miércoles, 30 de diciembre de 2015

Reseña de la "HIstoria y antología de la ciencia ficción española" en Hélice

Despido el año con una reseña que me encanta haber escrito y publicado: la de la Historia y antología de la ciencia ficción española, editada por Julián Díez y Fernando Ángel Moreno y publicada por Cátedra en la colección Letras Populares. Ya había participado en la presentación del libro hace unos meses en la librería Gigamesh, pero los nuevos directores de Hélice, Mariano Martín Rodríguez y Mikel Peregrina, me pidieron que la reseñara para la fenomenal sección "Doble Hélice" (que, por cierto, se despide en este número) y accedí encantadísimo. Y ahí está, en el volumen II nº 5 de Hélice, que, como ya he dicho, inaugura etapa. Con un tocho de cinco mil palabras, pero bueno, lo de pasarse tres pueblos ya es consustancial a mis escritos cuando no me ponen límites de extensión.
Lo cierto es que, para ser una "Doble Hélice", tanto Mikel Peregrina como yo decimos cosas parecidas de la selección de Julián y Fernando, más académico y crítico él, más historicista y descriptivo yo, pero encuentro que ambas reseñas se complementan y se potencian, de modo que os recomiendo encarecidamente la lectura de ambas.
En cuanto al título de mi reseña, "Hasta aquí ha llegado el fandom. Ahora es el turno de los académicos", supongo que se puede aplicar tanto a la antología de Cátedra como a la propia revista Hélice. Por supuesto, explico los motivos en la reseña.
Dicho todo lo cual, os emplazo a la lectura de todo el número.
Felices fiestas y buen año.



kjj

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jueves, 24 de diciembre de 2015

Diez años de blog



Pues sí, aunque no se puede decir que lo actualice mucho, el caso es que este blog cumple diez años. Celebrémoslo, pues.
Pero antes, una reflexión.
Cuando lo abrí, la madrugada de Nochebuena de 2005, era un hervidero de ideas y entradas (hasta tres al día, nada menos), y mezclaba un poco de todo: la reflexión personal, los memes, las batallitas autobiográficas y el autobombo. Con el tiempo se me fue cortando el rollo en los tres primeros aspectos y quedó convertido en lo que es ahora: un recordatorio, de uvas a peras, de lo que voy publicando o de las presentaciones y los proyectos en las que participo. No lo cierro, ni creo que tenga por qué hacerlo, ya que cumple bien esa función de página web personal para vagos. ¿Debería migrarlo a Wordpress? Tal vez, pero no me apetece meterme esa currada. Más bien haré lo que he ido haciendo de manera inadvertida: ir limando o eliminando las entradas de carácter más personal y, con el tiempo, dejar nada más que las relacionadas con aspectos profesionales. No debería importarme, ya que ahora mismo la existencia del blog es meramente testimonial (la dejadez ha acarreado un descenso proporcional de visitas: antes tenía quinientas diarias, con picos de un par de miles, y ahora a duras penas supero la cincuentena, lo cual es lógico), pero tengo ese prurito de cariño que me impide cerrarlo, y además la constatación de que algunas entradas suelen ser consultadas con frecuencia, y eso ya es un indicador de que deben permanecer en la red, en este o en cualquier otro formato.
Decir que Instagram, Facebook, Twitter y demás redes sociales han matado la estrella de los blogs es una verdad de cajón, pero tampoco es excusa: al estupendísimo y también decenario blog de César Mallorquí me remito. Funciona porque César tiene cosas que decir, lo actualiza con frecuencia, no ha bajado ni el ritmo ni la intensidad y, creo que esto es importante, no se ha dispersado en otras redes sociales. No basta con decir que los blogs no chutan porque ahora se lleva la inmediatez. Chutan si quieres. Y, evidentemente, ahora no me apetece cascarme entradas de diez mil palabras contando mi vida. El formato con el que nació Pornografía Emocional ya no da más de sí, pero no por ello voy a cerrar el blog, aunque a veces deje pasar tres meses entre actualización y actualización.
Fin de la reflexión.
Ahora sí, celebrémoslo.
Me hago cargo de que no deben de quedar muchos lectores de la primera etapa del blog, aunque si lo releo por encima tampoco me da la impresión de que lo siguiente haya sido una etapa de decadencia manifiesta: hay entradas que han tenido muchas visitas, pero más por asuntos profesionales que personales. La verdad es que, estando en el punto en el que estoy, lo prefiero así. A fecha de hoy, les veo más utilidad a las entradas en las que comento cómo se hacen los informes de lectura o en qué consiste la tarea del corrector que a las otras (reconozco que muy bien escritas) en las que me lamentaba de lo chungo que nos los ponían nuestros caseros en el piso compartido o me explayaba con mis cuitas en la consulta del dentista. Y, por supuesto, me parece más razonable comentar según qué cosas en privado que en un blog. Por eso digo que, de manera inadvertida, estoy limando o retirando contenidos que, me temo, a estas alturas solo me interesan a mí, o ni eso, pero que no obstante se cuentan entre lo mejor que he escrito en mi vida, signifique eso lo que signifique.
Veo que, a pesar de que hubo un corte significativo hacia el segundo o tercer año de existencia de blog, hay cierta unidad en él, me parece que forma parte de un todo y no deja de reflejar las diferentes etapas existenciales que he atravesado, pues diez años dan para muchísimo. Como ya no intento ir de guay, ni le veo sentido intentar ir de pope o influencer (no tengo ni ganas ni creo que reflejos para reconvertirme en youtuber, podcaster o lector estrella de Goodreads), me limito a escribir lo que me pide el cuerpo cuando me lo pide el cuerpo, y da la casualidad de que lo que me pide el cuerpo es contar en qué ando y, de vez en cuando, soltarle algún piropo a Mireia por su cumpleaños, o hablar de alguna que otra historia personal, pero sin pasarse y siempre en el lado recatado de la pornografía emocional.
Dicho todo esto, ¿cuál es la mejor manera que se me ocurre de celebrar los diez primeros años de existencia de Pornografía Emocional?
Por más vueltas que le doy, solo se me ocurre esta: hablando de algunas entradas que me parecen significativas. No las más comentadas, ni las más extensas, sino las más significativas. 
Tampoco se trata de convertirlas en ninots indultats, porque puede que me cepille alguna de estas a medida que voy cribando. 
De hecho, ya lo hice: la entrada en la que hablaba de la muerte de mi madre está retirada del blog, y, después de leer su versión íntegra, hace no demasiado tiempo, me da la impresión de que es una de las dos o tres mejores que he escrito, y que justifica por sí sola la existencia del blog. Pero, a fecha de hoy, no le veo sentido a que aparezca publicada. Tal vez si el blog fuera por suscripción... (No me parece mala idea limitar determinados contenidos solo a suscriptores y dejar accesible el más profesional, pero en la práctica me obliga a funcionar como si tuviera dos blogs diferentes, y paso. Así se queda.)
Otra entrada que considero clave es la del final de mi etapa laboral en Gigamesh, ya que, a pesar de lo escueto del enunciado, los comentarios dieron para mucho. Gracias a ellos descubrí la cantidad de detractores y troles que te salen cuando te vienen mal dadas. Lo mejor es que a la mayoría de ellos no los he llegado a conocer ni en persona ni por correspondencia, como mucho por alguna interacción aislada en foros, o tal vez ni eso. Y, sin embargo, ahí estuvieron, haciendo buena la tendencia tan española a hacer leña del árbol caído. Años después estas cosas incluso me hacen gracia; total, sigo colaborando con Gigamesh, aunque como externo, mi relación personal con toda la panda es buena, y una historia laboral de hace nueve años me parece agua más que pasada. Pero esa entrada en concreto me sirvió para experimentar en carne propia el concepto de Schadenfreude, lo cual me parece positivo, por aquello de que lo que no te mata te hace más fuerte. Obviamente, no enlazo esa entrada por no alimentar troles de la década pasada, si los hubiere.
No puedo dejar de referirme a la que tal vez sea mi entrada favorita, la relativa a los problemillas con la caldera de mi antiguo piso compartido, por motivos de lo más variado que prefiero callarme. Y porque reconozco que eché el resto y dejé salir toda la rabia que había en mí y la convertí en algo creo que bonito. 
Hay una entrada que no vais a encontrar ni en la memoria caché, porque una llamada telefónica de un cliente me obligó a retirarla, y con razón: era material confidencial. ¿Por qué la publiqué? Pues porque otros clientes no me ponían objeción alguna a publicar ese tipo de material (un informe), ya que entendían que la autoría era mía. Pero, en aquel caso concreto, no: la autoría era del cliente. Por favor, leed bien los contratos, sobre todo si hay cláusulas de confidencialidad. Esto se solucionó con una llamada telefónica y la asunción del error y posterior retirada de la entrada. De no haber habido línea directísima, se habría saldado con la pérdida del cliente o, legislación actual en mano, incluso con el cierre del blog. Lo que me fastidió en aquel momento fue no haber sido un poco más pícaro: si le hubiera cambiado el formato, por ejemplo haciendo aparecer el informe como una reseña, con retoques mínimos, y no hubiera avisado del lugar de procedencia de la entrada, estoy seguro de que la habrían incluido en algún que otro dosier de prensa, porque estaba bastante por encima del nivel medio de lo que aparecía por la red. En fin, mi vena de pardillo me pierde.
Es lógico que las entradas que tienen una gran carga emocional se cuenten entre mis favoritas. Por eso no podría dejar de hablar de todas las relativas a mi boda con Cristina, la luna de miel en Irlanda y los pormenores de la despedida de solteros, material de mercadotecnia aparte. Y, por supuesto, de Mireia, así en general, como etiqueta en sí misma.
Con todo, creo que la utilidad del blog, a fecha de hoy, me viene por la vertiente profesional. Así que hay dos entradas que considero muy relevantes, ya que siguen recibiendo visitas y generan algún que otro intercambio de correos de vez en cuando: la entrada en la que hablo de los pormenores de los informes de lectura y la entrada en la que comento las vicisitudes de la labor de corrector
Pornografía Emocional también ha servido para difundir artículos o relatos míos. A medida que cerraban otras páginas y publicaciones se fue convirtiendo en la aldea gala donde resistían esos contenidos que ahora mismo solo se pueden leer aquí, y ese es principal motivo por el que no lo cierro. De todas esas entradas, y por motivos personales, creo que la más perdurable es la necrológica de Juan Carlos Planells, que de todos modos es uno de los contenidos a los que sí se puede acceder en su página de publicación original.
Una entrada a la que le tengo cariño es esta, en la que por un lado se me iba la pinza pero, por otro, considero como la muestra más fiel de lo que era el espíritu del blog en sus primeros tiempos. Y me da pie a lanzaros un reto: ¿recordáis vuestra primera vez... conmigo? Uy, cómo ha sonado eso. Bueno, leedla, en los comentarios se aclara.
He hablado de diez entradas, pero este es el décimo aniversario del blog y me gustaría hacer esto interactivo. Por eso aprovecho para lanzaros otro reto lúdico, si todavía hay alguien leyendo este blog y le apetece comentar: ¿hay alguna entrada en concreto de este blog que os llamara la atención o que os gustara de manera especial?
Pues nada. Pornografía Emocional cumple diez años y, aunque no sé yo si durará otros diez años, por aquí seguiremos leyéndonos. Un beso muy grandote.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Convocando al fantasma



Tengo unos cuantos motivos para sentirme contento con el año 2016 en lo que a creatividad se refiere. A los dos relatos que he escrito (uno, recién aparecido en Junto a la hoguera, y el otro, ya lo sabréis a su debido tiempo) tengo que añadir tres ensayos creo que de cierta entidad: el prólogo de Trece monos, de César Mallorquí; la reseña de la Historia y antología de ciencia ficción española, seleccionada y editada por Julián Díez y Fernando Ángel Moreno, que aparecerá un día de estos en Hélice, y el que nos ocupa en esta entrada.
El ensayo en cuestión se titula "Mirar al futuro para comprender el presente. Novela española contemporánea de ciencia ficción crítica", y aparece como colaboración entre Alberto García-Teresa y yo, aunque, en honor a la verdad, debo decir que Alberto ha redactado la mayor parte del texto, por lo que servidor debería aparecer en letra pequeñita, a un tamaño 8, y él a un 14. Cierto es que los debates previos acerca del criterio y los títulos que se iban a incluir fueron cosa de los dos, y que las menciones a los relatos son mías. En todo caso, es una obra en colaboración que aborda una temática creo que inédita en la historiografía sobre la ciencia ficción española: el flujo de la ideología (y, más en concreto, la ideología expresamente crítica y política) en las novelas de ciencia ficción publicadas desde 1990 para acá. ¿Os suena a distopía? Bueno, no exactamente. En realidad analizamos los usos y funciones ideológicos del género, constatamos la alarmante carencia de conciencia crítica en la CF española en general y en la del fandom en particular, y tomamos nota del repunte de esta temática hasta niveles propios de la época de la Transición (que no abordamos por motivos cronológicos). 
Puede que echéis en falta algún título. Si es así, lo más probable (aparte del mero descuido, que podría ser) es que lo hayamos desestimado por no se crítico en un sentido estricto. Estamos hablando de novelas que seguramente conozcáis (Salud mortal, de Gabriel Bermúdez Castillo; Consecuencias naturales, de Elia Barceló; Clara y la penumbra, de José Carlos Somoza; El cortafuegos y Su cara frente a mí, de Luis Ángel Cofiño; Mundo al revés, de Ángel Padilla; Cazadores de luz, de Martín Casariego, o Cenital, de Emilio Bueso), pero también de otras que deberían figurar en el canon del género en España pero apenas tuvieron repercusión en su momento, al menos en los medios especializados (El homóvil, de Jesús López Pacheco; Cero absoluto, de Javier Fernández; Gerotron 2050, de Juan Ibarrondo, o 2020, de Javier Moreno). En resumen, analizamos dieciocho novelas que constituyen el pequeño corpus de la literatura crítica y contestataria de la ciencia ficción española del último cuarto de siglo, y que merecen una relectura o un descubrimiento en condiciones, según los casos.
El ensayo aparece en un volumen colectivo que va más allá de lo interesante, y en cuyo sumario me enorgullece participar: Convocando al fantasma. Novela crítica en la España actual (David Becerra Mayor [coord.], Tierradenadie Ediciones, Ciempozuelos, 2015).
Como suele suceder con estas cosas, la respuesta entre el fandom ha sido nula (de hecho, me apuesto unas birras a que la mayoría os estáis enterando de su publicación justo ahora, mientras leéis esta entrada), pero está haciendo bastante ruido en medios críticos y no tan críticos. 
He aquí dos reseñas: una, en Público, y otra, en Todoliteratura.
Dicho lo cual, solo me queda emplazaros a la lectura del libro (fundamental si queréis seguirles la pista a autores como los mencionados en nuestro ensayo, pero también a Rafael Chirbes, Belén Gopegui, Isaac Rosa, Rafael Reig, Elvira Navarro o Fanny Rubio) y agradecerle la oportunidad a Alberto García-Teresa, con quien ha sido un placer colaborar, espero que no por primera vez.

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Calendario Frikitecaris 2016




Como todos los años por estas fechas, Frikitecaris lanza su calendario irreverente sobre tópicos del mundo bibliotecario. Para 2016 nos encontramos con una ocasión que no había que dejar escapar: Mario Vaquerizo se ha matriculado en Biblioteconomía y Documentación, después de confesar en numerosas entrevistas que su vocación profesional era el mundo de las bibliotecas. Como es evidente, quisimos homenajearlo y dedicarle nuestro calendario, creo que con buenos resultados.
Como siempre, el mérito es de la mente-colmena de Frikitecaris, pero Violeta y Jorge merecen una mención especial, por la estupenda maqueta.
La gracia, evidentemente, es que os lo descarguéis en vuestras bibliotecas.

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2016: EL AÑO EN QUE LA PROFESIÓN GANARÁ EN GLAMUR
Pues sí, queridos amiguitos frikitecarios. El año 2016 promete ser excepcional. No solo porque será un año bisiesto, es decir, con un día más para que los cenus vengan a torturarnos a las bibliotecas, sino también porque avanzará el proceso de aprendizaje de un joven padawan que ha decidido cursar estudios de Biblioteconomía y Documentación: ¡Mario Vaquerizo!
Desde los legendarios tiempos del bibliotecarius macizorrus no vivíamos tal estado de ensoñación ni se nos iba tanto el santo al cielo catalogando, tejuelando o imponiendo sanciones a los usuarios. Las bibliotecas dejarán de ser esos lugares grises y mortecinos que hacen buenos todos los tópicos, y se convertirán en un festival de luz, color y fiesta continua. El moño dará paso al cardado; el arqueo de cejas, al sugerente pasarse un dedo por los labios; las gafas de pasta, a las gafas de espejo, y la patada voladora, a la coreografía petarda. Las tejueladoras se convertirán en improvisados instrumentos de percusión; las desideratas, en partituras, y los pegajosos sofás de eskay de la sala de lectura de prensa, en mullidos sofás cubiertos de pieles de cebra o leopardo desde los que podremos ver, ración de berberechos y latita de Mahou en mano, a los becarios desfilando con carritos kitsch y dale que te pego con los ficheros manuales vintage.
Y todo ello gracias a la mera presencia de Mario. Nos ha hecho muy felices saber que quiere pertenecer a nuestro gremio, que se aventura por las azarosas sendas de la gestión de la información y que en el futuro será un bibliotecario de provecho que llenará su biblioteca de Nancys rubias.
Sálvanos, Mario, demuéstrale a la opinión pública que los bibliotecarios no tenemos el corazón de hielo y que sabemos llevar peluquitas y maquillarnos. Nuestro mejor regalo para 2016 eres tú.
Nancys Frikitecarias

Puedes acceder al calendario pinchando aquí o en la imagen de abajo.

Calendario Frikitecaris 2016

MANAGEMENT:
Cristina
PRODUCCIÓN Y MESA DE MEZCLAS:
Violeta
NANCYS FRIKITECARIAS SON:
Álvaro y Miriam
Amalia Trujillo
Cristina, Juanma y Mireia
Cristina Fernández Ostos
Jorge y Tofe
Maite Pinteño
Rosana Andreu
Ton Carcedo
Violeta
SALAS DE CONCIERTOS:
            Biblioteca de Cambrils (Cambrils, Tarragona)
            Biblioteca Javier Lapeña (Pinto, Madrid)
            Can Frikitejefa (Barcelona)
AGRADECIMIENTOS:
Cristina, Juanma y Mireia:
            Romà y Pilar (el asesoramiento estético y fondo de armario)
Cristina Fernández Ostos:
            Esther Ramos (fotografías)
Maite Pinteño:
            Rosa Ferrer
            Raquel Segura
Rosana Andreu:
            Biblioteca de Cambrils (localización)
Rosa Fusté, Maribel Moreno y Patricia Elorza (atrezo)
Tere Aubaó (fotografías)
Frikitecaris:
            Mario y Alaska, of course
Puedes seguirnos en:
y, por supuesto, en el blog: http://frikitecaris.blogspot.com.es/
© de los respectivos autores, 2016.
© Frikitecaris. Alzando la ceja, conquistando el mundo, 2016.
© Violeta, por el diseño y la maquetación, 2016.

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viernes, 18 de diciembre de 2015

Un cuento mío en el ebook "Junto a la hoguera"



Uno de los motivos por los que me abrí el blog fue el gusanillo de la escritura, que tenía abandonadísimo desde hacía años. La desidia, la vida muelle del piso compartido, el desbarajuste existencial, la desmotivación, el miedo escénico a no ser capaz de estar a la altura, la falta objetiva de tiempo y la priorización de las reseñas y ensayos conformaron una mezcla letal que me tuvo fuera de juego durante casi un decenio. Después comencé a asistir al taller literario de Jorge Zentner, del que ya he hablado en este blog, y, aparte de algún que otro relato ultracorto, apenas seguí con la ficción. Ensayo, sí, para dar y tomar, pero ¿ficción? Los ultracortos del taller de Jorge, alguna historia metarreferencial para el blog de Frikitecaris, una colección de tuits distópicos que se incluyeron en un divertido ebook colectivo, algún homenaje dickiano en mi blog... y poco más. Ficciones, sí, pero nada que pudiera entrar en la categoría de relatos concebidos y construidos como tales, con la finalidad expresa de aparecer publicados y perdurar. Al hacer balance sobre mis escritos, sí los considero ficción, pero... con la única excepción de #FutureNews, les faltaba algo para incluirlos en la misma categoría que "Tierra de venados", "Protégete de la onda expansiva de mi cerebro"  o "El hombre del Quinto Centenario": la existencia de un filtro, externo o interno, llamado edición. Eran cosas que no dependían de un criterio externo (un editor) ni interno (unos estándares de calidad): me salieron así, y los publiqué directamente, sin labor de edición. No los podía considerar relatos, en puridad, aunque sí fueran ficción. Me seguía faltando ese elemento que me parece definitivo: el filtro de un lector externo que lo cribe. Un editor. Un proyecto. Un medio. 
En ese sentido, siempre he dicho que no escribo ficción desde 1996, cuando rematé "Tierra de venados", y no me la publican desde el año 2000, cuando apareció "Protégete de la onda expansiva de mi cerebro". Siendo generosos, #FutureNews es de 2011 y podríamos considerarlo el fin de ese período de sequía creativa. Pero no dejaban de ser tuits reconvertidos en relatos efímeros. Nula planificación, nula intencionalidad literaria expresa. Seguía pareciéndome que no escribía ni publicaba nada desde el siglo pasado.
Este blog me vino muy bien para retomar la dinámica de escritura. Durante los dos primeros años me podía cascar una entrada de diez mil palabras en un par de días. Y, si las releo con atención, descubro que entran en el ámbito del transrealismo y esa indefinida línea que separa la ficción de la autobiografía, la novela de las memorias. Puede que sean más ficción de lo que me parece.
Y también está La Gran Novela del Fandom, claro, pero me quedé atascada en las primeras tres mil palabras. Y, para colmo, en realidad era el principio de otra novela que iba de otra cosa, se me salió de madre y empezó a pensar por su cuenta. Hasta las novelas me vacilaban.
Sí, he empezado a escribir ficción alguna que otra vez, pero no la remataba. Al respecto, toqué fondo hace año y pico, cuando recibí una oferta muy suculenta para un proyecto que me encantaba, pero llegó la fecha límite y solo tenía una quinta parte de la historia tal como la había concebido. Vale, se me volvió a ir de las manos, y en vez de un relato resultó que la cosa daba para novela corta. Pero, de todos modos, fue una derrota: no entregué, el libro apareció sin mi relato, y la cosa me desmoralizó un poco. No obstante, extraje varias lecturas positivas. Había vuelto a escribir. No lo hacía del todo mal. Al editor y al responsable del proyecto les gustó lo que llevaba escrito, y tenemos el compromiso de que si lo acabo y mantiene el nivel, me lo publican. Y así pasé de la desmoralización a la esperanza. No entregué, pero al menos me puse en marcha.
La cosa fue a mejor cuando recibi otra llamada para otro proyecto. Me columpié con la fecha de entrega, pero entregué, y al parecer no quedó mal. El libro saldrá de aquí a unos meses, y entonces podré ser más explícito. A esas alturas ya tenía la actitud y la moral correctas: me piden un relato y, aunque tarde, lo entrego, y encima parece que cumpliendo expectativas.
Así pues, metido ya en la dinámica de producir cuentos, y roto ya definitivamente el bloqueo de escritor, recibí otra llamada, esta vez de Noelia Montalbán (ya puedo dar nombres, y agradecer la confianza en público: ¡gracias por todo!), corresponsable de  Equinox junto con Tania Giménez, para solicitarme un relato. Aparecería en un ebook gratuito titulado Junto a la hoguera. Era una recopilación de relatos de terror con el paganismo como temática, y la nómina de colaboradores abarcaba casi todo el espectro geográfico global y casi todas las variantes posibles. Se descolgó gente, se añadió más, se creó una página de Facebook, se publicaron vídeos promocionales y, en definitiva, me columpié un poquiiiiito con la fecha de entrega pero entregué, y el libro se lanza al mercado mañana día 19 de diciembre. Aquí podéis ver la ficha en Lektu
¿Qué puedo contar de mi relato? Bueno, el ebook es gratuito: mejor os descargáis el libro y lo descubrís por vosotros mismos, porque no os va a costar nada, literalmente. 
Venga, vale, un par de comentarios. El relato se titula "Blanca como la arena" y es una revisitación de todas las historias protagonizadas por la Diosa Blanca que aparecen en novelas como La Atlántida, de Pierre Benoît, o el ciclo de Ayesha, de H. Rider Haggard. ¿Es, pues, un homenaje a la literatura juvenil y popular decimonónica? Pues no, aunque aparece. ¿Es una sublimación de las batallitas de mi padre cuando estaba destinado en el entonces llamado Sahara Español? Pues tampoco, aunque algo de eso hay. Leed el cuento (y, por supuesto, el resto del libro) y saldréis de dudas.


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