viernes, 23 de noviembre de 2012

Dación en pago del alma

Se tiró por un balcón, desde un séptimo piso, porque lo iban a desahuciar, e iba a perder el piso que tantos esfuerzos le había costado comprar. 
Nada más estrellarse contra el suelo, abrió los ojos, en el otro lado.
Pero no estaba solo. Allí lo esperaban Alberto Ruiz-Gallardón, dos agentes judiciales y Mefistófeles en persona. 
--¡Ingenuo! El suicidio tampoco liquida la hipoteca --le dijo Gallardón, y se echó a reír con una carcajada inhumana.
Aquello solo era el principio.

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