viernes, 18 de diciembre de 2015

Un cuento mío en el ebook "Junto a la hoguera"



Uno de los motivos por los que me abrí el blog fue el gusanillo de la escritura, que tenía abandonadísimo desde hacía años. La desidia, la vida muelle del piso compartido, el desbarajuste existencial, la desmotivación, el miedo escénico a no ser capaz de estar a la altura, la falta objetiva de tiempo y la priorización de las reseñas y ensayos conformaron una mezcla letal que me tuvo fuera de juego durante casi un decenio. Después comencé a asistir al taller literario de Jorge Zentner, del que ya he hablado en este blog, y, aparte de algún que otro relato ultracorto, apenas seguí con la ficción. Ensayo, sí, para dar y tomar, pero ¿ficción? Los ultracortos del taller de Jorge, alguna historia metarreferencial para el blog de Frikitecaris, una colección de tuits distópicos que se incluyeron en un divertido ebook colectivo, algún homenaje dickiano en mi blog... y poco más. Ficciones, sí, pero nada que pudiera entrar en la categoría de relatos concebidos y construidos como tales, con la finalidad expresa de aparecer publicados y perdurar. Al hacer balance sobre mis escritos, sí los considero ficción, pero... con la única excepción de #FutureNews, les faltaba algo para incluirlos en la misma categoría que "Tierra de venados", "Protégete de la onda expansiva de mi cerebro"  o "El hombre del Quinto Centenario": la existencia de un filtro, externo o interno, llamado edición. Eran cosas que no dependían de un criterio externo (un editor) ni interno (unos estándares de calidad): me salieron así, y los publiqué directamente, sin labor de edición. No los podía considerar relatos, en puridad, aunque sí fueran ficción. Me seguía faltando ese elemento que me parece definitivo: el filtro de un lector externo que lo cribe. Un editor. Un proyecto. Un medio. 
En ese sentido, siempre he dicho que no escribo ficción desde 1996, cuando rematé "Tierra de venados", y no me la publican desde el año 2000, cuando apareció "Protégete de la onda expansiva de mi cerebro". Siendo generosos, #FutureNews es de 2011 y podríamos considerarlo el fin de ese período de sequía creativa. Pero no dejaban de ser tuits reconvertidos en relatos efímeros. Nula planificación, nula intencionalidad literaria expresa. Seguía pareciéndome que no escribía ni publicaba nada desde el siglo pasado.
Este blog me vino muy bien para retomar la dinámica de escritura. Durante los dos primeros años me podía cascar una entrada de diez mil palabras en un par de días. Y, si las releo con atención, descubro que entran en el ámbito del transrealismo y esa indefinida línea que separa la ficción de la autobiografía, la novela de las memorias. Puede que sean más ficción de lo que me parece.
Y también está La Gran Novela del Fandom, claro, pero me quedé atascada en las primeras tres mil palabras. Y, para colmo, en realidad era el principio de otra novela que iba de otra cosa, se me salió de madre y empezó a pensar por su cuenta. Hasta las novelas me vacilaban.
Sí, he empezado a escribir ficción alguna que otra vez, pero no la remataba. Al respecto, toqué fondo hace año y pico, cuando recibí una oferta muy suculenta para un proyecto que me encantaba, pero llegó la fecha límite y solo tenía una quinta parte de la historia tal como la había concebido. Vale, se me volvió a ir de las manos, y en vez de un relato resultó que la cosa daba para novela corta. Pero, de todos modos, fue una derrota: no entregué, el libro apareció sin mi relato, y la cosa me desmoralizó un poco. No obstante, extraje varias lecturas positivas. Había vuelto a escribir. No lo hacía del todo mal. Al editor y al responsable del proyecto les gustó lo que llevaba escrito, y tenemos el compromiso de que si lo acabo y mantiene el nivel, me lo publican. Y así pasé de la desmoralización a la esperanza. No entregué, pero al menos me puse en marcha.
La cosa fue a mejor cuando recibi otra llamada para otro proyecto. Me columpié con la fecha de entrega, pero entregué, y al parecer no quedó mal. El libro saldrá de aquí a unos meses, y entonces podré ser más explícito. A esas alturas ya tenía la actitud y la moral correctas: me piden un relato y, aunque tarde, lo entrego, y encima parece que cumpliendo expectativas.
Así pues, metido ya en la dinámica de producir cuentos, y roto ya definitivamente el bloqueo de escritor, recibí otra llamada, esta vez de Noelia Montalbán (ya puedo dar nombres, y agradecer la confianza en público: ¡gracias por todo!), corresponsable de  Equinox junto con Tania Giménez, para solicitarme un relato. Aparecería en un ebook gratuito titulado Junto a la hoguera. Era una recopilación de relatos de terror con el paganismo como temática, y la nómina de colaboradores abarcaba casi todo el espectro geográfico global y casi todas las variantes posibles. Se descolgó gente, se añadió más, se creó una página de Facebook, se publicaron vídeos promocionales y, en definitiva, me columpié un poquiiiiito con la fecha de entrega pero entregué, y el libro se lanza al mercado mañana día 19 de diciembre. Aquí podéis ver la ficha en Lektu
¿Qué puedo contar de mi relato? Bueno, el ebook es gratuito: mejor os descargáis el libro y lo descubrís por vosotros mismos, porque no os va a costar nada, literalmente. 
Venga, vale, un par de comentarios. El relato se titula "Blanca como la arena" y es una revisitación de todas las historias protagonizadas por la Diosa Blanca que aparecen en novelas como La Atlántida, de Pierre Benoît, o el ciclo de Ayesha, de H. Rider Haggard. ¿Es, pues, un homenaje a la literatura juvenil y popular decimonónica? Pues no, aunque aparece. ¿Es una sublimación de las batallitas de mi padre cuando estaba destinado en el entonces llamado Sahara Español? Pues tampoco, aunque algo de eso hay. Leed el cuento (y, por supuesto, el resto del libro) y saldréis de dudas.


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