miércoles, 18 de julio de 2007

Delicias griegas en Bibliópolis

En la actualización veraniega de Bibliópolis hablo de una obra erótica tirando a pornográfica: el estío es época de calores de todo tipo, ya se sabe. Al mismo tiempo, aprovecho para glosar el conjunto de la obra de Javier Negrete, tomando como excusa la reciente aparición en Minotauro de Alejandro Magno y las águilas de Roma, que no dudo en calificar como su obra más ambiciosa (no sé si la mejor) y, desde luego, la mejor ucronía aparecida en España. El tiempo y las relecturas dirán si me equivoco; pero creo que no.
La novela en cuestión se titula Amada de los dioses (Ed. Tusquets, col. La Sonrisa Vertical núm. 124, 2003) y seguramente constituya una agradable sorpresa para los lectores de Negrete... y también para el autor, que ha comentado en alguna ocasión que no era infrecuente que sus ex alumnos del instituto Gabriel y Galán de Plasencia se acercaran a él para confesarle que se la habían leído.
Amada de los dioses resultó finalista en la vigésimo quinta y penúltima edición del premio La Sonrisa Vertical. Tal vez por ello se le haya pasado por alto a los lectores ocasionales del autor, y por eso la labor proselitista que realizo en mi sección La Quinta Columna sea más pertinente que nunca.
Para ir abriendo boca, aquí an algunos párrafos de la Quinta Columna recién aparecida en Bibliópolis:
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Empecemos con una afirmación categórica: tras las huidas de Elia Barceló y César Mallorquí hacia otros ámbitos editoriales, Javier Negrete es el mejor autor español de género fantástico que sigue publicando en las colecciones especializadas. Es, al mismo tiempo, el más versátil, el que mejor escribe, el más comercial y el que mejor ha sabido crear un fenómeno fan en torno a su obra. Tan sólo cabe formularle una objeción: nunca ha destacado en el terreno de la ficción breve (excepción hecha de "El Ángel Rojo", su aportación a la importantísima Franco. Una historia alternativa). Lo cual, si lo miramos por el lado positivo, le ha permitido desarrollar una sólida carrera en un terreno, el de la novela corta, que en su momento ayudó a consolidar gracias a las historias que presentaba al UPC y que, casi invariablemente, lo aupaban al palmarés del premio. Suya fue la revelación de la primera convocatoria del certamen, "La luna quieta", que nos descubrió a un autor riguroso con el estilo y la trama, preocupado por la creación de personajes y mucho más ambicioso de lo que por aquel entonces se estilaba.
(...)
En una de las múltiples aclaraciones históricas y cosmogónicas con que Negrete adereza la novela [Alejandro Magno y las águilas de Roma] se puede leer el siguiente párrafo:

Allí les esperaban las flautistas y cortesanas. Alejandro se había esmerado. Para Areo había hecho traer a la mujer más bella del sur de Italia, una joven que se hacía llamar Nerea en recuerdo de una célebre cortesana que había vivido en Atenas en la época de Alcibíades y a la que, por lo exquisito de sus dones, llamaban "la amada de los dioses". (Pág. 406)

Para el lector poco informado, se trataría de una anécdota histórica, sin duda extraída de alguna Nerea documentada por Plutarco. Para el lector quintacolumnista, a partir de ahora se trata de un guiño a la novela más desconocida de Javier Negrete, Amada de los dioses (Ed. Tusquets, col. La Sonrisa Vertical nº 124, 2003).
¿Por qué la incluyo en esta sección, si los dioses se dejan ver en algunos momentos de la novela? En primer lugar, porque, de otro modo, habría que adscribir al fantástico cualquier intromisión divina, lo cual enrevesaría aún más el eterno debate acerca de los límites del género; y, en segundo lugar, porque la naturaleza y forma de narrar Amada de los dioses pertenece inequívocamente al género erótico. Tenemos elementos históricos y aparecen algunos dioses o sucesos poco explicables en clave realista, pero, por lo demás, se nos narra el despertar sexual de la hermosísima Nerea, sin el cual no habría historia. Podríamos prescindir de alguna escena erótica, pero no de todas, pues sin ellas no existiría la novela. Al mismo tiempo, se recogen aquí varias de las convenciones del género: el primer contacto de Nerea con el sexo, la dominación masculina, la existencia de un mentor o mentora que adentra a la protagonista en los secretos de su cuerpo, la disyuntiva entre amor o sexo, el personaje enigmático que se convierte en el único capaz de seducir a la seductora por antonomasia, la inevitable escena lésbica, la no menos inevitable escena de cópula o masturbación delante de un espejo... Negrete maneja con soltura todos los lugares comunes del género, en un verdadero esfuerzo por escribir una novela erótica, y no una novela-con-escenas-de-sexo que poder presentar a un premio especializado. Tal vez por ello (y porque está muy bien escrita), el jurado del premio La Sonrisa Vertical consideró que reunía méritos suficientes para ser finalista (...).
La novela está estructurada como un flash-back. Nerea está siendo juzgada por la ciudad de Atenas, pues ha cometido un delito capital: ha prestado su cuerpo para que un escultor realice un retrato de la diosa Afrodita. El sacrilegio acarrea la pena capital. Cercano ya el momento de la sentencia, Nerea hace memoria y se cuenta (y, de paso, nos lo cuenta) cómo ha llegado hasta ese punto. Al igual que en "Lux Aeterna", el hecho de que la protagonista sea modelo para una escultura acarrea consecuencias muy graves.
La trayectoria de Nerea comienza en una pequeña isla griega, pobre pero honrada. Nerea es cabrera y, en el transcurso de un día ocioso, descubre al dios Pan copulando con una humana. Es la primera vez que ve una escena sexual. La naturalidad y candidez con que la describe resultan ciertamente conmovedoras:

El hombre-cabra no cejaba en sus arremetidas. La mujer seguía resistiendo sus embates, pero debía de estar sufriendo mucho, porque se quejaba, cerraba los ojos y se mordía los labios. Aunque, pensó Nerea, si le doliera sin duda gritaría más fuerte y no con esos gemiditos que parecían un poco ridículos. El hombre-cabra apretó más las caderas de la mujer y la obligó a girarse hasta que sus traseros quedaron apuntando de soslayo a Nerea. Sin duda, la criatura se había movido por malicia, con la intención de que la niña pudiera verles mejor, pues fue entonces cuando se apartó un poco y sacó algo de entre las piernas de la mujer. (Pág. 21)

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El resto lo podéis leer en Bibliópolis, si seguís este enlace.
Feliz lectura, y no sucumbáis a los calores veraniegos.


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4 Comments:

Anonymous AMS said...

Camarada de arams, esta actualización coincidimos con el autor.
No he leido la amada de los dioses porque no la he encontrado por ningún sitio, pero estoy deseando que caiga en mis manos. A ver si tengo suerte y la encuentro en algún sitio.
Respecto a Alejandro.. no me atrevería a decir que es la mejor, a mi me fascina la de Mallorquí y tambien "En el día de hoy" y "Fuego sobre San Juan", pero desde luego pugna por conseguir el podium de vencedora, y digo esto cuando creo que he leido casi todas las que se han escrito en España.

19 de julio de 2007, 20:41  
Anonymous AMS said...

arams, quería decir armas. Joer con mis dedos tontos.

19 de julio de 2007, 20:42  
Blogger Juanma said...

Si lo más gracioso es que te he entendido. ;-P

La verdad es que en esta actualización de Bibliópolis nos ha quedado un mini dossier Javier Negrete de lo más apañado. Enhorabuena por tu columna sobre la novela de Alejandro Magno.

No sé, la tengo demasiado reciente y estoy entusiasmado. Tal vez me precipité calificándola como la mejor ucronía, pero creo que, con el tiempo, mantendré mi opinión. Nunca se puede ser categórico, y las que comentas son también muy buenas obras, sobre todo "El coleccionista de sellos" y algunos pasajes de la novela de Torbado.

Pero sí: son las cuatro más importantes.

Échale un vistazo a Amada de los dioses. Si no la encuentras, te la consigo por aquí y te la paso en la hispacón de Sevilla.

Abrazos.

20 de julio de 2007, 9:45  
Anonymous AMS said...

Pues ya te cuento si la encuentro, que creo que no.
Por cierto, algo que se me olvidó poner en la columna, auque tampoco había que hacerlo, es que Javier hace lo contrario que Tito Livio en la primera ucronía que se conoce.
Cuenta lo mismo pero al revés

20 de julio de 2007, 19:05  

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