viernes, 30 de julio de 2010

Sugerencias para los premios Ignotus 2010

La Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFyT) convoca una edición más de los premios Ignotus, que poquito a poco se acercan a su vigésimo aniversario. El miércoles publiqué aquí el listado de candidatos al V Premio Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica, que podéis complementar con los finalistas del premio Celsius 232 de la Semana Negra de Gijón para haceros una idea de por dónde podrían ir los tiros en la presente edición de los Ignotus. 
De momento parece que Juan Miguel AguileraEduardo Vaquerizo y José Miguel Vilar-Bou parten con cierta ventaja en el apartado de novela española gracias a La red de Indra (Alamut), La última noche de Hipatia (Alamut) y Alarido de Dios (Equipo Sirius), respectivamente, aunque no podemos olvidarnos de las virtudes de otros posibles candidatos como El Adepto de la Reina, de Rodolfo Martínez (Sportula; por cierto, esta mención no sustituye en modo alguno la crítica que tengo pendiente desde hace meses, y que espero poder escribir pronto; stay tuned) o Amerika, de Lorenzo Luengo (Algaida; otro libro del que debo crítica; por cierto, emplazo al lector a buscar la referencia friqui en la que el autor se hace aparecer a sí mismo y, de paso, menciona cierta revista de refilón). Habrá que estar atentos al comportamiento de novelas que a priori parten como outsiders en el fándom pero que han tenido una buena acogida por parte de la crítica generalista, como Fin, de David Monteagudo (Acantilado) o El fondo del cielo, de Rodrigo Fresán (Mondadori). Y queda la duda acerca de en qué medida la tradicional fobia que el votante medio de los Ignotus profesa a la literatura juvenil puede minar las posibilidades de La cosecha de Samheim, de José Antonio Cotrina (Alfaguara), o hasta qué punto la saturación de libros sobre zombis puede perjudicar las posibilidades de Naturaleza muerta, de Víctor Conde (Dolmen).
En cuanto a la categoría de novela extranjera, también tengo el pálpito de que va a haber un duelo muy interesante entre Visión ciega, de Peter Watts (Bibliópolis), y El nombre del viento, de Patrick Rothfuss (Plaza & Janés; como ya he hablado hasta la saciedad de esta novela, no insisto más, pues estas cosas terminan siendo contraproducentes), con la posible interferencia de El corcel, de Carol Emshwiller (Alamut). Digo lo mismo que con respecto a la novela de Víctor Conde: el auge de la narrativa zombi ¿será beneficioso o contraproducente para las posibilidades de Orgullo y prejuicio y zombis, de Jane Austen y Seth Grahame-Smith (Umbriel)? La solución, en la papeleta final.
Como he comentado un poco más arriba, parece que el votante medio de los Ignotus es manifiestamente alérgico a la literatura juvenil, así que no me entretendré mucho hablando de las bondades de títulos como Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins (RBA), Poderes (otro del que debo crítica) y Lavinia, de Ursula K. Le Guin (Minotauro), Graceling, de Kristin Cashore (Roca) o Los ojos de un rey, de Catherine Banner (Minotauro), porque mucho me temo que sólo los voy a votar yo. Una pena, porque los cinco son recomendables, sobre todo los tres primeros. Yo ya he lanzado el guante en alguna que otra ocasión, pero parece que el tema no le interesa a nadie, así que vuelvo a hacer el comentario: parece que existen el caldo de cultivo, la infraestructura y los autores necesarios como para implantar un premio destinado específicamente a reconocer las mejores obras de literatura juvenil de género fantástico. ¿Hay algún editor o particular en la sala que esté dispuesto a organizarlo? Creo que merecería la pena...
 Por lo demás, el Ignotus a la mejor antología debería llevárselo Mobymelville, de Daniel Pérez Navarro, (AJEC), seguido muy de cerca por A diez mil años luz, de James Tiptree, Jr. (AJEC; ¡un Tiptree inédito!) y con la incógnita acerca de si uno de los triunfadores de las nominaciones de los Xatafi, De mecánica y alquimia, de Juan Jacinto Muñoz Rengel (Salto de Página), podrá colarse en la papeleta final. 
Veo cuatro ensayos muy interesantes que merecerían salir de la próxima hispacón con una piedra bajo el brazo: J. G. Ballard, el tiempo desolado, de Pablo Capanna (Alamut), reescritura de un ensayo anterior que nos da todas las claves para entender al visionario escritor británico recientemente fallecido; Cuando cantan las espadas. La fantasía heroica de Robert E. Howard, de Javier Martín Lalanda (La Biblioteca del Laberinto), otra acertadísima reescritura, en esta ocasión de su ensayo clásico sobre Howard, las Actas del I Congreso de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción que se celebró en la Universidad Carlos III del 6 al 8 de mayo de 2008 (y que, en mi modesta opinión, marca un punto de inflexión en la manera de entender el género en el ámbito académico) y W de Watchmen, de Rafael Marín (Dolmen), un estudio completísimo sobre el clásico de Alan Moore y Dave Gibbons.


Dicho esto, me temo que en la presente edición de los Ignotus no voy a poder ayudaros gran cosa. No he hecho los deberes. Me faltan lecturas y posibles candidatos en casi todas las categorías, de modo que no incluiré los listados exhaustivos de antaño. De todos modos, tampoco os quejaréis del repaso del año 2009 que efectúo en los párrafos anteriores, ¿no?
De hecho, esta entrada es más autopromocional que otra cosa, ya que, por un lado, me limitaré a proponer el contenido made in Juanma que podéis votar en la presente edición de los Ignotus y, por otro, hacer publicidad de las iniciativas en las que he estado implicado durante el año 2009, que es el período de elegibilidad.

En cuanto a lo primero, me resulta obligado hablar de una de mis fuentes de ingresos, el Foro Fantasy de Círculo de Lectores, que podría ser candidato en el apartado de página web. Desde hace tres años estamos organizando lecturas compartidas a tutiplén, llevando a cabo encuentros interactivos con autores, comentando los títulos de género que edita Círculo y, en definitiva, creando afición. Creo que la iniciativa merece la pena, y por supuesto os lo recomiendo.
Otra página web que recomiendo encarecidamente, como colaborador y fiel lector, es Literatura Prospectiva. Miradas al futuro desde la ficción, ya que su comportamiento durante 2009 ha sido ejemplar, y creo que puede convertirse en ese punto de referencia en cuanto a críticas y opiniones que todos echamos de menos desde que las revistas en papel echaron el cierre. El listado de reseñas, columnas y ensayos que han aparecido durante este año y pico empieza a ser apabullante.
Además os recuerdo dos aspirantes a candidatas en el apartado de revista: Artifex Cuarta Época y Revista Hélice. Los dos Ignotus consecutivos de esta última indican que se ha consolidado como una de las publicaciones favoritas de los aficionados, pese a esa eterna relación de amor-odio que suscitan sus contenidos..., eh..., digamos que demasiado escorados hacia el academicismo. Por lo que a mí respecta, el número 12 de Hélice marca un antes y un después en la historia de las revistas especializadas, y creo que será reivindicado en el futuro. Sólo por este número se merece Hélice el Ignotus..., por supuesto, sin desmerecer del número 11, que también es magnífico. En estas páginas se pueden leer varios posibles candidatos a mejor artículo. Sin desmerecer del resto, apunto mis preferencias personales:
- "Roy Batty, esclavo y revolucionario. Un análisis marxista de Blade Runner", de Joaquín Moreno Álamo (nº 12), impresionante punto y final de la trilogía de ensayos que el autor ha dedicado a la película y de la que me siento en parte responsable, ya que los anteriores aparecieron en Stalker 19 y en Gigamesh 39. ¿Para cuándo un libro con los tres ensayos juntitos?
- "En los amorosos brazos de Mary Shelley: Frankenstein desencadenado, de Brian Aldiss", de Sara Martín Alegre (nº 12), un lúcido análisis de la novela de Aldiss y de la película de Corman.
- "Androides deconstruidos: De ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? a Blade Runner", de Fernando Ángel Moreno (nº 12), pedazo de ensayo que es prácticamente la última palabra sobre la película y sus raíces dickianas, posmodernas y todo lo que se os ocurra.
- "Olaf Stapledon: El último de los utopistas", de Pablo Capanna (nº 11). En lo relativo a ensayistas que escriben en castellano, Capanna está en un nivel superior. Y este ensayo es una muestra inmejorable de ello. A título personal, me haría ilusión ver un doblete del italo-argentino.

Los contenidos de Artifex son susceptibles de entrar en dos categorías. 
En el de novela corta hay dos posibles candidatas, ambas publicadas en el número 4/5, el de la depedida espero que provisional, un tochazo de más de cuatrocientas páginas para el que vale decir lo mismo que comentaba más arriba al hablar del número 12 de Hélice: "El espejo del mundo", de Alberto Murcia, y la aportación de David Soriano, "IWTB", que personalmente considero uno de los acontecimientos del año, tanto por su calidad como por el hecho de que Soriano se haya animado a publicar material nuevo, ya que no se puede decir que se prodigue en exceso.
En el apartado de relato nos encontramos con el siguiente material. Marco en negrita los que me parecen más significativos.


.:.  Novedad en el Alcázar - José Ramón Vázquez
.:.  Invierno en Europa - Alejandro González Gómez
.:.  El cónclave - Óscar Bribían
.:.  No olvidarás al hermano ausente - Juanfran Jiménez
.:.  El día de Afagddu - Marcelo Sáez Worsley
.:.  Una valla en la eternidad - Alejandro Carneiro
.:.  Penumbras - Alberto García-Teresa
.:.  La cura más fácil - Juan Díaz Olmedo
.:.  Supercerdo Antiterrorista - Francisco Javier Pérez
.:.  Amplitud de improbabilidad - José Ramón Vázquez.

.:.  Finis Tempus - Magnus Dagon
.:.  Bushido - José Ramón Vázquez
.:.  Paisaje con grupo y mujer - Ramiro Sanchiz
.:.  Dejar de envejecer y otras pesadillas - Daniel Pérez Navarro
.:.  Dispositivos de memoria externa - Javier Esteban
.:.  Metal, número, gris - Daniel Pérez Espinosa
.:.  Llueve en Tejat Prior 1 - José Javier Bataller
.:.  Estigia - Fernando Ángel Moreno
.:.  Tren - Julián Díez


Ya he hablado del material ajeno que, en principio, me parece más recomendable y destacable de todo lo que se publicó durante 2009. Ahora toca el autobombo.

En el apartado de mejor artículo podría recomendaros los informes de lectura  (El nombre del viento y Los ojos del rey) y necrológicas (Philip Jose Farmer) que he ido publicando durante 2009, pero no son más que meros apuntes. Si queréis algo con más calado, sin duda deberíais echarle un vistazo al hermosote y enciclopédico "Hacia el infinito... ¿y más allá? (La ciencia ficción española en 1991)", once mil palabras en las que cuento todo lo que queríais saber sobre los primeros meses del boom de la ciencia ficción española de los años noventa, la eclosión de las publicaciones que marcaron el resto de la década y, en resumen, un quién es quién del fándom (y el ya no tan fándom) de los últimos veinte años.
Apareció publicado en cuatro partes, los días 23, 25, 26 y 27 de noviembre de 2009).


Y por último: no, no es coña, pero tanto la invitación de nuestra boda como la camiseta que utilizamos en la despedida de solteros tienen motivos friquis, se podrían considerar candidatos en la categoría de ilustración y son obra de uno de los grandes, que ya va tardando en ganar el Ignotus: Enrique Corominas, aunque en puridad la autoría debería ser suya y de Álex Vidal, que se pegó un curre de la hostia maquetando y componiendo el material. Aparecieron publicadas en Pornografía Emocional el 1 de octubre de 2009, aunque ya había aparecido una foto de la camiseta en el número 1.688 de la revista El Jueves (30 de septiembre de 2009). Si queréis, hasta podéis votar la boda en el apartado genérico de representación audiovisual, ya que hubo ilustraciones (la invitación, las camisetas de la despedida, los carteles que presidían cada una de las mesas -homenaje a George R. R. Martin y su Canción de Hielo y Fuego- y las tarjetitas que acompañaban a los regalos), pero también sables de luz para partir la tarta nupcial, entradas de los novios al son de la Marcha Imperial de Star Wars y la banda sonora de El Señor de los Anillos. Las dos torres... Vamos, lo que se dice una representación audiovisual en toda regla.


El plazo para votar los Ignotus termina el 15 de agosto. Podéis ejercer vuestro derecho al voto si sois socios de la AEFCFyT o asociaciones afines, o si estáis inscritos en la próxima convención española de ciencia ficción. Así que, si andáis faltos de ideas o queréis consejo, no perdéis nada por echar un vistazo a algunas de las propuestas que refiero en esta entrada.

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miércoles, 28 de julio de 2010

Candidatos al V Premio Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica

Quinta entrega del Premio Xatafi-Cyberdark, con algunos cambios en la dinámica interna y el mismo propósito: consolidarse como uno de los referentes del género, junto con los premios Ignotus de la AEFCFyT y los Celsius 232 de la Semana Negra. Hablando de lo cual, debo entrada recomendando algunos títulos para esta edición de los Ignotus.
Reproduzco el comunicado oficial:

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CANDIDATOS AL V PREMIO XATAFI-CYBERDARK DE LA CRÍTICA DE LITERATURA FANTÁSTICA


Este galardón pretende reconocer las mejores obras de literatura fantástica, de fantasía, de ciencia ficción, prospectiva y de terror editadas el año 2009, conforme al criterio de un jurado.

En esta ocasión, el jurado, compuesto por Lola Coll, Julián Díez, Francisco García Lorenzana, Alfonso Merelo, Fernando Ángel Moreno, Santiago L. Moreno,Alberto Murcia, Alejandro Pérez-Prat, Enric Quílez, Antonio Rómar, Javier Romero, Ricard Ruiz, Juan Manuel Santiago, Santiago Solans, José Ramón Vázquez, Javier Vidiella y Mariano Villarreal (en el que han ejercido de secretarios Fidel Insúa y Alberto García-Teresa, sin voz ni voto) ha elaborado la siguiente lista de candidatos para el V Premio Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica.

Los ganadores se darán a conocer durante el festival Getafe Negro, en otoño de este año.


MEJOR LIBRO DE FICCIÓN ESPAÑOL EN CASTELLANO (dotado con 350 euros cedidos por la librería on-line Cyberdark [http://tienda.cyberdark.net/]):
 - El fondo del cielo, de Rodrigo Fresán (Mondadori).
 - Fin, de David Monteagudo (Acantilado).
 - De mecánica y alquimia, de Jacinto Muñoz Rengel (Salto de Página).
 - Mobymelville, de Daniel Pérez Navarro (AJEC).
- La ultima noche de Hipatia, de Eduardo Vaquerizo (Alamut). 
- Alarido de Dios, de José Miguel Vilar-Bou (Equipo Sirius).

                     

MEJOR LIBRO DE FICCIÓN EXTRANJERO EN CASTELLANO:
- Titán, de Ben Bova (La Factoría de Ideas).
- Diáspora, de Greg Egan (AJEC).
- El corcel, de Carol Emshwiller (Alamut).
- El nombre del viento, de Patrick Rothfuss (Plaza & Janés).
- El reparador de biblias, de Tim Powers (Gigamesh).
- Visión ciega, de Peter Watts (Bibliópolis).


 MEJOR RELATO ESPAÑOL EN CASTELLANO (dotado con 150 euros cedidos por librería on-line Cyberdark [http://tienda.cyberdark.net/]):
- “El faro de las islas de Os Baixos”, de Juan Jacinto Muñoz Rengel (en De mecánica y alquimia, Salto de Página).
- “Lapis philosophorum” de Juan Jacinto Muñoz Rengel (en De mecánica y alquimia, Salto de Página).
- “La maldición de los Zweiss” de Juan Jacinto Muñoz Rengel (en De mecánica y alquimia, Salto de Página).
    

MEJOR RELATO EXTRANJERO EN CASTELLANO:
- “Un alma embotellada”, de Tim Powers (en El reparador de biblias, Gigamesh).
- “El camino de bajada”, de Tim Powers (en El reparador de biblias, Gigamesh).
- “Dondequiera que se oculten”, de Tim Powers (en El reparador de biblias, Gigamesh).
- “El reparador de biblias”, de Tim Powers (en El reparador de biblias, Gigamesh).


MEJOR INICIATIVA EDITORIAL:
- Editorial La Biblioteca del Laberinto, por la edición de Agustín de Foxá, Historias de ciencia ficción.
- Editorial Impedimenta, por la recuperación de la obra de Stanislaw Lem.
- Editorial Mondadori, por su trayectoria y sus aportaciones al género.
- Editorial Salto de Pagina, por su trayectoria y su apuesta por el fantástico en castellano.

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Así que nada, mis lecturas veraniegas van a consistir básicamente en rellenar los huequitos que tengo en las diferentes categorías en las que formo parte como jurado. 
¿Favoritos? No me atrevo a mojarme, excepto en las categorías de relatos, en las que pronostico sendas victorias de Jacinto Muñoz Rengel y Tim Powers. 
Como ocurre siempre con los premios, habrá quien se lamente por la inclusión de algunos finalistas, así como por la no aparición de otros que habrían podido serlo, pero la aritmética tiene estas cosas. 
En todo caso, creo que los listados de libro español y libro extranjero han quedado muy interesantes, y hay libros que confirman lo que tú y yo sabíamos (que diría Joaquín Luqui) y otros que pueden ser unos auténticos descubrimientos para los lectores que se dejen orientar por esta lista. En cuanto a las categorías de relato, pues bueno, me hago cargo de que son chocantes, pero aprovecho por enésima vez para alertar contra los efectos negativos de una de las causas: la ausencia de revistas y referentes claros en formato papel (Artifex no era elegible, ya que se edita en formato electrónico).
Por último, las iniciativas editoriales muestran un mercado vivo, un género inquieto y muchas, muchas buenas apuestas que merecen un reconocimiento en forma de premio.
En resumen, una buena ocasión para que hagáis acopio de lecturas de cara al verano, para poneros al día de las buenas novelas y recopilaciones de relatos que se editaron durante 2009 e incluso para confeccionar vuestra papeleta del premio Ignotus. Todos los finalistas son recomendables, y alguno es realmente sobresaliente.


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lunes, 5 de julio de 2010

24 + 47 (¿+ 37?) = un pastón


Ahí, ahí, donde pone 'primer premolar'. Es la pieza número 24. ¿La veis? Un modesto premolar, también llamado bicúspide, que se parapeta tras mi canino casi vampírico. Como buen diente de la familia de los molares (o casi, de ahí el 'pre-'), sirve para desgarrar, masticar, y triturar, pero, como buen compañero del canino, también ayuda en ocasiones a cortar, en una buena muestra de lo que se denomina 'función de grupo'. Es decir, nos hallamos ante una pieza altamente proactiva, abnegada, que rehúye el estilizado protagonismo de los caninos y la efectiva brutalidad de los molares, pero que vale tanto para un roto como para un descosido; en resumen, la humilde pieza 24, también llamada 'primer premolar superior izquierdo', es ese amigo a quien, si fuera una persona, le confiarías las llaves de tu piso para que te regara las plantitas en verano, y, si fuera tu compañero de trabajo, le cargarías de marrones sin que dijera ni pío.
Pero es un diente. Un diente chungo, en mi caso, y no queráis ni imaginar cómo me ha dado por saco en los últimos años.
Todo comenzó hace unos doce o trece años. Se me ocurrió ir al cine a ver Carretera perdida, de David Lynch, en una sesión de once menos cuarto en alguno de los buenos cines de la calle Martín de los Heros (los Alphaville o los Renoir, ya no lo recuerdo) y, mientras se sucedían las tribulaciones de Bill Pullman y Patricia Arquette por el mundo de los..., bueno, nada, iba a hacer un espóiler..., pues eso, que me vino un dolor de dientes que me anuló por completo cualquier otra consideración. No puedo decir que me enterara mucho de Carretera perdida, pero, desde luego, si en algún momento llegué a tener alguna opción de comprender siquiera una ínfima parte de su ¿sentido?, aquel dolor de dientes la desterró por completo. Fue de tal calibre que, en aquellas circunstancias, no habría entendido ni un episodio de Pocoyó.
Acudí a la consulta de mi dentista de toda la vida, quien me hizo un apañito que me duró un par de años o así. Pero el apaño tampoco sirvió de gran cosa.
Yo estaba en el segundo o tercer ciclo de la quimioterapia de mi linfoma de Hodgkin, del que ya he hablado en este blog. Había alcanzado la fase en la que lo pillas todo, y las mayores gilipolleces te dan problemas que jamás te habrías imaginado. La pieza de marras se me infectó y, en vez de tener una gingivitis del copón y solucionarla a base de enjuagues bucales con colutorios, me produjo una inflamación en la cara. Cuando digo inflamación, quiero decir inflamación: parecía el Hombre Elefante. Mi madre sospechó que algo no iba bien, de modo que me mandó al hospital militar, donde me estaban dando la quimio. Me acompañó mi padre, quien, como buen antiguo profesor de la mayoría de los médicos que ejercían por aquel entonces en el hospital, no tardó en sortear a las enfermeras y me coló en la consulta de un sádico a cuyo lado el inefable doctor Nick Riviera sería un ejemplo de buena praxis. ¿Os reíais cuando veíais pelis de cine mudo en las que el matasanos esgrimía unas enormes tenazas, se dirigía al paciente dispuesto a arrancar la pieza de cuajo, entre gran estruendo de la música de acompañamiento, y el paciente salía de la consulta a toda prisa, en cámara rápida? Pues eso, ni más ni menos, fue lo que ocurrió, pero sin música de acompañamiento. Así que nada, nueva visita a mi dentista de toda la vida, empaste y a vivir.
Hasta el mes pasado.
Estas cosas van como van. Un día notas una arenilla en la boca, otro día crees que has mordido una piedra, otro día te sacas una cosa metálica de la bola, camuflada entre una miguita de pan, y entonces vas al espejo, te miras, atas cabos y te cagas en todo.
Se te ha caído un empaste.
Y tienes un nervio al aire.
Y está empezando a dolerte del copón, e incluso da muestras de haberse infectado.
Y tienes que tomar una decisión, porque al día siguiente te vas cuatro días a Madrid y, como lo dejes para después, seguro que la has liado parda y acabarás echando de menos esos días.
Así que nada, a la consulta del dentista. En concreto, a la misma franquicia donde hace cuatro años me dejé tres mil y pico euros para que me hicieran dos implantes en mis molares inferiores. Ya hablé largo y tendido de aquella experiencia, y os remito a las entradas alusivas.
Reconozco que aquellos implantes me hicieron gracia, porque mi cirujano implantólogo era un crack y me hacía vivir con la ilusión del buen espectáculo. ¿Con qué canción petarda me obsequiaría? ¿Conseguiría ligarse a la enfermera? Sí, fueron buenos tiempos... hasta que se largó de mi clínica y la faena me la completó una cirujana competente pero sin chispa, para quien poner implantes era sólo eso, poner implantes. 
Una vez en la consulta, me entraron sobre la marcha, me hicieron unas cuantas radiografías y en menos de media hora me llevaron a administración, donde me contaron que tenía tres dientes jodidísimos, no sólo la pieza que me dolía, que urgía endodonciarlos y me pasaron un presupuesto que me hizo caer los cojones al suelo: cerca de tres mil euros. 
Yo había ido allí con la idea de que la cosa me saldría por unas diez veces menos, como mucho. Y, además, para gran dolor de nuestros bolsillos, porque no es que estemos en un momento especialmente boyante, entre la subida del IVA, la proximidad de la declaración trimestral del IVA y los múltiples gastos a los que dos curritos de clase media tienen que hacer frente. 
En cuanto a las endodoncias en sí, poca cosa que contar. Ya no está mi cirujano implantólogo favorito, así que me tengo que conformar con los marujeos de la cirujana y la enfermera, colombiana y argentina respectivamente, talluditas y con algunas salidas bastante curiosas.
Jueves pasado. En el hilo musical suena el "Y cómo es él" de José Luis Perales y aprovecho uno de los escasos momentos en que no tenía que estar con la boca abierta para soltar un poquito de información inútil:
-Puegh el ca'o ejjjque 'e 'eicó eja canjión a ju hija.
Decididamente, la anestesia ha surtido efecto. Y lo seguirá haciendo seis horas después. Lo cual me librará de pasarme el día a base de Nolotiles, aunque al día siguiente tendré una señora infección en las encías. 
-¿Cómo dice?
La cirujana habla de usted a todo el mundo, incluso a la enfermera. Ésta le traduce mis palabras.
-Dice que José Luis Perales le dedicó la canción a su hija.
-Pero no. No puede ser. Yo creía que se la dedicaba a su mujer, y era una historia de traiciones.
-No se crea -rebate la enfermera-. Una hace cualquier cosa por su hija. Tiene sentido. Todas esas preguntas me las haría sho si mi hija me contase que anda con un novio.
-Sí que es cierto.
-Seguro. Mi hija aún no vino por casa con su nuevo novio. Le dije: "¿Pero estás segura de que querés traerlo?", y esha me respondió: "No temás, mamá. Lo traeré cuando sepa que debo hacerlo". Y todavía no lo ha hecho.
El drama familiar da paso a las virtudes de su hija, que no viene al caso consignar aquí. 
Ni diez minutos después la conversación da un giro radical.
-¡Vengan! ¡Pero vengan! ¡Avise a...! -y enumera prácticamente a todo el personal de la clínica.
Apenas un minuto después, la sala se ha llenado, y todo son oes y aes, como si estuvieran viendo a un recién nacido.
-Pero ¡ooooooh!, ¡qué pasada!
-¡Y sin cables!
A esas alturas me desengaño: no, el responsable de tanta admiración no soy yo, sino el nuevo torno, que acaba de llegarles de la fábrica y que tengo el honor de estrenar; de ahí los constantes comentarios que he escuchado en los minutos precedentes:
-Tendremos que ajustar la velocidad... Mira, ya no se nos va a enredar más... Uy, creo que vamos rapidísimo, esto se dispara con nada... ¡Qué ruidos pega esto! ¡Se nota que acabamos de estrenarlo!
En el transcurso de la hora y media que me paso allí con la boca abierta, la máquina sigue intacta, lo que no deja de ser un milagro tecnológico: un torno de dentista sin cables y a prueba de Juanmagnetos. No obstante, las cosas no transcurren con la normalidad que sería deseable:
- ... -mirada implorante, que la cirujana capta, y de resultas de lo cual accede a darme una explicación.
-Verás, lo normal sería que tuvieras dos nervios en esa pieza, pero el caso es que tienes tres. Por eso estamos tardando tanto.
Y comienza una sucesión de radiografías, ya que el tercer nervio apenas se ve en las radiografías.
- ... -vuelvo a implorar con la mirada, preguntando qué pasaría si no me matasen el tercer nervio.
-Pues nos arriesgaríamos a que la endodoncia no sirviese de nada.
Tócatela. Además de mutante, me arriesgo a cagarla si no me matan el nervio fantasma. Así pues, abro aún más la boca, hasta el punto de cuartearme las comisuras de los labios. Resultado: dos días a base de cacao de labios.
Por el lado bueno, una de las endodoncias se queda en un simple empaste; todo un detalle por parte de la clínica, ya que me lo podrían haber cobrado y haberse quedado tan anchos. De todos modos, seguimos teniendo que pagar dos mil y pico euros por la tontería.
-Lo mejor es no tocar si no es necesario.
La cirujana parece leerme la mente. O a lo mejor mi expresión ha sido asquerosamente delatora, que podría ser.
Horas después vuelvo a la consulta. Esta vez no me paso hora y media, sino casi una hora. He echado el día entero en la clínica. Cristina había pedido el día de vacaciones para acompañarme, y menos mal.
Me toca otra dentista, pues ahora no necesito cirugía. Me hacen moldes para medirme el perno muñón que me van a colocar en otra de las piezas dañadas, la 37, o tal vez la 47: con tanta simetría bilateral, las confundo. Me anestesian y, a diferencia de la mañana, me riegan la boca con un líquido que supongo que es agua. A continuación me dejan al descubierto los nervios que me habían matado antes de que me fuera a Madrid y me hacen un empaste provisional, que es lo que me han quitado esta mañana para colocarme una funda provisional. 
¿Qué es un perno muñón? Suena chunguísimo, casi de peli de David Cronenberg, pero en realidad es mucho más sencillo que eso. Mirad la ilustración de abajo si queréis salir de dudas.
Pues sí, esto es lo que me tienen que poner en dos de mis dientes, entre ellos la abnegada pieza 24 a la que me refería al comienzo de esta entrada. Tiene una pinta chunguísima, pero bueno, peores son los implantes de titanio que me colocaron hace cuatro años.
Antes de continuar con el empaste provisional, me quitan las gafas y la dentista y la enfermera se ponen sendas máscaras de plástico, como de soldador, que no hacen presagiar nada bueno.
Durante un buen rato me dejo hacer. Trago agua y saliva lo menos posible, ya que la cirujana me ha acojonado esta mañana:
-¡Trata de no tragar ni de cerrar la boca! Si lo haces, se te llenará de saliva. Ahora tienes la boca limpia. Si se te llena de saliva, te arriesgas a que se te infecte.
Punto uno: yo tenía entendido que la saliva era justo para lo contrario, un antimicrobiano que entre otras cosas evita que haya infecciones. Punto dos: es innegable que cerré la boca, insalivé y al día siguiente acabé con una infección que me ha obligado a estar todo el fin de semana a base de enjuagues bucales con colutorios. Punto tres: después de realizar una encuesta de urgencia en Facebook, resulta que casi todo el mundo tiene tres nervios en algunas piezas, por lo que la cirujana me estaba vacilando. ¿Conclusión? Que procure seguir pensando en chorradas, como éstas, porque si pierdo la concentración en estar disperso, seré consciente de lo que me están haciendo y empezaré a ponerme nervioso. En lo que va de día me he pasado cerca de dos horas y media con la boca abierta, y ya está bien, un poquito de por favor. 
-Mira hacia acá -me dice la dentista, porque estoy muy ladeado y necesita tener un mejor ángulo de visión-. Esta pieza está dando guerra, porque está demasiado tapada y no veo bien las raíces.
No sé si es que son un poco inútiles en esta clínica (que podría ser), si se trata de otro vacile (que sería el segundo del día) o si lo dice para acojonarme (y sería la segunda vez en lo que va de día), pero funciona: miro hacia donde me indica... y me veo reflejado en su mascarilla de soldador.
Me veo reflejado, casi en un halo de luz proveniente de la lámpara. Al fondo, los ojos de la dentista, con la que procuro no entablar contacto visual para no distraerla: está jugando con mi boca, y cualquiera distrae a alguien que está manejando una fresa eléctrica. 
El caso es que me quedo extasiado contemplando lo que me están haciendo. Veo mi boca, toda abierta, y a su alrededor, más pelos de los que me había imaginado, sobre todo teniendo en cuenta que estoy casi recién afeitado... Bueno, lo estaba esta mañana... Ha pasado casi un día desde que llegué a la clínica. Todo lo que he hecho hoy es abrir la boca, pero ahora, por primera vez, me la veo.
También veo a la dentista, meticulosa, concentrada. No puedo evitar acordarme de Dave Bowman en 2001, una odisea del espacio, en la escena en la que está desactivando a HAL-9.000. La única diferencia es que yo no puedo hablar, no puedo tratar de disuadirla, y no puedo ponerme a cantar "Daaaaisyyyyyy" (todo lo más, podría hacer gárgaras con una tonalidad lejanamente emparentada al "Y cómo es él"). Si sigo así un rato más, y la dentista logra culminar su tarea sin que servidor le escupa un géiser de agua y restos de empaste, tal vez logre ver mi bocaza abierta reflejada en su mascarilla de soldador, y acaso, a modo de licencia poético-friqui, ella emule a Dave Bowman y diga algo parecido a:
-¡Dios mío! ¡Está lleno de premolares!
La sesión llega a su fin y me emplazan para que vuelva esta mañana, aunque ya no lo haré en plan maratoniano. Hoy me han instalado una corona provisional, y a partir de ahora viene lo duro, los pernos muñones, para terminar de convertirme en un cíborg, en una especie de Palmer Eldritch de titanio. 
Ni que decir tiene que os informaré de todo ello. Permaneced en sintonía.

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