jueves, 27 de septiembre de 2007

Cuellos de botella

Si veis que no actualizo, no temáis, no me he aburrido del blog, ni nada parecido: lo que sucede es que estoy hasta las cejas de trabajo. No en nómina, por desgracia para mí, pero, en todo caso, en tareas muy interesantes, que me tienen muy ocupado. Como ocurre con el colesterol, que lo hay del bueno y del malo, estoy en un pico de estrés del bueno.
En primer lugar, empecé una extensión de las prácticas del máster. Es todo un privilegio asistir al nacimiento de una editorial, sobre todo cuando tienes la certeza de que va a ser un proyecto de éxito. Así pues, por las mañanas trabajo en Plataforma Editorial, el nuevo proyecto de Jordi Nadal. Va a lanzar aproximadamente treinta títulos al año, en sus cuatro colecciones: Actual, Testimonio, Policíaca e Histórica. Seguiremos informando, pero mi lado friqui policíaco me dice que voy a engancharme a la serie del comisario Süden, del alemán Friedrich Ani (que vamos a promocionar como la alternativa a Henning Mankell).
Además de las tareas propias de las prácticas, me estoy llevando trabajo a casa, una especie de ensayo para sopesar la posibilidad de convertirme en colaborador externo cuando las prácticas terminen. Hasta ahora, he corregido uno de los títulos del primer lanzamiento: El dolor incomprendido, de Lucía Sutil y Eduardo E. Lázaro, un estremecedor tratado acerca de la atención a las víctimas del terrorismo. Supongo que era divertido y desconcertante vernos a Cristina y a mí enfrascados en nuestras respectivas tareas (ella, estudiando; yo, corrigiendo) durante nuestro último fin de semana en Girona.
Por si fuera poco, tengo que atender el foro de Fantasy Círculo. Ya hemos convocado la primera lectura compartida: Los hijos de Húrin, de J. R. R. Tolkien. Empezaremos el martes.
Pero no se vayan todavía: ¡aún hay más! Realicé una prueba de corrección para una empresa de servicios editoriales, y, aunque no me contrataron para el puesto al que aspiraba, no debí de hacerlo tan mal, pues me han dado a corregir un tocho de quinientas páginas que tengo que entregar entre mañana y el lunes. El libro es una verdadera pasada: Noticias desde un universo desconocido, de Franz Schätzing, una especie de Cosmos a la alemana, que traza una visión exhaustiva, divulgativa y entretenidísima del origen, desarrollo y perspectivas de futuro de la vida en el mar, que es tanto como decir de la vida en el planeta Tierra. Parafraseando a Douglas Adams, es un libro que trata acerca de la vida, el universo y todo lo demás.
En mis ratos libres (¡ja!) estoy ultimando los prólogos para las antologías de los premios Ignotus que publicará Bibliópolis, con Rodolfo Martínez en plan "Isaac Asimov presenta los premios Hugo". Y leyendo material para la Quinta Columna de Bibliópolis. Y preparando las reseñas que le debo a Hélice y C, el hijo de Cyberdark.
Ah, también me apunté a clases de catalán, por aquello de tener el papelito (que nunca se sabe cuándo va a ser necesario) y adquirir la base gramatical que necesito para soltarme a hablarlo en público. Empiezo el martes.
Vamos, que si no asomo por el blog es porque no tengo mucho tiempo, que digamos. Tenedme paciencia. La semana que viene habré salido del cuello de botella, y podré actualizar con algo más de diligencia.

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lunes, 17 de septiembre de 2007

59-60

El problema no fue el sarpullido que me produjo la tensión de ver cómo a España se le escapaba la final de su Eurobasket (sic.), ni el haber soñado con que era Pau Gasol y me expulsaban de la selección por haberme escapado de la concentración y haberme convertido en el principal sospechoso de un crimen (otro sic.), sino las reflexiones a las que una derrota así nos conduce.
Por primera vez en muuucho tiempo, una derrota de la selección española de baloncesto en una final europea no me produce la sensación de que estos mantas ya la han vuelto a cagar. Resulta curioso que, cuando por fin tenemos una selección sólida, campeona del mundo en todas las categorías, un equipo competitivo capaz de fulminar a Grecia con sus propias armas, la sensación que produce una derrota en el día decisivo no vaya acompañada de esa sensación de déjà vu que nos evoca a las humillaciones sufridas ante Italia en 1999 y Lituania en 2003, sino por un optimismo y una sensación relativa de haber hecho las cosas bien. Jode lo de perder en casa, y ser subcampeones de Europa por sexta vez, pero también hay que tener en cuenta un hecho: ninguna selección organizadora gana el Eurobasket en casa desde Alemania, allá por 1993.
España no ha arrollado como en el Mundial de Saitama, pero no tenía por qué hacerlo. La impresión que nos queda es la de un equipo sólido, que ha jugado rematadamente mal el partido más importante, ante su público, pero, aun así, puedes llegar a entenderlos. Ya han ganado un Mundial y, sin embargo, ya no les exigimos que lo ganen todo: nos basta con saber que pudieron haber ganado, y que les pudieron los nervios. La noche tonta de Pau Gasol ante los tiros libres se puede justificar: al fin y al cabo, fueron los mismos tiros libres que nos metieron en la final el día antes. Pero el que tuviera la noche tonta con los tiros libres no nos puede hacer olvidar los tres tapones e incontables rebotes que metió. Fue decisivo para evitar que Rusia, en su día más dulce, no nos metiera una paliza de escándalo. Entre otras cosas, porque Rusia tampoco juegó especialmente bien. Por momentos, sobre todo en el tercer cuarto, parecía que ni España ni Rusia querían ganar.
No obstante, este Eurobasket ha premiado a las tres mejores selecciones, y tal vez en el mismo orden de merecimiento. Rusia ha sido un conjunto muy ordenado, España ha tenido altibajos pero ha demostrado un gran nivel, y Lituania he estado casi perfecta pero ha fallado en el partido decisivo. El podio de este Eurobasket me gusta, porque ha recompensado los conceptos de equipo y buen juego.
También me gusta el orden en que han quedado los siguientes clasificados, los que se jugarán las plazas olímpicas el verano que viene. Grecia, sin haber jugado de verdad más que un par de partidos, ha demostrado su enorme potencial: jugando bajo mínimos, tirando sólo de oficio y ganas, son capaces de llegar a semifinales y recordarnos que por algo eran los anteriores campeones europeos, y finalistas mundiales. Hubiera sido una pena perdérselos en Pekín.
Alemania, demasiado irregular como para merecerse una plaza directa para el 2008, tendrá la oportunidad de despedir de la selección al gran Dirk Nowitzki. Croacia regresa a la élite europea con una selección sin grandes estrellas, pero con (volvemos al asunto) un buen juego y buen concepto de equipo. Y Eslovenia parece que hereda de España el papel de pupas oficial del baloncesto europeo, como si, por un extraño conjuro, les hubiéramos transferido esa capacidad de deslumbrar durante todo un campeonato y hacer el ridículo el día decisivo, el de cuartos de final, y clasificarse para el preolímpico a fuerza de echarle narices, suspirando y con la lengua fuera. Es una pena, pero a estas alturas queda claro que los Nesterovic, Lakovic y Smodis se van a quedar sin grandes títulos; incluso, sin subir a ningún podio en gran competición.
También me gusta el hecho de que Francia se haya quedado fuera del Preolímpico. Han venido sobrados, creyendo que por tener a Parker (muy brillante durante todo el campeonato) ya se iban a clasificar por la cara. No han dado de sí todo lo que pudieron, y por eso se quedan fuera. El baloncesto especulativo no ha tenido lugar en este Eurobasket, y por eso se han ido a la calle grandes especialistas en la materia, como Italia o Turquía (que, de todos modos, hará plata o bronce en su mundial, allá por el 2010). O Serbia, que ha vuelto a hacer el ridículo, y ha agotado el crédito que ya había perdido casi por completo en el Mundial. ¿Qué puedes esperar de una selección llena de individualidades, la mitad de las cuales ni siquiera quieren jugar con sus compañeros de equipo, a quienes ven como enemigos? Pues eso: palmar en la primera fase. Por mí, que sigan allí; o que no lleguen a clasificarse para el próximo Eurobasket, y en su lugar le cedan el paso a otras selecciones ex yugoslavas mucho más modestas pero con equipos voluntariosos y conjuntados, como Bosnia o Macedonia. Cuando la selección de Serbia vuelva a tomarse en serio el baloncesto, y, sobre todo, al espectador, entonces volverán a ser mis favoritos. De momento, y hasta entonces, mi corazón está con la garra de España y Croacia, el arte de Lituania y Eslovenia, la maquinaria de Rusia y la capacidad de decisión de Grecia.
En el apartado de sorpresas, me quedo con Letonia (pese a que cayó en la primera ronda) y, sobre todo, Portugal, a la que deseo que vuelva a clasificarse para el próximo Eurobasket y pueda optar a entrar en cuartos de final.
No sé si Rusia es la mejor selección de Europa; creo que no. Pero, desde luego, se merecen el título. Igual que se lo hubiera merecido España, o Lituania. Y los tres están en el podio. Se ha hecho justicia.
Ahora, a ver qué hacen el año que viene, frente a los Estados Unidos y Argentina. Apuesto a que España vuelve a disputar la final. El que gane o no, ya será lo de menos.

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viernes, 14 de septiembre de 2007

Nuevo foro de Fantasy de Círculo de Lectores

Como la cuestión es no aburrirse, a partir de hoy voy a moderar el foro de Fantasy que Círculo de Lectores acaba de poner en marcha. Aprovecho para agradecérselo a toda la gente de Círculo, y a Paco García, que les propuso mi nombre. Como veréis, la estructura es la habitual en un foro, y, a partir de ahora, sólo se trata de ir llenándolo de contenidos, y de que os lo paséis bien. Espero que las lecturas compartidas y los demás subforos funcionen, y los lectores participen.
Ahora que me doy cuenta, las etiquetas que le he puesto a esta entrada son muy resultonas: foros, friquismo, fantasy. Leído así, parece el logo ideal de cualquier actividad friqui.
Este es el comunicado que estoy colgando en foros y listas de correos.
Si queréis entrar, ya sabéis: sólo hay que pinchar el enlace, registrarse, y a opinar. Otro lugar en el que podremos leernos.

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Holas holitas,

Os escribo para comentaros que se acaba de poner en marcha el foro de Fantasy de Círculo de Lectores. No es necesario ser socio para entrar y opinar; tan sólo hay que registrarse, como en cualquier otro foro.

Está subdividido en cuatro foros: Lecturas compartidas, Tus libros, Tus autores y Noticias del mundo exterior. Aún hay poquitos mensajes y asuntos, pero se trata de ir llenándolo de contenidos a medida que se vaya consolidando.

La URL es la siguiente:

http://forosfantasy.circulo.es/forums/

Se ruega darle difusión. Muchas gracias. Saludos,

Juanma.
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miércoles, 12 de septiembre de 2007

Asesinos natos, matones jubilados y cintas de narcocorridos

En la última actualización de la Quinta Columna de Bibliópolis hablo de mi buen amigo Bernardo Fernández y de su última novela, Tiempo de alacranes. Si la incluyo en la sección La Quinta Columna es porque se trata de una incursión en el género negro, que tal vez no sorprenda a quienes se han enganchado a su obra a raiz de la lectura de Gel azul, pero sí a quienes consideren a Bernardo como un escritor exclusivamente ligado al género de ciencia ficción. Es una buena novela policíaca, que recomiendo a los lectores que tengan la suerte de conseguirla, ya que sigue inédita en España. Si la columna sirve para que alguna editorial descubra esta novela, y se anime a publicarla por aquí, pues tanto mejor.

Como de costumbre, transcribo los primeros párrafos de la columna. A disfrutarla:

Me va a disculpar David Panadero, pero hoy le voy a invadir un poco el terreno y hablaré de un libro que, si estuviera editado en España, ya habría merecido un comentario en Cosecha Roja. Pero la mezcla de géneros es lo que tiene, y, en ciertas ocasiones, secciones como esta carecen de sentido; no al hablar de esta novela en particular, pero sí al abordar la obra de determinados autores, como por ejemplo Bernardo Fernández y, por extensión, otros escritores mexicanos que iniciaron su andadura en la literatura fantástica y que, paulatinamente, han ido escorándose hacia el género policíaco.
La visión que tenemos de la ciencia-ficción mexicana, tal como le llega al fandom español, es forzosamente sesgada e incompleta. Apenas existe flujo de autores y contenidos, salvo alguna obra o relato puntuales: Patricia Flores Figueroa y En tierra cruenta (Minotauro), Gabriel Benítez y Fluyan mis lágrimas (Grupo Editorial AJEC) Bernardo Fernández y Gel azul (Parnaso), algún relato de José Luis Zárate, Mauricio-José Schwarz, Gerardo Sifuentes o Paco Ignacio Taibo II... Ni que decir tiene que Gerardo Porcayo, Arturo César Rojas y Alberto Chimal, como si no existiesen... Cosa que nos perdemos, porque son buenos narradores... Poco más encontrará el lector español, salvo que empiece a rastrear las publicaciones especializadas y descubra ensayos de Miguel Ángel Fernández Delgado y Gabriel Trujillo Muñoz, de quien, por cierto, el año pasado apareció un libro en España, Mexicali City Blues, editado por Belaqua, y del que tarde o temprano hablaré en esta sección.
No obstante, y a tenor de lo poco que se ha podido leer de estos autores por estos pagos, me temo que la mayoría entraron con fuerza en el terreno de la ciencia-ficción, porque, a finales de los ochenta y principios de los noventa, era la manera más válida de plasmar la realidad mexicana (como dice Bernardo Fernández, pocas ciudades hay más ciberpunks que México D.F.), pero, con el tiempo, la ciencia-ficción ha dejado de ser el instrumento idóneo para denunciar las desigualdades sociales y reflejar el proceso de cambio existente allí, y en su lugar ha irrumpido con fuerza la literatura policíaca. Si, como decía Sabina, las niñas ya no quieren ser princesas, me da la impresión (insisto: sesgada, por las escasas obras que llegan a España) de que los autores mexicanos que cultivan los géneros literarios ya no quieren ser William Gibson ni Bruce Sterling, sino Henning Mankell y Yasmina Khadra. O, simplemente, ellos mismos, y para ello se encuentran más cómodos en el terreno de la novela negra.
Dudo que a este fenómeno sean ajenos dos tipos de mestizaje: el intrínseco a la sociedad mexicana, por supuesto, y el cultural, esa mezcla de géneros tan diversos como el fantástico y el policial que están propiciando acontecimientos como la Semana Negra de Gijón. Bajo el mecenazgo de Paco Ignacio Taibo II, y aprovechando la existencia de editoriales que publican a ambos lados del Charco, los autores mexicanos de género policíaco han empezado a llegar a España, y han irrumpido con una fuerza que los ha llevado a disputarse con Argentina y Cuba la hegemonía de la novela negra latinoamericana. Una buena muestra de este fenómeno es la concesión del premio Hammett a Cadáveres de ciudad, de Juan Hernández Luna, en la presente edición de la Semana Negra... o el Memorial Silverio Cañada, concedido a la mejor primera novela policíaca del año, que se llevó Tiempo de alacranes, de Bernardo Fernández, en la Semana Negra del 2006.


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jueves, 6 de septiembre de 2007

Vuelta al cole

Este es el sino del parado: que te vas de vacaciones, pero en realidad no estás de vacaciones, porque no tienes un trabajo del que descansar. Y, además, vuelves mucho más pasado de vueltas, y deseando descansar de las vacaciones. Triste paradoja.
Por resumir mucho, y sin entrar en asuntos espinosos (llamadlo pudor emocional, si queréis: para mi, es pura desconexión), digamos que el zafarrancho familiar está revuelto. Mi madre ha experimentado un par de recaídas durante este verano, está más torpe aunque igual de hiperactiva, necesita a alguien que esté tooodo el santo día detrás de ella y, como no está tan grave como para que tomemos decisiones drásticas (ponerle una interna, mandarla a un centro de día o [glups] vender la casa y meterla en una residencia), la situación es muy estresante. De este modo, de los trece días que he pasado en Madrid, he podido salir la friolera de ¡cuatro!, y eso porque los dos primeros mi madre aún no estaba en Madrid; el último, tuvimos que decirle a mi amiga Isa que fuera a casa, a la espera de que nos llegara un relevo. Descansar, lo que se dice descansar, lo hicimos una sola noche, en que mi hermano Pablo nos dejó las llaves de la casa de mi hermano Enrique, todavía de vacaciones, y pudimos desconectar durante unas horas, aunque pudimos constatar que en ciertos restaurantes japoneses no te ponen salsa de soja si sirven a domicilio, y no queráis ni saber cómo es la experiencia de comer nigiris de pulpo a palo seco. Me quedo con esto: por lo menos, he podido ver a Fidel, Fernando Ángel y sus amigos; a Paki, Daniel, Natxo y Miriam; a David Panadero, y a Isa. Pero me he quedado sin ver, aunque fuera delante de un café rápido, a mucha gente, casi todo mi pack básico. Sospecho que, mientras la situación familiar esté así de complicada, esta va a ser la tónica de mis viajes a Madrid. Y no mola: por mí, por mis amigos, por mi familia y por mi madre. Empiezo a ver Madrid como un lugar inaccesible. Y, qué coño, miro el plano del metro y ya no me suena ni la mitad de las estaciones.
Para mi, la situación es parte del lote: es mi madre, y sabía que iba a Madrid a cuidarla, y que no iba a estar quieto parado. Esa sensación de que tu vida deja de ser tuya en el momento en que sales de la ducha por la mañana, y que la siguiente vez que puedes descansar llega varias horas después, apenas unos minutitos justo después de comer. Pero, para Cristina, han sido unas vacaciones tiradas a la basura. Y ya van dos seguidas. Cuando te pasas, como ella, seis días en Madrid, y sólo sales una noche y dos medias tardes, sabes que algo no va bien. Y ese algo se llama descoordinación familiar. Y todo esto, cuando mi madre aún puede andar a medio gas unos meses, o un par de años como mucho, antes de que la situación sea decididamente irreversible.
El frente paterno también se ha complicado: lo hemos tenido tres semanas ingresado en el Gómez Ulla, realizándose las pruebas médicas con las que hemos iniciado los trámites para meterlo en una residencia. El diagnóstico es el que esperábamos, pero en estado más avanzado. Y, nuevamente, lo peor que puedo decir de la situación de descontrol que atravesamos es que Cristina no ha podido acercarse al hospital a verlo, en los seis días que ha estado en Madrid. Yo sí he podido, durante los dos días que estuve en Madrid antes de que llegara mi madre, y a pesar de todo lo he visto más o menos bien. Aunque el médico me diga una cosa cuando mi padre está delante, y a mi hermano le diga otra diferente (y más desalentadora) cuando están ellos dos a solas.
Tanto mi padre como mi madre tienen setenta y siete años, y ya están inmersos de lleno en el proceso de caer sin control cuesta abajo. Pero esta vez lo he visto con claridad, y ya no cabe la menor duda, ni hay lugar para autoengaños. Prefiero quedarme con aspectos positivos, como que aún tienen la cabeza en su sitio (por poco tiempo) y, especialmente en el caso de mi madre, están bien atendidos. Porque, como me quede con los aspectos negativos (estoy demasiado lejos como para que estos trece días sean útiles en términos generales, no somos capaces de reunirnos para consensuar cuadrantes de cuidado a mi madre, y a estas alturas todos tenemos algún agravio con los demás miembros de la familia que nos impele a bloquear cualquier avance), la verdad es que me entra la mala leche.
Las vacaciones que le hemos dado a Cristina, por segundo año consecutivo, no ayudan mucho, la verdad. Una cosa es ir a Madrid a sabiendas de que no vas a estar todo el día fuera (cosa que sabíamos ambos), y otra cosa es que los relevos no lleguen en toda la tarde, pese a que yo había dejado muy claro que la primera semana iba a ir a piñón, pero que cuando llegara Cristina le pedía a mi familia que nos dejaran las tardes libres. Hemos salido lo justo como para ver un atardecer precioso en Las Vistillas, pero poco más. Y eso, cuando hay gente en casa que avisa de que se va a ir después de comer y no lo hace hasta las ocho, o gente que directamente no da un palo al agua pero a la que tienes que controlar, o gente que por teléfono se te queja de que no da abasto pero a la que luego no ves ni una vez por la casa, es un agravio. Siento que nos han robado unas cuantas tardes, en las que podríamos haber hecho algo. Con tomar el aire ya nos hubiera bastado.
¿Qué más aspectos positivos puedo extraer de esta locura de minivacaciones? El caso es que algunos.
He vuelto a escribir. No la novela corta que tenía planeada (la dejo para otro momento), sino un relato breve, de unas tres mil palabras. Tanto la temática como el argumento son secretos, ya que era un regalo de cumpleaños. Ni estoy contento con los resultados ni dejo de estarlo: no lo puedo juzgar con criterios literarios. Es otra cosa, un regalo, y tiene su valor como regalo. Pero sí estoy satisfecho, porque eran ya once años sin terminar un relato de ficción, y por fin lo he hecho.
El regreso a Barcelona me ha deparado una entrevista de trabajo que no sé en qué quedará, pero que, como mal menor, me puede proporcionar alguna colaboración externa, si al final no me seleccionan. Al haber realizado tareas de archivo en las prácticas editoriales del máster, también puedo volver a buscar trabajo como documentalista, y me resulta curioso comprobar que la única oferta de InfoJobs en la que he llegado a finalista procede de un centro de documentación. Me he habituado a mirar los estados de mis candidaturas en InfoJobs, con esos bailes de categoría, entre Recibido y Descartado, Recibido y En proceso, En proceso y Finalista, con la curiosidad de quien mira la evolución de los valores bursátiles, o el avance de los resultados electorales a medida que llegan datos del recuento. Empiezo a tener claro que trabajar en una editorial no es prioritario, ya que seguiré vinculado al mundo de la edición, y tengo un volumen respetable de compromisos extralaborales. No he podido avanzar en Madrid, de modo que ahora, durante estas semanas de septiembre, no voy a tener más remedio que apretar el ritmo, y entregar esas críticas, prólogos, ensayos e informes de lectura que tengo pendientes.
La situación en casa parece estabilizarse. Sue (chinoholandesa) ha durado dos meses en la casa, y no hemos llegado a tener una conversación en condiciones: habla en inglés demasiado rápido, y no la entiendo. A Stefanie (alemana) no la he visto aún, entra en la casa de hoy en una semana, pero me dicen que es agradable y tranquila, dos cualidades que valoro más que nunca. En situaciones de inestabilidad casera me encabrono, y estoy descubriendo hasta qué punto necesito que todo esté en orden: durante todo este año, apenas he parado por casa, pero durante el verano me he pasado aquí todos los días, de nueve de la mañana a siete y media de la tarde, y todos los elementos que me han hecho estresarme por la situación en la casa (la partida de mala manera de una compañera de piso, el que por primera vez descubra que -al no estar en casa- mi opinión para buscar nuevo compañero ha dejado de ser determinante, o el establecimiento de criterios de búsqueda que no comparto: no entiendo por qué tenemos que buscar una chica, cuando, históricamente, la proporción de chicas conflictivas que han pasado por la casa supera a la de chicos), ahora me parecen agua pasada. He tenido que pasar unas vacaciones asquerosas en Madrid para darme cuenta de que, al fin y al cabo, no estoy mal en casa, y la siento como algo mío, donde tengo experiencias, amigos, compañeros y muchos, muchos libros. Como efecto secundario, tampoco me apetece mucho retomar las narraciones de los cástings, ahora que ya no participo activamente en ellos. Cuando tenga otro estado de ánimo, a lo mejor me decido a relatar el paisaje urbano que se ha dejado caer por aquí.
Y, por otro lado, la relación con Cristina va muy bien. Lamento los días que ha pasado en Madrid, contemplamos con recelo las obras en la casa de nuestros vecinos (por lo que deducimos, han cortado, y es probable que la dueña del inmueble lo haya vendido) y nos preocupamos por la salud de Zipi, uno de los canarios de sus padres. Pero, ahora que hay que empezar a dormir con la ventana cerrada, por fin nos libraremos de ese perrito coñazo que empieza a ladrar a las seis de la mañana, de las tertulias callejeras que se prolongan hasta las tantas (estamos al tanto de casi todas las rencillas de pareja del bloque) y de esas motos que doblan la esquina a cualquier hora de la noche.
Nada nuevo bajo el sol, en resumen. Pero con el cambio de ritmo que supone el inicio del nuevo curso. A ver qué nos depara.

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