de hoy que me ha dejado flipándolo.
EFE. 06.06.2008
Unos investigadores de Ceuta han localizado en la Biblioteca Pública de la Ciudad Autónoma un libro escrito por Franco entre 1946 y 1951, que se corresponde con una serie de artículos publicados por él bajo el
seudónimo de '
Jakin Boor'.
El libro, titulado 'Masonería', está compuesto por algunos de los 49 artículos que el caudillo publicó en el diario 'Arriba'
El libro, titulado
Masonería, en cuya portada únicamente aparecen el título y la fecha, Madrid 1952, está compuesto por algunos de los 49 artículos que el entonces jefe del Estado español publicó en el diario falangista
Arriba, ha informado a Efe el historiador ceutí Francisco
Sánchez Montoya. El historiador ha resaltado que en Ceuta se ha encontrado la primera edición de este libro, la de 1952, y que existe otra de 1981.
El libro se publicó finalizada la Segunda Guerra Mundial y en él se recogen las tesis del dictador sobre Mussolini o Hitler. El historiador ha señalado que el volumen hallado reúne los artículos escritos por el general en el diario Arriba entre el 14 de diciembre de 1946 y el 3 de mayo de 1951.
En el prólogo, escrito por el propio Francisco Franco, se destaca que el libro "nace como una necesidad viva, pues son muchos los españoles que, dentro y fuera del país, anhelan conocer la verdad y el alcance de una de las cuestiones más apasionantes, pero a la propia vez, poco conocidas de nuestro tiempo: la de la masonería".
La noticia no me ha dejado flipándolo por el hecho de que Franco fuera autor de un libro, ni porque a estas alturas se descubra un manuscrito suyo, sino por el tratamiento que se le ha dado al asunto.
Para empezar, se refieren a
Masonería como si nadie supiera de la existencia de ese libro, cuando nunca se ha ocultado que
Francisco Franco y
Luis Carrero Blanco escribían para el diario
Arriba artículos denunciando los peligros de la masonería, y que los recopilaron en un volumen al que, muy imaginativamente, titularon
Masonería. Pero bueno, me hago cargo de que soy un friqui de la Historia y que, además, juego con ventaja: uno de los poquitos cursos de Doctorado que llegué a finalizar iba precisamente sobre este asunto. Mis conocimientos al respecto son superiores a los de la media, aunque no soy ni mucho menos un experto en Franco y la masonería. Soy un friqui bien informado, vamos.
Hurgando más en la herida, una simple búsqueda de
"Masonería Jakim Boor" en Google arroja nada menos que 2.000 resultados (ni uno más, ni uno menos, aunque serán 2.001 cuando esta entrada se publique). Tampoco le hubiera costado gran cosa al autor de la noticia contrastar datos antes de escribir alegre y temerariamente que el ejemplar de
Masonería que se ha encontrado en Ceuta es todo un descubrimiento. A no ser que:
a) los investigadores que han encontrado ese ejemplar creyeran que estaban descubriendo algo grande (con lo cual uno se pregunta quién coño les ha dado el carnet de investigadores, si no saben algo que, creo, es de dominio público);
b) el autor del artículo no se haya molestado en hacer algo tan propio y deseable en la profesión periodística como es contrastar las fuentes, y/o
c) que realmente no hubiera otra noticia con la que rellenar espacio, y alguien, no muy diligente por cierto, ha inflado un simple teletipo de agencia hasta el extremo de convertirlo en una noticia de portada, sin necesidad ni oportunidad. Como se nota que se ha acabado la Liga, que aún no ha empezado la Eurocopa, y que Esperanza Aguirre y Federico Jiménez Losantos no se han metido con Rajoy en las últimas veinticuatro horas.
Me inclino por una mezcla de b) y c); máxime teniendo en cuenta que el investigador de marras estaba al corriente de que hay dos ediciones de
Masonería: la de 1952 y la de 1981, que, por cierto, es la que leí como material de apoyo en el curso de doctorado al que me he referido. "Ideología del franquismo", creo que se llamaba, y lo impartía Marta Bizcarrondo.
Por completar un poco el panorama, ya he añadido un autor al libro del que estamos hablando: Luis Carrero Blanco, que era tan coautor como Franco de los artículos antimasónicos que fueron publicando en
Arriba durante los últimos años de la década de los cuarenta.
Los artículos en sí, qué queréis que os diga, daban bastante risa, de puro ridículos y dogmáticos que eran, pero no se pueden juzgar con los ojos de un lector de hoy en día, descontextualizados. Forman parte de una literatura franquista o fascista, como se prefiera, que abundaba en artículos de este tipo. Para entendernos: durante los años cuarenta, el que ya era franquista o antirrepublicano se pasaba el día escribiendo artículos denigrando a los rojos y los masones, por aquello de no perder su situación de privilegio con respecto al régimen; y el que tenía un oscuro pasado republicano o neutral, incurría en la literatura áulica del régimen, no fuera a ser que tuviera que pasar por el penal de Porlier (actual colegio Calasancio; por cierto, el cole en el que estudié) o por las obras del Valle de los Caídos, y no precisamente de turismo. Hay ejemplos de sobra de este tipo de literatura, desde los definitivamente cafres (el doctor Vallejo Nágera y sus postulados filonazis sobre la superioridad de la raza española y la inferioridad racial de los comunistas y delincuentes, demostrada sobre mediciones de cráneos, a la más pura manera del señor Lombroso) hasta los inesperados (por provenir de quien uno menos se lo esperaba, como Álvaro Cunqueiro). Todo ello está recopilado en un libro monumental, de más de mil páginas: la antología de
Literatura fascista española, de Julio Rodríguez Puértolas (Akal, 1986), que le recomiendo a cualquiera que esté interesado en el asunto, ya sea desde la perspectiva favorable, ya sea desde la contraria.
En cuanto al nombre de "Jakim Boor", seudónimo de Franco y Carrero, se debe de un error tipográfico. Para que luego digan lo superfluo que es el trabajo de los correctores ortotipográficos y de estilo... Franco y Carrero eligieron un seudónimo con marcados tintes masónicos: "Jakin Boaz", pues Jakin y Boaz es el nombre de las dos columnas que flanqueaban la entrada el templo de Salomón; es decir, una alegoría del acceso al conocimiento y el saber que se utiliza de manera amplia en la simbología masónica. Con ello, hacían un guiño a la masonería, acerca de la cual Francisco Franco sabía bastante. Como cualquier militar africanista, Franco había tenido contactos con las logias en Marruecos. Su hermano Ramón era masón, como también lo eran el general Cabanellas (primer jefe de Estado del golpe franquista, dada su mayor antigüedad, hasta que Franco asumió la jefatura de Estado del bando nacional el 1º de octubre de 1936) o el general Queipo de Llano (el Goebbels del primer franquismo). Por cierto: a Franco no lo admitieron en ninguna logia masónica. ¿Qué sería hoy de la retórica franquista, mantenida incluso en nuestros tiempos, si Franco hubiera sido masón? Seguramente, se hubiera limitado a tomarla con los comunistas, y el Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo hubiera tenido un nombre más corto, y soso. Pero no hubo manera de que la humorada fuera de domino público: alguien metió la pata al componer los tipos en la imprenta, y el seudónimo se quedó en el "Jakim Boor" que ha perdurado hasta nuestros tiempos.
En cuanto a los textos en cuestión, como digo, hoy en día no se sostienen. Si alguien tiene curiosidad por leerlos, están disponibles en Internet. Un consejo para los valientes: con leer uno o dos hay más que suficiente: son alarmantemente parecidos. Y otro consejo, si queréis leer a Franco: intentadlo directamente con
Raza, que es mucho más divertido y por lo menos da juego.
En fin, y a lo que iba. No pasa nada si no conocíais la existencia de
Masonería: os aseguro de buena tinta (he leído el libro) que vuestra vida no iba a cambiar en lo más mínimo, ni para mejor ni para peor. Pero, por favor, exijámosle un poco de rigor a los creadores de noticias: nadie ha descubierto nada cuya existencia se ignorase. Contrastemos fuentes, por favor.