miércoles, 22 de agosto de 2012

Carta a Mireia

Hola, Mireia,

Todavía no me conoces en persona, aunque me has oído (y sentido) muchísimas ocasiones a lo largo de estas casi treinta y cinco semanas. Sí, yo soy esa voz melosa que le susurra cosas a la tripita de tu mamá cuando te pones a dar patadas y codazos, cuando entras en esas fases de movimientos intensos, nada más irnos a la camita a dormir, que nos hacen tener la certeza de que te encuentras bien de salud, y que vas a ser una niña muy pero que muy despierta y vivaz. Debes de reconocerme, porque a veces dejas de moverte durante unos segundos, y otras veces comienzas a moverte con mayor fuerza que antes. Aún no sé si esto se debe a que me reconoces y te alegras de oír esa voz familiar que no sabes de quién es, o a que te acabo de despertar y te he cortado el rollo, o a que te he asustado y acabas de pegar un respingo. Ya lo iremos descubriendo juntos.

También soy ese peso que sientes en el culete o en la cabecita cuando te pones a dar bandazos, seguramente incómoda porque la tripita de mamá se te está quedando pequeña. ¡Con lo divertido que era extender los bracitos hasta la otra punta del saco amniótico! (Parece mentira, pero así es como has salido en todas y cada una de las ecografías que te hemos hecho a lo largo de este embarazo: con los brazos extendidos.) Si a continuación oyes un "¿De quién es esta pierna? ¡Que me la comoooo!", entonces es mamá; pero si oyes algo parecido a "¿Pero cómo está hoy esta revoltosaaaaaaa?", entonces, no te quepa duda, soy yo. 

Tu papá.

Y tú eres (vas a ser) mi hija.

Y mamá, tú y yo vamos a ser una familia.

No seremos toda tu familia, porque vas a tener tres abuelitos, unos cuantos tíos y muchos primitos, tíos abuelos, primos segundos o tíos segundos. Pero te faltará una abuelita, y nos da mucha pena, porque si hubiera vivido dos meses más habría llegado a saber que venías de camino. Incluso llegamos a pensar en ponerte su nombre, porque es muy habitual que los bebés se llamen como sus papás o sus abuelitos, pero en cuanto vimos la segunda ecografía, la de las veinte semanas, y que eras una niña, supimos que tenías cara de Mireia, que tenías que llamarte Mireia. Cuando todavía eras una fantasía, un deseo, cuando aún no sabíamos que venías de camino, e incluso cuando ya lo sabíamos pero aún no estaba claro si eras un niño o una niña, te llamábamos Camino, o Caminito, por seguir una vieja broma entre mamá y papá. Claro está, si te llamábamos así ibas a ser Camino de Santiago, como... Bueno, ya lo verás: seguro que te llevamos dentro de unos años, y así lo entenderás todo. 

Todos los futuros papás hacen estas cosas.

Tenemos muchas ganas de que vengas, Mireia. Después de treinta y cinco semanas dentro de mamá, y algunas menos sabiendo que estás allí, tenemos unas ganas locas de verte la carita. Te la hemos visto, pero como suele salir en las ecografías: difusa, en blanco y negro, y muy pequeñita, más de lo que eres en realidad. Nos hemos negado a hacerte ecografías de esas de no sé cuántas dimensiones: tiempo tendremos de hacerte fotos cuando hayas nacido. Eso sí, en la penúltima ecografía, la de hace tres semanas, te pudimos ver con toda claridad, tragando líquido amniótico, preparando el acto de reflejo de mamar. Ensáyalo bien, Mireia, porque, si todo va bien, esa será tu manera de comer durante los próximos meses de vida, tal vez durante casi todo tu primer año en este mundo. 

Uno de los primeros consejos que nos dieron cuando supimos que venías fue que no leyésemos nada en internet, y que no hiciéramos caso de los comentarios que oyéramos. Es cierto que la gente está muy predispuesta a compartir las experiencias negativas, y que se guarda para sí las positivas, por lo que es inevitable caer en cierto alarmismo, y verlo todo negro. También es cierto que seríamos unos malos padres, negligentes y poco realistas, si no fuéramos conscientes de todo lo que implica traer al mundo a una personita frágil, con la que todo cuidado y toda precaución son pocos. Hasta ahora estás creciendo sin grandes problemas, sana, dentro de la normalidad y, aunque nos has dado algún que otro sobresalto y mamá está teniendo bastantes de las molestas propias de un embarazo (sobre todo, de un embarazo cuyo tercer trimestre va a transcurrir en medio de la peor ola de calor de los últimos años), no podemos quejarnos demasiado... y, hasta donde sabemos, eres una niña sana.

No obstante, nos inquietamos, claro. Porque nunca podremos estar seguros de que todo vaya a ir bien. Porque un hipido tuyo nos hace gracia, pero tres seguidos nos hacen temer que te esté pasando algo. Porque, aunque eres una niña tranquila en general, si estás demasiado tranquila durante muchas horas nos llevamos un buen susto. Pero hoy te hemos visto en una ecografía, dormidita y con la mano izquierda levantada, cerca del moflete, y hemos sabido que estabas bien.

Supongo que la paternidad y la maternidad es, precisamente, esto: estar alerta, pero sin volverse paranoico, y preocupado, pero sin ser un neurótico. Sacar a relucir un instinto protector y una capacidad para pegar un salto al menor contratiempo. Ya nos iremos acostumbrando, nosotros y tú. No queremos sobreprotegerte, porque vas a vivir en un mundo mucho más hostil de lo que nos habría gustado, pero tampoco queremos ser negligentes y dejarte a tu puta bola. Queremos que tengas un papá y una mamá, no unos pesados que no te dejen ni respirar, pero tampoco unos desapegados que pasen de ti, y no vamos a saber nunca si nos estamos pasando o no estamos llegando.

Queremos que tengas todas las comodidades que podamos permitirnos darte, aunque nos da miedo malcriarte. Por otro lado, somos conscientes de que no podremos darte según qué cosas. 

No tenemos carné de conducir, y es difícil que lleguemos a tener coche, pero por suerte vivimos en una gran ciudad en la que podemos desplazarnos en transporte público, o incluso andando. 

Tal vez no podamos ofrecerte una sanidad y una educación de auténtica calidad, como la que te habríamos dado si hubieras nacido hace unos años: nos da pánico pensar que te pueda pasar algo irreversible que, en otras circunstancias, hace tan solo cinco o diez años, no habría pasado de ser un mero percance. 

También tenemos miedo de que no disfrutes de una verdadera igualdad de oportunidades en asuntos como el acceso a un trabajo digno (o el  acceso a un trabajo, a secas) o la capacidad de hacer lo que quieras con tu propia vida (nadie nos dice que, dado el cariz que están tomando los acontecimientos, no te vaya a pasar lo mismo que a tu abuelita Carmina, que tuvo que dejar su trabajo porque la ley establecía que las mujeres casadas no podían seguir trabajando). Quién sabe, a lo mejor acabamos animándote a hacer algo que siempre es doloroso para unos padres: emigrar a un país donde tengas verdaderas posibilidades de llevar una vida mejor que aquí.

Te resultará difícil expresar tus verdaderas opiniones, y tal vez no llegues a saber lo que es ir a una manifestación para reclamar tus derechos, ni la justicia gratuita si alguna vez te metes en un lío, ni un contrato de trabajo indefinido, ni un matrimonio civil, ni una sociedad laica. Todo esto nos da auténtica pena, porque no entraba dentro de nuestros planes traerte a un mundo en el que, sin duda, tendrás una calidad de vida notablemente peor que la que disfrutamos papá y mamá.

Por otro lado, creemos que vas a ser afortunada en el sentido de que intentaremos educarte en el bilingüismo, en tus raíces catalanas y madrileñas. Te llamas Mireia, que es un nombre catalán, porque eres catalana, y queremos que te sientas orgullosa de ello. Pero también de tus raíces madrileñas, andaluzas, gallegas y castellanas. Si las cosas se ponen feas de aquí a unos años, sea en el sentido que sea, es probable que te encuentres en alguna encrucijada incómoda, ni de aquí ni de allí, que en Madrid te insulten o te miren mal por ser catalana, y en Barcelona te pase otro tanto por ser xarnega, hija de un español, pero esperamos que no se llegue a eso, y puedas crecer siendo bilingüe perfecta, hablando tan bien el castellano como el catalán y, además, sabiendo hablar inglés y algún que otro idioma (alemán, mandarín, francés o portugués, eso ya se verá).

Aunque te vas a criar en un ambiente que valora la cultura (tanto mamá como papá viven de ella, pero claro, habrá que ver por cuánto tiempo), tampoco podemos estar seguros de que vayas a recibir una educación tan completa como la que hemos recibido papá y mamá, y vale, vas a tener la suerte de conocer en persona a algunos de los escritores cuyos libros tal vez tengas que leer en el colegio, pero, por otro lado, es muy probable que ni siquiera llegues a sentir el menor interés por ellos, porque, simplemente, estará mal visto leer, nos considerarás unos frikis penosos y, qué idea más horrible, tu sistema de valores nos acabará pareciendo tan aborrecible como a ti el nuestro. Somos unos padres preocupados, no lo olvides.

Pero nos estamos adelantando mucho a unos acontecimientos que tal vez no se produzcan así. Tal vez el futuro no sea para tanto. O tal vez sea mucho peor. O incluso cabe la posibilidad de que deje de importarnos, porque no habrás conocido la alternativa y, en vez de torturarte con lo que era o lo que podría haber sido, optaremos por el pragmatismo y decidamos educarte en el aquí y el ahora, para que salves el pellejo y te aferres a las escasas posibilidades que nos quedan de seguir perteneciendo a la clase media, suponiendo que eso vaya a seguir existiendo dentro de unos años. En que no te falte de comer, ni de vestir, e incluso te alcance para algún caprichito, y goces de buena salud, y estés en posición de acceder a un trabajo acorde con tus posibilidades reales, aunque ello suponga que tengas que largarte de aquí.

Tenemos todas las incertidumbres del mundo, todas las dudas. ¿Seremos unos buenos padres? ¿Hemos hecho bien al traerte a un mundo que se está desmoronando? ¿Podremos darte la estabilidad emocional y material que necesitas para crecer como persona y llegar hasta donde te propongas? ¿Cuántas de nuestras manías y virtudes heredarás, y cuáles no? ¿Contribuirás a mejorar el patrimonio genético de la especie? ¿Tendrás hijos, alguien a quien podamos llamar nuestro nieto, y llegaremos a verlo? Ser papá y mamá no es fácil, lo intuimos más que sabemos (dentro de unas cinco semanas nos enteraremos de lo que es bueno), pero tal vez ser hija nuestra tampoco vaya a serlo, y todo eso nos preocupa.

Queremos darte una vida y una casa en las que puedas crecer sana y feliz. Papá y mamá han tenido que irse de un pisito, el piso de soltera de mamá, donde hemos vivido muy a gusto, hemos sido muy felices, hemos planificado tu venida... y hemos descubierto que venías de camino. Pero es un piso muy pequeñito para los tres. Queríamos darte una habitación, que está quedando monísima, en un piso más grande, que no va a tener el encanto que tiene el piso de mamá y papá, pero que será nuestro piso, el piso de Mireia y de sus papás. Nos costó mucho encontrarlo, y esa es una historia que ya contaré en otra ocasión. Pero también nos ha costado muchísimo, tres meses, encontrar inquilinos para el otro piso. Escribo esto y todavía no sé si vamos por el buen camino, si habrá algún contratiempo de última hora que lo eche todo a perder, pero no creo. Ha sido toda una odisea, encontrar inquilinos, y también te lo contaré cuando tenga más tiempo. 

Han pasado muchas cosas durante estos meses, desde que sabemos que existes, y desde unos meses antes. Problemas de salud. La muerte de tu abuelita. Viajes a Madrid para desmontar su piso. Saber que venías. Buscar un piso donde puedas tener una infancia cómoda y segura. ¡Amueblarlo y convertirlo en un piso al que poder llamar hogar! Alquilar nuestro piso. Y, sobre todo, esperarte... pero no de una manera pasiva, sino haciendo cosas. Cuidándonos. Comiendo bien. Haciéndole caso a la gine de mamá. Yendo al hospital cada vez que nos llevábamos un susto. Asistiendo a clases de yoga, y al curso premamá. Buscándote ropita. Buscándote carrito, cunita, cambiador y bañera. Eligiendo con cuidado todos los detalles de tu habitación. Leyendo. Han sido unos meses muy locos y, de hecho, ni siquiera hemos encontrado un ratito para contarles a todos nuestros amigos que vienes de camino. Algunos, incluso, se enterarán mientras lean esto. ¡Dile hola a toda esta gente, Mireia! ¡Son tus titos, y te van a malcriar!

Nada de esto es relevante, supongo, porque, cuando llegues, nos vamos a olvidar de todo lo que hemos leído, escuchado y aprendido, con la emoción y los nervios. Además, somos papás primerizos, y todo, todo lo que nos suceda a los tres va a ser territorio inexplorado. Aprenderemos juntos: tú, a ser Mireia, y nosotros, a ser tus papás. Y no tenemos ni idea de si lo haremos bien o mal, puede que de todo un poco. Lo único que sabemos con certeza es que ya falta menos para que vengas, que en principio todo va bien, que nos faltan apenas cinco semanas para verte la carita, tocarte, olerte y escucharte, para saber si se nos ha ido la olla comprándote ropita o si nos hemos quedado cortísimos, para comprobar qué tal se nos da vivir juntos, cómo nos las arreglamos, los tres juntos, para ir descubriéndonos, acostumbrándonos y queriéndonos. Nos aterra la responsabilidad y nos ciega la ilusión. Nos apetece mucho conocerte y poder decirte que te queremos, y no pegar ojo durante unos cuantos meses, y pasarnos todo el día cambiando pañales y buscándote guardería, y viendo cómo vas creciendo día a día, segundo a segundo, y saber, en definitiva, que hemos puesto en el mundo a una persona que algún día, si todo va como tiene que ir, como debería ir, será una persona plena y, esperamos, orgullosa de lo que es, tan orgullosa de sus padres como nosotros lo estamos ya de ella. 

Te queremos mucho,

Mamá y papá.

(No se me ocurría mejor manera de celebrar la entrada número 500 de este blog. No es previsible que Mireia nos deje dedicarle mucho tiempo a Pornografía Emocional, pero tampoco me apetece cerrarlo, así que si el blog tiene que quedarse en animación suspendida durante muchos meses, e incluso un par de años, no se me ocurre mejor momento que este para interrumpir la narración. Por otro lado, puede que ahora me entren las prisas y me dedique a actualizar a lo loco, o a acumular borradores para cuando nuestras vidas consistan en cambiar pañales. Si, a pesar de los pesares, consigo sacar tiempo para el blog, pues nada, mucho mejor.)

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lunes, 6 de agosto de 2012

La labor del corrector, en Lecturalia

Gabriella Campbell me ha hecho una entrevista en dos partes para Lecturalia. Podéis leerla aquí y aquí. La profusión de coñas puede hacer que la reflexión seria sobre el futuro del sector editorial quede un tanto diluida, pero no os confundáis: teníamos claro que queríamos darle un toque distendido al asunto, sí, pero también intento reivindicar la profesión de corrector de textos. No sé si lo hemos logrado pero, en todo caso, aquí la tenéis. A disfrutarla.

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jueves, 2 de agosto de 2012

42



-Hace setenta y cinco mil generaciones, nuestros antepasados pusieron en marcha este programa -dijo el segundo hombre-, y en todo ese tiempo nosotros seremos los primeros en oír las palabras del ordenador.
-Es una perspectiva pavorosa, Phouchg -convino el primer hombre, y Arthur se dio cuenta de repente que estaba viendo una película con subtítulos.
-¡Somos nosotros quienes oiremos -dijo Phouchg- la respuesta a la gran pregunta de la vida!
-¡Chsss! -dijo Loonquawl con un suave gesto-. ¡Creo que Pensamiento Profundo se dispone a hablar!
Hubo un expectante momento de pausa mientras los paneles de la parte delantera de la consola empezaban a despertarse lentamente. Comenzaron a encenderse y a apagarse luces de prueba que pronto funcionaron de modo continuo. Un canturreo leve y suave se oyó por el canal de comunicación.
-Buenos días -dijo al fin Pensamiento Profundo.
- Hmmm... Buenos días, Pensamiento Profundo -dijo nerviosamente Loonquawl-, ¿tienes... hmmm, es decir...
-¿Una respuesta que daros? -le interrumpió Pensamiento Profundo en tono majestuoso-. Sí, la tengo.
Los dos hombres temblaron de expectación. Su espera no había sido en vano.
-¿De veras existe? -jadeó Phouchg.
-Existe de veras -le confirmó Pensamiento Profundo.
-¿A todo? ¿A la gran pregunta de la Vida, del Universo y de Todo?
-Sí.
Los dos hombres estaban listos para aquel momento, se habían preparado durante toda la vida; se les escogió al nacer para que presenciaran la respuesta, pero aun así jadeaban y se retorcían como criaturas nerviosas.
-¿Y estás dispuesto a dárnosla? -le apremió Loonquawl.
-Lo estoy.
-¿Ahora mismo?
-Ahora mismo -contestó Pensamiento Profundo.
Ambos se pasaron la lengua por los labios secos.
-Aunque no creo -añadió Pensamiento Profundo- que vaya a gustaros.
-¡No importa! -exclamó Phouchg-. ¡Tenemos que saberla! ¡Ahora mismo!
-¿Ahora mismo? -inquirió Pensamiento Profundo.
-¡Sí! Ahora mismo...
- Muy bien -dijo el ordenador, volviendo a guardar silencio.
-¡Del Universo...! -exclamó Loonquawl. Los dos hombres se agitaron inquietos. La tensión era insoportable.
-¡Y de Todo...!
-En serio, no os va a gustar -observó Pensamiento Profundo.
-¡Dínosla!
-De acuerdo -dijo Pensamiento Profundo-. La Respuesta a la Gran Pregunta...
-¡Sí...!
-... de la Vida, del Universo y de Todo... -dijo Pensamiento Profundo.
-¡Sí...!
-Es -dijo Pensamiento Profundo, haciendo una pausa.
-¡Sí!
-Es...
-¡¡¡¿Sí...?!!!
-Cuarenta y dos -dijo Pensamiento Profundo, con calma y majestad infinitas.

No sé si la respuesta a todo es 'cuarenta y dos', como decía Douglas Adams en la Guía del autoestopista galáctico, pero tengo todo un año para comprobarlo: en efecto, hoy es mi cumple. Y caen cuarenta y dos tacos. Una edad muy, pero que muy friki. A ver qué tal se da este año. Pese a la crisis y "la que está cayendo", no pinta nada mal.

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