lunes, 19 de marzo de 2012

"Philip K. Dick: El 'beatnik' que escribía novelas de ciencia ficción", en Diagonal

La semana comienza con un artículo mío sobre el trigésimo aniversario de la muerte de Philip K. Dick, recién aparecido en el periódico Diagonal gracias a los buenos oficios de Pablo Elorduy, Alberto García-Teresa y Julián Díez. Siempre es un placer escribir sobre Philip K. Dick, y mis experiencias con Diagonal han sido siempre muy positivas, así que el placer ha sido doble. Sin dejar de ser un artículo divulgativo sobre la vida y obra de Dick, enfocado al público general (cada vez más receptivo con todo lo que tenga que ver con nuestro visionario favorito), he podido esbozar algunas ideas sobre el pensamiento político y social dickiano, que supongo le aportan un valor añadido por encima de las meras semblanzas biográficas al uso. Aquí lo dejo.

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Philip K. Dick

El ‘beatnik’ que escribía novelas de ciencia ficción

30 años después de su muerte, Philip K. Dick sigue siendo un referente de la cultura popular. Su obra estuvo marcada por los cambios en la sociedad de EE UU.

JUANMA SANTIAGO
Lunes 19 de marzo de 2012.  Número 170
JPG - 15.7 KBIlustración: Pincho.
El 2 de marzo se cumplieron 30 años del fallecimiento de Philip K. Dick. Más conocido por las adaptaciones cinematográficas de su obra (Blade Runner, Desafío total o Una mi- rada a la oscuridad), su influencia en el imaginario colectivo se ha acrecentado con el tiempo, e incluso ha dado origen a un adjetivo, “dickiano”, que se refiere a las situaciones en que dudamos acerca de la veracidad de lo que nos rodea.
En el momento de su muerte, Dick no era un autor mediático, aunque era objeto de un culto incipiente en Francia y entre la intelectualidad californiana heredera de la contracultura sesentera, sobre todo, a raíz de la entrevista de Paul Williams que apareció en Rolling Stone en 1975.
En su última entrevista, concedida el día antes del ataque al corazón que se lo llevó a la tumba, Dick se mostraba satisfecho con los veinte minutos de Blade Runner que había podido ver (un montaje preliminar sin sonido) pero ya había perdido el norte, convencido de la existencia de un nuevo Mesías nacido en Sri Lanka, y dispuesto a derrocar, él solo, a los gobiernos estadounidense y soviético si el Elegido no se había manifestado en mayo de 1982.

En una remota cercanía
Es difícil juzgar los escritos de Dick sin referirse a su vida. Incluso en sus obras de ciencia ficción más delirantes, Dick habla de su entorno inmediato, de la California beatnik de los años ‘50, la cultura del LSD de los años ‘60 y la dictadura encubierta de Richard Nixon en los años ‘70. Los tres estigmas de Palmer Eldritch tiene connotaciones religiosas, pero también se inspira en las alucinaciones que había padecido en 1963. El hombre en el castillo plantea varias realidades paralelas (en la principal, el Eje gana la Segunda Guerra Mundial y somete a los Estados Unidos), pero también es un fiel retrato de la descomposición del tercer matrimonio de Dick.
Sencilla en el aspecto formal, la obra de Dick encierra infinitud de dobles sentidos, metáforas y referentes cultos tan caóticos y eruditos como él mismo. Dick es un buen hilo conductor de los Estados Unidos de la posguerra, de esa dicotomía entre la América profunda donde nació y la contestataria California donde residió durante casi toda su vida.
Lo crió una niñera afiliada al Partido Comunista y mantuvo correspondencia con un científico soviético para resolver una duda relativa a un relato que estaba escribiendo. Esto bastó para que el FBI lo fichase, y lo visitase para proponerle que espiara a su segunda esposa, militante del Partido Socialista de los Trabajadores. Dick declinó la oferta, pero el episodio acrecentó su paranoia antisistema. Eran los años finales de la caza de brujas de McCarthy, y del ascenso de Richard Nixon, azote de la progresía californiana. En Radio libre Albemut, su novela póstuma, Dick presenta una distopía perfecta en la que el Gran Hermano es un Nixon que ejerce un poder omnímodo.
La bestia negra de sus últimos años fue otro azote de la progresía californiana, Ronald Reagan, a quien culpaba del asesinato de John Lennon, que había querido adaptar Los tres estigmas de Palmer Eldritch. No es casualidad que su última novela, La transmigración de Timothy Archer, arranque con el asesinato de Lennon.

La fase política
El pensamiento de Dick siempre tuvo un fuerte componente social, que se manifiesta a lo largo de las tres etapas de su producción narrativa. Durante la “fase política” de los años ‘50, Dick escribe novelas de literatura general que retratan esa California beatnik.
Al no poder publicarlas, Dick reaprovecha personajes o líneas argumentales en sus novelas de ciencia ficción como Lotería solar (metáfora del ascenso social, en forma de rigurosa lotería) u Ojo en el cielo (cuyos personajes deambulan por los mundos paralelos que se crean al hacerse realidad las fantasías de los demás personajes, entre ellos un comunista).

La fase metafísica
La “fase metafísica” de los años ‘60, investiga la esencia de la realidad. Dick aúna filosofía griega, gnosticismo, religión y drogas. Lee a Castaneda y Huxley, consume LSD y frecuenta a Timothy Leary. La actitud de Dick ante la política es ambivalente: critica cada vez con mayor acritud el imperialismo estadounidense –firma el manifiesto en contra de la guerra de Vietnam, que lo enfrenta con el núcleo conservador de escritores de ciencia ficción–, pero equipara marxismo con fascismo. Odia a Hitler, pero admira a Mussolini (en quien se inspira el Gino Molinari de Aguardando el año pasado).
La preocupación social se ve en La penúltima verdad –una obra en la que el gobierno crea pruebas falsas de guerras ficticias para acrecentar el control social–, Los tres estigmas de Palmer Eldritch –que es uno de los primeros retratos del calentamiento global–, Tiempo de Marte –en la que la ONU es un brazo neocolonialista al servicio de las potencias capitalistas– o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que fue la base de la película Blade Runner, y su revuelta de los nuevos proletarios, los androides, contra el capitalismo humano.

La fase religiosa
La “fase religiosa”, que abarca sus últimos años, es manifiestamente mística, aunque su paranoia contra Nixon lo lleva a escribir la ya citada Radio libre Albemut. Perdido ya el norte en lo personal, achaca a la CIA y a los neonazis la explosión que destrozó su casa en 1971, pero al mismo tiempo se siente perseguido por el KGB –en su opinión, Stanislaw Lem, que lo consideraba el único escritor estadounidense de ciencia ficción que merecía la pena, “un visionario entre charlatanes”, trabajaba para la inteligencia soviética – y se ofrece de manera incondicional como confidente del FBI.



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jueves, 8 de marzo de 2012

"Cincuenta relatos para una década", en Literatura Prospectiva

Literatura Prospectiva publica hoy un ensayo mío que lleva por título "Cincuenta relatos para una década", cuyo subtítulo debería ser "O cómo dignificar mi manía con las listas". Más que lo que cuento, lo importante es lo que no cuento. Me explico. La exhumación de unos viejos listados, elaborados entre 1999 y 2000, me da pie para sugerir posibles líneas de investigación a los estudiosos que, en el futuro, quieran analizar un fenómeno específico, la ficción breve de género fantástico (ciencia ficción, fantasía y terror) aparecida en fanzines, revistas y colecciones especializadas en el período comprendido entre 1991 y 1999. Como colofón, hablo de un ambicioso listado de 200 relatos significativos, aunque solo desgloso los cincuenta primeros.
Entiéndaseme: en todo momento dejo claro que estoy hablando de los que, en algún momento de finales de 1999 o comienzos de 2000, me parecían los relatos más significativos de la literatura fantástica española intra fándom. Releo el listado a fecha de hoy, 8 de marzo de 2012 y, en líneas generales, estoy de acuerdo, pero creo que sobrevaloré e infravaloré algunos de ellos. El esqueleto es, básicamente, correcto, aunque con los bailes lógicos de material que concede el paso del tiempo. Algunas de aquellas historias se han revalorizado, y otras han envejecido mal. Pero precisamente por eso, porque es una foto fija de cómo se percibía la década de 1990 a finales de la década de 1990, he preferido no tocar nada, dejar el listado tal cual. 
Y, qué coño, se me haría muy cuesta arriba releerme varios centenares de relatos (todo lo que se publicó durante esa década) para actualizarlo. Es evidente que eso requeriría un ensayo diferente y, por la manera en que lanzo pelotas fuera, creo que dejo clarísimo que preferiría que ese ensayo lo escribiera alguna otra persona. Creo que yo ya he cumplido mi cuota de análisis y estudio de esa década (con la única excepción de los estudios introductorios de la serie sobre los premios Ignotus que impulsó Rodolfo Martínez, si se acaba editando: a eso, evidentemente, me apunto), y es interesante dejar paso a otras voces. Al menos, en lo relativo a los ensayos sobre esa época. Lo de llevarla al terreno de la ficción ya es otra cosa, claro. (Aquí debería ir el emoticono del guiñito de ojo.)
Pues nada, acá va el ensayo propiamente dicho, que, como podréis comprobar, es más que nada un esquema para otros futuros ensayos, y una explicación digamos cuantitativista de la mecánica de los listados propiamente dichos. 
Hala, leed y opinad, porfa.

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Cincuenta relatos para una década

Juanma Santiago

 
Cuando llevas varias mudanzas a cuestas y te pasas la vida haciendo cajas con tus cosas, es lógico que se te extravíen algunas de ellas. En una de las últimas le perdí el rastro a buena parte de mis fanzines y revistas de la década de 1990, aunque el mes pasado conseguí dar con su paradero. Hurgando entre ejemplares de Kenbeo Kenmaro, 2.000 Maníacos, Cyber Fantasy, El Fantasma, Opar y Núcleo Ubik, descubrí un fajo de hojas de papel cuadriculado, cuya existencia recordaba vagamente pero que ya daba por perdido. Se trataba de un listado exhaustivo de todos los relatos de género fantástico que leí en fanzines, revistas —y algunos libros— durante el período 1991-1999 y escrito originalmente en castellano. Los agrupaba por lugar de publicación, de modo que, por ejemplo, primero relacionaba todos los aparecidos en BEM, y lo hacía en orden cronológico. En una primera columna aparecía el año de publicación; acto seguido, el número en que se publicó; después, el autor, el título, los premios que recibió (este último dato, en azul), la calificación de 0 a 5 y, por último (y también en azul), una cifra que no me costó identificar como su posición en otro listado del que hablaré más adelante. Los relatos iban entrecomillados, y las novelas cortas, en cursiva.
Me falta bastante material de 1999, y no hay ninguno posterior a esa fecha, de modo que supongo que este listado me tuvo ocupado entre algún momento de 1998 (la letra y el criterio son uniformes) y el verano de 1999, en que estuve ingresado por una enfermedad bastante seria con nombre de signo zodiacal. Un cáncer, vamos. De hecho, es posible que elaborase todo este listado durante el verano de 1999, a modo de entretenimiento entre sesión de quimio y sesión de quimio, ya que por aquel entonces había abandonado las oposiciones, apenas leía nada porque no conseguía concentrarme y, en resumen, no tenía nada mejor que hacer, excepto recuperarme.
Visto ahora, me da la impresión de que este material era una versión en limpio de otros listados previos, que desde luego no recuerdo haber elaborado pero que no me cabe duda de que existieron. Tendría sentido: caigo enfermo, dedico los meses de mi enfermedad a recapitular acerca de una década que toca a su fin, de toda una época, en un momento incierto de mi vida.
Sea como fuere, en estas hojas refiero casi todos los relatos que aparecieron en las publicaciones y editoriales especializadas durante la década de 1990. Son las siguientes, por orden de aparición: BEM, Tránsito, las antologías de los premios UPC (de Nova CF, de Ediciones B), los Quaderns UPCF, Ediciones Bígaro, Blade Runner Magazine, Cyber Fantasy, Núcleo Ubik, Aullidos, Sueño del Fevre, Opar, Gigamesh, las publicaciones de la AEFCF (sobre todo, Pórtico y las antologías Visiones, aunque también los combozines), Elfstone, Numinor, Kenbeo Kenmaro, Parsifal, Ad Astra, Bucanero, Mundos Perdidos, El Melocotón Mecánico, El Centinela, El Fantasma y Artifex. También había dos hojas en las que enumeraba los relatos y algunas novelas, ordenados por año de publicación, que habían aparecido en libros de Miraguano, Alcodre, Ediciones B, Edicions Pagès, La Calle de la Costa, Cuadernos Espiral, Parsifal Extra, Gadir CF, las antologías de los premios Alberto Magno, Fundación Dolores Medio, Opar Nuevas Singladuras, Artifex Serie Minor, Colectivo D. Tebeos, Silente, Pre-Textos, y el gobierno de Asturias.
Es evidente que no están todos los que fueron, pero sí que hay un porcentaje muy significativo de las publicaciones de fándom, y no tan de fándom, que constituyen la columna vertebral de la literatura fantástica española del período 1991-1999.
Cuando me recuperé de mi enfermedad abandoné esa manía por los listados y la vocación completista, entre otras cosas porque encontré una manera más productiva de canalizar las impresiones que me producían esas lecturas: la sección “Mentidero Cinco” de la página web de Bibliópolis, en la que dije casi todo lo que en aquel momento creí que tenía que decir sobre la década de 1990. Más o menos al mismo tiempo me hice cargo de la sección «Fiawol» de la revista Gigamesh, en cuyas páginas comentaba en vivo y en directo los pormenores de las publicaciones fandomitas del cambio de milenio. Por último, comencé a trabajar en la editorial Gigamesh; es decir, me convertí en parte interesada y pasé a considerar incompatible el afán historiográfico con la dirección de revistas como Stalker y Gigamesh. El tiempo se me iba en leer material para las revistas que dirigía, me mudé a Barcelona, comencé a perder el rastro de mis fanzines y listados y, en resumen, dejé de estar al día y ser una fuente fiable como historiador oficioso del fándom español. Mis conocimientos, pues, quedaron limitados a la década de 1990, por puro pragmatismo, pero también por propia voluntad.
Hubo un intento de resucitar aquel interés, en forma de antologías de los premios Ignotus. El proyecto impulsado por Rodolfo Martínez duerme el sueño de los justos, aunque, por lo que a mí respecta, no renuncio a colaborar con él si resucita, y encontramos algún editor interesado en embarcarse en esta tarea. Tal como se planteó durante la HispaCon de Vigo de 2005, Rudy se encargaría de efectuar un ensayo introductorio de cada volumen (que abarcaría un período de dos, tres o cuatro años, en función del número de páginas, ya que en ocasiones se podría contar con novelas cortas, y a veces habría que limitarse a editar relatos), una pequeña introducción a cada año (en plan «Isaac Asimov presenta los premios Hugo») y a mí me correspondería la tarea de glosar los contenidos de cada año, en plan estudio no-demasiado-sesudo-pero-sí-bastante-informativo. Llegué a terminar el ensayo correspondiente a 1991, pero me faltaron la constancia, el material (como digo, perdí la pista de mis fanzines durante una mudanza), el tiempo y, llegado un momento, incluso las ganas. De todos modos, insisto, no renuncio a retomar el proyecto si se dan las circunstancias favorables.
En el primer párrafo de este ensayo me refería a otro listado. Queda más o menos claro que soy un maniático de las listas, encuentro un placer casi indescriptible en sistematizarlo o destriparlo todo en plan «los cinco cuentos imprescindibles de Theodore Sturgeon», «los diez mejores conciertos de mi vida» o «los veinte mejores relatos españoles de todos los tiempos» y, si bien la costumbre se me ha ido pasando con el tiempo, reconozco que es un ejercicio mental gracias al cual, si no se abusa de él, se pueden descubrir muchas cosas útiles, tanto sobre la materia susceptible del listado como sobre uno mismo.
 
En este caso, el listado de marras se dedica a glosar nada más y nada menos que los que yo consideraba los doscientos mejores relatos de ciencia ficción, fantasía y terror españoles aparecidos en publicaciones especializadas durante la década de 1990 y publicados originalmente en castellano. Doscientos, nada menos. De 75 autores diferentes, siete de ellos mujeres. Este listado me devuelve al Juanma de hace casi trece años. A sus gustos. A sus apriorismos. A sus manías. Ahora mismo, en marzo de 2012, no estoy de acuerdo con ese listado, lo encuentro muy superado en muchos aspectos, aunque es cierto que también es muy lúcido en otros. Es parte de mí, de Juanma Santiago, pero de un Juanma Santiago de tiempos remotos. No sería igual si lo confeccionase ahora mismo, pero no tengo ni tiempo ni ganas de releerme toda la literatura fantástica española de fándom de la década de 1990 para reelaborarlo. ¿Cuántos relatos pudieron haberse publicado? ¿Medio millar? No obstante, pasados los años he ido releyendo parte de este material, por motivos varios, y me he encontrado con que, pese a los inevitables errores de juicio, los relatos infravalorados y los relatos sobrevalorados, no es un mal listado, y refleja, de una manera creo que bastante ajustada, el estado de la literatura fantástica española de esa década de 1990. Tal vez no refleje mis gustos actuales, pero me he negado a tocarle ni una sola coma. No quiero añadir nada, ni quitarlo.
Y eso incluye un pequeño gesto de objetividad del que (soy subjetivo) creo que no salí del todo malparado: mis propios relatos. ¿De verdad que cinco de los doscientos mejores relatos de aquella época son míos? No lo sé; ni, a decir verdad, me importa: llevo años sin releerlos, pero me temo que tal vez, de alguna manera, sin restarme méritos ni deméritos, sí es posible que, en cierto modo, dos o tres de esos relatos sí se contasen entre los doscientos elegidos, y uno en concreto («Tierra de venados») en lugares relativamente privilegiados; podría ser el vigésimo noveno, como en mi listado, o podría ser el quincuagésimo, pero, en resumen, sí creo que es mi mejor relato de ficción, y sí creo que merece un lugar entre los, digamos, «recomendables». No aparece el que considero mi otro relato perdurable, «Protégete de la onda expansiva de mi cerebro», ya que se publicó en el año 2000 y, por lo tanto, no entra en el período que cubre este listado. Los otros relatos míos que aparecen son «El  nacimiento de Venus» (75), «Confesiones de un papanatas de mierda» (110), «El hombre del Quinto Centenario» (125) y «Recuerda, aquello, sueños, nosotros tres» (181). Curiosamente, no valoro mi primer vuelo, «El que acecha en las escaleras», que fue reeditado en Qlipoth. Cuando lo releí (este sí) nada más reeditarse, me dio la impresión de que es más satisfactorio que los tres últimos relatos mencionados. Los errores de juicio también afectan a mi obra, mira tú por dónde.
Dicho lo cual, paso a explicar las claves de aquel listado. Junto al número de orden aparece un círculo blanco (si el relato es de ciencia ficción) o un semicírculo azul (si es de fantasía o terror). Luego van el nombre del autor, una cifra entre corchetes (número de relatos de ese autor entre los cien primeros), una cifra entre paréntesis (número de relatos de ese autor ente los doscientos primeros), el título del relato, indicación de si aparecieron en la antología de Minotauro seleccionada por Julián Díez (lo que indica a las claras que retoqué este listado en 2003), publicación y número donde apareció, año, número ordinal de ese autor (los cincuenta primeros relatos pertenecen a 23 autores diferentes), desglose de esos relatos por años (así, entre los cincuenta primeros hay tres de 1991, tres de 1992, seis de 1993, seis de 1994, cinco de 1995, seis de 1996, cinco de 1997, nueve de 1998 y ocho de 1999, y que cada cual extraiga las conclusiones que considere pertinentes), desglose por lugar de publicación (los cincuenta primeros relatos aparecieron en 13 publicaciones diferentes, más tres en formato libro, directamente) y los premios que se llevaron.
Ni que decir tiene que adapto ese formato, para no hacer ilegible este ensayo, y me limito a incluir nombre de autor y datos de edición.
Otra aclaración, por si algunos de los lectores se están preguntando por ciertos títulos: aquí no caben las novelas cortas. Tan solo hago un listado de relatos y relatos largos, tal como los define el reglamento de los premios Ignotus (hasta 17.500 palabras), aunque aparecieran en forma de libro independiente, en cuyo caso los indico en cursivas, en vez de entrecomillados. Así pues, dejo fuera obras muy relevantes de la literatura fantástica española de la década de 1990, como por ejemplo «La casa del doctor Pétalo» y «El coleccionista de sellos», de César Mallorquí, «Un jinete solitario» y «Este relámpago, esta locura», de Rodolfo Martínez, Estado crepuscular y «Nox perpetua», de Javier Negrete, «Maleficio» y En un vacío insondable, de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal, «A tumba abierta» y «Mundo de dioses», de Rafael Marín, «El círculo de piedra», de Ángel Torres Quesada, El mundo de Yarek, de Elia Barceló, La Residencia, de Pablo Tusset (¿o acaso os creíais que su ópera prima fue Lo mejor que le puede pasar a un cruasán?), El lanzador, de Eduardo Vaquerizo, o «Seis» y «La máquina de Pymblikot», de Daniel Mares. Solo destaco 16 novelas cortas, pero eso no quiere decir que fueran las únicas valiosas que se publicaron durante aquella década y, en todo caso, desarrollar este párrafo haría necesario un nuevo ensayo sobre la extensión que, gracias al premio UPC, resultó determinante para explicar el salto de nivel de nuestra literatura fantástica.
Por no aburrir al lector, me limitaré a enumerar los cincuenta primeros relatos del listado, que son más o menos canónicos y, en todo caso, recomendables y reeditables.
Insisto en que me llama la atención hasta qué punto el tiempo ha respetado o maltratado algunos de estos relatos. Por ejemplo, si analizamos los citados en «Cuatro autores, cuatro relatos», el tiempo los ha tratado realmente bien (de hecho, esa era la  premisa del ensayo), y en general los sitúo en posiciones inferiores a las que ocuparían si realizase el listado con mis gustos de hoy: «El mensaje perdido», de César Mallorquí, ocupa el puesto número 47; «El sueño de la razón», de Armando Boix, el 36; «Poetik GmbH», de Carlos Pavón, el 82, y «En las fraguas marcianas», de León Arsenal, el 16. Apurando mucho, creo que hoy día, si reelaborase el listado, aparecerían entre los cuarenta primeros. Pero, claro, actualizar este listado, conforme a mis gustos actuales y la trascendencia histórica de estos relatos, sería una tarea ingente, al menos para mí. Si algún estudioso recoge el guante, por mí encantado.
No detecto ninguna ausencia clamorosa en el listado de doscientos relatos, aunque, como veréis, en el de los cincuenta primeros faltan algunas historias españolas publicadas en la década de 1990 que, con el tiempo, han ido adquiriendo la condición de clásicos, obligatorios o recomendables, como se prefiera. O, simplemente, relatos que ganan mucho en relecturas. Sin ningún ánimo de completismo, en esta categoría podríamos incluir historias como «Aquel tren donde fuimos tan felices» y «Haciendo cola en la escalera mecánica», de Félix J. Palma, «El hombre dormido» y «El escritor, la muerte y el demonio», de César Mallorquí, «Los herederos», de Daniel Mares (que luego fue incluida en la Antología de la ciencia ficción española. 1982-2002, de Julián Díez), «Mi esposa, mi hija», de Domingo Santos, «El día que hicimos la transición», de Ricard de la Casa y Pedro Jorge Romero, «La derrota de la grande armada», de Carlos Saiz Cidoncha, «Una oveja negra y varios lobos» y «Postales desde el laberinto», de Juan Carlos Planells, «Baraka» y «Bibliópolis», de Rafael Marín, «Victoria pírrica» y «Castillos en el aire», de Rodolfo Martínez, «La venganza de Cárdenas Mulege» y «Lagunas de Kirkwood», de Manuel Díez Román, «El paso del mar calmo», de Ramón Muñoz, «Uñas», de Jesús Palacios (con el seudónimo de James Cole), «Tu pelo» y «Desde el sol hasta el corazón de la Tierra», de Carlos Fernández Castrosín, «Contramedidas», de Javier Cuevas, «Josaphat, rey», de Luis G. Prado, «Claudia5 y la encantadora fragilidad de los deseos», de Juan Antonio Fernández Madrigal, «Cinerario», de Karim Taylhardat, «Delantal de metal», de Javier Ullán, «Aviso», de Cristóbal García, «Viento de cambios», de Juan Castillo, «El inocente», de Ricardo Menéndez, «Programa 1014», de Jorge Munnshe, «Guía secreta de la ciudad», de Sergio Azlor, «Historia sagrada», de David Soriano, «Triste consciencia», de Javier Lachica, o la citada «Poetik GmbH», de Carlos Pavón. Y lo dejo aquí, porque corro el riesgo de acercarme al centenar de relatos y, para eso, enumero los cincuenta relatos siguientes de mi listado, hasta el número 100, y acabamos antes.
Así pues, emplazo al lector a que examine este listado con una finalidad eminentemente informativa e histórica, pero sin excesivo espíritu crítico, porque para ello sería necesaria una concienzuda actualización tras una relectura sistemática de todo el material consultado y, la verdad sea dicha, yo ya no estoy para esos trotes. Le puede servir para comprobar cómo se repiten los autores y publicaciones, cómo se reparten los diferentes subgéneros, cómo el tiempo ha dado o quitado la razón a los premios literarios, o cómo irrumpen y desaparecen algunos autores, qué autores han escrito después sus mejores relatos pero aún estaban puliendo sus estilos. (Los casos más claros son Ramón Muñoz y José Antonio Cotrina, que no mucho después publicaron «Transformándose» y «Bajando», el primero, y «Entre líneas», el segundo.)
En resumen, creo que el listado tiene más valor si se ofrece en bruto, tal como lo escribí, sin comentarios adicionales, valoraciones ni análisis crítico que lo apoye. En todo caso, el lector puede insistir en todos estos aspectos en la zona de comentarios.
  1. «El rebaño», de César Mallorquí (BEM 33, 1993)
  2. «El bosque de hielo», de Juan Miguel Aguilera (BEM 50, 1996)
  3. «La pared de hielo», de César Mallorquí (Cyber Fantasy 3, 1993)
  4. «El noveno capítulo», de Armando Boix (Opar 4, 1996)
  5. «El agente exterior», de León Arsenal (Cyber Fantasy 4, 1994)
  6. «Otro día sin noticias tuyas», de Juan Carlos Planells (Visiones 1995, 1995)
  7. «La estrella», de Elia Barceló (BEM 13, 1991)
  8. «Ari, el Tonto», de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal (BEM 20, 1992)
  9. «Días de tormenta», de Ramón Muñoz (Gigamesh 17, 1998)
  10. «De entre la niebla», de Rafael Marín (BEM 13, 1991)
  11. «Ojos de sombra», de León Arsenal (Visiones propias II, 1993)
  12. «Los viejos días de la contracultura», de Carlos Fernández Castrosín (Núcleo Ubik 2/3, 1995)
  13. «Reflejos», de Félix J. Palma (Artifex 16, 1997)
  14. «El Centro Muerto», de León Arsenal (Kenbeo Kenmaro 6, 1994)
  15. «María Calaveras», de Félix J. Palma (El vigilante de la salamandra, 1998)
  16. «En las fraguas marcianas», de León Arsenal (Artifex Segunda Época 1, 1999)
  17. «Una esfera perfecta», de Eduardo Vaquerizo (Artifex Segunda Época 1, 1999)
  18. «Un racimo de infiernos», de Joaquín Revuelta (Núcleo Ubik 2/3, 1995)
  19. Los abominables sucesos de la Casa Figueroa, de Julián Díez (Opar Narrativa, 1995)
  20. «Seda y plata», de Eduardo Vaquerizo (Artifex 16, 1997)
  21. «Mi última noche con Donna», de Félix J. Palma (BEM 18, 1992)
  22. «El catador», de José Miguel Pallarés (Gigamesh 20, 1999)
  23. «Forastero en esta tierra», de Pedro Pablo García May (Cyber Fantasy 4, 1994)
  24. «Lilith, el juicio de la Gorgona y La sonrisa de Salgari», de José Antonio Cotrina (Premios Alberto Magno 1999, 1999)
  25. «Historia del insomnio de Raazd el Ocioso y del triunfo de Pafpaf, deshacedor de entuertos real», de José Luis Rendueles (Visiones 1998, 1998)
  26. «Materia oscura», de César Mallorquí (BEM 36, 1993)
  27. «De muerte y de dolor», de Juan Carlos Planells (Tránsito 17, 1993)
  28. «Oscuro candente», de León Arsenal (Gigamesh 8, 1997)
  29. «Tierra de venados», de Juan Manuel Santiago (Artifex Segunda Época 2, 1999)
  30. «Tarot», de Rodolfo Martínez (Gigamesh 18, 1999)
  31. «Ébano y acero», de Rafael Marín (Visiones 1996, 1996)
  32. «Círculo de hombres», de León Arsenal (Gigamesh 13, 1998)
  33. «El decimoquinto movimiento», de César Mallorquí (Gigamesh 12, 1998)
  34. «La casquería», de Adolfina García (Gigamesh 4, 1994)
  35. «Un animal en tu estómago (Una historia de amor)», de José Luis Rendueles (Visiones 1996, 1996)
  36. «El sueño de la razón», de Armando Boix (Gigamesh 13, 1998)
  37. «Besos de alacrán», de León Arsenal (Cyber Fantasy 5, 1994)
  38. «La carretera», de Rodolfo Martínez (Parsifal 2, 1993)
  39. «El ayudante de Piranesi», de Armando Boix (BEM 54, 1996)
  40. «El Uno Inefable», de Armando Boix (Artifex 16, 1997)
  41. «Los que esperan», de Carlos Fernández Castrosín (BEM 37 y Zooropa, 1994)
  42. «Queda un espacio vacío», de Julián Díez (Cyber Fantasy 5, 1994)
  43. «Oscuro, como un cristal», de Elia Barceló (Artifex 20/21, 1998)
  44. «Mutis», de Daniel Mares (Ad Astra 13, 1998)
  45. «Ritos», de Elia Barceló (BEM 59, 1997)
  46. «Río de acero ardiente», de Manuel Díez Román (Bucanero 4, 1996)
  47. «El mensaje perdido (A Orajabiá Suncaí e Gedeón Montoya)», de César Mallorquí (HispaCon 91, 1991)
  48. «Más tequila», de Joaquín Revuelta (Artifex 19, 1998)
  49. «Tormenta», de José Antonio Cotrina (Visiones propias, 1992)
  50. «Gómez Meseguer y el ogro Santaolaya», de Daniel Mares (Artifex Segunda Época 2, 1999)
A continuación desglosaré algunos datos que he juzgado interesantes.
He aquí la distribución de autores por número de relatos (entre paréntesis, los que incluía en el listado de doscientos):
  • León Arsenal: 7 (11)
  • César Mallorquí: 5 (7)
  • Armando Boix: 4 (9)
  • Félix J. Palma: 3 (13)
  • Elia Barceló: 3 (7)
  • Rodolfo Martínez: 2 (12)
  • Carlos Fernández Castrosín: 2 (10)
  • Rafael Marín: 2 (9)
  • Juan Carlos Planells: 2 (7)
  • Eduardo Vaquerizo: 2 (6)
  • Daniel Mares: 2 (6)
  • José Luis Rendueles: 2 (4)
  • Juan Miguel Aguilera: 2 (3)
  • José Antonio Cotrina: 2 (3)
  • Julián Díez: 2 (3)
  • Joaquín Revuelta: 2 (3)
  • José Miguel Pallarés: 1 (5)
  • Juan Manuel Santiago: 1 (5)
  • Manuel Díez Román: 1 (4)
  • Pedro Pablo García May: 1 (3)
  • Adolfina García: 1 (3)
  • Ramón Muñoz: 1 (2)
  • Javier Redal: 1 (2)
Estas son las publicaciones ordenadas por número de relatos:
  • Artifex: 9
  • BEM: 9
  • Gigamesh: 8
  • Visiones: 6
  • Cyber Fantasy: 5
  • Núcleo Ubik: 2
  • Ad Astra: 1
  • Bucanero: 1
  • HispaCon 91: 1
  • Kenbeo Kenmaro: 1
  • Opar: 1
  • Opar Narrativas: 1
  • Parsifal: 1
  • Tránsito: 1
  • El vigilante de la salamandra: 1
  • Premios Alberto Magno 1999: 1
  • Zooropa: 1
Y, a modo de top 5, he aquí una aproximación a cuáles fueron los cinco relatos más destacables de cada año (insisto, siempre según el orden de este listado, y sin incluir novelas cortas). Ofrezco los datos bibliográficos cuando no ha aparecido en el listado de cincuenta relatos que reproduzco más arriba. Detrás de cada año incluyo, entre paréntesis, el número de relatos que aparecen en el listado de doscientos. Este detalle puede dar una idea aproximada de la producción y de la curva ascendente de calidad que experimenta la literatura fantástica española a lo largo de la década, con los altibajos correspondientes a los supuestos cambios de ciclo y períodos de transición, la coincidencia con los diferentes premios convocados durante este período (en particular, los Ignotus, Aznar/Pablo Rido, Domingo Santos y Alberto Magno), las fases de dominación de las diferentes publicaciones (con una sucesión muy clara BEM-Cyber Fantasy-las antologías Visiones y el binomio Gigamesh-Artifex) y, por supuesto, la evolución de los diferentes autores, que parece seguir el patrón de grandes explosiones de creatividad concentradas en breves espacios de tiempo (por ejemplo, César Mallorquí en 1993, León Arsenal en 1994, o Armando Boix en 1996).
1991 (8)
  1. «La estrella», de Elia Barceló
  2. «De entre la niebla», de Rafael Marín
  3. «El mensaje perdido», de César Mallorquí
  4. «Extraviado», de Javier Redal (BEM 14)
  5. «La torre de la serpiente», de Javier Cuevas (Elfstone 6 y 7)
1992 (10)
  1. «Ari, el Tonto», de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal
  2. «Mi última noche con Donna», de Félix J. Palma
  3. «Tormenta», de José Antonio Cotrina
  4. «Cinerario», de Karim Taylhardat (BEM 23)
  5. «Todas las noches», de León Arsenal (Aullidos 2)
1993 (10)
  1. «El rebaño», de César Mallorquí
  2. «La pared de hielo», de César Mallorquí
  3. «Ojos de sombra», de León Arsenal
  4. «Materia oscura», de César Mallorquí
  5. «De muerte y de dolor», de Juan Carlos Planells
1994 (18)
  1. «El agente exterior», de León Arsenal
  2. «El Centro Muerto», de León Arsenal
  3. «Forastero en esta tierra», de Pedro Pablo García May
  4. «Besos de alacrán», de León Arsenal
  5. «Los que esperan», de Carlos Fernández Castrosín
1995 (33)
  1. «Otro día sin noticias tuyas», de Juan Carlos Planells
  2. «Los viejos días de la contracultura», de Carlos Fernández Castrosín
  3. «Un racimo de infiernos», de Joaquín Revuelta
  4. Los abominables sucesos de la Casa Figueroa, de Julián Díez
  5. «La casquería», de Adolfina García
1996 (21)
  1. «El bosque de hielo», de Juan Miguel Aguilera
  2. «El noveno capítulo», de Armando Boix
  3. «Ébano y acero», de Rafael Marín
  4. «Un animal en tu estómago (Una historia de amor)», de José Luis Rendueles
  5. «El ayudante de Piranesi», de Armando Boix
1997 (29)
  1. «Reflejos», de Félix J. Palma
  2. «Seda y plata», de Eduardo Vaquerizo
  3. «Oscuro candente», de León Arsenal
  4. «El Uno Inefable», de Armando Boix
  5. «Ritos», de Elia Barceló
1998 (24)
  1. «Días de tormenta», de Ramón Muñoz
  2. «María Calaveras», de Félix J. Palma
  3. «Historia del insomnio de Raazd el Ocioso y del triunfo de Pafpaf, deshacedor de entuertos real», de José Luis Rendueles
  4. «Círculo de hombres», de León Arsenal
  5. «El decimoquinto movimiento», de César Mallorquí
1999 (30)
  1. «En las fraguas marcianas», de León Arsenal
  2. «Una esfera perfecta», de Eduardo Vaquerizo
  3. «El catador», de José Miguel Pallarés
  4. «Lilith, el juicio de la Gorgona y La sonrisa de Salgari», de José Antonio Cotrina
  5. «Tierra de venados», de Juan Manuel Santiago
Como digo, el tiempo ha tratado muy bien a algunos de estos relatos, no tan bien a otros, y ha reivindicado algunos que en su momento no me llamaron tanto la atención. En todo caso, y vuelvo al leitmotiv de este ensayo, creo que el listado refleja de manera bastante razonable lo que fue el fándom español durante la década de 1990, y puede servir de base para futuros ensayos en los que se intente profundizar en esta interesante época.
Por supuesto, este ensayo también es un guante lanzado a quien quiera recogerlo y se anime a realizar algún estudio similar sobre la década de 2000, en la que perdí bastante contacto con lo que se editaba.  Por un lado, comenzaron a desaparecer los fanzines y revistas en papel, lo que hizo virtualmente imposible estar al día de lo que se publicaba. Por otro lado, hubo años en que me perdí demasiados relatos relevantes, puesto que estaba ocupado casi en exclusiva con los relatos que llegaban para las revistas Gigamesh y Artifex Cuarta Época (que dirigí, casi sin solución de continuidad, a lo largo de la década). Es cierto que retomé el contacto con la realidad durante los años en que fui jurado selector de la antología Fabricantes de Sueños de la AEFCFyT y jurado de los premios Xatafi-Cyberdark de literatura fantástica, pero para aquellos años, en el tramo final de la pasada década, el fándom, definitivamente, ya no era el mismo que durante la década de 1990. Casi no había fanzines ni revistas, todo estaba demasiado fragmentado, y resultaba materialmente imposible abarcarlo todo. Además, la distinción entre fándom y no fándom pasó a estar demasiado difuminada como para que tuviera sentido establecer diferencias, y en los listados de los Ignotus y de los Xatafi-Cyberdark comenzó a ser habitual que los relatos aparecidos en las escasas publicaciones especializadas compartiesen candidaturas con otros publicados en páginas web de autor o, directamente, en antologías profesionales aparecidas en editoriales generalistas, con lo que, de nuevo, resultaba imposible abarcarlo todo. Así pues, la tarea de buscar los cincuenta, cien o doscientos relatos más representativos de la pasada década está definitivamente fuera de mi alcance, aunque es evidente que no podrán faltar nombres como Félix J. Palma, Lorenzo Luengo, José Antonio del Valle, Alfredo Álamo, Santiago Eximeno, José Ramón Vázquez, Daniel Pérez Navarro, Sergio Parra, Francisco Javier Pérez, Julián Díez, Fernando Ángel Moreno, Magnus Dagon, David Soriano, Óscar Bribián, Roberto Malo, David Jasso, Alejandro Carneiro, Juan Díaz Olmedo, Víctor Miguel Gallardo, Víctor Conde, Eduardo Vaquerizo, Rafael Marín, Rodolfo Martínez, León Arsenal, Santiago García Albas, Manuel Díez Román, José Miguel Pallarés, Ekaitz Ortega, Juan Antonio Fernández Madrigal, Carlos Martínez Córdoba, Elia Barceló, Alejo Cuervo, Manuel de los Reyes, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Cristina Fernández Cubas, Ramón San Miguel, José Javier Bataller, Sergio Mars, Joaquín Revuelta, Juan Carlos Planells, Marc R. Soto, Javier Cuevas, Álex Vidal, José María Faraldo, Víctor Ánchel, Nuria C. Botey, Juan Miguel Aguilera, Jimina Sabadú, Miguel Puente, Juan Ramón Biedma, David G. Panadero, Juan Miguel Aguilera, Iván Olmedo, Javier Esteban, David Mateo, Luis Astolfi, Iban Zaldua, Jon Bilbao, David Roas, Enrique Vila-Matas o, ya que estamos, yo mismo («Protégete de la onda expansiva de mi cerebro» no es mal cuento). Sería, desde luego, un listado más ecléctico que el de la década de 1990, aunque también podríamos jugar a efectuar el ejercicio inverso: ampliar mi listado de doscientos relatos destacables de literatura fantástica producida por el fándom castellanoparlante durante la década de 1990 a… los doscientos relatos más representativos de la literatura fantástica española, con independencia de la lengua en que fueron escritos o de su carácter profesional o aficionado. En una nueva vuelta de tuerca, y dado que internet ha abolido las fronteras nacionales, se podrían añadir autores latinoamericanos como Carlos Gardini, Bernardo Fernández, Alejandro Alonso, Sergio Gaut vel Hartman, Paula Ruggeri, Patricia Suárez, Carlos Suchowolski, Yoss o Vladimir Hernández. De nuevo, una tarea ingente y prácticamente inabarcable.
Reitero que el listado que he ofrecido en este ensayo no tiene base científica, y tan solo se trata de un documento de hace doce años que he encontrado rebuscando entre mis papeles, y que me parecía interesante dar a conocer. Es, pues, un repaso muy subjetivo a la década de 1990 y los relatos que la convirtieron en una de las más fértiles y apasionantes de la historia del género fantástico español.

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