jueves, 24 de diciembre de 2015

Diez años de blog



Pues sí, aunque no se puede decir que lo actualice mucho, el caso es que este blog cumple diez años. Celebrémoslo, pues.
Pero antes, una reflexión.
Cuando lo abrí, la madrugada de Nochebuena de 2005, era un hervidero de ideas y entradas (hasta tres al día, nada menos), y mezclaba un poco de todo: la reflexión personal, los memes, las batallitas autobiográficas y el autobombo. Con el tiempo se me fue cortando el rollo en los tres primeros aspectos y quedó convertido en lo que es ahora: un recordatorio, de uvas a peras, de lo que voy publicando o de las presentaciones y los proyectos en las que participo. No lo cierro, ni creo que tenga por qué hacerlo, ya que cumple bien esa función de página web personal para vagos. ¿Debería migrarlo a Wordpress? Tal vez, pero no me apetece meterme esa currada. Más bien haré lo que he ido haciendo de manera inadvertida: ir limando o eliminando las entradas de carácter más personal y, con el tiempo, dejar nada más que las relacionadas con aspectos profesionales. No debería importarme, ya que ahora mismo la existencia del blog es meramente testimonial (la dejadez ha acarreado un descenso proporcional de visitas: antes tenía quinientas diarias, con picos de un par de miles, y ahora a duras penas supero la cincuentena, lo cual es lógico), pero tengo ese prurito de cariño que me impide cerrarlo, y además la constatación de que algunas entradas suelen ser consultadas con frecuencia, y eso ya es un indicador de que deben permanecer en la red, en este o en cualquier otro formato.
Decir que Instagram, Facebook, Twitter y demás redes sociales han matado la estrella de los blogs es una verdad de cajón, pero tampoco es excusa: al estupendísimo y también decenario blog de César Mallorquí me remito. Funciona porque César tiene cosas que decir, lo actualiza con frecuencia, no ha bajado ni el ritmo ni la intensidad y, creo que esto es importante, no se ha dispersado en otras redes sociales. No basta con decir que los blogs no chutan porque ahora se lleva la inmediatez. Chutan si quieres. Y, evidentemente, ahora no me apetece cascarme entradas de diez mil palabras contando mi vida. El formato con el que nació Pornografía Emocional ya no da más de sí, pero no por ello voy a cerrar el blog, aunque a veces deje pasar tres meses entre actualización y actualización.
Fin de la reflexión.
Ahora sí, celebrémoslo.
Me hago cargo de que no deben de quedar muchos lectores de la primera etapa del blog, aunque si lo releo por encima tampoco me da la impresión de que lo siguiente haya sido una etapa de decadencia manifiesta: hay entradas que han tenido muchas visitas, pero más por asuntos profesionales que personales. La verdad es que, estando en el punto en el que estoy, lo prefiero así. A fecha de hoy, les veo más utilidad a las entradas en las que comento cómo se hacen los informes de lectura o en qué consiste la tarea del corrector que a las otras (reconozco que muy bien escritas) en las que me lamentaba de lo chungo que nos los ponían nuestros caseros en el piso compartido o me explayaba con mis cuitas en la consulta del dentista. Y, por supuesto, me parece más razonable comentar según qué cosas en privado que en un blog. Por eso digo que, de manera inadvertida, estoy limando o retirando contenidos que, me temo, a estas alturas solo me interesan a mí, o ni eso, pero que no obstante se cuentan entre lo mejor que he escrito en mi vida, signifique eso lo que signifique.
Veo que, a pesar de que hubo un corte significativo hacia el segundo o tercer año de existencia de blog, hay cierta unidad en él, me parece que forma parte de un todo y no deja de reflejar las diferentes etapas existenciales que he atravesado, pues diez años dan para muchísimo. Como ya no intento ir de guay, ni le veo sentido intentar ir de pope o influencer (no tengo ni ganas ni creo que reflejos para reconvertirme en youtuber, podcaster o lector estrella de Goodreads), me limito a escribir lo que me pide el cuerpo cuando me lo pide el cuerpo, y da la casualidad de que lo que me pide el cuerpo es contar en qué ando y, de vez en cuando, soltarle algún piropo a Mireia por su cumpleaños, o hablar de alguna que otra historia personal, pero sin pasarse y siempre en el lado recatado de la pornografía emocional.
Dicho todo esto, ¿cuál es la mejor manera que se me ocurre de celebrar los diez primeros años de existencia de Pornografía Emocional?
Por más vueltas que le doy, solo se me ocurre esta: hablando de algunas entradas que me parecen significativas. No las más comentadas, ni las más extensas, sino las más significativas. 
Tampoco se trata de convertirlas en ninots indultats, porque puede que me cepille alguna de estas a medida que voy cribando. 
De hecho, ya lo hice: la entrada en la que hablaba de la muerte de mi madre está retirada del blog, y, después de leer su versión íntegra, hace no demasiado tiempo, me da la impresión de que es una de las dos o tres mejores que he escrito, y que justifica por sí sola la existencia del blog. Pero, a fecha de hoy, no le veo sentido a que aparezca publicada. Tal vez si el blog fuera por suscripción... (No me parece mala idea limitar determinados contenidos solo a suscriptores y dejar accesible el más profesional, pero en la práctica me obliga a funcionar como si tuviera dos blogs diferentes, y paso. Así se queda.)
Otra entrada que considero clave es la del final de mi etapa laboral en Gigamesh, ya que, a pesar de lo escueto del enunciado, los comentarios dieron para mucho. Gracias a ellos descubrí la cantidad de detractores y troles que te salen cuando te vienen mal dadas. Lo mejor es que a la mayoría de ellos no los he llegado a conocer ni en persona ni por correspondencia, como mucho por alguna interacción aislada en foros, o tal vez ni eso. Y, sin embargo, ahí estuvieron, haciendo buena la tendencia tan española a hacer leña del árbol caído. Años después estas cosas incluso me hacen gracia; total, sigo colaborando con Gigamesh, aunque como externo, mi relación personal con toda la panda es buena, y una historia laboral de hace nueve años me parece agua más que pasada. Pero esa entrada en concreto me sirvió para experimentar en carne propia el concepto de Schadenfreude, lo cual me parece positivo, por aquello de que lo que no te mata te hace más fuerte. Obviamente, no enlazo esa entrada por no alimentar troles de la década pasada, si los hubiere.
No puedo dejar de referirme a la que tal vez sea mi entrada favorita, la relativa a los problemillas con la caldera de mi antiguo piso compartido, por motivos de lo más variado que prefiero callarme. Y porque reconozco que eché el resto y dejé salir toda la rabia que había en mí y la convertí en algo creo que bonito. 
Hay una entrada que no vais a encontrar ni en la memoria caché, porque una llamada telefónica de un cliente me obligó a retirarla, y con razón: era material confidencial. ¿Por qué la publiqué? Pues porque otros clientes no me ponían objeción alguna a publicar ese tipo de material (un informe), ya que entendían que la autoría era mía. Pero, en aquel caso concreto, no: la autoría era del cliente. Por favor, leed bien los contratos, sobre todo si hay cláusulas de confidencialidad. Esto se solucionó con una llamada telefónica y la asunción del error y posterior retirada de la entrada. De no haber habido línea directísima, se habría saldado con la pérdida del cliente o, legislación actual en mano, incluso con el cierre del blog. Lo que me fastidió en aquel momento fue no haber sido un poco más pícaro: si le hubiera cambiado el formato, por ejemplo haciendo aparecer el informe como una reseña, con retoques mínimos, y no hubiera avisado del lugar de procedencia de la entrada, estoy seguro de que la habrían incluido en algún que otro dosier de prensa, porque estaba bastante por encima del nivel medio de lo que aparecía por la red. En fin, mi vena de pardillo me pierde.
Es lógico que las entradas que tienen una gran carga emocional se cuenten entre mis favoritas. Por eso no podría dejar de hablar de todas las relativas a mi boda con Cristina, la luna de miel en Irlanda y los pormenores de la despedida de solteros, material de mercadotecnia aparte. Y, por supuesto, de Mireia, así en general, como etiqueta en sí misma.
Con todo, creo que la utilidad del blog, a fecha de hoy, me viene por la vertiente profesional. Así que hay dos entradas que considero muy relevantes, ya que siguen recibiendo visitas y generan algún que otro intercambio de correos de vez en cuando: la entrada en la que hablo de los pormenores de los informes de lectura y la entrada en la que comento las vicisitudes de la labor de corrector
Pornografía Emocional también ha servido para difundir artículos o relatos míos. A medida que cerraban otras páginas y publicaciones se fue convirtiendo en la aldea gala donde resistían esos contenidos que ahora mismo solo se pueden leer aquí, y ese es principal motivo por el que no lo cierro. De todas esas entradas, y por motivos personales, creo que la más perdurable es la necrológica de Juan Carlos Planells, que de todos modos es uno de los contenidos a los que sí se puede acceder en su página de publicación original.
Una entrada a la que le tengo cariño es esta, en la que por un lado se me iba la pinza pero, por otro, considero como la muestra más fiel de lo que era el espíritu del blog en sus primeros tiempos. Y me da pie a lanzaros un reto: ¿recordáis vuestra primera vez... conmigo? Uy, cómo ha sonado eso. Bueno, leedla, en los comentarios se aclara.
He hablado de diez entradas, pero este es el décimo aniversario del blog y me gustaría hacer esto interactivo. Por eso aprovecho para lanzaros otro reto lúdico, si todavía hay alguien leyendo este blog y le apetece comentar: ¿hay alguna entrada en concreto de este blog que os llamara la atención o que os gustara de manera especial?
Pues nada. Pornografía Emocional cumple diez años y, aunque no sé yo si durará otros diez años, por aquí seguiremos leyéndonos. Un beso muy grandote.

4 Comments:

Anonymous Cristina L. said...

Mi favorita también es la dedicada a tu madre, pero es comprensible que la retiraras. Del resto, ¡me gusta todo, incluso la de la caldera rota! :P

28 de diciembre de 2015, 11:47  
Blogger Juanma said...

Qué sería del universo tal y como lo conocemos si no se hubiera roto esa caldera. :***

28 de diciembre de 2015, 14:58  
Anonymous Palimp said...

Sólo entro para felicitarte y agradecer los diez años que llevas publicando. Gracias a ti me entero de bastantes cosas del estado de la ciencia ficción.

Un abrazo muy fuerte y a ver si nos vemos en el mundo real.

30 de diciembre de 2015, 17:14  
Blogger Juanma said...

¡Gracias por los buenos deseos! Y lo mismo digo. :)

7 de enero de 2016, 21:39  

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