martes, 1 de julio de 2014

Arrieritos somos, y en las urnas nos encontraremos

Una de las noticias del día (de hecho, bastante relegada o incluso ninguneada en las portadas) es que Rajoy va a impulsar medidas de "mejora democrática" que "está planteándose la ciudadanía", como por ejemplo reformar la ley electoral y la ley de régimen local (sí, esas que solo conoces si has opositado o te has presentado a algún cargo público) para establecer un sistema de elección directa de alcaldes: es decir, la lista más votada gobernaría directamente, sin necesidad de recurrir a los siempre engorrosos pactos postelectorales.

Dejando de lado el fondo de razón que pueda tener, y el que la medida en sí no es ni ilegal ni inconstitucional y se aplica en otros estados y, además, con todas las comillas que queráis, "facilita la gobernabilidad", está más que claro que lo que se busca es aferrarse desesperadamente al poder ahora que las perspectivas electorales del PP están bajo mínimos. (El PSOE ha dicho que está dispuesto a estudiar la propuesta, siempre que haya consenso entre todas las fuerzas políticas.) Con el sistema que propone Rajoy (que, ya digo, es democrático y sensato: moralmente, debería gobernar el más votado) podría darse la circunstancia de que el PP obtuviera la mayor cuota de poder municipal y provincial de la historia de la democracia (mayor incluso que en 2011, dada la fragmentación del voto de izquierda *a fecha de hoy*) aunque cosechara unos resultados similares a los de la AP de Manuel Fraga durante las mayorías absolutísimas de Felipe González.

También se ha planteado reducir el número de municipios, escudándose en la misma excusa de la "mejora democrática", y el fenómeno de la despoblación de muchas regiones del interior, que hace que el mapa municipal que manejamos en la actualidad tenga poco que ver con el que había hace casi cuarenta años, cuando volvió a haber elecciones municipales tras la vuelta de la democracia.

En otras circunstancias despacharía esta batería de propuestas con un exabrupto, acusando a Rajoy de estar poniendo en marcha un golpe de estado blando, con la connivencia del PSOE y presumiblemente PNV y CiU, para acabar sin miramientos con uno de los tres niveles del sistema electoral español, y añadiría que después vendrán medidas similares destinadas a cepillarse la representatividad en los escalones autonómico (véanse los repartos de diputados que se proponen para Castilla-La Mancha --diseñado ex profeso para dejar fuera del parlamento autonómico a IU, Podemos y UPyD incluso con el 10 por 100 de votos, y neutralizar las actuales ventajas del PSOE en las dos provincias más pobladas--, Galicia o la Comunidad Valenciana, o el hecho de que tanto UPyD como Vox y algunos sectores del PP llevan en sus agendas electorales cuestiones que está "planteándose la ciudadanía", como la supresión de las comunidades autónomas, escudándose en que son un gasto inasumible) y estatal (el mismo Rubalcaba es partidario de implantar un sistema como el alemán, y la Constitución, al establecer un límite de 400 diputados, permitiría medidas como regalarle 50 diputados adicionales a la lista más votada, como se hizo en Grecia tras las últimas elecciones).

El trasfondo está claro, con independencia de la validez de las excusas de "mejora democrática", "debates generados entre la ciudadanía" o "ahorro económico" en que se escuda Rajoy para lanzar estos globos sonda que, con su mayoría absoluta y la connivencia de la ejecutiva actual del PSOE (habrá que ver lo que hacen Madina o Sánchez), tienen ya poco de globos sonda porque acaban llevándose a cabo de manera invariable. Como mucho, se acaba rebajando su intensidad para facilitar su aprobación, después de lanzar el globo sonda en su versión más descerebrada, para contentar al ala dura; de ese modo se genera la sensación de que ha habido negociación y se están buscando el interés común y el centro político. Se palpa el final del régimen bipartidista, y la única manera "democrática" de salvar los muebles es modificar la ley electoral, forzando al máximo los límites que permite la Constitución, para perpetuarse en el poder; es más, para disponer de más poder que nunca con menos votos que nunca.

Ni que decir tiene que lo siguiente ya sería otro sistema, más parecido al de los estertores de la Restauración, los años de la dictadura de Primo de Rivera o la dictadura de Franco: supresión del poder municipal tal como existe en la actualidad, aduciendo situaciones de excepción, mediante la elección directa de alcaldes por la autoridad competente, la organización de elecciones ad hoc para refrendar a esos cargos públicos nombrados previamente a dedo por "Madrid" o "la capital" (al más puro estilo oligarquía y caciquismo finisecular), el afianzamiento de las diputaciones provinciales (una institución que no se elige directamente) o incluso la supresión o concentración de comunidades autónomas no históricas (la Constitución habla de "las Comunidades Autónomas que se constituyan"; o sea, no dice que sean obligatorias, por lo que se pueden suprimir o redistribuir sin que ello sea anticonstitucional).

Y todo esto es perfectamente constitucional, mientras no se toque el sufragio universal libre y directo (que está por ver si dura más allá de las próximas dos o tres legislaturas, yo lo dejo ahí). Y si no lo es, tenemos el Tribunal Constitucional para darle la razón al gobierno y decir que, por lo menos, no es anticonstitucional.

Como digo, hace tiempo que el gobierno del PP dejó de hacer globos sonda: dada la holgada mayoría absoluta de que dispone, y el poco tiempo que sabe le queda para disfrutarla, está empezando a hacer lo que dice que van a hacer, y total, cuenta con el apoyo implícito o explícito del PSOE, CiU y PNV, ya que estas medidas también pueden beneficiarlos. Además, la crisis actual del PSOE, y la presumible guerra interna que se avecina si Madina o Sánchez alcanzan la secretaría general sin generar consenso (¿podría manejar Madina una hipotética victoria si tiene Andalucía en contra?), facilitan la tarea. Y volvemos a lo mismo: un partido con unas expectativas de voto que, ahora mismo, no superan el 25 por 100 del 50 por 100 de los electores dispuestos a ir a votar (o sea, uno de cada ocho votantes potenciales, o uno de cada doce españoles), tendría la mayor cuota de poder de la historia de la democracia, hasta el extremo de subvertir y hacer irreconocible la democracia tal como la hemos conocido en las últimas décadas.

Pero claro, también hablamos de un PP herido de muerte en feudos como Madrid o la Comunidad Valenciana, embarcado en una pelea interna en Andalucía y arrinconado por C's y su inacción con respecto al referéndum del 9-N en Catalunya. A fecha de hoy es de suponer que el PP seguiría siendo la fuerza más votada en Madrid capital, ya que parte de una ventaja de casi treinta puntos con respecto al PSOE y resulta utópico pretender que PSOE, IU, Podemos y Equo hagan frente común y presenten una lista única...

... pero también hablamos de una situación en la que la suma de IU, Podemos y Equo/Compromís supera al PSOE en la Comunidad de Madrid o Valencia, y se queda a unos cinco puntos de un PP en caída libre, cuyos tradicionalmente disciplinados votantes tienen unas cuantas opciones donde elegir para expresar su descontento (UPyD, Vox o incluso C's); una situación en la que la crisis del PSOE no parece que vaya a romper para bien, con independencia de que haya o no haya escisiones; una situación en la que, por primera vez en lo que va de legislatura, y gracias a que aquellos 15M trajeron estas elecciones europeas, la inercia favorece a la izquierda y esta ha recuperado el optimismo y la iniciativa. A la vista de las dificultades que están produciéndose en Barcelona para que CUP e ICV se integren en un proyecto a priori viable como Guanyem Barcelona, yo ya no podría la mano en el fuego por que el Frente Amplio llegue a buen puerto, pero la posibilidad existe, quedan por delante diez meses muy intensos de conversaciones y puestas en común de proyectos y programas y, en fin, empiezo a ver probable e incluso posible que un hipotético Frente Amplio obtenga más votos, aunque sea uno solo, que el PP o el PSOE en algunas de las tradicionales plazas fuertes de estos, con lo que, si Rajoy llega a modificar la ley electoral y la ley de régimen local en la dirección que está planteando, en mayo de 2015 podría llevarse un zas en toda la boca. Que está difícil y que es harto probable que el PP se salga con la suya, por supuesto; que ya no es una utopía ni una perspectiva inevitable contra la que solo cabe cruzarnos de brazos y lamentarnos en redes sociales, pues también.

Así pues, amiguito Rajoy, te instamos a que consumes tu intento de golpe de estado blando diseñado ex profeso para perpetuarte en los ayuntamientos. Hace un año te habría dicho que eres un fascista que se acaba de cargar la democracia porque la descomposición del régimen va más rápido de lo que esperabas, que ya estás actuando contrarreloj, que de todos modos hay un par de líneas rojas que no vas a traspasar *durante esta legislatura* porque serían más perjudiciales que beneficiosas para tu partido y al fin y al cabo tu mayoría absoluta te permite mucho margen de acción (léase golpe de estado, gobierno de concentración con PSOE o gobierno tecnócrata), y que además las crisis que precipitan los finales de régimen suelen ser muy rápidas y los últimos que las ven venir son sus dirigentes.

Todo eso lo habría dicho hace un año, y me parece cierto. Sin embargo, ahora, vistas las perspectivas reales de Municipalia, Guanyem Barcelona y un posible Frente Amplio de cara a las elecciones municipales (y, más allá, generales) de 2015, lo único que se me ocurre es que sí, que habría que aceptar el reto aunque sea una cacicada impropia de un estado democrático, y una de las primeras leyes (y hay muchas) que habría que anular en caso de ganar las elecciones generales.

Venga, Rajoy, atrévete a cambiar la ley electoral y la ley de régimen local para que la lista más votada obtenga automáticamente la alcaldía. Con los pies en el suelo y con la cabeza fría, lo razonable es suponer que la apuesta te va a salir bien (para eso tienes la mayoría absoluta y manejas los tiempos y los resortes de poder), que vas a conservar un poder casi omnímodo en el ámbito municipal y que tu gurú Arriola tiene razón al recomendarte que des este paso ahora que te lo puedes permitir y el PSOE te va a apoyar porque lo tiene más jodido aún que tú para mantenerse en sus feudos.

Pero, quién sabe, a lo mejor te llevas unas cuantas sorpresas aunque la apuesta te salga bien en términos globales, y no solo en Madrid o Valencia capitales. ¿De qué te serviría gobernar en cuarenta capitales de provincia y dinamitar para siempre el sistema electoral local tal como lo conocemos si pierdes Madrid o Valencia? ¿Cómo convencerás a tus barones de que el PP lo tiene todo atado y bien atado a nivel local si Madrid, Barcelona y Valencia acaban, casualidades de la vida y de tu sistema electoral, con alcaldes de Podemos, Guanyem Barcelona o ERC y Compromís, respectivamente?

Arrieritos somos y en las urnas nos encontraremos.



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