jueves, 30 de octubre de 2008

Escenas de un cásting (Octava parte): Catalan History X

A lo tonto, a lo tonto, he aquí la entrada número 300 de Pornografía Emocional. Para celebrarlo he decidido que no haré el típico refrito de entradas más destacables de la centuria anterior (que, por otra parte, y lo reconozco, ha sido la más flojita del blog) y, vale, pondré un montón de enlaces a algunos highlights indiscutibles de esta bitácora, pero con un motivo claro: me apetece continuar con las entrañables Escenas de un Cásting. Como hace mucho tiempo que no actualizo esta vertiente tan emocionante del blog, os pongo en antecedentes, por si sois nuevos o habéis caído en las redes del alemán ése que esconde las cosas. No soy de Barcelona, pero me vine a vivir aquí en julio de 2002, por motivos laborales. Fui a parar a casa de una tía con la que estuve dos meses, antes de que la cosa acabara como el rosario de la aurora, de modo que no tuve más narices que lanzarme al apasionante mundo de los pisos compartidos, que por aquel entonces estaban muy de moda gracias a la película Una casa de locos, que iba, precisamente, de erasmus compartiendo piso en Barcelona. Con los primeros compañeros de piso compartido (calle Valencia) conecté muy bien, de modo que cuando la casera echó a uno de ellos, Emmanuel, el resto nos fuimos con él y comenzamos una convivencia de año y pico en otros dos pisos compartidos: en la Avenida de Madrid (todo 2003) y en la calle Arizala (en 2004). Pero el grupo original (Emmanuel, mexicano; Aleix, catalán; Rita, portuguesa; Ricardo, gallego, y yo, madrileño) se fue disgregando, como si de unos Beatles cualesquiera se tratara. Se cruzaron cambios personales trascendentales para algunos de los implicados y, en definitiva, en el transcurso de 2004 ya sólo quedábamos dos de los primeros integrantes del piso compartido: Emmanuel y yo. Por primera vez, cambiamos el rol de pringadetes que buscaban piso por el de caseros que ponían habitaciones en alquiler, con resultados sumamente desiguales y, casi siempre, pintorescos. Todo eso se explica en esta entrada.
Después de que la primera pareja de chilenos se fuera del piso, y con un nuevo compañero estable, Lluis, tuvimos a un colombiano que sólo nos pagó la fianza, se pasó dos meses sin poner un duro y puso muy alto el nivel de surrealismo de nuestras vidas. A continuación, un catalán que resultó ser primo lejano de un amigo mexicano del doctorado de Emmanuel, y que es todo un encanto. Después de irse éste de la habitación de matrimonio, que para aquel entonces ya empezábamos a denominar "la habitación del pánico", entraron unos compañeros de piso que, de hecho, a día de hoy son dos de mis mejores amigos: Andrés y Eli. Durante unos meses reinó la tranquilidad en la casa, con un quintento estable, bien avenido y sólo amenazado por nuestras siempre intrigantes agentes inmobiliarias, que se pasaron los dos primeros años malmetiéndonos con los propietarios para sacar tajada. Todo eso lo cuento en esta otra entrada. Y en estas otras dos (esta y esta otra).
El resumen de los años dorados de la convivencia (de 2002 a 2006) está en esta otra entrada.
Y, como digo, en un momento dado ocurrieron dos cosas: una buena (empecé a salir con Cristina) y otra mala (la búsqueda de compañeros de piso dejó de tener ni puta gracia). Empezaron a vivirse momentos feos, los inquilinos se sucedían a velocidad de vértigo y, en vez de hacer lo que alguien sensato hubiera hecho (largarse del piso e irse a vivir con la novia), me encontré con un despido muy inoportuno que retrasó mis planes vitales cerca de dos años y que, unido al hecho de que las movidas en el piso se dispararon, me proporcionó uno de los veranos más surrealistas de mi vida. Ahora, por fin, ya estoy incorporado al apasionante mundo de los trabajadores autónomos, dentro de muy poquitos meses me iré a vivir definitivamente con Cristina, he terminado de aceptar que mi situación en el piso es un tanto pintoresca (no duermo aquí desde hace meses, y sin embargo lo utilizo como oficina) pero me quedo con lo que importa (tengo aquí buenos amigos), llegó un momento en el que me desentendí de enseñar la habitación a nadie (ya llegaremos a eso) y, en definitiva, ahora nos hallamos inmersos en un nuevo proceso de cásting para buscar compañero de habitación que, si todo va bien, debería resolverse... hoy o mañana. Por ese motivo resucito esta línea temática, que en realidad fue uno de los motivos decisivos que me impulsaron a abrir el blog, hace ya casi tres años.

Verano de 2006

Como ya han pasado más de dos años, ya ni me acuerdo de quién más vino a ver la habitación, ni de si había más chicos que chicas, ni si de tuvieron alguna manía particular como preguntar por qué poníamos dos meses de fianza o preguntar si les podíamos dar un recibo. Ni me acuerdo ni, creo, me importa a efectos narrativos.
El caso es que Jonathan (nombre figurado) apareció una tarde de finales de agosto. Se le veía un chico joven, de veintipocos años y un poco demasiado quillo, pero en fin. Iba con bermudas, que dejaban ver unos tatuajes en las pantorrillas: letras y símbolos de parafernalia futbolera. También tenía tatuajes en los antebrazos. Un deje de mirada altiva. Y una corrección exquisita.
Vino, vio la habitación, le pareció bien, hablamos un poco y quedamos en que nos llamaríamos. Lo de siempre, vamos.
Jonathan estaba en el paro, pero hasta hacía nada había estado trabajando de empaquetador en una empresa papelera y le había quedado un finiquito ganso, lo que nos garantizaba solvencia económica, y parecía un chaval centrado, razonable y muy educado. Lo de los tatuajes no era de por sí un elemento alarmante, aunque me confesó su afición desmedida por el deporte balompédico y, en concreto, su adscripción a una de las hinchadas exaltadas de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad. Como el sabía que yo era madrileño, porque se lo había contado en el ascensor, me vi en la obligación moral de confesarle que soy del Atlético de Madrid, lo cual, sin duda, ayudó a relajar el ambiente.
-Ah, pues vuestros hooligans molan. Son los únicos de España con los que nos llevamos bien.
¿Debería habérmelo tomado como un cumplido?
Al cabo de un rato llamó para confirmar que la habitación le interesaba. Pues qué bien, oye. No sólo eso, sino que nos ingresó la fianza sobre la marcha. El cásting no había durado mucho tiempo, teniendo en cuenta lo caóticos que habían sido los anteriores. Recordemos que llevábamos varios días con la habitación vacía (era la que dejaba libre Katarína después de su fugaz estancia de un par de semanas, récord aún hoy no superado), Emmanuel y yo estábamos poniendo dinero de nuestros bolsillos y yo, con el finiquito aún sin cobrar y mucha inseguridad con respecto a mi futuro laboral, pasaba de andarme con gilipolleces a la hora de mirar quién entraba.
-Pero... Juanma -me comentó Emmanuel aterrado, cuando le describí a Jonathan-, ¿estás seguro de que hacemos bien metiéndolo en la habitación?
-Ya estoy hasta las mismísimas gónadas de niñas monas que luego resultan ser unas malquedas -no dije; el sentido de mi respuesta fue éste, si bien su plasmación gráfica fue más drástica, menos perifrástica e incluyó connotaciones animales peyorativas-. Éste, por lo menos, paga.
Y así comenzó la cosa.

Estamos en agosto, la temporada futbolística aún no ha comenzado y Jonathan busca trabajo. Como yo me he pasado varios días en Madrid y, además, duermo en casa de Cristina, no me entero de la misa la media. Mis contactos con la realidad del piso se reducen a las mañanas que me paso haciendo lavadoras, conectándome a Internet, haciendo envíos postales del copón para remitirle el currículum a la mitad de las editoriales de Barcelona y leyendo libros para reseñas varias.
Mi primer encuentro con la sexualidad desbordante de Jonathan es tal que así.
Jonathan me ve por el pasillo, se acerca a mí, me da lo que interpreto como la versión resumida del saludo ritual de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad y, con toda la espontaneidad del mundo, me suelta.
-¡No veas lo buena que está la compañera de la habitación de al lado, nen!
Sí, nos referimos a Jennifer, la francesa que no llegó a superar el récord de permanencia efímera de Katarína, pero sí pulverizó la ratio de permanencia tras un preaviso: de las tres semanas que pasó en casa, dos transcurrieron después de que nos dijera que se iba. Contaba con una beca de estudios que, finalmente, no le concediero, ergo se tuvo que volver a Francia.
A todo esto, con el novio adosado en la habitación. Y sin que él pusiera ni un chavo.
-...
-Es que no veas, la pava, nen. Llego la otra noche aquí y estaba ella con la puerta de la habitación abierta, porque su novio estaba en el lavabo.
-... -Esto se pone interesante.
-Y va la tía y no sólo no cierra la puerta de la habitación sino que se abre de piernas.
-... -Lo animo a que termine la historia: me tiene en un sinvivir.
-Pero nada. Bla bla bla, bla bla bla. -Y se me pone a hablar de sus cosas.

Sus cosas. Claro. Este asunto es interesante.
Llego un día a casa y Jonathan no está. Estará trabajando. Llega Jonathan, como a media mañana.
-Pues no veas. He empezado hoy a trabajar en un hotel en una conocida calle turística barcelonesa -nótense las muchas perífrasis de esta entrada- y no me jodas, me querían hacer cargar cajas y cajas. Y su puta madre, a mí nadie me pone a cargar nada.
-...
-Así que me he despedido hoy mismo, nen.
Será joven, pero tiene las ideas claras.

Otoño de 2006

Otro día. Lleva una semana lloviendo. Llego a casa y, cosa rara, está Jonathan.
-... -Lo miro, cuando entro en mi habitación. Tiene la puerta de la suya abierta. Nos damos el saludo de rigor.
-No veas tú, nen. Ayer me dio pereza levantarme a trabajar, porque paso de ir con el ciclomotor a la Zona Franca -ahora trabaja ahí, cargando no sé qué-. Total, que fui a ver a una amiga mía, que es médico, y me arregló una baja. He dicho que me caí de la moto.

Otro día. Llego a casa y Jonathan está por ahí. Nos saludamos.
-¿Sigues de baja?
-Qué va, nen. Me he despedido. Ahora trabajo en bla bla bla,bla bla bla.
Después de treinta y seis años empiezo a entender los datos de la Encuesta de Población Activa, y cómo es posible que se creen tantos puestos de trabajo. Gracias a gente como Jonathan, el Gobierno puede alardear cada tres meses de que se están creando la hostia de puestos de trabajo. Qué ironía.

Otro día. Llego a casa y veo a Cinta, nuestra nueva compañera de piso. La que ha entrado en lugar de Jennifer. Es de la provincia de Tarragona. Vivía en Londres con su marido, que es albanés, pero ahora va a trabajar en una academia de idiomas durante el verano, hasta que consiga los papeles de su marido. Es muy buena chica, muy tranquila y... tiene como compañero de piso, pared con pared, a Jonathan.
-¿Qué tal con Jonathan?
-...
-¿Bien?
-...
-Me alegro, me alegro.
Esto marcha. Cinta está contenta con Jonathan, aunque...

... La Liga ha comenzado. Y todo se jode.
Llego a casa y todos los días veo amasijos de pelos largos en el lavabo. Nunca son del mismo color, pero comparten algo: son pelos largos. No parecen de Cinta, que tiene el cabello más rizado y corto. Entre Cinta y Emmanuel me cuentan que Jonathan se trae casi cada noche a una amiga diferente, pero con un nexo común: todas ellas son amigas de su novia.
-¿Y qué opina su novia de todo eso? -pregunto, por si tienen una relación liberal, un poliamor o algo así.
-Ah, ni le ha dicho dónde vive. No quiere que ella sepa la dirección.
Meses después me entero de que Cinta vivió aterrada durante los tres meses que estuvo en casa, que constantemente pensaba en irse de la casa y que dejaba medio atrancada la puerta de la habitación, por lo que pudiera ocurrir. No entiendo cómo pudo aguantar tanto tiempo aquí, pendiente de un visado (el de su marido) que al final no llegó, y con la incertidumbre de qué iba a oir esa noche tras la pared de al lado. La necesidad, supongo.

Como digo, la Liga ya ha comenzado, y Jonathan se pone un poco disparado. Sus saludos cada vez son más rápidos y elaborados.
Llego a casa y la música está sonando a toda hostia. Montajes makineros del "We are the champions" y cosas así.
Pero no sólo eso.
Un día llego a casa y oigo, a toda hostia, el viejo himno que hacían cantar en tiempos de Franco.
Llego otro día y oigo, a toda hostia, el himno catalán.
-Jonathan...
-...
-Pero vamos a ver, que yo lo entienda. ¿No te das cuenta de que escuchas cosas incompatibles, y que el primer himno representa una cosa y el segundo simboliza prácticamente lo contrario?
Jonathan pone cara de póker.
-Me gustan los himnos.
Le ha faltado el "¿Pasa algo?", pero claro, no es madrileño.
¿Cómo coño responder a eso? Lo dejo estar.

Llego otro día a casa. Aparte de la música a toda hostia, suenan incontables ventanas del Messenger. Jonathan está expansivo.
-Mira, mira, nen, te voy a presentar a mis amigos... Éste ha estado en la cárcel, acusado de asesinato, pero es un tío legal, no veas cómo mola.
Muy guay, sí. Los demás amigos no van a la zaga.
Quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

Emmanuel está con una sonrisa de oreja a oreja mientras me ofrece una botella de vino francés. Pone esa cara de pícaro que sólo pone cuando me quiere emborrachar (ya le he dejado claro que dentro de diez minutos salgo a recoger a Cristina, o sea que o me emborracha rápido u otra vez será) o me quiere contar algo divertido.
-Ayer emborraché a Jonathan y un amigo suyo de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad.
Les sacó una botella de tequila, y se la chingaron en diez minutos, entre los tres. Pero Emmanuel los dejó tumbados enseguida, y ellos se pusieron a vomitar casi sobre la marcha.
-No tienen ningún aguante. Van de duros, y luego esto.
Me sonrío. Supongo que todo esto encierra alguna metáfora.

De repente hay más aparatos en la habitación de Jonathan.
Nos saludamos. Tiene una sonrisa de oreja a oreja. Está claro que, pese a todo, nos caemos bien mutuamente, y le apetece contarme un secretito.
-Nada, ayer fui de compras al céntrico barrio barcelonés donde me crié, nen. Hoy vuelvo. ¿Quieres algo?
-Bueno, la verdad es que ahora mismo no necesito nada... -Me acabo de cargar un disco duro externo de 128 megas que me había regalado Cristina (y, más grave, el disco de arranque; me perdí la lección de Coco sobre no intentar doblar objetos rígidos), pero bueno, un momento Magneto lo tiene cualquiera, y Jonathan no tiene por qué saberlo...
-Pues nada, cuando quieres, ¿vale?
-Sí, sí, claro.

Al día siguiente, la habitación de Jonathan parece el Gran Bazar. Me empiezo a preguntar si en realidad está chateando con sus amigos o montando una Teletienda.
-Pues anoche estuve en el céntrico barrio barcelonés donde me crié, y no veas cómo se enrolla mi amigo.
Y me enumera lo más parecido que he visto al Escaparate Final de El precio justo, o la Subasta del Un, dos, tres.
-Mira, me compré esta torre de ordenador por trescientos pavos... No veas, va como un tiro... Y, además, por cincuenta pavos, estos altavoces, que son mucho mejores que los otros... Y, de regalo, el casco para la moto, que cuesta más que todo esto junto.
Sólo le falta el apartamento en Torrevieja, Alicante.
Este fin de semana me lo llevo todo a mi piso.
-... -Uy. Repite eso, por favor.
-Me estoy comprando un piso en mi tierra natal del sur de la geografía catalana. Allí vive mi hermana con mi cuñado. Me la estoy comprando, y me llevaré las cosas allí. Aquí no caben.
-Pero... Jonathan... ¿qué edad tienes?
-¿Yo? Diecinueve.
-¿Y te estás comprando un piso?
-Sí, claro.
Joer, qué rápido suben.

El caso es que Jonathan me cae bien, y yo a él, y él a Cristina, y Cristina a él. Por lo general es un chico muy ordenado, limpia el pasillo todas las semanas, limpia el cuarto de baño cada vez que lo usa y, después de los compañeros que hemos llegado a tener, el piso está limpio y ordenado.
No se demora con el pago de la habitación y, siempre que nos vemos, me saluda efusivamente y me cuenta sus andanzas, ya sea con las pavas con las que anda, ya sea con su novia, con sus amigos de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad, o lo que sea.
Curiosamente, cuando está Cristina, Jonathan se corta y está bastante modosito.
Ayer hubo fútbol. Competición europea, además.
-Pero una cosa que no entiendo, Jonathan -le suelto de golpe-. ¿Qué garantías tengo de que si voy por la calle un día de partido y me cruzo con tus amigotes no me van a partir la cara?
Jonathan reflexiona unos segundos y me responde, con el tono que pondría un padre de familia al explicarse al niño de cinco años lo de la semillita de papá y la barriguita de mamá:
-Vamos a ver... Tú imagínate un combate de boxeo, ¿vale?... Lo que me dices es como suponer que uno de los boxeadores va a liarse a hostias con el público, ¿vale? Pues no: el boxeador se va a liar a hostias con el otro boxeador. El público no tiene nada que ver.
Toma aire, mientras proceso la información.
-Aunque, bueno, si vemos a una familia de aficionados del equipo rival, no te digo que no los vayamos a insultar y acojonar un poquito, pero sólo para divertirnos. Las hostias sólo nos las vamos a dar con hooligans.
Me quedo muchísimo más tranquilo.

La temporada avanza. Ya apenas aparezco por casa, porque por las mañanas estoy en un curso del paro, y sólo estoy en casa por las tardes. Además, empiezo a irme a Girona en fines de semana alternos, a casa de los padres de Cristina.
Estoy en Girona, durmiendo, un sábado por la noche, a las tantas. Atruena el Himno de Riego, que tengo como politono en el teléfono móvil.
-¿Mñññññsí?
-Juanma, soy Jonathan. ¿Estás en casa?
-Ehmmmm... No, estoy en Girona, en casa de los padres de Cristina.
-No, es que tengo un problema que no veas, ¿vale?
A ver por dónde me va a salir éste...
-¿Algo grave?
-No, no es grave, nen, pero es una putada que no veas. No consigo abrir la puerta del piso.
-Jorl. Eso pasa siempre que se cierra con llave. Como cambiamos el tambor de la cerradura cuando entramos aquí, porque no nos fiábamos de nuestro casero, el trabajo lo hizo un amigo de una ex compañera de piso y, bueno, fue un tanto cutre... Tienes que girar de tal manera y tal otra... ¿Sí?
-A veeer... Sí, ya está.
-Y ahora de esta otra hasta que oigas un clic. ¿Lo oyes?
-Sí, sí. Ya está. -Se oye un ruido de abrir y cerrar una puerta-. Joder, nen, muchas gracias. Buenas noches, y perdona el susto.
-Naaaada. Adeu.
Son algo así como las tres de la mañana. Dentro de lo que cabe, es un chico bueno que llega pronto a casa. Y muy educado.

Estoy, como siempre, en casa de Cristina. Nos acabamos de acostar. Tengo que madrugar porque el curso está donde Cristo perdió el gorro.
Suena el Himno de la República.
-¿Digaaaa?
-Hola, nen, soy Jonathan... Queeee... mira... me he dejado las llaves dentro de casa. ¿Me podrías prestar las tuyas, o abrirme la puerta?
-Bueno, estoy acostado. Mira, vamos a hacer una cosa. Tengo un juego extra de llaves de la casa, por si pasa algo como lo que te ha ocurrido. Me pongo el chándal y te salgo al encuentro. ¿Por dónde andas?
-Por la calle de Sants. Voy con la moto.
-Vaaale. Pues te espero en la esquina de tal calle con la calle de Sants.
No le digo el número de la calle porque, por algún motivo, no me apetece que sepa dónde vivimos exactamente.

Llego por la tarde a casa. La música suena a toda hostia y del pasillo emana un tufo a cigarrillos. No lo he contado, pero Jonathan fuma como un auténtico carretero. Los ceniceros se acumulan, llenos, por toda su habitación. Eso sí, nunca fuma en las zonas comunes; como mucho, se sale a la terraza. Suele fumar en su habitación.
-Joer, Jonathan, te va a dar un cáncer como sigas fumando así.
Me pone una cara que es una mezcla de "Vamos, anda, no me jodas" y "Como si no me fueran a matar en una pelea antes de que me dé un cáncer".
-Cómo mola Emmanuel, nen. Bla bla bla bla bla bla -y me cuenta anécdotas de Emmanuel. Se detiene un buen rato en la noche en que Emmanuel los emborrachó. Luego, de repente, suelta un comentario despectivo con respecto a unos suramericanos.
-Pero vamos a ver, Jonathan, ¿no te das cuenta de que si no conocieras a Emmanuel y Wendy, y te cruzaras con ellos por la calle, los llamarías sudacas y les darías de hostias?
Jonathan reflexiona unos instantes y me vuelve a poner cara de "y entoooonces papá puso la semillita en la barriguiiiita de mamá".
-Ah, no. Emmanuel y Wendy han venido aquí a trabajar, y yo eso lo respeto, nen. Es que no veas la gente que viene aquí a no hacer nada y bla bla bla, y toma perífrasis sobre la inmigración procedente del Magreb, y tal y cual.
-Pero no, también hay gente que ha venido a trabajar. Mis madre fue inmigrante, de Córdoba a Madrid, pero inmigrante al fin y al cabo, y bla bla bla.
-Juanma, que no. Tú no has crecido en un barrio en el que la inmigración se ha disparado. Yo he visto cosas que tú no has visto. Yo sé cómo son estas cosas, y tú no. No me hacen falta discursos políticos en un sentido o en otro. Te estoy contando lo que he vivido y lo que he visto.
Definitivamente, a Jonathan no lo voy a pillar en la vida si sigo con el discurso políticamente correcto.

Llego una tarde a casa.
-Juanma, nen. -Saludo de rigor-. ¿Has visto qué chupa más guapa?
-Sí que lo es.
-Me la ha regalado mi novia. Discutimos, la mandé a tomar por culo y, para hacer las paces, me la ha comprado. Como trabaja en una tienda de objetos deportivos de una conocida cadena...
Qué bonito es el amor. Y qué ciego. Porque los pelos del lavabo siguen proliferando, y cada día de un color, pero siempre largos.

Llego una tarde a casa, y Jonathan está cagándose en la televisión. Aparece el presidente de su equipo de fútbol.
-Menudo hijo de puta. No nos quiere dejar entrar al estadio. Será cabrón, nen. Y a mí me tiene denunciado y con orden de alejamiento.
Sigue desfogándose un ratito, mientras dura la noticia relativa a su equipo.
-Menudo hijo de puta, nen. Está puteado con nosotros porque lo hemos amenazado de muerte y, cada vez que habla en público, vamos todos a reventarle los discursos.
No le respondo que hay gente con muy mal perder y muy rencorosa, porque en fin.

Una mañana de lunes o martes no voy a clase y me encuentro a Jonathan. Está muy serio. Hacemos el saludo ritual, pero él está como desganado. No me hace falta preguntarle, porque me lo cuenta.
-Pues no veas la que montamos la otra noche, nen. Estábamos en la discoteca, casi a punto de cerrar, y nos liamos a hostias con unos gilipollas que estaban de despedida de soltero. Un hijo de puta se metió con uno de mis amigos de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad y no tuve más remedio que partirle el pómulo. Acabé en comisaría y, no veas, nen, me piden dos años de cárcel.
Me acojono de veras. Creo que el gesto es inequívoco. Jonathan saca a relucir su instinto paternal para tranquilizarme.
-Pero no te preocupes por mí. Como es el primer delito por el que me pillan, no iré a la cárcel.

Jonathan está más taciturno. Las tres competiciones están en marcha, de modo que se pasa casi todo el día en el fútbol. Una tarde me cuenta lo que le acaba de ocurrir en la calle.
-Pues nada, voy y atropello aquí debajo a un gilipollas que estaba cruzando por donde no debía. Ni lo vi venir. Y el muy hijo de puta me quería denunciar, así que le dije "¿Cuánto quieres?", y me acerqué a un cajero y se lo di. No quiero que me denuncien ahora...
-Por lo del juicio pendiente, ¿no?
-Bueno, sí, eso también. No, es que mi moto no tiene papeles.
A todo esto, Jonathan lleva como mes y pico sin trabajar.

Un buen día, Jonathan suelta la bomba.
-Me voy de aquí.
-¿Y eso?
-Nada, que he decidido vender la casa que me estoy comprando en mi tierra natal del sur de la geografía catalana. Y me iré a vivir a Alemania, con mis amigos los hooligans del Schwartz-ist-scheiße de Macarrenburgo.
-Pero..., pero..., pero...
-Lo del piso no es ningún problema. Ya lo he hablado con mi hermana y mi cuñado, y me pueden guardar las cosas en su casa, mientras estoy fuera. Sólo me iría un tiempo, hasta que prescriba el delito. Ya estamos con los papeles para liquidar la hipoteca.
-¿Y tu novia qué dice de esto?
-Ella me apoya a muerte. Me ha regalado un forro polar y un par de botas muy gansas. Allí hace frío.
-Pero..., pero..., pero... -consigo centrarme y verbalizarlo-. A ver, Jonathan, quiero decir. Son alemanes. Te vas a Alemania. Eres bajito, moreno y con el pelo negro. Ellos son xenófobos, racistas y, en condiciones normales, hostiarían a alguien como tú si lo vieran por la calle...
Me vuelve a mirar con la, creo, condescendencia del que le tiene que explicar todo al niño tonto. "Y la semilliiiiiita...".
-Qué va. Son hooligans. Son amigos. Son legales.

Total, que comenzamos el cásting. Desde el principio nos decantamos por Guadalupe (nombre figurado), mexicana ella, que nos parece realmente legal. Llego a hacerle una putada seria a un candidato con el que ya teníamos apalabrada la habitación (llegaré a eso en la próxima entrada de esta serie), pero la vemos muy buena onda y es nuestra candidata, a falta de que confirme si quiere o no quedarse con la habitación. Por fin nos lo confirma. Jonathan ya está desmontando el chiringuito y, en principio, no hay problema. Jonathan es educado, ha dado el preaviso en plazo y ya hemos encontrado nueva compañera de piso. Todo en orden, pues.
Me voy a Girona a pasar el fin de semana. Cristina anima a sus padres a que nos lleven a buscar setas, tarea a la que nos dedicamos con ahínco. Estamos en medio de la naturaleza, y hasta un urbanita recalcitrante como yo se siente en paz en los parajes boscosos del Gironès, tan cerca de Girona pero en un monte tan salvaje. No me extraña que los maquis operaran en esta zona. A unos metros de donde estamos buscando setas se está produciendo la caza de un jabalí. Vemos a los perros ir y venir y, a lo lejos, se oye el grito ancestral de la criatura salvaje que clama por no perecer ante las dentelladas de la civilización. Por otra parte, le estoy cogiendo gusto a lo de coger setas, y descubro algunas de las piezas más vistosas que nos comeremos más tarde. Nada puede romper esta sensación de armonía con la naturaleza; las putas zarzas y yo, fundidos en un solo ser.
Suena el Himno de Riego. Me tengo que quitar los guantes, hurgar entre la ropa y eludir la maleza, pero consigo contestar antes de perder la llamada.
-Juanma, soy Emmanuel. ¿Qué crees?
Cada vez que Emmanuel dice eso es que se avecina movida.
-Que Jonathan dice ahora que no se va.
-No me jodas.
-Fue a la comisaría, a notificar que se iba del país, pero le han impedido salir de España porque tiene un juicio pendiente.
Intento asimilar eso. El problema de Jonathan es que, pese a pertenecer a la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad y hacer cosas censurables, es un buen chico y está muy bien educado. Puedo imaginarme la cara de perplejidad de la policía al introducir los datos de Jonathan, ver su historial y decirle, seguramente con un tono indisimulado de sorna: "Pero dónde vaaaas, chaval. Tú de aquí no te mueves".
-Le he dicho que no puede ser, que Guadalupe ya ha pagado la fianza y que estamos comprometidos con ella. Él sacó un fajo de billetes y me dijo que eso no era problema, que nos indemnizaría por los inconvenientes sufridos... ¿Qué hacemos ahora, Juanma?
Comprendo que están cargando el peso de la decisión sobre mis espaldas. Pero llevo toda la mañana agachado, llevo la cesta llena de setas y, como siga en medio de este zarzal, me va a dar un ataque de lumbago.
-Dile que ni de coña. Que hemos dado nuestra palabra a Guadalupe, y que Guadalupe se queda con su habitación.

Los últimos días de Jonathan en la casa son extraños. La tensión se corta en el ambiente. No nos dirige la palabra, pero continúa limpiando lo que le corresponde y haciendo sus tareas domésticas. Se retira a su habitación a fumar. Los tres ceniceros siempre están rebosantes de tabaco. Poco a poco va desmontando el chiringuito. Se va a vivir a casa de unos amigos, en el mismo barrio de Sants. Seremos más o menos vecinos. Como ya no recuerdo si le devolví la fianza, doy por hecho que lo hizo Emmanuel.
La despedida es fría. Eso sí, con su saludo ritual. Pero es una despedida fría. La magia se ha perdido. Jonathan parece mucho mayor. Ha cambiado. La temporada se acerca al ecuador, el equipo sigue vivo en las tres competiciones, y aún quedan muchos partidos que jugar, muchas broncas al presidente, y muchos combates de boxeo con los hooligans de aficiones rivales.

Un día, al poco de llegar al piso, Jonathan me contó cómo se había hecho miembro de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad.
-Yo tenía once años, nen. Mis padres van cada uno a lo suyo, así que mi infancia en el céntrico barrio barcelonés en el que me crié fue un coñazo, y prácticamente he crecido con mi hermana y mi cuñado, en mi tierra natal del sur de la geografía catalana. Mi cuñado es bastante mayor que yo y era como un padre. Él me empezó a llevar al fútbol. Pertenecía a la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad, y yo iba con ellos, adonde estaban ellos. Poco a poco fui metiéndome, y mira, hasta ahora. Somos como una familia, nos protegemos los unos a los otros y nos ayudamos siempre que podemos. A mí no me ayudaban en casa, y ellos sí me ayudaban. Eran mi casa y mi familia. Son mi familia. Son mis amigos. Son todo lo que tengo.

NOTA: Edito el título de esta entrada: ¡en realidad, ya había una séptima parte de Escenas de un Cásting! Vaya despiste el mío. Así no os pillará por sorpresa cuando suba la siguiente entrega y sea la novena, no la octava.

Etiquetas: ,

miércoles, 29 de octubre de 2008

¡Mazel Tov, otra vez Todorov!

No tengo palabra. El jueves y el viernes no me pude pasar por Kosmopolis, debido a que tenía dos marrones laborales de los que hay que hacer de un día para otro (uno de ellos, una guía trilingüe de los lugares más pijos de Londres que... tela..., yo quiero ser rico). El sábado y el domingo estuve en Girona, dedicándome a la cata casera de vinos (todavía no soy capaz de distinguir los taninos de un Ribera de los de un Rioja, y llega un momento en el que uno cree distinguir regustos de vainilla hasta en un brick de Chateau du Don Simón, pero dadme tiempo) y a la compra de mobiliario casero (¡un toallero más mono y funcional!)...
Total, que no pude acercarme por el Kosmopolis (tan sólo por la presentación para prensa), por lo que me perdí todo el ciclo dedicado a J. G. Ballard, el concierto animado, el cuentacuentos de Helena Cuesta, el recital poético de Lou Reed, las conferencias de Gao Xingjian, Dave Eggers y Hari Kunzru y, lo que más me dolió, las charlas de Tzvetan Todorov y Bruce Sterling.
No obstante, como buen friqui con recursos, he obtenido información privilegiada sobre la intervención de Todorov, en forma de apuntes: los que tomó Susana Vallejo / Anónima de las 9:59 durante ambas charlas. Como estoy perezoso y el texto está muy bien, no toco ni una coma. Que sepáis que la autoría es toda suya, y que la semana que viene saldrá a la venta su primera novela, Porta Coeli, en Edebé. (Sí, las ilustraciones son de Corominas.) ¡Enhorabuena por la novela! ¡Y muchas gracias por los apuntes!
Por contra, parece que lo de Sterling no tuvo ni la mitad de intensidad, y para colmo la única intervención brillante se produjo desde el público. Qué pena...
Por cierto, que ésta no va a ser la única "colaboración externa" en el blog. Me han pasado una "toma falsa" de un artículo muy interesante sobre ecología y ciencia ficción que salió en un periódico de tirada nacional, pero muy mutilado (en concreto, pasó de dos páginas a una), y será de los próximos contenidos que colgaré. Ya lo leeréis.


------------------

La guerra contra el terrorismo

Tzvetan Todorov

Exposición en Kosmópolis, domingo 26 de octubre

Comentarios sobre el ambiente:

Oigan, la sala estaba llena a reventar, y había gente que esperó más de media hora la llegada del artista. Después las sillas se agotaron y el público ocupó el suelo, las columnas y todo aquel espacio sobre el que uno podía apoyarse o sentarse.

La mayoría del público era femenino y de cierta edad. El look mayoritario: el de intelectual hippiosa/o. El público más joven respondía a la imagen de estudiantes de Historia, diseño o comunicación. Intelectuales, vaya.

La guerra

Todorov comenzó explicando por qué el término de “guerra” no era correcto para referirse a la lucha contra el terrorismo, y qué consecuencias conlleva en la mente del receptor esta palabra. Pero a estas alturas de su disertación no cogí ni una nota, así que puede ser una observación un tanto subjetiva por mi parte.

Sólo después comencé a tomar notas y fueron sobre lo que me resultó más interesante, así que probablemente hay una buena parte de subjetividad en ellas:

Características diferenciadoras del nuevo terrorismo

Las características fundamentales del tipo de terrorismo que sufrimos ahora y que lo diferencia de cualquier otro que hayamos conocido antes son:

-No existen límites:

.Ni en el espacio (es global)

.Ni en el tiempo (no terminará en un momento determinado)

-No existe un objetivo, no hay razones concretas para la lucha:

Como consecuencia: al desconocer los motivos, no puede existir empatía hacia los terroristas.

Inutilidad de las armas

Es necesario luchar contra este nuevo tipo de terrorismo, pero las armas son inútiles.

(Mencionó un dato curioso: creo que hablaba de la CIA, de no sé cuántos miles de personas, sólo 6 conocían la lengua árabe. Con ese punto de partida, difícilmente se podría “luchar” contra el terrorismo árabe).

La tortura

Gran parte de su disertación fue sobre la tortura.

Como punto de partida mencionó que da que pensar que precisamente sea en los EEUU, la que fue primera democracia del mundo, donde se esté permitiendo la tortura (cuando se supone que la tortura la legitiman gobiernos totalitarios).

También apuntó el peligro que supone que el Poder Ejecutivo gane peso sobre el Legislativo en lo que se supone que es una Democracia.

Es esa primera democracia, la estadounidense, la que ahora permite la tortura en lugares como Guantánamo, la que prostituye la verdad e inventa mentiras para legitimar la tortura. Para ello se apoya en el miedo de los ciudadanos y su lógico deseo de conservar la vida y lo que se posee.

Mencionó que hay experimentos que demuestran como ante una agresión, los seres humanos tienden a responder con una agresión mayor. (No igual: no es el típico “ojo por ojo” de la ley del Talión). Eso se debe a que el dolor vivido siempre parece mucho mayor que el infringido. (Lo ejemplificó en el número de muertos causado por el atentado a las torres gemelas versus el de la guerra de Irak: 3.000 versus 60.000).

La definición de tortura

Partió de la base de que la tortura, al contrario de lo que se suele decir, no es una conducta animal, sino totalmente humana. Y que recordó que fue prohibida en la Declaración de Derechos Humanos de 1.948 y en la Convención de Ginebra.

Pero la tortura se legitima cuando se define como “algo que debe durar en el tiempo, durante meses o años, y que debe afectar a algún órgano físico”). Con esta definición muchos tipos de tortura no se consideran “formalmente” como tal. Por ejemplo la privación sensorial, una violación, o la violación de un hijo o un ser querido ante uno… no pueden ser considerados “tortura” a tenor de esta definición. (Mencionó muchos más ejemplos terribles… pero ¿para qué mencionarlos?, si ya os hacéis una idea).

Las preocupaciones legales

El lenguaje jurídico hace pues que se legitimice la tortura -porque no se considera formalmente como tal-.

Y ante la duda se opta, por ejemplo, en el caso de Guantánamo, por un centro que no se sitúe en el propio territorio, y por tanto su sometimiento a las mismas leyes estadounidenses es más que dudoso. Ese vacío legal también hace posible la tortura.

Los recovecos/ vacíos/ indeterminaciones legales son lo que hacen que exista un centro como Guantánamo.

Paralelismo con la guerra franco argelina

Por último hizo un paralelismo entre lo que sucedió en la guerra de Argelia. El gobierno francés al intentar acabar por la fuerza con el terrorismo, sólo consiguió que los que eran neutrales, se pusieran en su contra, y por cada argelino capturado, aparecían muchos más dispuestos a luchar por su causa (mártires).

A la larga, Francia perdió.

La responsabilidad de la ciudadanía

Mirar para otro lado en casos de tortura, es de algún modo dar por bueno el sistema y por lo tanto legitimarlo. De ahí la necesidad de combatirlo denunciándolo.


Susana Vallejo


Etiquetas: , , , ,

miércoles, 22 de octubre de 2008

Kosmopolis 2008 y Kosmopolis 2004

Hoy comienza el macrofestival literario Kosmopolis 08. Fiesta internacional de la literatura. Como siempre, se celebrará en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). El evento se desarrollará desde el día 22 hasta el 26 de octubre, y el programa de actos está repletito de sorpresas y de buenos autores y motivos para la reflexión.
Aquí tenéis un enlace al blog del festival.
Tal vez por aquello de que la ciencia ficción se ha adueñado de las vidas cotidianas y es, más que nunca, la literatura del presente, cuatro de los platos fuertes de esta edición de Kosmopolis tienen que ver con el género y, lo que es más importante, dentro del programa general de actividades, sin que "nos" dediquen ningún ciclo o espacio en el que dejarnos dar rienda suelta al friquerío: J. G. Ballard (protagonista, además, de una exposición simplemente formidable: Ballard, autopsia del milenio), Bruce Sterling (más gurú que nunca), Tzvetan Todorov (que hablará, empero, de la guerra contra el terrorismo) y Hari Kunzru (autor de la estimable Leila.exe).
Como Juan Insua se empeñó en destacar en la presentación para prensa, se prevé que el acto más multitudinario sea el recital poético Made in Catalunya, en que Lou Reed (desde Barcelona) y Laurie Anderson (desde Nueva York) recitarán poemas de autores catalanes. No se tratará de una videoconferencia, aclaró Insua, sino de algo más complejo; en cambio, quien sí intervendrá mediante una mezcla de videoconferencia y recitado de textos pregrabados es J. M. Coetzee, quien no ha podido desplazarse a Barcelona desde Australia, donde reside en la actualidad. No me resisto a especular en un futuro cercano, en el que los festivales literarios se efectúen mediante videoconferencia y los asistentes acudan con sus cargadores de libros electrónicos, para llevarse los textos originales o los últimos lanzamientos editoriales de sus ídolos, a quienes han podido disfrutar, enormes, en la pantalla del Hall Proteo.
Aparte del Homenaje a Ballard (que contará con la presencia, entre otros, de Bruce Sterling, Jordi Costa, Agustín Fernández Mallo, Marcial Souto y nada menos que Francisco Porrúa, el alma de Minotauro), se prevé que el otro plato fuerte del festival sea el ciclo Escritores para el Cambio. La intención de Insua es concienciar a los lectores de que realmente se puede cambiar el mundo gracias a la literatura, y, a juzgar por el plantel de participantes, no cabe duda de que se puede conseguir: J. M. Coetzee, David Rieff, Arkadi Bábchenko y Emir Sulgajic (o, lo que es lo mismo, la visión a dos voces de un veterano de la guerra de Chechenia y otro de la guerra de los Balcanes), Hari Kunzru, Jon Lee Anderson, Tzvetan Todorov, Donna Leon, Gao Xingjian y Dave Eggers (sí, el creador de McSweeney's, la revista literaria de referencia a nivel mundial).
Entre los audiovisuales que se proyectarán en el Canal Alfa, hay prácticamente para todos los gustos.
Por supuesto, hay muchas más actividades, desde las relacionadas con el cómic (a priori, tiene buena pinta el "concierto animado" en el que Max, Calpurnio y otros ilustradores dibujarán durante una actuación musical (nada que ver con lo que hace Santos de Veracruz en los conciertos de Muchachito Bombo Inferno), basándose en el famoso ultracorto "El último humano vivo", que ni era ultracorto ni era ná.
En el Patio Kosmopolis se producirá el torrente habitual de actividades, entre ellas las narraciones orales de Helena Cuesta.
Por desgracia, ando hasta arriba de curro, de modo que me voy a perder la mayor parte de las actividades de este Kosmopolis 08. Sin embargo, al que sí asistí (con aprovechamiento, que se suele decir en los diplomas de los cursos) fue al Kosmopolis 04. No sólo asistí, sino que escribí un informe técnico, por encargo de una empresa de análisis de tendencias (lo cual fue en realidad un turbio manejo de Ripleyz). El enfoque que me solicitaban era diferente del que habría que utilizar en una reseña para un medio cultural, pues, aparte del contenido literario y musical, se me pedía que evaluara el festival desde el punto de vista de las tendencias, de los participantes y, sobre todo, del comportamiento del público asistente. No me pedían que fuera sólo un reseñador literario, sino que me aproximara al territorio del cool-hunting. No sé hasta qué punto me aproximé a lo que me pedían; lo cierto es que mi visión de Kosmopolis (y de cualquier otro evento literario o cultural) cambió a partir de la redacción de aquel informe, porque reparé en una serie de detalles que suelen pasar inadvertidos cuando vas a lo que vas. No he podido evitar la tentación de copiar y pegar aquel informe, y ofrecéroslo en exclusiva. Juzgad vosotros mismos:

---------------

KOSMOPOLIS ‘04

Juan Manuel Santiago

PRINCIPIOS GENERALES

Durante los días 14 al 19 de septiembre del 2004, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) acogió la segunda edición de Kosmopolis. Fiesta internacional de la Literatura, a la que en lo sucesivo nos referiremos como K04. Al igual que la primera edición, celebrada en diciembre del 2002, el equipo dirigido por Juan Insua intentó plasmar las últimas tendencias de la creación literaria, haciendo énfasis en su interacción con otras artes y las ciencias.

El concepto de Kosmopolis estriba en ofrecer al gran público cada dos años una visión de la literatura ajena a dogmas de ningún tipo. Ello se traduce en cuatro grandes líneas de actuación:

1) Kosmopolis huye de un discurso literario sujeto a los valores absolutos, fronteras disciplinarias y corsés ideológicos que caracterizan a la literatura actual.

2) Se intenta reformular el canon literario actual alejándose del canon occidental, concediéndole más relevancia a otras literaturas no occidentales y a la tradición oral, potenciando los géneros literarios considerados como menores y favoreciendo un canon cambiante (“mutante”, según la terminología de Kosmopolis) que cambie según los lectores y las generaciones.

3) Se analiza el papel de los diversos soportes en que se presenta la cultura escrita. Las nuevas tecnologías y la interacción con otras manifestaciones artísticas están cambiando el concepto mismo de literatura. Ésta debe contar en lo sucesivo con el concurso de artistas plásticos, cineastas, músicos, actores, arquitectos, diseñadores, científicos y otros protagonistas del nuevo escenario cultural.

4) Por último, Kosmopolis pretende activar la participación de los ciudadanos. Una obra literaria no tiene sentido sin el concurso del lector; pero en ocasiones el papel del individuo debe ir más allá de la mera lectura pasiva.

PATROCINADORES DE KOSMOPOLIS 04 (K04)

La presente edición de Kosmopolis ha sido organizada por el CCCB y Forum Barcelona 2004, con el apoyo del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Ha contado con el patrocinio de Epson y Grupo Sono Multivision y la colaboración de Biblioteques de Barcelona, el Consulado General de los Estados Unidos de América, el British Council, Fnac, el Institut Français de Barcelona, el Ayuntamiento de Zaragoza, la Insitució de les Lletres Catalanes de la Generalitat de Catalunya, la Casa de América, la Comunidad de Madrid, el Institut Català de Cooperació Iberoamericana, Grup 62, Ediciones Siruela, Alianza Editorial, el Gremi de Llibreters de Barcelona i Catalunya, el Adam Mickiewicz Institute, la Fundación Pachamama y la Borderland Foundation.

Llama la atención la procedencia de las instituciones participantes en K04. El CCCB ha vuelto a acoger el evento en su recinto, como ya hiciera con la edición anterior. Al igual que todas las iniciativas culturales de envergadura que se han desarrollado a lo largo del 2004, Forum Barcelona 2004 ha colaborado en la organización. El apoyo institucional ha sido canalizado a través del Departament de Cultura de la Generalitat. Epson y Grupo Sono Multivision se han encargado de los aspectos tecnológicos, algo fundamental para llevar a buen puerto un evento en el que lo audiovisual ha sido determinante. El resto de colaboradores son instituciones públicas, semipúblicas y editoriales. Todo esto ha convertido K04 en un acontecimiento de carácter exclusivamente cultural, sin las ataduras que hubiera implicado el mecenazgo de marcas comerciales. En consecuencia, el recinto del CCCB ha presentado una fiesta enfocada al gran público, pero sin ningún tipo de publicidad directa ni indirecta.

La cobertura de los medios de comunicación ha quedado asegurada con la presencia activa de El Periódico de Catalunya, Catalunya Ràdio, TV3 y Ràdio 4.

EL ESPACIO EN K04

K04 se ha celebrado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). El emplazamiento ha resultado idóneo para la celebración de un acontecimiento con las características y filosofía del K04. El CCCB es un consorcio público creado en 1994 por la Diputación de Barcelona y el Ayuntamiento de Barcelona en la antigua Casa de la Caritat. Se trata de un edificio del siglo XVI situado en el corazón del barrio del Raval. Este barrio ha cambiado su fisonomía física y humana en la última década, lo que ha propiciado un proceso de mestizaje étnico, cultural y arquitectónico que se corresponde a la perfección con las premisas de Kosmopolis.

La distribución de los espacios de K04 sigue un paralelismo evidente con los principios fundamentales expuestos en el apartado anterior. La participación del público, así como el mestizaje entre diversas manifestaciones artísticas, ocupan el patio central de la Casa de la Caritat. De este modo se busca atraer al espectador, hacerle sentirse cómplice y participante activo de la fiesta. El llamado Patio Kosmopolis acoge siete actividades distintas:

1) El área de donación de libros para la Fundación Pachamama de Bolivia.

2) Bookcrossing. El bookcrossing es un fenómeno emergente que está llamado a revolucionar el concepto mismo de préstamo y lectura de libros. El usuario se registra en este proyecto de carácter internacional y “libera” un libro o bien se beneficia de un libro liberado para liberarlo a su vez una vez concluida su lectura. Existen diversos puntos de bookcrossing, de modo que se pueda seguir el itinerario que ha seguido el libro liberado.

3) Narraciones orales. Tres cuentacuentos ocupan el área contigua con el bar-cafetería del patio Kosmopolis y narran sus historias a todo aquel que se siente junto a ellos. La narración deja de ser una actividad individual y recupera sus raíces ancestrales de acontecimiento social que implica a toda la comunidad.

4) Speaker’s Corner. Es un espacio en el que se expresa todo aquel que quiera realizar su aportación personal.

5) World Wall Web. Una cristalera que ocupa todo el ala norte del patio Kosmopolis es el lugar donde los asistentes pueden dejar sus mensajes. La tradición de los graffitis y el arte y el pensamiento callejeros llegan así a K04.

6) Sesiones de hip-hop. Un escenario reducido acoge a diversos DJs que se encargan de proporcionar un fondo musical al evento.

7) Geografías literarias del Raval. Intenta acercar al espectador a la realidad del barrio del Raval a través de las distintas manifestaciones literarias en que éste aparece.

El área de exposiciones (Verbarium) ocupa el ala norte del CCCB. Se pueden visitar de manera independiente al resto de K04; de hecho, algunas de estas exposiciones permanecen abiertas tras el cierre de la fiesta. Son tres las exposiciones que exhibe K04:

1) Julio Cortázar. Viajes, imágenes y otros territorios.

2) El mundo de Gao. Una visita a la obra plural de Gao Xingjian.

3) Hiperiment. El hipertexto en juego.

4) El mundo en guerra. No se trata de una actividad específica de K04, pero la incluimos en este repaso dado que comparte temática con uno de los ciclos desarrollados en la fiesta.

Pan Klub es el espacio reservado a los clubes de lectura. Se busca una participación activa del lector, en tanto que se le orienta sobre los libros a analizar y puede aportar sus opiniones para hacer de la lectura una experiencia enriquecedora y en continuo movimiento. Las sesiones, de hora y media, buscan familiarizar al lector con la obra de Pablo Neruda, las novelas de Pepe Carvalho y la puesta en común de los problemas de los clubes de lectura barceloneses y los portugueses. De este modo se ofrece una visión global del fenómeno literario, que abarca desde lo muy general hasta lo muy concreto.

El patio Kosmopolis, Verbarium y Pan Klub son una toma de contacto con K04. El cometido de estos dos espacios es hacer partícipe al público. Los otros dos espacios de K04, Hall Proteo y Canal Alfa, ceden la palabra al autor propiamente dicho. Si los tres primeros espacios ocupan un lugar “periférico”, que se puede visitar sin asistir a ningún acto de K04, Hall Proteo y Canal Alfa son el “núcleo” de la fiesta. La accesibilidad de los espacios de K04 varía en función del nivel de especialización de las actividades que se presentan:

El Patio Kosmopolis representa el punto de encuentro en el que tomar un café mientras se intercambian o donan libros, se escucha a los cuentacuentos, se hace una pintada o se escucha una sesión de hip-hop. Es un espacio en el que el protagonista es el lector o, simplemente, el curioso, la demostración de que la literatura no tiene por qué ser una actividad ejercida de una manera consciente por parte del sujeto de la creación literaria. Cabe reprochar a la organización el exceso de actividades paralelas en un espacio amplio pero que no obstante parece apretado: las sesiones de cuentacuentos no pueden ser disfrutadas en su integridad, dado el trasiego de público. El volumen de la música condiciona el disfrute del bookcrossing y en cierto modo obliga a escoger un libro a toda prisa.

Verbarium supone una manera sutil de enfrentar al asistente con problemas fundamentales de la creación literaria, sin que ello implique ver ni escuchar al creador. Conociendo al autor se puede entender mejor su obra; la exposición fotográfica sobre Julio Cortázar parte de esta premisa. La literatura está experimentando una serie de cambios que la hace indistinguible de otras discliplinas y que puede afectar al mismo concepto de autoría: todo ello se nos muestra Hiperiment. La literatura no tiene valor por sí misma y, en todo caso, es sólo una rama más de las artes. Hay creadores que lo entienden así y diversifican su actividad: Gao Xingjian es un ejemplo. La disposición del espacio en Verbarium varía en función de las exposiciones: las fotografías de Julio Cortázar se nos muestran muy abigarradas, sin casi solución de continuidad y en una zona a la que llega la luz natural. Por el contrario, en Gao Xingjian e Hiperiment reina la oscuridad: los espacios son más abiertos, pero paradójicamente la falta de iluminación refuerza la apariencia de algo apartado y casi inaccesible.

Pan Klub acerca al lector a la obra literaria de una manera interactiva. Su participación es fundamental para extraer diversas lecturas de la obra y exponerlas en común. Los talleres literarios marcan la transición del lector desde el papel lúdico del patio Kosmopolis y el papel aún pasivo pero concienciado de Verbarium. La obra tendrá valor en función del análisis que efectúe el lector.

Hall Proteo y Canal Alfa son el punto de encuentro entre el autor y sus lectores. Del mismo modo que el patio Kosmopolis está a la vista de todos, el acceso a Hall Proteo y Canal Alfa están apartados, en los sótanos del CCCB. Hay que ir específicamente a estos dos espacios para poder asistir a sus actos. Canal Alfa es un espacio más íntimo, con capacidad para apenas trescientos asistentes, en el que se alternan las proyecciones de audiovisuales con las charlas de autor. Es el reducto de los asistentes que sólo acuden en busca de su autor favorito o su documental especializado sobre un aspecto concreto de la creación literaria. La puesta en escena de los actos del Canal Alfa busca la complicidad entre autor y lector. Dos sillas en las que presentador y autor departen casi tocándose, con elementos decorativos mínimos como un arcón y sendos micrófonos. La iluminación es tenue pero enfoca de manera directa a los protagonistas de la función. La sensación de intimidad es evidente.

Por el contrario, el Hall Proteo busca atraer al gran público a la obra de los autores. Un gran escenario, en el que pueden sentarse hasta seis contertulios, y un anfiteatro compuesto por tantas sillas como la organización estime conveniente colocar, más una grada portátil en la que caben hasta seiscientas personas, busca crear la sensación de espectáculo de masas. A ello contribuye la decoración de la zona contigua con la rampa de acceso y el corredor que comunica con el Canal Alfa: da la sensación de estar construido de un día para otro, con materiales reciclables (en este caso, cajas de madera), de una manera similar a la de la exposición Habitar el Món del Forum 2004. Los actos de Canal Alfa parecen diseñados para el disfrute de los iniciados. Por el contrario, las actividades del Hall Proteo parecen darle al lector las pautas generales sobre los diversos ciclos temáticos de que consta K04. La puesta en escena del Hall Proteo es diferente de la de Canal Alfa: tras la intervención de los invitados, que tiene lugar completamente a oscuras, el turno de intervención del público se hace con todos los focos encendidos, en un intento de hacerlo protagonista de cada uno de los actos celebrados. Un solo foco ilumina durante una hora a los autores. Todos los recursos del Hall Proteo se utilizan para iluminar al público durante sus intervenciones. El mensaje implícito de esta puesta en escena es el siguiente: el verdadero protagonista de los actos masivos de K04 no es el escritor de primera fila y reconocido prestigio internacional, sino el medio millar de asistentes que hace posible que el autor pueda seguir creando.

Estos son los espacios en que se desarrolla K04. Cada espacio está diseñado para albergar un tipo determinado de actos e intenta optimizar las posibilidades de comunicación entre emisor y receptor de la obra literaria. No obstante, en estos espacios se detectan algunas carencias. Ya se ha referido que el abigarramiento del patio Kosmopolis impide el disfrute de las actividades que se desarrollan de manera simultánea y les resta parte del atractivo que se supone a un espacio abierto. La oscuridad reinante en la exposición Hiperiments puede crear la impresión de secretismo o de hostilidad en un visitante que literalmente debe mirar por dónde transita. El personal de apoyo parece más preocupado por prohibirle al espectador caminar con la mochila al hombro que por resolverle sus dudas. El acceso al Canal Alfa desde el Hall Proteo puede ser incómodo si coincide con algún acto de asistencia masiva. La salida del Hall Proteo al patio Kosmopolis por la rampa principal puede propiciar situaciones peligrosas si el acto ha sido multitudinario y no le da seguridad al visitante.

EL PÚBLICO

Una oferta tan variada de actos como la que propone K04 sólo puede comportar una gran variedad en el público. Si la organización pretendía acercar la literatura al gran público, sin duda lo ha logrado.

El CCCB está situado en el corazón del Raval, y ello se ha podido percibir en el público predominante del K04, o al menos el más visible. Asistentes jóvenes, de entre veinte y treinta y cinco años, estudiantes o profesionales liberales, preocupados porque su apariencia externa hable acerca de sus preocupaciones, hábitos y gustos literarios y artísticos. Son uno de los sectores predominantes de la población del barrio del Raval y en todo caso el más visible. Su condición de estudiantes les suele dejar tiempo para asistir a los actos del K04 y seguir las tendencias culturales en tiempo real, “estar a la última”. En cuanto a los profesionales liberales y artistas, algunos de ellos figuran entre los participantes de los actos de K04 o están en su entorno. Se puede decir que afrontan K04 con un sentimiento de pertenencia: no deja de ser cierto que parte de los actos están programados según las inquietudes de este grupo: diseñadores, creativos publicitarios, músicos, escritores, periodistas, editores…

Éste es el público digamos “fijo” del K04. Otro grupo importante de asistentes es el público de tarde, generalmente asalariados por cuenta ajena que asisten a los actos masivos del Hall Proteo. Son gente de nivel cultural medio-alto, titulados universitarios o grupos de tercera edad que acuden a ver a autores concretos y actos concretos.

Resulta llamativo, en especial en los actos del Hall Proteo desarrollados durante el fin de semana, el carácter familiar del K04. En todos los actos se pueden escuchar llantos de bebés. El público del fin de semana es mucho más ruidoso y heterogéneo que el de los días de diario. Algunos transmiten la sensación de haberse enterado de la convocatoria de K04 por los medios de comunicación durante los primeros días de la fiesta y acuden como si fuean turistas. Otros aparentan no haber podido asistir durante los días de diario por una cuestión de horarios laborales e intentan aprovechar al máximo el K04, como si intentaran recuperar los días perdidos. Esta variedad de público hace que los actos del sábado y el domingo sean más ruidosos, concurridos y caóticos.

A modo de resumen, podemos situar al público “fijo” en los actos del Canal Alfa y como presencia recurrente en Verbarium: no dudan en volver una y otra vez a las exposiciones, tomándose el tiempo estrictamente necesario para asimilar todas sus implicaciones. Asimismo, se adueñan del patio Kosmopolis a primeras horas de la tarde y a partir de las nueve de la noche, buscando sitio para las sesiones musicales más apetecibles. El público de tarde se hace más visible en el Hall Proteo y el patio Kosmopolis: asisten ordenadamente a uno o dos actos, a los que acuden ex profeso, y si acaso se demoran en las exposiciones, sin prisa pero sin pausa. El público de fin de semana se muestra ubicuo y acelerado: en Verbarium te pasan como una bala y ven una exposición en apenas veinte minutos, entran y salen de los actos del Hall Proteo, rehúyen el Canal Alfa y tampoco se demoran mucho tiempo en el patio Kosmopolis. Parecen asistir a K04 “porque había que ir”, mientras que el público de tarde acude a los actos más destacables y el público “fijo” puede pasarse todo el día dentro del CCCB.

El nivel de implicación del público también se puede extrapolar en función del grupo al que pertenece: los asistentes “fijos” sabían previamente de la existencia de K04, saben a qué actos quieren acudir, apenas intervienen en el turno de preguntas y son capaces de alterar sus actividades cotidianas para asistir a Kosmopolis. El público de tarde suele estar informado de la celebración del K04 pero por motivos de tiempo apenas puede asistir a uno o dos actos. El público de fin de semana es accidental, se ha enterado por la prensa y no parece interesado en ningún acto en especial, se limita a picotear de aquí y de allá para formarse una idea aproximada de la fiesta.

ACTOS DESTACABLES

K04 ha ofrecido un puñado de actos destacables. La variedad de propuestas hace imposible detallarlos todos, pero de un modo somero podemos hablar de las siguientes actividades como las más destacadas de K04.

1) Alejandro Jodorowsky. Fue el acto más concurrido de K04. A las seiscientas personas que caben en el Hall Proteo hay que sumar las trescientas del Canal Alfa, en el que se instaló una pantalla gigante, y las que abarrotaron la rampa de acceso. Jodorowsky es un artista total, relacionado con la vanguardia parisina de los años sesenta (pertenece al grupo Pánico, junto con Fernando Arrabal) y es guionista de cómic (La Casta de los Metabarones), director de cine (El topo) y narrador. En los últimos años ha abordado la llamada psicomagia, una disciplina a caballo entre la psicología y lo irracional, con la que se erigió en protagonista absoluto de la noche del sábado. Su estilo inimitable, que mezcla ironía con sentido del espectáculo, se metió en el bolsillo a un público que por otra parte ya iba ganado de antemano. Paradójicamente, su intervención fue el acto que más desentonó con la tónica general de K04. No se trató de una actividad literaria, sino de un espectáculo de entretenimiento rayano en el sermón: el público reía todas las ocurrencias de Jodorowsky, fueran graciosas o no, en una catarsis colectiva realmente digna de estudio. Frente al tono general de otras conferencias, en los que el autor aparecía distanciado del espectador-lector, Jodorowsky convirtió su acto en una actuación, y su disertación sobre la psicomagia en una sesión de autoayuda. La propuesta de Jodorowsky se basa en una premisa fácil de aceptar para el gran público: los problemas propios siempre tienen una explicación ajena a uno mismo. La falta de atención por parte de los padres o el entorno engendra problemas. De este modo, se elimina la responsabilidad del individuo sobre sus actos: siempre habrá alguien a quien echarle la culpa de las carencias propias. Con esta tesis simple pero efectiva, Jodorowsky resultó el triunfador absoluto de K04, precisamente con el acto más alejado de su filosofía. La literatura entendida como espectáculo de masas se acerca a los programas televisivos de franjas de máxima audiencia.

2) Hiperiment. En contraste con el acto de Jodorowsky, tal vez se trate del acto que mejor refleja la filosofía de Kosmopolis y su carácter innovador. Esta exposición desarrolla el concepto de hipertexto, entendido éste como un texto abierto en constante proceso de revisión y complementación, con una estructura cambiante (según George Landlow). Pierre Lévy amplía esta definición: los componentes del hipertexto son nodos (palabras, imágenes, gráficas o secuencias sonoras) ligados por conexiones que no están conectadas de manera lineal. El recorrido de un hipertexto puede ser tan complejo como se quiera. La idea de hipertexto está ocupando un lugar cada vez más relevante en la literatura y en la cultura en general, aunque entre sus precedentes se cita el tarot (en cuanto que ofrece una lectura no secuencial de una obra), La caza del snark, de Lewis Carroll, el Finnegan’s Wake de James Joyce o la Biblioteca Irradiada que inventó el belga Paul Outlet en 1934, un catálogo consultable a larga distancia por pantalla de televisor y teléfono (con lo que tenemos un precedente de Internet).

Hiperiment muestra ejemplos concretos de hipertextos, lo que se llama “utopías a la carta”: los blogs o cuadernos de bitácora virtuales; los hackers y toda su cultura contracultural; el fenómeno del bookcrossing; los muds (Multi User Dungeon), juegos de rol en texto en los que los usuarios adoptan identidades, personalidades y características diferentes; los cypherpunks; los creative commons; el glitch (arte experimental basado en el azar y el errror y en alterar desde una estética de lo inacabado, construyendo a partir de errores informáticos); el mash-up y el mail-art.

Hiperiment ofrece una visión panorámica de lo que puede ser el arte y la creación literaria en un futuro no muy lejano, en el que conceptos como propiedad intelectual o incluso autoría queden anticuados. Al mismo tiempo, tiene la virtud de contextualizar muy bien el fenómeno del hipertexto, cuyos precedentes se remontan al origen mismo de la literatura. Se trata de un motor de cambio en la creación artística y literaria que siempre había estado presente, pero que sólo ha empezado a ser determinante ahora que los avances en las nuevas tecnologías han permitido su desarrollo.

3) El mundo de Gao. El premio Nobel del año 2000 es por sí mismo otro exponente del espíritu que impregna Kosmopolis. Su vida refleja las contradicciones de la cultura china del maoísmo: educado en un colegio cristiano, se queda pronto sin su madre (que representa su nexo con la cultura occidental y muere durante las purgas de la Revolución Cultural) y su padre (su contacto con la cultura oriental, se suicida tras la muerte de su madre). Gao se dedica a la traducción del teatro francés de vanguardia y diversifica sus actividades: dramaturgo, pintor, pensador, narrador y ante todo hombre de fuertes convicciones morales, escribe su obra cumbre, La Montaña del Alma, una mezcla de novela experimental, ensayo, documento etnológico y diario espiritual del propio Gao y del viaje que emprende por China cuando le diagnostican por error un cáncer terminal. Gao tiende puentes entre el existencialismo francés y el pensamiento oriental. Como escritor perteneciente a ambos mundos, su importancia es crucial, pues abandona la dialéctica habitual entre pensamiento occidental materialista y pensamiento oriental espirtual y abre una nueva tendencia unificadora de ambas concepciones de la creación artística.

4) Julio Cortázar. La obra del autor argentino permanece más vigente que nunca, cuarenta años después de la publicación de Rayuela. Sus juegos con la estructura narrativa supusieron un punto de ruptura con lo que se escribía en su época. Asimismo, sus preocupaciones excedieron el ámbito de lo literario: en “El perseguidor” traza un retrato muy certero del saxofonista Charlie Parker. Cortázar se adelanta, en el fondo y la forma, a la literatura que se practica hoy en día: preocupada por la cultura popular y dotada de un espíritu lúdico que la aparta del academicismo y lo canónico. De ahí que K04 le dedique un espacio, en una colección fotográfica que se complementa con audiciones de fragmentos de obras de jazz.

5) Ciencia ficción: Una mitología experimental. Bajo este epígrafe se desarrollaron tres actos, el más destacable de los cuales fue la conferencia de Joe Haldeman, “Pasado, presente y futuro de la guerra”, en el que analiza la reciente guerra de Iraq desde su doble condición de veterano de Vietnam consagrado a la causa del pacifismo y la de escritor de ciencia ficción y por tanto comprometido a describir el peor futuro posible para tratar de evitarlo. Por su parte, la mesa redonda sobre ciencia ficción española congregó a cuatro de sus principales representantes (el editor Miquel Barceló y los escritores Juan Miguel Aguilera, Elia Barceló y Javier Negrete), que incidieron en el papel del género como creador de realidades y miradas diferentes en las que podamos sentirnos reflejados.

6) Género negro: El juego de la verdad. Al igual que el apartado dedicado a la ciencia ficción, los actos sobre novela negra confirmaron la capacidad de K04 de integrar a los géneros literarios en el canon mutante de la literatura. El género negro, igual que la ciencia ficción, abandona su condición marginal y pasa a ser aceptado dentro de la gran literatura. Particular interés revistió la intervención d Yasmina Khadra, escritor argelino y máximo exponente de la literatura de géneros practicada en los países no occidentales. El hecho de que Khadra publique sus obras en España con total normalidad nos habla del fin de la hegemonía anglosajona en lo relativo a géneros literarios y la aceptación de voces distintas de la occidental entre el público lector español. La globalización afecta también a la literatura.

7) El mundo en guerra. El acto más controvertido de K04 fue la conferencia titulada “Las guerras del siglo XXI”. Mario Vargas Llosa convirtió el Hall Proteo en un campo de batalla dialéctica en torno a la guerra de Iraq. Refirió su reciente viaje a aquel país como una experiencia esclarecedora en la que su opinión sobre el conflicto pasó del escepticismo a la aprobación sin reservas. Su intervención provocó réplicas airadas entre parte del público, que incluso abandonó el Hall Proteo. Si la charla de Jodorowsky representa la versión más efectista de la literatura como fenómeno mediático, la conferencia de Vargas Llosa resumió el papel del escritor como intelectual dotado de voz y ascendiente moral para tratar de asuntos públicos. Como contrapunto a la provocación de Vargas Llosa, el escritor israelí Amós Oz ofreció una charla deliciosa: “Una historia de amor y tiniebla”, en la que relata su biografía: criado en un asentamiento judío, su infancia está marcada por el conflicto árabe-israelí y por el suicidio de su madre. Oz ofrece una visión trágica y sin embargo esperanzada de su vida, que sigue un paralelismo con la del Estado de Israel, al mismo tiempo que anuncia un cambio fundamental en las obras autobiográficas: reconoce no haberse presentado como el héroe de la novela (un personaje dotado de la verdad absoluta) ni de haberse retratado como un antihéroe lleno de sombras (un personaje que comete actos discutibles por culpa de las circunstancias familiares), que son las dos maneras más habituales de escribir autobiografías, sino que se limita a narrar sucesos de su vida.

CONCLUSIONES

A diferencia de la edición del 2002, K04 ha sido un éxito de organización y de público. Las causas pueden encontrarse en que el equipo organizador ya estaba formado y supo resolver algunos de los problemas con que se encontró en la primera edición.

La comunicación con el público ha sido determinante a la hora de explicar el éxito de esta edición de la fiesta. Frente a la abundancia de términos farragosos con que la organización de K02 trató de explicar la fiesta, K04 ha sido más directa y ha procurado mostrarle al público cuál era su oferta concreta. Ha dejado claras cuáles eran las diversas actividades y qué autores iban a asistir. De este modo, el público potencial ha podido hacerse una idea de lo que podía esperarse de la convocatoria y ha asistido sin reservas ni resquemores.

La distribución de los espacios ha sido más meditada y racional que en K02. Cabe considerar un gran acierto la idea de un patio central con actividades interactivas entre público y organizadores, lo que refuerza la idea subjetiva de que K04 está dirigida a ellos y no a una élite. K04 ha buscado la complicidad del visitante y la ha encontrado: tanto el bookcrossing como los cuentacuentos y la zona dedicada a los graffitis estaban abarrotados en todo momento.

La presencia de autores con tirón popular, dotados de sentido del espectáculo (Alejandro Jodorowsky o Eduardo Mendoza) y capacidad de generar controversias (Mario Vargas Llosa), ha hecho de K04 una fiesta viva, de la que cabía esperar cualquier cosa. Frente a la imagen habitual de los festivales literarios en los que el espectador se limita a sentarse, escuchar al autor de turno y si acaso intervenir en el turno de ruegos y preguntas, K04 aporta la idea de que la literatura puede ser espectáculo sin por ello renunciar a la calidad.

Las exposiciones han sido todo un acierto, en el sentido de que han conseguido que el lector interactúe con los objetos expuestos. Julio Cortázar se nos antoja más cercano después de ver fotografías suyas, escuchar la música que le gustaba y ver qué libros apreciaba. Un autor anticomercial como Gao Xingjian nos parece más asequible una vez que nos explican su vida y obra con fragmentos de sus escritos, audiovisuales de sus obras teatrales y su discurso de aceptación del premio Nobel, y una muestra representativa de sus acuarelas. El espectador puede comprender Hiperiments utilizando un ordenador en el que puede comprobar por sí mismo cuáles son las “utopías a la carta” y lo más importante: se le ofrece la posibilidad de que, una vez informado de su existencia, aprenda a utilizarlas e intervenir activamente en ellas. Verbarium persigue, y consigue, la toma de conciencia del lector activo. El concepto de lector y autor amenaza con difuminarse.

En resumen, K04 ha sido un éxito de organización al haber sabido transmitir sus principios fundamentales a un público que esta vez, y a diferencia de la primera edición, ha entendido el mensaje. Este éxito ha llevado a que Kosmopolis abandone momentáneamente su periodicidad bienal y se esté hablando de una edición especial a celebrar en el 2005, con motivo del Año del Libro. El Cuarto Centenario de la aparición del Quijote será una ocasión de oro para volver a acercar al público al mundo de la lectura y conseguir que la lectura esté de moda.


Etiquetas: , , , , , , ,

lunes, 20 de octubre de 2008

De biconceptualismos y sociolingüistas

Lo habitual es que no escriba acerca de libros que he corregido, supongo que por dos motivos: por un lado, tengo el prurito perfeccionista que me hace pensar que si abro un libro que ya haya corregido lo encontraré lleno de errores tremendos que no acertaré a entender por qué se me escaparon, y, por otro, por un prurito de falsa modestia -o de vergüenza torera- que me impide darles demasiado bombo. De todos modos, como cada vez me queda menos vergüenza, el motivo que impera suele ser el primero.
Enciendo el ordenador esta mañana y uno de los primeros artículos con los que me encuentro es una entrevista, aparecida en el diario Público, con el sociolingüista George Lakoff, autor de No pienses en un elefante y el recién aparecido Puntos de reflexión. Manual del progresista (Península).

Tal como se promocionan el libro y el autor, podría parecer que Lakoff es la mano derecha de José Luis Rodríguez Zapatero, lo que no es del todo exacto. Cierto es que Lakoff es uno de los gurús de guardia del presidente del Gobierno, si bien de una manera un tanto casual: el diputado socialista José Andrés Torres Mora compró y leyó el anterior título de Lakoff, No pienses en un elefante, le encantó, se lo pasó a José Blanco, a quien también le encantó, y de ahí pasó a José Luis Rodríguez Zapatero, a quien también le encantó y fichó a Lakoff. Éste, aparte de ser un reputado lingüista (y en este punto sería lícito preguntarnos qué le pasa a los grandes de la lingüística para pasarse al terreno del ensayo político progresista de denuncia social; estoy pensando en Noam Chomsky o Tzvetan Todorov), es la cabeza visible del Rockridge Institute, un think tank que, para los parámetros de la política estadounidense, podríamos considerar como ultraizquierdista y que, según los parámetros de la política europea, milita en el campo de la izquierda reformista... He estado tentado de decir que su orientación política es de centro izquierda, pero, como veremos, la premisa de Lakoff estriba en demostrar que lo que llamamos centro político no existe como tal, sino que es el punto de encuentro de las ideologías conservadora y progresista.
La argumentación principal de Puntos de reflexión se basa en que no hay que caer en la llamada "trampa centrista", según la cual el político progresista tipo intenta buscar al electorado centrista para ganar las elecciones y, en lugar de ellos, suele encontrarse con que las pierde de manera clamorosa. Ello no se debe a las bondades intrínsecas del mensaje conservador, sino a un error de base: al moderar o "centrar" sus puntos de vista, el mensaje progresista se "derechiza", pierde su esencia y su electorado no se identifica con el mismo, con lo que le da la espalda. Deja de convencer al votante progresista de toda la vida, y no consigue captar al votante centrista; de ahí que Lakoff sostenga una alternativa a la moderación: redefinir el mensaje, de modo que determinados aspectos del mismo sean atractivos de por sí para el electorado, sin que éste tenga que detenerse a pensar en otros aspectos del programa electoral.
De acuerdo con esta visión, Lakoff propone ganar a lo que llama electorado biconceptual. El biconceptualismo es, según Lakoff, la cualidad que tiene el votante centrista de pensar en términos conservadores en determinados aspectos y en términos progresistas en otros. No es una teoría aplicable únicamente a los Estados Unidos; más bien, es de alcance universal. Por poner unos ejemplos nada inocentes, un partido socialista puede defender una serie de medidas de carácter marcadamente progresista, capaces de llamar la atención al posible votante (leyes de memoria histórica, liberalización del aborto, introducción del matrimonio homosexual, autorización de la investigación con células madre...), pero mantenerse en el plano de política económica general dentro de las directrices impuestas por la Unión Europea. Estarás apelando, pues, al biconceptualismo del votante. Puedes ser muy progre en política social, pero conservador en política económica. Y, lo que es mejor, puedes no contemplar ninguna contradicción entre ambas posturas, algo a lo que es muy dado el votante progresista.
El lenguaje es muy importante en este aspecto, pues modela la concepción de realidad del votante potencial. Es necesario no plantear las cuestiones en términos negativos, que suelen resultar contraproducentes.
Si planteas la siguiente proposición: "No pienses en un elefante", estarás jodido, porque, evidentemente, vas a pensar en un elefante.
A Richard Nixon se le cayó con todo el equipo cuando intervino en televisión para defenderse de la que se le venía encima en el caso Watergate con una de las defensas más contraproducentes de la historia de la política: "NO soy un mentiroso". ¿Resultado? La opinión pública interpretó que sí lo era, y que quería ocultar este hecho. No tardó en dimitir.
Es más que probable que John McCain tirara por la borda las escasas opciones que tenía de ganar las próximas elecciones presidenciales estadounidenses cuando, en el debate electoral de la semana pasada, se defendió de un comentario de Barack Obama en los siguientes términos: "NO soy el presidente Bush". Tal vez esto reafirmara a la opinión pública en que McCain sería más de lo mismo.
El lenguaje es asimismo importante al modular el discurso. Por lo general, en los últimos veinte años el conservadurismo ha marcado la pauta en lo que a pensamiento y tendencias políticas se refiere. Lleva la iniciativa, y el progresismo sólo puede aspirar a defenderse; esto es, a luchar según las reglas impuestas por aquel que ha definido las reglas y que ha indicado cómo hay que combatir. En lugar de crear nuevas reglas, el pensamiento progresista entra al trapo e intenta desbaratar el edificio conservador, sin ser consciente de la dificultad que entraña la empresa: si juegas con negras y el otro te lleva ventaja desde el comienzo de la partida, vas a perder o, si se te da extraordinariamente bien, como mucho te ofrecerán tablas.
Así pues, Ronald Reagan ganó las elecciones de 1980 llevando la discusión a su terreno, planteándola en sus propios términos e impidiendo que los demócratas pudieran recuperar la ventaja que tenían como partido en el poder. ¿Cómo lo hizo? Presentando la sanidad pública como una sangría económica para los contribuyentes, una fuente de despilfarro de la que había que librarse. No incidió en las cifras puras y duras ni apeló a los principios del estado social, sino que urdió una especie de versión femenina y ventajista de Joe el Fontanero y la presentó como una usuaria negligente, que abusaba de los servicios públicos y que, por lo tanto, producía gastos innecesarios que el contribuyente bienintencionado no tenía por qué soportar. De este modo apeló al biconceptualismo del votante, entrándole por el camino más seguro: dejó intacta la vena progresista de los votantes (hay que mantener los gastos públicos en sanidad), pero hipertrofió su vena conservadora (hay que gastar menos en pruebas innecesarias; sólo así habrá sanidad publica para todos).
Ni que decir tiene que se cargó la sanidad pública estadounidense. Pero los votantes no sabían que estaban votando para que lo hiciera: creían que lo hacían para gastar con sentido común.
Otro de los grandes problemas de la progresía es creer que todo se ajusta a una escala (de menos bueno a mejor) y que todo puede ser racionalizado. Hay asuntos que sólo admiten un "sí" o un "no" como respuesta, y en ese aspecto la estrategia conservadora es más efectiva: tiene soluciones para todo; radicales, si se quiere, pero claras. No tiene que justificarse ante el electorado extremadamente biconceptual, por lo que puede soltar las mayores barbaridades en determinadas cuestiones clave sin que por ello vaya a perder a su electorado más moderado en, pongamos por caso, cuestiones económicas en las que sí va a optar por el sentido común.
Asimismo, hay asuntos que escapan a toda racionalización, cuestiones demasiado emocionales, acerca de las cuales el electorado conservador jamás dudará. Ronald Reagan no ganó porque su programa fuera más convincente que el de Jimmy Carter, sino porque era mucho más directo y porque conectaba mejor con el electorado.
No obstante lo dicho, el mensaje de Lakoff es más profundo que lo expuesto: no se ganan unas elecciones manipulando el lenguaje con el que están enunciadas las propuestas electorales, pero seguro que se pierden si esas propuestas no están enunciadas con suficiente claridad. Por supuesto que no basta con un programa electoral para ganar una elecciones, pero éstas jamás se ganarán si no existen contenidos detrás de la figura del candidato. Por este motivo, Lakoff concluye el libro con una serie de orientaciones acerca de cuál debe ser la política a seguir por los progresistas estadounidenses. En algunos casos plantea medidas que en Europa están más que adoptadas, pero en otros introduce conceptos que deberían movernos a reflexión. En tiempos como los presentes, en los que se le puede conceder el Nobel de Economía a alguien que, básicamente, no ha hecho sino afirmar que los cuarenta premios Nobel de Economía que lo precedieron se equivocaban de cabo a rabo, la lectura de Puntos de reflexión es necesaria, puesto que aporta una serie de indicaciones muy valiosas para reformular la izquierda, el progresismo (que no "la progresía") y, en general, la concepción de la política que ha imperado en los últimos veinte años.
¿Un Francis Fukuyama de izquierdas? No: Puntos de reflexión no va exactamente de eso; pero como aproximación un tanto burda podría valer.

Etiquetas: , , ,