jueves, 6 de septiembre de 2007

Vuelta al cole

Este es el sino del parado: que te vas de vacaciones, pero en realidad no estás de vacaciones, porque no tienes un trabajo del que descansar. Y, además, vuelves mucho más pasado de vueltas, y deseando descansar de las vacaciones. Triste paradoja.
Por resumir mucho, y sin entrar en asuntos espinosos (llamadlo pudor emocional, si queréis: para mi, es pura desconexión), digamos que el zafarrancho familiar está revuelto. Mi madre ha experimentado un par de recaídas durante este verano, está más torpe aunque igual de hiperactiva, necesita a alguien que esté tooodo el santo día detrás de ella y, como no está tan grave como para que tomemos decisiones drásticas (ponerle una interna, mandarla a un centro de día o [glups] vender la casa y meterla en una residencia), la situación es muy estresante. De este modo, de los trece días que he pasado en Madrid, he podido salir la friolera de ¡cuatro!, y eso porque los dos primeros mi madre aún no estaba en Madrid; el último, tuvimos que decirle a mi amiga Isa que fuera a casa, a la espera de que nos llegara un relevo. Descansar, lo que se dice descansar, lo hicimos una sola noche, en que mi hermano Pablo nos dejó las llaves de la casa de mi hermano Enrique, todavía de vacaciones, y pudimos desconectar durante unas horas, aunque pudimos constatar que en ciertos restaurantes japoneses no te ponen salsa de soja si sirven a domicilio, y no queráis ni saber cómo es la experiencia de comer nigiris de pulpo a palo seco. Me quedo con esto: por lo menos, he podido ver a Fidel, Fernando Ángel y sus amigos; a Paki, Daniel, Natxo y Miriam; a David Panadero, y a Isa. Pero me he quedado sin ver, aunque fuera delante de un café rápido, a mucha gente, casi todo mi pack básico. Sospecho que, mientras la situación familiar esté así de complicada, esta va a ser la tónica de mis viajes a Madrid. Y no mola: por mí, por mis amigos, por mi familia y por mi madre. Empiezo a ver Madrid como un lugar inaccesible. Y, qué coño, miro el plano del metro y ya no me suena ni la mitad de las estaciones.
Para mi, la situación es parte del lote: es mi madre, y sabía que iba a Madrid a cuidarla, y que no iba a estar quieto parado. Esa sensación de que tu vida deja de ser tuya en el momento en que sales de la ducha por la mañana, y que la siguiente vez que puedes descansar llega varias horas después, apenas unos minutitos justo después de comer. Pero, para Cristina, han sido unas vacaciones tiradas a la basura. Y ya van dos seguidas. Cuando te pasas, como ella, seis días en Madrid, y sólo sales una noche y dos medias tardes, sabes que algo no va bien. Y ese algo se llama descoordinación familiar. Y todo esto, cuando mi madre aún puede andar a medio gas unos meses, o un par de años como mucho, antes de que la situación sea decididamente irreversible.
El frente paterno también se ha complicado: lo hemos tenido tres semanas ingresado en el Gómez Ulla, realizándose las pruebas médicas con las que hemos iniciado los trámites para meterlo en una residencia. El diagnóstico es el que esperábamos, pero en estado más avanzado. Y, nuevamente, lo peor que puedo decir de la situación de descontrol que atravesamos es que Cristina no ha podido acercarse al hospital a verlo, en los seis días que ha estado en Madrid. Yo sí he podido, durante los dos días que estuve en Madrid antes de que llegara mi madre, y a pesar de todo lo he visto más o menos bien. Aunque el médico me diga una cosa cuando mi padre está delante, y a mi hermano le diga otra diferente (y más desalentadora) cuando están ellos dos a solas.
Tanto mi padre como mi madre tienen setenta y siete años, y ya están inmersos de lleno en el proceso de caer sin control cuesta abajo. Pero esta vez lo he visto con claridad, y ya no cabe la menor duda, ni hay lugar para autoengaños. Prefiero quedarme con aspectos positivos, como que aún tienen la cabeza en su sitio (por poco tiempo) y, especialmente en el caso de mi madre, están bien atendidos. Porque, como me quede con los aspectos negativos (estoy demasiado lejos como para que estos trece días sean útiles en términos generales, no somos capaces de reunirnos para consensuar cuadrantes de cuidado a mi madre, y a estas alturas todos tenemos algún agravio con los demás miembros de la familia que nos impele a bloquear cualquier avance), la verdad es que me entra la mala leche.
Las vacaciones que le hemos dado a Cristina, por segundo año consecutivo, no ayudan mucho, la verdad. Una cosa es ir a Madrid a sabiendas de que no vas a estar todo el día fuera (cosa que sabíamos ambos), y otra cosa es que los relevos no lleguen en toda la tarde, pese a que yo había dejado muy claro que la primera semana iba a ir a piñón, pero que cuando llegara Cristina le pedía a mi familia que nos dejaran las tardes libres. Hemos salido lo justo como para ver un atardecer precioso en Las Vistillas, pero poco más. Y eso, cuando hay gente en casa que avisa de que se va a ir después de comer y no lo hace hasta las ocho, o gente que directamente no da un palo al agua pero a la que tienes que controlar, o gente que por teléfono se te queja de que no da abasto pero a la que luego no ves ni una vez por la casa, es un agravio. Siento que nos han robado unas cuantas tardes, en las que podríamos haber hecho algo. Con tomar el aire ya nos hubiera bastado.
¿Qué más aspectos positivos puedo extraer de esta locura de minivacaciones? El caso es que algunos.
He vuelto a escribir. No la novela corta que tenía planeada (la dejo para otro momento), sino un relato breve, de unas tres mil palabras. Tanto la temática como el argumento son secretos, ya que era un regalo de cumpleaños. Ni estoy contento con los resultados ni dejo de estarlo: no lo puedo juzgar con criterios literarios. Es otra cosa, un regalo, y tiene su valor como regalo. Pero sí estoy satisfecho, porque eran ya once años sin terminar un relato de ficción, y por fin lo he hecho.
El regreso a Barcelona me ha deparado una entrevista de trabajo que no sé en qué quedará, pero que, como mal menor, me puede proporcionar alguna colaboración externa, si al final no me seleccionan. Al haber realizado tareas de archivo en las prácticas editoriales del máster, también puedo volver a buscar trabajo como documentalista, y me resulta curioso comprobar que la única oferta de InfoJobs en la que he llegado a finalista procede de un centro de documentación. Me he habituado a mirar los estados de mis candidaturas en InfoJobs, con esos bailes de categoría, entre Recibido y Descartado, Recibido y En proceso, En proceso y Finalista, con la curiosidad de quien mira la evolución de los valores bursátiles, o el avance de los resultados electorales a medida que llegan datos del recuento. Empiezo a tener claro que trabajar en una editorial no es prioritario, ya que seguiré vinculado al mundo de la edición, y tengo un volumen respetable de compromisos extralaborales. No he podido avanzar en Madrid, de modo que ahora, durante estas semanas de septiembre, no voy a tener más remedio que apretar el ritmo, y entregar esas críticas, prólogos, ensayos e informes de lectura que tengo pendientes.
La situación en casa parece estabilizarse. Sue (chinoholandesa) ha durado dos meses en la casa, y no hemos llegado a tener una conversación en condiciones: habla en inglés demasiado rápido, y no la entiendo. A Stefanie (alemana) no la he visto aún, entra en la casa de hoy en una semana, pero me dicen que es agradable y tranquila, dos cualidades que valoro más que nunca. En situaciones de inestabilidad casera me encabrono, y estoy descubriendo hasta qué punto necesito que todo esté en orden: durante todo este año, apenas he parado por casa, pero durante el verano me he pasado aquí todos los días, de nueve de la mañana a siete y media de la tarde, y todos los elementos que me han hecho estresarme por la situación en la casa (la partida de mala manera de una compañera de piso, el que por primera vez descubra que -al no estar en casa- mi opinión para buscar nuevo compañero ha dejado de ser determinante, o el establecimiento de criterios de búsqueda que no comparto: no entiendo por qué tenemos que buscar una chica, cuando, históricamente, la proporción de chicas conflictivas que han pasado por la casa supera a la de chicos), ahora me parecen agua pasada. He tenido que pasar unas vacaciones asquerosas en Madrid para darme cuenta de que, al fin y al cabo, no estoy mal en casa, y la siento como algo mío, donde tengo experiencias, amigos, compañeros y muchos, muchos libros. Como efecto secundario, tampoco me apetece mucho retomar las narraciones de los cástings, ahora que ya no participo activamente en ellos. Cuando tenga otro estado de ánimo, a lo mejor me decido a relatar el paisaje urbano que se ha dejado caer por aquí.
Y, por otro lado, la relación con Cristina va muy bien. Lamento los días que ha pasado en Madrid, contemplamos con recelo las obras en la casa de nuestros vecinos (por lo que deducimos, han cortado, y es probable que la dueña del inmueble lo haya vendido) y nos preocupamos por la salud de Zipi, uno de los canarios de sus padres. Pero, ahora que hay que empezar a dormir con la ventana cerrada, por fin nos libraremos de ese perrito coñazo que empieza a ladrar a las seis de la mañana, de las tertulias callejeras que se prolongan hasta las tantas (estamos al tanto de casi todas las rencillas de pareja del bloque) y de esas motos que doblan la esquina a cualquier hora de la noche.
Nada nuevo bajo el sol, en resumen. Pero con el cambio de ritmo que supone el inicio del nuevo curso. A ver qué nos depara.

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12 Comments:

Blogger Cristina López said...

Ah, la famiglia...

6 de septiembre de 2007, 11:10  
Blogger Juanma said...

Capiiiisco. :-P

6 de septiembre de 2007, 11:21  
Anonymous Helena said...

Hola!

Al menos la entrada ha servido para tener noticias vuestras. Ahora daré yo señales de vida via mail.
En fin, qué decir, menudas vacas, la familia no la podemos elegir.

Lo del infojobs y la oscilación del "estado de la candidatura" me ha recordado muuuuuchas cosas :-), pero ya no me generan ansiedad.

Y lo del regalo en forma de relato: VAYA REGALAZO, SÍ SEÑOR. Seguro que el afortunado/a estará contento/a.

Besotes a los dos,
Helena

6 de septiembre de 2007, 12:00  
Blogger Juanma said...

Y lo del regalo en forma de relato: VAYA REGALAZO, SÍ SEÑOR. Seguro que el afortunado/a estará contento/a.

Esa era la idea. :-)))

¡Qué alegría saber de ti! Ya he visto que has hecho turismo a lo grande. Eso habrá que contarlo de viva voz, digo yo. :-)))

Cuidate mucho, y besooos. :-****

6 de septiembre de 2007, 12:09  
Blogger manu said...

Jo, nen, siento lo de tu madre. Que malo es hacerse mayor, también lo veo por mis padres.

¡Qué no has escrito la novela! ¡Mecagoentoloquesemenea! Bueno, al menos has escrito un relato...
Menos da una piedra XDDDDD

Bien, confiesa, lo de Madrí era una prueba para Cristina. Y como dicen en los concursos: "prueba superada" ;-)

Suerte por esa entrevista! A ver si te dan una respuesta positiva.

7 de septiembre de 2007, 10:11  
Anonymous Kotinussa said...

Eso que cuentas de tus padres me suena. Yo he pasado el verano entre resonancias magnéticas, densitometrías óseas y demás.

En la segunda quincena de agosto me escapé una semana a Madrid, para buscar unos documentos en el Archivo Histórico Nacional, y eso ha sido todo.

7 de septiembre de 2007, 10:23  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

11 años. Ya te vale, Juanma.

Yo tampoco conozco el nombre de las estaciones del metro de Madrid ya. Por otro lado es muy entretenido mirar el mapa e imaginarlas.

Nos hacemos mayores, y nuestros padres más.

Seré malvada: durante unos días has vivido exactamente las mismas sensaciones que se tienen cuando tienes un bebé que no duerme y nada de ayuda en casa. (Luego me explicas, si puedes, la "maravilla de la maternidad").

7 de septiembre de 2007, 11:03  
Blogger Juanma said...

Manu:
Pues entonces la prueba la pasó con matrícula, porque vaya vacaciones le hemos dado...

Ya os contaré qué tal la entrevista. El que a estas alturas no me hayan llamado me hace ponerme en que va a ser que ná de ná...

7 de septiembre de 2007, 11:24  
Blogger Juanma said...

Kotinussa:
Jo, pues ánimos. Estas cosas son difíciles. :-/

El Archivo Histórico es una pasada. :-))

7 de septiembre de 2007, 11:25  
Blogger Juanma said...

Seré malvada: durante unos días has vivido exactamente las mismas sensaciones que se tienen cuando tienes un bebé que no duerme y nada de ayuda en casa.
Pues es justo como me he sentido. En algunos momentos lo definía como tener lo peor de un niño de año y medio y lo peor de una persona de noventa. Por lo menos, a un niño de año y medio puedes decirle que eso no se hace, y no se hace. Intenta hacérselo a una persona que, en lo sustancial, todavía tiene la cabeza en su sitio. :-/

7 de septiembre de 2007, 11:27  
Anonymous manu said...

la prueba la pasó con matrícula
No esperaba menos de ella :)

7 de septiembre de 2007, 14:16  
Anonymous Maria said...

Hola,
Siento que hayas pasado unos dias duros y siento la situación de tus padres. Es muy duro verles cada día más débiles y más dependientes.

En fin, espero que tengas mucha suerte en las entrevistas de trabajo y te salga algo pronto.

Muchos besos,

11 de septiembre de 2007, 20:55  

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