fondo. En aquella ocasión me limité a desmontar los libros de mi habitación (veintisiete cajas) y las cintas de casete (otra caja) y a tirar apuntes del instituto y la carrera. Conservé muchas cosas: los digamos libros de cabecera, muchos libros diseminados por el salón y el comedor, mi fabulosa colección de vinilos (muchos de los cuales custodia mi hermano Pablo, ya que tiene tocadiscos en su piso y puede aprovecharlos), las cintas de vídeo, alguna ropa, mucha documentación (todo mi historial académico y laboral anterior a mi venida a Barcelona) y, sobre todo, juguetes y objetos. Cosas que aparecen cuando desmontas un piso. Puro kippel, en el sentido dickiano del término. Todas esas idioteces que conservas, o bien por alimentar tu Diógenes o bien por un valor meramente sentimental, y que te revientan en la boca del estómago cuando comienzas a revolver cajones y armarios. 
Durante estos días encontré mucha mierda de esta, muchos objetos que tal vez debería haber tirado hace años, pero que conservé por algún motivo (sentimental, casi siempre).
Carpetas, por ejemplo.
Veo mi carpeta de primero de carrera. Historia en la Universidad Autónoma de Madrid. Es una carpeta normal y corriente, pero con mi toque, con ese toque "de época", de finales de los años ochenta. El curso 1988-1989 comenzó casi en noviembre, por no recuerdo qué motivo, lo que me vino muy bien, ya que me estaba recuperando de una neumonía que me tuvo en el hospital desde finales de agosto hasta mediados de octubre. 
La cubierta anterior responde a una de mis fijaciones de la época: el cine. Casi todos los carteles de películas corresponden a programas de mano de los cinestudios que frecuentaba por aquel entonces, sobre todo el Fantasio, el Dúplex y el Griffith. Aquí se ve mi canon, que mezcla cine clásico con cine más moderno, friquerío con vanguardias, blanco y negro con color. Robocop, Con faldas y a lo loco, ¡Jo, qué noche!, Ser o no ser, 2001, Senderos de gloria, Dersu Uzala, Blade Runner, La ley de la calle, La naranja mecánica... Son todas las que están, y tal vez estén todas las que eran. Hay otras que no reconozco en la foto. Lo importante es que mi cara visible en aquella nueva etapa de mi vida, la universitaria, aquella en la que uno es más uno mismo pero todavía no sabe ni quién es, eran carteles de películas. Si repitiera esta carpeta hoy día, lo más probable es que aparecieran casi todas estas películas... aunque quitaría alguna de Kubrick, por dejar espacio a Woody Allen, David Lynch, John Ford, Luis García Berlanga, Luis Buñuel, Federico Fellini, David Cronenberg, Francis Ford Coppola, Víctor Erice y películas que para mí son de culto, como Amanece, que no es poco o El club de la lucha
 Abro la carpeta y aparecen más señas de identidad: la política. Una pegatina de Comisiones Obreras, para los que durante aquel verano había trabajado como monitor de campamento (y, supongo, incubé la neumonía que me tuvo dos meses entrando y saliendo del hospital). Otras dos, de los Colectivos de Jóvenes Comunistas (las juventudes del PCPE, la escisión prosoviética del PCE que comandó Ignacio Gallego durante la segunda mitad de los años ochenta) y de la Juventud Comunista de Madrid. El congreso de unidad de ambas juventudes debió de celebrarse aquel año, o de lo contrario no habría pegado ambas en la misma carpeta. Yo estuve allí, ya que por aquel entonces militaba en la Unión de Estudiantes de Izquierda (UEI) Pablo Neruda, que a su vez estaba integrada en la FAEI (Federación de Asociaciones de Estudiantes de Izquierdas) de la Universidad Autónoma de Madrid. Mi hermano Enrique, que era secretario general de los CJC, resultó elegido secretario general de la JCM, y después lo fue de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE). No milité mucho tiempo, apenas en primero de carrera y parte de segundo, pero guardo muy buenos amigos de aquella época.
Me resulta llamativo encontrar, mezcladas con tanta pegatina de sindicatos y juventudes comunistas, una de una biblioteca y otra de la Feria del Libro de Madrid.
 Aquí estaban mis asignaturas. De Geografía Económica no guardo ningún recuerdo, ni positivo ni negativo, excepto que hicimos algún trabajo con disquetes de 5 1/4 pulgadas. Con Historia del Arte me aburría, y yo diría que era revoltoso. De Historia Antigua guardo buenos recuerdos, con deslices del profesor, en plan "en las excavaciones se encontraron cadáveres muertos", y un segundo parcial en el que básicamente resumí Gilgamesh el rey, de Robert Silverberg, para ilustrar una pregunta algo enrevesada, en plan "Organización religiosa, social y económica de los templos en Sumer y Acad": saqué un sobresaliente. Prehistoria era un puto coñazo, fotos de botijos rotos y más fotos de botijos rotos (¡yo quería seguir leyendo a Richard Leakey, como hacía desde que era un crío!). Y la profesora de Historia Medieval estaba recién divorciada, muy perjudicada, y no consiguió terminar las clases porque entró en barrena durante los dos últimos meses de curso, por lo que apenas llegamos al monacato.
Isabel Panizo, José María y yo éramos amigos del instituto, y nos sentábamos juntos. Detrás teníamos a dos chicas cuyos nombres no recuerdo, pero a quienes llamábamos Pin y Pon, ya que era cierto que se parecían a los juguetitos, si uno se ponía imaginativo. Poco a poco comencé a hablar con Ernesto, Horacio y Orlando, y la música era un asunto común. Ernesto era fotógrafo ocasional de la revista Boogie, y poco a poco comenzamos a salir de conciertos (aunque eso tuvo que esperar a segundo de carrera) y a intercambiarnos material, siempre en forma de casete. Los Primitives, los Sugarcubes, Talking Heads, los Smiths, The Jesus and Mary Chain, Los Coyotes, Def Con Dos, Prince... Toda la música de la época pasó, en un momento u otro, por nuestras manos, en ambas direcciones. Yo iba a Madrid Rock o Discoplay, y él me prestaba material de su ingente discoteca.
 Y claro, también estaba U2. Mi madre me acababa de regalar el Rattle and Hum, supongo que por mi buena conducta en el hospital (no era nada frecuente soltar dos mil pesetas por un doble vinilo: tardé bastante tiempo en hacer semejante desembolso por mi cuenta, tal vez con el doble directo 1969, de la Velvet Underground, o acaso con Yo! Bum Rush the Show, de Public Enemy), a mí me daba por escribir cuentos ("Un disparo al cielo azul", se titulaba) en los que una patrulla del tiempo trataba de impedir el asesinato de un Bono endiosado después de tocar el cielo con I'm American, el supuesto elepé mesiánico que habría de lanzar después de Rattle and Hum, y todas las conversaciones, incluso en el seno de la muy izquierdista UEI, acababan derivando en torno a cuál era nuestro disco favorito de U2. Tardé mucho tiempo en comprender a los fans de The Unforgettable Fire, así que, por resumir mucho, digamos que primero de carrera me pilló en una etapa de conversión de fan fatal de The Joshua Tree (ese era yo en tercero de BUP y en COU) a una especie de dicotomía entre October y Under a Blood Red Sky, según el día. 
No obstante, casi todos mis recuerdos de aquella época están relacionados con Boy. Curioso.
Años después conocí a una chica que decía que se había tirado al chico de las portadas de Boy y War. (Claro está, había crecido y era un irlandesito veinteañero y macizorro.)
Las cubiertas de los discos de U2 estaban recortadas de los catálogos de ventas de Discoplay, que aún mantenía su tienda física en Los Sótanos de la Gran Vía, al lado de Madrid Cómics y enfrente del local de la Asociación de Amistad España-URSS, donde yo estaba comenzando a estudiar ruso.
La otra fijación de la época era El Último de la Fila. Radio Futura, por supuesto, pero también El Último de la Fila. "Querida Milagros", "Insurrección" o "Aviones plateados" eran más que himnos, y, por supuesto, fui esculpiendo sus letras en aquella carpeta.
Y Los Toreros Muertos, claro está. Todavía tardé en verlos en directo, en la sala Ya'stá, un día de diario a las cinco de la madrugada, con Pablo Carbonell en pijama, pero mis hermanos Pablo y Enrique solían verlos en Ya'stá o en Casi Casi, ya desde antes de que se hicieran famosos con "Mi agüita amarilla" y "Yo no me llamo Javier".

En la contra, claro está, El Último de la Fila, Talking Heads, Madness, la Velvet Underground, el Berlín de Lou Reed, Bruce Springsteen, el primero de Los Ronaldos, el Camino Soria de Gabinete Caligari, ¡Sting!, La Mandrágora y, cómo no, Un tío cabal, de Los Enemigos. La frase publicitaria del anuncio, supongo que recortado de algún Rockdelux o Boogie, no tenía desperdicio: "Esto no es heavy pero te va a gustar". Una de las mejores identificaciones de target que ha dado la publicidad especializada, sí señor.
Estas carpetas ya no me hacen tanta gracia. La pirotecnia visual ha dado paso a la sobriedad. ¿Por qué? Ya no es la carpeta de un despreocupado estudiante universitario, sino la de un sufrido opositor a Técnicos Superiores de la Comunidad de Madrid; de ahí la pegatina con la bandera autonómica. Derecho Laboral. Derecho Constitucional. Derecho Administrativo. Unión Europea. Función Pública. Derecho Financiero. Tests y más tests. Legislación. Tardes en la librería del BOE, cerca del CEF de la calle Viriato, antes de comenzar las clases. Fotocopias. Meses dedicados a contemplar la taxonomía de las moscas que volaban, libres, a mi lado, o en tratar de hallar algún patrón que explicase la velocidad de sedimentación de las motas de polvo en el suelo recién acuchillado del piso de mi madre. Nula motivación. Miles de folios. Muchas carpetas, cada vez más sosas.
Y, por último, ya ni siquiera carpetas. Apenas unos plastiquitos.
Y al contenedor. Lo que menos esfuerzo me costó tirar. Cinco años desperdiciados, excepto para adquirir cierta culturilla de opositor que nunca se sabe cuándo puede venir bien.
En todo caso, una diferencia abismal con respecto a aquella carpeta de primero de carrera. Solo habían pasado diez años, cinco de ellos encallado. Había perdido la creatividad, la ilusión y el espíritu lúdico.
Ni que decir tiene que, de todo este kippel, he amnistiado la carpeta de primero, y he tirado al contenedor del papel todo lo demás.
Fue la más fácil de las disyuntivas. Otras han sido más difíciles.

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7 Comments:

OpenID eleternoaprendiz said...

Como sé que cualquier comentario a esta entrada parecerá banal en comparación al contenido de la misma, ya ni me esfuerzo en fingir. Voy directamente a decir que la grandeza de The Unforgettable Fire es evidente. Ni War ni hostias. Hasta que llegó el Achtung Baby, claro, pero eso sería en el 91.

Y a ver si te pones de una vez con la novela, que sensibilidad y talento tienes a raudales, QED.

4 de enero de 2012, 10:10  
Blogger Juanma said...

Ya será menos. :)

Supongo que tardé en pillarle el truco a The Unforgettable Fire porque me parecía sobreproducido, o por un motivo mucho más banal: lo descubrí después de The Joshua Tree, del que me parecía una especie de ensayo, cuando en realidad eran un solo disco partido en dos. En todo caso, mi canción favorita de U2 no es "One" ni "It's a Beautiful Day", ni "Where the Streets Have No Name", ni "With or Without You", sino "Pride (In the Name of Love)", o sea que sí, al final le hice justicia a The Unforgettable Fire.

Cuando comencé a escribir aquel cuento todavía estaba bajo los efectos de Rattle and Hum y no podía ni prever que U2 iban a tener los suficientes criterio, sentido común y genio como para descolgarse con el Achtung Baby. A lo mejor creé una línea temporal divergente, el asesino se salió con la suya, se cargó al Bono cansino que habría acabado montando una secta, y en su lugar el universo se corrigió a sí mismo y U2 recuperaron el norte con Achtung Baby. :-P

4 de enero de 2012, 10:27  
Anonymous Anónimo said...

Gracias, porque acabo de volver a mi primer año de carrera contigo. La razon por la que empezamos tan tarde fueron las huelga de estudiantes y ese Hiracio del que hablas fue mi compañero de cole al que, aun ahora, veo de cuando en cuando. No recuerdo si llegamos a establecer ese lazo alla por el 93. Ali.

4 de enero de 2012, 10:59  
Blogger Juanma said...

A mandar. En efecto, ya no recordaba lo de la huelga de estudiantes.

Anda, es verdad, que Horacio había sido compi tuyo de colegio. Salúdalo de mi parte si lo ves. Le perdí la pista más o menos cuando me vine a vivir a Barcelona. Tal vez Ernesto me contara alguna andanza suya, pero no recuerdo. Lo vi una vez por el CSIC cuando casi entro a trabajar en el Archivo Histórico Nacional, y me parece que estuvo trabajando en la librería jurídica que hay al lado de mi casa. Lo que ya no recuerdo es la secuencia temporal.

4 de enero de 2012, 11:09  
Blogger viocanto said...

Con Historia del Arte me aburría

Mátote.

Veo que los niños de Historia siguen el mismo patrón desde hace veinte años. En mi facultad teníamos dos grupos: los del jersey en tonos pastel por los hombros y los juanmas.

4 de enero de 2012, 14:13  
Blogger Juanma said...

Me aburría en primero, porque la profesora era una sosainas. En segundo mejoró, porque nuestro profesor era una especie de Arturo Fernández de andar por casa (récord de insultos autógrafos en el tomo de Summa Artis escrito por él que había en la biblioteca de Filosofía y Letras), y la de tercero era un experimento sociológico, una señora que te ponía cuadros de Ingres o de Fragonard mientras decía "culumpio" y "arrascarse". Vamos, que la cosa remontó. :P

4 de enero de 2012, 16:49  
Anonymous Palimp said...

Yo también guardo mi carpeta de primero de carrera, profusamente decorada... que recuerdos.

Hablando de los enemigos, el sábado voy a verlos en el Actual. Ganitas tengo de ver a tu primo.

Un abrazo y muchos ánimos.

4 de enero de 2012, 22:42  

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