jueves, 13 de agosto de 2009

Los jueves, informe de lectura: Los secretos de Norah, de Norah Shariff


En algunas ocasiones recibes el encargo de informar un libro aún inédito en castellano, con la finalidad de publicarlo como primicia o en exclusiva. Círculo puede publicarlo al mismo tiempo que la editorial que lo había contratado (primicia), o es posible que sólo lo edite Círculo (exclusiva). Son dos fórmulas que se apartan un tanto de la dinámica habitual de la editorial de publicar libros unos meses después de la aparición de los mismos en castellano. Y, además, son dos fórmulas que les dan un valor añadido.
Este libro jugaba con esos elementos. Además, era la continuación de un título que había funcionado muy bien en Círculo, El velo del miedo, y hablaba de una temática muy delicada. Había que explicar con claridad las estrategias de márketing del libro, incidir en que es una crítica de los malos tratos, y no un panfleto antiárabe. En suma, era un título delicado. Con el inconveniente añadido de que el original estaba escrito en francés, y yo contaba con una traducción al inglés. Es decir, iba a perderme detalles.
Pese a que el libro es simplemente bueno y no entusiasma, su lectura es dura, intensa e interesante. Y, por todos estos motivos, se publicó. Si queréis leerlo, no lo dudéis: es una buena lectura, aunque en absoluto divertida.

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INFORME DE LECTURA

Juan Manuel Santiago

Autor: Norah Shariff

Título: Norah’s Secrets

Editorial: Les Éditions JCL

Páginas: 300

Fecha de edición: 2007

Lengua: Inglés, traducción del original francés


IMPRESIÓN GENERAL

Es un libro de testimonios complementario de El velo del miedo, de Samia Shariff, la madre de la autora de Norah’s Secrets. De hecho, habría que darle el mismo tratamiento comercial y el mismo posicionamiento que a la obra ya mencionada, puesto que el lector potencial es el mismo.

La autora sabe transmitir sus estremecedoras experiencias de una manera muy viva y sugerente, con un lenguaje directo y sencillo, sin apenas alardes estilísticos, pero con un estilo muy bien trabado. Es un libro bien escrito, sin alharacas, sin excesos, y, mucho más importante si tenemos en cuenta los asuntos que aborda, carente de explicaciones reduccionistas o maniqueas. Shariff resuelve con elegancia los conflictos que podrían crear asuntos tales como la violencia de género, los abusos infantiles, el fundamentalismo islámico, el concepto de familia en los ambientes musulmanes más radicales de Argelia, los derechos humanos, la xenofobia subyacente en la sociedad francesa, las trabas para obtener el estatus de refugiado político… La perspectiva de Shariff es lo suficientemente objetiva y ecuánime como para no restarle ni un ápice de autenticidad a su denuncia social. En otras manos, hubiera podido degenerar en un auténtico panfleto, y resulta de agradecer la ecuanimidad que muestra Norah Shariff, víctima hasta extremos dolorosísimos de todos los males que denuncia en el libro.


RESUMEN

La obra se abre con una reflexión de Norah Shariff acerca del miedo a ser perseguida y escrutada hasta el menor detalle, reflexión que se interrumpe por un monólogo interior en el que se recuerda a sí misma que ya no tiene por qué temer, pues vive como refugiada en el estado canadiense de Québec. A continuación, se nos recuerda que su madre, Samia, es la autora de El velo del miedo, un libro en el que relataba sus tristes vivencias en Francia y Argelia, y que apareció publicado en Canadá el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de 2006, un año antes que Norah’s Secrets. Norah considera un deber moral la escritura de sus memorias, y para ello se remonta varias décadas en el pasado, a los años previos a su nacimiento.

Norah recuerda que sus abuelos maternos, los Shariff, eran argelinos que habían emigrado a París debido a los problemas políticos que atravesó el país inmediatamente después de su independencia. Su madre nació en Francia. Durante aquellos años, la familia prosperó y pudo regresar a Argelia, para educar a sus hijos según la tradición musulmana. Cuando cumplió dieciséis años, Samia fue entregada en matrimonio a uno de los empleados del negocio de su padre. Sólo se vieron una vez antes del matrimonio. Como regalo de bodas, sus padres (los abuelos de Norah) les regalaron una casa situada en las afueras de París. A los diecisiete años, Samia dio a luz un varón, Amir. La madre de Samia se lo arrebata, en connivencia con el padre del recién nacido, alegando que era demasiado joven para educarlo; así pues, se llevan a su primogénito a Argelia.

Norah nace al año siguiente, en 1980. Al ser una chica, sus abuelos le permiten a Samia quedarse con ella, pues la abuela no tenía el menor interés en criar a una hembra.

A continuación, Norah narra su infancia en la casa de las afueras de París. La casa era un lugar acogedor, grande, con un jardín enorme a cuyos árboles ella se podía encaramar para jugar, como en una película de Walt Disney. De vez en cuando visitaba a sus abuelos y su hermano Amir en la lujosa casa que tenían en Argel. No se ven mucho, pero Norah desarrolla un gran afecto hacia su hermano, lleno de sentimientos fraternales y protectores, pese a ser la hermana menor.

Después de narrarnos los aspectos más idílicos de su infancia, Norah empieza a introducir elementos tenebrosos en el relato de su vida. Su abuelo la desprecia; Norah enumera los calificativos humillantes que le dedica, por el hecho de ser una niña. La abuela se las arregla para que el matrimonio discuta; Norah recuerda grandes discusiones entre Samia y su marido, por culpa de las intromisiones de su abuela.

Con todo, lo peor está por llegar. Desde los seis años, Norah sufre los abusos de su padre. En un primer momento, verbales; más tarde, tocamientos; cuando crece, violaciones. Norah no se lo cuenta a nadie hasta muchos años después, debido al cúmulo de sentimientos que experimenta: culpa, rabia, impotencia. Entre sus reflexiones más escalofriantes, Norah declara que no es natural que una niña de seis años piense en el suicidio. Norah se culpa por las agresiones que recibe su madre, y más adelante reflexiona acerca de un hecho muy curioso: cuando su padre se propasa con ella, parece respetar a su madre. En uno de los lances en los que el padre abusa de la madre, ésta queda embarazada de Melissa, la hermana menor de Norah.

Así pues, Norah crece inmersa en un constante sentimiento de culpa, anulada como persona, consciente de lo inútil que sería intentar denunciar la situación. Empieza a incubar sentimientos de odio hacia su padre, cuya muerte desea. Las pesadillas la acosan. Es el germen de la futura adolescente conflictiva que será, que se vuelca en su hermana pequeña y en su madre.

Para salvaguardar su integridad mental (y, en ocasiones, física), Norah vive en su mundo interior, escribiendo poesías tétricas, y se pasa todo el día deambulando por las calles de su barrio, paseando con sus amigos y buscando figuras paternas en los comerciantes del París mestizo de los años ochenta. También desarrolla aptitudes por el deporte.

Las vacaciones en Argelia son una especie de tregua para Norah, porque puede ver a su hermano Amir y porque su padre refrena sus impulsos violentos, hacia ella y hacia su madre.

A la vuelta a París, el padre de Norah la viola hasta tres veces. Ella tiene nueve años. Desde ese momento, deja de considerarlo su padre: para ella, no es más que un monstruo. El distanciamiento entre ellos es cada vez más evidente. Con diez años, mientras Amir está en París durante una celebración familiar, el padre se presenta en la casa borracho, y pierde el conocimiento. Norah le plantea a su madre la necesidad de divorciarse de su padre.

Con once años, Norah empieza a desarrollarse como mujer, y sigue siendo acosada por su padre. Las violaciones son cada vez más violentas.

Cuando cumple trece años, Norah abandona París rumbo a Argelia. Su padre quiere instalarse allí por cuestiones económicas relacionadas con su trabajo. Norah ha oído rumores acerca de la situación del país, cada vez más inestable, pero no les da importancia. Le comenta a su madre, emocionada, lo bonitos que deben de ser los fuegos artificiales que están oyendo a su llegada a Argel; su madre le responde que son bombas y tiroteos.

Hay más señales pesimistas. Sus abuelos le ordenan que se cambie de indumentaria, que abandone la ropa occidental. Tiene que escolarizarse, y no sabe árabe. Su abuelo aparece descrito como un fundamentalista islámico, que invoca a Dios cada vez que habla. Norah siente extrañeza por la nueva sociedad en la que vive, con la que no se identifica y que la hace tomar conciencia social. Más tarde dirá que se sentía musulmana en Francia y francesa en Argelia, lo cual nos da una idea de su desubicación.

Con catorce años, Norah experimenta los primeros síntomas de rebeldía juvenil, al tiempo que se incrementa la violencia de su padre hacia su madre. Fuera del ambiente permisivo de Francia, considera a Samia como una posesión. Ya no hay ley que la proteja: ya tiene derecho sobre la vida y la muerte de su madre. Parece un signo de los tiempos cada vez más violentos que sacuden Argel. El fantasma de la guerra civil es omnipresente. Todos los días hay algún acto terrorista, o Norah oye de alguna nueva barbaridad perpetrada contra la población civil, especialmente las mujeres, algunas de las cuales son raptadas, llevadas a las montañas y violadas hasta la muerte. Norah está cada vez más paranoica, y llega a mover contactos con algunos amigos poco recomendables para matar a su padre; planes que no llegan a plasmarse, porque sus amigos sólo le ofrecen asustarlo, lo cual resultaría contraproducente. Definitivamente, Norah está sola.

La situación llega al límite en una ocasión en la que Norah interrumpe una paliza de su padre a su madre. Lo increpa, y su padre repudia a Samia tres veces, lo cual, según la ley islámica, equivale a un divorcio. Ahora bien, el padre exige una contrapartida: los abuelos de Norah tendrán que devolverle la dote. Esto equivale a un ultraje a la familia de Samia, equiparable a un adulterio, lo cual no hace sino aislar más a Samia y Norah: al no estar casados, Norah es una bastarda, y Samia, una libertina. Librarse de su padre será una tarea cada vez más difícil, toda vez que los abuelos de Norah han tomado partido claramente por su padre.

Cuando Norah creía que ya nada podría ir peor, y la presión social se hace insoportable, los padres de Samia secuestran a la familia durante unas semanas. Las tienen encerradas en la casa de los abuelos, le dicen a todo el mundo que han abandonado el país, y las someten a vejaciones y torturas psicológicas. Las mujeres tienen que hacer acopio de solidaridad y de mil y una triquiñuelas para no volverse locas, y finalmente consiguen huir aprovechando un momento en el que la abuela está sola en la casa. Toda la familia ha sido cómplice del secuestro, por lo cual están más solas que nunca. La salida a la luz, lejos de acercarlas a la justicia, empeora su situación, debido a la presión social que sufren.

La adolescencia es, pues, una mala época para Norah. Consume drogas, sale con gente poco recomendable, plasma su rebeldía tocando en un grupo de rock duro y procura estar lo más lejos posible de su entorno familiar. Sólo más tarde es consciente de que con ello no ha hecho más que dificultarle las cosas a su madre, y se siente avergonzada por todo ello. Finalmente, gracias a los oficios de una abogada concienciada, su madre consigue el divorcio y se puede casar con un militar. Samia tiene tres hijos más.

Por su parte, Norah se rehabilita después de un suceso luctuoso. Una mañana, mientras falta a clase por enésima vez, estalla una bomba cerca de ella. Se encara con su madre, y recapacita. Busca trabajo en un hotel, pero tiene que dejarlo después de otro incidente desagradable: está a punto de ser raptada por un integrista mientras espera al autocar de la ruta hacia el hotel. Norah insiste en abandonar Argelia y regresar a París.

Finalmente, su madre accede, y la familia al completo (excepto el segundo marido de Samia) regresa a París. Allí las cosas no salen como esperaban: no encuentran trabajo, y no pueden conseguir el estatus de refugiadas políticas, ya que son ciudadanas francesas. Viven de la beneficencia pública. Cuando las cosas llegan a un punto de casi no retorno, después de que Samia esté a punto de morir por una negligencia médica y Norah consiga que su abuela se avergüence por su actitud, un amigo les habla de Canadá. Mediante unos pasaportes falsos, consiguen llegar a Canadá, al estado de Québec, y una vez allí comienzan un litigio para obtener el estatus de refugiados políticos. Tras muchos pleitos, agravados por la situación internacional (los atentados del 11-S), lo consiguen, y por fin Norah y su familia pueden respirar tranquilos, con su nueva vida alejada del horror y la barbarie que les ha tocado vivir.


ASPECTOS POSITIVOS

El estilo es muy fácil de leer. Norah escribe bien, sabe transmitir el horror de lo que ha vivido y sabe acerca de lo que escribe.

Como ya hemos dicho, Norah consigue que una obra de denuncia no se convierta en un panfleto, lo cual tiene un mérito enorme, dada la cantidad de asuntos delicados que trata.

El público objetivo de la obra es muy amplio: lectores de autobiografías y testimonios, público femenino reivindicativo, amantes del mundo árabe con un toque de conciencia social, defensores de los derechos humanos, estudiantes y profesionales de la Sociología, la Filología árabe e Historia del mundo contemporáneo… El alcance de la denuncia de Norah es casi universal, y por ello es una obra fácil de vender.


ASPECTOS NEGATIVOS

Aunque la obra puede leerse de manera independiente, y tiene valor por sí misma, resultaría mucho más comprensible si se ha leído El velo del miedo, el testimonio de Samia, la madre de Norah. Juntas forman un díptico que ayuda a comprender mejor la historia. Se podría plantear una reedición conjunta, o bien una oferta con los stocks de la primera (a modo de oferta para socios veteranos, por ejemplo). De otro modo, la edición de Norah’s Secrets por sí sola podría quedar coja.

La obra es un reto para los encargados de la promoción, pues se corre el riesgo de que se pierda la ocasión de presentarla como una denuncia contra los abusos sexuales y se incida más en los componentes “raciales” de la historia. Habría que hilar muy fino en los textos de contracubierta, solapas y revista, pues, como digo, podría dar lugar a malinterpretaciones o a que, de manera involuntaria, se incurriera en xenofobia o antiislamismo.

Aunque, como se ha dicho, Norah salva con elegancia exquisita la difusa frontera entre la denuncia y el panfleto, hay alguna que otra inexactitud y licencia poética (como los discursos exaltados del padre al repudiar a la familia) que parecen ciertamente forzados, e incluso exagerados.


DEFINICIÓN DE LA OBRA CON UNO O MÁS ADJETIVOS

Atrevida, inspiracional, denuncia, valiente, conmovedora, desgarrada, un testimonio estremecedor, un libro necesario.


VALOR LITERARIO

6,5

Es una obra muy fácil de leer, escrita con un estilo muy fluido. Sin grandes alardes, Norah Shariff escribe una obra directa, que transmite perfectamente un mensaje de tolerancia y de denuncia contra la intolerancia. Sus descripciones rara vez se recrean en detalles morbosos, lo cual puede hacerle perder brillantez: en ocasiones, está narrada con un estilo demasiado plano. No obstante lo cual, es una obra digna.


VALOR COMERCIAL

7,5

Se corre el riesgo de que algunos potenciales lectores pierdan detalles si no conocen El velo del miedo, pero Norah’s Secrets puede funcionar de manera independiente, y para ello tiene un público muy bien definido: femenino, de clase media o media-alta, urbano, con conciencia social, sensibilizado con la temática femenina y en especial con la de la mujer en el Islam, suficientemente ecuánime como para no leer entre líneas un discurso xenófobo sino lo que Norah’s Secret es de verdad (una denuncia contra la violencia de género y los integrismos).


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4 Comments:

Blogger Small Blue Thing said...

Durante aquellos años, la familia prosperó y pudo regresar a Argelia, para educar a sus hijos según la tradición musulmana. Cuando cumplió dieciséis años, Samia fue entregada en matrimonio a uno de los empleados del negocio de su padre.

Pues menos mal que no es una soflama, no.

13 de agosto de 2009, 9:33  
Anonymous Pily B. said...

Tiene que ser muy fuerte, sí. :-(

13 de agosto de 2009, 10:13  
Blogger Small Blue Thing said...

Y por lo que se lee, muy eficaz.

14 de agosto de 2009, 13:34  
Blogger adriana zenizo morales said...

la verdad es que acabo de leer el velo del miedo.. wow! es impactante leer todo eso.. como las mujeres musulmanas sufren al igual que un sin fin de mujeres de vejaciones, malos tratos, violaciones. quede shokeada. Espero poder leer el libro de Norah..

11 de agosto de 2015, 2:32  

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