jueves, 15 de noviembre de 2007

Magnífica Víbora de las Formas, de Juan Antonio Fernández Madrigal


Uno de los buenos momentos que viví en la pasada hispacón Ishbiliya 2007 tuvo lugar el sábado por la tarde, cuando presenté, al alimón con el editor Raúl Gonzálvez del Águila, el último libro de Juan Antonio Fernández Madrigal, que lleva por título Magnífica Víbora de las Formas. Aparte de tener la ocasión de conocernos en persona, que justifica por sí sola el desplazamiento a Sevilla, el acto sirvió para que Juan Antonio hablara largo y tendido sobre su interesantísimo libro, y parte de las reflexiones que hizo en Sevilla continúan en su página web. Podéis leerlas pinchando sobre este enlace. Poco más puedo añadir, salvo que me lo pasé genial repasando los temas y motivaciones de Juan Antonio, el cómo ha creado una historia del futuro realmente original, cómo consigue escribir un libro optimista contando historias de fracasados, cómo relata de una manera tan lúcida el camino de la Humanidad hacia el autoconocimiento (y qué papel desempeñan las inteligencias artificiales en su obra), qué temas aparecen de manera constante en la obra del autor (los animales, lo no humano, la música, lo onírico...), cómo hay que entender Magnífica Víbora de las Formas como si fuera la primera parte de un tríptico cuya otra obra escrita hasta ahora es Umma, en qué medida se plantea una dicotomía entre Dios y Hombre, cómo le gusta experimentar con el lenguaje el papel que juega la infancia en sus relatos y, sobre todo, qué es esta obra: ¿una novela, una recopilación de relatos, un fix-up o qué? Mucho más claras que mis preguntas son las respuestas de Juan Antonio, bien en el enlace que acabáis de leer, bien en el propio libro, a cuyas páginas os remito.
La información comercial del libro está aquí.
-------------

En algún momento del fin del primer milenio de nuestra era, en los bosques oscuros de Europa, una criatura terrible se hace dueña de una catedral y siembra el terror entre las gentes, mientras busca una respuesta que sólo un monje es capaz de darle.
En nuestro futuro cercano, un niño superdotado que sufre del corazón canaliza su ansiedad a través de un vegetal gigante. Años después, crea las primeras arquitecturas inteligentes artificiales.
Un siglo después, esas inteligencias se autodestruyen, justo antes de que unas criaturas alienígenas regresen a la tierra en busca del descendiente de aquel monje. Cuando se marchan, la humanidad trata de seguirlas. "Magnífica Víbora de las Formas" es una antología de relatos que forman una vasta crónica histórica de acontecimientos vistos por personas corrientes; historias que contienen el germen de revoluciones, desastres y grandes descubrimientos repartidos a lo largo de quince siglos.
La mayoría de los relatos que contiene esta antología han sido publicados por separado durante los últimos años; ahora, revisados y engarzados en estas crónicas, aparecen como el primer volumen de la "Saga de las Víboras de las Formas", de la que ya se ha publicado la alabada novela "Umma", finalista del Premio Ignotus 2005 a la mejor novela nacional de género fantastico.
El autor recibió la Mención Aleph al Autor Revelación ese mismo año.

Título: Magnífica Víbora de las Formas
Autor: Juan Antonio Fernández Madrigal
Diseño de Cubierta: Juan Antonio Fdez.
Prólogo: Juanma Santiago
Precio: 8,50 euros
Páginas: 202
ISBN: 978-84-96013-39-1
----------

Y este es el prólogo:

-----------------

La historia narrada por Juan Antonio comienza en tiempos inciertos y azarosos, y termina en tiempos aún peores. No obstante, Magna Víbora de las Formas es un libro optimista. No deja mucho resquicio para la esperanza de los individuos que lo pueblan, cierto, pero los fracasos personales que nos narra redundan en beneficio de la especie. ¿De qué especie se trate? Esa ya sería otra disquisición. Porque Juan Antonio Fernández Madrigal nos está hablando del proceso de superación de la vieja humanidad y su conversión en…, bueno…, otra cosa, a la manera de las clásicas Más que humano, de Theodore Sturgeon, Ciudad, de Clifford D. Simak, o El fin de la infancia, de Arthur C. Clarke, pero con el inconfundible sello de Juan Antonio Fernández Madrigal. El que los tres libros citados pertenezcan a la cosecha de 1953, una de las mejores de la historia de la ciencia ficción, tal vez no sea del todo casual. La preocupación de Sturgeon, Simak y Clarke por hablarnos de una nueva humanidad, no necesariamente nacida de cambios evolutivos operados sobre el patrón que ya conocemos, es un asunto omnipresente en Magna Víbora de las Formas. Cierto es que estos cambios no son fáciles, de ahí el sufrimiento continuo de los personajes que la pueblan.

La vida y la muerte son cambio permanente, y los antihéroes de Juan Antonio dan fe de ello.

Esperan el momento de cambiar o trascender, en continua evolución, sin saber muy bien si han emprendido un camino que los llevará a la madurez, o, jugando con el título de la novela de Clarke ya citada, el fin de la infancia: buena parte de los protagonistas de este libro son niños.

También esperan la transmigración de sus almas, y su conversión en dioses o demonios, lo que sea, pero algo que les permita alcanzar el autoconocimiento, pues, en palabras de la Emperatriz: “No sabemos realmente nada de nosotras. quizás por eso cambiamos de forma constantemente, casi sin poder evitarlo”. La religión y el determinismo consecuencia de la misma son omnipresentes en Magna Víbora de las Formas, y en ocasiones parece que Dios es sólo un paso evolutivo, que está apenas un poco más allá de la condición de hombre o robot. Las dicotomías entre niño y adulto, vida y muerte, mecánico y animal, Dios e Infierno, nos vienen a hablar de lo mismo: la necesidad de trascender.

Una de estas dicotomías, la que enfrenta lo mecánico y lo animal, merece un comentario aparte. La Emperatriz asume rasgos reptilianos, a la manera del Demonio, la tentación que apartó al hombre del Paraíso. Viene de muy lejos, expulsada del infierno en que vivía, para privar a la humanidad de su planeta, su pequeño paraíso. Las imágenes animales abundan en el libro, desde las alusiones al cerebro reptiliano con que arranca la historia de Haruka hasta la telaraña de la historia de Beatriz, pasando por los personajes de la historia de Clavius, que se sienten como mariposas atrapadas en líquido de ámbar.

La otra dicotomía central de la obra está relacionada muy estrechamente con la anterior. La contraposición entre Dios y Demonio, lo divino y lo infernal, impregna casi todas las historias que componen Magna Víbora de las Formas. Las alusiones a pasajes bíblicos son constantes: todas las resonancias luciferinas del preludio, la relación entre la nave Eva y el navegante Adam (que, por otro lado, recuerda en ciertos aspectos al Solaris de Stanislaw Lem), el Evangelio sin creyentes que pretende ser la historia de Marcus, o ese Lázaro de la historia de Clavius, cuya resurrección sabemos muy bien si lo convierte en profeta o dios.

Y, por encima de todo, un concepto, casi omitido en muchos pasajes del libro, pero que a mi entender resulta fundamental para su comprensión: la música, entendida como el ritmo interno de la obra, pero también como elemento asociado a Tade, el profeta y artífice del cambio que provoca el escalón evolutivo narrado en Magna Víbora de las Formas. O, más que música, la sinestesia, la confusión de sentidos. Juan Antonio Fernández Madrigal apela a lo que está más allá de la percepción, y nos permite reelaborar la historia en nuestro interior, acaso en nuestro cerebro reptil. Sus personajes tienen que aprender a sentir, como lo hace un recién nacido en proceso de formación, pues, al fin y al cabo, eso es lo que son: seres recién nacidos a un nuevo mundo, a los que hay que explicarles el porqué de cada uno de sus sentimientos. Ese “¿Qué pasaría si existiera alguien que lo percibiera [el mundo] completamente del revés?” es el motivo central de la historia de Marcus, pero también del libro. Porque la respuesta, por evidente, nos arroja una solución que, mucho me temo, es la hipótesis central de trabajo de Juan Antonio Fernández Madrigal: lo que ocurriría sería el fin de la humanidad tal como la conocemos, y el advenimiento de una nueva humanidad. A la manera de Más que humano, sí (pues el motor del cambio serían los desheredados), pero también a las de El fin de la infancia (por el acercamiento implícito a la divinidad) o Ciudad (porque esa humanidad más que humana nacería a partir de elementos nada humanos).

Magna Víbora de las Formas es la historia de ese proceso de cambio, pero también es un conjunto de diez relatos, independientes en su origen, que conforman una de las Historias del Futuro más heterodoxas y coherentes que ha dado la ciencia ficción española, y un compendio de narraciones en las que podemos ver amores y odios, traiciones y engaños, muertes y renacimientos, dioses y monstruos, hombres y robots.

-------------
Juan Antonio Fernández Madrigal ha escrito un libro que navega contracorriente, y que os recomiendo encarecidamente.

Etiquetas: ,

8 Comments:

Blogger Jafma said...

Hey! Que no habia visto la entrada... Si es que no se puede uno despistar de la blogosfera ni dos segundos :-)

Muchas gracias; como ya dije, todo un honor tenerte de prologuista y presentatista :-)

19 de noviembre de 2007, 19:13  
Blogger Small Blue Thing said...

Pero Juanma, ¿qué te pasa? :S

19 de noviembre de 2007, 21:46  
Blogger Juanma said...

Juan Antonio: Gracias a ti, por haber confiado en mí. :-) Ha sido un verdadero placer.

23 de noviembre de 2007, 18:34  
Blogger Juanma said...

Small Blue Thing:
Pues nada, que vuelvo de la hispacón con la maleta llena de libros friquis de los que me apetece hablar. :-)

23 de noviembre de 2007, 18:35  
Blogger Small Blue Thing said...

Pues chico, perdóname, pero esto está últimamente de un soporífero que da pena.

25 de noviembre de 2007, 13:46  
Anonymous Dalla said...

Juanma, deja de poner reseñas y demás artículos de crítica literaria, está demostrado que la literatura es soporífera al común de los mortales. Haz un blog tipo Aquí hay tomate de una vez, hombre...explica tus vergüenzas, que el morbo mola más, ahí no nos dormíamos nadie ;)

26 de noviembre de 2007, 12:14  
Blogger Juanma said...

Yo aquí, proponiéndoos lecturas para sobrellevar el vacío en que mis movidas varias están sumiendo el blog, y vosotras pidiéndome pornografía emocional... Hay que ver, hay que ver... :-PPPP

No, ahora en serio: estoy que no doy abasto, y el blog está pagando el pato. Vale que no quiero actualizar por actualizar, pero lo suyo es que cada vez que me publican una reseña o artículo lo publicite en este blog. En cuanto a los contenidos pornográficamente emocionales que le gustan a los lectores, lo siento, pero de momento no saldrán tan seguidos como antes. Quiero decir, puedo dedicarle media horita un par de días por semana a hablar de la pila de cosas de las que me apetece hablar (enfermedades pretéritas, vida en mi barrio, cástings de compañeros de piso...), pero quiero hacerlo bien, y, con el nivel de marrones que llevo últimamente, las anotaciones sobre esta temática desentonarían mucho con respecto a las «clásicas». Es decir: podría actualizar más seguido, pero el nivel se resentiría. Y no quiero llegar a eso. Hasta el puente de la Consti calculo que no voy a poder retomar la pornografía emocional.

Otra opción sería escindir el blog en dos: uno, que sería el Pornografía Emocional de toda la vida, en el que seguiría hablando de mis rollos mentales, cuando pudiera y a un ritmo más pausado que de costumbre; y otro, más literario y tal, en el que hablaría de friqueces, como vengo haciendo de un mes y pico para acá.

La pastilla azul o la pastilla roja. Como queráis.

Besitos a las dos, y muchísimas gracias por opinar. :-*********

26 de noviembre de 2007, 12:30  
Anonymous Dalla said...

En mi opinión...tu vida es una y no veo por qué hay que escindir el blog. En él debe tener cabida todo.

26 de noviembre de 2007, 13:00  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home