miércoles, 29 de junio de 2011

El blog también existe

... aunque a veces parezca que no.
Sé que he tenido este blog muy descuidado, pero bueno, la cosa funciona así: actualizo cuando puedo. Y, últimamente, no he tenido mucho tiempo para actualizar.
¿En qué he andado metido durante estos casi dos meses? En lo de siempre. Mucho trabajo (por suerte) con momentos tirando a delirantes (esto ya no es como para dar botes de alegría, pero no doy detalles por aquello de la confidencialidad y no ir perdiendo clientes), un par de bodas (enhorabuena a los contrayentes, algunos de los cuales leerán esto), algún que otro susto familiar (felizmente superado), toneladas de indignación política, económica y social, y, en fin, la vida misma. 
Cierto es que procrastrino mucho, y que si el Twitter y el Facebook, y bla bla bla, pero el problema de fondo, la razón por la que no actualizo el blog, es que no encuentro tiempo. A ver, sí, podría ir tirando indefinidamente con entradas como la que estáis leyendo, en plan "¡Hola! ¡Sigo aquí!", o colgar recomendaciones literarias e informes de lectura publicables (esto es, sin cláusula de confidencialidad), pero no serían más que maneras de salir del paso, volcar contenidos por colgarlos..., cosa que, por otra parte, es muy legítima.
No, lo que echo de menos es un Plan, así, en caja alta. Saber adónde quiero llevar el blog, y tal. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que el blog era una finalidad en sí misma, y que cualquier cosa que escriba es válida, puesto que refleja mi evolución personal y profesional, desde aquel osito mimosín incontinente verbal de los primeros tiempos hasta el más literario y autopublicitario de los últimos años. Supongo que se juntan dos concepciones de blog que, bien miradas, son incompatibles entre sí: la pornografía emocional y el blog de negocios. A quien siguiera el blog por mis batallitas debe de resultarle muy cuesta arriba el que ahora me ponga a contar qué estoy corrigiendo o dejando de corregir (y sé que he perdido lectores por ello), y quien aterrice en él o bien porque esté buscando información sobre algún contenido literario en el que yo haya estado implicado o bien porque sea cliente mío (¡hola!) tal vez no necesite saber según qué secretitos inconfesables de mí mismo. ¿Cómo estoy solucionando esa contradicción? No haciendo nada. No actualizo, y punto.
Sé que no es la manera de solucionar el asunto, pero tampoco es ese el único problema. También hay uno, de motivación, que viene de largo y que me parece más serio. Y otro más: me he vuelto comodón. Y un tercero: la falta de tiempo. Escribo hoy porque tengo un ratito para hacerlo, entre envío de certificado de contratista a un cliente, factura a otro y lectura de manuscrito para un tercero. 
No obstante, no me apetece dejar el blog (que es una de las posibles soluciones al problema de la falta de actualizaciones) y, al mismo tiempo, me motiva bastante la idea de abrir otros dos: uno, más profesional, de modo que este quede como el único e intransferible blog personal de Juanma Santiago, con menos actualizaciones aún, pero todas ellas "de las de antes" (pornografía emocional de la buena), y otro, y esto lo habréis intuido quienes me seguís en Facebook y Twitter, de versiones bizarras.  Lo que me falla de este último es, precisamente, el exceso de material: hay tanto que no sé por dónde empezar, y, como ya me conocéis, no me voy a limitar a colgar un vídeo y una frasecita jocosa, como hago en Facebook, sino que se trataría de escribir pequeños ensayos sobre cada versión, su original correspondiente, el contexto, los intérpretes, otras versiones bizarras de ese tema, etc. Coming soon, que se dice.
Eso sí, en medio de este mar de incertidumbres sobre la blogosfera y yo, solo tengo una certeza: las próximas actualizaciones de Pornografía Emocional van a ser literarias y profesionales. 
Por un lado, he releído algún cuento mío de cuando escribía y me publicaban, y veo que, pese a que no han envejecido nada bien y necesitan un repaso en profundidad (y esto sí me motiva: ya que no tengo material nuevo, ¿qué menos que tunear el ya existente y "hacer algo con él"?), están más que inencontrables, y prefiero publicarlos en el blog, para que quede constancia de cómo eran aquellas cositas que escribía en la década de 1990. También hay otra cosa: esos cuentos tenían fecha de caducidad. Su acción transcurría a principios del siglo XXI, y ahora resultan tan anacrónicos que como deje pasar un solo año más sin colgarlos me van a meter en el mismo saco que a Julio Verne y Doc Smith. Así pues, démosles publicidad ahora que todavía tienen cierto valor prospectivo. Por supuesto, poco a poco.
Y, por otro lado, y a este punto quería yo ir a parar cuando comencé a escribir esta entrada, cada vez recibo más mensajes privados (en mi cuenta de Gmail, sí, pero también en Facebook y Twitter) con preguntas directas acerca del mundo de la edición. Qué hay que hacer para ser corrector de estilo. Con qué empresas de servicios editoriales trabajo. Cómo hay que montárselo para mover originales. A quién hay que comerle la orejilla para hacer informes de lectura. Qué pasa si cuelgo en internet una traducción amateur de un texto por el que no ha pagado derechos pero luego veo que el traductor profesional ha llegado a soluciones sospechosamente parecidas a las de mi traducción amateur. Cómo hay que gestionar un ISBN. A quién conozco yo que pueda hacer tal tarea relacionada con el mundillo. Etcétera.
Total, que como mi cuenta de Facebook no tiene sección de preguntas más frecuentes, se me ha ocurrido la genial idea de recopilar todas estas dudas y así me ahorro responder siempre lo mismo, o andar copiando y pegando de mensajes anteriores. Por supuesto, ni se os ocurra que esto va a ser La Solución Definitiva A Todas Vuestras Preguntas Sobre El Mundo Editorial, sino más bien una especie de Cómo ser editor según Juanma. Tampoco os esperéis una cosa de lo más exhaustiva. Se trataría más bien de una guía de andar por casa, con consejos útiles. No digo que la vaya a escribir durante estos días (o tal vez sí, si tengo tiempo), pero sí que esas van a ser las próximas entradas del blog.
Hale, a disfrutarlo.

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