lunes, 1 de octubre de 2007

Estampas de una ciudad espectral

A primera vista, se trata de una calle más del barrio de Sants. Lo viejo y lo nuevo pugnan en condiciones desiguales, con el resultado que todos intuimos; no obstante, el antiguo barrio industrial se aferra a sus señas de identidad. El taller de reparación de aluminosis se niega a cerrar. Las casas okupas coexisten con infraviviendas a punto de ser derribadas. Los solares comienzan a llenarse de grúas y cuadrillas de subcontratados. Los mismos baches y socavones que antaño acompañaran a los camiones de reparto de fábricas hoy inexistentes, son hoy mudos testigos de los primeros desmanes de los adolescentes que aprenden a emular a Dani Pedrosa con sus motos ruidosas, o de las pandillas de suramericanos que repostan en los locutorios antes de irse a pelar la pava en cualquier plaza de L'Hospitalet o de las inmediaciones de Riera Blanca.
Me gusta callejear por este vestigio de otra Barcelona ya inexistente, camino de casa de Cristina, o si tengo que salir al cajero automático, o ir al Opencor a hacer alguna compra de domingo por la tarde.
Transitas por un barrio desarrollista, de los años cincuenta, con su bar Manolo y su colmado, y de repente te adentras en una colonia, una mini urbanización de la época modernista, que tal vez estuviera rodeada de fábricas (ya le dedicaré otra entrada a las chimeneas que nos recuerdan la existencia de fábricas derruidas), un cúmulo de casitas bajas que se resistió a entrar en los planes urbanísticos del mítico alcalde Porcioles.

Viviendas unifamiliares que aún resisten el paso del tiempo. Algunas, como esta, tal vez hayan sido pintadas hace poco, como para recordarle a los concejales de Urbanismo que no, no, no las moverán, que ningún plan de reforma interior podrá con ellas.
No obstante, te adentras en una de esas calles de viviendas unifamiliares, en cuya esquina aún puedes encontrar comercios de barrio (una alpargatería, un taller de reparación de calzado...) y te encuentras con portales enigmáticos, como este.
¿Un friso con hipogrifos rematando los ventanales? ¿Una pared cegada? ¿Adónde conducirá esa puerta? ¿Acaso nos llevará a un universo sacado de las novelas de José Antonio Cotrina? ¿O a otra realidad? ¿Qué hay que hacer para franquear ese umbral?

¿Y este otro? Ni siquiera tenemos la puerta. Sólo hay un número tan cabalístico como el 23. Número mágico y mistérico donde los haya. Número que, sumado a esta pared, nos hace preguntarnos dónde nos hemos metido. No muy lejos de esta calle hay un Carrerò de les Ànimes (Callejón de las Ánimas), y apenas a quinientos metros en dirección Montaña hay una calle de Can Bruixa. ¿En qué suerte de ciudad espectral nos hemos metido? ¿En qué momento dejé de estar en Barcelona y pasé a este otro plano de la realidad, a este mundo de Neil Gaiman con barretina y bufanda del Barça? Imposible de responder.
Porque la calle continúa, y ya ni siquiera hay una pared de ladrillos. Ahora nos encontramos la pared pintada, con sus revoques, y ni un solo vestigio de que aquí haya habido una vivienda, supongo, unifamiliar.
El respeto me impide acercarme por aquí tras la caída del sol. Siento que podría escuchar voces y rumores de familias que no sé si existen o viven en otro plano de realidad; podría oler la cocina de una casa de los años veinte, o de esta primera década del tercer milenio, una cocina que no puedo ver pero que sin duda está allí. Puedo sobrellevar la presencia de fauna nocturna poco recomendable; al fin y al cabo, soy del barrio... pero del barrio visible y tangible, del que amanece con la apertura de los varios frentes en que se ha convertido el vecindario por culpa de las obras, y el que amanece con los restos esparcidos de papeles y pertenencias a lo largo de los callejones (otro bolso robado). Este barrio, el del Carrerò de les Ànimes, el de Can Bruixa y el de las calles de viviendas unifamiliares cerradas a cal y canto, este barrio es otra historia. No sé si temerlo o no, pero lo respeto, por si acaso, y porque los indicios de que esa otra Barcelona de otras épocas no aceptará de buen grado los cambios que vuelven irreconocible este barrio, no sé si se rebelará, no sé si hará uso de sus fuerzas para dar un golpe de mano y recordarnos, a mí y otros recién llegados, que las puertas cerradas a cal y canto encierran mil y una historias, y que tal vez no las emparedaran para impedirnos acceder a sus secretos, sino para impedir a sus habitantes salir al exterior y tratar de reclamar a su manera la ciudad que un día fuera suya.
Entretanto, aprieto el paso: la calle llega a su fin. Doblo la esquina y me adentro en otra calle, no menos barcelonesa y santenca, pero más convencional, en la que las casas tienen portales que nos llevan a esta misma dimensión.

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14 Comments:

Blogger Álex Vidal said...

Amigo Juanma, esas casas ya están condenadas. Su tiempo pasó, son apenas espectros que se asoman a través de su plano del tiempo al nuestro, pero que, cualquier día, cuando dobles esa esquina, habrán desaparecido para revelar lo que siempre hubo allí, un edificio de viviendas de 1, 2 y 3 habitaciones con dúplex de lujo en privilegiada zona céntrica con su piscina su párking y vecindario exclusivo.

Aquí en Cerdanyola, casas así van cayendo, incluso aquellas declaradas de interés histórico arquitectónico por el Ayuntamiento, y se erosiona un poquito más esa Cerdanyola de entonces, la vila modernista de veraneo de la burguesía barcelonesa, y se parece más al barrio de la Ciutat Comtal que, me temo, un día llegará a ser.

El progreso, lo llaman unos. Lo que es en realidad, mejor me lo callo.

1 de octubre de 2007, 19:01  
Blogger Cristina López said...

Y está el Carreró de les ànimes, sin un puñetero portal, todo son la parte de atrás de casas. Es como un pasillo de cemento sin techo...

1 de octubre de 2007, 19:02  
Blogger manu said...

Salvando las distancias, me recuerda un poco a la parte de "atrás" de Bravo Murillo (la contraria a la que va a dar a Azca).

2 de octubre de 2007, 10:13  
Blogger Small Blue Thing said...

¿A ti no te ha pasado que vas por esas calles y vas viendo casas maravillosas que por un poquito, un poquito, serían la de tu vida (con perdón)?

... ¿pero NUNCA puedes permitirte ese poquito? :(

Yo llevo décadas ya así en Puente de Vallekas.

3 de octubre de 2007, 21:19  
Blogger Juanma said...

Álex:
Dilo: es especulación.

cualquier día, cuando dobles esa esquina, habrán desaparecido para revelar lo que siempre hubo allí, un edificio de viviendas de 1, 2 y 3 habitaciones con dúplex de lujo en privilegiada zona céntrica con su piscina su párking y vecindario exclusivo.
Eso todavía no me pasa aquí, pero hace tiempo que me sucede cuando vuelvo a Madrid. Antes me cabreaba cuando veía que estaban construyendo viviendas de lujo en zonas que se suponían destinadas a parques y polideportivos (las cocheras de la EMT que hay en mi calle, enfrente de Telefónica), pero ya, ni eso: que hagan lo que quieran, que de todos modos es lo que van a hacer.
Una bocacalle de la de mi madre es la calle de las Naciones, donde se desarrolla buena parte de la acción de La colmena (donde van de pilinguis, para ser más exactos). Todo eran hotelitos. Ahora no queda ni uno.

4 de octubre de 2007, 19:10  
Blogger Juanma said...

Cristina:
Y está el Carreró de les ànimes, sin un puñetero portal, todo son la parte de atrás de casas. Es como un pasillo de cemento sin techo...

Una calle extrañísima, de verdad. Si escribo de una puñetera vez un cuento de terror, seguro que lo ambiento allí.
:-*********

4 de octubre de 2007, 19:33  
Blogger Juanma said...

Manu:
Salvando las distancias, me recuerda un poco a la parte de "atrás" de Bravo Murillo (la contraria a la que va a dar a Azca).

Otra zona que ha cambiado mucho desde que vivías en Madrid, aunque ya hace tiempo que no voy. Marqués de Viana también ha sufrido muchos cambios, aunque no tanto como el barrio de La Ventilla. Cuando paso por ahí tengo una impresión parecida a la que me produce pasear de noche por el principio de la Meridiana y el Poblenou, en las inmediaciones de la Plaça de les Glòries: esa sensación de que el ciberpunk y Pérez Galdós están unidos, y que el siglo XIX, el XX y el XXI coexisten y se complementan en apenas unos miles de metros cuadrados.
Pero sí, esa zona de Tetuán es extraña y desconcertante.
También tiene los días contados.

4 de octubre de 2007, 19:36  
Blogger Juanma said...

¿A ti no te ha pasado que vas por esas calles y vas viendo casas maravillosas que por un poquito, un poquito, serían la de tu vida (con perdón)?
Continuamente. Además, Sants se parece mucho a Vallekas, tanto en la gente como en el tipo de edificaciones. Supongo que la sensación que tienes es la misma que tenemos Cristina y yo cuando paseamos por el barrio.

4 de octubre de 2007, 19:38  
Blogger Álex Vidal said...

Dilo: es especulación.

Es especulación. Y codicia. Y una sentencia de muerte a largo plazo, y son unos...

... bueno, Ángel Martín lo dice con más gracia, aunque refiriéndose a otro colectivo: http://es.youtube.com/watch?v=YV-zbNmU-88

4 de octubre de 2007, 20:42  
Blogger Rox said...

Es una lástima... aqui en querétaro de menos el centro (lo viejito) lo protegen, las puertas son impresionantes...

Cuando quieran venir ya saben!

te dejo besos!

8 de octubre de 2007, 1:57  
Blogger Small Blue Thing said...

Una offtopicada, Angel Martín es de Barna, ¿verdad?

11 de octubre de 2007, 14:48  
Anonymous Anónimo said...

n0se y0 n0 cre0 mux0 xr0 repet0 c0m0 la que mas,,,,
me encantaria descubrir t0d0 l0 que pasa y0 tambien s0y de sants y en un0s de es0s callej0nes y0 eh c0mprad0 zapat0s en una vieja zapateria,,,,
la señ0ra muy amablee y su marid0 tambien,,,
la c0sa es tus reflexi0nes 0 hist0rias c0m0 prefieran llamarl0s me gustan mux0,,,,
eres super interesante,,,
mas bien tu f0rma de pensar,,,
s0y una pers0na an0nima que lee tus hist0rias en el trabaj0 antes de ir a d0rmir 0 cuand0 teng0 un p0c0 de tiemp0,,
sigue pensand0 asii,,,
aqui una xica que sigue tus hist0rias 0 bien reflexi0nes,,,,

18 de septiembre de 2008, 18:30  
Blogger Juanma said...

Creo que conozco esa zapatería. Diría que es la que está en la calle Violant de Hungría, nada más doblar Fisas. No sale en la primera foto por apenas veinte metros.

Me gusta el barrio de Sants porque todavía tiene muchos lugares inexplorados (lo cual es una maravilla, porque aún sigue a salvo de echarse a perder como lo ha hecho Gràcia).

Muchas gracias por leer el blog, y por los piropos. No se merecen. :-)

19 de septiembre de 2008, 9:28  
Anonymous Anónimo said...

vivo ai mismo al lao en la calle violante de hungria i las casas siguen igual

27 de julio de 2012, 5:46  

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