miércoles, 24 de diciembre de 2014

Nueve años

Hace nueve años, tal día como hoy y exactamente a esta hora, me dio por abrirme este blog. Está claro que lo tengo abandonadísimo y que ya nada volverá a ser como en los dos primeros años, pero me da cosa cerrarlo porque, al fin y al cabo, cumple su función de página web personal para vagos, donde cuelgo o doy noticia de las cosillas que voy publicando. Así pues, me puedo pasar seis meses sin actualizar o colgar contenidos tres o cuatro veces por semana, según me dé. 
Más que un motivo de celebración (he pasado de quinientas visitas diarias a cincuenta, lo cual va en paralelo con el abandono que sufre el blog), me apetecía dejar constancia de ello.
Cumpleaños feliz, y tal y cual.

martes, 23 de diciembre de 2014

Presente en "Presencia Humana"

Una de las sensaciones positivas con las que me quedo de este irregular año 2014 es el haber comenzado a colaborar con Presencia Humana Magazine (PHMgz, para abreviar). La primera noticia que tuve de ella fue la presentación de la antología Presencia Humana, editada por Aristas Martínez, en la hispacón QuartumCon de Quart de Poblet, ahora hace un año. Me sorprendió la buena hechura del producto, de esas que le llegan al corazoncito de alguien, como servidor, que echa mucho de menos las revistas en papel. También me permitió ser consciente (llevaba muchos años desconectado de las convenciones) de la irrupción de una nueva generación de autores, que se podrían llamar new weird, friksters o rarunos, según quién los defina, pero que definitivamente están en otra onda creadora diferente de la de los viejos dinosaurios de la década de 1990. La etiqueta que le ponían a aquella iniciativa era la de "nueva literatura extraña", que no deja de ser una traducción aséptica de lo que digo un poco más arriba. El hecho de coeditarla con Jot Down Magazine le daba cierta pátina de trascendencia: esto tenía el marchamo de calidad bendecida por el nuevo establishment, un tanto en la onda de los Reservoir Books que sacaba Mondadori hace quince años, cuando emergía una nueva generación de autores que ahora llamaríamos hipsters y que entonces eran un nuevo fandom circunscrito a una nueva sensibilidad por lo fantástico más conectada con lo que se hacía por Anglosajonia o Italia.
Esas eran mis reflexiones, seguramente erradas, cuando vi la primera entrega. Más tarde me enteré de que los pacenses Cisco Bellabestia y Sara Herculano, artífices de Aristas Martínez, le habían dado continuidad y la habían convertido en revista. Y no solo eso: ¡se pusieron en contacto conmigo para pedirme alguna sección fija! Me adjuntaban un ejemplar del número 2, para que evaluase si me interesaba sumarme al proyecto, y la cosa quedó clara desde el minuto 1: ¡por supuesto que me interesaba!


En primer lugar, por el concepto. ¡¡Una revista de papel!! No es que hayan dejado de salir revistas especializadas desde los tiempos de Gigamesh, pero ya me entendéis, no es lo mismo, me parecen todas poco arriesgadas y profundas, demasiado inmediatas, muy centradas en lo comercial y, definitivamente, sin el toque de marcianada y brindis al sol que vi al instante en PHMgz: esto es lo que nos mola hacer, y a quien no le guste, pues nada: esto es lo que hay.
En segundo lugar, por los contenidos. Los relatos eran irregulares, pero había relatos originales de ciencia ficción española, que además no tenían mucho que ver con la cf patria que yo estaba acostumbrado a leer. Como digo, me presentaban al nuevo fandom que se había ido cociendo durante los años en que había estado desconectado de revistas y convenciones, y en mi opinión podía ser un vehículo que canalizara todas estas inquietudes, les diera forma y presencia no solo humana sino también física. Me resultaba curioso ver a francotiradoras de toda la vida como Esther García Llovet compartir sumario con el nueve establishment editorial (Marian Womack) y valores en alza como Laura Fernández (¿la Javier Calvo o Agustín Fernández Mallo de la década de 2010?) o el Colectivo Juan de Madre (si "Las dos cárceles de Isidro Guzmán se hubiera publicado en Artifex sería finalista fijo de los Ignotus). La entrevista a Fata Libelli apuntaba en una dirección inequívoca: la revista se alinea con el polo creativo que está marcando el paso. Y el artículo de Layla Martínez directamente me dejó boquiabierto.
Y, en tercer lugar, por el diseño. PHMgz era una puta virguería desde el punto de vista de la maquetación, el sueño húmedo de cualquiera que haya hecho revistas. Esa manera de distinguir los contenidos de ficción (justificados a una columna, en un color) de los de no ficción (en bandera y dos columnas, en otro color), la manera de fundir las ilustraciones con los contenidos de modo que formen un todo en continuo diálogo, el cuidado por detalles como el no-editorial de las solapas o el aspecto unitario de cada número (un monográfico, de manera explícita o implícita, pero siempre con una temática más o menos común). En resumen, ahí veía yo de manera gráfica y verdaderamente brillante lo que, de manera intuitiva, estábamos intentando hacer en la tercera época de Gigamesh, en particular en los números 41 y 43.
Así pues, acepté encantado colaborar con ellos. No pude entregar a tiempo mi colaboración para el número 3 (empezábamos mal), pero me la aceptaron para el número 4 (empezábamos bien). Además, Cisco contactó conmigo para pedirme que colaborase con la presentación del número en Barcelona (la cosa seguía a mejor). Por desgracia, no me cuadró por horarios y no pudo ser, aunque Cisco y Sara, junto con Guillem López, tuvieron el detalle de acercarse a una cafetería de mi barrio para entregarme el número en persona y poder charlar con tranquilidad sobre lo divino y lo humano. Muy buena gente.


El número 4 les salió, de manera casi involuntaria, como una especie de monográfico sobre la infancia y adolescencia; de ahí el subtítulo "cucú trash" que ponen en la estupenda portada de Joan Cornellà. 
En la parte de no ficción (donde va mi colaboración, una reseña de El hombre sin rostro, de Luis Manuel Ruiz) brillan Layla Martínez (con una peculiar interpretación de Extraños eones, de Emilio Bueso, realizada Google Street View en mano), Víctor Nubla (con un monumental estudio sobre el rock en clave de ciencia ficción que habría pagado de mi bolsillo por publicar en Gigamesh, ya que andaba detrás de material como ese) y, sobre todo, Luis Gámez (otro de mis descubrimientos personales a raíz de la lectura de PHMgz), con su ensayo sobre el Guillver de Jonathan Swift, y Daniel Ausente, cuya sección o artículo por entregas "Gótico de suburbia" destripa con asombrosa erudición todas las conexiones entre ciencia ficción y contracultura californiana, desde Fritz Leiber hasta Philip K. Dick. Aquí va media papeleta mía de los próximos Ignotus.
La parte de ficción sigue siendo irregular, pero se aprecia una mejoría con respecto al número 2. Hay, en mi opinión, dos relatos notables: "Colmena", de Ismael Martínez Biurrun, que tiene un toque desasosegante y de american gothic realmente logrado; y "Volverás a Clarión", de Félix J. Palma, que juega, con su habitual socarronería, con los tópicos del submundo de los platilleros y los engarza sin estridencias con el más puro realismo cotidiano. Los otros relatos (Guillem López, Sofía Rhei, Óscar Gual, Sergi Puertas y Juan Francisco Ferré) son interesantes y merecen la pena.


Con esto llegamos al número 5, un especial Editorial Valdemar en el que me ha hecho mucha ilusión participar con mi ensayo "Paisaje con reptiles, andreidas y mujeres barbudas", un repaso más superficial de lo que me habría gustado a la obra ensayística de Pilar Pedraza. El fallecimiento del maestro José María Latorre apenas unos días antes de que el número saliera de imprenta (con un relato suyo, "En la muerte de Raquel") le da un tono justo de homenaje involuntario pero necesario.
La entrega de "Gótico de suburbia" de este número supera en interés a la del número anterior, con una disquisición sobre la influencia de la Primera Guerra Mundial en la cultura popular de entreguerras; son estremecedoras las analogías entre las mutilaciones de guerra y la estética de las películas de terror de Lon Chaney como El fantasma de la ópera
Los artículos de José María Nebreda y Jesús Palacios son una especie de making off de diferentes etapas de la historia de Valdemar, y harán las delicias de los completistas y fans de la editorial. El de Thomas Ligotti debe leerse como lo que es, una introducción de libro.
Con todo, la mejor simbiosis entre ensayo y relato es el mini especial Clark Asthon Smith, con un relato suyo y un ensayo de Luis Gámez sobre su obra que es en verdad lo más ambicioso que se ha publicado en España sobre el autor de Weird Tales.
Entre los relatos de ficción nacional, me quedo con "Grabación cuarenta y seis", de Jesús Cañadas (buena historia contada de manera no secuencial); "Hijos de Adán", de Ángel Luis Sucasas y, sobre todo, "¿Dónde vas, Alfonso XIII?", del Colectivo Juan de Madre, que le da una vuelta de tuerca al espinoso asunto de las películas pornográficas que producía el antepenúltimo rey borbón y lo lleva más allá de lo que hizo Juan Ramón Biedma en El imán y la brújula.


Además de los PHMgz, Cisco y Sara me entregaron su última novedad: ¡Pérfidas!, de Tamara Romero, que acaba de ganar el Ignotus al mejor cuento español de 2013 con "El aeropuerto del fin del mundo" y se está afianzando como una de las autoras que hay que tener en cuenta de la nueva ciencia ficción española. Hugo Camacho, de Orciny Books, ya me había contado que Tamara Romero había publicado su primera novela, Her Fingers, directamente en la prestigiosa editorial estadounidense Eraserhead, lo que en cierto modo es una muestra más de la tan traída y llevada fuga de cerebros de los jóvenes españoles: no solo se van a currar fuera, sino que además ni se plantean publicar aquí porque ya tienen donde publicar por allá.
Me acerqué a ¡Pérfidas! con la curiosidad de quien se espera algo parecido al Celebrities de Hulk Hogan protagonizado por Joaquín Reyes; en concreto, la parte en que Hulk Hogan se maravilla de que los luchadores salgan por ahí de copas, como buenos amigos, en vez de estar todo el día dándose de hostias sobre el cuadrilátero. El caso es que la cosa va por ahí, pero no. 
Estamos en una ciudad, Valtidia (una especie de México, D. F.), que vive por y para la lucha libre femenina, un espectáculo de masas que desata pasiones incontrolables. Hay dos grandes grupos de luchadoras, que se nos presentan casi con un componente de superheroínas Marvel: las Pérfidas, al frente de las cuales está la enigmática e invencible Magma, la luchadora volcánica que no se quita nunca su máscara en público, y las Lúcidas, sus archirrivales. Después de un triunfo sonadísimo de Magma y la consiguiente fiesta de celebración, secuestran por error a Mazas, que iba con una máscara de Magma. Un extraño locutor radiofónico, Ryder Alegría, que conduce un programa de veinticuatro horas en Radio Eterna, está empeñado en descubrir lo que sucede. Poco a poco se complica la trama, se entrecruzan los caminos de Ryder y su fiel acompañante Wah Wah, y asistimos a la catarsis personal de Magma y la aparición de un fantasma del pasado que deja la acción justo en un momento que está pidiendo a gritos una segunda parte.
Sin el tono descaradamente friki de otras novelas similares (estoy pensando en Xanto: Novelucha libre, que publicó el mexicano José Luis Zárate en 1994) ni el descaro mercadotécnico que gastaron Bernardo Fernández "Bef" y Pepe Rojo en la Semana Negra / hispacón / AsturCon del año 2000 (te vendían un lote con sus libros y una careta de luchador), Tamara Romero consigue una novela pirotécnica (tarantiniana, dice la crítica, y no seré quién para desmentirla), con el componente fantástico justo para considerarla en los márgenes del género (esa Wah Wah es una Campanilla un tanto peculiar) y un tercio final muy potente en el que efectúa un flashback descorazonador de una adolescencia malgastada en colegios de pago. La estructura me recordó un tanto a la de Dinámica de los cuerpos eléctricos, de Juan Sardá, que comenzaba con la pirotecnia y, una vez ganado al lector, entraba donde realmente quería: en el retrato del ambiente de los colegios pijos de la Barcelona de la Zona Alta. ¡Pérfidas! no va exactamente de eso, pero algo de eso he creído percibir: el cambio de registro es notable cuando llega a esa parte y, al igual que le sucedía a Sardá en su novela, el trazo se vuelve mucho más firme y seguro al abordarla.





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lunes, 22 de diciembre de 2014

El mapa del caos, de Félix J. Palma

Parece que, como si fuéramos personajes de un cuento de Félix J. Palma, mis destinos profesionales y los de Félix J. Palma se cruzan con cierta frecuencia. Si hace unos años realicé un informe de lectura de la primera entrega de la Trilogía Victoriana, El mapa del tiempo, para Círculo de Lectores (que podéis leer, de manera parcial, en esta entrada), a comienzos de año hice lo propio con la tercera y definitiva, El mapa del caos, para Fantascy, aunque al final acabó apareciendo bajo el sello Plaza & Janés. Amable y majamaja como es, Emi Lope no me ha puesto inconveniente para colgar ese informe en el blog, así que aprovecho esta entrada para hacer proselitismo de una de las mejores novelas fantásticas españolas del año, uno de esos libros que podéis regalar en Navidades sin temor a equivocaros (siempre que el regalado se haya leído las dos primeras, claro está). Elimino algunos párrafos relativos al destripe de la trama, por aquello de los spoilers (y los sustituyo por un [SPOILEEEEER] así de grande) pero, por lo demás, acá va el informe tal cual. Si veis que se me ha colado algún spoiler del copón, por favor avisadme y edito la entrada sobre la marcha. 
Que os guste.






TÍTULO: El mapa del caos
AUTOR: Félix J. Palma
NUM.PÁGINAS:  356 (el original)
EDITORIAL:
Nº registro libro:

- Resumen:
Estamos en un mundo alternativo, que equivale a finales del siglo xix. La ciencia lo domina todo gracias a la Iglesia del Conocimiento y su lema, “El caos es inexorable”. El universo tal como lo conocemos está a punto de desaparecer, y dos científicos eminentes, H. G. Wells y su profesor Charles Dodgson (nuestro Lewis Carroll) se enfrentan para defender el proyecto que mejores garantías ofrezca de salvar el universo. Gana Wells, sobre todo debido a su labia y su autocontrol (Dodgson es tartamudo e irascible), pero el tiempo demuestra que Dodgson tenía razón. Ambos unen esfuerzos para abrir un agujero de gusano que una este universo con otros que estén “sanos”, de modo que se pueda transitar por ellos para evacuar el universo moribundo. Por accidente tras experimentar con su mascota, Wells deja suelto por el universo un virus, el de la cronotenia, que acelerará el proceso de destrucción de todos los universos. En este momento descubrimos que estamos leyendo un relato de Jane, la mujer del H. G. Wells de nuestro universo, o eso creemos. Ella decide no dejárselo leer, pues entiende que el escritor famoso es su marido.
En el siguiente capítulo vemos al joven detective Cornelius Clayton, subalterno de una brigada de detectives de lo sobrenatural, que pierde un brazo en un aciago encuentro con una licántropa, Valerie de Bompard, de quien está perdidamente enamorado. Más tarde sus caminos se cruzarán, y descubriremos que ella está afectada por el virus de la cronotenia. La acción da un salto. Han pasado unos años, Clayton es un amargado consagrado a su trabajo y acude a una supuesta sesión de espiritismo para comprobar su veracidad. La sesión acaba con la desaparición de la señora Lansbury, la anciana que ha acogido la sesión: una fuerza terrible, el Villano (que es el hombre invisible de la novela homónima de Wells) quiere matarla, y ella acierta a darle a Clayton El mapa del caos, que es el objeto que busca su agresor. Le encarga su custodia, pues de él depende nada menos que el destino del universo.
Vemos también la existencia de una especie de policía temporal, al estilo del Gran Tiempo de Fritz Leiber, que resultan ser científicos del universo descrito en el prólogo, que no era una ficción de Jane Wells sino un universo real. Son viajeros de universo en universo, como los propios Wells, y tratan de recuperar El mapa del caos para salvar su universo, y para ponerlo fuera del alcance del Villano, que lo quiere usar en provecho propio. Cuentan además con unos cíborgs encargados de saltar de universo en universo buscando gente capaz de viajar a través de los universos interrelacionados que componen el metaverso: son los ejecutores. Uno de ellos tiene punto de vista propio, y sus andanzas confluyen con las de los Wells.
Hasta aquí llega la primera parte. En la segunda vemos a los Wells de nuestro universo. Herbert George ha hecho las paces con Gilliam Murray, el villano de El mapa del tiempo, que hizo el montaje de una falsa invasión marciana (narrada en El mapa del cielo) solo para conseguir la mano de su amada, Emma Harlow. Cree que fue Wells quien lo animó a hacerlo, cuando lo cierto es que él sigue despreciándolo por lo que hizo con el falso viaje al año 2000 que se describe en El mapa del tiempo. Tardamos toda la novela en saber que la carta dándole ánimos para conquistar a su amada la escribió [SPOILEEEEER].
Los Wells de nuestro universo interactúan con los del primer universo [SPOILEEEEEER].
La trama se complica con la irrupción del Hombre Invisible, que no es otro que [SPOILEEEER]. A medida que se acerca el fin del universo, los acontecimientos se desatan. Las acciones de los Wells de nuestro universo se cruzan con las de los Wells observadores, pero también con las de los personajes de sus obras, y con las de varios invitados de lujo: Lewis Carroll y Arthur Conan Doyle.
[SPOILEEEEEER.]
En el epílogo descubrimos la identidad del narrador de la trilogía victoriana, que no es otro que [PEDAZO DE SPOILEEEEEEEEEEEER].

- Trama:
Se nos muestran varias tramas superpuestas.
Los Wells, Herbert George (o Bertie) y su esposa Jane, ocupan varias de esas tramas, ya que se entremezclan los Wells de diferentes universos paralelos.
Por un lado tenemos los Wells observadores del universo en el que Bertie es un prominente biólogo al servicio de la Iglesia del Conocimiento. Son el auténtico hilo conductor no solo de la novela, sino también de la trilogía [SPOILEEEEER]. “El caos es inexorable” es un leitmotiv muy poderoso, que seguramente sea muy útil a efectos promocionales del libro.
También está el Wells de, digamos, nuestro universo, y cómo interactúa con Gilliam Murray, en un giro inesperado si se habían leído las dos novelas anteriores: ahora son amigos, mientras que antes eran enemigos irreconciliables. Esto produce momentos divertidos que, además, ayudan a poner en entredicho El mapa del tiempo y El mapa del cielo, lo cual es una de las premisas de El mapa del caos.
La trama del amor más allá de la muerte que protagonizan Murray y Emma le da un componente romántico y desgarrador a la novela, en lo que seguramente sea un guiño a los novelones romanticones decimonónicos.
Tenemos asimismo la trama de la búsqueda de El mapa del caos por parte del agente Clayton, y cómo busca además a Valeria. De hecho, Clayton se merecería un spin-off de la serie, ya que es en sí mismo un homenaje a todos los detectives de lo sobrenatural, muy abundantes en la literatura de finales del siglo xix (a William Hope Hodgson nos remitimos) y precursores a su manera de las actuales Buffy cazavampiros o Anita Blake.
Las subtramas de Arthur Conan Doyle y Lewis Carroll nos ofrecen interacciones con todos los protagonistas de las tramas ya enunciadas, ya que esta es una novela en la que todos los personajes y tramas se cruzan en algún momento (y, además, lo hacen con las novelas de H. G. Wells y con las dos novelas anteriores de la trilogía victoriana). No obstante, son secundarias: los protagonistas siguen siendo los Wells.
Mención aparte merecen los ejecutores y viajeros del tiempo, que le dan a la novela el tono sofisticado de ciencia ficción, además del nexo con las temática de universos paralelos y de catástrofes.

- Género:
Steampunk, en primer lugar. O fantasía victoriana. O ciencia ficción decimonónica. O ciencia ficción de homenaje a los clásicos del género. O retrofuturismo. Todas ellas son diferentes facetas de lo que, a grandes rasgos y de manera puede que simplista, solemos denominar steampunk. En esta novela están contenidos prácticamente todos los referentes literarios y extraliterarios que nos ayudan a entender el Londres del cambio de siglo.


Opinión del lector
   -Valoración literaria (de 1 a 10): 8,5
Félix J. Palma consigue rematar la trilogía victoriana con la mejor novela del conjunto.
Por un lado, ha madurado como novelista. Ya era un autor maduro de relatos, uno de los mejores de su generación, pero aún no había firmado ninguna novela auténticamente redonda. La hormiga que quiso ser astronauta y El amante de vidrio eran muy primerizas (no obstante lo cual se podrían reeditar), y tanto El mapa del tiempo como El mapa del cielo adolecían de altibajos en el ritmo y algunos defectos estructurales.
Esto nos lleva al segundo punto por el que considero El mapa del caos como la mejor novela de la trilogía victoriana (y, de hecho, la mejor novela de Palma). El ritmo y el tiempo interno de la narración están perfectamente medidos y estructurados. Se puede decir que no sobra ni falta nada. Es una novela irreprochable, comedida cuando tiene que serlo, excesiva cuando corresponde¸ y tan seria como divertida. El estilo, muy depurado (y, curiosamente, con demasiados catalanismos para venir de un autor sanluqueño: suponemos que los años que lleva residiendo en Sant Feliu de Guíxols se notan), es menos preciosista que el de sus relatos, pero funciona muy bien, consigue que la lectura sea fácil y gozosa y, en resumen, nos muestra un auténtico narrador muy cuidadoso y capaz de transmitir sensaciones.
El mapa del caos tiene un argumento alambicado y endiablado, pero consigue el extraño milagro de cerrar a la perfección todas las tramas de la trilogía. Podría decirse que Palma no deja ni un solo cabo suelto, lo que hace inexcusable la lectura de las dos novelas anteriores, ya que me atrevería a afirmar que copia y pega fragmentos de estas en los diálogos y descripciones de esta tercera. Las referencias internas se deben leer casi como un hipertexto (lo cual, por cierto, abre interesantes posibilidades lúdicas y creativas para la edición electrónica, casi a la manera de los libros en plan Vive Tu Propia Aventura): El mapa del caos está lleno de remisiones a El mapa del tiempo y El mapa del cielo, ayuda a explicarlas, las completa e incluso les da la coherencia que les faltaba en algunos momentos. Cierto es que el recurso a [SPOILEEEEEER] puede parecer muy arbitrario y sonar a deus ex machina (la explicación de la página 347 del manuscrito, aparte de convertir en fantasía una obra de ciencia ficción, parece bastante facilona), pero resulta innegable que consigue cerrar todas las tramas abiertas; en particular, las relacionadas con las posibles incoherencias del año 2000 de Salomón y Shackleton (véase El mapa del tiempo) o las de la invasión marciana de El mapa del cielo.
La trilogía victoriana es un homenaje literario a H. G. Wells y toda la corriente de la que beben el steampunk y demás retrofuturismos. En El mapa del caos, Palma va más allá que en las dos novelas anteriores, y no solo hace aparecer a Wells como protagonista(s), sino también a Arthur Conan Doyle  y Lewis Carroll, en papeles protagonistas, y al mucho menos conocido pero también interesante E. R. Eddison. Sin embargo, el empeño de Palma va en esta ocasión más allá del homenaje literario, y se convierte en una verdadera disección de la cultura popular decimonónica y, tal vez, en el libro de cabecera del movimiento steampunk. Las referencias, no obstante, no solo son literarias: también hay guiños frikis, muy bien encajados, como la prisión que Crookes le construye al Villano. Podría interpretarse como un homenaje al cómic de superhéroes, más X-Men que La Liga de los Caballeros Extraordinarios. El mapa del caos plasma en resultados tangibles toda esta voluntad de compendio de toda la cultura popular friki del siglo xix y de los homenajes más o menos posmodernos o más o menos historicistas que se le han hecho desde finales del siglo xx hasta estos comienzos de siglo xxi. Es, pues, una novela total, dotada de una fortísima y documentadísima carga teórica, sin que ello redunde en perjuicio de la lectura.

-Valoración comercial (de 1 a 10): 9
[...] Palma ha vendido la serie más allá de nuestras fronteras, ha sido traducido a varios idiomas, entre ellos el inglés, y la publicación está exenta de riesgo comercial. [...]
Por lo demás, la novela es un caramelito a efectos de promoción, ya que se presta a campañas de comunicación vistosas (la firma de ejemplares en la caseta de Gigamesh durante el Sant Jordi en que apareció El mapa del cielo fue prácticamente un cosplay o fiesta de disfraces victorianos), así como a planteamientos más intelectuales, historicistas o literarios. En todo caso, Palma sabrá defenderse a la perfección, ya que es un autor acostumbrado a defenderse en público, comedido y cordial, por lo que su presencia mediática durante la promoción de la novela puede ser muy interesante.
[...]


   -Comentario crítico:
Félix J. Palma ha escrito su mejor novela, más ambiciosa y completa que El mapa del tiempo y El mapa del cielo. Además, al ser menos extensa que las anteriores, la lectura es menos morosa: apenas hay paja ni altibajos (a las otras dos, en particular a la segunda, les sobraban algunas páginas), el ritmo se mantiene, la cantidad de referencias literarias y extraliterarias a la cultura decimonónica es asombrosa y, en fin, consigue escribir una novela de alta calidad literaria y dotada de un ritmo narrativo intenso y desenfadado. En resumen, es una muy buena novela muy bien escrita y muy entretenida. Palma se halla en plenitud de facultades narrativas, y alcanza un nivel de virtuosismo similar al de sus mejores relatos.
No menos importante que esto, consigue cerrar de manera más que coherente todas las tramas abiertas en las dos novelas anteriores, incluso uno de los aspectos más llamativos de ellas: quién era el entrañable narrador impertinente y metomentodo de estas novelas. Resulta llamativo que Palma no solo cierre todas las tramas de la trilogía, sino que además, en un ejercicio pasmoso de capacidad asociativa, consiga relacionar entre sí toda la obra de H. G. Wells y adaptarla al contexto de su trilogía (todo lo que pasa en novelas como La máquina del tiempo, La guerra de los mundos, El hombre invisible y La isla del doctor Moreau repercute en la trama de la trilogía victoriana, pero también se nos muestra por qué y para qué lo escribió Wells) e incluso nos ofrezca, a través del metaverso en el que transcurre la acción, explicaciones más o menos científicas de fenómenos como los fantasmas, las apariciones de ectoplasmas o la existencia del País de las Maravillas de Lewis Carroll. A través de los otros yo de H. G. Wells [SPOILEEEER] se urde un precioso alegato a favor de la imaginación y del hecho literario.
Sin embargo, es en este punto donde reside la objeción más importante a la novela, y que tal vez pueda sentarles peor a los lectores de ciencia ficción con callo. El universo del que proceden los H. G. Wells y Jane observadores no termina de funcionar, parece más la extensión del relato que está escribiendo Jane en los primeros capítulos (aunque luego descubriremos que es un universo real), y no deja de ser la imagen proyectada de la optimista ciencia ficción cientifista de finales del siglo xix; es un efecto buscado por Palma, evidentemente, pero no termina de funcionar ni de resultar creíble más allá del homenaje literario y el pastiche; en esa onda hay relatos más satisfactorios de Juan Miguel Aguilera, por ejemplo. Por otro lado, la explicación y resolución finales de los fenómenos que han sucedido a lo largo de la novela podría interpretarse como una falta absoluta de rigor científico, y hacer que los lectores más puristas la considerasen como fantasía encubierta o algún epíteto similar. El cierre tras la traca final deja cierto sabor agridulce, ya que parece un tanto precipitado [SPOILEEEEER]. No obstante ese pequeño altibajo, la resolución de la trama de Murray y Emma y, sobre todo, el epílogo en el que el narrador desvela su identidad consiguen que El mapa del caos deje un buen sabor de boca al terminar.
Otra objeción, menor, podría venir por los personajes secundarios. Aunque la historia de amor de Murray es entrañable y le da un cierre satisfactorio a la novela, cambia demasiado con respecto a las dos novelas anteriores, como si se tratara de un personaje diferente, lo cual hace que rechine en algunos momentos. Clayton podría tener mayor calado, así como el personaje de Valerie de Bompard. También se echa en falta un mayor desarrollo del personaje de Lewis Carroll en la segunda parte de la novela, que rompe el tono coral para centrarse en Jane y H. G. Wells.


   -Sensación epidérmica:
El mapa del caos es un libro fácil de leer pero difícil de asimilar, ya que contiene demasiadas referencias. Por  un lado tenemos multitud de referencias literarias e históricas; por otro lado, referencias cruzadas entre las novelas de H. G. Wells y las propias novelas de la trilogía victoriana. Hay que saber leer entre líneas y con mucha atención, porque muchos detalles relevantes pueden pasar desapercibidos.
Es difícil no pensar en algunos momentos que se está leyendo un intento de Félix J. Palma de escribir una tesis novelada sobre H. G. Wells, Lewis Carroll y Arthur Conan Doyle. La personalidad de Wells (y, sobre todo, de su mujer Jane) está más desarrollada que en los dos anteriores mapas, el del tiempo y el del cielo. Lo que antes parecía una excusa narrativa (hacer aparecer a Wells en dos tramas relacionadas con sendas novelas suyas, La máquina del tiempo y La guerra de los mundos) ahora es poco menos que una necesidad: las protagonistas no son El hombre invisible ni La isla del doctor Moreau, pese a que desempeñan un papel relevante, sino el propio H. G. Wells y su mujer; mejor dicho, la infinidad de H. G. y Jane Wells posibles. Los Wells son la novela. Los queremos como personajes (en mucha mayor medida que en las dos novelas anteriores, donde aparecían más desdibujados y con menos personalidad) y no podemos entender la novela sin entenderlos a ellos.
Me quedo con la sensación de que las referencias cruzadas a las novelas anteriores de la trilogía victoriana son tan abundantes que El mapa del caos no podría leerse ni entenderse si no se han leído El mapa del tiempo y El mapa del cielo. Es algo que debe tenerse en cuenta al lanzarla, ya que, sin ser estrictamente necesario, sí es conveniente habérselas leído. Por este motivo sería interesante reeditarlas [...] sin demasiada demora. 


   -¿Lo regalarías? (si es que sí, ¿a qué tipo de persona?)
Sí.
A cualquier amante de la literatura popular de la era victoriana; en particular, a los aficionados a H. G. Wells, Lewis Carroll y Arthur Conan Doyle, evidentemente.
A los aficionados al steampunk y demás retrofuturismos: por muchas objeciones que puedan ponerle a que es una aproximación efectuada desde fuera del movimiento steampunk, esta novela está llamada a ser uno de sus libros de cabecera, y tal vez la novela steampunk española más comentada y citada.
Los amantes de la temática de detectives de lo sobrenatural también podrían recibir esta novela con interés, debido al personaje de Clayton.
A los aficionados a la ciencia ficción y la fantasía españolas libres de prejuicios. La reciente concesión del Premio Ignotus a El mapa del cielo abre una vía interesante, el fandom o lector especializado, que siempre le había dado la espalda a Palma: sus cuentos eran muy valorados, pero nunca llegaron a ganar el Ignotus en ninguna de sus cinco candidaturas. Al concederle el Ignotus el año pasado por El mapa del cielo, que además es la novela anterior a El mapa del caos, parecen haber hecho las paces con él. Lo más seguro es que esto se deba a que el fandom se ha renovado, no a que los lectores de fanzines y revistas de hace quince años de repente hayan descubierto que Palma, a quien no valoraron lo suficiente como autor de relatos, es un más que buen novelista. En todo caso, ahora es un buen público objetivo para vender y regalar el libro (y, a poder ser, la trilogía victoriana entera).



- Comparación con otros autores / libros:
Por supuesto, las novelas originales de H. G. Wells que se mencionan a lo largo de la trilogía victoriana: La máquina del tiempo, La guerra de los mundos, El hombre invisible y La isla del doctor Moreau, e incluso La vida futura.
Las novelas de Alicia de Lewis Carroll.
Las novelas y relatos de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.
La serpiente Uróboros, de E. R. Eddison (que, como ya hemos dicho, se podría reeditar, dada su condición de clásico que lleva veinte años descatalogado).
El subgénero steampunk y el redescubrimiento de la literatura victoriana en general, sobre todo novelas como La máquina espacial, de Christopher Priest, o relatos como “Todo lo que un hombre puede imaginar” de Juan Miguel Aguilera, que hace con Julio Verne exactamente lo mismo que hace Félix J. Palma con H. G. Wells.  
La explicación sobre el funcionamiento del universo de los Wells observadores, así como la estética decimonónica victoriana de un universo que no es exactamente como el nuestro, recuerda vagamente a la que Philip Pullman ofrece en la trilogía La Materia Oscura.
El desquiciado tramo final, con la confusión y superposición de universos paralelos, podría recordar a Universo de locos, de Fredric Brown.
Las novelas, películas y series televisivas de detectives de lo sobrenatural, desde William Hope Hodgson hasta Buffy, cazavampiros.
No sé si es una impresión mía o algo premeditado, pero los ejecutores, tal como están descritos, se dan un aire al Terminator encarnado por Arnold Schwarzenegger.



- Público al que va dirigido: 
Steampunk y amantes de retrofuturismos varios y de la literatura victoriana. Se trata prácticamente de una tribu urbana, celebra sus propias convenciones pese a que tenga vínculos con el entorno del cómic o de la estética gótica y, en general, es un target muy evidente.
Habituales del sello Fantascy y de los títulos de género fantástico editados por Penguin Random House [...].
Amantes de la literatura popular del siglo xix y de los guiños literarios a autores de esa época.
Estudiosos de las vidas y obras de Wells, Carroll y Doyle.
Lectores de ciencia ficción en general.
Público juvenil en transición a lecturas adultas. Sería un nicho de mercado muy interesante al que enfocar la promoción del libro, ya que lo podría disfrutar de manera muy especial.

- ¿Lo publicarías?
Sí, sin duda. Es una muy buena novela.

[...]
Cuestiones particulares:
- Problemas de traducción/adaptación/edición:
[...]
Aunque no he detectado ninguna, cabe la posibilidad de que exista alguna contradicción o discrepancia entre lo que se cuenta en El mapa del caos y lo narrado en las dos novelas anteriores. No estaría de más efectuar una lectura de El mapa del tiempo y El mapa del cielo para buscarlas y asegurarse de que todos los nombres, grafías y situaciones aparecen unificados en la trilogía victoriana.


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viernes, 19 de diciembre de 2014

Yo sobreviví a las guerras del fandom: La conferencia

Elías M. Combarro (odo, para los frikis) cuelga en su actualización de hoy de Sense of Wonder un documento impresionante: la grabación de la conferencia sobre guerras frikis que pronuncié en la pasada hispacón de Montcada i Reixac (y cuya chuleta publiqué aquí en tres partes: una, dos y tres).



Entre que pasamos diez minutos sin que funcionara el micrófono y que al final voy embalado, no sé si se entenderá gran cosa, pero con esto os podéis hacer una idea de por dónde fueron los tiros.

A pasarlo bien.

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martes, 16 de diciembre de 2014

Frikitecalendario 2015

Copio y pego la entrada de hoy de Frikitecaris, el blog bibliotecario en el que también ando metido.


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Este año hemos sido infieles a nuestra costumbre de tocarnos las narices a dos manos y nos hemos sorprendido a nosotros mismos con esta pequeña maravilla, que ponemos a vuestra disposición para que lo imprimáis y colguéis en los lugares más visibles de vuestras respectivas bibliotecas y centros de trabajo.
¡¡Feliz 2015!!
 
(Nota: Frikitecaris aclara que ningún peluche, figurita, libro, disco ni película ha sufrido daños durante la confección de este calendario. Cualquier parecido entre las sesiones fotográficas de este calendario y una dura jornada laboral plagada de usuarios sedientos de conocimiento es pura coincidencia.)
Coordinación, carisma y correos electrónicos amenazadores con ofertas difíciles de rechazar (capisci?):
Cristina, alias Frikitejefa
Agradecimientos:
Este calendario habría sido imposible sin la razón de ser de Frikitecaris: la farra y los gin-to…, digoooo los libros y el material audiovisual que le dan sentido a nuestras nóminas de bibliotecarios, archiveros y documentalistas. Estamos en deuda con las siguientes personas y fabricantes, así como con los siguientes autores y las siguientes editoriales, discográficas y productoras cinematográficas, por fabricar y editar los peluches, muñequitos, libros, discos y películas que nos han servido de modelos, y sin cuyo conocimiento hemos podido realizar este calendario tan majomajo:
Anaya y Jonathan Swift, por Los viajes de Gulliver y la manera en que nos enseñó a inmovilizar a los cenutriousuarios más recalcitrantes
Astiberri y Bryan Talbot, por El cuento de una rata mala
Cahiers de Cinèma y Antoine de Baecque, por Tim Burton, que nos da motivos para seguir siendo unos señores muy respetables de taytantos años con alma de adolescentes
Disney, por El libro de la selva y Robin Hood
Dreamworks
Edelvives, Rudyard Kipling y Justine Brax, por Mogwli, a pesar de que nuestra experiencia de cara al público nos hace dudar de la existencia del Buen Salvaje que da título al libro
El Aleph y George Pelecanos, por Lo que fue
Espasa y Goethe, por Fausto, esa hermosa alegoría de lo que te puede pasar si no lees la letra pequeña de las normas de préstamo
Grup 62 y Sebastià Alzamora, por Dos amics de vint anys
Locomotive Music y Tierra Santa por Las mil y una noches, uno de esos discos disuarios que conviene tener a mano a la hora de cerrar la biblioteca. ¿Qué parte de «¡que sus larguéis, so pesados, que nos vamos pa casa!» no se entiende?
Mamá Pitufa Laura
Minotauro, Anthony Burguess y Stanley Kubrick, por La naranja mecánica
Norma y Neil Gaiman, por American Gods
Peluches Quirón
Planeta de Agostini y Jeffrey Brown, por Darth Vader e hijo y Darth Vader y su princesita, libros de cabecera para cualquier padre, padrino o tío frikitecario que se precie
Planeta y Rosella Calabrò, por Cincuenta sombras de Gregorio, el libro que intentamos colocarles siempre a los pobres usuarios para amenizarles la lista de espera interminable de Esa Trilogía
Playmobil
Plaza & Janés y Michael Crichton, por Rescate en el tiempo (1999-1357)
RBA y Jo Nesbo, por El muñeco de nieve
Seix Barral y Sam Savage, por Firmin, nuestro ratoncito de biblioteca favorito
Silvanian Families
T&B y Donald Spoto, por Alfred Hitchcock: La cara oculta del genio
Timun Mas y Sara Álvarez, por Operación Bikini con Gemma Mengual, a pesar del cruel contraste entre las fotos y nuestra triste realidad.
Cómo no, también querríamos dedicarle unas palabras de agradecimiento a:
Sant Jordi, ese auténtico trol que no obstante convirtió el rapto de una mayor de edad y el genocidio sistemático de fauna protegida (¡pobres dragoncitos!) en el día festivo más chuli para los de la profesión: ¡todos nuestros cenus nos dejan en paz y se van a darles la brasa a los libreros! ¡Larga vida a sant Jordi!
y, cómo no, a:
Michael C. Hall, por habernos dado al mítico Dexter y sus siempre interesantes técnicas de expurgo de usuarios,
y, por último y por supuesto que lo más importante:
a nuestro Bibliotecarius macizorrus de contraportada. ¿Quién dijo que no se puede ser bibliotecario y estar cañón? ¡Pero qué estilazo, señores!


Frikitecaris quisiera agradecer de manera muy especial la labor creativa y maquetadora de Lydia, sin quien este calendario solo sería una fantasía inconexa de sus perpetradores. ¡Gracias, guapísima!
Y ahora sí: podéis descargar el calendario aquí.
También accedéis al calendario pinchando la imagen:
Frikitecalendario 2015

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