jueves, 29 de enero de 2009

Artifex Cuarta Época número 3


En Xatafi estamos que lo tiramos. Hace casi un mes subimos a la red el número 11 de la revista Hélice, con el sumario más completito de la historia de la publicación, y ahora subimos el número 3 de Artifex Cuarta Época. Como se dice en el editorial, es el primer número confeccionado con los relatos que nos habéis enviado a lo largo de estos meses. Durante los dos primeros números habíamos ido tirando de material ya comprometido y aceptado, por lo que podemos decir que, en cierto modo, éste es el primer Artifex Cuarta Época propiamente dicho.
También comentamos en el editorial que se nos acumulan los retrasos con los tiempos de respuesta (por favor, paciencia: ya sé que os debo mensajes a unos cuantos autores, y los recibiréis tan pronto como pueda poner al día la correspondencia sobre los relatos), que subimos de dos a tres meses, y que también bajamos el ritmo y pasamos Artifex a semestral: en Xatafi somos los que somos, y no damos abasto con todo. No es una buena noticia, pero permite mantener la continuidad de la publicación.
Dicho lo malo, queda lo bueno, que es mucho: este número de Artifex ha quedado realmente bien. A falta de novelas cortas, publicamos nueve relatos, algunos de ellos casi ultracortos, y el abanico temático resulta todo lo amplio que es nuestro género favorito. Tenemos ¡dos! historias centradas en los mitos griegos, un ciberpunk, una fantasía "artística", un cuento de mad doctors, un homenaje literario múltiple, una distopía, un ejemplar de CF dura y una ucronía con fuertes tintes políticos. Hay buena literatura fantástica para todos los gustos.
Así pues, os adjunto el comunicado de prensa que acabamos de enviar a listas de correos. Muchas gracias a Xatafi, los autores y los lectores. Y una disculpa a los autores: por favor, tened paciencia con los tiempos de respuesta. No nos hemos olvidado de vosotros.

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Es un auténtico placer comunicaros que ya está en la red el número 3 de Artifex Cuarta Época. 129 páginas en las que podéis encontrar nueve relatos de Magnus Dagon, José Ramón Vázquez, Ramiro Sanchiz, Daniel Pérez Navarro, Javier Esteban, Daniel Pérez Espinosa, José Javier Bataller, Fernando Ángel Moreno y Julián Díez, respectivamente.

Si queréis enviar vuestras colaboraciones, apuntad esta dirección de correo electrónico: colaborar@revistaartifex.com. Sólo hay que indicar en el asunto del correo "Obra: " seguido del título de la obra. El relato o la novela corta se adjuntará, preferiblemente, como un fichero en formato de texto enriquecido (.rtf). No se permitirán envíos simultáneos, sólo una obra por envío. Hemos ampliado el plazo de respuesta de dos a tres meses y la periodicidad de trimestral a semestral, así que disculpad los posibles retrasos.

En cuanto a los contenidos de este número, son los siguientes:


"Finis Tempus", de Magnus Dagon

Javier Negrete demostró hace algunos años con Señores del Olimpo que las narraciones basadas en la mitología griega son igual de pertinentes en las facultades de filología clásica que en las colecciones especializadas en ciencia ficción y fantasía. Desde entonces, nadie se había atrevido a recoger el guante lanzado por el ganador del premio Minotauro 2006... hasta este número de Artifex Cuarta Época. Y por partida doble, además. Abrimos el número con este "Finis Tempus", una narración en la que, igual que hiciera Negrete en su novela, los mitos griegos se comportan como tales, sin lecturas posmodernas ni adaptaciones a los nuevos tiempos. No es éste el único mérito del relato: además, está muy bien escrito y consigue mantener el interés. Nada de ello resulta sorprendente si tenemos en cuenta la progresión seguida por Magnus Dagon, seudónimo de Miguel Ángel López Muñoz (Madrid, 1981), desde que en 2006 ganara el premio UPC con la novela corta "El informe Cronocorp". De dos años para acá ha conseguido convertirse en un autor imprescindible en toda publicación de género que se precie (Axxón, MiasMa, NGC 3660, Alfa Eridani, Bem On Line, Ubikverso o Efímero) y, en el momento en el que escribimos estas líneas, tiene pendientes de publicación dos novelas: Los siete secretos del Mundo Olvidado (Grupo Editorial AJEC) y Crónica de los Once (Equipo Sirius). Magnus Dagon es uno de los autores españoles de género fantástico con un porvenir más halagüeño, y "Finis Tempus" es una buena muestra de ello.


"Bushido", de José Ramón Vázquez

José Ramón Vázquez cumple con dos requisitos que nos parecen harto esperanzadores para preservar la vena reivindicativa del género en un mundillo adocenado en el que sólo francotiradores como Luis Ángel Cofiño parecen querer atreverse con las distopías: es muy joven (Segovia, 1985) y se atreve con la ciencia ficción social al más puro estilo de su admirado John Brunner, con destellos estilísticos del ciberpunk y de William Burroughs. El currículum de este licenciado en físicas que realiza un doctorado sobre materias dignas de los protagonistas de The Big Bang Theory (rayos cósmicos de ultra alta energía) aún es breve (ha publicado relatos en Artifex Tercera Época, Vórtice en Línea y Ediciones Efímeras; ha sido finalista del I concurso Vórtice y del VII concurso El Melocotón Mecánico, y publica reseñas de manera habitual en el portal Sedice.com), pero relatos tan comprometidos como "Bushido" hacen presagiar lo mejor. La ambientación de esta historia de genuino ciberpunk ambientado en un Madrid globalizado es tan sólida como el ritmo que le imprime y la habilidad del autor para cifrar los múltiples matices del habla cotidiana de un futuro que se desarrolla dentro de veinte minutos.


"Paisaje con grupo y mujer", de Ramiro Sanchiz

Desglosar el currículum de Ramiro Sanchiz (Montevideo, Uruguay, 1978) nos haría incurrir en el riesgo de que esta entradilla fuese más extensa que su relato "Paisaje con grupo y mujer". Baste saber que, pese a su juventud, es uno de los nombres indispensables de la literatura fantástica a ambos lados del Charco. Este licenciado en filosofía y letras vive de la docencia y el periodismo cultural, y además es compositor y guitarrista en un grupo de rock. Forjado en publicaciones ya clásicas como Galileo, Axxón o Ad Astra, ha publicado la novela 01.lineal (Anidia Editores), el poemario Retratos en sendos recopilatorios editados en Uruguay y República Dominicana, y ha participado en el ensayo colectivo Proust y Joyce en ámbitos rioplatenses. Todo ello nos sirve para entender mejor "Paisaje con grupo y mujer". Basándose en las técnicas del relato ultracorto, Ramiro Sanchiz urde una historia que puede leerse en clave de reflexión sobre el arte dentro del arte, la vida dentro del arte y un homenaje indisimulado al Bosco, Miguel Ángel, Bacon, Oscar Wilde y, sobre todo, a un genio de la literatura y la pintura tan poco reconocido como del agrado del autor: Alasdair Gray. Y todo ello en apenas cuatro páginas, en las que, más que teclear sobre un ordenador, podría decirse que el autor se ha dedicado a dar finas pinceladas sobre un lienzo.


"Dejar de envejecer y otras pesadillas", de Daniel Pérez Navarro

Una de las explosiones creativas más agradables de los últimos años es la que ha protagonizado Daniel Pérez Navarro. Este médico tarraconense de 1968 ha ganado en muy poco tiempo los premios Avalón, Cepsa-La Razón, Círculo de Escritores Errantes y Diario de León, ha sido finalista del Alberto Magno (con "Los príncipes de madera"), La Felguera, El Melocotón Mecánico, Monstruos de la Razón, José Saramago y Cosecha Eñe, ha hecho sus pinitos con los premios de poesía, ha publicado en las antologías Pequeños grandes relatos y Jodido lunes, tiene pendientes de publicación relatos en Visiones 2008 y dos libros (Mobymelville y El libro del hombre oso, ambos en Grupo Editorial AJEC) y es asiduo de Ediciones Efímeras, NGC 3660 y revistas como Filomúsica y Adamar, donde ha publicado artículos sobre, por ejemplo, la música y la sinestesia en la obra de Oliver Messiaen. De todo ello podemos colegir que no es casualidad que uno de los protagonistas de "Dejar de envejecer y otras pesadillas" sea un tal doctor Pérez, ni que esta historia tenga un ritmo casi musical y esté llena de referencias musicales, ni que su temática esté relacionada con la muerte y la medicina, ni que la narración de los sinvivires de Saturnino esté casi predestinada a aparecer en los listados y recopilatorios
de la mejor ficción publicada en este año 2009 que acaba de comenzar.


"Dispositivos de memoria externa", de Javier Esteban

En una cultura literaria en la que casi todos nuestros autores toman como modelos a los escritores de la tradición canónica del género, resultan de agradecer propuestas como la de Javier Esteban, que quiere parecerse al mismo tiempo a Michel Houellebecq, Greg Egan, Vladimir Nabokov y Mary Shelley. Con un amplio bagaje literario a sus espaldas y un libro, El principio antrópico, a puntito de ponerse a la venta, Javier Esteban (Madrid, 1978) es licenciado en periodismo y ha compaginado la creación literaria (relatos en Visiones 2005 y Artifex Tercera Época, y microrrelatos en el recopilatorio Siembra de tinta) con la crítica (Diagonal) y tareas de coordinación de publicaciones (Vórtice en Línea). Este relato, el más extenso de los que ha escrito, le ha servido, en lo personal, para valorar las virtudes de las agendas Moleskine y de los viajes en tren como herramientas indispensables para escribir, y, en lo artístico, para que comprobemos hasta qué punto puede funcionar esta variante sobre un cliché tan manido como el de los científicos locos y el monstruo de Frankenstein en la que las referencias literarias son continuas sin por ello resultar superfluas.


"Metal, números, gris", de Daniel Pérez Espinosa

El título de este relato es toda una declaración de intenciones: en efecto, "Metal, números, gris" habla ni más ni menos que de lo que indica el título. No obstante lo cual, dista de ser un ejercicio de estilo. Detrás de este ultracorto late y grita uno de los protagonistas más entrañables de este número (y de la ciencia ficción española reciente, añadiríamos), un alma dolida que se resiste a ser sólo un número más en el complejo engranaje de una sociedad prosaica, gris y mecánica. La metáfora de este relato tiene un alcance universal, como la imagen de Charles Chaplin en Tiempos modernos, pero pasada por el tamiz del Fritz Lang de Metrópolis. Algo perfectamente lógico, si tenemos en cuenta la trayectoria del autor, Daniel Pérez Espinosa (Madrid, 1973). Forjado en talleres de escritura creativa, Daniel cuenta con distinciones como la condición de finalista del V Premio de Hiperbreves de la Feria del Libro de Madrid, organizado por la editorial Páginas de Espuma, y ha publicado en las revistas electrónicas NGC 3660 y Yambria, así como en las recopilaciones Apenas unos minutos, Cartílagos de tiburón, El día en que nos dimos cuenta de todo o Leí el diario de un extraño. Títulos todos ellos tan sugerentes como esta pequeña maravilla, pura poesía, que, no obstante apartarse un tanto del estilo del autor, cuenta con todas las virtudes que lo han convertido en un escritor muy a tener en cuenta.


"Llueve en Tejat Prior 1", de José Javier Bataller

La búsqueda de vida inteligente más allá de nuestro planeta es una preocupación científica, pero también uno de los paradigmas de la ciencia ficción desde sus mismos comienzos. En casi cualquier relato de género damos por supuesto que la vida extraterrestre existe, pero en muy contadas ocasiones nos detenemos a reflexionar en qué se entiende por vida y en qué maneras tendríamos de relacionarnos o comunicarnos con ella, en el caso de que supiéramos distinguirla. El autor que ha llevado esta preocupación hasta sus últimas consecuencias es, evidentemente, el Stanislaw Lem de Solaris, Fiasco y El invencible. Valenciano de treinta y siete años, José Javier es profesor de matemáticas en un instituto de enseñanza secundaria y admite de buen grado la influencia de Lem en su obra, aunque insiste en que su autor favorito es Roger Zelazny. Además de este relato, se pueden leer otras obras suyas en Alfa Eridiani, NGC 3660, Efímero, revista Almiar, en el volumen de Libro Andrómeda sobre ciencia ficción humorística Sonrisas y asteroides y en Últimas Fronteras 2004, entre otras revistas y colecciones. "Llueve sobre Tejat Prior 1" fue finalista del premio Pablo Rido en 2005, y sus merodeadores son una de las formas de vida extraterrestre más creíbles que ha producido la CF española reciente. Motivo más que suficiente para publicar este buen relato de ciencia ficción dura.


"Estigia", de Fernando Ángel Moreno

Una manera perfectamente válida de afrontar la temática mitológica es la que emplea Magnus Dagon en "Finis Tempus", relato con el que abrimos este Artifex Cuarta Época. Otra vía, igual de válida, es la escogida por Fernando Ángel Moreno (Madrid, 1971). En "Estigia" consigue darle la vuelta a un personaje acerca de cuyos orígenes nadie suele hablar, Caronte, le dota de una vida propia y de unos motivos para asumir su ingrata tarea, y lo reviste todo ello con una pátina de amarga épica que lo eleva a la condición de arquetipo del amante fiel capaz de esperar toda una eternidad a su amada. De este modo, Fernando Ángel urde una filigrana que hay que saber degustar de manera pausada, un prodigio de relato ultracorto que no hace sino recordarnos que, en ocasiones, lo importante no es qué función desempeñamos en la vida (o en la incierta franja que delimita la vida de la muerte), sino cómo hemos llegado hasta ahí y, no menos importante, por qué. Con la publicación de "Estigia" queremos animar al autor a que se prodigue más en sus escritos de ficción, toda vez que ha demostrado con creces que es uno de nuestros ensayistas más importantes: impulsor de proyectos como la revista Hélice o el I Congreso Internacional de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción celebrado en la Universidad Carlos III en 2008, varias veces finalista del premio Ignotus por sus reflexiones sobre Tim Burton o lo difícil que es sobrevivir a una hispacón sin perder la cordura, y autor de una tesis sobre la ciencia ficción española que no merece seguir inédita.


"Tren", de Julián Díez

Es difícil decir más con un relato de título tan breve. Más conocido por su faceta de periodista (trabaja en Cinco Días y colabora con El País), ensayista y coordinador de iniciativas tan destacadas como la segunda época de la revista Gigamesh, la anterior encarnación de Artifex o el libro de referencia Las 100 mejores novelas de ciencia ficción del siglo xx, las contadísimas incursiones de Julián Díez (Madrid, 1968) en el terreno de la ficción parecen tener un nexo común, una intención deliberada de deconstruir tanto el género fantástico como la realidad que nos rodea (si hubiera alguna diferencia entre ambos), de ofrecer una mirada diferente sobre aquello que damos por establecido e inamovible. En este sentido cabe interpretar relatos como Los abominables sucesos de la Casa Figueroa, "Queda un espacio vacío" o "El don otorgado por el dolor", que piden a gritos una reedición. Lo que hizo en aquellos relatos con el steampunk, la España isabelina, la realidad virtual, el exilio republicano posterior a la guerra civil o la Generación del 27 es perfectamente aplicable al momento más doloroso de la historia reciente de España. Si la principal preocupación de Julián como ensayista es formular un nuevo marco para la ciencia ficción española (algo que se puede apreciar en los magníficos artículos que viene publicando sobre esta temática en nuestra revista hermana, Hélice), parece que sus inquietudes literarias siguen un camino análogo y se centran en analizar las causas de la debacle cultural y moral de España y tratar de ofrecer alguna solución. El vehículo que elige para ello no podía ser otro que ese juego de espejos que son las paradojas y los viajes temporales. Rafa es el hilo conductor de una historia en la que su destino es el de una España rota y manipulada; de este modo tenemos un relato muy valiente, en el que la especulación y la política se dan la mano como pocas veces antes se había leído en la ciencia ficción española.


La portada y la maquetación corren a cargo del insustituible Alejandro Moia. El curro es del resto de la Asociación Cultural Xatafi, y el mérito, de los autores.

Nos leemos en el próximo Artifex, dentro de seis meses.

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viernes, 23 de enero de 2009

Señales de vida

Estoy, estoy. No me he olvidado de vosotros, pero me hallo inmerso en uno de esos frecuentes vórtices de multienmarronamiento que de vez en cuando me sacuden, unido a una semana intensa y rara, que se ha traducido en no demasiada productividad y en mucha vida social.
¿Qué ha sido de mi vida y del universo durante los últimos días? Al grano, y ráfagamente, que diría el poeta:

Estoy celebrando a mi manera el bicentenario del nacimiento de Edgar Allan Poe: corrigiendo textos suyos. Ahora estoy con "El pozo y el péndulo". Qué bien sigue funcionando, el condenao.

Después de una semana posnavideña de relativa histeria, por fin vuelven a acumulárseme los encargos. Compatibilizo los cuentos de Poe con un ensayo de historia económica y, cuando entregue ambos, un librito de autoayuda. En la variedad está el gusto.

Desde que he descubierto que con una sola frase de estado, que lleva exactamente cinco segundos pensar y otros tantos escribir, puedo tener cinco veces más comentarios en Facebook que si me paso una mañana entera pariendo una entrada apañada para el blog, la verdad es que me está entrando una pereeeeza...

Contemplo anonadado el Watergate que se está liando en la Comunidad de Madrid. Pero en algo estoy de acuerdo conmigo mismo: no va a salpicar Esperanza Aguirre, va a llevarse por delante (políticamente) a Francisco Granados y dejará en una situación extraña a Ignacio González (¿lanzarse a los brazos de Gallardón y Rajoy?). Veo a Juan José Güemes como próximo presidente madrileño...

Tengo ADSL en casa de Cristina, que ya es tanto como decir mi casa, nuestra casa. A fin de mes desmantelamos el piso compartido de Arizala, porque Emmanuel y Wendy regresan a México. Se acabaron las escenas de cástings... Seis años y medio muy intensos, una montaña rusa emocional sin la cual no habría blog. Ya me puedo ir buscando otro leitmotiv... Las heridas y cicatrices, por ejemplo...

Y esto no es todo, pero por hoy ya está bien. Vale.

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jueves, 15 de enero de 2009

Lectura compartida de Dan Simmons en el Foro Fantasy de Círculo de Lectores


Aquí andamos, ganándonos la vida. Esta mañana ha comenzado la lectura compartida de El Terror, la última novela de Dan Simmons (Rocaeditorial). Como la novela es un verdadero escándalo (aunque no se acerca a la grandiosidad de Hyperion, todo hay que decirlo), y combina lo mejor de la novela histórica, la novela de aventuras y exploración, y el género fantástico, su lectura es más que recomendable, y tiene mi voto casi seguro para la primera fase de la cuarta edición de los premios Xatafi-Cyberdark, cuya convocatoria acaba de hacerse pública y a la que dedicaré una entrada cuando subamos a la red el tercer número de Artifex Cuarta Época, por aquello de hablar a la vez del tropel de novedades de Xatafi: Paura 4, Hélice 11, Artifex 3 y IV premio Xatafi-Cyberdark. Casi ná.
Aunque el título de la novela de Simmons es lo de menos, casi que merece una reflexión. Simmons, inteligente él, juega con la doble acepción de terror, "miedo muy intenso" y el nombre de la nave capitaneada por Francis Crozier, la HMS Terror. Hubiera sido igual de pertinente titularla La Terror, en caja alta, por la nave; con el título El terror, en caja baja, parece que sólo nos habla del miedo, y la novela es mucho más que eso. ¿Qué tal hubiera quedado tirar por la calle de en medio y titularla simplemente Terror? Es mucho más sugerente, y elimina ambigüedades.
Pijadas aparte, la novela merece la pena, y es una firme candidata a codearse con las mejores novedades extranjeras aparecidas durante 2008, tanto en el Xatafi-Cyberdark como en el Ignotus. Así pues, que tiemblen (de terror, si quieren, o de frío) Michael Chabon, Junot Díaz, Haruki Murakami, Alastair Reynolds, Peter Hamilton, Robert Charles Wilson, Hal Duncan, China Miéville, Jeffrey Ford, Ray Bradbury o J. G. Ballard... Pensándolo mal, la cosecha de 2008 no ha estado nada mal.
Pues nada, que os leáis El Terror, que merece la pena. Para hacer boca, copio y pego el primer comentario del Foro Fantasy de Círculo. Y si queréis entrar a comentar el libro de Simmons, pues ya sabéis. Vuestras opiniones son más que bienvenidas.

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Comenzamos la lectura compartida de la novela El Terror, de Dan Simmons. Su título original es The Terror, apareció en 2007 y, aunque no se ha llevado ninguno de los premios que suele coleccionar (Locus, World Fantasy, Bram Stoker Hugo), sí obtuvo el primer puesto en la votación de los lectores de Amazon.com sobre los mejores libros de género fantástico de 2007.

En cuanto al género literario al que pertenece El Terror, decir que no es uno sino varios. Hasta ahora sólo hemos comentado lecturas que eran claramente de género fantástico, pero El Terror tiene una peculiaridad, que además esperamos que sirva para darle más juego y profundidad a la lectura compartida: mezcla los géneros histórico, de aventuras y terror.

El género histórico viene dado por la premisa de la historia: narra los pormenores de una expedición famosa, la de John Franklin, que partió en 1845 para buscar el Paso del Noroeste, la ruta marina que uniera los océanos Atlántico y Pacífico por el norte del Círculo Polar Ártico. La necesidad de abrir esta ruta era comercial y estratégica, ya que ahorraba tiempo con respecto a la del Cabo de Hornos, en el Pacífico Sur, y el canal de Panamá aún no había sido construido. Franklin organizó una expedición, patrocinada por la Royal Navy británica, y reclutó a 128 hombres, que zarparon en dos barcos, el HMS (Her Majestie's Ship) Erebus y el HMS Terror, que es el que da nombre a la novela. Ambos barcos se habían destacado en la expedición de James Clark Ross a la Antártida, y eran sólidos y fiables, pero sufrieron todas las penalidades posibles en su itinerario por el Ártico canadiense y... Bueno, mejor lo leéis en El Terror.

La expedición del Paso del Noroeste centró los esfuerzos navales británicos durante casi todo el siglo XIX, y tuvo momentos muy dramáticos, uno de los cuales fue la expedición de Franklin, pero también hubo otros, como la expedición de William Edward Parry (a ver, lectores de La Materia Oscura, ¿a qué os suena el apellido Parry?) en 1819-1820, en la que se basa el famosísimo cuadro de Caspar Friedrich Friedrich El mar de hielo.

Después de la expedición de Robert McClure (1850-1854), la Royal Navy británica parece desentenderse del asunto, y la búsqueda del Paso del Noroeste pasa a la iniciativa privada; a ella debemos la expedición de John Rae (1854), un empleado de la todopoderosa Compañía de la Bahía de Hudson que, para reducir riesgos y costes, emprendió una expedición terrestre.

Con todo, el Paso del Noroeste no quedó abierto hasta la llegada en 1906 de Roald Amundsen, el mismo explorador que fue el primer hombre en llegar al Polo Sur unos años después. La ruta es difícil de por sí, pues necesita de barcos rompehielos y no está practicable en otoño e invierno, aunque en los últimos años el cambio climático está haciendo que la ruta esté más despejada y dentro de un par de décadas se pueda llegar a plantear como una alternativa al canal de Panamá.

Éste es el contexto histórico de la novela. Dan Simmons la narra utilizando los puntos de vista de los principales implicados en la historia: John Franklin, el comandante de la expedición, un hombre atenazado por el recuerdo de sus dos matrimonios y de su primera expedición al Ártico canadiense, en el transcurso de la cual se cree que hubo prácticas de canibalismo y se llegó al extremo de que los supervivientes tuvieron que comerse sus calzados para sobrevivir (de ahí el mote que lo acompañará toda la vida: "el hombre que se comió sus botas"); Francis Crozier, el capitán de la Terror, con la que ya había viajado a la Antártida en la expedición de Ross, unos años antes (1839-1843); James Fitzjames, capitán de la otra nave que componía la expedición, la Erebus, que también había participado en la expedición de Ross a la Antártida. Además de ellos, tenemos los puntos de vista de marinos de a pie y demás miembros de la tripulación, lo que da como resultado una trama multiperspectivista, similar en la estructura y en los resultados a lo que está haciendo George R. R. Martin con la serie Canción de Hielo y Fuego.

Como novela de exploración, y novela "de Armada Británica", El Terror funciona muy bien. Se puede apreciar perfectamente el funcionamiento de una nave en el siglo XIX, y las comparaciones con Patrick O'Brian son perfectamente pertinentes.

El último elemento, el fantástico, el componente terrorífico, se desarrolla a lo largo de la novela, pero aparece con inusual crudeza en el primer capítulo, protagonizado por Crozier. La acción comienza en octubre de 1847, cerca ya del desenlace de esta historia. La Terror está aprisionada entre el hielo, como en el cuadro de Friedrich al que hemos aludido un poco más arriba. Crozier sube a la cubierta y ve una aurora boreal, que Simmons nos describe casi con elementos de la imaginería de la ciencia ficción. Hace un frío extremo, y la Terror y la Erebus están separadas por apenas un kilómetro de hielo. Ambas naves están embarrancadas entre montañas de hielo. Estamos en octubre, y lo peor está por llegar: el auténtico invierno a 70º de latitud norte implica que no hay luz solar; ahora, por lo menos, tienen la suerte de disponer de una hora de luz al día.

Crozier recuerda la expedición de Ross a la Antártida, y cómo le pusieron el nombre del comandante a toda aquella tierra, pero no le pusieron el nombre de ningún accidente geográfico a Crozier. Éste ve próxima la muerte, y sus pensamientos son esos: no pasará a la historia porque ningún cabo, isla, roca o volcán llevará su nombre. Hasta sus barcos le dan nombre a sendos volcanes de la Antártida, pues tanto la Erebus como la Terror estuvieron en la expedición de Ross.

En la cubierta ve a Hickey, el ayudante del calafatero. Es necesario calafatear la cubierta, sellarla con brea, para evitar que el frío afecte a la estructura y pueda entrar agua. Crozier y Hickey hablan: no se oye ningún disparo procedente de la Erebus desde hace más de una hora. Quieren creer que ha sido el hielo, no un disparo.

Crozier le pregunta por Lady Silenciosa, una inuit (esquimal) que los acompaña. El teniente Irving tiene órdenes de vigilarla, pero Crozier lo abronca: una cosa es vigilarla y otra es seguirla a todas partes, sobre todo a la cubierta, de donde no puede escapar, dado el frío que hace: Irving está poniendo en peligro su vida con esa actitud, pues la congelación, a esas temperaturas, es casi inmediata. No obstante, a Crozier le gusta Irving, joven marino pero veterano, pues estuvo en una nave que será importante: la HMS Excellent. No obstante, sierte cierta conmiseración por Irving, pues está enamorado de Lady Silenciosa.

Crozier recuerda sus tiempos de gobernador de la Tierra de Van Diemen (la actual Tasmania), cargo que tuvo que abandonar debido a las reformas que intentó impulsar en el territorio, que era una colonia penitenciaria.

Sus pensamientos derivan a Lady Silenciosa, a quien le recomienda que baje de cubierta. La llaman así porque no tiene lengua. No es su única peculiaridad: el médico, el doctor McDonald, le calcula una edad de entre quince y veinte años, y ha comprobado que es virgen; algo que le extraña a Crozier, pues los esquimales son promiscuos y, además, suelen ofrecerle sus mujeres a los británicos.

El soldado Watts corre al encuentro de Crozier: el ingeniero Thompson requiere su presencia en la bodega. El marinero Manson está a punto de amotinarse porque no quiere llevar más sacos de carbón de la sala de calderas. No le gusta lo que oye allí, que cree que son fantasmas. De la sala de Muertos se oye un clamor, como si una bestia estuviera rascando el casco del barco. Crozier los tranquiliza a todos diciendo que son ratas, pero no lo cree. Sabe que todo se debe a que hay un monstruo que los acecha y ha excavado un túnel entre el hielo hasta llegar al mismo casco de la Terror. Y la situación es crítica, porque la nave podría estar en verdadero peligro.

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Con este capítulo angustioso, que parece más bien un relato de terror, casi autoconclusivo, comienza la novela. Las deudas con Edgar Allan Poe y el relato de terror decimonónico (por ejemplo, La narración de Arthur Gordon Pym) son evidentes.

Vemos el carácter de Crozier como un recio hombre de mar, muy experto y tratando de mantener la calma en un momento en el que toda su vida se viene abajo. Es llamativo su pensamiento casi recurrente: no alcanzará el renombre que cree que merece, y que sí tuvo su comandante en la expedición a la Antártida, James Ross. Ningún accidente geográfico llevará su nombre.

En apenas unas pinceladas vemos a la perfección cómo funciona la cadena de mando en una nave de la Armada Real británica. La obsesión por los rangos y por no decir ni hacer nada inapropiado. Crozier combina la mano dura con el paternalismo, en una actitud que podríamos calificar de muy británica.

El elemento terrorífico, el monstruo que acecha en el exterior, nos es mostrado desde el primer capítulo, lo que ayuda a darle otro sentido al resto de la novela, casi esperando el momento en el que aparezca.

Asimismo, con apenas un par de detalles, ya nos preparamos para especular con el papel de Lady Silenciosa, la enigmática esquimal muda.

Como prólogo, este capítulo es inmejorable, y nos da muchas pistas del futuro desarrollo de la novela.

¿Qué opináis?


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viernes, 9 de enero de 2009

El auténtico Gran Hermano...

... no es el Estado, ni siquiera Hacienda, ni mucho menos la CIA o el Mossad. Es una entidad privada que gestiona cierto tipo de derechos sujetos a propiedad intelectual, cuyo nombre puede que os suene (atención al juego de palabras; sí, es una pista). Si desarrollo el asunto o alguien dice cosas feas aunque ciertas en el área de comentarios, ¿corro el riesgo de que alguien de esa entidad se encabrone, me monten el pollo, me dejen frito y me chapen el blog? Nusé, pero visto lo visto, mejor no menearlo. Y nunca mejor dicho lo de "menearlo", ya que, al parecer, el que en Menéame aparezcan comentarios personales y no injuriosos de un socio de una productora discográfica puede ser motivo suficiente para que la entidad arriba mencionada le deniegue el permiso (ponerle el sello, lo llaman ellos) para que un socio de esa entidad pueda dar un concierto, que al fin y al cabo es su manera de ganarse la vida y, de paso, de engrosar las arcas de esa entidad gestora.
¿No entendéis nada? Yo tampoco estoy muy seguro de entenderlo, pero en principio es muy sencillo. Se resume en lo que he dicho, ni más ni menos: una entidad privada puede decidir quién da conciertos y quién no los da, bajo el pretexto de que alguien los ha puesto a parir en su blog. Sin sentencia judicial de por medio, ni medidas cautelares, ni denuncia, ni nada. Así, por las buenas. A lo portero de discoteca.
Muy, muy chungo.
Como el blog en cuestión está caído, supongo que debido a la avalancha de entradas, enlazo con la caché del mismo.
Absolutamente surrealista. Si alguien entiende algo, que me lo explique.
Estoy por creer a un amigo mío que afirma que los disturbios de Grecia del mes pasado se van a quedar en nada cuando el Gobierno decida chapar todas las páginas de P2P. Es que se le quitan a uno las ganas hasta de silbar por la calle, no le vaya a aparecer un acólito del Gran Hermano a exigirle el pago del impuesto revolucionario.
Ah, sí: el afectado es Josele Santiago. Como, que yo sepa, colgar un vídeo de Youtube todavía no es un delito ni devenga derechos de autor, cuelgo un par de ellos, pertenecientes a su último disco, Loco encontrao. Si vivís en Palma de Mallorca y os vais a quedar sin concierto, por lo menos que podáis escuchar alguna de sus canciones mientras leéis el texto meneado de marras.
Y, por favor, sed buenos en los comentarios. Don't feed the troll. Acepto sarcasmos, elipsis, juegos de palabras, acertijos, medias palabras y demás muestras de ingenio.

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