lunes, 8 de marzo de 2010

Suspensión de la incredulidad: los teleoperadores

 
Increíble pero cierto: me llaman por teléfono para ofrecerme una tarifa súper guay de una operadora telefónica, contraataco preguntando qué procedimiento hay que seguir para no recibir más llamadas de esa compañía... y sucede exactamente lo que refleja la ilustración de Fedde Carroza (aparecida en su muy recomendable blog Runnin Hachazos). Sin comentarios.
Ya había comentado la anécdota en mi cuenta de Facebook, pero la recupero para quienes no usen redes sociales. Me niego a englobarla en la serie "Momentos estelares de Facebook", ya que quiero ampliar el comentario que apareció allí el otro día.
El asunto ocurrió tal como queda reflejado en la ilustración.
Llaman por teléfono, una mañana cualquiera del mes de marzo. Dado que trabajo en casa, cojo el teléfono.
Preguntan por la titular de la línea. Llegados a este punto las cosas suelen empezar con mal pie, ya que no es en absoluto habitual que los teleoperadores se presenten, digan de qué compañía llaman y a continuación pregunten por el titular, sino que pasan de todo y preguntan directamente:
--¿Está Menganit@?
Con ello eliminan la posibilidad de que hagas lo que suelo hacer cuando me llaman desde un número oculto: descolgar el teléfono durante un par de segundos y colgar. A veces lo pillan al segundo o tercer intento, y otras veces lo captan a la primera.
--¿De parte de quién?
Y aquí volvemos a entrar en bucles. En vez de identificarse, como deberían haber hecho cuando cogí el teléfono, contraatacan.
--¿Está, sí o no?
Y llegados a este punto me cabreo y cuelgo directamente (si es una llamada con número oculto y, por tanto, me consta que procede de una compañía telefónica) o bien sigo dando cuenta, vencido por la incertidumbre de ver en qué para la cosa y cuántas preguntas va a durar el test Voight-Kampf.
--¿Para qué quiere saberlo?
Pregunta que, por otro lado, ya no admite seguir dándole vueltas al asunto. O sí, pero a riesgo de que la cosa acabe en la OCU.
--Buenos días, llamo de Jazztel --de perdidos al río: ¿para qué voy a ocultar esa información, a estas alturas?--. Bla bla bla... ofertón que te caaagas... bla bla bla ... condiciones ventajosísimas... bla bla bla ... Internet en casa...
Estoy en medio de una corrección que me está quitando bastante tiempo, porque se trata de un trabajo muy delicado; en realidad es una revisión de traducción. La obra requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, ninguna interrupción ni imprevisto. Así pues, decido cortar por lo sano.
--Mira, es que no nos interesa ninguna oferta de ningún tipo --y añado, antes de que le dé tiempo a meter baza de nuevo, con el rollo habitual, entre introspectivo y psicoanalítico--: además, lleváis un año llamándonos para lo mismo, siempre os respondemos lo mismo, que pasamos de vosotros, y, en fin, creo que a estas alturas deberíais tener claro que no tenemos la menor intención de apuntarnos a Jazztel. ¿Podrías decirme qué tengo que hacer para que dejéis de llamarnos?
Hala, ya está, ya lo he dicho. Por fin tomarán nuestros datos y los eliminarán de su listado. Y dejarán de dar el coñazo.
--¿Quiere dejar de recibir llamadas no deseadas?
--Exacto.
--Bien, en ese caso le informamos de la existencia de nuestro servicio de bloqueo de llamadas comerciales... Bla bla bla... --Lo cierto es que estoy en piloto automático, sin apenas escuchar lo que dice, aguardando a que acabe su parrafada y proceda a lo que realmente me importa: que me diga de manera expresa que no van a volver a llamarnos para dar la vara, pero, en medio de la cháchara, oigo algo que me llama la atención--:  Por sólo 27 euros al mes. El servicio incluye...
Y ahora sí que no doy crédito. En sólo dos minutos de conversación telefónica se me acaba de disparar la suspensión de la incredulidad, ese mecanismo que hace que nos creamos las novelas de ciencia ficción o los discursos de nuestros políticos favoritos.
Debo decir que soy un friqui con galones y que no es difícil que se me dispare la suspensión de la incredulidad. Gracias a ella he tenido el corazón en un puño con el final de Estación de tránsito, de Clifford D. Simak, me he emocionado con los viajes de Robinette Broadhead en Pórtico, de Frederik Pohl, he visto lo mismo que veía Dave Bowman al final de 2001, he acompañado a Gulliver Foyle echando chispas por las alborotadas escaleras españolas en Las estrellas, mi destino, de Alfred Bester, me he pasado varios años de mi infancia tardía devorando todos los cómics de los 4F que caían en mis manos y he llorado como el puto friqui que soy cuando Cate Blanchett aparece por primera vez en El Señor de los Anillos y yo la reconozco como la viva imagen de la Galadriel que me acompaña desde la primera vez que leí la novela, en mi más tierna adolescencia; en resumen, la suspensión de la incredulidad, el mecanismo que hace que un friqui sea un friqui, está funcionado a tope. Lo que sólo habían conseguido muy poquitas de las cerca de mil novelas de ciencia ficción que he leído, y muy poquitas de las no sé cuántas películas que he visto, alcanza su paroxismo gracias a la llamada de un teleoperador particularmente agresivo.
Ahora sí, por fin puedo decir que yo he visto cosas que vosotros no creeríais.
Regreso a la realidad, y decido tomar la iniciativa, porque me temo que, de un momento a otro, un mero asentimiento por mi parte suponga el reconocimiento implícito que necesita esta gente para tramitar mi alta en el servicio de bloqueo de llamadas comerciales, en esos 27 euros al mes que harán que deje de recibir llamadas agresivas de un operador telefónico que de todos modos no necesitará hacerme llamadas agresivas porque ya habrá hecho negocio a mi costa. Es eso, ¿no? ¿Crean un problema y luego quieren hacerme pagar 27 euros al mes para solucionarlo? Cojonudo.
--Mira, tal como me lo cuentas, todo esto es muy complicado. Vamos a dejarlo en que no quiero que me sigáis llamando, y desde luego no quiero ninguna oferta de vuestra compañía. Buenos días y adiós.
Dejo que el teleoperador digiera la información, me dé las gracias por la amabilidad, y cuelgo. O tal vez cuelgo directamente. Ya no sabría decir: las llamadas se agolpan en mi memoria, y a veces ya no sé qué he dicho u oído en qué llamada en concreto.
Pero el contenido de ésta no se me va a olvidar: en vez de tomar mis datos para dejar de llamarme, o de pasarme con otro departamento, me han intentado colar una tarifa de 27 euros al mes para dejar de recibir llamadas comerciales. Acojonante. Y, por supuesto, una magnífica oportunidad para dejarse llevar por la suspensión de la incredulidad y para recuperar el sentido de la maravilla.

Etiquetas: , , ,

lunes, 1 de marzo de 2010

Jueces y partes (o El toro es mío y me lo follo como quiero)

El lunes pasado desayuné con la lectura de un esclarecedor artículo acerca de las cadenas televisivas vinculadas con el ala  dura de la derecha española y cómo se están aprovechando de las adjudicaciones de canales de televisión digital terrestre para inundarnos de tertulias tirando a cafres, al lado de las cuales Federico Jiménez Losantos parece un ejemplo de moderación. Este fenómeno es una manifestación más de un proceso cuyo máximo exponente es el auge de grupos como el Tea Party estadounidense, que han conseguido que Bush parezca un izquierdista peligroso y que tienen como objetivo nada oculto marcar los tiempos y el discurso al ala dura del Partido Republicano en su intento de recuperar la Casa Blanca en 2012. No tengo nada que oponer al contenido del artículo, máxime teniendo en cuenta que no se me ocurre ningún contraejemplo de cadena de TDT adjudicada a dedo a grupos de presión de ultraizquierda. Si alguno de los presentes en la sala conoce alguno, por favor, que lo comparta con nosotros. No, no vale decir La Sexta ni Cuatro, que os conozco.
Tampoco puedo poner contraejemplos en forma de tertulias televisivas en cadenas públicas estatales y privadas de ámbito nacional: por cuestión de horarios, no consumo. Queda fuera de toda duda que cada cadena barre un poco hacia casa, si bien es cierto que las grandes cadenas privadas tratan de mantener cierto equilibrio y llevan tertulianos de diferente pelaje e ideología. En la tertulia política de María Teresa Campos hay periodistas de izquierdas, en la de Concha García Campoy los hay de derechas y, en fin, da la impresión de que, aun siendo parciales y estando escoradas hacia la mano que les da de comer, lo cierto es que hay debate e imagen de pluralidad. Por lo menos se oyen opiniones enfrentadas y el planteamiento de base tiende a mantener cierto nivel de objetividad.
En las cadenas autonómicas esto no resulta tan visible, al menos en Telemadrid. En cuanto a TV3, pues bueno, digamos que, por un lado, Josep Cuní tiene toda la pinta de ser de CiU (y aun así dirige el programa matinal de la televisión pública del Tripartito) y, por otro, no hace falta ningún tipo de manipulación para que la gente afín al PP y Ciutadans que se deja caer por ahí se ponga en ridículo sin que nadie los ayude. Pero bueno, por lo menos los llevan, dicen lo que tengan que decir y, salvo que tengan que vérselas con algún tertuliano del palo Pilar Rahola, que les haga perder el hilo o la cordura, da la sensación de que, mal que bien, consiguen transmitir los mensajes que habían ido a defender. (De autonómicas como Canal 9 o Canal Sur no opino, porque nunca las he visto.)
¿Y en las cadenas de TDT que ha adjudicado el PP a dedo? Pues bueno, no tenía opinión formada hasta que leí el artículo de El País, aunque, a tenor de lo que veía en El Intermedio, la cosa no pintaba nada bien. Pero claro, El Intermedio es de La Sexta, Wyoming es un asesino descerebrado y etcétera etcétera. 
Así pues, me faltaba una confirmación acerca de la veracidad o no de dicho artículo, y ésta se me presentó gracias a Enrique Santiago, que asistió a una de dichas tertulias. La coartada argumental: la denuncia que algunos sectores afines a la ultraderecha han interpuesto contra el juez Garzón a propósito de su intento de hacer aplicar la Ley de Memoria Histórica. 
Sin entrar en el fondo de la cuestión, que podría dar lugar a un interesantísimo debate pero me llenaría el blog de trolls parafascistas, hay varios asuntos dignos de destacar.
Nos hallamos ante una tertulia política en la que se debate acerca del juez Garzón y los tres tertulianos "de la casa" han estado imputados en algún momento por el juez Garzón. ¿Objetividad? ¿Dónde está la objetividad?
Bueno, vale, es una cadena privada, adscrita a una ideología política determinada, y pueden llevar a quien quieran. Total, el gato es suyo (o el toro, en este caso) y tal y cual.
Otro hecho curioso. En cuanto Enrique comienza a rebatir las opiniones de los tertulianos con un  razonamiento de peso (el principio de jerarquía normativa, según el cual los convenios internacionales están por encima de la Constitución y obligan a cambiarla en todo cuanto se oponga a ellos), el vídeo se corta. No es una captura del YouTube, sino de la propia página web de la cadena donde se celebró el debate. Digo yo que cualquier cadena de televisión que se precie debería velar por que los contenidos que sube a su página se muestren en su integridad y sin sufrir mutilaciones de ningún tipo, ¿no? Al cortar la tertulia en un momento en el que uno de los tertulianos se mea en la premisa de los otros tres tertulianos "de la casa" y les da una clase de derecho internacional, da la impresión de que la cadena no quiere que se oiga el resto del razonamiento de uno de los tertulianos (opuesto, curiosamente, a la línea editorial de los informativos de esta cadena).
Que síiiii, que es una cadena privada, adscrita a una ideología política determinada, y pueden cortar donde y como quieran, no vaya a ser que queden en entredicho y resulte que el tertuliano comunista a quien han llevado a hacer de sparring tiene razón. Total, el gato es suyo y tal y cual.
Tercer y último hecho curioso. Da la impresión de que la grabación comienza cuando empieza el debate, pues el conductor del programa está presentando el tema de debate y a los tertulianos. No parece, pues, que éstos hayan intervenido en ningún momento previo del programa. Enrique es el primero de los invitados en tomar la palabra, y lo hace cuando llevamos 12" de debate. En todo momento aparecen sobreimpresionados los inevitables mensajes de texto que hacen que constituyen una de las principales fuentes de financiación de este tipo de programas. Tras unos cuantos mensajes genéricos, alineados de manera inequívoca en contra del juez Garzón, aparece por fin un mensaje en el que se alude a Enrique: "como abogado tenias que ser de oficio no vales para otra cosa". Este mensaje aparece cuando llevamos 46" de debate, es decir, exactamente 34 segundos después de que Enrique haya empezado su intervención.
Ahora, y a modo de conclusión de esta entrada, os propongo una pequeña prueba de agilidad mental.
Situaos frente al televisor. Estáis viendo una tertulia política que acaba de empezar. Tenéis ante vosotros el teléfono móvil y, sobreimpresionado en la pantalla, el número al que podéis enviar vuestros mensajes de texto.
Os pido que hagáis lo siguiente:
- Ver el programa.
- Entender de qué trata.
- Formaros vuestra propia opinión al respecto.
- Coger el teléfono móvil.
- Escribir el siguiente mensaje de texto: "como abogado tenias que ser de oficio no vales para otra cosa".
- Enviarlo al número sobreimpresionado en la pantalla.
Y, por supuesto, pido a la cadena televisiva que emite el debate que haga lo siguiente:
- Recibir el mensaje.
- Filtrarlo; es decir, comprobar que su contenido se adecua a los fines del programa, que no contiene ningún lenguaje obsceno, etc.; es decir, comprobar que es pertinente que aparezca en la pantalla.
- Publicarlo.
Demos por hecho que las tres últimas fases son simultáneas; es decir, que el mensaje aparece en televisión en el mismo momento en que lo enviais, de modo que (es un suponer) no exista ningún tipo de filtro sobre los contenidos que aparecen en el debate televisivo estrella de una cadena de TDT. Quedémonos sólo con los seis puntos que os he solicitado. 
¿Habéis tardado menos de 34 segundos? ¿Sí? Guau. Yo quiero ser tan rápido como vosotros. Os juro que yo tardo más de un minuto, y me considero rápido escribiendo mensajes de texto.

PD. Faltaría un cuarto detalle, subliminal como él solo. Doy por hecho que la cadena ha escogido la imagen congelada del vídeo de este debate, que es la que sirve para identificarlo y en cierto modo es su "portada" y la imagen que la cadena quiere transmitir. Muestra a Enrique, miembro de la ejecutiva de Izquierda Unida, con el brazo en alto, haciendo un simulacro de saludo a la romana. Si es casualidad, sólo puedo decir que se trata de un ejemplo afortunadísimo de serendipia, de los que luego se muestran con gran profusión de guiños de ojos, como si fuéramos escolares gritando "¡Ha dicho culo! ¡El rojo está  haciendo el saludo fascista!". Si es intencionado, la verdad, no tengo palabras.

Etiquetas: , , , , , , ,