jueves, 19 de julio de 2007

Niños de Colores

La noche era propicia; me las prometía muy felices, y casi podía decirse que no iba a dormir solo. Estábamos en un local muy canalla del barrio más canalla de una ciudad ya de por sí canalla, viendo cómo los travelos interpretaban lo más granado de la copla española. Al finalizar el espectáculo, el escenario fue ocupado por una pista de baile con temas actuales. Ya nos habíamos quedado solos, y todo era cuestión de esperar el final de la cuenta atrás.
O, al menos, eso creía.
En realidad, nada fue como esperaba y, visto en perspectiva, no sólo no debería de extrañarme sino que no podía haber sucedido de otra manera.
Sea como fuere, allí estaba yo, completamente solo y sin perspectivas de acabar bien la noche, tímido compensado pero tímido al fin y al cabo, incapaz de entrarle a una chica en una discoteca o sala de baile, y con un cabreo considerable por el giro que habían tomado los acontecimientos. Lo único que me quedaba era ponerme a bailar, a mi bola, hasta que cerraran, y entonces subirme a patita, solo entre restos de vomitonas, a esperar al autobús nocturno.
Como digo, soy incapaz de entrarle a una chica, y no se me da bien interpretar las señales propias del rito de cortejo. Mientras salía del local, escuché un “Te he estado avisando toda la noche” que una de las chicas a quienes le había estado echando el ojo gritó al pasar a mi lado, pero siempre tendré la duda de si se lo decía a alguna de sus amigas.
En realidad, no importaba. No había ido a aquel local para acabar así. Sólo esperaba el momento de largarme a mi casa.
Pero irrumpieron ellos. Llegaron en tromba y, en cuestión de segundos, la decoración del local cambió. Eran altos, muy altos, de al menos metro noventa; las melenas a lo Andrés Calamaro (hoy diríamos que de anuncio de línea de información telefónica acabada en ocho) les conferían un toque bohemio. La indumentaria, pantalones de comando y chaquetas militares caquis con la banderita alemana, camisetas de grupos oscuros y minoritarios, las zapatillas de deporte o botas militares, alguno de ellos con corbata, todos ellos con insignias o chapas. Patillas enormes. Gafas de sol, incluso en el interior de un garito a las cuatro de la madrugada.
Y, lo más llamativo, una cámara de tamaño considerable y un foco.
Nos estaban grabando. Entraban a saco en un local, lo ponían todo patas arriba y encima nos grababan.
En apenas medio minuto, ya no me importaban la música ni la soledad inopinada. Ni las fantasías de que llegaría a algo con alguna de las chicas a las que miraba de hito en hito, sin atreverme a que se fijaran en mis miradas, y, supongo que por ello, plenamente conscientes de que un bicho raro que estaba solo no dejaba de escrutarlas.
En apenas medio minuto, cualquier atisbo de oportunidad había saltado por los aires. Uno de aquellos gigantes ya le había echado el brazo al hombro a una de las chicas; otro, el de la cámara, iba buscando a todas las bellezas que había en el local. Un tercero, vaso de cubata en mano, no tardó en desaparecer, bien acompañado.
Llegó la hora de cerrar y, como digo, me fui a mi casa, echando chispas.
El fútbol es así. Unas veces se gana, y otras se pierde.
En mi caso, estaba en zona de descenso y al borde de la destitución del entrenador.
Pasó el tiempo, y me olvidé del incidente, pues al fin y al cabo no fue tan importante: con no haber salido aquella noche, me habría ahorrado el mal trago.
Lo que no podía olvidar era aquella troupe de Calamaros gigantes, esos krakens de la noche urbana.
Pensé en ellos. No tardé en llegar a la conclusión de que olé sus huevos: habían entrado en el local, habían visto cómo estaba la cosa, habían arrasado con todo y habían triunfado.
Como un vecino de mi amigo Javi Ullán.
Durante una temporada, Javi estuvo viviendo en Malasaña, en la calle del Tesoro. Apenas me dejé caer por las fiestas que organizaba, de modo que esta historia me la relató él, tan impresionado por lo sucedido como yo por el evento que acabo de referir.
Eran las tantas de la noche, y la fiesta estaba en su apogeo. La casa consistía en un largo pasillo, que conducía al salón-comedor, que daba a la confluencia entre la calle del Espíritu Santo y la plaza de Juan Pujol.
En un momento dado, suena el timbre. No esperan a nadie. Javi abre, y se encuentra con un hombre de unos treinta años, que se presenta de inmediato:
-Hola, soy Ofo, tu vecino de arriba. Llevo dos horas en la cama y, en vista de que no me dejáis dormir, he decidido unirme a la fiesta.
Y allí que se plantó el hombre.
A la media hora, Ofo desapareció de la fiesta, con una chicana amiga de Javi.
No me cuesta imaginar el final de la historia: una vez terminada la fiesta, Javi, a solas en su casa, era el que no podía dormir, debido al ruido procedente del dormitorio de arriba.
Ofo llegó, vio y triunfó. En apenas media hora. Por puro deporte.
Igual que los Calamaros gigantes.
Veni. Vidi. Vinci.
Entendedme. No critico que esta gente llegara pisando fuerte y saliera por la puerta grande: es su manera de ser, y no los envidio por ello. Me gusto como soy, y no quiero ser diferente, porque sería otra persona.
De hecho, no critico nada. Tan sólo hago constar que este tipo de gente existe. Algunos de vosotros sois así. Sin embargo, otros sois damnificados directos.
Seguramente, en alguna ocasión teníais a una chica o chico en el bote, y apareció uno de estos Ofos o Calamaros gigantes y os la birló delante de vuestras narices.
O todo se había conjurado para que disfrutáseis de vuestros quince minutos de gloria, bien en algo relacionado con el trabajo o alguna actividad que implicase reconocimiento personal, y llegó uno de ellos y os eclipsó. Era vuestro Día D, pero aparecieron ellos y lo jodieron todo.
Sueltas el chiste más ingenioso de tu vida, en el lugar adecuado y el momento preciso, pero, medio segundo antes, uno de ellos ha tenido una ocurrencia aún más genial. Nadie repara en tu gracia; ni siquiera en tu existencia. Te han barrido.
Te curras un disfraz durante todo un año, un disfraz que en condiciones normales hubiera arrasado, y lo sabes; pero aparece uno de ellos, y todas las miradas se desvían hacia esa virguería que lleva puesta. Y, encima, se lleva a la chica.
Bates el récord del mundo de tu especialidad, pero, en la siguiente serie, llega uno de ellos y no sólo lo barre sino que establece un registro de esos que tardan veinte años en ser superados. Sólo te entrevistan los de la tele de tu pueblo. Joder, habías batido un récord mundial.
Es la historia de nuestras vidas. Todos hemos padecido alguna situación similar en algún momento. Te jode, pero no puedes hacer nada al respecto: no vas a matar o mutilar a alguien, ni a desearle el peor de los males, sólo por ser brillante. Mejor para él o ella, ¿no? Pero da rabia.
Con el tiempo, he aprendido a que esto no me afecte. Como he dicho, no me considero competidor directo de ellos: no aspiro a ser el centro absoluto de atención, aunque, como buen Leo, tengo mi ego y me fastidia que me roben protagonismo cuando creo que debo tenerlo. Pero es una clase de gente con la que, en tiempos, me he llevado mal, porque mi autoestima no alcanzaba a entender que ellos hacen su guerra y yo tengo que hacer la mía, y que el hecho de que aparezcan a horas intempestivas y se adueñen de un local, una competición o una cena con los amigos no debería afectarme. Pero he tardado años en comprenderlo.
No obstante, en ocasiones recuerdo la anécdota referida por Javi y su vecino Ofo, o la irrupción de aquellos Calamaros gigantes en un local canalla del barrio canalla de la ciudad canalla.
Desde hace años, tengo un nombre para esa gente.
Los llamo los Niños de Colores, como homenaje a la canción homónima de Los Toreros Muertos. Las primeras estrofas dicen lo siguiente:

Lo estábamos pasando tan bien
en aquella fiesta, en el chalet.
Éramos el centro de atención.
Éramos los hijos del director.
La pista era nuestra, y también la despensa…
hasta que entraron por la puerta los niños de colores.
Hawai, Bombay, Hawai, Bombay, Hawai.
Hawai, Bombay, Hawai, Bombay, Hawai.
Los niños de colores nos tocan los cojones.
Los niños de colores con sus chaquetas azules.
Se comieron mi comida, se bebieron mi bebida, ye ye.
Se esnifaron cocaína, se mangaron la cortina, ye ye.
Me encerraron en la cocina, se llevaron a Cristina, ye ye.
Y me tiraron a la piscina, se llevaron a mi chica, ye ye.

Cuando la escuché por primera vez, allá por 1987, no podía imaginar que en ocasiones iba a verme tan reflejado en ella. De vez en cuando salían a la palestra, en la facultad o yendo de baretos, y te recordaban cuán brillantes eran o, mucho peor, que tú tampoco eras para tanto. Durante la adolescencia y primera juventud me machacaban, pero con el tiempo aprendí a no dejarme engañar. Insisto, es una cuestión de autoestima; ahora la tengo, y no me afecta. Todo lo más, que cuando veo a alguno de ellos en acción, lo detecto y le dejo hacer, con la imparcialidad con que un antropólogo o un extraterrestre observarían el nuevo mundo al que han ido a parar. Sus éxitos son nuestros fracasos… pero sólo si entramos en su juego y nos creemos que sus éxitos nos perjudican. Si no lo hacemos, son un espectáculo incomparable, del que tal vez no haya por qué aprender nada ni sentir envidia; tan sólo limitarse a mirarlos y verlos actuar, y luego comentar la jugada en la intimidad, olvidando que, no hace mucho, te comían la moral. Y que ahora te resultan indiferentes, e incluso graciosos.
Cómo cambia uno.

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22 Comments:

Blogger Cristina López said...

También los hay que no queremos en absoluto ser el centro de nada, y que miramos a esa panda como lo que son, seres necesitados de atención.

casi podía decirse que no iba a dormir solo

Juanmita...que hoy duermes en el sofá...

19 de julio de 2007, 18:45  
Blogger Juanma said...

¿Y quedarte tú con todo el aire acondicionado? Joooooo. :-(((((

19 de julio de 2007, 18:55  
Anonymous Anónimo said...

Con el paso del tiempo uno llega a la conclusión,eso sí,después de recibir variopintos palos que cuando uno se acepta tal y cómo es,la forma de ver y valorar a los demás no es tan diferente a la que uno tiene de si mismo.No son ni más altos,ni mejores,ni más guapos...simplemente son otra persona.Somos nosotros los que eligiremos si interesan o no.

19 de julio de 2007, 20:48  
Blogger Álex Vidal said...

las melenas a lo Andrés Calamaro (hoy diríamos que de anuncio de línea de información telefónica acabada en ocho)

¿Te refieres al 11811? :D

19 de julio de 2007, 23:26  
Blogger Juanma said...

Anónimo:
Mil quinientas palabras para venir a decir lo que dices en sólo ocho líneas. Coincido contigo, palabra por palabra.

Abrazos.

20 de julio de 2007, 9:46  
Blogger Juanma said...

anuncio de línea de información telefónica acabada en ocho)

¿Te refieres al 11811? :D


Mi dislexia numérica me va a dar un disgusto un día de estos... Mientras no sea en el cajero automático... :-P

Claro, como soy de letras... XDDDD

20 de julio de 2007, 9:47  
Blogger Small Blue Thing said...

Pasatelo, Juanma.

20 de julio de 2007, 15:44  
Blogger Juanma said...

Anda, yo creía que en este país había libertad de expresión. A ver si van a haber dicho una verdad demasiado incómoda...

Qué bien. Estamos como cuando secuestraban La Codorniz y el Hermano Lobo por publicar chistes sobre Franco.
:-(((

20 de julio de 2007, 17:16  
Anonymous Skalagrim said...

Amos a ver si lo he entendido:

Eras Peter Parker, pero como no te picó la jodida araña radiactiva nunca has podido palizar a los energúmenos que te han hecho la pascua por no ser Spiderman. Y aunque en realidad eso te tiene más quemado que un torrezno todavía ahora, tienes un blog, sabes como usarlo y vas a fustigarles con el látigo de tu indiferencia y el apoyo incondicional de todos los que te leemos y también nos hemos sentido Peter Parker.

Sólo que yo nunca me he sentido Peter Parker. Y al leer el texto me pregunto de verdad si es que los niños de colores eran tan malos por buscar algo, perseguirlo y conseguirlo haciendo lo necesario para ello.

No sé, la adolescencia es un momento difícil, pero fingir indiferencia por las uvas y quejarse luego de que algunos acaparan la fruta no me parece una solución. Y buscar arañas que brillen en la oscuridad e ir ofreciéndoles el brazo ni te cuento... :D

21 de julio de 2007, 5:27  
Anonymous manu said...

Qué bien lo explicas, nen. Ah, nadie dijo que la vida fuera justa...

22 de julio de 2007, 21:53  
Anonymous Skalagrim said...

¿Justa?
Joder, a veces ni siquiera parece una Vida, parece un tebeo de Ibáñez... :D

23 de julio de 2007, 4:17  
Blogger Álex Vidal said...

Mmm... Pues seré otro Peter Parker al que tan sólo le picaban los p...s mosquitos (que ni radiactivos ni leches), pero que levante la mano quien no ha deseado hombre/mujer/cosa ajena y se ha sentido frustrado, pues me parece que es algo de lo más común en esa especie que se viene a llamar homo sapiens sapiens aunque muchas veces no se merezca tan bonito nombre... ;)

(Incluso los Niños de Colores, que acostumbran a burlarse de los éxitos ajenos -por algo será-).

23 de julio de 2007, 20:00  
Anonymous Skalagrim said...

Hombre, frustrado, frustrado...
Alguna vez me he pillado una rabieta porque no me salía con la mía, como todo el mundo, pero al poco ya estaba a otra cosa. Y de disgustos, lo que se dice disgustos por fustración, dos o tres de los gordos, no recuerdo más.

Tampoco recuerdo haber pillado muchos grandes cabreos. Y no porque no saliera perdiendo tantas veces como los demás, sino seguramente porque se me pasaba enseguida. Tengo memoria de pez.

La cuestión, creo, es que nunca me he tomado la vida como una larga lucha competitiva. Que los demás se salgan con la suya o no me la suda, al fin y al cabo todo el mundo se sale alguna vez con la suya (y jode a otro). Así que en lugar de cabrearme y decir que las uvas estaban verdes, a mí me seguían pareciendo todas maduras, y mientras saltaba de arbol en árbol, llegara a ellas o no, me entretenía intentándolo... :)

24 de julio de 2007, 0:57  
Blogger Juanma said...

Pues no sé si me he explicado mal, aunque Skalagrim tiene una buena parte de razón: si hablo de estos temas es porque no están del todo curados, eso lo concedo. Pero sí es cierto que me importan menos que hace años, y ahora puedo hablar de ellos con más condescendencia.

El problema, supongo, es que el post no venía a cuento de nada en concreto. Últimamente (y hablo de años) no me ha sucedido nada relacionado con Niños de Colores ni similares. No estoy, pues, hablando de experiencias traumáticas recientes. Por un lado, estaba ajustando cuentas con ese (digamos) trauma, conjurándolo y por tanto apartándolo de mí; y, por otro lado, supongo (y ahí es donde el Peter Parker que llevo dentro me ha podido) le he concedido más importancia de la que, a día de hoy, me debería merecer.

También está el asunto de que quería inaugurar una especie de mini serie dedicada a exorcizar fantasmas del pasado, y, aunque nunca me robaron el bocata en el recreo, sí que ha habido tipos de gente que me tenían comida la moral en mis años mozos, y que ahora no. Y a eso me quería referir. No por decir "Jo, qué mayor soy", sino porque ahora puedo hablar de ellos con más objetividad. El que, a pesar de todo, tenga necesidad de hablar de ellos y, precisamente por ello, haya un Peter Parker ahí dentro... pues sí y no, como ya he dicho.

24 de julio de 2007, 9:45  
Anonymous Anónimo said...

Muy bien Juanma,tu puedes tener tu opinión y seguro que hay gente que está en desacuerdo.Pero lo importante es darse cuenta y procurar que esas banalidades no le afectan a uno.Las anécdotas del pasado forman parte de la vida;lo único que debemos hacer es que no nos provoquen ideas o actitudes en nuestro presente.Hablar del pasado no quiere decir que uno no ha superado,simplemente está ahí.

24 de julio de 2007, 10:59  
Anonymous Skalagrim said...

Hombre, yo he entendido que hablábamos precisamente de la adolescencia y de cómo nos marca. En buena medida seguimos siendo los adolescentes que un día fuimos, y nos pasamos la vida intentando prolongar aquello que creemos que fuimos o intentando resarcirnos de lo que vivimos en otros. No conozco a nadie que haya conseguido liberarse del todo de su adolescencia.

Ahora bien, a veces algunas percepciones de la realidad derivan en posturas o clasificaciones injustas, y en mi humilde opinón había algunas cosas injustas en la entrada de Juanma. Lo cual por otra parte es lógico, pues Juanma estaba contando sus experiencias personales. Ahora bien, supongo que Juanma sabe que hay gente que le lee y no ve las cosas como él, y lo dice, y espero que eso le satisfaga. Si quisiera un lugar donde todo el mundo asiente en silencio y comulga reverentemente con su postura habría fundado una religión (o una biblioteca...).

24 de julio de 2007, 12:43  
Blogger Álex Vidal said...

Sí, la Magnetología :D

24 de julio de 2007, 12:54  
Blogger Juanma said...

¡Líbreme Dios de fundar religiones, sectas y similares! Bibliotecas, no estoy tan seguro. :-)

Y por supuesto que me tenéis que decir que tal o cual comentario míos no ha sido afortunado, o no estáis de acuerdo con lo que digo. Algunas veces puede ser porque no estemos de acuerdo, otras porque me haya expresado mal y otras porque no haya pensado en lo que escribo. Todo es opinable, y me sabría muy mal que esto se convirtiera en un continuo "Sí, Juanma, tienes toda la razón". A no ser que la tuviera, claro.

Por supuesto, todo lo percibimos a la luz de nuestra experiencia. Yo tengo una serie de vivencias y fantasmas que me han marcado, y los demás tienen otras. Cada cual tiene su kriptonita. Y, como viene a decir Skala, la adolescencia es el momento en el que se crean, alimentan o retroalimentan la mayoría. Puede que al hablar de ellos sea injusto, porque mi punto de vista y mis circunstancias pesan por encima de otras consideraciones, y ahí reconozco mi parte de irreflexión al escribir el post. De todos modos, insisto: quería empezar a hablar de fantasmas personales, piedras en el zapato, o como las queráis llamar, que en un momento u otro me han fastidiado la vida (o hecho creer que me la fastidiaban) y ya no, o no tanto. Parte de la gracia de esto estriba en comprobar cuántas de ellas son comunes a los lectores.

24 de julio de 2007, 12:59  
Blogger Juanma said...

Álex:
Sí, la Magnetología :D
¿A que vuelvo a fundir las centrales eléctricas de Barcelona con sólo apretar un interrruptor, eh?
XDDDDDDDD

24 de julio de 2007, 13:00  
Anonymous manu said...

Oshe, lo de la secta/religión no es mala idea. Ahí hay negocio y eurillos a la vista ;-)

24 de julio de 2007, 15:54  
Blogger Cristina López said...

habría fundado una religión (o una biblioteca...)

Para eso los mentores de la Hermandad de la Adoración de la Santa CDU tendríamos que dar nuestro visto bueno...y ya sabes que somos un selecto club. Un JuanMagneto nos puede ser útil para fundir las bombillas y dejar a oscuras a los usuarios, y que no puedan leer...
Juanma, analizaremos tu petición y te informaremos oportunamente :pppp

A que vuelvo a fundir las centrales eléctricas de Barcelona con sólo apretar un interrruptor, eh?

A ver si te crees que se nos ha pasado por alto que el meollo ha comenzado en Collblanc, al lado de donde vives...

24 de julio de 2007, 19:58  
Anonymous Anónimo said...

Cada acción provoca una reacción,pero no es igual en cada persona.Por lo tanto,no se pueden crear unos baremos de comportamiento dónde todos se vean reflejados.Por ello,cada uno tiene su opinión y es respetable al cien por cien.Discrepar es lo mejor que puede pasar para discutir(en el buen sentido de la palabra) y aprender.Las experiencias nos marcan pero,si algo tenemos,es que de estos momentos tendríamos que extraer los beneficios y actuar en consecuencia y con criterio para futuras acciones.

25 de julio de 2007, 10:33  

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