lunes, 15 de octubre de 2007

Retorno al pasado

Me dirijo a mi clínica dental, para abrir la boca y el corazón (esto último es un decir) a mi equipo de dentistas favorito. Hoy paso la primera revisión semestral.
La última sesión con mi implantista fue rutinaria; tanto, que ni siquiera me molesté en escribir una entrada ad hoc en el blog. Sabía que era el último día con él, que ya había anunciado su marcha de aquel centro, y esperaba algún detalle menos impersonal que un "Hala, a pasarlo bien". Por supuesto, nada de sentimentalismos, ningún "Ha sido un placer horadarte las muelas", que habría sido replicado con un voluntarioso y anestesiado "El 'aher 'eh m'uuo". Simplemente, terminamos de atornillar los implantes, comprobar que todo estaba bien, que no había infección, un apretón de manos, y que pasara el siguiente. En recepción me entregaron el certificado de la garantía, sin la cual no podría pasar las revisiones programadas, y sin el cual me arriesgaba a pagar por cualquier revisión: la garantía es de por vida.
La semana pasada me llamaron, para confirmar la cita. Sin haberlos llamado, ni nada.
Regreso a la clínica, y parece el decorado de una película de estafas al uso (y no daré títulos, pues ahí reside la gracia del subgénero: si das nombres, cometes el espóiler), de esas en las que montan un chiringuito de la nada, tan sólo para engañar al primo de turno, y, cuando ya se ha consumado la estafa y el estafado regresa para reclamar lo que le han tangado, ve que no hay ningún rostro reconocible, y entonces adquiere la certeza de que ha sido objeto de un timo.
A lo que iba. Llego a la clínica y, empezando por la recepcionista, no reconozco a nadie. La chica es más joven que la anterior. Parece una versión en plan Miniyó de Tiffany Amber Thiessen. Me toma los datos y me invita a esperar al doctor. Como mi rinconcito favorito, el de las revistas de cotilleos, ya está ocupado, me siento en el extremo opuesto de la sala de espera. Le hubiera echado un vistazo a mis apuntes de catalán, pero me ha dado tiempo a acercarme por casa de Cristina para dejarlos allí, y no llevo ninguna lectura.
La enfermera que pulula por el centro tampoco es la que había en los tiempos gloriosos de mis implantes. Presiento que esta chica, bajita y apocada, no es de las que tararean canciones de Vainica Doble delante de cualquiera.
El implantólogo tampoco tiene el garbo y el tronío de mi cirujano de toda la vida. Alto y fornido, parece un guardaespaldas, o el matón de una discoteca de salsa. Estrecha la mano con fuerza, lo cual me plantea la duda razonable de cómo será cuando se ponga a hurgar en el interior de mi boca. El hecho es que uno de los implantes de titanio está un poco suelto, y me noto como en los meses previos a la rotura definitiva de las muelas. Debo de dar grima cuando me pongo a tocarme la muela suelta, y se escucha un chiiik chiiik chiiik (nada que ver con el grupo musical), así que el recordatorio de que debía acudir a la revisión no ha podido ser más oportuno. Me pregunto hasta qué punto no lo habrán hecho a propósito, y los implantes tendrán un período de seis meses, transcurrido el cual intentan darte problemas, para poner a prueba la pericia de los implantólogos, y recordarte la necesidad de pasar revisiones. Demasiado paranoico por mi parte, pero ¿quién sabe? El márketing es así.
Me hurga la boca, le recuerdo que tengo un implante algo suelto, lo corrobora con un gesto de asentimiento más bien inexpresivo, y se pone manos a la obra. En dos certeras rascadas, llega hasta el epicentro de mi muela de titanio, la atornilla en dos movimientos, y cierra. La operación no ha durado ni un minuto.
-¿Ya está? -pregunto, incrédulo.
-Sí, ya está.
No me lo puedo creer. Por hacer algo, le doy nuevamente la mano, como para reclamar un segundo, un minuto más. No puede ser tan breve. Puedo asumir que ya no habrá más canciones ni más escenas de ligoteo, pero ¡quiero algo de espectáculo! Qué sé yo: una señal de que alguno de los dos le tira los tejos al otro, algún comentario que indique complicidad o compañerismo, alguna queja amarga sobre el escaso compañerismo de los demás miembros de la clínica... Pero nada, todo muy robótico y preciso, el mismo tipo de profesionalidad que gastaría un director garbancero, de los que por las mañanas ruedan anuncios para la conferencia episcopal, y por la tarde, y sin alterar su poética ni el gesto, participan en el rodaje de Conejitas ávidas de zanahorias LXIX. Profesional, esa es la palabra.
Y mucho más aburrido, dónde va a parar.
Sello la revisión y me emplazan para la siguiente. Dentro de un año. Dónde estaré en octubre del 2008. Da miedo pensarlo.
Mi próxima revisión, me temo, será irrelevante y olvidable. Qué lástima: con el juego que habían dado las anteriores...
Urge que regrese mi antiguo implantólogo. ¿Dónde hay que firmar?

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11 Comments:

Anonymous Kaoss said...

Pos si, vaya sosales. Queremos a tu antiguo dentista, daba mucho más juego...

16 de octubre de 2007, 7:57  
Blogger manu said...

Me temo que cuando vuelvas dentro de un año cabe la posibilidad de que esa clínica dental haya desaparecido, visto lo visto.

16 de octubre de 2007, 9:25  
Blogger Álex Vidal said...

Joder, a mí es que me recuerda a las alucinaciones al masticar Cand-Y o Chew-Z. Por cierto, dientes de titanio... Por casualidad, ¿has visto si tienes los ojos rojos o las manos biónicas? :D

16 de octubre de 2007, 9:46  
Blogger Cristina López said...

¿has visto si tienes (...) las manos biónicas? :D

Álex, en serio le estás preguntando eso a JuanMagneto? :p

16 de octubre de 2007, 10:11  
Anonymous Yolanda said...

Pos sí que... Y lo averiguar dónde está el anterior??? :-)

16 de octubre de 2007, 23:10  
Anonymous Kaoss said...

Joder, a mí es que me recuerda a las alucinaciones al masticar Cand-Y o Chew-Z. Por cierto, dientes de titanio... Por casualidad, ¿has visto si tienes los ojos rojos o las manos biónicas?

Mejor preguntarle si no se siente un villano de película de James Bond :-P

16 de octubre de 2007, 23:43  
Blogger manu said...

Lo que faltaba, Juanma viviendo en un bucle dickiano.

17 de octubre de 2007, 10:08  
Blogger Juanma said...

Mejor que en un bucle lovecraftiano...

17 de octubre de 2007, 19:12  
Blogger Small Blue Thing said...

¡Un respeto por el garbancerismo, coñesya!

18 de octubre de 2007, 23:27  
Blogger Pily B. said...

Chico, bienvenido al mundo real. Es lo que hay. :-(

Ayyyyy, y aunque esto no tenga nada que ver, ¡¡qué poco nos queda para vernos!! ¿Nooooooo? Ya me dirás.

:-***************

20 de octubre de 2007, 14:44  
Blogger Batz said...

Oye, que nervios tener una cita para el 2008!
Ni siquiera tienes agenda en donde apuntarlo... A menos que seas mas bionico de lo que nos comentas, y tengas integrado una agenda digital en alguno de tus dientes =P

27 de octubre de 2007, 1:37  

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