jueves, 6 de agosto de 2009

Los jueves, informe de lectura: Inmortales y perfectos, de Salvador Macip


Cuando un asunto te obsesiona y te encuentras con un libro fundamental sobre esa materia, escribir un informe de lectura sobre el mismo puede ser un arma de doble filo. Tienes que controlarte mucho para que no se note que quieres que lo publiquen; debes ser lo más objetivo que puedas. En este caso resultó muy difícil, y, con todo el dolor de mi corazón, no pude hacer gran cosa por ayudar a que se publicara, pero no dejó de ser lógico, ya que Inmortales y perfectos tenía un defecto que lo hacía impublicable por Círculo: habla de un campo, la biomedicina, que está cambiando a pasos agigantados. Los avances se suceden a una velocidad endiablada, por suerte para los pacientes, y editarlo tal como estaba lo habría dejado obsoleto antes de que se publicase. Otra alternativa habría sido encargar una reedición en exclusiva para Círculo, pero en la práctica habría equivalido a escribir un libro completamente diferente. Así pues, no se publicó. Una verdadera lástima, porque es, con diferencia, el libro que más me ha gustado informar, en el que más me he esmerado.

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INFORME DE LECTURA

Juan Manuel Santiago

Autor: Salvador Macip

Título: Inmortales y perfectos. Cómo la medicina cambiará radicalmente nuestras vidas

Editorial: Destino, col. Imago Mundi vol. 147

Páginas: 275

Fecha de edición: Octubre de 2008

ISBN: 978-84-233-4069-9


IMPRESIÓN GENERAL

Inmortales y perfectos es un ensayo divulgativo brillantísimo que se lee con auténtico placer, pero es demasiado técnico, lo que no lo hace apto para todos los públicos.

La claridad expositiva de Salvador Macip lo convierte en un estupendo escritor científico, y es de desear que continúe publicando ensayos similares a éste.

Además, Macip es uno de los médicos más reputados de su especialidad, tiene acceso de primera mano a los últimos avances en la materia y los datos que ofrece en el ensayo están actualizados prácticamente a fecha de cierre de edición.

Ésta es una enorme ventaja en términos de impacto inmediato (muestra cuál es el estado de la cuestión a fecha de hoy, por lo que el gran público tendrá acceso casi a los mismos conocimientos que tiene la comunidad científica), pero podría resultar perjudicial a medio y largo plazo, puesto que esa virtud lo terminará convirtiendo en un título demasiado coyuntural si no se publica de inmediato. Los avances médicos son, pues, muchos y relevantes, y el panorama cambia con demasiada rapidez. Inmortales y perfectos es un retrato brillante de la situación a fecha de septiembre de 2008, pero a estas alturas, tan sólo dos semanas después, ya requiere una actualización.

El estilo es muy comedido pero no por ello solemne. Se lee con mucha facilidad, y los resúmenes y glosarios del final de los capítulos ayudan a fijar conceptos. La abundante presencia de cuadros de texto, ilustraciones y fotografías es otra herramienta complementaria para que el mensaje sea más comprensible.

Un aspecto muy llamativo, que aparta Inmortales y perfectos de la mayoría de ensayos al uso (y no digamos de todo el género de autoayuda y medicinas alternativas) es la enorme sinceridad de la que hace gala Salvador Macip: no estamos ni vamos a estar preparados para vencer el cáncer, comercializar la secuencia completa del genoma humano es demasiado caro como para resultar de utilidad, es mucho más factible intentar mejorar la calidad de vida de los ancianos que alargar la vida más allá de los cien años, la clonación por la clonación carece de más sentido que el meramente mediático... No obstante, sus conclusiones no son pesimistas: lo que él llama biomedicina está avanzando a pasos agigantados, y todo ello está redundando en la mejora de nuestra calidad de vida. Los verdaderos retos de la ciencia moderna no son acabar con el cáncer, clonarnos o vivir cientos de años, sino hacerle la vida más fácil a los enfermos y ancianos, y seguir profundizando en la genómica y la investigación con células madre: sólo así viviremos más, y mejor. Macip presenta un punto de vista realista, científico y lleno de esperanza.


RESUMEN

En el prólogo de Inmortales y perfectos se nos advierte de la velocidad a la que avanzan los descubrimientos científicos, en concreto en el campo de la biomedicina. Por este motivo, los legos en la materia apenas pueden seguir la evolución de la medicina. Salvador Macip intenta explicar al gran público todos los conceptos sobre los que la biomedicina está trabajando en la actualidad, así como la respuesta a las grandes preguntas que se plantean en ese campo.

La introducción presenta el esquema que se desarrollará en el libro, y aclara que la ciencia no es un compartimento estanco, por lo que las cuatro partes en que está dividido Inmortales y perfectos están estrechamente relacionadas entre ellas. Define el término biomedicina como la disciplina que reúne los conocimientos de todas las ciencias para intentar entender el funcionamiento del cuerpo humano y encontrar soluciones a los problemas de salud que nos afectan.

La ciencia médica, aclara Macip, ha avanzado mucho en los últimos años y se desarrolla en el ámbito de programas de investigación cuyos resultados sólo se ven a largo plazo, que suelen resultar muy costosos y en los que están implicadas muchas personas. El estereotipo del científico que trabaja solo en su laboratorio ya no se corresponde con la realidad. Asimismo, Macip advierte contra la proliferación de farsantes, iluminados y estafadores peligrosos.

Antes de entrar en materia hay que aclarar algunos conceptos básicos. Macip define y describe el funcionamiento de las células. A continuación, explica qué es el ácido desoxirribonucleico (ADN) y cómo está compuesto por nucleótidos o bases a las que se asignan las letras A,T, C y G. En total hay tres mil millones de combinaciones posibles de nucleótidos. Los nucleótidos se organizan de dos en dos y forman largas cadenas; por este motivo, el ADN tiene forma de doble hélice.

Hay unidades más pequeñas que el ADN, que se encargan de salir del núcleo de la célula y transportar la información que contiene su ADN. Se trata del ácido ribonucleico (RNA), que contiene instrucciones concretas que deben cumplir las células. Para ello se vale de las proteínas, que a su vez son una combinación de los veinte tipos diferentes de aminoácidos que existen. Aunque estamos diseñados para generar un número indefinido de proteínas, sólo desarrollamos aquellas que resultan necesarias para cumplir las funciones específicas que tenemos encomendadas a cada instante.

Cuando el RNA de un gen se deriva para producir una proteína, decimos que ese gen se está expresando.

Una vez sabido todo esto, podemos definir un gen como la región del ADN que contiene la información necesaria para fabricar una proteína. El genoma es el conjunto de genes que posee un organismo, y la genómica es la ciencia que lo estudia. En este punto reside la diferencia principal con respecto al término genética, que estudia todo el ADN y al que se suele confundir con la genómica, que es un término mucho más específico.

Dado que las cadenas de ADN son demasiado largas, se encuentran fragmentadas en estructuras en forma de equis que se denominan cromosomas. Todas las células de un organismo tienen un número concreto de cromosomas. Los humanos tenemos 46 cromosomas en los núcleos de nuestras células. Recibimos 23 cromosomas de cada progenitor, lo que presupone que estamos compuestos por información duplicada: en cada uno de nuestros genes tendremos una copia del ADN paterno y otra del ADN materno. Los 22 primeros pares de cromosomas están numerados, mientras que el vigésimo tercer par, el de los cromosomas sexuales, se denomina X o Y. Los hombres tienen un par XY, y las mujeres, un XX.

Así pues, la genómica resulta fundamental para entender cómo funcionan nuestros genes y por qué motivos un gen se expresa en un momento determinado y produce una proteína concreta en un momento dado, y qué implicaciones tiene este hecho. Sólo así podemos entender quiénes somos, y comprobar nuestro estado de salud.

A continuación, Salvador Macip estructura el libro en cuatro capítulos, en los que aborda otros tantos campos de investigación.


1. La era posgenómica

Una de las batallas más mediáticas de la historia de la medicina es la que se ha desarrollado para secuenciar el genoma humano, es decir, identificar todos los nucleótidos de los que consta nuestro ADN. Es un proceso que ha llevado décadas y que se da en llamar Proyecto Genoma Humano.

La genómica comenzó con la secuenciación de organismos simples, como el del virus bacteriófago, que sólo contiene 5.000 nucleótidos: una nimiedad, comparada con los 3.000 millones de nucleótidos del genoma humano, o los 130.000 millones del pez Propopterus aethiopicus.

El Proyecto Genoma Humano se pone en marcha a finales de la década de 1980, gracias al apoyo de los Institutos de Salud de los Estados Unidos (NIH) a James Watson, el descubridor del ADN (junto con Francis Crick). No mucho tiempo después, al proyecto público de Watson (que fue sustituido por Francis Collins) le salió un competidor procedente de la empresa privada Celera Genomics: J. Craig Venter. Con la entrada en escena de Celera se abrió paso la posibilidad de patentar los genes y de convertir la secuenciación del genoma humano en un auténtico negocio, lo que acarrearía unas consecuencias éticas que podrían redundar en mayores desigualdades sociales. Además, esta competencia consiguió poner de actualidad la genómica, al presentarse por parte de la prensa como una carrera contrarreloj, para saber cuál de los equipos alcanzaría antes su objetivo.

En el año 2000, el presidente Clinton escenifica la alianza entre los dos proyectos y el compromiso de ambas partes a trabajar en común y, algo más importante, la prohibición de hacer negocio con la información genética. Pero Celera y los NIH sólo habían obtenido un borrador, no el genoma humano completo, con lo que los resultados definitivos se retrasaron unos años más, hasta 2005.

No obstante, advierte Macip, la tarea más complicada no era secuenciar el genoma, sino anotar los resultados en la base de datos GenBank, es decir, averiguar para qué sirve cada gen. Esta información puede utilizarse para avanzar en la investigación médica, pero también para facilitar la labor de la justicia mediante la identificación de sospechosos (como el programa ADN fingerprinting). Hasta el momento se han secuenciado los genomas de varias especies animales y vegetales, y se están poniendo en marcha numerosos proyectos paralelos aplicados a enfermedades concretas. El siguiente reto es abaratar el proceso lo suficiente como para que se pueda explotar en términos comerciales y, con el tiempo, esté al alcance de la mayor cantidad posible de usuarios. La competición continúa, han entrado en liza nuevos actores (China y muchas compañías privadas), y Macip duda abiertamente de la utilidad práctica de esa carrera.

Pero la tarea no es tan fácil como secuenciar genomas; además, hay que tener en cuenta que en cada cadena de ADN siempre hay una pequeña diferencia con respecto a la de los genes de otras personas, lo que redunda en alteraciones del funcionamiento de proteínas concretas y, en último término, en la aparición de rasgos y características concretas en cada individuo: es lo que se llama polimorfismo. Algunos de estos polimorfismos se relacionan con la predisposición a padecer enfermedades concretas: son los marcadores genéticos.

Con su tono realista, Macip advierte de que los marcadores genéticos sólo indican probabilidades de padecer una enfermedad, por lo que la secuenciación personalizada de nuestro genoma (un negocio en alza, que reporta pingües beneficios) podría ser contraproducente y generar más problemas que beneficios: el hecho de que estemos predispuestos a padecer una enfermedad no significa que vayamos a desarrollarla, y en este aspecto, las estrategias de comunicación de las empresas que comercializan perfiles genéticos pueden ayudar a desatar la histeria. Macip advierte contra los abusos contra la privacidad que se están produciendo en el terreno de la genómica para, por ejemplo, crear bases de datos de criminales en algunos países del mundo; el ejemplo más llamativo es la prohibición a determinadas empresas y compañías aseguradoras de valerse de la información genética para discriminar a sus trabajadores y clientes.

Todo ello abre paso a un terreno fascinante: la manipulación genética. Es un proceso que se ha realizado desde siempre (animales como las mulas no dejan de ser manipulación genética), pero que ahora, con la proliferación de alimentos transgénicos, ha pasado al primer plano de la actualidad. Macip duda de la utilidad de algunos experimentos mediáticos (como los ratones fluorescentes, cuyos inventores, por cierto, acaba de ganar el premio Nobel de química). Sin embargo, sí considera útiles algunas aplicaciones de la genómica, como la terapia génica, que consiste en la eliminación selectiva de los genes nocivos (tumores, por ejemplo) mediante la implantación de virus que invaden las células afectadas y obligan a las células a producir la proteína necesaria para sanar al individuo. (Este asunto, por ejemplo, se aborda en el ensayo clínico que realizan dos protagonistas de la serie televisiva Anatomía de Grey.) Los resultados obtenidos hasta ahora por la terapia génica son muy modestos, cuando no desalentadores. Por eso, Macip propone nuevas líneas de investigación, como el estudio del llamado ADN basura, que constituye el 98 por ciento de nuestra información genética y cuya finalidad no termina de estar definida, la epigenética (que estudia los cambios no irreversibles del ADN que se transmiten de padres a hijos), la utilización del RNAi (o RNA de interferencia) y la introducción de la terapia molecular.


2. Clonación y células madre

Macip parte del caso de la oveja Dolly para explicarnos qué es la clonación. Indica que la clonación nunca ha sido una prioridad de la medicina, ya que supone un gasto inútil e injustificable que no hace más que reproducir un fenómeno natural (y mucho más barato), el de los hermanos gemelos. Considera la clonación de humanos un fenómeno mediático y el objeto de una carrera en la que están implicados científicos locos y sectas religiosas como los raelianos.

Aunque la clonación se da de manera natural (la partenogénesis, o reproducción asexual de algunos animales), es complicada en seres pluricelulares. Lo que hizo famosa a Dolly fue el mecanismo por el que se produjo la clonación: la transferencia nuclear somática, que pasa por la extracción de una célula adulta cuyo núcleo se ha extraido y el desarrollo del embrión a partir de la misma. Los retos para los estudiosos deberían estar encaminados a esclarecer las causas por las que el proceso registra un índice tan elevado de fracasos. Asimismo, hay que aclarar si existe alguna relación entre el hecho de que Dolly fuera una oveja clonada y su muerte prematura; hay opiniones divergentes al respecto.

Así pues, para Macip la verdadera utilidad de la clonación no es alcanzar la llamada clonación reproductiva (crear un individuo genéticamente idéntico a otro, como el caso de la oveja Dolly) sino la clonación terapéutica (crear células madre genéticamente idénticas a las células de un paciente, para tratar enfermedades sin que se produzca rechazo). Por ello, le dedica una parte importante del ensayo a analizar en profundidad las células madre y desentrañar algunas de las cuestiones fundamentales que nos plantean. Existen los problemas éticos (hay un debate enconado acerca de la utilización de células madre, aún de actualidad en España), pero también problemas médicos (como el rechazo, que según Macip es siempre inevitable, por lo que sólo podemos aspirar a retrasarlo lo máximo posible para alargar la vida de los pacientes y mejorar su calidad de vida) y problemas de credibilidad (como el escándalo desatado cuando se descubrió que el científico coreano Hwan Woo-suk había manipulado los resultados de sus estudios supuestamente revolucionarios). Frente a ellos, Macip propone soluciones realizables y que no impliquen la destrucción del embrión, como fomentar los bancos de cordones umbilicales (una fuente de células madre) o las células pluripotentes inducidas.


3. La cura del cáncer: ¿Haute couture o prêt-à-porter?

El cáncer es una de las principales causas de muerte en cualquier rincón del planeta, y agrupa más de un centenar de dolencias diferentes. Con el tiempo, será la principal causa de muerte. Sin embargo, Macip no interpreta que existan motivos para el pesimismo: la creciente incidencia del cáncer entre la población se debe al aumento de la esperanza de vida (el resumen parece ser que de algo hay que morirse) y la lucha contra el cáncer está produciendo avances espectaculares. No obstante, Macip vuelve a hacer un llamamiento al realismo: es estructuralmente imposible acabar con el cáncer, y el mayor reto de la medicina moderna no es acabar con él (no se puede) sino convertirlo en una enfermedad crónica y alargar al máximo la esperanza de vida y la calidad de vida de los enfermos.

Macip define el cáncer como el crecimiento incontrolado de un conjunto de células que se extienden mediante un proceso de expansión clonal: una sola célula que se expande de manera indefinida y, por lo tanto, se hace inmortal. El cáncer es una enfermedad genética: se produce cuando los genes de una célula sufren una alteración. El conjunto de irregularidades que pueden conducir a esa alteración se llaman mutaciones, que son cambios bruscos en la estructura del ADN. Existen inhibidores naturales de estas mutaciones, pero en ocasiones no pueden hacerles frente. Si la mutación consiste en producir demasiada proteína, el crecimiento celular se descontrola y tenemos lo que se llama un oncogén. Como hemos visto, existen supresores tumorales naturales, como la proteína p53, encargada de evitar que la célula se convierta en cancerosa, pero a veces no es suficiente; en ese caso, la célula opta por sacrificarse para evitar que el cáncer se propague a otras células sanas y se autodestruye (apoptosis). Si, aun así, la célula cancerosa se reproduce indefinidamente (es decir, se hace inmortal, y no es una manera de hablar: se conservan células cancerosas vivas desde hace medio siglo), puede generar vasos sanguíneos propios que invaden otros tejidos y, si pertenecen a cierto tipo de tumores malignos, pueden alcanzar el torrente sanguíneo y difundirse a otros órganos (metástasis). Tienen que darse todos estos pasos para desarrollar un cáncer, por lo que Macip aclara que no deja de ser un caso de verdadera mala suerte, ya que lo normal es que el organismo intervenga de manera satisfactoria en las primeras etapas del proceso y logre inhibir el crecimiento de los oncogenes o active la apoptosis antes de que éstos se difundan.

Macip plantea los diversos puntos de vista acerca de qué es más relevante para desarrollar un cáncer, la genética o el entorno. Es cierto que el cáncer se origina por el crecimiento incontrolado de una célula, pero los factores de riesgo son mucho más, y tienen mucho que ver con el entorno. No se ha podido demostrar que la incidencia de cáncer en hermanos gemelos idénticos pueda afectar a ambos. Macip concluye que es fundamental emprende medidas preventivas para evitar los factores que producen las mutaciones que dan lugar al tumor (mutágenos). Así pues, es necesario limitar el uso de tabaco y la exposición al sol, cuidar la dieta y hacer ejercicio. Es una insensatez basar la dieta en suplementos vitamínicos o en el uso exclusivo de determinados productos (así, el té verde puede ser efectivo contra el cáncer de pulmón, pero, al parecer, su consumo en exceso favorece el cáncer de próstata); resulta mucho más efectivo comer variado y con moderación, y evitar el exceso de alcohol, grasas, carnes y comidas rápidas.

Resulta muy importante conocer la incidencia de determinados virus en el cáncer, como el virus del papiloma humano, que está vinculado inequívocamente con el cáncer de cuello de útero y, al parecer, también con el de pulmón. También hay que tener en cuenta la genética: ciertos genes están relacionados con la presencia de pólipos intestinales, que suelen dar lugar a cáncer de colon.

El último apartado del capítulo analiza la importancia del diagnóstico precoz (generalmente mediante escáner o TAC y resonancia magnética) y diserta acerca de las técnicas de tratamiento del cáncer: la cirugía, la quimioterapia (que puede ser adyuvante, combinada, neoadyuvante o paliativa), la radioterapia, la antiangiogénesis (que consiste en cortar el suministro de sangre al tumor), las terapias hormonales y las terapias dirigidas (con anticuerpos monoclonales o con inhibidores moleculares). Muchos de estos tratamientos son demasiado recientes como para comprobar su efectividad a largo plazo, lo que da pie a Macip a explicar el larguísimo proceso que sigue un medicamento o tratamiento desde su descubrimiento hasta su comercialización o autorización: puede llegar a tardarse más de una década en el proceso, para que, en el mejor de los casos, su efectividad sea apenas un poco mayor que la de los tramientos ya existentes. El proceso de lucha contra el cáncer está lleno de pasos en falso y de descubrimientos cuya efectividad ha demostrado no ser demasiado elevada.

El enfoque de las terapias contra el cáncer puede ser muy variado, lo que va a redundar en beneficio de los pacientes: la investigación es muy amplia. Se está investigando la existencia de posibles células madre cancerosas, unas células cancerosas originales que en un momento dado se activan; ello explicaría por qué el cáncer es tan frecuente. Otra posible terapia es la glicólisis anaerobia (que consiste en matar de hambre la célula cancerosa, impidiéndole metabolizar la glucosa mediante la creación de una falsa glucosa). La inmunoterapia está produciendo resultados esperanzadores (en concreto, la terapia celular adoptiva, que consiste en inyectar linfocitos tratados específicamente para atacar el cáncer). Otro enfoque consiste en anular la metástasis; para ello se está investigando el proceso que la produce, la llamada transición epitelial-mesenquimal. También pueden ser útiles tratamientos más “naturales”, como el uso del cannabis, la quimioprevención (por ejemplo, el arroz o algunas sustancias presentes en el vino) o los tratamientos alternativos.

Frente a este panorama, Macip opone un optimismo moderado. El futuro del tratamiento contra el cáncer está en las terapias específicas contra cada tipo concreto de cáncer; una especie de terapia a la carta, o (dicho con toda la ironía del mundo, y de ahí deriva el título del capítulo) una especie de haute couture, por así decir, opuesta a los tratamientos genéricos actuales (o prêt-à-porter) que inhiba las mutaciones secundarias que hacen que las células cancerosas anulen los efectos beneficiosos de las terapias anticancerosas. El futuro, pues, no será la victoria en la lucha contra el cáncer, porque es imposible, sino convertir el cáncer en una enfermedad crónica, lo que redundará en un aumento de la esperanza de vida del paciente.


4. El camino hacia la eterna juventud

En el último capítulo del libro, Macip analiza los mecanismos que producen el envejecimiento celular. La humanidad está envejeciendo a pasos agigantados, aumenta la esperanza de vida y, sin embargo, parece haber un límite natural, en torno a los ciento veinte años, a partir de los cuales no se puede vivir. Macip intenta averiguar si estos límites se pueden superar y, no menos importante,si es deseable en términos médicos, o asumible en términos económicos.

Todos los organismos vivos envejecen o, lo que es lo mismo, sufren un desgaste paulatino que termina con un fallo fatal de funcionamiento. Este proceso se denomina senescencia o envejecimiento celular. Los factores que conducen a ella pueden ser genéticos, pero también ambientales. Si sabemos por qué se produce el envejecimiento, tal vez sepamos cómo luchar contra el mismo.

La teoría más aceptada al respecto es la del envejecimiento por oxidación. Necesitamos oxígeno para vivir, pero su metabolización da lugar a residuos; a esto se le llama estrés oxidativo. Los residuos tóxicos que produce el oxígeno van dañando paulatinamente las células, hasta que las inutilizan. Por este motivo las especies más longevas son las que segregan más y mejores sustancias antioxidantes, con las que el organismo lucha contra los efectos tóxicos de la metabolización del oxígeno.

Además, el organismo parece tener un reloj interno que, llegado un momento en el que se han producido demasiadas divisiones celulares, se activa, para frenar la división de las células. En esto consiste la senescencia, aunque el organismo puede tomar decisiones más drásticas, como matar la célula que se ha dividido demasiadas veces (lo cual, como se ve en el libro, es parte de los mecanismos naturales para frenar las células cancerosas). Ese reloj interno son los telómeros, estructuras de ADN que se encuentran en el ADN, y cuya longitud define cuánto tiempo de vida le queda a la célula. Los telómeros segregan la telomerasa, una proteina que alarga los telómeros y, por lo tanto, alarga la vida de la célula. Con el tiempo, los telómeros dejan de funcionar, con lo que la célula envejece y muere. La posible solución, inyectarle más telomerasa a la célula, resulta inviable, puesto que eso es exactamente lo que hacen las células cancerosas para asegurarse la inmortalidad.

Otra consecuencia del estrés oxidativo estiba en que dejan de producirse células madre; al no regenerarse éstas, el organismo parece tener los días contados. También se han identificado 25 genes relacionados con el envejecimiento.

Con todo este panorama, Macip nos presenta el envejecimiento como algo inevitable (al parecer, la alternativa, una célula que viva eternamente, es la misma definición del cáncer), pero es optimista. La gerociencia o biogerontología es una rama reciente de la medicina que se encarga del envejecimiento. Hay que saber distinguir entre envejecimiento y enfermedad. El objetivo a conseguir no es alargar al máximo la vida del individuo, sino mantenerlo en las mejores condiciones posibles; es la línea predominante en el estudio de la biogerontología. No obstante, estudiosos como Aubrey de Grey están convencido de que la inmortalidad es posible.

Esta cuestión suscita debates éticos, religiosos y, no menos importante, económicos: ¿puede el sector público asumir el coste de mantener a una población mayoritariamente pensionista y/o enferma crónica? ¿Habrá que alargar la vida laboral hasta los ochenta años y más allá? ¿Se harán insalvables las diferencias sociales?

Los estudios sobre la senescencia pueden ser cruciales. Ésta puede ser de dos tipos: prematura y replicativa. La segunda es la habitual en los organismos vivos, mientras que la primera se da en células jóvenes y se desarrolla para defenderse de las células malignas. En este caso, las células senescentes consumen una cantidad mínima de energía, casi en estado latente, a la espera de que la amenaza del cáncer haya desaparecido. Para la ciencia es todo un enigma averiguar por qué se el organismo se defiende haciendo envejecer prematuramente la célula, en vez de inducirla al suicidio (la apoptosis, que vimos en el capítulo 2). El ser humano, como cualquier animal, está diseñado genéticamente para tener un período reproductivo, pasado el cual deja de ser útil en términos de especie; tal vez por ello se active el envecimiento. No obstante, otras teorías van más lejos, y sostienen que el envecimiento es un efecto indeseado de la lucha contra el cáncer: en su deseo de impedir la proliferación de células peligrosas, el organismo activa un mecanismo de control que, no obstante, resulta demasiado efectivo: para evitar la aparición de células inmortales incontroladas, el organismo se va al extremo opuesto y activa la senescencia y, por lo tanto, la fecha de caducidad de la vida.

Estas teorías han despertado gran controversia en la comunidad científica, y algunos estudios en ratones demuestran que la proteína p53 puede controlar las células cancerosas sin que ello conlleve una aceleración del envejecimiento celular.

Al margen de estas cuestiones, la biogerontología está produciendo avances dignos de destacar. Las píldoras antiaging y las inyecciones con hormona del crecimiento tal vez no sean efectivas y terminen siendo prohibidas, y, anque las terapias antioxidantes y las inyecciones de células madre parecen estar proporcionando resultados razonables, éstos no son concluyentes. Esto nos deja abierta la esperanza de los tratamientos hormonales, la restricción calórica (que sostiene que el organismo está diseñado para gastar una cantidad determinada de energía a lo largo de la vida, lo que explica que los animales más longevos sean los que tienen el metabolismo más lento, como las tortugas, mientras que los de metabolismo rápido, como las musarañas, viven poco), la sirtunina y la insulina (que está vinculada con la cración de una proteína, IGF1, cuya disminución parece guardar relación con la activación de la senescencia).


ASPECTOS POSITIVOS

Inmortales y perfectos es un libro riguroso. Todos los datos científicos que presenta están contrastados. Macip se muestra escéptico con los tratamientos alternativos y es inflexible con los científicos charlatanes que han anunciado avances que luego se demostraron falsos e infundados. En todo momento opta por un estilo riguroso, serio y lleno de datos objetivos, lo que redunda en la credibilidad del libro.

El nivel de actualización de los datos es máximo, o al menos lo era en el momento de publicación del libro. Habla de los últimos descubrimientos y, no menos interesante, avanza las líneas de investigación que se están desarrollando en la biomedicina.

Está muy bien escrito. Aunque riguroso, en ningún momento se hace árido. Es un buen texto divulgativo, y la abundancia de ilustraciones, cuadros de texto, glosarios y resúmenes hace mucho más fácil retener y asimilar la abundante información que proporciona.

La estructura del libro es intachable. La introducción con términos médicos y biológicos clave tiene la extensión y el enfoque adecuados, y la división en cuatro grandes bloques temáticos que se pueden leer de manera independiente hace más amena la lectura.

El realismo y la sinceridad de que hace gala Macip redunda en beneficio de la credibilidad del libro. Frente a la gran cantidad de libros centrados en los aspectos más sensacionalistas o sentimentaloides (y comerciales) de la lucha contra el cáncer o los límites de la vida humana, Macip deja patente en todo momento que la investigación biomédica está ofreciendo grandes avances pero no puede prometer milagros; a fecha de hoy es imposible curar el cáncer, vivir ciento cincuenta años y clonar seres humanos.

Todo lo expuesto hace de Inmortales y perfectos un libro que puede ser leído por una parte del gran público (no necesariamente cualificada, dado que el libro es muy ameno y didáctico), aunque su profundidad tal vez asuste a muchos lectores. También puede funcionar entre alumnos de la rama biosanitaria del Bachillerato, así como de primeros cursos de medicina o biología. Sin alcanzar el nivel de profundidad de un libro de texto, expone de manera muy clara y convincente muchos de los conceptos fundamentales en el estudio de estas disciplinas.


ASPECTOS NEGATIVOS

El propio autor advierte de que los descubrimientos científicos en materías de genómica y oncología avanzan a gran velocidad, lo que pone fecha de caducidad a su ensayo. De hecho, recién aparecido Inmortales y perfectos, a comienzos de octubre de 2008, se ha producido un cambio notable en el campo de la genómica, la irrupción de una empresa interesada en explotar comercialmente el genoma humano no vinculada a James Watson ni a Craig Venter. Otra noticia relevante que se ha producido en las últimas semanas, y que viene a suponer un espaldarazo oficial a los puntos de vista expuestos por Macip, es la concesión del premio Nobel de medicina a los estudios científicos relacionados con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el virus del papiloma humano. La acumulación de experimentos y datos ofrecidos por el autor puede llegar a despistar al lector.

En términos comerciales esto supone que una hipotética edición por parte de Círculo de Lectores debería actualizarse de manera notable. Si el libro no se va a editar durante el primer bimestre de 2009 sería muy recomendable solicitarle una reescritura al autor, o a menos la elaboración de un apéndice en el que dé cuenta de los últimos avances que se han producido desde que entregó el libro a imprenta. Su vida comercial puede no ser muy dilatada, debido a la velocidad con la que se producen los descubrimientos en materia de biomedicina.

Pese a ser un libro ameno y estar escrito con un estilo asequible, puede resultar demasiado solemne o árido. No es un libro al alcance de cualquier lector, y, en ese sentido, es posible que ni siquiera los gráficos y esquemas ayuden a entender su contenido al lector poco disciplinado. Las dotes divulgativas de Macip son innegables, pero tal vez le falte la proximidad al lector necesaria para conectar con el gran público.

Tanto el título como el subtítulo pueden inducir a error a un grupo de lectores vinculados a lecturas de autoayuda, medicinas alternativas y temáticas similares. Dado que el libro es un apasionado alegato a favor de la medicina convencional y en contra de la charlatanería en general, es probable que todo este grupo de lectores se sienta engañado. A la inversa, una parte significativa de los lectores potenciales del libro podrían descartar su adquisición por considerarlo, precisamente, aquello contra lo que Macip intenta luchar. Sería conveniente, pues, explicar muy bien quién es el autor y qué mensaje transmite su libro.


VALOR LITERARIO

8,5

Es un texto divulgativo de primer nivel, muy bien escrito, muy claro, muy bien sintetizado y con momentos apasionantes, como la exposición de la carrera que Watson/Collins y Venter mantuvieron por secuenciar el genoma humano. Salvando las distancias, podría definirse como el equivalente en biomedicina a lo que en su momento supuso el Cosmos de Carl Sagan. Pese a todo lo dicho, el estilo de Macip peca en ocasiones de cierta rigidez y es demasiado frío y distante. Eso le puede impedir conectar con parte de los lectores.


VALOR COMERCIAL

7

Inmortales y perfectos tiene a su favor el título (muy llamativo, aunque, como comentábamos más arriba, puede despistar a más de un lector ajeno a su target natural), la coyuntura (el virus del papiloma humano y la investigación con las células madre están continuamente de actualidad), el interés que todos los asuntos relacionados con la biomedicina despiertan en el gran público, la preocupación creciente de los consumidores por su salud (y, en ese sentido, el libro ofrece algunos puntos de vista interesantes y valiosos) y una extensión adecuada. En contra tiene la escasa proyección pública del autor (algo que las estrategias de comunicación del libro podrían solucionar, por ejemplo, con alguna frase promocional de alguien más mediático, como el ministro Bernat Soria) y la temática excesivamente especializada (aunque hay un gran público lector de libros sobre medicina, salud, lucha contra el cáncer y cómo envejecer sanos, tal vez no haya tanto público para un ensayo especializado en biomedicina). Con una tirada reducida y un posicionamiento muy bien definido, el libro puede funcionar razonablemente bien; si se vende como lo que no es, funcionará mal.

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4 Comments:

Anonymous Pily B. said...

Vaya, es una pena si es un libro tan magnífico como lo describes... aunque también por lo que comentas, a mí me baja la moral cosa mala... que la medicina, por cuestiones de pasta, no sea capaz de terminar con esa jodida plaga, tan terrible... en fin, es patético, pero así es la vida. La pasta por delante... :-(

Por cierto, peacho post que te has marcado. ¡MADRE MÍA!

Besos medicinales!

6 de agosto de 2009, 10:24  
Blogger Juanma said...

¡Gracias, gracias! :-)

A mí me dio mucho miedo que el autor planteara, con la crudeza con la que lo hace, que si se alarga mucho la vida..., estoooo..., ¿quién va a pagar tantas pensiones? O eso, o habrá gente que, además de tener mucho dinero, viva mucho más, y el resto, a jodernos. Me da mucho miedo.

El libro es una pasada, y muy recomendable. Pero sí, hay que leerlo con la moral bien alta; si no, te fastidia el día.

Creo que es el informe en el que más me esforcé, aunque sabía que el libro no se podía publicar, por los motivos que explico en el informe.

¡Besooos!

6 de agosto de 2009, 10:28  
Blogger SM said...

Muchas gracias por tus comentarios! Es una crítica muy trabajada y completa, felicidades. Que me compararas con Sagan me ha emocionado ;-).

Me alegro de que te gustara el libro y fue una pena que Círculo no lo cogiera, porque creo que hubiera encontrado su público a pesar de los puntos que tu señalabas (con los que hay que decir que estoy en general de acuerdo).

2 de febrero de 2010, 18:33  
Blogger Juanma said...

SM, tu libro me pareció muy interesante (por la temática, y también por motivos personales) y fue un auténtico placer leerlo e informarlo.

Muchísimas gracias por comentar aquí. De verdad que me hace mucha ilusión.

Mucha suerte con Las grandes plagas modernas. Lo leeré con tanto interés como leí Inmortales y perfectos.

Abrazos.

3 de febrero de 2010, 18:23  

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