jueves, 24 de enero de 2008

Reportaje sobre ciencia ficción en La 2

Interrumpo mi ostracismo bloguero (impuesto por las prácticas, las correcciones de estilo, los foros de fantasía, los informes de lectura, las clases de catalán, los deberes de las clases de catalán, las visitas a la Generalitat para solicitar posibles subvenciones para hacerme autónomo, los amagos de gripe...) para comentaros que el próximo día 27 se emite un reportaje sobre la ciencia ficción en el programa cultural Página 2, que emite La 2 los domingos a las 20:15.
El reportaje se titulará "Más allá de la ciencia ficción", dura unos cuatro minutos y contiene fragmentos de entrevistas a Javier Negrete, Pepe López Jara (director de Minotauro, Timun Mas y Militaria) y... vuestro más seguro servidor.
Dejo las valoraciones para después de haber visto el programa, pero la impresión que me dio el equipo fue de seriedad, de querer hacer un reportaje respetuoso. Presiento que merecerá la pena verlo. Y espero que mis intervenciones hayan quedado razonablemente coherentes.
Volveré a actualizar con el enlace al reportaje.
Por cierto, que sepáis que Página 2 tiene una sección de microrrelatos muy interesante. Os podéis pasar pinchando aquí.
Y ahora, vuelvo al ostracismo bloguero. Perdonad si últimamente no le dedico tiempo al blog ni a nada que no sean mis obligaciones laborales y paralaborales, y sed comprensivos. En cosa de un mes volveré a tener algo de tiempo.

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viernes, 11 de enero de 2008

Presentación mediática de El imán y la brújula

Sigo la costumbre extendida entre la blogosfera y os ofrezco un vídeo de viernes, recién sacado del Youtube. Pero no es un videoclip, sino algo mucho más intelectual.
Hace un par de meses efectué las valoraciones de la hispacón Ishbiliya 2007, que podéis leer aquí y aquí. Había alguna foto, pero lo que faltaba era un vídeo.
Esta mañana he recibido un email con un enlace al vídeo que alguien, no sé quién (picha, una birra gratis cuando nos veamos en la próxima hispacón, asturcón y friquicón, del tipo que sea), ha colgado en el Youtube. Corresponde a uno de los momentos culminantes de la presentación de El imán y la brújula, la interesantísima novela de Juan Ramón Biedma, que tarde o temprano reseñaré en este blog y donde se tercie.

Así pues, aquí os dejo este testimonio mediático único, a la espera de poder colgar la crítica propiamente dicha del libro de Juan Ramón.
Para quienes no conozcáis el libro, deciros que es la tercera novela aparecida en Ediciones B del sevillano Juan Ramón Biedma, que ya había publicado El manuscrito de Dios y El espejo del monstruo, y que está conformando un universo particular ambientado en Sevilla (y, de manera excepcional en esta novela, en Madrid) y poblado por monstruos (de los físicos y de los que dan miedo de verdad), tramas próximas al terror y lo gótico, retazos de una Sevilla espectral y oculta, y, en resumen, todo aquello que ha llevado a que se le compare con Neil Gaiman y Valle-Inclán.
Si ois risas de fondo, es que las hubo: el acto fue muy distendido, y de hecho consistió en una amena tertulia entre amigos, en la que prácticamente nos faltó hacer ponente a Elia Barceló, ya que hubo momentos en que era una charla a tres bandas entre Juan Ramón, ella y yo. Se echó de menos al gran David Panadero, que ha presentado el libro en Madrid, en la librería Estudio en Escarlata. No obstante, el acto fue entrañable y memorable, y los tres minutos que han quedado inmortalizados a través del Youtube os permitirán haceros una idea bastante aproximada de lo que fue aquello.
En otro orden de cosas, la vuelta al cole está resultando tan agotadora e intensa como la semana previa. Mi karma es estar enmarronado hasta las cejas en todo momento, motivo que hace que la posilidad de apuntarme a autónomos no sólo no sea nada remota, sino que se convertirá en una realidad dentro de muy poquito.
Buen fin de semana.

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lunes, 7 de enero de 2008

Montañas de basura

Valga el homenaje a la grandísima canción de Los Planetas (¿alguna vez he dicho que Una semana en el motor de un autobús es uno de mis discos fetiche?) para ofreceros tres fotos que he sacado en el metro de Madrid durante mis vacaciones navideñas. La calidad es tan nefasta como de costumbre, habida cuenta de que se trata de fotografías sacadas con la cámara del móvil. Sé que podría ir por la vida con alguna cámara digital de chorrocientos megapíxeles, pero no sería lo mismo, quedaría menos espontáneo.
El caso es que la recién desconvocada huelga de limpieza en el metro de Madrid ha servido para demostrar que, a pesar de los esfuerzos denodados de las empresas barcelonesas del sector, el transporte público en Madrid sólo está un puntito por encima del de Barcelona.
Paseo por una de mis estaciones de metro habituales, la de la línea 4 en Goya, y me encuentro con esta estampa:
La composición no deja lugar a dudas. Estamos ante un altar, consagrado a los Caprichos y los Desastres de la Guerra, y el altar consiste en una ofrenda de mierda y desechos que, no obstante la crudeza con que se han empleado los huelguistas (en uno de esos casos de sobrarse tres pueblos que consiguen el efecto opuesto al deseado: que el viandante se cabree aún más con los huelguistas y empatice con la patronal), se topa con un prurito de civismo por parte de los usuarios del Metro. Por algún extraño motivo, la mierda sólo se alinea junto a la pared y en las desbordadas papeleras, y respeta el andén propiamente dicho, tal vez por temor a que se repitan las escenas de usuarios resbalando en las taquillas y dando con sus huesos en el suelo repleto de aceite que habían vertido algunos piquetes.
Aquí no hay nada de eso. El andén está todo lo limpio que puede estar un andén que sufre una huelga de casi dos semanas (en el momento en que tomé la foto), y la basura, convertida en un ente orgánico, trepa al encuentro del arte, de los aguafuertes de Francisco de Goya y (con el panorama de la huelga de limpieza, más bien poco) Lucientes.
El sueño de la razón produce monstruos, parecen estar pensando las botellas de agua mineral y de yogur líquido, deseosas de mezclarse con Goya, en una especie de happening que las redima de su condición de desechos sociales y las convierta en Arte, del que se expone en los museos de arte contemporáneo, en las exposiciones sufragadas con el mismo dinero público que le escatima fondos y beneficios sociales a los empleados de limpieza del metro madrileño. Triste paradoja: los doscientos kilómetros de la red madrileña de metro se convierten en una inmensa obra de arte, erigida de la misma manera que un montaje de vanguardia, de los que se pueden encontrar en el centro del Conde Duque. ¿Arte? ¿Engaño? ¿Postmodernidad? ¿Epidemia?
Con todo, el anticlímax llega en mi verdadera parada de metro, Lista. Voy a quedar a cenar con Antonio y Amparo, hacia Arturo Soria, y me encuentro con la siguiente escena en la vía:
Puedo entender que las latas y botellas se amontonen en las papeleras, pero lo que ya no concibo es que un paraguas con las varillas rotas acabe en la vía. Es un acto claramente premeditado. El saqueo inevitable después de unos disturbios: se han abierto las puertas de la Bastilla, o los arsenales populares, o la sede del Gobierno recién destituido, y la gente sale alegremente a destrozar todo lo que pueda pillar. Más como si fuera un episodio de Los Simpsons, de esos en los que un detonante estúpido provoca dos o tres minutos de destrucción masiva, que un documental histórico.
Veo el andén hecho una mierda, y por tanto tiro mi paraguas.
Apenas un metro a la izquierda, había un jersey blanco, también arrojado a la vía. No pude sacarle la preceptiva foto, porque mi convoy llegaba.
A esto se le llama la teoría de las Ventanas Rotas. Si todo está en orden, la gente está tranquila. Si hay ventanas rotas, se produce la sensación de deterioro, de todo vale, y entonces se da rienda suelta al pillaje.
El Madrid subterráneo ha sido efecto de la teoría de las Ventanas Rotas. Veo mierda en el suelo, y por tanto tiro mi mierda a la vía.
Pero no todo está perdido. Me queda el consuelo de lo que he visto en Goya, en ese remedo de obra de arte improvisado: la gente arrojaba la basura hacia la pared, y respetaba el andén.
¿Con cuál de las dos versiones de mis paisanos me quedaré cuando regrese a Barcelona?
Con las dos, sin duda. Cara y cruz. Somos capaces de lo mejor y de lo peor.
Entretanto, bajo al metro de mi Madrid natal, pese a que me había prometido que durante estas vacaciones sólo me desplazaría en autobús (la realidad se impone: es mucho más rápido), y no puedo evitar tararear, una y otra vez, la canción de Los Planetas, único resumen que se me ocurre para esa aventura de desplazarse entre la mierda. Aunque J está hablando de otra cosa, parece, por momentos, que acaba de llegar a su parada habitual y, pese a que no se termina de decidir, consigue reunir las fuerzas necesarias para pagar el billete y adentrarse en la red de metro, dispuesto a encontrarse con lo que Dios le quiera ofrecer:

En montañas de basura,
en montañas de basura,
en montañas de basura,
en montañas de basura.

Ningún beso de cordura,
ningún beso de cordura,
ningún beso de cordura,
ningún beso de...
Dios me tendrá que proteger.
¿Qué va a pasarme en esta vez?

¿Qué va a pasar si me entrego y no funciona?
¿Qué va a pasar si me tiro al barro ahora y sale mal?

¿Qué va a pasar si no puedo soportarlo?
¿Qué va a pasar si decido dar el paso y sale mal?
Aguantaré, podré escapar, podré volver.
Mi vida va a ser mejor de lo que fue.
¿Qué va a pasar si no lo es?

Dios me tendrá que proteger.
¿Qué va a pasar si no lo es?
Dios me tendrá que proteger.
¿Qué va a pasar si no lo es?

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