viernes, 28 de diciembre de 2012

Aquellas sí que eran inocentadas

El Día de los Inocentes transcurre con mucho jijí y mucho jajá en las redes sociales, tal vez a la espera de lo que nos depare el último Consejo de Ministros del año. De hecho, inocentadas brillantes, de esas que hacen que no te lo puedas creer de buenas que son, solo he visto una, en un medio con el que colaboro, y ya, si eso, la enlazo cuando haya quedado suficientemente claro que es una inocentada. Por no joderle la gracia al invento, digo. Pero vamos, que no tengo palabras.
De hecho, me ha dado pie para enlazar los tiempos aquellos en que nos currábamos las inocentadas de manera colectiva, coral incluso. 
Supongo que algún día alguien (no necesariamente yo) le dedicará un estudio en profundidad a la página web Bibliópolis. Crítica en la red, que Luis G. Prado puso en marcha durante el cambio de milenio, y que marcó un antes y un después en la crítica literaria de género fantástico en Internet. Aparte de las columnas y reseñas habituales, el equipo de colaboradores, en el que me llena de orgullo y satisfacción decir que participé, también había espacio para el cachondeíto fino, y de este modo nació Biliópolis. Crítica sin red, la actualización del Día de los Inocentes del año 2000. Como es evidente, lo petamos, y el año siguiente también hubo actualización temática, aunque camuflada como una actualización más; de ahí que no os ofrezca enlace. Claro está, introdujimos novedades: si en el año 2000 cada colaborador se encargaba de su respectiva sección, en 2001 hicimos un crossover majo, de modo que Fulanito actualizara la sección de Zutanito, Zutanito la de Perenganito, y así sucesivamente, pero con referencias cruzadas. El resultado fue mucho más currado, ya que en vez de ir cada uno a la suya había cierto, digamos, "universo referencial".
Pues bien, procedo a desclasificar las dos inocentadas literarias más elaboradas en las que he participado.
La del año 2000 era una vuelta de tuerca sobre la columna Mentidero 5, que glosaba cotilleos sobre el fándom con un nivel de detalle y cafrería que, vistos ahora, me parecen escandalosos e inconscientes a partes iguales. ¿De verdad tuve las narices de escribir todo aquello? Me dejé unas cuantas batallitas en el tintero porque, al pasar a dirigir la revista Gigamesh, dejé la sección (encontraba cierta incompatibilidad estructural, por así decir), y al fin y al cabo no llegué a hablar de los tres asuntos más controvertidos (Gigamesh, BEM y la AEFCFyT, porque, según mi razonamiento de aquella época, no quería perder el empleo, ni que me partieran la boca, ni que me declararan persona non grata en el mundillo, respectivamente), pero vamos, creo que dejé por escrito un buen caudal de anécdotas que, evidentemente, acabarán sirviendo de base para esa Gran Novela Sobre El Fándom que sé que algún año de estos terminaré por escribir (y que, de hecho, ya he empezado, aunque esa es otra historia).
A lo que iba: para aquella inocentada me inventé un fanzine, Belzagor, que venía a ser el reflejo chungo del fándom desde finales de los años sesenta hasta el cambio del milenio, una especie de Forrest Gump literario o gemelo malvado de Nueva Dimensión que, pese a que se me fue bastante la pinza, podría haber sido real. La entrada entera está aquí, pinchando sobre este enlace, y a continuación reproduzco los primeros parrafillos, para que veais un poco de qué iba el tema. 

Cuando se escribe la historia de las publicaciones del fandom, se tiende a seguir una especie de línea recta en la cual sólo caben las más directamente comprometidas con el mundillo, aquellos fanzines y revistas puramente metafandomíticos, y tiende a obviarse una inmensa corriente, en absoluto desdeñable, de heroicas aventuras desarrolladas -al menos en lo relativo a los años setenta- al margen de las emblemáticas Nueva Dimensión, Kandama o Fan de Fantasía. Se olvida, por ejemplo, que el auténtico récord de supervivencia y números aparecidos de una publicación no lo ostenta Nueva Dimensión, sino Belzagor, el fanzine (semiprozine, más bien) del que vamos a hablar a continuación.
Y es una lástima, porque Belzagor fue, hablando en términos de calidad-cantidad, la mejor publicación que ha existido jamás en el panorama cienciaficcionero patrio. Sin embargo, una serie de circunstancias la han relegado a un olvido, creo yo que interesado, un ninguneo concienzudo y absolutamente injustificado, como si el hecho de haber funcionado durante veintisiete años y doscientos seis números al margen de la corriente principal de opinión del fandom madrileño-barcelonés hubiese sido un pecado mortal absolutamente imperdonable, causa de la pérdida de la Gracia Divina y, repito, un olvido sistemático que se traduce incluso en la práctica ausencia de documentos escritos que acrediten su existencia. En efecto, encontrar un número suelto de Belzagor es una tarea prácticamente imposible, y más aún en los cauces habituales. Consultadas al efecto librerías como Gigamesh, Arte 9 o Miraguano, lo más que ha conseguido este cronista de las miserias fandomíticas han sido airados o despectivos comentarios o, simplemente, un incómodo silencio, por no decir que un delator cambio de tema, con mirada hacia otro lado incluida. Definitivamente, Belzagor es el grano en el culo del actual fandom español, se pregunte a quien se pregunte, y tal vez se trate de la única cuestión en la que las guerritas del fandom quedan arrinconadas y la unanimidad es total. Haced la prueba en la próxima HispaCon a la que asistáis, venga, intentadlo.
El caso es que esta unanimidad resulta comprensible. Envidia cochina, queridos lectores, eso es lo que le sucede al fandom, incapaz de asumir que la publicación más brillante de toda la historia de la cf española no sólo no le debe nada al fandom sino que se le adelantó en prácticamente todos los logros y avances que éste ha ido consiguiendo a lo largo de los años.
Nace Belzagor en enero de 1973, por obra y gracia de dos activos aficionados, sumidos hoy en el olvido más ignominioso: Fernando Torque Sánchez (Alba de Tormes, 1942) y María del Pilar de Andrade y Mendoza (Ferrol, 1942). Licenciados en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, donde descubren la ciencia-ficción gracias a un seminario sobre "Otredad y cristianismo en la Saga de los Aznar" impartido por Gonzalo Torrente Ballester y Enrique Miret Magdalena, ambos habían frecuentado las reuniones del mítico CLA (Círculo de Lectores de Anticipación, la primera asociación española dedicada a la ciencia-ficción) e intervenido de manera activa en la organización de la primera HispaCon,
Fernando Torque y Pilar de Andrade en la HispaCon '69 la de Barcelona ´69. De hecho, el único documento gráfico en el que tenemos constancia (algo borrosa, eso sí) de su existencia es una fotografía tomada durante la representación, en el transcurso de aquel evento, de la obra teatral Sodomáquina de Carlo Frabetti. Habían contraído matrimonio en Ferrol el 31 de enero de 1967, celebran sus nupcias con un viaje por los Estados Unidos en el que conocen (de obra y en persona) a buena parte de los más influyentes (y completamente inaccesibles en España por aquella época) autores norteamericanos contemporáneos (Charles Bukowski, William Burroughs, Thomas Pynchon), se empapan de la ciencia-ficción rupturista que por aquella época invade el género (testigos privilegiados del nacimiento de la New Wave) y, en definitiva, fruto de su unión nacerán Pilar (1967) y Teodoro (1969). Con respecto a este último existe una anécdota ciertamente jugosa. El retoño recibe este nombre en claro homenaje al autor estadounidense Theodore Sturgeon, aunque ellos siempre comentaron (en el editorial de Belzagor nº 2, por ejemplo), no se sabe si en serio o en broma, que su deseo era llamarle Michaelmoorcock de Jesús y de Todos los Santos, pero el párroco, el Padre Usillos, amenazó con excomulgarles, no obstante lo cual consintió en que se le impusiesen, además, los nombres de Miguel (por Moorcock) y, cómo no, Roberto (por Robert Silverberg). He intentado confirmar este extremo, pero, puesto en contacto con el Obispado de Salamanca, sólo acertaron a informarme del trágico fallecimiento del Padre Usillos y del hecho de que las partidas bautismales de Pilar y Teodoro ardieron a causa de un cortocircuito producido en las dependencias del Archivo Parroquial.


En 2001 nos preocupaba que la fórmula de Biliópolis se echara a perder si la repetíamos, de modo que cambiamos de tercio y camuflamos la inocentada en una actualización normal. Hice crossover con la sección Cosecha Roja, de modo que me inventé una Cosecha Rosa, y una historia bastante delirante en la que venía a demostrar, con pruebas, que Boris Vian fue en realidad un seudónimo, una tapadera y un hombre de paja de Victoria Holt, la escritora de novela romántica. Tal vez no quedó tan redonda como la del año anterior, pero el nivel de delirio era incluso más elevado. Aquí está en enlace, y aquí copio y pego los primeros párrafos.

De entre todos los episodios oscuros que podemos encontrar a lo largo de la historia de la novela negra, sin duda el misterio que envuelve a las motivaciones de la escritora británica Eleanor Alicia Burford Hibberts se lleva la palma. ¿Qué pudo llevar a una autora de renombre mundial a obrar como obró, aun a riesgo de su credibilidad, tan sólo para probar suerte en un género en el que, sin duda y perseverando, muy bien hubiera podido darnos grandes obras maestras sin recurrir a estratagemas tan enrevesadas? Nunca lo sabremos. Afortunadamente, nos queda su ingente obra, repartida entre los géneros histórico, policíaco, fantástico y, cómo no, romántico.
Es poco lo que sabemos de Eleanor Burford, excepto que nació en Londres en una fecha indeterminada entre 1906 y 1910 (¡nunca se dice la edad exacta de una dama!) y falleció el 18 de enero de 1993 a bordo de un crucero que cubría la ruta entre Grecia y Egipto. Publicó más de doscientas novelas, con múltiples seudónimos, lo cual nos puede dar una pista acerca del porqué de su comportamiento. Aunque siente a temprana edad la vocación literaria, hasta 1947 no consigue publicar Más allá de las montañas azules, bajo el seudónimo “Jean Plaidy”, con el que escribiría novelas históricas tan relevantes como Castille for Isabelle, Isabella and Ferdinand, Las cortes del amor y Madame du Barry. Las biografías oficiales saltan de esta fecha hasta 1960, en que su agente en los Estados Unidos le sugiere que se adentre en el género rosa (con Amante de Mellyn), al cual regala auténticas obras maestras como Arenas movedizas, El amante diabólico, La leyenda de la séptima virgen, La mujer secreta o Ambición mortal, todas ellas reseñadas en términos sumamente elogiosos en Las 100 mejores novelas rosa del siglo XX; bueno, y las 15 mejores novelas españolas, que en realidad son casi todas antologías, pero en fin, ya nos entendemos  (Varios autores, La Factoría de Ideas, 2001), Literatura romántica: las 100 mejores novelas escritas por mis compadres británicos (David Pringle, en Minotauro, 1990) y Ciencia-pasión hard: guía de posturas (Miquel Barceló, Ediciones B, 1990, cuya reedición, anunciada como inminente desde tiempos inmemoriales, no sabemos ya si esperar sentados, o cómo). Particularmente destacables son La confesión de la reina, de 1968, una biografía bastante fiel de María Antonieta, y sus llamémosles continuaciones: El jinete del diablo (1977) y La isla del Paraíso (1985), todas ellas ambientadas en un siglo XVIII que, reconozcámoslo, debe mucho más al Chloderlos de Laclos de Las relaciones peligrosas y al Marqués de Sade de Justine que a la pléyade de mediocridades tipo Danielle Steel que han venido a manchar de manera irremediable la imagen de un género por lo demás tan respetable como el policíaco o el fantástico. (Léase al respecto el polémico artículo de Barbara Cartland “Victoria Holt: una visionaria entre chulop*t*s”, en Gigaflesh nº7.) Además de los ya citados seudónimos, Eleanor Hibbert publicó como Philippa Carr (a partir de El milagro de San Bruno, 1972), así como Elbur Ford, Kathleen Kellow, Ellalice Tate y, cómo no, su nombre de soltera, Eleanor Burford.
El caso es que en 1946, tan sólo una año antes de ver publicada su primera novela, Eleanor se encuentra en una encrucijada: tiene más o menos encarrilada su carrera literaria, en la vertiente histórica, pero le apetece escribir, a partes iguales, género policíaco y romántico. Para buscar inspiración viaja a Francia, que por aquel entonces es un hervidero cultural e intelectual. La sociedad parisiense de los meses posteriores a la Liberación acoge con los brazos abiertos a músicos de jazz, escritores de novela policíaca, aprendices de filósofos existencialistas... El Boulevard Saint-Germain, en el corazón del Barrio Latino, es el epicentro de una de las mayores revoluciones jamás vividas por la cultura popular. La divina “rive gauche” recupera el esplendor de los años veinte, cuando la “lost generation” campaba por sus respetos, cuando Gertrude Stein o Ernest Hemingway consiguieron el pequeño milagro de escribir, desde París, algunas de las obras maestras de la literatura estadounidense.
Eleanor Burford alquila una azotea en las inmediaciones de la Sorbona, frecuenta conciertos de jazz (apadrinada por Louis Armstrong, aprende a tocar la trompeta) y urde una novela romántica que siempre consideró como la cumbre de su narrativa: The Foam of the Days. En ella se narra una historia de amor urbano y adolescente, que adquiere sus mayores componentes folletinescos cuando la chica enferma gravemente, una enfermedad que es tratada con un toque entre surrealista y arrebatado muy del gusto de los gustos imperantes en aquel París en reconstrucción: Raymond Queneau y Alfred Jarry se manifiestan como las principales influencias de Eleanor, quien contacta con varias editoriales, sin éxito. Debido a los sucesivos rechazos, se inventa el seudónimo “Victoria Holt”, pero ello tampoco le sirve de mucho. Desanimada, da su brazo a torcer, al mismo tiempo que descubre las posibilidades del hard-boiled, género al que, entre clase de trompeta y clase de trompeta, consagra todos sus esfuerzos. La crudeza de I’ll Spit On Your Grave, una historia de venganza racial ambientada en un Profundo Sur con ecos tanto de Jim Thompson como de William Faulkner, es una buena muestra del giro que Eleanor imprime a su carrera. Concebida en principio como una novela romántica estructurada en torno al idilio imposible entre un chicarrón albino y una joven blanca de buena familia, y de cómo este chicarrón se hace pasar por blanco, deviene en una sangrienta sucesión de episodios violentos, con sexo explícito y escenas que, pese a la tolerancia del París de la inmediata posguerra, resultaban definitivamente impublicables.

Lo dicho. Que las disfrutéis tanto como las disfrutaron los frikis cuando aparecieron.

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lunes, 24 de diciembre de 2012

Siete años

Tal día como hoy, hace siete años, y exactamente a esta hora, cedí a las presiones de mi entorno (léase: Álex) y me abrí este blog.
Bueno, en realidad la cosa fue un poco más compleja. Yo ya llevaba un tiempo haciendo acopio de entradas (en particular, me pasé todo el puente de la Constitución de 2005 escribiéndolas como loco), y en un momento de debilidad, durante unas Navidades en casa de mi madre en Madrid, encontré un ratito para crearme el blog y colgar nada menos que tres entradas en un solo día. Comparad con el "frenético" ritmo que llevo en los últimos años, actualizando, si acaso, cada dos meses.
Han pasado muchas cosas desde entonces (varios pisos compartidos, algún bandazo laboral, un matrimonio, una hija, las muertes de mis padres...), y debo confesar que el rollito de la pornografía emocional por la pornografía emocional ya no me atrae lo más mínimo, pero me da pena darle matarile al blog así como así, ya que me ha supuesto grandes satisfacciones y grandes disgustos personales y paraprofesionales a partes iguales, algunas de sus entradas son de lo mejorcito que he escrito o voy a escribir jamás (tengo preferencias, claro está, pero eso me lo guardo para mí), es parte de mi vida y, aunque ya no es lo mismo que antes, por lo menos es, que no es poco. Ya casi ni me paso por Twitter, Facebook me cansa cada vez más, no sé por qué no me he borrado de Google +, solo me acuerdo de Spotify cuando algún usuario a quien ni siquiera conozco se suscribe a alguna de mis listas de reproducción, a LinkedIn ni me acerco y, en resumen, entre la paternidad y el recato que me ha entrado en los últimos años, cada vez me doy menos a las redes sociales y aplicaciones varias (¡pero si no tengo ni WhatsApp!). Aun así, el blog es un valor seguro. Errático, con los comentarios capados en la mitad de las entradas (porque para qué: ya no comenta casi nadie) y todo lo que queráis, pero seguro al fin y al cabo. Se salva de la quema porque es un fin en sí mismo.
Así pues, aquí andamos, de cumpleaños bloguero. Siete años, quinientas diez entradas y muchísimas cosas, personas y proyectos después. Así pues, soplemos las siete velas virtuales y deseémosle una larga vida, con independencia de si esta es prolífica o no.

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sábado, 22 de diciembre de 2012

Cuando despertamos del apocalipsis maya, el mundo real todavía estaba allí


El texto que mejor refleja el estado de ánimo de toda la gente que esperó el fin del mundo hasta las 23.59.59 del 21 de diciembre, y la cara que se les puso cuando comenzó el día 22 y el mundo real y los recortes todavía estaban aquí. Cómo no, es del maestro Philip K. Dick.

Every day that passed put me into a greater state of excitement. Toward the end of the month I was hardly sleeping at all.
When April twenty-third arrived I woke up while it was still dark. I lay in bed awhile, so keyed-up that I could barely stand it. Then at five-thirty a.m. I got out of bed and got dressed and ate breakfast. All I could get down was a bowl of Wheat Chex, incidently. And a dish of apple sauce. I lit a fire in the fireplace in the living room and then I began walking around the house. I didn't know exactly where Charley would first be seen, so I tried to cover every part of the house, be in each room at least once every fifteen minutes.
By noon I was so conscious of him that I kept turning my head and catching a glimpse of him out of the corner of my eye. But at two o'clock I had a distinct feeling of let-down. I had a cheese sandwich and a glass of milk and that made me feel better, but the sense of his presence did not become any stronger.
When six o'clock came, and he still hadn't come back to life, I began to become uneasy. So I telephoned Mrs. Hambro.
"Hello," she said, in that hoarse voice.
I said, "This is Jack Seville." (What I meant, of course, was Jack Isidore.) "I wondered if you'd noticed anything definitive."
"We're meditating," she said. "I thought you would be with us. Didn't you catch our telepathic message?"
"When was it sent out?" I asked.
"Two days ago," she said. "At midnight, when the lines are Strongest."
"I didn't get it," I said in agitation. "Anyhow, I have to be over here at the house. I'm waiting for Charley Hume to come back to life."
"Well, I think you should be here," she said, and I noticed a real hint of crossness in her voice. "There may be a good reason why we aren't getting the expected results."
"You mean, it's my fault?" I demanded. "Because I'm not there?"
"There has to be some reason," she said. "I don't see why you have to stay there and wait for that particular person to come back to life."
We argued awhile, and then hung up with less than the most amiable feelings. Again I began pacing around the house, looking this time into every closet, in case he returned and found himself shut in where he couldn't get out.
At eleven-thirty that evening I was really getting worried. I again telephoned Mrs. Hambro, but this time got no answer.
By a quarter of twelve I was virtually out of my mind with worry. I had the radio on and was listening to a program of dance music and news. Finally the announcer said that in one minute it would be twelve midnight. He gave a commercial for United Airlines. Then it was twelve. Charley hadn't come back to life. And it was April twenty-fourth. The world hadn't come to an end.
I was never so disconcerted in my entire life.

(Confesiones de un artista de mierda, de Philip K. Dick)

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martes, 18 de diciembre de 2012

Hasta donde El Hematocrítico de Arte no había llegado

Reconozco que el blog del Hematocrítico de Arte es una de mis debilidades absolutas, pero lo que se dice absolutas. Si algún día me diera por actualizar los enlaces que aparecen en la columna de la derecha de este blog, sin duda lo enlazaría, junto con El Mundo Today o  la cuenta de Facebook de Versiones Bizarras. Lo que convierte al Hematocrítico de Arte en un must es esa capacidad tan brillante de descontextualizar imágenes mediante las descripciones literales y mordaces de su contenido; no deja de ser una variante de las versiones literales de videoclips que hemos sacado en este blogs, aunque trasplantadas al ámbito artístico. El Hematocrítico nos muestra cuadros clásicos (generalmente, renacentistas, aunque a veces llega hasta el realismo decimonónico) y los retitula efectuando una descripción surrealista pero literal de lo que vemos en esa imagen. Basta añadir un falso título original en traducción macarrónica (pues casi todas las obras que se nos presentan son italianas o francesas), y el festival del humor está asegurado. A nosotros, que tenemos el bagaje cultural del siglo XXI, nos corresponde interpretarlo. Si, además, contamos con el bagaje suficiente de arte e iconografía, el juego es mucho más disfrutable. Para entendernos, el Hematocrítico hace con el arte medieval y moderno lo que Les Luthiers hacen con la música clásica. Todo esto produce momentos tan desopilantes como estos:

Papá Noel regalando iglesia de Playmóbil a obispo con león 
(Il regalli per le obispi dil zoológicci)
de Carlo Crivelli

Papa jugando al minigolf durante la invasión de los ovnis de Cristo
(La pachangui interrupta per la invasioni desconccertanti),
de Masolino da Panicale


Ahora bien, siempre he echado en falta dos ejes temáticos que me encantan, pero que entiendo que al Hematocrítico se la traigan floja, dado que es su blog, tiene sus inquietudes propias y saca en él lo que quiere: el arte contemporáneo y el frikismo. Como digo, el Hematocrítico apenas visita la pintura del siglo XIX, por lo que nos faltan obras descontextualizables pero vigentes como las de Ramón Casas o las ilustraciones de clásicos literarios como Moby Dick.
Por todo ello, me ha dado por hacer no tanto una copia del Hematocrítico de Arte (misión imposible e innecesaria, ya que se trata de un blog insuperable) como tres descontextualizaciones de obras de arte o ilustraciones. Evidentemente, arrimo el ascua a mis sardinas, que en este caso son la actualidad política, la serie Juego de tronos y el título de una de las obras emblemáticas de Joaquín Sorolla. No es lo mismo que hace el Hematocrítico, ni por intenciones ni por modus operandi, pero sí es un homenaje y una coña marinera que colgué en Facebook hace unos días y que espero que os haga gracia.

Violentísimo manifestante indignado en primer plano atacando alevosamente a los agentes 
de la autoridad (El Felip Puig ho negarà tot)
de Ramón Casas.





Ejecución sumarísima de Ned Stark en un Desembarco del Rey alternativo con ambientación steampunk y cierto toque cañí a lo Danza de tinieblas, de Ramón Casas.




¡Y aún dicen que el pescado es caro! (Joaquín Sorolla, revisited).

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lunes, 17 de diciembre de 2012

Apocalipsis maya (copiado de mi Facebook)



Querido amigo magufo:

Como sin duda sabrás, el próximo día 21 de diciembre se producirá el fin del mundo. En realidad, el comienzo de esta carta es meramente retórico, porque sé que lo sabes. La cantidad ingente de mensajitos, cadenas, enlaces, retuits y chuminadas digitales varias en las que me alertas del inminente fin del mundo me ha dejado claro, de manera inequívoca, que estás convencido de q
ue el mundo se acaba porque alguien sacó de contexto una extrapolación errónea acerca de un dato en absoluto contrastado que tenía más o menos algo que ver con un calendario maya que, en efecto, existe.

Pero tú, amigo magufo, sabes que mi escepticismo, y el de muchos otros seres racionales como yo, carece de fundamento. Y, en efecto, estás convencido de que el fin del mundo me va a pillar en pelotas, mientras que tú estás preparado.

Por todo eso, y como, a pesar de todo, cabe la posibilidad de que yo esté equivocado, querría pedirte un favor, ya que eres mi amigo, o al menos así lo demuestran las carretadas de spam relacionado con el fin del mundo que me has estado enviando durante el último año.

Verás. Yo es que no estoy seguro de que el 21 de diciembre se vaya a producir el fin del mundo, ¿sabes?, pero tú sí. Y seguramente poseas una gran cantidad de bienes a los que tal vez tengas mucho apego (piso, coche, segunda vivienda, muebles, cuenta corriente, discos, películas, objetos decorativos, ropita que le iría genial a mi hija, libros, libros, ¡libros!), pero que, entre tú y yo, no te van a servir de nada si el mundo se acaba. Total, nos vamos a ir todos a tomar por saco, y ni te vas a enterar de lo que venga después. Pero claro, durante todo este tiempo has confiado mucho en mí, enviándome todos esos mensajes, y yo me pregunto lo siguiente: ¿te tirarías el rollo y me los donarías?

Es muy sencillo: tenemos de aquí al día 21 de diciembre para acudir a una notaría. Tan solo tendrías que rehacer tu testamento y DONARME TODOS TUS BIENES. Así podrías trasncender a un plano de existencia superior, junto con toda la demás gente previsora y crédula que está, como tú, convencida de que el fin del mundo se producirá el día 21 de diciembre. Y, encima, lo harías mucho más feliz, puesto que habrías hecho una buena obra.

Solo te llevará una mañana. Y, en serio, si luego resulta que abres el ojo el 22 de diciembre y el mundo sigue existiendo, solo tienes que denunciarme por apropiación indebida, o por estafa, o por lo que se te ocurra, y rezar para que yo haya perdido mi ejemplar del documento notarial en el que me donas todos tus bienes... o no me lo haya gastado todo para entonces, claro: a fin de cuentas, el mundo se acaba, ¿no? Creo que todos salimos ganando.

¿Hace? ¿Quedamos un día y me donas todos tus bienes? ¿No? ¡Pero hombre (o mujer)! ¡Si estás convencido de que el 21 de diciembre se acaba todo!

Ah, ¿no estás convencido del todo? ¿En realidad no crees que el 21 se vaya a acabar el mundo? Pues muy bien, entonces ¿SE PUEDE SABER QUÉ COÑO HACES ENVIÁNDOME SPAM COMO UN GILIPOLLAS? ¡¡DEJA EN PAZ MI PUTA CUENTA Y MÉTETE TU SPAM POR DONDE TE QUEPA, O TE BLOQUEO!!

Muchas gracias.

Tuyo afectadísimo,

Juanma.
(Tontás que se le ocurren a uno, cuelga en el Facebook y les hacen gracia a los lectores.)

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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Puentes de la Constitución

Mi amiga Luz, cuyo padre falleció un 10 de diciembre, me dijo lo siguiente cuando se enteró de que había fallecido mi madre, el 6 de diciembre del año pasado: "Vas a odiar el puente de la Constitución mientras vivas". No le falta razón, porque llevo desde el día 2 (cuando nos enteramos de que su situación ya era irreversible, y nos las tuvimos que arreglar para viajar de Girona a Madrid en el primer tren en el que pudimos encontrar plaza) rememorando los hechos... pero claro, muy atenuados por la alegría y el trabajo que supone tener a una recién nacida en casa.
Mireia crece a buen ritmo, ya comienza a sonreír, a observar ciertos horarios de "gente mayor" (solo dos tomas nocturnas, espaciadas por sus buenas cuatro o cinco horas) e, incluso, a dormirse solita.
Por otro lado, no deja de ser llamativo como hemos convertido a una niña de menos de dos meses en una puñetera politoxicómana: es una viciosa del chupete y de necesitar bracitos para dormir. Así es la vida.
Y claro, todos aquellos buenos propósitos de convertir a Mireia en una persona con culturilla musical se han vuelto en mi contra. En mes y medio he pasado de ser alguien que intenta cantarle a Leonard Cohen y la Velvet Underground para dormirla (con resultados desiguales), y a Siniestro Total y Los Enemigos para animarla (con notable éxito, debo decir) a un padre que se sorprende a sí mismo tarareando las melodías que suenan en su hamaca, o silbando la canción con la que intentamos que se quede dormida cuando le entran los ataques de llanto. ¡En lo que han quedado las buenas intenciones!


Es cierto que la paternidad te cambia la vida por completo.
Y que puede conseguir que, en vez de odiar para siempre el puente de la Constitución, solo se me ponga muy mal cuerpo y piense que, al fin y al cabo, así es el ciclo de la vida. Algo es algo.

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