miércoles, 28 de diciembre de 2011

Obras completas (I): Jordi en el mar

Desmontar un piso (el de mi madre, recién fallecida) no es una tarea agradable, por lo que supone y por todos los sentimientos que se remueven. Hace más de dos meses que compramos los billetes de tren, gracias a la descabellada política de precios y venta de billetes de Renfe, de modo que decidimos no alterar nuestros planes de ir a Madrid por Navidad. Apenas cuatro días, como estábamos haciendo en los últimos años. Como es evidente, no han sido las Navidades ideales, ni las que habíamos pensado. Han sido unas Navidades raras y diferentes. También han tenido su aspecto positivo: la cena de Nochebuena ha sido la más concurrida que recuerdo, ya que se han juntado nuestra cena con la de mi tía Mari: nos invitó a su piso, pero hicimos valer nuestra ventaja numérica (siete a tres) para ser nosotros quienes invitáramos. A última hora se nos añadió mi sobrina Elena, por lo que nos juntamos once comensales, más mi madre, omnipresente en su piso ya vacío. Mi hermano Pablo le llenó una copa de cava en el brindis, y así fue como si estuviera con nosotros un poquito más.
Además de la celebración navideña, hemos aprovechado el viaje para hacer cajas. Hemos hablado acerca de qué hacer con el piso, pero al no estar todos los hermanos no eran más que ideas provisionales. En todo caso, hice cajas para llevarme mis pertenencias a casa de los padres de Cristina, donde almaceno la mayoría, a la espera de que algún día tengamos un piso en el que quepan todas ellas, o la mayoría. 
No ha sido tan terrible como esperaba, ya que hace siete años pasé por un lance similar. Mi hermano Enrique hizo obras en su piso, estuvo viviendo en el de mi madre durante seis meses y, como es lógico, necesitaba espacio, por lo que aproveché para desmontar mi habitación y tirar pertenencias ya inútiles. Lo hice en soledad, casi nocturnidad, durante un fin de semana, llorando casi todo el tiempo.
Ahora, en Navidad, no hubo nada de soledad, y tuve más tiempo para inspeccionar armarios y estanterías. No he empaquetado todas mis cosas (faltan cuadros y objetos, que deberíamos repartirnos de común acuerdo), pero he aprovechado para tirar basura (apuntes de cuando preparaba oposiciones y ropa pasada de moda y talla, sobre todo), localizar libros... y descubrir muchas cosas que ya creía olvidadas, o arrojadas a la basura.
Mi primer cuento, por ejemplo.
Se titulaba "Jordi en el mar", y estoy seguro de que lo escribí con ocho o nueve años. Está claro que no se puede analizar con criterios literarios. Me descubre al niño que se recluía en casa, en vez de dedicarse a jugar con sus amiguitos en la calle o en el parque (cosa que hacía, aunque sin poner demasiado empeño), y escribía las andanzas de un joven grumete catalán que se embarca en un barco pesquero con rumbo a Terranova. (¿Por qué catalán? ¿Presentía que acabaría viviendo en Barcelona?) El cuento rebosa ingenuidad, inocencia y ganas de contar cosas. Lo leo, y creo hallarme ante un Miniyó de ocho años, pelo cortado a tazón como el Nicholas Bradford de Con ocho basta, y llanto tan fácil como difícil lo tengo ahora, incapaz de llorar a mi madre, justo tres semanas después de su fallecimiento.
Como digo, no se puede analizar este cuento con criterios literarios. Sería, además de una injusticia, joderlo a conciencia. De hecho, respeto el estilo y la ortografía, sin tocar ni una coma, con sus incisos mal puestos, sus gerundios y sus tachones. Solo podemos sentarnos, pensar que lo ha escrito un niño solitario de ocho años, y leer en silencio reverencial, como si estuviéramos detrás de ese niño que escribía afanoso sus sueños de infancia... cosa que seguro que mi madre hizo en más de una ocasión, tal vez con una sonrisa en los labios.

----------------------

JORDI EN EL MAR

I. De Barcelona a Terranova

I. Se llamaba Jordi. Tendría unos doce años y quería ser un buen marino, pues su familia era pescadora y apenas tenía dinero para pagar su colegio y los gastos de la casa.
Una mañana, en el puerto, le preguntó el patrón del "Gran Buque", que se llamaba Chema:
--Jordi ¿Te gustaría venir a pescar merluzas a Terranova?,
--¿A cuánto cae? -- pregunto [sic] Jordi --
Chema, indeciso (pregun) contestó:
--No sé, muy lejos, en América.
--¿En Amé, qué?
--¡América, Jordi!
--¡Ah!--Contesto Jordi--
--Zarpamos el dia ocho, a las nueve y cuarto.
--Ahí estaré --Contesto Jordi.

II. Amaneció. Jordi desayunó, preparó el equipaje y se fue al barco, porque llegaba tarde.
En el barco, todos estaban preparados, zarparon, pero vino una tempestad y, cuando se iban a estrellar con el faro, se paró.
--¡Jordi! ¿Dónde estás? preguntó Chema.
--¡En el agua, con Joan el obispo y Ramonet, el cocinero, y los tres con un resfriado!--Contestó Jordi, a la vez que soltaba un estruendoso estornudo.
Pasaron tres meses y Jordi ayudaba en sus faenas a los pescadores, que, haciendo mucha memoria son: Chema, Joan, Ramonet, Javier, Jaume, Fernando, Lluis, "Leoncionito", "Nane" y, naturalmente, Jordi.

II. Terranova, la pesca y el olvido de algo

Otros tres meses después, llegaron a Terranova.
Jordi pensó algo y se desmayó. Por fortuna, "Nane" fregaba la cubierta y se lo llevó a su camarote. Cuando llegó Chema le preguntó:
--¿Por qué te has desmayado sin mi permiso?
--Porque con tanto frío me he olvidado de traer los abrigos, creyendo que Terranova estaba por Brasil.
Comenzaron la pesca. Todos los pescadores miraban a Jordi, que, con la red, no fallaba una.
Después pisaron tierra, es decir, nieve.
Pasaron allí seis días, en los que Jordi conoció un amigo, Muchachik, que no olvidaría nunca.

III. La vuelta y la tristeza

Antes de partir, hubo una fiesta que quería decir el trece cumpleaños de Jordi y, días después, el sesenta y dos de Chema.
En el barco, hasta la gatita (Martuay) Marta se emborrachó con toda la tripulación. Fue entonces, cuando Jaume sintió un dolor intenso en el hígado.
Todo el mundo se interesaba por saber el estado de salud de Jaume. Días después, tras tener Cirrosis, expiró. Todo el (pueblo, perdón) todo el barco lo lloró.
Días después, al parar en Cádiz, Jordi escribió una carta a Barcelona que decía:

             Cádiz XXII-XII-349
Queridos papás:
Jaume ha muerto. Pero hemos cogido muchos peces. Abrazos a todos. Felices pascuas
Jordi

IV En casa
Unos meses después, llegaban a Barcelona.
Todo, o casi todo el barrio del puerto acudió. Cuando iban a bajar las merluzas, Jordi gritó:
--¡Primero los caballeros de honor que son las merlu... Jordi no tuvo tiempo de decir nada, porque Jordi (sic) le tapó la boca.
Después se fue a su casa y preguntó:
--¿Ya no hay guerra?
--No, se acabó hace casi un año.
Jordi siguió comiendo y pensó en que Barcelona había cambiado.

FIN
----------------------------
En las mismas cuartillas hay sendos añadidos, en boli rojo, como si fueran el desarrollo posterior de una historia más amplia.

--------------------------

Años después, Jordi se casó con una chica de quince años llamada Elena. Tenía que llegar al trabajo a tiempo, pero "Elenita", como la llamaba Jordi le entretenía.

----

La habitación esetaba ordenada, con todo colocado y con un cartel que ponía: "Feliz Cumpleaños".
Sin embargo, Jordi no estaba contento.
Pensaba que ya no era hijo único.


-------------------------

(En próximas actualizaciones, más arqueología paleoliteraria.)

Etiquetas: , , , , ,

3 Comments:

Blogger Cristina said...

Qué tierno y apocado :P

28 de diciembre de 2011, 18:41  
Blogger Juanma said...

A mí me encanta la carta que escribe a sus padres: "Jaume ha muerto. Pero hemos cogido muchos peces". Digno de Sheldon Cooper. :-D

28 de diciembre de 2011, 18:47  
Blogger El Gato de Carneiro said...

Que a los 8 años tus personajes muriesen de cirrosis sí que da que pensar. Jolín con el niño.

31 de diciembre de 2011, 5:14  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home