jueves, 25 de junio de 2009

El espíritu de la escalera

No sé si habéis leído un cuento de Chuck Palahniuk titulado "Tripas". Es una historia cojonuda, en la que el autor reflexiona acerca de tres intentos sumamente creativos (aunque fallidos) de masturbación perpetrados por otros tantos adolescentes. Un espóiler: ninguno de los intentos acaba bien. Y hasta ahí puedo contar. Os ahorro los detalles morbosos y las descripciones del relato, porque es espectacular, no apto para todos los estómagos y, en todo caso, muy Palahniuk. Lo que me interesa señalar a efectos de esta entrada es una expresión francesa que el autor recoge y hace suya: el Esprit d'Escalier, o espíritu de la escalera. Ya sabéis, esa frase oportunísima con la que habrías triunfado en una fiesta o desarmado a tu oponente en una discusión pero que se te ocurre cuando acabas de dejarlas, bajando ya las escaleras.
Esto es aplicable a todos los aspectos de la vida cotidiana. Siempre se echa de menos una réplica brillante cuando más la necesitas. En fin, uno es lento para estas cosas.
Ayer por la tarde tuvimos una oportunidad inmejorable de ejercitar el espíritu de la escalera, pero la dejamos escapar y quedamos como unos bordes.
Tarde perfecta de San Juan. Comida y cine, Cristina, Ferran y yo. Paseíto de regreso desde la Villa Olímpica hasta el Eixample. Nubes y claros, y tiempo razonablemente bueno para el calor que había estado cayendo durante los días previos.
Vamos por la Via Layetana, a la altura de la catedral, y vemos un grupo de mexicanos con pinta de andar despistadísimos. Están intentando preguntar algo, pero la gente pasa ampliamente de ellos. Ferran se vuelve hacia ellos, para intentar ayudarlos, y ellos aceptan el reto. La portavoz del grupo formula la pregunta. Pese al tráfico imperante, no hay margen de error: los tres hemos oído exactamente lo mismo.
-Por favor, ¿nos puede decir dónde se encuentra la catedral del mar?
El espíritu de la escalera nos debería haber impelido a responder lo siguiente:
-Pues claro: en la Fnac más cercana, en la sección de librería. Allí verán pilas de ejemplares.
No obstante, esta respuesta no se nos ocurrió hasta bastante más tarde, pasando ya por Portal de l'Angel.
Los tres ponemos cara de auténtica mala hostia, dolidos aún por el derechazo que nos han lanzado al hígado. Pero Ferran, muy profesional, les explica cómo llegar.
No obstante, tiene activado el reflejo del espíritu de la escalera, y acierta a despedirse de sus interlocutores con un:
-Y, por cierto, NO es una catedral, sino una iglesia.
Momento en el cual otro de los turistas me interpela:
-Una pregunta más. ¿Podrían decirnos qué es esa iglesia que se ve allí enfrente?
-Pues, precisamente, es LA catedral.
Total, que ayer por la tarde debió de haber una media docena de cuentas personajes de Twitter, Blogger y Facebook echando humo con actualizaciones de estado comentando lo secos, malaondas, nacos y gilipollas que pueden llegar a ser los españoles.
Qué le vamos a hacer.
A continuación, y de nuevo solos los tres, vino el comentario de la jugada.
-Menos mal que no han preguntado donde está "el edificio ése que sale en La clave Gaudí".
-O el cementerio de los libros olvidados. Es que lo preguntan y los mando a la calle Arc de Teatre.
-Y pensar que hay rutas turísticas de La catedral del mar...
-Poquita broma, que en París hay una ruta de El Código Da Vinci.
-Y en Londres hay otra, pero de Sherlock Holmes, que es como más interesante.
-Lo que no entiendo es por qué el libro se titula La catedral del mar en castellano, pero en catalán es La església del mar.
-Bueno, hay que mirarlo por el lado bueno: por lo menos, la gente lee...
Lo dicho: ¿dónde está el espíritu de la escalera cuando más se necesita?

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12 Comments:

Blogger Ferran (Un que passava) said...

Cabróóóóóng! Ya has puesto en evidencia a un servidor y ese miniyo interior que sale cuando menos se le espera...

Eso sí, lo dijimos todo con toda educación y una sonrisa de oreja a oreja...

25 de junio de 2009, 16:40  
Blogger Cristina said...

Que conste que yo no abrí el pico. Se me iba la risa floja al ver la sonarisa profident de Ferran y tu cara de mala hostia, Juanma, pero yo no dije ni múuuu...
Aún lloro de la risa recordando la cara confusa de los mexicanos, conscientes de que había algo que se les escapaba pero no sabían el qué...

Y por cierto, la escena no fue así, me parece. No hubiera pasado nada si los mexicanos no preguntan qué era el edificio ese de ahí detrás. Ahí fue cuando Ferran se soltó la lengua diciendo que eso era la catedral y lo otro era "sólo una iglesia", pero hasta entonces era todo rectitud victoriana...
Si la culpa fue de ellos, por preguntar XDDDDDD

25 de junio de 2009, 16:53  
Blogger Juanma said...

Yo ya no sé ni qué ocurrió ni cómo pasó: bastante sofocón llevaba encima. Es que es como si vas por Madrid y te preguntan:
-Por favor, ¿la puerta ésa de "Mírala, mírala"?

25 de junio de 2009, 18:22  
Blogger Ferran (Un que passava) said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

25 de junio de 2009, 22:45  
Blogger Ferran (Un que passava) said...

Y encima de darme mala fama, voy a tener que leerme esa historia. Jo.

:-p

Pero que conste que los que provocaron fueron ellos. La catedral del mar, amos anda.

Y lo que nos reímos, que hasta me dolía el costillar de tanto reir?

25 de junio de 2009, 22:46  
Blogger Anna said...

Tarde perfecta de San Juan. Comida y cine

I alguns treballant... Bwuaaaa... snif, snif...

Apa que no...Ja us imagino... Pobres turistes....Segur que els vau deixar fulminats amb la mirada!

Lo que no entiendo es por qué el libro se titula La catedral del mar en castellano, pero en catalán es La església del mar.

La meva teoria és que per diferenciar l'edició en català i en castellà (que tenen la mateixa foto i no sabries quina agafes...)

26 de junio de 2009, 0:31  
Blogger Rox said...

uno de ellos era mi mama, que malos! ¬¬



No es cierto, pero mi mama AMA ese libro y me lo regalo. La verdad me ha dado hueva leerlo, como que no es mi estilo. ¿Que tiene de especial?

26 de junio de 2009, 17:19  
Blogger Juan Díaz Olmedo said...

Como completo ignorante de la realidad barcelonesa (Estuve una vez un par de horas), pregunto: ¿Que tiene de lo que preguntaron para enfadarse? No sé, a mi me pregunta en Sevilla que donde está la torre esa de la novela de Brown y como mucho me parto de risa, no me enfado. Tengo la sensación de que hay algo que se me escapa.

30 de junio de 2009, 15:25  
Blogger Juanma said...

No tiene nada, si te paras a pensarlo. Pero uno es muy de su ciudad adoptiva, y se cabrea por el hecho de que uno de los edificios de Barcelona que hay que visitar, sí o sí, sea conocido como "el de la novela ésa", y no por sí mismo. Vale, es un matiz muy tonto, pero supongo que si yo fuera parisién y me preguntaran por el museo ése que sale en El Código Da Vinci, o romano y me preguntaran por la catedral ésa que sale en Ángeles y demonios me cabrearía igualmente. Y el caso es el mismo.

Pero, como digo, es pura pejiguería por mi parte.

30 de junio de 2009, 16:36  
Blogger Juanma said...

Rox: El problema del libro es que no tiene nada de especial. :-/

30 de junio de 2009, 16:37  
Blogger Juanma said...

Anna:
La meva teoria és que per diferenciar l'edició en català i en castellà (que tenen la mateixa foto i no sabries quina agafes...)

Suena taaaan plausible que lo más probable es que se trate exactamente de eso. O_O

30 de junio de 2009, 16:50  
Blogger Ferran (Un que passava) said...

En realidad, nadie se enfadó, Juan: la verdad es que ni me di cuenta de que podía haber sonado un poco borde hasta que Cristina y Juanma empezaron a bromear sobre ello.

Pero es que en Barcelona no existe ninguna "catedral del mar": la Catedral es una, y la iglesia protagonista de la novela, aunque se considerara "la catedral de las gentes del mar", es otra. Además, su nombre, el nombre por el que la conocen todos los barceloneses es Santa María del Mar.

Y lo que hicimos fue eso precisamente: partirnos de risa. Tanto por la pregunta como por mi reacción inconsciente.

2 de julio de 2009, 13:48  

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