lunes, 31 de enero de 2011

Bibliotecarios en Spotify (y otras listas)

Comenzamos la semana con una nueva entrada mía en Frikitecaris. En ella enlazo una lista de reproducción que he colgado en Spotify: "Frikitecaris, bibliotecarius macizorrus y sexy librarians", que espero que os guste: de momento lleva 26 suscriptores, récord histórico en listas de mi autoría. La idea era ofrecer canciones en las que aparezcan bibliotecas, bibliotecarios, libros y demás parafernalia bibliotecaria. El abanico temático es amplio, pero también lo es el estilístico: podemos encontrar desde música electrónica hasta rap en noruego, pasando por el pop y las bandas sonoras. Ahí la dejo. Espero que os guste.

Recuerdo que las primeras entradas de Pornografía Emocional llevaban un pequeño epílogo en el que enumeraba las canciones que escuchaba en mi lista de reproducción en el momento de escribirlas. Eran los tiempos del eMule y de las recopilaciones caseras con canciones en mp3 extraídas de mis CD. Por algún motivo, suprimí esos epílogos musicales cuando comencé a publicar las entradas que había ido escribiendo durante las semanas previas a la apertura del blog, y en las que escribí a partir de entonces dejé de incluirlos. Eran información innecesaria, tal vez, pero, cinco años después (¡sí, el blog cumplió cinco años el mes pasado, y ni siquiera escribí acerca de ello, en vez de eso enlacé otra lista de reproducción, pero con mis canciones favoritas de 2010!), releo las entradas originales, no las que aparecieron publicadas finalmente, y creo que me equivoqué: habría sido buena idea incluir siempre esos epílogos musicales, esas relaciones de canciones reproducidas al azar).
Un ejemplo. La tercera entrada del blog, titulada precisamente "Pornografía emocional (propiamente dicha)" llevaba el siguiente añadido en la versión original:

(Banda sonora de esta anotación, con el reproductor de Windows puesto en orden aleatorio en la carpeta de la letra M: “The Time Is Now”, de Moloko; “Egoak ebaki”, de Mikel Laboa; “Ray of Light”, de Madonna; “O sonho”, de Madredeus”; “Con dos camas vacías”, de María Jiménez y Joaquín Sabina; “Alabama Song”, de Marianne Faithfull; “Angel”, de Massive Attack; “One”, de Metallica; “Sly”, de Massive Attack; “The Promise”, de Michael Nyman; “Why Does My Heart Feel So Bad?”, de Moby; “Helps Both Ways”, de Mogwai; “Suedehead”, de Morrissey; “Finally We Are No One”, de múm, “2 Rights Make 1 Wrong”, de Mogwai; “Mezzanine”, de Massive Attack; “Spanish Stroll”, de Mink DeVille; “Mars Attacks”, de Mastretta; “Con esa morena”, de Miguel Poveda y “Don’t Be Afraid, You Have Just Got Your Eyes Closed”, de múm. No necesariamente en este orden.) 

Poco que ver con la temática de la que hablaba en la entrada, pero suficiente para que os hagáis una idea de por dónde iban mis gustos musicales hace cinco años, y de cuánto tiempo tardo en escribir una entrada.Esa misma semana publiqué otra entrada, de mis favoritas del blog, que se titulaba "La banda sonora de mi hogar (De Valencia a Madrid sin salir de Barcelona)". Dado que la entrada era una especie de autobiografía de mis últimos meses en Madrid y el primer año y medio en Barcelona, narrada en función de las canciones que más escuchaba en aquella época, cabría suponer que las mencioné en aquel post scriptum. Pues no. El texto era el siguiente: 

(Banda sonora de esta anotación. No he puesto música. ¿Para qué? Recordaba perfectamente todas las canciones, como si las estuviera escuchando.)

De hecho, una de mis primeras listas de reproducción de Spotify era la banda sonora de aquella entrada, pero, mal que nos pese, Spotify tiene bastantes carencias y no conseguí dar con todas esas canciones. Una lástima, porque la idea era buena. Creo.
No insisto más en el asunto, pues veo que las veinte primeras entradas del blog incluían ese apéndice sonoro, y sería tedioso copiar y pegar sus contenidos. 
El caso es que los hábitos musicales cambian. Ya no tengo el eMule echando humo, ni escucho apenas mi nutrida colección de música en CD. En vez de eso, recurro a una alternativa legal y más intangible, que apenas ocupa un espacio en la memoria caché de mi portátil: Spotify. Prisionero como soy del síndrome de Diógenes digital, no quiero ni saber cuántas listas de reproducción he creado, ni a cuántas estoy suscrito, pero de vez en cuando no me resisto a la tentación de compartir alguna con los lectores de Facebook, Twitter o el blog. Incluso es más que probable que un día me anime a lanzar un nuevo blog especializado en las canciones que más me soléis comentar en Facebook: las "Versiones bizarras (viaje musical al corazón de las tinieblas)", de las que tengo ya más de cuatrocientas, a las que hay que añadir cerca de un centenar en mi cuenta de YouTube. ¿Os gustaría que me liara la manta a la cabeza y creara el blog Versiones Bizarras, o mejor lo dejo como está? Abusar de estas canciones puede afectar seriamente la cordura mental... Sea como fuere, ya iré enlazando más listas de Spotify a medida que las vaya perfeccionando. Nos leemos (y escuchamos).

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martes, 25 de enero de 2011

Eneros en piso compartido

Los meses de enero tenían algo especial en nuestros pisos compartidos. Regresábamos de nuestras vacaciones navideñas, ya se celebrasen estas en Madrid o Vigo, Lisboa o La Sénia, Tremp o L'Hospi, Alemania o México, y los pisos se iban llenando poco a poco. Cada cual traía regalitos típicos de su ciudad (líquidos y comestibles, a ser posible) y, como si necesitáramos una excusa, preparábamos alguna cena mítica, con chorrocientos invitados. Tequila, mazapanes de cacahuate y pollo al mole. Ginjinha y pastéis de Belém. Ron, arepas y chocolates Toronto. Vinos blancos de Ribera de Duero o tintos de La Rioja. 

Y regalitos: no en vano, se celebraban dos cumpleaños, pues tanto Rita como Emmanuel cumplían años el mismo día, en enero, y Ray, dos días antes, y Calitros, cuando se sumó al grupito, unos días después. Inaugurábamos el curso, como si del primer capítulo de una nueva temporada de De Valencia a Madrid sin salir de Barcelona se tratase, nos dábamos la bienvenida y cantábamos el "Cumpleaños feliz" en varios idiomas y con diferentes melodías, incluida la de Los Pitufos Makineros, que teníamos en cedé. 
Sin embargo, solo guardo recuerdos concretos de dos de aquellos cumpleaños conjuntos, lo cual me lleva a pensar que o bien estoy cada vez más olvidadizo, o bien mi departamento de documentación fotográfica es una castaña, o bien no hacíamos tantas celebraciones como yo recordaba, y en realidad tengo aquel pasado glorioso bastante idealizado.
En realidad, solo recuerdo que celebráramos un cumpleaños total con la formación "clásica" del piso (Emmanuel, Rita, Aleix, Ricardo y yo). Fue en la calle Valencia, en enero de 2003. Estábamos desmantelando el piso, pues nos largábamos en febrero, y toda la casa estaba manga por hombro. 
No obstante, Ricardo se tiró el rollo y nos prestó su inmensa habitación, que no era otra cosa que el salón-comedor, pero reconvertido en habitación doble, para que la casera pudiera sacarse quinientos euros más por el alquiler del piso. Nos tenía terminantemente prohibido montar saraos en el salón, pero estábamos en modo "pa' lo que me queda en el convento...". Cenamos, bebimos, reímos, algunos hasta bailaron, lo recogimos todo para no dejar huellas incriminatorias (la casera entraba cuando y como quería) y después acabamos en el Déjàvu, pues al fin y al cabo se podía ir andando, ya que el Clot y Poblenou están a tiro de piedra.
No obstante, los detalles se me van olvidando, los personajes se desdibujan y, a estas alturas, ya no sé quién dejaba o dejaba de estar en aquellas cenas. ¿Quién participó o no en tal o cual cena?  Los contornos se desdibujan.

Es más, ¿llegué a asistir a alguna de esas fiestas y ya no me acuerdo?
Podías llegar a casa a las cuatro de la mañana, encontrarte con veinte ingenieros calados hasta los huesos, el suelo con un dedo de agua, una voz pastosa de "¡Juanma, podemos explicártelo!" y, a continuación, echar a gritos a dos okupas (no necesariamente pareja) que se hubieran colado en tu cama para dormirla.
Pero también podía suceder lo contrario: que estuvieras pero sin estar allí. Pasarte casi toda una fiesta en tu habitación, con una gripe intestinal bastante chunga, tratando de dormir porque no te tenías en pie, salir a socializar solo para que no se dijera, ayudar a preparar una sangría tipo erasmus, picotear alguna cosilla semisólida y que no llevara picante (es decir, no probar bocado), quedarte en casa recogiendo mientras los demás se iban de picos pardos, y recrear la fiesta a partir de las fotos posteriores, como si hubieras participado en ella al ciento por ciento.
Está todo tan borroso... Era yo quien estaba tan borroso... Había demasiadas sombras.
En enero de 2004 no se podía decir que el horno estuviera para bollos. Nos estábamos largando del piso de Avenida de Madrid, Aleix y yo nos habíamos plantado de una manera un tanto torpe (incluso llegamos a buscar piso por nuestra cuenta), y aún no habíamos encontrado el piso de Arizala. Emmanuel acababa de regresar de México, donde había estado varios meses arreglando papeles tras la muerte de su padre. Rita acababa de irse del piso, Adriana se había mudado con nosotros (bueno, con Ricardo) y, además, teníamos una iguana. Así pues, lo celebramos fuera, en El Mussol de Diagonal. Fue, de largo, la cena más comedida que recuerdo de la etapa de piso compartido.

De la celebración de 2005 no he encontrado imágenes, por lo que supongo que Emmanuel estaba en México, o en Roma, o en París, o yo tenía alguna Tertulia Naranja con los cyberdarkianos habituales (Pau, Kaoss, Zita, Karina, Porny, Nolle, Rastor, Pistolpep, Ppx, Agnes, dd, Renéevivien...), o algo parecido. O tal vez nos fuéramos por ahí a celebrarlo, porque la situación estaba algo tensa en el piso de Arizala: Pamela y Luis se acababan de separar, se iban de su habitación, estábamos de cásting para buscar compañero de piso, y lo más seguro es que Rita o Lily nos invitaran a celebrarlo en sus pisos, o que saliéramos a cenar por ahí. 
En 2006 teníamos movida con los caseros, ya que no nos querían pagar el arreglo de la calefacción, y a medio plazo eso supuso que Lluís se largara del piso, pues no tenía por qué estar pagando alquiler para morirse de frío. Esa movida con los caseros supuso también que la vida me cambiara de manera radical, y para mejor, así que bienvenida fuera, a pesar de las largas noches de edredones y estufas eléctricas. En todo caso, yo andaba más pendiente de poner en marcha este blog, escribir entradas como loco (sí, amiguitos, seguro que algunos de vosotros os acordáis de cuando actualizaba todos los días) y prepararme un pedazo de conferencia sobre Stanislaw Lem. Rita ya había regresado a Portugal, y Ray estaba ultimando los preparativos para regresar a México, así que los cumpleaños conjuntos ya eran historia a aquellas alturas. Y, de nuevo, no recuerdo si Emmanuel estaba en México o en Barcelona, aunque, si no lo estaba, lo más razonable es suponer que Andrés, Eli, Lluís y servidor brindamos a su salud, entonamos algún "¡Viva México, cabroneees!" y a continuación nos pusimos a ver juntos alguna peli molona o algún DVD de videoclips. 
Lo que no nos perdimos fue la fiesta de despedida de Ray, en abril, que fue antológica y se celebró en el pisito de Arizala, con caretas del homenajeado en plan Cómo ser John Malkovich.
El cumpleaños de 2007 se me ha borrado por completo de la memoria. Supongo que estaba en Girona con Cristina, o tenía que madrugar porque acababa de comenzar las prácticas del máster de edición en Larousse, o estaba a punto de despedirme del curso de producción editorial, y además tenía clases  del máster por las tardes, y no recuerdo gran cosa de esa época, excepto que durante un curso entero no paré ni un solo segundo, y que gracias a eso hoy soy un feliz autónomo autoexplotado.
Sí recuerdo que no pude asistir al cumpleaños de 2008. Decir que por aquel entonces yo seguía viviendo en Arizala sería un tanto exagerado, aunque contrato en mano fuera cierto, pues apenas paraba por allí excepto para conectarme a Internet, y mis únicos vínculos reales con el piso estribaban en dormir allí  muuuuy de vez en cuando, tener una balda propia en la nevera, hacer las lavadoras, desayunar y merendar con Emmanuel, Wendy o Moni, y, sobre todo, supervisar los cada vez más frecuentes cástings que seguían a la marcha de algún compañero de piso. Si hoy es martes, mi compañera de piso es polaca y tiene veinte pares de zapatos en el pasillo. Si hoy es jueves, es alemana, se va del piso y no obstante tengo que ayudarla a buscar piso porque el casero de su amiga las ha tangado. Y así sucesivamente. 
¿Por qué no pude asistir a aquel cumpleaños? Pues porque teníamos quedada conjunta de Frikitecaris y Cuchitril Literario. No era la primera, pero sí la más concurrida hasta entonces, y en cierto modo fue el punto de partida de una larga y hermosa amistad.
En 2009 estábamos desmantelando el piso de Arizala, pues nos íbamos en febrero, y se montó una fiestecita a la que tampoco asistí: tenía un plazo de entrega urgentísimo, andaba de cabeza con la mudanza y, además, estábamos preparando nuestra boda.
En 2010 y 2011, ni Emmanuel ni Rita estaban en Barcelona, así que nos intercambiamos mensajes de correo electrónico y/o pivados de Facebook. Lo importante es que no perdemos el contacto (y que, gracias a eso, me ahorro las felicitaciones cursis en este blog). 
Como veis, si nos ponemos estrictos, apenas asistí a un par de cumpleaños de Emmanuel y Rita. No obstante, era una fecha señalada (el comienzo del curso, la vuelta a casa después de volver de casa por Navidad), y siempre he estado allí con ellos, si no en cuerpo, al menos en espíritu. No han faltado las felicitaciones, aunque no siempre hayamos podido celebrarlo en persona. Siempre ha habido buena y variada compañía, con compañeros de piso como Emmanuel, Rita, Aleix, Andrés, Eli, Lluís, Ricardo, Adriana, Wendy, Ben, Mónica, Jordi, Stefi o Katrin, y amigos que prácticamente eran compañeros de piso, como Lily, Ray, Ericka, Calitros, Norberto, Aurora, Ricardo, Vicky, Arturo, Bibi, Iván, Shane, Cristina, Sandra, Inés, Claudia, Sofía, Roman, Patrick, Adolfo, Roselia, Orlando, Gerrit, Deborah, Stefi y tantos, tantos otros. 

Ya no suelo hablar del piso compartido, aunque al principio era el motivo central de este blog, o tal vez por eso: dejé de hacerlo justo cuando iba a llegar al punto en que las cosas empezaban a ponerse feas, y no digo que no vaya a terminar de contar esas surrealistas y cada vez más exasperantes escenas de cásting, o la disparatada salida del piso de Arizala y la consiguiente odisea que nos llevó a no conseguir que nos devolvieran la fianza; escribiré acerca de ellas cuando tenga tiempo y ganas y, si no se dan las dos circunstancias a la vez, pues no lo contaré, y aquí paz y luego gloria. No hace mucho tiempo le explicaba a Emmanuel que no había terminado de contar nuestras experiencias de pisos compartidos porque lo más probable era que alguien me partiera la boca si decía según qué cosas. Tal vez exagerase, o acaso haya sido por cobardía, o por no complicarme la vida, o porque llegó un momento en que la cosa dejó de tener gracia y se convirtió en una carga. O por un poco de todo; cuando un compañero de piso se despide de ti con un malcarado "Y que sepas que leo tu blog", después de haberte cantado las cuarenta con cosas de las que ni siquiera estabas al corriente, sabes que tal vez deberías comenzar a cortarte un poco. 
La distancia hace ver las cosas en su justa medida y, mientras escribía esta entrada, he descubierto que apenas guardo recuerdos sólidos y documentados de algo que siempre había considerado el epicentro de la convivencia familiar de la calle Valencia, la avenida de Madrid o la calle Arizala. Sin embargo, sí conservo sensaciones, casi todas ellas positivas (aunque, visto también en perspectiva, las vueltas al hogar después de las vacaciones fueron más accidentadas que tranquilas) y, sobre todo, me acuerdo de una época irrepetible (más que nada, porque no sé si mi hígado podría repetirla, y porque, como decía Franco en aquel memorable chiste, lo probé una vez) que me encantó vivir como viví: comiendo, bebiendo, riendo, celebrando, sacándonos fotos, ejerciendo a todas horas la antropología comparada y, sobre todo, hablando y hablando.

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miércoles, 19 de enero de 2011

Las (bibliotecas en) ruinas de Detroit

Hoy he dado un paso más para convertir Pornografía Emocional en una sucursal de Frikitecaris, o viceversa, ya que la entrada de hoy del blog de biblioteconomía friqui es de mi autoría. Me encantan las fotografías de las que se habla en la noticia original. Nos hablan de un pasado glorioso y un presente en ruinas. No resultaría extraño ver lianas creciendo entre estas bibliotecas abandonadas, o un león cruzando esta Detroit espectral, como si se tratara de una de las profecías de Tyler Durden en El club de la lucha, o un relato de J. G. Ballard, o alguna secuencia de Doce monos. Os invito a que veais el resto de las fotos, porque merecen la pena.

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Quien haya visto 8 Miles, algún documental de Michael Moore o cualquier reportaje sobre la brutal reconversión industrial que mandó a la calle a la plantilla de General Motors sabrá que Detroit es una ciudad muy, pero que muy castigada por la crisis. Paul Verhoeven se adelantó a su tiempo cuando, allá por 1987, la convirtió en la convulsa protagonista de Robocop. ¿En qué otra ciudad podría desarrollarse una pesadilla tecnológica, en la que converjan el futuro ultratecnológico y la pura cochambre? Tal vez en una Nueva York a lo John Carpenter o Walter Hill, cierto, pero, si quitamos los grabados piranesianos de las ruinas de la Roma clásica vistos con los ojos del siglo XVIII, esa conjunción de ciudad  viva y muerta al mismo tiempo, tan echada a perder en el presente como esplendorosa en un pasado más o menos remoto, sólo se puede apreciar en una urbe como Detroit, la antigua capital de la General Motors y, por lo tanto, del poderío industrial estadounidense y, por extensión, occidental. La caída de Detroit no deja de ser una metáfora y una advertencia de un fin del mundo que, lejos de las imágenes apocalípticas que evoca (la ya citada Robocop, vale, pero también 1990. Los guerreros del Bronx, Mad Max, Doce monos, El planeta de los simios), nos recuerda iconos más cotidianos y dolorosos de la historia reciente (las ruinas de Belchite, la destrucción de Dresde, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, la Alemania que recreara Lars von Trier en Europa, o la Shangái de El imperio del sol), y se convierten en una premonición: a Occidente le quedan, literalmente, cuatro días de supremacía mundial. Sea de quien sea, el futuro no es de Detroit ni, más allá, Estados Unidos, ni, cruzando el charco, la Unión Europea. Dentro de pocas décadas, tal vez ni siquiera un siglo, los nuevos amos del mundo, esos chinos, indios, nigerianos o brasileños multimillonarios viajarán a las ruinas de ciudades como Detroit, y sacarán fotos o pintarán acuarelas (o harán lo que se lleve para entonces) de ese próspero mundo que se fue para no volver.
Sin necesidad de ponernos tan apocalípticos, la Detroit actual debe de ser una ciudad muy llamativa, en la que los edificios abandonados cohabitan con los desguaces y los derribos, y las autoridades pueden llegar a tardar días en advertir la existencia de un incendio. Los franceses Yves Marchand y Romain Meffre han publicado un excelente libro de fotografías de esa Detroit espectral, que haría las delicias de un J. G. Ballard de bajona. Resulta imposible no deleitarse en la serena belleza que irradian estas fotografías, como las ruinas de una Pompeya asolada de un segundo para otro, como una ciudad que hubiera sido abandonada ante la inminencia de un bombardeo sin que sus habitantes tuvieran tiempo de recoger ninguna de sus pertenencias. Y todo ello en el corazón del capitalismo, en el epicentro mismo del sueño americano, en el lugar de donde partieron los primeros Ford T dispuestos a cambiar para siempre la historia de la humanidad.
Por aquello de barrer para casa, colgamos sólo dos de esas fotos, pertenecientes ambas a bibliotecas públicas abandonadas. Dan pena. Conmueven. Son hermosas. Causan dolor. Nos inducen a reflexionar.

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viernes, 14 de enero de 2011

Retorciendo palabras


La entrada de hoy de Frikitecaris es de mi cosecha. En ella opino acerca de dos de mis temas favoritos: bibliotecas y política. En concreto, me lamento del uso que ciertos columnistas hacen de la cultura como arma arrojadiza para justificar un discurso claramente reaccionario. Como pedirle coherencia a la caverna es una tarea poco menos que imposible, sé que me podría haber ahorrado la entrada, pero es que hay cosas por las que no paso. Puedo entender que se le meta una hostia de campeonato a la Ley Sinde, que me parece uno de los mayores despropósitos de esta legislatura (y ya es decir). Puedo entender que se aproveche un ataque a la Ley Sinde para extenderlo a todo aquello que huela a PSOE (al fin y al cabo, el columnista de marras, y el medio para el que trabaja, viven de eso). Incluso me puede entrar en la cabeza que se ataque la Ley Sinde como excusa para exponer un programa político ultraderechista (si es lo que opina el columnista, adelante: son sus ideas). Puedo entender pero no justificar que se aproveche un ataque a la Ley Sinde para proponer la desaparición de las bibliotecas públicas, utilizando un arsenal de excusas a cual más demagógica y barata (si es lo que opina el columnista, etc.). Pero lo que ya me parece del género tonto es que una persona que se gana la vida gracias a la cultura aproveche un ataque a la Ley Sinde para reivindicar la desaparición de una de sus fuentes de ingresos. Ah, que a lo mejor iba de coña y quería decir justo lo contrario... Puede, pero a lo mejor sus lectores no lo interpretan así, se quedan con la copla y ponen la idea en marcha. ¿Apocalíptico? ¿Exagerado? Pues, teniendo en cuenta que en algunos ayuntamientos de la Comunidad de Madrid se amenaza a los bibliotecarios con privatizar las bibliotecas en cuanto éstos ponen el grito en el cielo por cualquier cacicada de la concejalía de Cultura correspondiente, no sabría yo decir...
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Nunca dejará de sorprenderme la capacidad humana de retorcer argumentos válidos hasta hacerlos irreconocibles para llegar a conclusiones erróneas mediante razonamientos correctos. El doctor Fleischman decía, en un episodio de Doctor en Alaska, que la gente suma dos y dos y consigue que le salga veintidós. Cuando, además, quien retuerce argumentos goza de algo más que cierto predicamento en determinados sectores que coquetean (aunque sin entrar de lleno) con la caverna mediática, Poleo Party o como se quiera llamar, la tarea de intentar rebatirlo se vuelve poco menos que misión imposible. Entrar en polémicas es una auténtica pérdida de tiempo llegados a cierto punto o cuando atañen a según qué personajes, así que me limitaré a constatar la publicación de esta columna de opinión, ofrecer el enlace correspondiente (un bibliotecario siempre cita la fuente), ahorrar epítetos y lanzar al aire un par de ideas de utilidad para contextualizar el asunto en la medida de lo posible. Por aquello de no alimentar al trol, vamos.
Aun entendiendo el punto de ironía que se emplea en la columna de marras (sí, vale, el columnista está jugando a provocar, y lo más probable es que vaya de coña y opine justo lo contrario de lo que está escribiendo, aunque, si éste fuera el caso, podría decirlo alto y claro, como hace este otro columnista), y sin dejar de entender el contexto político y social (el todo vale para cargarse al gobierno), quiero insistir en que, a partir del tenor literal de la columna, el autor parece llegar a conclusiones erróneas utilizando argumentos parcial o totalmente válidos o, al menos, no del todo incorrectos. No tengo nada que oponer al hecho de que dispare a matar contra una ley  impopular, peligrosa y de dudoso acomodo con la legalidad, una ley que nos ha impuesto un grupo de presión ligado a una potencia exterior (doy por hecho que la llamada Ley Sinde se aprobará tarde o temprano); pero me parece mucho más dudoso que para llevar a cabo este ataque cargue las tintas contra los principios rectores de la política social y económica de los españoles, reconocidos en el capítulo III del Título I de la Constitución. Para desacreditar una apostilla dudosamente constitucional de una ley que nos han colado los Estados Unidos, el columnista dinamita el artículo 44.1 de la Constitución, ese que dice que "Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho". Ése es el marco legal, reconocido por la Constitución, y promovido y tutelado por los poderes públicos, que permite la existencia de las bibliotecas públicas y, por extensión, lo que da o ha dado de comer a la mayoría de los lectores de Frikitecaris... y, me atrevo a añadir, al columnista airado, quien no duda en dispararse al pie con tal de propinarle una hostia más que merecida al gobierno, pero a costa, insisto, de caer en la tautología y el sofisma.
No creo que se trate de una columna descerebrada ni de una mera meada fuera de tiesto por parte del columnista famoso por no querer incurrir nunca en lo primero, aun a riesgo de vivir de manera permanente en lo segundo: al fin y al cabo, todavía hay clases, y el grupo mediático en el que colabora se mantiene dentro de unos estándares aceptables de conducta, cosa que no se puede decir de otros grupos mediáticos de la misma ideología pero algo más exaltados. La columna de marras forma parte de un contexto francamente desalentador, en el que ganas más votos o lectores cuanto mayor sea la burrada que dices, y en el que está mejor que bien visto tirar a matar contra todo aquello que huela a sector público. En última instancia, y sabiendo quiénes son los lectores naturales de esta columna y quién gobierna en la comunidad autónoma donde trabaja y reside el columnista, no es más que un aviso para navegantes: si los propios intelectuales "conservadores moderados" afines al régimen, los individuos más interesados en que sus obras obtengan difusión y las futuras bibliotecas lleven sus nombres, consideran (aunque sea a modo de pirueta mental escrita para tocar las pelotas al "bando contrario", y en el marco de un ataque contra una ley reprobable) que las bibliotecas son una chorrada que no sólo no cumple ninguna función social sino que encima es un ataque en toda regla a la libertad de creación artística, no os quepa ninguna duda de que el futuro de las bibliotecas es más bien negro, por no decir inexistente. Quien más, quien menos, todos los bibliotecarios madrileños o valencianos aquí presentes tendréis alguna jugosa anécdota que contar con respecto al modo en que vuestros poderes públicos autonómicos y locales promueven y tutelan el acceso a la cultura en vuestros respectivos centros de trabajo.
¿Se me va la pinza? Puede que sí, pero no creo: si prescindimos de Poleos Party y similares hierbas nacionales (que, total, no hacen más que soltar la burrada más grande que se les ocurra, entre bromas y veras, para crispar el ambiente), sí hay una tendencia que va más allá de lo anecdótico. Un columnista no deja de ser eso, un columnista, y, por más que su opinión sea tenida en cuenta e incluso se le otorgue la capacidad real de toma de decisiones si tiene la suerte de que le den algún cargo como agradecimiento a los servicios prestados (un Instituto Cervantes, una secretaría de Estado o, ay, una dirección de la Biblioteca Nacional), éstas, en última instancia, se toman en otros ámbitos, generalmente supranacionales. La Unión Europea, por ejemplo, que es la institución que obligó a España a implantar el canon por préstamo pero que al mismo tiempo está intentando salvar a editoriales y bibliotecas (la cultura y la propiedad intelectual, en general) de sucumbir al monopolio de Google Books. O los famosos mercados, esa mano invisible cada vez más visible, que dictan que lo que no da dinero está condenado a desaparecer. Son los mismos mercados que han determinado que buena parte de la red de bibliotecas públicas de Gran Bretaña esté condenada a la desaparición, y que, por mero efecto dominó, dé toda la impresión de que esto sea una tendencia y, tarde o temprano, se acabe exportando a España. Visto lo visto, y a tenor de lo que opina en público la intelectualidad destinada a influir en quienes tendrán la última en palabra, será más temprano que tarde, y, desde luego, el panorama no parece más descorazonador.
¿Quién tiene razón? ¿Quién deja de tenerla? El tiempo lo dirá. Lo que está claro es que se avecinan malos tiempos para quienes vivimos o intentamos vivir de la cultura y la creación, propia o ajena, porque nos quedan tres telediarios para que nos cierren el chiringuito. Y lo más irónico del asunto es que nuestro epitafio lo están ayudando a escribir personas que viven de la cultura y de la creación propia. Con dos cojones, oiga.
Cabe la posibilidad, y ya lo he dicho al principio de esta entrada, de que el autor de la columna esté diciendo justo lo contrario de lo que parece que está diciendo, y en realidad esté planteando una floridísima e ingeniosa reducción al absurdo, al equiparar una idiotez (la ley para frenar las descargas ilegales) con otra idiotez mucho más grande y, sobre todo, provocadora (¡las bibliotecas públicas son más de lo mismo, ergo también hay que cerrarlas!). Si es así, me la envaino... aunque me temo que quienes toman las decisiones en última instancia no interpretarán la ironía y el doble sentido, sino que leerán esta columna al pie de la letra, tomarán nota de lo que opina la intelectualidad afín al régimen que fue y será, lo utilizarán como argumento de calidad y, ay, actuarán en consecuencia. Teniendo en cuenta quién lee al columnista, hasta puede que el tiro le salga por la culata y consiga que se haga aquello que dice en la columna, no lo que quería decir.  Al fin y al cabo, el columnista podrá estar afirmando lo contrario de lo que ha escrito, pero sus lectores tipo creen a pies juntillas que hay que acabar con gasto público inútil, y desde luego, la cultura es un objetivo muy, muy fácil de atacar, e igualmente fácil de reducir a maniqueísmos absurdos. El infierno está lleno de paradojas así.

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jueves, 13 de enero de 2011

Supervillanos de la leche

Quienes seguís nuestras andanzas por el blog ya sabréis que Cristina padece de intolerancia a la lactosa y que tiene un más que recomendable blog de recetas sin lácteos. En la actualización de hoy de Lactosa Free ejerzo de firma invitada (u okupa, si lo preferís), con una entrada relacionada con aspectos más bien sociológicos de la intolerancia a la lactosa: la visibilidad que tiene ésta en los medios de comunicación. Que, por cierto, es casi nula, aunque de un tiempo a esta parte comienza a ser mayor, tanto en el terreno de la publicidad como en el del asunto que nos ocupa: los personajes de ficción que la padecen. Y, rizando el rizo, cómo puede un intolerante a la lactosa hacer frente al supervillano dotado del superpoder más mierdoso del mundo, que diría la inefable Kelly. 

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Huelga decir que la convivencia con una persona que padece de intolerancia a la lactosa te hace más receptivo con las cuestiones alimentarias (aunque a mí también hay que darme de comer aparte, y nunca mejor dicho, dado que me diagnosticaron colon irritable años ha), pero también te cambia el modo de ver la vida en general. No sólo me refiero a lo más práctico e inmediato (esas búsquedas de lactosa, leche, leche desnatada, leche en polvo, suero lácteo, proteína de la leche o trazas de lácteos en los ingredientes de los productos más insospechados), sino también a otra serie de asuntos en los que nadie repararía de otra manera. 
Los superhéroes y los supervillanos, por ejemplo.
Los medios de comunicación y la cultura son hijos de la realidad en que viven, testigos de la época en que se han producido. Las preocupaciones cambian, y también los modelos a seguir. Son un reflejo de su público. Esto es muy evidente en aspectos llamativos a simple vista, como la raza o el sexo. 
Conforme avanzaba el proceso de integración racial en los Estados Unidos, comenzaron a aparecer personajes relevantes de color en sucesivos ámbitos: literatura, música, deporte, cine, cómics, política... Aunque hoy nos parezca mentira, hubo que esperar hasta bien entrada la década de 1960 para que unos músicos de color aparecieran en la televisión en un horario de máxima audiencia, y sólo hace dos años, como quien dice, que un negro ha accedido a la presidencia de los Estados Unidos. ¿Cuándo llegará una mujer a la presidencia de los Estados Unidos? Bueno, quien dice los Estados Unidos dice España, ya puestos...
Este rollo viene a cuento para plantear una pregunta. ¿Qué pasa con las intolerancias alimentarias en los medios de comunicación y en la cultura? Estamos en 2011, y sólo ahora empiezan a verse productos sin lactosa en más o menos todas las cadenas de supermercados, pero apenas hay publicidad de ellos en la televisión. La batalla que los diabéticos o los celíacos han tardado años y años en ganar, o al menos en no tener del todo perdida, comienza ahora a librarse en el campo de la intolerancia a la lactosa, y lo cierto es que de uno o dos años para acá se han producido avances significativos, que se pueden resumir en un concepto: visibilidad. Si no te ven, no eres nadie, no existes. Y la intolerancia a la lactosa comienza ahora a "existir" más allá de las personas que la padecen o de su entorno más inmediato, porque es visible para la sociedad. Hace diez años no lo era en absoluto; hace tres años comenzaba a serlo, y ahora va por el buen camino para asentarse, aunque todavía falta mucho camino que recorrer.
Pues bien, ahora os planteo la pregunta, relacionada con la visibilidad. ¿Cuántos personajes de televisión, cine, literatura o cómic intolerantes a la lactosa seríais capaces de citar de carrerilla?
Venga, no es tan difícil. Os doy diez segundos.
...
...
...
Vale, seguro que sólo habéis pensado en Leonard Hofstadter, el físico friqui de The Big Bang Theory, ¿verdad? 
 O puede que ni en él...
... o, de acuerdo, si sois muy, muy friquis, a lo mejor habéis pensado en Curtis, uno de los superhéroes por accidente de la serie Misfits... pero sólo si habéis visto la segunda temporada, que es en la que habla abiertamente de su intolerancia.
Pues bien, la inclusión de personajes con intolerancia a la lactosa no es del todo casual, sino que obedece, creo yo, al hecho de que los guionistas y productores de dichas series han reparado en que una parte significativa de los espectadores de ambas la padecen y, por tanto, buscan que éstos se identifiquen con ellos. Está feo planteárselo en términos de "moda" o "tendencia", porque detrás hay un problema que afecta a mucha gente y que ha condicionado sus vidas, pero a) esto es un negocio, b) todo vale en él y c) ya puestos, mejor planteárnoslo desde el punto de vista positivo: aunque parezca mentira, esto puede ayudar a la toma de conciencia de que los intolerantes a la lactosa existen. Resulta curioso que sea en dos series orientadas a un público urbano, con estudios superiores y, en todo caso, menor de cuarenta años (aunque cabría esperar que la franja de edad fuera más amplia, y apareciesen intolerantes a la lactosa en series orientadas a todo tipo de públicos). No debería tardar en aparecer alguno en series españolas, y me apuesto lo que sea a que será en Física o Química o alguna serie para jóvenes o adolescentes, más que en Las Chicas de Oro o Doctor Mateo, para entendernos. 
Con todo, Misfits da la pirueta definitiva al respecto, y aquí me adentro en terrenos demasiado pantanosos si estáis viendo la serie y aún no habéis llegado al penúltimo capítulo de la segunda temporada, de modo que intentaré no reventar ninguna sorpresa. Digamos que la intolerancia a la lactosa desempeña un papel fundamental en la trama del episodio 2x06 de Misfits, y lo dejo ahí... Bueno, no, añado los dos primeros minutos del capítulo de marras, para que os hagáis una idea de por dónde van los tiros.

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martes, 11 de enero de 2011

Series imposibles

La porosidad entre las redes sociales es caprichosa: uno intenta (sin éxito) liarla parda en el Twitter, pero donde la lía parda es en Facebook, cuando comenta que no ha conseguido liarla parda en Twitter y, al final, reaprovecha la parida del día para colgarla en Blogger, que al fin y al cabo es donde sale más a cuenta publicar contenidos propios. No deja de ser una metáfora de la utilidad real y el ámbito de intereses de cada red social: Twitter genera tanto ruido que es imposible destacar en él, aun queriendo (una muestra: el mismo día en que ETA declara un alto el fuego que podría ser el definitivo, y probablemente la noticia política de la década si la cosa sale bien, lo que acapara comentarios es el Balón de Oro a Messi, el politono del móvil del rey y la muerte de Juanito Navarro), Facebook genera el mayor número de comentarios (aunque con una marcada tendencia a hacer una "fiesta de la espuma" y desfasar a lo loco) y Blogger se convierte, al final, en el último recurso para hacer perdurable un hilo de Twitter o Facebook especialmente exitoso. Twitter es la tiranía que impone la obligación de estar allí en todo momento, Facebook es el patio de vecinos donde todo el mundo comenta, y Blogger es lo que le acaban leyendo a uno, aunque luego no le comenten. 
A lo que iba. Después del éxito de un divertidísimo trending topic (o asunto candente, vamos) de Twitter que llevaba por título #lessambitiousmovies (al que aporté chorradas como Quiero ser como Guti [sí, fui yo, aunque luego lo hayáis leído retuiteado por otros], Miedo y asco en Les Corts, Déjame llamar al telefonillo o El hombre que miró mal a Liberty Valance), me dije a mí mismo que por qué no mezclaba ese concepto con el de los títulos pervertidos de Gigamesh, lo aplicaba a series televisivas y, como resultado, obtenía mi propio trending topic con #series_imposibles. Dicho y hecho.
Por desgracia (o por suerte, dados el riesgo de incurrir en demasiadas idas de olla y el peligro de ampliar mi procrastinación habitual hasta límites nocivos para la salud), soy el último mono en Twitter, y el hilo apenas generó dos docenas de comentarios, brillantísimos casi todos ellos. 
Tuve más suerte en Facebook, donde la cosa acabó en modo fiesta de la espuma, como ya he dicho, y ya van más de cien comentarios, con un nivel igualmente brillante.
Y ahora lo cuelgo en este blog, donde sé que no va a haber ni una docena de comentarios, suponiendo que haya alguno, pero, al fin y al cabo, esto es lo que perdurará en el ciberespacio cuando haya chapado la cuenta de Twitter, porque sigo sin verle la gracia a los tuiteos, y si Facebook no inventa ningún medio de recuperar información y contenidos antiguos, por lo que es bastante más que probable que su inmediatez me acabe pareciendo un lastre a medio plazo. Vamos, que uno siempre vuelve a las raíces.

A lo que iba. La idea es, como ya habréis supuesto, dar títulos de series descabelladas e imposibles. Esto se puede conseguir de muchas maneras.
Por ejemplo, se puede pervertir una sola letra de su título para que dé lugar a un significado completamente diferente y, en ocasiones, contrapuesto al espíritu de la serie (How I Bet Your Mother, es decir, Cómo me aposté a tu madre, o The Big Band Theory). 
También se puede jugar a mezclar los títulos de dos series que no tengan nada que ver la una con la otra, para que el resultado final sea una perversión más o menos estimulante y/o divertida (dos ejemplos: Mr. Bean Human, que sería la mezcla de Míster Bean y de Being Human; o Ally McGyver, la improbable mezcla de Ally McBeal y McGyver). 
Asimismo cabe la posibilidad de jugar a adaptar series extranjeras a la idiosincrasia española (Life on Sants, en vez de Life on Mars, o Sexo en Nueva Numancia, en vez de Sexo en Nueva York), o jugar con ésta para ir un paso más allá en el carácter patrio de nuestras series (y, en este aspecto, resulta impagable esa acertada simbiosis que es Hospital Central Manzanares, resultante de mezclar Hostal Royal Manzanares y Hospital Central). 
Otra opción es descojonarse del espíritu de la serie y pervertir su título (ejemplo: Aquellos intrascendentes años, en vez de Aquellos maravillosos años). 
Por último, así a bote pronto, se puede pervertir el título de la serie de modo que sea aplicable a más de una serie, y mucho mejor si una es española y otra extranjera; ejemplo, Doctor en la tasca, cuyo título remite a Doctor en Alaska pero que nos lleva a pensar inmediatamente en Doctor Mateo.
Lo que no da puntos es la chabacanería, el chiste escatológico y las referencias sexuales demasiado facilonas. Twin Pricks podría ser el título de una peli porno con enanos y policías consumidores de tarta de cerezas, pero no es la serie imposible que buscamos; para eso, y ya puestos a jugar con títulos de alto voltaje, se pueden intentar cosas como Canifornication o Cadizfornication, que hasta tienen gracia y todo.

Dicho esto, comprenderéis que no reproduzca tooooodos los títulos que han surgido (¡ciento y pico!), pero no me resisto a mostraros los más divertidos, inteligentes y/o acertados. Si queréis aportar más en los comentarios, cojonudo; si os apetece votar vuestros favoritos, adelante, ya veremos la manera de hacer llegar algún premio (simbólico o no) al ganador; y si os limitáis a leer sin decir ni mú, que es lo habitual en este blog, pues nada, otra vez será.
Os dejo con tres listados: uno, el de mis propias pajas mentales; otro, el de los títulos más afortunados (indico la autoría entre paréntesis), y el tercero, con mis favoritos indiscutibles, los merecedores del premio Serie Imposible. Fuera de categoría, Antonio Martín propone un caso real: Cuéntame cómo paso, así, sin acento.
Por supuesto, muchísimas gracias a los que habéis participado. Ahora me quedo con las ganas de ver estas series, no las "de verdad".


MIS SERIES IMPOSIBLES

La abeja Maña
Ally McGyver
Anastomosis de Grey
Antinomia de Grey
Aquí no hay quien fume
Babylon 5-0
The Big Band Theory
Brokeback Empire
Canción triste de Benny Hill
Canifornication
Cadizfornication
Deep Spain Nonaino
Doctor en la tasca
How I Bet Your Mother
Los Jabugo
Life on Veronica Mars
La Masa de la pradera
Mítica o Bíblica
Mr. Bean Human
La perrera de Eva
Sabina, cosas de trujas
Sexo en Nueva Numancia
The Talking Dead
Walker Power Ranger


MOOOOOLAN

A dos metros bajo el agua (elfinsacerca)
¿Águila Roja? Volamos hacia Moscú (Álex Vidal)
El Ala Oeste de La Moncloa (Ramón San Miguel)
Anatomía de Pataky (Alfonso Merelo)
Los ángeles de Barbie (Sandroide Vulcana)
Aquel busca a su tío (Awixumayita Atiyamuxiwa)
Autopsia hacia el cielo (Antonio Martín)
Breaking Banks (Blanca Martínez)
Buffy, la caza-auditores (elfinsacerca) 
Camarera, café (Ramón San Miguel)
Catalonia (el programa humorístico de mayor éxito en Polonia) (Carles Quintana) 
Chencho en Nueva York (Antonio Martín)
Dexter in the Middle (Arturo Villarrubia)
Dirty Sexy Dexter (María)
Doctor ¿Lo Qué? (Ramón San Miguel) 
Emplumadas (Blanca Martínez)
Encontrados (María)
Fat Men (Julián Clemente)
Goofy Cazavampiros (Ramón San Miguel)
Los Gozos y las Soprano (Carneiro)
Gramática, Y griega de combate (Ramón San Miguel)
El hambre en la tierra: Paletilla ibérica (Ramón San Miguel)
El laboratorio criminal de Dexter (Ramón San Miguel)
Life on Sants (Álex Vidal)
Malcolm in the Bible (Awixumayita Atiyamuxiwa)
The Ñ-Files (elfinsacerca)
Pasión de Colombos (Carneiro)
Patadón Verbenero (Ramón San Miguel)
Podridos (Ramón San Miguel)
A Serbian Serie (Nacho Planas)
Sé Infiel (Awixumayita Atiyamuxiwa)
Los Serrano en tiempos revueltos (Carneiro)
Sexo en Alcorcón (Sandroide Vulcana)
Star Shrek (Sandroide Vulcana)
SuperGerente 86 (Ramón San Miguel)
Los tuertos vivientes (George Kaplan)
Tus muertos vivientes (George Kaplan)
¡Vaya sabanita! (Awixumayita Atiyamuxiwa)
Xena, Texas Ranger (Antonio Martín)



¡¡¡NECESITO VER ESA SERIE!!!

42 (María)
Aquellos intrascendentes años (elfinsacerca)
Benidorm Five-O (Alfredo Álamo)
The Big Breaking Bad Theory (Arturo Villarrubia)
Blossom Legal (Awixumayita Atiyamuxiwa)
La Cosa de la Pradera (¡Nunca cabrees a Michael Landon!) (Antonio Martín)
El Espantapájaros y la señora Fringe (Carles Quintana)
Hospital Central Manzanares (Antonio Martín)
Mad Max Men (Antonio Martín)
Mujeres Descerebradas (Sandroide Vulcana)
Passion Break (Ramón San Miguel)
Rex, un tiranosaurio diferente (Ramón San Miguel)
Todo el mundo quiere a Dexter (José M. Cárdenas)
True Mahou (Álex Vidal)

(PD. Estoy actualizando a medida que aportáis títulos de series imposibles. ¡Muchas gracias! Esto es muy, muy grande. Besitos.)

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lunes, 10 de enero de 2011

¡Nos copian!

Frikitecaris actualiza hoy con una entrada de mi cosecha. Aunque estamos en invierno, el buen tiempo invita a solazar la vista con cuerpos serranos como los que se muestran en ella. Al fin y al cabo, este blog se llama Pornografía Emocional, por lo que no deja de estar justificado este despliegue de jóvenes semidesnudos, buenorros y de buen ver posando para calendarios; además, qué coño, me mola que lleguen al blog buscando "calendario de tíos buenorros" y similares. 
La noticia no deja de tener su coña: ¡una marca de ropa interior engaña a una biblioteca universitaria para realizar una sesión fotográfica de modelos en paños menores, y encima los usuarios van y se quejan! Son gente rara, estos estadounidenses.
Por lo demás, aquí andamos, de bajona, con las (relativas) vacaciones convertidas en un recuerdo ya lejano, y reintegrándome poco a poco en la rutina diaria. Mi visita de hoy al dentista ha confirmado que mi pieza número 24 es poco menos que mutante. Cualquier día actualizo con mis aventuras en el dentista, que sé que es una temática que os encanta de manera especial

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Está clarísimo que Frikitecaris marca tendencias. O eso o, directamente, nos copian. Total, como nuestro calendario de 2011 está sujeto a licencia Creative Commons, deben de partir de la base de que no nos vamos a chivar a CEDRO, la SGAE ni VEGAP (instituciones todas ellas a las que no pagamos ni un euro, todo sea dicho), pero lo cierto es que en la parte inferior de esta página se puede leer un "© Todos los derechos reservados. Frikitecaris" que digo yo que no permite albergar muchas dudas con respecto a la autoría intelectual de este vuestro blog favorito del mundo bibliotecario, archivero y documentalista.  
¿A cuento de qué viene esta parrafada? Pues a lo ya apuntado: o bien marcamos tendencias o bien nos están copiando de mala manera. ¿O acaso no es una muestra viva y coleante de espíritu frikitecario el acudir a hacer como que estudias a la biblioteca de la Facultad de Derecho de la Universidad de Brooklyn y encontrarte con la siguiente estampa? Nada menos que una sesión fotográfica para un calendario de cenutriousuarios en paños menores. ¡Y plantando el calzado encima de los manuales de..., de...! Bueno, no se lee desde aquí. Pues eso. Que Dewey nos asista...
Mucho más significativo que el hecho de que una empresa de lencería haya reparado por fin en la utilidad social de las bibliotecas es el clamor popular que la sesión fotográfica de marras levantó entre usuarios, directivos y bibliotecarios, en un alarde de unanimidad que resulta de agradecer, aunque desde este blog hacemos votos para que se prodigue cuando la ocasión merezca realmente la pena.
"Es intolerable. Yo trabajo en esos ordenadores todos los días", se queja una estudiante al New York Post. 
Lo cual, convendréis conmigo, da que pensar, y mucho, acerca de cómo dejaron los modelos esos ordenadores después de la sesión... y qué hicieron (o no hicieron) para que una usuaria se queje en esos términos.
Ah, vale, ahora lo pillo. 
El decano Michael Gerber va más allá y cuenta que "estamos tan sorprendidos y mortificados como vosotros por esas fotografías". A ver, sorprendidos, vale, pero ¿mortificados? Tampoco es para tanto, digo yo. ¿O tal vez sí? Veamos, veamos:
"Pensé que el anuncio era repugnante para una facultad de Derecho. Es impropio que una institución donde estudiamos y trabajamos tenga gente en ropa interior", se queja Jordan Hersch, un estudiante de veintidós años que debe de ser tuno o tunante, ya que, no obstante su edad, todavía va por primer curso.
Releed las declaraciones de Jordan, por favor. ¡Se está quejando de que hay gente que lleva ropa interior! No de que vayan en paños menores, sino de que los llevan... ¿Significa eso que ninguno de los cenus ni bibliotecarios de Brooklyn lleva puestos siquiera unos humildes gayumbos de Bob Esponja o braguitas de Hello Kitty? Creo que quien está empezando a mortificarse ahora soy yo...
No hemos podido entresacar más declaraciones del New York Post, pero la prensa británica se descojona que da gusto con la noticia de marras.
Pero ¡un momento! ¿Qué tiene esto que ver con el calendario de Frikitecaris? En realidad, nada, porque las fotos picantes se quedaron fuera del montaje final (a lo mejor las sacamos en el making of), pero sí indica que alguien se ha inspirado libremente en esta otra entrada de Frikitecaris, aunque la sangre que embadurnaba a los cenus del videoclip de Deftones no permita ver la ropita interior de los susodichos, que seguramente sea de la marca Diesel.

Más preocupante, y esto ya demuestra plagio a mala leche, es esta viñeta de El Periódico de Catalunya, en la que alguien se inspira con demasiada fidelidad en el chico del calendario del mes de junio. Comparad, comparad:


Yo no digo ná. Las fotos hablan por sí solas. Luego, claro, uno lee declaraciones como las de Paul Holdengraber y todavía hay quien se sorprende de que acto seguido monten un happening en una biblioteca neoyorquina.
¿Qué será lo próximo? ¿En qué acabará esta cadena de plagios de nuestro calendario? A estas alturas, ya casi me espero cualquier cosa...

(Frikitecaris jura por Dewey que ningún facehugger ni conjunto de lencería para cenus han sufrido daño alguno durante la elaboración de esta entrada.)

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