miércoles, 4 de marzo de 2009

Anochecer en Las Vistillas


Los Jardines de las Vistillas son un punto y aparte en la vida madrileña. Los atardeceres en Madrid son preciosos, de los que tocan la fibra sensible. En pocos sitios he visto tantos tonos y matices, y el cielo parece ser un elemento más de la ciudad. La perspectiva se abre hasta el infinito y más allá. Desde el mismo centro de Madrid puedes ver la sierra de Guadarrama, en la lejanía. Durante veinte minutos, el cielo es una explosión de rojos, anaranjados y violetas. Si hay nubes, el efecto es mucho más espectacular.
Hay otros atardeceres en Madrid: en la Plaza de la Armería o en el Templo de Debod. Pero el de Las Vistillas tiene algo especial. Por un lado, la cornisa de San Francisco y la caída a pico hacia el Manzanares. Por otro, ese valle que forma la calle de Segovia. Por detrás, el Viaducto y la calle de Bailén. Durante unos minutos, la naturaleza de las cosas cambia a toda velocidad, y es imposible saber adónde mirar: al cielo ensangrentado, a la catedral de la Almudena recién iluminada o a los pinos tras los que el sol busca ocultarse. Durante unos minutos, Madrid se detiene y está pendiente del cielo. Anochece, que no es poco.
La Plaza de las Vistillas tenía uno de mis rincones favoritos de Madrid, la champañería María Pandora. Cuando regresé con Cristina, la cosa estaba muy echada a perder. Ya no servían conguitos y sandía como guarnición, y la carta de cócteles había degenerado. Seguía siendo un bar-librería, pero de capa caída. El pasado verano ya estaba cerrada. El final de otro de mis lugares de referencia en Madrid. Ya sólo me queda La Vía Láctea.
Durante las fiestas de La Paloma o San Isidro, los Jardines de las Vistillas eran el epicentro de las actuaciones musicales. Allí vi a gente tan rancia como Olga Ramos o Sara Montiel, pero no dejaba de ser algo rarísimo y emocionante a partes iguales. Agua de cebada y calimochos, olor a entresijos y gallinejas, parejas con la chochona recién ganada en la tómbola, punkis y abueletes. Aquello era el alma del Madrid viejo y el nuevo, el de las zarzuelas y el del vómito social.
En los últimos años, y ya alejado de mi Madrid natal, las Vistillas se convirtió en nuestro remanso de paz cada vez que Cristina y yo íbamos a Madrid. En los escasos momentos en los que podemos estar solos cuando vamos a Madrid (los veranos allí tienen más bien poco de vacaciones; la situación es la que es), uno de nuestros rituales, el favorito, el que le da sentido a la semana de locos que solemos pasar allí, es acercarnos por los Jardines de las Vistillas y ver anochecer. Paseamos por el centro, y llegamos desde San Francisco el Grande, o callejeando por la calle de los Mancebos, o cruzando el Viaducto. Nos acomodamos junto a las escaleras que bajan a la calle de Segovia, nos sacamos algunas fotos y nos ponemos a mirar el atardecer, la gradación de colores, la explosión de tonos rojizos y, por último, el anochecer. Después, plegamos velas y nos vamos al Postino o cualquier taberna cercana a la Cava Baja, a tomarnos unos buenos huevos estrellados. Otro ritual obligatorio en nuestros viajes en Madrid.
Es un momento sublime, en el sentido kantiano del término. Lo bello encanta, pero lo sublime conmueve. Y así tiene que ser.
Hay otros anocheceres en Madrid. Está el de la Plaza de la Armería y está el del Templo de Debod. Son bellos, porque son encantadores.
Pero el de las Vistillas es el único que, además, conmueve. Y por ello es sublime.
Y hay pocas, muy pocas cosas en Madrid que me sigan produciendo esa sensación.
Pero todo esto se va a ir a la mierda gracias a una operación urbanística que, cierto, lleva años planeada, pero ahora se acerca de manera inexorable. Y no hay manera de frenarla. Nos quedaremos sin una de las señas de identidad del Madrid que conocí y que ya no reconozco cuando regreso. Y todo ello, a mayor gloria de Antonio María Rouco y de Alberto Ruiz Gallardón.
Acabo de enterarme de la noticia, aunque veo que la cosa lleva tiempo coleando. Ya se sabe que los tejemanejes de la capital no suelen llegar a provincias.
En resumen, la situación es la que sigue: el Ayuntamiento de Madrid ha cedido al Arzobispado de Madrid una parcelita de 25.000 metros cuadrados (que abarca el Jardín de las Vistillas, el Parque de la Cornisa y aledaños) para construir edificios de uso eclesiástico. La idea es tener el Minivaticano terminado antes de 2011, y así matamos dos pájaros de un tiro: se le hace un regalo inolvidable de despedida (por los servicios prestados, supongo) al cardenal Rouco, con motivo de su jubilación, y se aprovecha la visita del papa Benedicto XVI para que bendiga los terrenos. Más información, aquí.
Y todo ello, evidentemente, pasándose por el forro de los cojones las alegaciones de los ciudadanos.
Menos mal que Gallardón es el progre del partido. No sé qué hubiera hecho Álvarez del Manzano si esto hubiera coincidido con su mandato.
En fin, que el "de Madrid al cielo, y un agujerito para verlo" va a ser un poco menos verdad.
Las vistas de las Vistillas, para los curas. Al fin y al cabo, son los más indicados para ir de Madrid al cielo, sin escalas, y con un agujero privilegiado para verlo: el de las obras del Minivaticano.


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10 Comments:

Blogger Cristina said...

Snif...

4 de marzo de 2009, 11:44  
Blogger Juanma said...

Buaaaah. :-(((

4 de marzo de 2009, 11:46  
Blogger Cristina said...

Jopelines...qué injusto...

4 de marzo de 2009, 11:49  
Blogger Juanma said...

La justicia divina tiene estas cosas...

4 de marzo de 2009, 11:53  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Acongojante, Juanmita. Sniff.

Yo me quedo con los atardeceres desde la Plaza de la Armería. Los tengo congelaítos en el corazón, y me temo que ahí se quedarán hasta que mis partículas elementales se expandan más allá de Orión y esas cosas.

(Tampoco son moco de pavo lo que se ven desde el balcón de casa de mi madre: que como enfrente tiene un aeródromo, hay vistas ¡como de sobra!).

Atardeceres de Madrizzz, sí. Nuestros atardeceres. :)))

4 de marzo de 2009, 14:26  
Blogger manu said...

Juanma, una foto en la que sales francamente bien :P

Y Cristina por fin da la cara!!!!

5 de marzo de 2009, 9:45  
Blogger Juanma said...

¡Gracias majo! El mérito es de la fotógrafa. :-)))

5 de marzo de 2009, 10:50  
Blogger Arturo said...

Y tienen los cojones de decir que estan siendo perseguidos y que hay una cruzada laicista.
No te olvides de los doscientos millones de pavos que han metido en bolsa por medio de la caixa.

5 de marzo de 2009, 17:56  
Blogger Juanma said...

Mendizábal y Madoz. Ellos sí que sabían.

5 de marzo de 2009, 18:05  
Blogger Rox said...

me hiciste llorar en horas de trabajo :'(

... bueno no, tanto asi. Pero si que me hiciste recordar muchisimas cosas.

Por cierto, tengo otro blog al que este tipo de posts le quedaría como anillo al dedo.

http://nolecuentes.com

Ya mero subo los mios de Madrid y BCN, nomas me haga la fuerte.

Si que extraño.

besos

9 de marzo de 2009, 20:30  

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