lunes, 26 de junio de 2006

Y el mundo gira

Inmersos como estamos en la vorágine mundialista, el tiempo parece haberse detenido. Cada cuatro años sucede lo mismo, y el mundo converge en la misma mezcla de calor, siestas y esperanzas frustradas. Se disputa el mundial, ganan los de siempre y nos quedamos en las puertas del éxito, con la satisfacción, eso sí, de haber jugado como nunca (y perdido como siempre). Y regresamos al mismo punto: todos alelados ante una pantalla de televisión (o actualizando cada quince minutos el marcador en Internet o el teletexto de nuestro canal favorito, si trabajamos o estamos en casa de nuestra pareja). Nada distingue este mundial del anterior. Podríamos estar pendientes de México '86, Estados Unidos '94 o Japón y Corea '02. Nadie advertiría la diferencia: Alemania, Italia, Argentina y Brasil jugándoselo todo, España eliminada cuando mejor lo estaba haciendo, el sol cayendo a plomo en el mundo exterior y esa sensación de disolución de fronteras temporales, de que hoy podrías estar haciendo exactamente lo mismo que hace doce años o dentro de ocho.
Del Mundial de Alemania '74 no recuerdo nada, aunque me hubiera encantado ver en directo aquellos dos primeros minutos mágicos de la final, en que la Naranja Mecánica holandesa no le dejó tocar bola a los alemanes; tampoco lo hubiera entendido, porque tenía cuatro años. Mis recuerdos de Argentina '78 son algo más claros: el «gol» de Cardeñosa, algún detalle de la final (en blanco y negro, todavía) y el cómic de Mortadelo en el que España llegaba a la final y la cosa terminaba como terminaba.
De España '82 recuerdo haber llorado cuando Italia eliminó al Brasil de Zico, Sócrates y Falçao; el sonrojo de ver cómo hacíamos el ridículo frente a Honduras e Irlanda del Norte; la revelación de los cameruneses, con Tommy N'Kono en la portería; un coleccionable magnífico de Forges; a Sandro Pertini viendo la final en el palco y saludando a los Reyes cada vez que Italia metía un gol; y la algarabía que se montó cuando los italianos salieron a las calles de Madrid a celebrar la consecución del Mundial.
México '86 es para mi el famoso gol anulado a Michel (que fue gol), los cuatro goles de Butragueño a Dinamarca, la invención de la ola mexicana y la mano de Dios, encarnada en Maradona. Con todo, tengo recuerdos más vívidos de aquel mundial que del siguiente, Italia '90, del que juraría que no vi nada, porque lo tengo completamente olvidado.
Estados Unidos '94 fue el mundial del codazo de Tassotti a Luis Enrique, la constatación gestual de que «Hijo de puta» se pronuncia igual en castellano que en búlgaro (al menos, cuando era Hristo Stoikov quien lo decía), el memorable Brasil-Holanda que no pude ver porque estaba con mis compis de facultad viendo un hentai bastante interesante, el penalti fallado por Roberto Baggio en la final y poquita cosa más.
Japón y Corea '02 me sorprendió a medio camino entre Madrid y Barcelona. Vi en una casa rural de Gironella los octavos de final, el España-Irlanda que terminó en la tanda de penaltis: estábamos celebrando la despedida de solteros de Álex y Núria, el último fin de semana que venía a Barcelona antes de venirme a vivir aquí. Estaba demasiado ocupado para ver ningún otro partido, y de hecho no recuerdo haber visto la final: tal vez se celebrara el mismo día que yo estaba viajando a Barcelona para quedarme. Eso sí, me reí cuando supe de las cantadas de Kahn, hasta entonces el mejor portero del torneo, supongo que movido por esa alegría casi cruel que te entra cuando los grandes son humillados donde más les duele.
Dejo para el final el mundial de Francia '98. Sí, el de las cantadas de Zubizarreta frente a Nigeria, la eliminación prematura, el palizón inútil que le metimos a Bulgaria y el fútbol primoroso de una Francia encabezada por Zidane que se mereció de calle ganar aquel mundial.
Sin embargo, hubo un hecho que hizo que me olvidara del mundial, del fútbol y de todo lo que no tuviera que ver con la persona con la que estaba.
En aquella época salía con Laura. Ya empezaba a irnos mal: yo estaba encallado en unas oposiciones que sabía que no iba a aprobar, ella empezaba a meterme presión para que me buscase cualquier trabajo que nos permitiese plantearnos una vida en común y las broncas se recrudecían. Las oposiciones me tenían anulado. Te despertabas para estudiar, y el 15 de febrero de 1997 era indistinguible del 19 de octubre de 1998 o el 9 de julio de 1997: todos los días eran equivalentes e intercambiables, la única diferencia estribaba en el tema que tenía que ir a «cantar» aquella tarde, qué preparador me echara la bronca o me diera consejos útiles, si aquella tarde tenía psicóloga y qué fanzines me llegaran en el correo de la media mañana. Se acercaba el que iba a ser nuestro último viaje juntos, cuatro días muy placenteros en Granada.
Era una mañana de domingo de julio. Aquella tarde se disputaba la final del mundial. Acababa de hablar con David Sánchez Reyero, con quien la relación empezaba a tensarse, y casi lo corté porque esperaba una llamada de Laura. Había quedado con su amiga Tulita, y cuando terminara con ella quedaríamos para darnos una vuelta. Tulita era del Opus Dei. Yo no la conocía, pero Laura me decía que era una de esas personas que jamás te daban dos besos cuando te presentaban: te tendía la mano, y ya. Muy Opus.
Laura me llamó. Estaba en una cabina. Yo no sabía en cuál: sólo sabía que habían quedado en la plaza de Colón, frente al cine Carlos III.
Estábamos hablando, supongo que de trivialidades. Después del fin de curso, todo se relajaba y por lo general no era mala época, las broncas rebajaban la intensidad y yo tenía la cabeza más en nuestro viaje a Granada que en el temario de las oposiciones.
De repente, oí un grito desgarrador. De Laura. Un grito espantoso, al que siguió el estrépito de un vehículo accidentado. Un coche, problablemente. Primero un derrape, luego un retumbar, más tarde el estruendo de cristales rotos.
Y no oía a Laura.
Primero me quedé lívido. Tardé algunos segundos en comprender qué podía estar sucediendo. Laura no respondía. Se oía un rumor insistente, cuchicheos, y yo empezaba a ponerme histérico. Primero la llamaba, repetía su nombre una y otra vez; después empecé a gritarlo; por último, una vez entreví la posibilidad de que le hubiera ocurrido algo, comencé a interpelar a un interlocutor invisible, intentando hacerme notar, con la esperanza de que alguien se acercase al auricular y me explicase qué estaba ocurriendo allí. Se oyeron unas sirenas, pero de policía, y, a lo lejos, conversaciones con walkie-talkie. Yo estaba hecho un manojo de nervios. La sola idea de perder a mi pareja, con menos de treinta años, de una manera tan estúpida e inesperada, me estaba quitando la vida. Reflexionando sobre ello, alguna vez me ha dado por pensar que justo en aquel momento, al verme privado de semejante manera de la persona a la que quería, algo en mi interior pudo haber hecho clic y dado comienzo a la cuenta atrás hacia el linfoma de Hodgkin que se me declaró diez meses y medio después.
Por aquel entonces apenas había teléfonos móviles, y ni Laura ni yo teníamos. Lo único que podía hacer era esperar a que se agotase el tiempo de conversación y la comunicación se cortase. Si ella había metido una moneda de veinte duros, bien podrían ser diez minutos. Que se me hicieron eternos.
Por fin se cortó la comunicación. No sabía qué hacer. Se me pasó por la cabeza la idea de ir a la plaza de Colón, pero no sabía dónde buscar, ni qué buscar. ¿Una ambulancia? ¿Algún curioso que hubiese presenciado el accidente y supiese darme razón de lo que había sucedido? Finalmente, llamé a su casa. Me respondió su madre, a la que sólo había visto una vez (y no volvería a ver). No sé qué le dije, ni de dónde saqué claridad mental para explicarle, aunque fuera de manera aproximada, lo que acababa de suceder. Lo único que recuerdo es que justo después de la conversación estaba corriendo detrás del autobús que llevaba hacia su casa. Nunca he corrido tanto detrás de un autobús. Aún estaba echando el bofe cuando llegué a su parada. Su madre me salió al encuentro en medio de la calle, sin esperarse a que yo llegara a la casa. Laura estaba bien, me explicó. Había estado llamando a mi casa, y yo no se lo cogía, así que la llamó para darme instrucciones. Estaba en la esquina de Serrano con Goya. Estaba bien. No le había pasado nada; sólo el susto.
Me dirigí hacia allá en tiempo récord. No sé cómo pude atravesar medio barrio con tal rapidez, trasbordando en Avenida de América.
Laura me estaba esperando en el lugar convenido. Me presentó a su amiga Tulita, la del Opus, la que sólo daba la mano, y nos dimos dos besos: fue demasiado espontáneo. Y Laura estaba de una pieza.
Me explicó qué había sucedido. Estaba hablando conmigo cuando vio que un vehículo perdía el control (¡un domingo a la una del mediodía, en la calle Goya!) y se dirigía directo hacia la cabina desde la que ella me llamaba. Como estaba viéndolo de cara, tuvo tiempo de reaccionar, gritar y echarse a un lado. Si hubiera estado mirando hacia la acera, no lo hubiera contado. El trompazo tuvo que ser impresionante, porque la cabina se veía en muy mal estado. Después había intentado llamarme desde todas las cabinas de la plaza de Colón, pero no paraba de comunicar.
Recuperado del susto, tranquilizado por la víctima real del accidente, nos dedicamos la tarde e incluso vimos algunos momentos de la final del mundial, pero yo no me enteré de nada. No estaba viendo el fútbol. Ella había vuelto a nacer. Y yo, de resultas del susto, tal vez estuviera empezando a morir.
Fue uno de los mayores sustos de mi vida, y hoy puedo contarlo como una anécdota un tanto desagradable pero inocua. Y ese es el sentido último de todo lo que nos sucede: grandes titulares en el momento en que te sucede algo que tal vez pueda marcar un antes y un después, y una simple nota a pie de página cuando el peligro ha pasado. Te ves desbordado e impotente ante una situación que se te ha ido de las manos, no terminas de verle la solución y, tiempo después, cuando ya no te agobia, todo se te antoja un sobresalto tal vez necesario, que te recuerda que estás vivo y el mundo gira, y que la vida es un conflicto permanente, y que a veces la solución está totalmente fuera de tu alcance, pero otras veces depende de cómo la afrontes. Estoy pensando en la última semana que ha pasado Cristina, con unos problemas en el trabajo que podrían haberle costado un disgusto muy serio (un despido, incluso), y en cómo ha sabido manejarlos y sortearlos, y cómo hoy es un día esperanzador, del mismo modo que el jueves fue un día muy duro en el que era lícito esperar lo peor; estoy muy orgulloso de ella. O en el casting para encontrar compañeros de piso, en cómo todo se desmanda y parece un escollo insuperable, y el fantasma de la habitación sin ocupar vuelve a cernirse sobre nosotros, otra vez, y a última hora todo termina encauzándose y encontramos a alguien. La vida puede ser muy cabrona, pero también te ofrece vías de escape. Y, como siempre, casi todo depende de la manera en que te la tomes.

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32 Comments:

Anonymous Sonia said...

Esto es como cuando se dice "no tenía que haberme levantado de la cama" y obviamente lo dices cuando ya te has levantado. Nunca sabes lo que va a pasar, ni como vas a reaccionar, si fuera así no existirían los ataque de nervios.
De todas formas noto un aire optimista que con todo lo que te ha pasado me alegra y espero no cambie, suerte. Besos

26 de junio de 2006, 16:54  
Anonymous Cristina said...

Es verdad que el cambio te hace sentir vivo, y supongo que todo es cuestión de adaptarse. El despido no hubiera sido el fin del mundo, pero sí el ambiente tenso que habían creado terceras personas y el hecho el estar innecesariamente en el ojo del huracán, con la situación desmadrada y yo achacando la situación a otros motivos (una que es ingenua y no las sabe ver venir).
En cualquier caso, y lo sabes bien, el disgusto lo ha sido menos gracias a tu apoyo diario incondicional y a esa dulce sonrisa que me despierta cada mañana.
Muchas, muchas gracias por todo, cielo :-*********

26 de junio de 2006, 17:32  
Anonymous Manu o el terrorista catódico said...

A las penas, puñaladas. Siempre pa'lante, nen.

27 de junio de 2006, 9:56  
Blogger Juanma said...

Cristina: Muchas gracias a ti, por todo. (Y lo dejo aquí, que si sigo seria pornografía emocional.)
:-*************************

27 de junio de 2006, 10:14  
Blogger Juanma said...

Sonia y Manu: No hay más remedio que ser optimista: la vida sigue, y hay que seguir vivo y disfrutando, y levantándose si te caes. La idea que quería transmitir era esa.
Besoooos. :-*****

27 de junio de 2006, 10:15  
Anonymous Manu o el terrorista catódico said...

Siguiendo con mis clases de pseudopsicología de baratillo, estoy contigo: lo importante no son las veces que te caes, sino las que te levantas.

Don't worry, be happy... aunque a veces sea difícil de narices.

27 de junio de 2006, 13:48  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Los mundiales se diferencian unos de otros también en el diseño de los pantaloncillos de los jugadores (más o menos ridículos, cortos, ajustados...).

La vida es en efecto un contínuo sobresalto, pero SIEMPRE hijo, siempre, el cómo tomárselo depende de uno mismo y no de las circunstancias.

27 de junio de 2006, 14:36  
Anonymous frikigirl said...

Pero Laura y Cristina estan bien, eres un tio afortunado.A veces los sustos se convierten en pesadillas muy largas y ya no es facil ser optimista.
Entonces miras las caras de la jente en un bar cuando juega su equipo y te alegras de que continuen las rutinas, las pequeñas preocupaciones y aprendes a vivir sin la persona que has perdido.
Y como bien dice Manu, a las penas, puñaladas.

27 de junio de 2006, 15:02  
Anonymous frikigirl said...

Ups ! Perdon, gente...

27 de junio de 2006, 15:22  
Anonymous Nap-buf said...

Ligando el tema de parejas, y del mundial, os pongo un chiste genial, espero que os guste
Es un poco largo, pero es marca de la casa

1.- El diario de Ella.
El martes por la noche lo encontré raro. Habíamos quedado en encontrarnos en un bar para tomar una copa. Estuve toda la tarde de compras con unas amigas y pensé que era culpa mía porque llegué con un poco de retraso a mi cita, pero él no hizo ningún comentario. La conversación no era muy
animada, así que le propuse ir a un lugar más íntimo para poder charlar más tranquilamente. Fuimos a un restaurante y él se seguía portando de forma extraña. Estaba como ausente. Intenté que se animara y empecé a pensar si sería
por culpa mía o por cualquier otra cosa.
Le pregunté y me dijo que no tenía que ver conmigo. Pero no me quedé muy convencida. En el camino para casa, en el coche, le dije que lo quería mucho y él se limitó a
pasarme el brazo por los hombros, sin contestarme.
No sé cómo explicar su actitud, porque no me dijo que él tambien me quería, no dijo nada y yo estaba cada vez más preocupada.
Llegamos por fin a casa y en ese momento pensé que quería dejarme. Por eso intenté hacerle hablar, pero encendió la tele y se puso a mirarla con aire distante, como
haciéndome ver que todo había terminado entre nosotros.
Por fin desistí y le dije que me iba a la cama. Más o menos diez minutos más tarde, él vino también y, para mi sorpresa, correspondió a mis caricias e hicimos el amor.
Pero seguía teniendo un aire distraido.
Después quise afrontar la situación, hablar con él cuanto
antes, pero se quedó dormido. Empecé a llorar y lloré hasta quedarme adormecida.
Ya no sé qué hacer. Estoy casi segura de que sus pensamientos están con otra. Mi vida es un auténtico desastre.

2.- El diario de El
La Selección perdió. Al menos eché un polvo.

28 de junio de 2006, 8:17  
Anonymous Manu o el terrorista catódico said...

Excelente chiste el de Nap-Buf. He hecho un cortar-y-pegar y se lo he reenviado por e-mail a mis coleguikis.

No entiendo como pudimos perder ayer... Con himnos épicos como el "A por ellos", o el de las Supremas de Móstoles, o el que aquellos que salían en la tele disfrazados de toreros, teníamos que salir a morder como los de Braveheart.

28 de junio de 2006, 10:12  
Blogger Juanma said...

Ah, pero ¿era un chiste? ;-P
No, en serio, está muy bien.
Sólo vi el final del partido. Bueno, es lo habitual: jugamos como nunca, perdimos como siempre. A lo mejor el tope de la selección es quedarse en octavos o cuartos y no hay que pedirles más.

28 de junio de 2006, 12:56  
Blogger Álex Vidal said...

Genial el análisis de ese monstruo del periodismo, Quequé CambiaelapellidoencadaprogramadeEvaHache:

"El caso es que jugamos como siempre y perdimos como siempre" :D

28 de junio de 2006, 13:37  
Blogger Batz said...

Lecciones de la vida... a veces demasiado duras y que dejan cicatrices dificiles de borrar.
Estoy de acuerdo contigo en que a partir de estas experiencias es donde encontramos la raiz de nuestros problemas de salud...

Que buena historia... ademas que tienes una facilidad increible para hacerlas todas interesantes.

Saludillos cuate.. =)

28 de junio de 2006, 14:37  
Anonymous Ernesto said...

Una cosa muy tierna, la historia de Laura (por suerte no esperasteis hasta el matrimonio).
En serio, muy hermosa historia.

Lo que no entiendo es que a alguien brillante le pueda gustar el futbol. Piensa que el futbol no tiene nada que ver con el espiritu deportivo y si mucho con el nacionalismo mas espeso.

Bobadas aparte, hay un tebeo magnifico: Magic Boy, de Kochalka publicado por Dolmen.
A no perderselo!!

28 de junio de 2006, 18:59  
Anonymous yolanda said...

Oh sí, Ernesto, a una mente brillante le puede gustar el fútbol, lo sé. Existen combinaciones tan extrañas como esa y más, estoy convencida.

Lo que no creo es que Juanma sea el caso. Él simplemente está informado. De todo. Y de primera mano, a poco que pueda. Y puede escribir un post sobre el tema, aunque no le emocione. Acaso no escribe sobre las manis y los castellers tójunto???

Él es asín :-)

29 de junio de 2006, 0:29  
Anonymous Manu o el terrorista catódico said...

Ernesto ha planteado un tema interesante: ¿la gente "brillante" puede tener gustos "vulgares", propios de la masa no "brillante"? Item plus, ¿la gente "brillante" tiene derecho a tener "debilidades" propias del vulgo? :-P

¿Por qué los documentales de la 2 resultan los programas más valorados en las encuestas cuando su audiencia es bajísima? ¿Los que ven "Salsa Rosa" mienten en esas encuestas?

¡Fiufiu!, Iker Jiménez ¡ven al rescate y acláranos dudas tan profundas!

29 de junio de 2006, 8:44  
Anonymous Anónima de las 9.59 said...

Ya lo dice el dr. House:

Todo el mundo miente... (Sobre todo en las encuestas).

Yo os prometo, de verdad de la buena: Nunca he visto Salsa Rosa y me duermo con los documentales de animales (son perfectos para la siesta).

29 de junio de 2006, 9:03  
Anonymous Haakon said...

Este va a ser mi primer post después de un par de días de rush hour en el curro (para los que crean que trabajar en una biblioteca significa silencio y "ante-todo-mucha-calma" es que no saben lo que es una biblioteca de medicina), y me decido a comentar este post porque a mí me toca de cerca. Anita, mi novia-pareja-mujer-compañera-churri (cada uno que elija el que quiera) fue atropellada por una furgoneta en pleno centro de Valencia, delante de mis propias narices. la imagen de ver a mi niña volar tres metros para caer, completamente inconsciente, en el suelo, con la cabeza bañada en sangre, no creo que se me quite nunca de la cabeza. Afortunadamente, ahora está muy bien, sólo con las molestias que el índice barométrico provoca en la cicatriz de su muñeca.

Muchos ánimos para mi Cristina (con permiso de Juanma), y un abrazo para un compañero de las redes futboleras (las de la portería, me refiero).

29 de junio de 2006, 9:57  
Anonymous Cristina said...

Mi queridísimo Haakon, el que crea que las bibliotecas son lugar de culto al silencio, que se pase por la biblioteca de Biblioteconomía (Melcior de Palau, 140), que parece más un bareto de coleguillas (si no ha cambiado desde nuestros tiempos, que no creo). Y si alguien aún considera que nuestro trabajo es pausado, puede optar por tu biblioteca de medicina o la mía en un despacho de abogados. Tenemos que ir derribando tópicos :D

Respecto a Anita, me acuerdo de que me enteré meses más tarde, y aún así, temblabas como una hoja reviviéndolo con cada palabra que me contabas. Ella ahora está bien, fantástica como siempre, pero esas horas de agonía te acompañarán para siempre. Como a Juanma, hasta ver con sus propios ojos a Laura de una pieza.

Quien más quien menos tenemos alguna situación parecida. Lo bueno de la punzada de dolor al recordarlo es que nos hace sentir vivos.

Y por supuesto, muchas muchas gracias por los ánimos, yo también te quiero muchísimo. Muaks!

29 de junio de 2006, 10:24  
Anonymous Haakon said...

A propósito de recurdos mundialeros: del de España sólo recuerdo los dibujos animados del Naranjito, de México la intro de los partidos (un azteca sacando un balón de banda que caía en el centro del campo y se convertía en una pirámide que se generaba en plan CGI en el Estadio Azteca), de Italia la mascota imposible, de Estados Unidos los estadios (ese Rose Bowl y sus 140.000 espectadores), de Francia casi nada, y de Japón-Corea las fotos que ya puse en un comentario anterior (jejeje).

Pero para recurdo guapo, los cromos dobles de las selecciones de Corea o El Salvador en los mundiales de España y Mexico (recurdos de cuando tenía 5 y 9 años respectivamente).

Salut!

29 de junio de 2006, 10:40  
Blogger Blackonion said...

Bibliotecas silenciosas... sólo el aire acondicionado ya mete un estruendo, si a eso sumas los niños, los padres, las abuelas medio sordas, los móviles...

Hoy tengo un dolor de cabeza tremebundo. Y encima hoy toca cine y la sala no está aislada acusticamente.

Buaaa...

29 de junio de 2006, 16:21  
Blogger Juanma said...

Álex: Ejque Quequé es un monstruo. :-D

30 de junio de 2006, 10:29  
Blogger Juanma said...

Ernesto y Yolanda: Podríamos ir más lejos y hablar de partidos de fútbol entre collas de castellers. Para meter goles de cabeza estaría complicado, pero se podría intentar. :-P

¿Quién dijo que el fúmbol no es para intelectuales?

http://www.youtube.com/watch?v=xrShK-NVMIU

Abrazotes y :-*************

30 de junio de 2006, 10:38  
Blogger Juanma said...

Anónima y Manu: Bueno, no hay tanta diferencia entre el mundial de fútbol y, pongamos por caso, una partida de ajedrez. En ambos casos se trata de hacer una metáfora inocua de la guerra.
En cuanto a los documentales de animales, es evidente que son los mejores programas que hay ahora mismo. Tampoco hay tanta diferencia entre ellos y Salsa Rosa: ritos de cortejo exagerados, luchas territoriales a cornada limpia, apareamientos a la vista de todo el mundo...
XDDDDDD
Besoooos y abrazos.

30 de junio de 2006, 10:41  
Blogger Juanma said...

Blackonion: ¿A ver, a ver, a ver? ¿Proyectan pelis en el salón de actos de una biblioteca sin aislamiento acústico? Qué bonito para los que intenten estudiar en la sala de lectura... Joer, y eso que la red de bibliotecas de la Diputación de Barcelona se supone que funciona mejor que la media estatal. :-O
Abrazotes.

30 de junio de 2006, 10:43  
Blogger Juanma said...

Haakon: Joer, pues vaya susto. Lo importante es que Anita está ahí y que podéis disfrutarlo. Unos problemas en una muñeca se pueden asumir: lo importante es que ella está y que salió bien de aquello. :-)
Oh, sí, las colecciones de cromos, Naranjito (gran serie: creo que a partir de entonces exprimo limones y naranjas con auténtica mala hostia, como si les estuviese haciendo daño), ¡Sport Billy! Buffff.
Suerte con el partido de esta noche, y que podáis cantar el Campeones, campeones. :-)))
Abrazoteeeeees.

30 de junio de 2006, 10:45  
Blogger Juanma said...

Cristina: No, si desde luego tu biblioteca es cualquier cosa menos silenciosa. Ejque parece una ludoteca, cariño.
:-**********************************

30 de junio de 2006, 10:47  
Anonymous Cristina said...

¿Una ludoteca? ¿Acaso los Repertorios de Aranzadi que empapelan mis paredes te asemejan tableros de ajedrez?
Yo no diría que parece una ludoteca: diversión y cháchara más bien poco. Já.

Besitos

30 de junio de 2006, 11:00  
Anonymous Cristina said...

De hecho parece más bien el Congreso de los Diputados... :-p

30 de junio de 2006, 11:22  
Anonymous Ernesto said...

Oye, pues si van a ser metáforas los partidos y los documentales de la 2.
Pero los partidos suelen ser algo de pudor nacionalista y los de la 2 de contenido sexual.
Me quedo con la 2. Yo no sé que es un fuera de banda o una falta que no se como se llama y que fue chiste de un anuncio (tres tíos le preguntan a una camarera macizorra en que consiste esa falta y como lo sabe, les corrobora que es un travelo).
Pues eso, que soy un analfabeto funcional en el fondo.

2 de julio de 2006, 11:20  
Anonymous menyique said...

Curioso curioso curioso... acabo de leer el post y suena el movil con la melodia "Always Look on the Bright Side of Life"... era Anna para darme una mala noticia!!!!

ernesto, conoci a ese actor q hacia de camarera macizorra, un chico muy majo; compartia piso con unos amigos mios. Que pequeño es el mundo!!!!

4 de julio de 2006, 17:20  

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