viernes, 17 de noviembre de 2006

Buen karma a raudales

Hace años tuve una idea para un relato, pero no lo escribí porque no sabía cómo desarrollarla. Un tipo intenta hacer su vida normal, pero no puede: cuando está en medio de una escena de cortejo sexual, o preparando un balance, o en cualquier otra circunstancia cotidiana, siente un impulso irrefrenable por abandonarlo todo y salir a la calle a bailar. Poco a poco se va dando cuenta de que es el bailarín de una película musical hecha realidad, y todo su papel en la vida es bailar al ritmo de las coreografías de un fantoche que ve la vida de color de rosa y que cada vez deja pasar menos tiempo entre número y número, con los perjuicios que ello le ocasiona al protagonista del relato, privado progresivamente de una intimidad que añora y, a medida que avanza el relato, necesita de una manera desesperada.
A veces parece que Cristina y yo vivimos inmersos en un musical. Los pequeños buenos detalles de la existencia cotidiana se ven acompañados por un ritmillo, surgido de la nada, que poco a poco se adueña de las situaciones, nos envuelve y nos hace sentir como si estuviésemos al otro lado de la pantalla. Los focos se encienden, oímos risas en off, la gente baila a nuestro alrededor ylas sandalias de los transeúntes resuenan como zapatos de claqué. Los pajaritos, viejecitos y semáforos te saludan al pasar, y tu respiración se acompasa con las percusiones y los instrumentos de viento.
Estás inmerso en una peli de Hollywood de los años cincuenta, o en una versión española del musical de Buffy.

Y, lógicamente, las cosas van mejor que en la vida real a la que estabas acostumbrado. Parece que destilamos buen karma por los cuatro costados.
En el restaurante japo en el que Cristina y yo quedamos a comer los jueves a mediodía ya nos reconocen, nos preguntan qué tal todo, nos orientan sobre el postre y, en general, ya nos consideran clientes VIPs.
Los camareros de nuestro restaurante chino favorito me saludan cuando nos cruzamos en la calle.
El okupa cojo que siempre pulula por el barrio ya le habla a Cristina.
El vecino borde que siempre discute con la novia ya me habla cuando coincidimos en el portal.
Una señora saluda a Cristina, ella le devuelve el saludo, sin saber quién es, y tarda un rato en caer en la cuenta de que se trata de la encargada de la panadería.
La cajera del Consum nos desvela secretitos culinarios: ha trabajado en un bar, y conoce truquitos infalibles para elaborar una buena salsa.
Ya reconozco rostros y facciones de los vecinos que pasan por la carretera de Sants mientras espero el autobús de las mañanas para ir al curso: las gemelas de cabellera rubia inmensa (clavaditas a la Ariel de Medium), las monjitas suramericanas que cruzan la carretera momentos antes de que llegue el segundo 56 que pasa ante mí, la chica que lleva una carpeta roja parecida a la mía.
Los ancianos que regentan el bar al que vamos en los descansos del curso ya nos saludan como si fuéramos parroquianos, nos preguntan qué tal ha ido el fin de semana y se disponen a tomarnos pedido, aunque sepan perfectamente lo que queremos.
Y, por si fuera poco, Cristina y yo vivimos momentos absolutamente deliciosos; unos, confesables; otros, por puro pudor, pues no, gracias. Pornografía emocional, sí, pero dentro de un orden.
Así pues, me puedo ir a la cama y estar en posición de dar el beso de buenas noches mientras fuerzo el brazo derecho para buscar a tientas el enchufe de la lámpara de la mesita de noche. Cristina, que me conoce, sabe que no coordino muy bien esta clase de movimientos, y tiene lugar el siguiente diálogo:
CRISTINA: Pero haz el favor de mirar, Juanma.
Silencio de dos o tres segundos.
JUANMA: No subestimes mis superpoderes.
Silencio de cinco segundos.
CRISTINA: Tampoco infravaloro tu torpeza.
Apago la luz.
Silencio de medio minuto.
LOS DOS: ¡JA JA JA JAAAA JA JAAA!
Son esos pequeños momentos que ponen el colofón a la película o el episodio, cuando ya han pasado los títulos de crédito, antes de los aplausos enlatados que dan pie al fundido en negro, y que te hacen dormir de auténtico buen humor, sobre todo cuando la semana ha venido mal dada y está resultando agotadora.
La vida es un musical de los años cincuenta, o un episodio musical de Buffy. Tan sólo hay que dejarse llevar por el ritmo, aclararse la garganta y lanzarse a bailar y cantar.


16 Comments:

Blogger Cristina López said...

¡Te has dejado a la cajera del súper que nos da recetas de cocina y a la panadera que me saluda por la calle!

XDDD

;)

17 de noviembre de 2006, 16:57  
Blogger Juanma said...

Cierto. Corro a editar. :-)

17 de noviembre de 2006, 16:58  
Anonymous Mckenan said...

Se puede llamar licencia a eso de cambiar la realidad por conveniencias del guión, ¿verdad? Pero aquí va este comentario en honor a la verdad: los viejos del bar nunca saben lo que queremos. Y además padecen unas crisis de estrés cada vez que entramos siete de golpe que yo creo que antes de que acabe el curso leeremos el cartel de "Se traspasa por defunción".

18 de noviembre de 2006, 0:33  
Anonymous Anónimo said...

Como en Bailar en la Oscuridad, de Lars Von Trier, pero sin dramón (espero).

18 de noviembre de 2006, 9:51  
Anonymous Ernesto said...

Grrr, no me ha puesto el nombre

18 de noviembre de 2006, 9:51  
Blogger Zapardiel said...

Me alegro mucho por vosotros, bailarines :D

18 de noviembre de 2006, 14:56  
Anonymous Anónimo said...

Yo también me alegro por vosotros. Siento envidia sana, y ya sabéis por qué además... desgraciadamente yo he vivido el lado opuesto (comenzando en el mismo periodo), y en mi caso rápidamente dejaron de resonar las risas enlatadas. :-(

Besitos, os deseo lo mejor GUAPOOOOS! ;-)

PD: Y gracias por el Buffyvídeo. :-***

18 de noviembre de 2006, 18:49  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Asín me gusta, Juanma. El tercer post consecutivo de girls debía tratar sobre Cristina ;-)

20 de noviembre de 2006, 9:08  
Blogger Cristina López said...

A este paso, Juanma, vas a tener que escribir sobre lo que decidamos los lectores... :D

Gracias por los buenos deseos, Pily :D Ya resonarán de nuevo tus risas en off, tú tranqui.. y sin prisas, que en la soltería se también vive estupendamente ;)

20 de noviembre de 2006, 13:48  
Blogger Juanma said...

McKennan: Bueno, y encima los dejamos tirados de vez en cuando y nos vamos a otro bar... :-P

20 de noviembre de 2006, 16:08  
Blogger Juanma said...

Ernesto: Pues más que eso (si acaso, el numerito del juicio, con Joel Grey desatado), me acordaba del videoclip de "It's Oh So Quiet" de Björk, que al fin y al cabo es la madre de Bailar en la oscuridad.

20 de noviembre de 2006, 16:09  
Blogger Juanma said...

Zapardiel y Pily B.: Besitoooos a las dos, y a ver si la próxima vez que nos veamos los cuatro nos marcamos una coreografía a lo Singin' in the Rain.

:-******

20 de noviembre de 2006, 16:10  
Blogger Juanma said...

Manu: Tú me dirás, habiendo una sentencia judicial firme... XDDDDD

No, en serio: me apetecía mucho escribir esta entrada. :-))))

20 de noviembre de 2006, 16:10  
Blogger Raven said...

¿Su vida es como un musical, sr. Santiago? Bof, qué suerte. La mía se parece al paquete de hojas en blanco de una fotocopiadora.

20 de noviembre de 2006, 18:34  
Anonymous arturo villarrubia said...

Me ha sorpendido que no mencionases "Life is like a musical" de Outkast.
A ver si va a ser que no te gusta el hiphop... no absurdo...¿Como no le va a gustar el hiphop a Juanma?

21 de noviembre de 2006, 0:01  
Anonymous arturo villarrubia said...

Por cierto que es un buen momento para recordar el anti-musical "Pennies from Heaven" con Esteve Martin.
(trata de cuando la vida no es un musical)

21 de noviembre de 2006, 13:03  

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