lunes, 17 de octubre de 2011

VIII Vine a Fer Cervesa 2011

Si fuéramos una casa nobiliaria de Canción de Hielo y Fuego nuestro lema sería "Nosotros fermentamos". Ya sabéis que Cristina se dedica a hacer panes caseros, con excelentes resultados. Su padre se dedicaba a la destilación (extraordinarias ratafías) hasta que el año pasado le regalamos un kit de fabricación de cerveza, y ahora se ha convertido, además, en maestro fermentador. Por eso no se lo pensó dos veces cuando le comentamos que el pasado sábado iba a celebrarse la octava edición de Vine a Fer Cervesa, una feria-taller de fabricantes caseros de cerveza, y para acá que se vino.
Acudimos a esperar a mis suegros a la estación de Sants, y de allí fuimos al Centre Cívic Cotxeres de Sants , que para mí tiene unas resonancias especiales, ya que hace justo nueve años acogió una hispacón entrañable, en cuya organización formé parte, y gracias a la cual me integré un poquitín más en el fándom de una ciudad a la que acababa de mudarme.


Una vez en les Cotxeres nos dedicamos a, como se suele decir, "pulsar el ambiente". La feria consistía básicamente en una veintena de stands de fabricantes caseros de cervezas (Bevirra, Birra08, Glops, Sénia o Les Clandestines) más una zona de conferencias. Mezclado con la zona de asientos, un estrado adicional, en el que se llevaban a cabo las demostraciones de elaboración de cerveza artesanal (tres en total).
 
Cuando llegamos estaba comenzando la elaboración de Demostració, a cargo de Jordi Poblador y Pablo Vijande. No nos perdimos detalle de las especificaciones técnicas (el agua tiene que alcanzar los 65 ºC y conviene que sea de calidad, ya que es un componente tanto o más importante que la malta, el lúpulo y la levadura), y aprovechamos para echar un vistazo a las sacas de malta, las máquinas de chapado o los estupendísimos lotes que se iban a subastar a lo largo del día.















Una de las peculiaridades de Vine a Fer Cervesa fue el vaso de cristal que podías adquirir por dos euros, y con el que te las tenías que apañar durante todo el día. Es mucho más ecológico que los vasos de plástico, menos cutre que beber a gollete (algo que supongo que los puristas considerarán una blasfemia, aunque claro, yo me crié con quintos de Mahou, y claro, no se puede decir que discrimine al respecto) y, todo sea dicho, bastante incómodo, ya que tenías que cargar con el vasito de aquí para allá. No obstante, fue una buena idea, y ahora tenemos dos vasos más en casa, serigrafiados con los nombres de los patrocinadores y dispuestos a que los llenemos con ricas cervezas de fabricación casera.


En cuanto a las cervezas, es evidente que no fuimos capaces de bebérnoslas todas. Veinte fabricantes multiplicados por cuatro o cinco cervezas... Haced la cuenta. Imposible. Tampoco compramos nada. En realidad apenas consumimos media docena de cervezas diferentes.



He aquí la triunfadora indiscutible del día: la Marranada Blend de Reptilian, casi ocho graditos de alcohol guardados en barrica de vino, lo que, a decir de los expertos, explicaba parte de su peculiar y muy agrio sabor. Te tumbaba si ibas en ayunas, como era nuestro caso, pero estaba bien rica.

 
 Todo ello, claro está, sin demérito del resto de fabricantes. No probamos ni una sola cerveza mala.















Asistimos a la conferencia de Pablo Vijande sobre la elaboración de cerveza. Como somos profanos en la materia y fue bastante didáctica, le sacamos bastante provecho. Nos quedamos con la definición de cerveza como producto de la fermentación de cereales (con arreglo a lo cual el sake japonés es una cerveza, no un licor), mientras que el vino es el producto de la fermentación de frutas. También se nos desglosaron los componentes y fases de elaboración del producto. En ocasiones fue difícil de seguir, dado el barullo ambiente, pero, insistimos, fue una charla muy instructiva y nos aclaró ideas.




 Antes de ir a comer asistimos a la etapa de aspersión de otra de las cervezas que se estaban elaborando in situ, la Pública. 
 



 Llegados a este punto el público era tan abundante que decidimos salir a comer a un buen restaurante casero de Sants, que para algo éramos los anfitriones de suegros, tíos y primos. No nos acordamos de documentar los dos primeros platos, pero he aquí una muestra del postre.


Regresamos a tiempo de asistir a la fase de cocción, dar una vueltecita por los stands y hablar con los expertos allí reunidos mientras tratábamos de arreglar el mundo o, al menos, evitar que nos lo jodan más. El padre de Cristina aprovechó para departir con los organizadores, y resolver dudas.
En el stand de Sénia aprovechamos para comprar una tostada (buena) y una porter (extraordinaria, de lo mejor que hemos probado en mucho tiempo).


 Una vez efectuado el sorteo (nos tocó una botella de La Vella Caravana de trigo, obsequio de mi prima política, afortunada ganadora de uno de los lotes), salimos a darnos una vuelta por la calle de Sants y alrededores, hasta la estación de Sants, desde donde los padres de Cristina regresaron a casa y la comitiva cervecera se dispersó.

 Por eso nos perdimos las charlas sobre cervezas belgas y cervezas italianas, aunque regresamos a última hora, tiempo para  asistir a la fase de enfriamiento y para el segundo sorteo, en el que no nos comimos un colín. Llegados a ese punto, e incapaces de probar una sola gota más de cerveza, regresamos a casa, con las alforjas llenas de fotos y tarjetas de visita, y dispuestos a ampliar conocimientos sobre cervezas artesanales catalanas., para ser un poco más expertos en la próxima edición y limitarnos a degustar las novedades.

Desde luego, material no nos va a faltar, dado el empuje que está experimentando el sector. 


 

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