viernes, 27 de julio de 2007

200

Si cuentas hasta doscientos, te llevará poco más de tres minutos (o más, o menos, dependiendo de lo rápido que vayas). Lo que dura una canción, o el tiempo que tardas en leer un comentario como este. Divide entre doscientos, y tendrás un segundo, un suspiro, lo que tardas en decir tu nombre o en darle un piquito a tu pareja. Cierto es que, si me dan a elegir entre escuchar una canción, leer un comentario como este o darle doscientos piquitos seguidos a mi pareja (o un beso laaargo, de los que te dejan sin respiración), me quedaré con la tercera alternativa.
Si cuentas una entrada del blog, y la lees, tal vez tardes lo que dura una canción. Si cuentas y lees doscientas, durará lo que una discografía completa. ¿Cuánto sería eso, pero traducido a piquitos o besos? Muchas horas, casi todo un día. Da vértigo pensarlo.
En cualquier caso, son cálculos ociosos. Lo ideal, llegados a este punto, es leer las anotaciones del blog a medida que se actualizan, o rescatar alguna que se os hubiera pasado por alto, o que no pudiérais leer en su momento porque os enganchásteis tarde. Y luego, después de leerlas, podéis escuchar canciones, besar a vuestras parejas o hacer ambas cosas a la vez. La distribución del tiempo queda sujeta al criterio del lector del blog.
Si tienes una pieza de un puzle, no te puedes hacer una idea cabal del conjunto. Pero con doscientas piezas, la perspectiva se amplía. No tienes manera de saber de cuántas piezas constará el puzle, pero sí puedes empezar a atistbar detalles relevantes de su estructura: qué figura representa, qué fragmentos de paisajes están casi completados, cuáles son la gama cromática de la escena o la intencionalidad del autor…
Con estos blogs sucede lo mismo: al principio, no sabíamos muy bien adónde queríamos llevarlos, tan sólo respondían a una necesidad de comunicarnos con el exterior. Empezamos de la nada, y a partir de ahí fuimos improvisando. Ahora seguimos sin saber adónde van, pero, en todo el tiempo transcurrido desde sus inicios, hemos ido perfeccionándolos, sabemos de dónde vienen y con quién estamos realizando el camino. Algunos lectores del principio ya no están; otros se han ido fidelizando y esperan con impaciencia que actualicemos. Otros han irrumpido con fuerza en los blogs, como colaboradores o como parte de nuestras vidas. En conjunto, todos ellos han (habéis) sido necesarios, pues de lo contrario esto carecería de sentido, serían mensajes solitarios lanzados en una botella, vagando a la deriva por el océano de la información. El receptor es el elemento fundamental del mensaje. Ahora, después de más de un año y doscientas anotaciones, se puede decir que cada uno de estos dos blogs ha dado origen a una familia (capisci?). En un sentido figurado, pero también en el más literal.
La casualidad ha querido que los posts número 200 de Frikitecaris y Pornografía Emocional coincidan el mismo día; de ahí este crossposting. Son dos blogs de temáticas poco relacionadas entre sí, con lectores no siempre coincidentes (que, no obstante, se han ido realimentando) y con objetivos muy diferentes. Sin embargo, la sintonía está ahí, y no sólo en el aspecto personal, en el que Cristina sea parte determinante de ambos y Juanma sea el irresponsable de uno y uno de los lectores fijos e incondicionales del otro. Juanma se siente frikitecario, como Cristina, porque lo ha sido durante años; y Cristina forma parte indisoluble de la pornografía emocional de Juanma.
Los ritmos de actualización de ambos blogs (casi diario, el de Frikitecaris; una o dos actualizaciones semanales, el de Pornografía Emocional) van a hacer imposible que la anotación número 300 sea simultánea, de modo que este post conjunto quedará como una rareza estadística, como si se tratara de una conjunción astral extraña; pero también como una necesidad, o como la constatación de una realidad, o como algo que, tarde o temprano, tenía que ocurrir.
Doscientas anotaciones. O doscientos besos, como prefiráis. El cariño es el mismo. Y la intención de que sigáis allí durante doscientas anotaciones más (o doscientos besos, tanto da), también.
Nos leemos en la anotación número 300.

APÉNDICE:

He aquí las diez mejores anotaciones de Frikitecaris… escogidas por Juanma…

http://frikitecaris.blogspot.com/2006/11/tacita-tacita-mgicadime-quin-es-la.html

http://frikitecaris.blogspot.com/2007/02/ya-estn-aqu.html

http://frikitecaris.blogspot.com/2007/03/el-curioso-incidente-del-cdice-que-no.html

http://frikitecaris.blogspot.com/2007/03/en-forma.html

http://frikitecaris.blogspot.com/2007/04/ser-madre-y-bibliotecaria.html

http://frikitecaris.blogspot.com/2007/05/carta-informativa.html

http://frikitecaris.blogspot.com/2007/05/esto-en-aquello.html

http://frikitecaris.blogspot.com/2007/06/barrio-ssamo-medieval.html

http://frikitecaris.blogspot.com/2007/07/que-lo-que-dewey-ha-unido-no-lo-separe.html

http://frikitecaris.blogspot.com/2007/07/interpretaciones.html


…y las diez mejores de Pornografía Emocional, a juicio de Cristina.

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2006/01/aqu-aqu-aqu-no-hay-quien-curre-aqu-no.html

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2006/02/recuerdas-la-primera-vez.html

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2006/03/sopa-agripicante-para-el-alma.html

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2006/04/listas-de-cinco-una-vez-ms-con.html

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2006/08/la-familia-crece.html

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2006/10/el-lamborghini-de-los-implantes.html

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2006/10/hongos-del-girons.html

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2006/10/cersei-lannister-desnuda-practicando.html

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2006/12/un-pingino-en-el-ascensor.html

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2007/03/hace-muchos-muchos-vasos-de-ikea-en-un.html

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miércoles, 25 de julio de 2007

¡Qué jevi!

Los creativos de la ONCE, siempre tan lúcidos, nos proporcionan el que a buen seguro será el anuncio del verano. Al contrario que la competencia, que se centra en el revival ochentero casposo petardo, la ONCE opta por el revival macarra ochentero jevilongo, lo cual implica un punto de riesgo y otro de originalidad. Como resultado, tenemos una colección de tópicos sobre el jevi metal (y los veraneos en la playa), pero tratados con humor y cariño.

No puedo evitar recordar aquellos comentarios en plan "Hasta que llegaron los Europe, el jevi era cosa de hombres", que a buen seguro corearon mis amigos Antonio y David Panadero, aquí presentes. Lo que sí recuerdo es que no estaba muy bien visto pedir "The Final Countdown" en el Canciller. De todos modos, ahí está la canción, convertida en patrimonio de la Humanidad y de toda una generación, igual que las baladas de los Scorpions, el Hysteria y el Pyromania de Def Leppard o todo el Appetite for Destruction, de los Guns 'n' Roses. Y ahora, gracias al anuncio de la ONCE, por fin recuperada, para solaz y disfrute de nostálgicos.
Eso sí, con quienes me parto la caja rememorando a Europe es con los valencianos Gigatrón, y su fabulosa versión de "The Final Countdown", retitulada "Te peto el cacas".

Y, como siempre hay puristas y, al fin y al cabo, la canción tenía su aquel, aquí os dejo con el original de Europe. Ay, esos cardados...



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martes, 24 de julio de 2007

¡Luz, más luz!

Si Goethe hubiera vivido en Barcelona, se habría muerto del cabreo, pidiendo luz, más luz, muchísima más luz, algo de luz.
Para nosotros, que no nos estamos muriendo, ni vamos a dejarle últimas frases famosas a la posteridad, el pedir luz fue ayer una necesidad. Me libré del apagón porque estuve toda la mañana por el centro, y los daños tanto en casa de Cristina como en la calle Arizala fueron mínimos (un tímido descongelamiento en la nevera, y poco más). A Cristina no le fue tan bien: no pudo trabajar en toda la mañana.
Cruzar la Diagonal ayer a mediodía era como correr un encierro de los Sanfermines, y encontrarte Transformers en vez de toros.
Así pues, y aunque el apagón comenzó con el incendio de la central eléctrica de Collblanc, al lado de casa, no nos llevamos la peor parte. Los hay que siguen a oscuras, y van a tardar tiempo no sólo en leer esta entrada, porque están sin conexión, sino en poder llevar una vida mínimamente normal.
No sé si el asunto se resuelve abriendo expedientes informativos o cruzando reproches entre administraciones y partidos políticos, y por supuesto que ayer era un día crítico porque todo se conjuraba para que esto sucediese (mucho calor, muchos aparatos de aire acondicionado funcionando a todo trapo), pero que se lo cuenten a las treinta mil personas que siguen sin luz, día y medio después del apagón. Y lo que van a tardar en restablecer el servicio.
Olé mi pueblo, qué bien preparados estamos para estas situaciones.
(Conviene aclarar que hablamos de una ciudad que se queda incomunicada si caen cuatro copos de nieve.)
Mirándolo por el lado bueno: podría haber ido en ascensor en el momento del apagón.

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viernes, 20 de julio de 2007

Revistas prohibidas

Al hilo del requerimiento de Small Blue Thing en los comentarios del post anterior, subo esta actualización con carácter de urgencia, y lo hago de manera simultánea en Pornografía Emocional y Bodoni's Blog. ¡El primer crossposting de Bodoni's Blog!

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Parece que la censura y la destrucción de libros no son privativas de regímenes totalitarios, estados en guerra y sociedades divididas: también se practican en países cuya constitución contempla la libertad de expresión y en los que en teoría se puede hablar de cualquier cosa, siempre que no te toquen a determinadas instituciones. Preguntádselo a los chicos de El Jueves, que acaban de ver cómo les censuraban el último número, por una caricatura que, cierto, no es lo que se dice... eh..., sutil, pero que tiene un mensaje nítido y comprensible.

La noticia es la siguiente:

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El juez de la Audiencia Nacional, Juan del Olmo, ha ordenado -a petición de la Fiscalía- que se retire de los quioscos el último número de la revista satírica 'El Jueves' por un supuesto delito de injurias a la Corona.

El nuevo número de 'El Jueves' muestra en su portada, todavía visible en la web de la revista, la caricatura de los Príncipes de Asturias en una postura sexual explícita que se considera "irreverente".

Concretamente, la imagen muestra a los Príncipes haciendo la postura del "perrito" y junto a un texto con letras de gran tamaño en rojo que reza: "2.500 euros por niño", haciendo alusión a la ayuda que el Gobierno concederá a los familias de los niños que nazcan a partir de ahora.

"¿Te das cuenta? Si te quedas preñada... ¡Esto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida!", dice el personaje que representa al Príncipe en la viñeta.

La imagen solo aparece en la portada de la revista. El juez ha pedido que se destruya su molde para que no se pueda volver a reproducir.

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Desde aquí no podemos sino lamentar esta decisión que, como muy bien afirma el director de El Jueves, Albert Monteys, sólo va a conseguir que la viñeta de marras llegue a más lectores, con lo que va a ser peor el remedio que la enfermedad.

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EDITANDO:

En A la Sombra del Tomate dan otra versión del secuestro: en ese número de El Jueves se podían leer las actas de la primera reunión entre el Gobierno y ETA. Agujerólogos y conspiranoicos: esta es vuestra oportunidad de opinar.

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REEDITANDO:

Y esta es la rectificación de El Jueves, con la portada que querían sacar:

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jueves, 19 de julio de 2007

Niños de Colores

La noche era propicia; me las prometía muy felices, y casi podía decirse que no iba a dormir solo. Estábamos en un local muy canalla del barrio más canalla de una ciudad ya de por sí canalla, viendo cómo los travelos interpretaban lo más granado de la copla española. Al finalizar el espectáculo, el escenario fue ocupado por una pista de baile con temas actuales. Ya nos habíamos quedado solos, y todo era cuestión de esperar el final de la cuenta atrás.
O, al menos, eso creía.
En realidad, nada fue como esperaba y, visto en perspectiva, no sólo no debería de extrañarme sino que no podía haber sucedido de otra manera.
Sea como fuere, allí estaba yo, completamente solo y sin perspectivas de acabar bien la noche, tímido compensado pero tímido al fin y al cabo, incapaz de entrarle a una chica en una discoteca o sala de baile, y con un cabreo considerable por el giro que habían tomado los acontecimientos. Lo único que me quedaba era ponerme a bailar, a mi bola, hasta que cerraran, y entonces subirme a patita, solo entre restos de vomitonas, a esperar al autobús nocturno.
Como digo, soy incapaz de entrarle a una chica, y no se me da bien interpretar las señales propias del rito de cortejo. Mientras salía del local, escuché un “Te he estado avisando toda la noche” que una de las chicas a quienes le había estado echando el ojo gritó al pasar a mi lado, pero siempre tendré la duda de si se lo decía a alguna de sus amigas.
En realidad, no importaba. No había ido a aquel local para acabar así. Sólo esperaba el momento de largarme a mi casa.
Pero irrumpieron ellos. Llegaron en tromba y, en cuestión de segundos, la decoración del local cambió. Eran altos, muy altos, de al menos metro noventa; las melenas a lo Andrés Calamaro (hoy diríamos que de anuncio de línea de información telefónica acabada en ocho) les conferían un toque bohemio. La indumentaria, pantalones de comando y chaquetas militares caquis con la banderita alemana, camisetas de grupos oscuros y minoritarios, las zapatillas de deporte o botas militares, alguno de ellos con corbata, todos ellos con insignias o chapas. Patillas enormes. Gafas de sol, incluso en el interior de un garito a las cuatro de la madrugada.
Y, lo más llamativo, una cámara de tamaño considerable y un foco.
Nos estaban grabando. Entraban a saco en un local, lo ponían todo patas arriba y encima nos grababan.
En apenas medio minuto, ya no me importaban la música ni la soledad inopinada. Ni las fantasías de que llegaría a algo con alguna de las chicas a las que miraba de hito en hito, sin atreverme a que se fijaran en mis miradas, y, supongo que por ello, plenamente conscientes de que un bicho raro que estaba solo no dejaba de escrutarlas.
En apenas medio minuto, cualquier atisbo de oportunidad había saltado por los aires. Uno de aquellos gigantes ya le había echado el brazo al hombro a una de las chicas; otro, el de la cámara, iba buscando a todas las bellezas que había en el local. Un tercero, vaso de cubata en mano, no tardó en desaparecer, bien acompañado.
Llegó la hora de cerrar y, como digo, me fui a mi casa, echando chispas.
El fútbol es así. Unas veces se gana, y otras se pierde.
En mi caso, estaba en zona de descenso y al borde de la destitución del entrenador.
Pasó el tiempo, y me olvidé del incidente, pues al fin y al cabo no fue tan importante: con no haber salido aquella noche, me habría ahorrado el mal trago.
Lo que no podía olvidar era aquella troupe de Calamaros gigantes, esos krakens de la noche urbana.
Pensé en ellos. No tardé en llegar a la conclusión de que olé sus huevos: habían entrado en el local, habían visto cómo estaba la cosa, habían arrasado con todo y habían triunfado.
Como un vecino de mi amigo Javi Ullán.
Durante una temporada, Javi estuvo viviendo en Malasaña, en la calle del Tesoro. Apenas me dejé caer por las fiestas que organizaba, de modo que esta historia me la relató él, tan impresionado por lo sucedido como yo por el evento que acabo de referir.
Eran las tantas de la noche, y la fiesta estaba en su apogeo. La casa consistía en un largo pasillo, que conducía al salón-comedor, que daba a la confluencia entre la calle del Espíritu Santo y la plaza de Juan Pujol.
En un momento dado, suena el timbre. No esperan a nadie. Javi abre, y se encuentra con un hombre de unos treinta años, que se presenta de inmediato:
-Hola, soy Ofo, tu vecino de arriba. Llevo dos horas en la cama y, en vista de que no me dejáis dormir, he decidido unirme a la fiesta.
Y allí que se plantó el hombre.
A la media hora, Ofo desapareció de la fiesta, con una chicana amiga de Javi.
No me cuesta imaginar el final de la historia: una vez terminada la fiesta, Javi, a solas en su casa, era el que no podía dormir, debido al ruido procedente del dormitorio de arriba.
Ofo llegó, vio y triunfó. En apenas media hora. Por puro deporte.
Igual que los Calamaros gigantes.
Veni. Vidi. Vinci.
Entendedme. No critico que esta gente llegara pisando fuerte y saliera por la puerta grande: es su manera de ser, y no los envidio por ello. Me gusto como soy, y no quiero ser diferente, porque sería otra persona.
De hecho, no critico nada. Tan sólo hago constar que este tipo de gente existe. Algunos de vosotros sois así. Sin embargo, otros sois damnificados directos.
Seguramente, en alguna ocasión teníais a una chica o chico en el bote, y apareció uno de estos Ofos o Calamaros gigantes y os la birló delante de vuestras narices.
O todo se había conjurado para que disfrutáseis de vuestros quince minutos de gloria, bien en algo relacionado con el trabajo o alguna actividad que implicase reconocimiento personal, y llegó uno de ellos y os eclipsó. Era vuestro Día D, pero aparecieron ellos y lo jodieron todo.
Sueltas el chiste más ingenioso de tu vida, en el lugar adecuado y el momento preciso, pero, medio segundo antes, uno de ellos ha tenido una ocurrencia aún más genial. Nadie repara en tu gracia; ni siquiera en tu existencia. Te han barrido.
Te curras un disfraz durante todo un año, un disfraz que en condiciones normales hubiera arrasado, y lo sabes; pero aparece uno de ellos, y todas las miradas se desvían hacia esa virguería que lleva puesta. Y, encima, se lleva a la chica.
Bates el récord del mundo de tu especialidad, pero, en la siguiente serie, llega uno de ellos y no sólo lo barre sino que establece un registro de esos que tardan veinte años en ser superados. Sólo te entrevistan los de la tele de tu pueblo. Joder, habías batido un récord mundial.
Es la historia de nuestras vidas. Todos hemos padecido alguna situación similar en algún momento. Te jode, pero no puedes hacer nada al respecto: no vas a matar o mutilar a alguien, ni a desearle el peor de los males, sólo por ser brillante. Mejor para él o ella, ¿no? Pero da rabia.
Con el tiempo, he aprendido a que esto no me afecte. Como he dicho, no me considero competidor directo de ellos: no aspiro a ser el centro absoluto de atención, aunque, como buen Leo, tengo mi ego y me fastidia que me roben protagonismo cuando creo que debo tenerlo. Pero es una clase de gente con la que, en tiempos, me he llevado mal, porque mi autoestima no alcanzaba a entender que ellos hacen su guerra y yo tengo que hacer la mía, y que el hecho de que aparezcan a horas intempestivas y se adueñen de un local, una competición o una cena con los amigos no debería afectarme. Pero he tardado años en comprenderlo.
No obstante, en ocasiones recuerdo la anécdota referida por Javi y su vecino Ofo, o la irrupción de aquellos Calamaros gigantes en un local canalla del barrio canalla de la ciudad canalla.
Desde hace años, tengo un nombre para esa gente.
Los llamo los Niños de Colores, como homenaje a la canción homónima de Los Toreros Muertos. Las primeras estrofas dicen lo siguiente:

Lo estábamos pasando tan bien
en aquella fiesta, en el chalet.
Éramos el centro de atención.
Éramos los hijos del director.
La pista era nuestra, y también la despensa…
hasta que entraron por la puerta los niños de colores.
Hawai, Bombay, Hawai, Bombay, Hawai.
Hawai, Bombay, Hawai, Bombay, Hawai.
Los niños de colores nos tocan los cojones.
Los niños de colores con sus chaquetas azules.
Se comieron mi comida, se bebieron mi bebida, ye ye.
Se esnifaron cocaína, se mangaron la cortina, ye ye.
Me encerraron en la cocina, se llevaron a Cristina, ye ye.
Y me tiraron a la piscina, se llevaron a mi chica, ye ye.

Cuando la escuché por primera vez, allá por 1987, no podía imaginar que en ocasiones iba a verme tan reflejado en ella. De vez en cuando salían a la palestra, en la facultad o yendo de baretos, y te recordaban cuán brillantes eran o, mucho peor, que tú tampoco eras para tanto. Durante la adolescencia y primera juventud me machacaban, pero con el tiempo aprendí a no dejarme engañar. Insisto, es una cuestión de autoestima; ahora la tengo, y no me afecta. Todo lo más, que cuando veo a alguno de ellos en acción, lo detecto y le dejo hacer, con la imparcialidad con que un antropólogo o un extraterrestre observarían el nuevo mundo al que han ido a parar. Sus éxitos son nuestros fracasos… pero sólo si entramos en su juego y nos creemos que sus éxitos nos perjudican. Si no lo hacemos, son un espectáculo incomparable, del que tal vez no haya por qué aprender nada ni sentir envidia; tan sólo limitarse a mirarlos y verlos actuar, y luego comentar la jugada en la intimidad, olvidando que, no hace mucho, te comían la moral. Y que ahora te resultan indiferentes, e incluso graciosos.
Cómo cambia uno.

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miércoles, 18 de julio de 2007

Delicias griegas en Bibliópolis

En la actualización veraniega de Bibliópolis hablo de una obra erótica tirando a pornográfica: el estío es época de calores de todo tipo, ya se sabe. Al mismo tiempo, aprovecho para glosar el conjunto de la obra de Javier Negrete, tomando como excusa la reciente aparición en Minotauro de Alejandro Magno y las águilas de Roma, que no dudo en calificar como su obra más ambiciosa (no sé si la mejor) y, desde luego, la mejor ucronía aparecida en España. El tiempo y las relecturas dirán si me equivoco; pero creo que no.
La novela en cuestión se titula Amada de los dioses (Ed. Tusquets, col. La Sonrisa Vertical núm. 124, 2003) y seguramente constituya una agradable sorpresa para los lectores de Negrete... y también para el autor, que ha comentado en alguna ocasión que no era infrecuente que sus ex alumnos del instituto Gabriel y Galán de Plasencia se acercaran a él para confesarle que se la habían leído.
Amada de los dioses resultó finalista en la vigésimo quinta y penúltima edición del premio La Sonrisa Vertical. Tal vez por ello se le haya pasado por alto a los lectores ocasionales del autor, y por eso la labor proselitista que realizo en mi sección La Quinta Columna sea más pertinente que nunca.
Para ir abriendo boca, aquí an algunos párrafos de la Quinta Columna recién aparecida en Bibliópolis:
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Empecemos con una afirmación categórica: tras las huidas de Elia Barceló y César Mallorquí hacia otros ámbitos editoriales, Javier Negrete es el mejor autor español de género fantástico que sigue publicando en las colecciones especializadas. Es, al mismo tiempo, el más versátil, el que mejor escribe, el más comercial y el que mejor ha sabido crear un fenómeno fan en torno a su obra. Tan sólo cabe formularle una objeción: nunca ha destacado en el terreno de la ficción breve (excepción hecha de "El Ángel Rojo", su aportación a la importantísima Franco. Una historia alternativa). Lo cual, si lo miramos por el lado positivo, le ha permitido desarrollar una sólida carrera en un terreno, el de la novela corta, que en su momento ayudó a consolidar gracias a las historias que presentaba al UPC y que, casi invariablemente, lo aupaban al palmarés del premio. Suya fue la revelación de la primera convocatoria del certamen, "La luna quieta", que nos descubrió a un autor riguroso con el estilo y la trama, preocupado por la creación de personajes y mucho más ambicioso de lo que por aquel entonces se estilaba.
(...)
En una de las múltiples aclaraciones históricas y cosmogónicas con que Negrete adereza la novela [Alejandro Magno y las águilas de Roma] se puede leer el siguiente párrafo:

Allí les esperaban las flautistas y cortesanas. Alejandro se había esmerado. Para Areo había hecho traer a la mujer más bella del sur de Italia, una joven que se hacía llamar Nerea en recuerdo de una célebre cortesana que había vivido en Atenas en la época de Alcibíades y a la que, por lo exquisito de sus dones, llamaban "la amada de los dioses". (Pág. 406)

Para el lector poco informado, se trataría de una anécdota histórica, sin duda extraída de alguna Nerea documentada por Plutarco. Para el lector quintacolumnista, a partir de ahora se trata de un guiño a la novela más desconocida de Javier Negrete, Amada de los dioses (Ed. Tusquets, col. La Sonrisa Vertical nº 124, 2003).
¿Por qué la incluyo en esta sección, si los dioses se dejan ver en algunos momentos de la novela? En primer lugar, porque, de otro modo, habría que adscribir al fantástico cualquier intromisión divina, lo cual enrevesaría aún más el eterno debate acerca de los límites del género; y, en segundo lugar, porque la naturaleza y forma de narrar Amada de los dioses pertenece inequívocamente al género erótico. Tenemos elementos históricos y aparecen algunos dioses o sucesos poco explicables en clave realista, pero, por lo demás, se nos narra el despertar sexual de la hermosísima Nerea, sin el cual no habría historia. Podríamos prescindir de alguna escena erótica, pero no de todas, pues sin ellas no existiría la novela. Al mismo tiempo, se recogen aquí varias de las convenciones del género: el primer contacto de Nerea con el sexo, la dominación masculina, la existencia de un mentor o mentora que adentra a la protagonista en los secretos de su cuerpo, la disyuntiva entre amor o sexo, el personaje enigmático que se convierte en el único capaz de seducir a la seductora por antonomasia, la inevitable escena lésbica, la no menos inevitable escena de cópula o masturbación delante de un espejo... Negrete maneja con soltura todos los lugares comunes del género, en un verdadero esfuerzo por escribir una novela erótica, y no una novela-con-escenas-de-sexo que poder presentar a un premio especializado. Tal vez por ello (y porque está muy bien escrita), el jurado del premio La Sonrisa Vertical consideró que reunía méritos suficientes para ser finalista (...).
La novela está estructurada como un flash-back. Nerea está siendo juzgada por la ciudad de Atenas, pues ha cometido un delito capital: ha prestado su cuerpo para que un escultor realice un retrato de la diosa Afrodita. El sacrilegio acarrea la pena capital. Cercano ya el momento de la sentencia, Nerea hace memoria y se cuenta (y, de paso, nos lo cuenta) cómo ha llegado hasta ese punto. Al igual que en "Lux Aeterna", el hecho de que la protagonista sea modelo para una escultura acarrea consecuencias muy graves.
La trayectoria de Nerea comienza en una pequeña isla griega, pobre pero honrada. Nerea es cabrera y, en el transcurso de un día ocioso, descubre al dios Pan copulando con una humana. Es la primera vez que ve una escena sexual. La naturalidad y candidez con que la describe resultan ciertamente conmovedoras:

El hombre-cabra no cejaba en sus arremetidas. La mujer seguía resistiendo sus embates, pero debía de estar sufriendo mucho, porque se quejaba, cerraba los ojos y se mordía los labios. Aunque, pensó Nerea, si le doliera sin duda gritaría más fuerte y no con esos gemiditos que parecían un poco ridículos. El hombre-cabra apretó más las caderas de la mujer y la obligó a girarse hasta que sus traseros quedaron apuntando de soslayo a Nerea. Sin duda, la criatura se había movido por malicia, con la intención de que la niña pudiera verles mejor, pues fue entonces cuando se apartó un poco y sacó algo de entre las piernas de la mujer. (Pág. 21)

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El resto lo podéis leer en Bibliópolis, si seguís este enlace.
Feliz lectura, y no sucumbáis a los calores veraniegos.


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domingo, 15 de julio de 2007

Crónica de urgencia del Summercase (sábado 14)

Ah, los cambios sobre el guión prestablecido. Ayer tenía que ser un día tranquilito en el Summercase, para recuperarnos del exceso de grupos del viernes y velar armas para la apoteosis, el apocalipsis y la apoplejía que íbamos a experimentar con los Chemical Brothers, pero qué coño, los Chemical fueron lo peor de una jornada bastante mejor que la del viernes. Qué cosas pasan.
Comentaba ayer que la Ley de Murphy se puede aplicar a los conciertos, y lo hace en forma de tres tipos de individuos que se te ponen delante y te joden la visión y el disfrute de tu grupo favorito: los Tíos Altos, los Tíos Gilipollas y los Tíos Con Sombrerito A Lo Muchachito Bombo Inferno. No son excluyentes y, como pude comprobar anoche, no es infrecuente ver individuos que reúnen las tres características citadas.
No obstante, yo ya no recordaba otro tipo de fauna que puede servir como corolario a esta Ley de Murphy para los Conciertos: las Tías Pequeñitas Y Molestas Que Se Plantan Detrás De Uno Y Pugnan Por Ponerse Delante De Ti Y No Paran Hasta Que Lo Consiguen. El viernes pude constatar su existencia, pero ayer fuimos más listos y evitamos interferencias del público mediante el método más expeditivo: plantarnos en la primera fila de la terminal Sur.
Aun así, descubrimos un nuevo corolario, y esto ya parece más una muñeca rusa que una ley de Murphy: el Cámara Que No Tenía Otro Sitio En El Que Ponerse, Con Lo Grande Que Es El Escenario. Sí, amigos: ese tipo de cámara existe, y su potencial para chafar conciertos es muy elevado.
En la entrada de ayer tampoco me extendí mucho sobre la fauna. Hablé un poco de las indumentarias y de lo feas que eran las camisetas oficiales. (En mis tiempos no había color: todo el mundo llevaba camisetas de los Red Hot Chilli Peppers; ahora la cosa está algo más atomizada.) Y no lo hice porque tampoco interactuamos mucho con la fauna local: al ser cinco (siete, si contamos el ratito que estuvimos con Valentina y Diego), íbamos un poco a nuestra bola, pero pecaría de injusto si no mencionara la cantidad de anglosajones que parecían sacados de un videoclip de Pulp, así como cierta tendencia a encontrar pericas disfrazadas que, no sé por qué, me hacían pensar que estábamos en el Salón del Manga. A lo mejor estaban trabajando, como una chica a la que interpeló Jordi durante el concierto de los Flaming Lips y que le espetó un:
-Mira mi acreditación.
Miramos y, con la oscuridad que había, tampoco es que se distinguiera gran cosa.
-Aquí pone "Artista".
Antes de que pudiéramos preguntarle de qué grupo era, nos explicó que estaba de host de dos grupos, que había tenido suerte porque tocaban bastante prontito y ello le había dejado libre durante gran parte de la jornada. Le sonó el móvil y salió pitando: supongo que sus artistas tendrían pis, o querrían que los llevara al hotel, o qué sé yo.
Fue la anécdota del viernes.

Como llegué tarde, no pude acercarme para ver a Miqui Puig e increparle con piropos del tipo "Vete ya con tus triunfitos" o "Tráete a los United". Una pena. En cuanto a los conciertos propiamente dichos, Álex podrá explayarse más que yo en lo relativo a Soulsavers con la voz de Mark Lanegan. Lo poquito que vi me convenció: un grupo con ciertos toques de gospel y mucho toque rockero a lo Spiritualized.
Calificación: 7.

En cuanto acabaron los Soulsavers, Kaoss y yo fuimos a primera fila, donde nos esperaba Álex. Desde allí pude ver las cuatro primeras canciones de Jarvis Cocker. Sin hacer lo que hacía con Pulp, sonaba diferente para terminar siendo lo mismo: un narrador del rock urbano, preocupado por contar historias y compartirlas con el público. Su puesta en escena, histriónica y con unas gafas que hacen que cada vez me recuerde más a Risto Mejide, fue inolvidable. Jarvis le sacó todo el partido posible a su primer disco en solitario, tocó un par de versiones memorables, atacó el "Don't Let Him Waste Your Time" con una sorna perceptible en su fraseo y, en definitiva, aportó una dosis de espectáculo inteligente que nos hizo entrever que el día bueno del Summercase iba a ser el sábado, no el viernes.
Calificación: 8,75.

Cuando digo que ayer parecía que nos salíamos del guión es, entre otras cosas, por lo que llegó después. Quería saldar deudas pendientes con los Jesus and Mary Chain, con todas esas horas que me he pasado escuchando Psychocandy, Darklands o Barbed Wire Kisses, con canciones como "Sidewalking" o "Just Like Honey". También corría el rumor de que Scarlett Johansson iba a cantar un tema con ellos, supongo que para que la gente se animase a verlos. A última hora, Jordi nos convenció para que viéramos a The Gossip, y la verdad es que acertamos. Para mí han sido la sorpresa del Summercase.
Todo empezó con una prueba de sonido realmente interesante. Todos haciendo bromitas y aplaudiendo al guitarra y a la batería, y resulta que eran los dos instrumentistas del grupo. Así cualquiera hace una prueba de sonido tan cojonuda, claro.
Pero lo mejor llegó cuando apareció Beth Ditto, llenando el escenario, y os aseguro que no es un juego de palabras. Llegó, dejó el bolso, se quitó los zapatos, empezó a lucir tatuaje en el brazo y dotes vocales y en menos de media canción ya nos tenía a todos en el bolsillo. Con unos modales próximos a los de Babes in Toyland o Sleater-Kinney, The Gossip hicieron todo un conciertazo de rock, contundente, catártico (las bajadas del escenario y arremangamientos de falda de Beth desataron el furor de todos los asistentes) y de los que hacen afición.
Después de la apoteosis, Beth se calzó los zapatos, cogió el bolso y desapareció por el backstage. Entretanto, una hora inolvidable.
Calificación: 8,5.

Y, por cierto, Scarlett no apareció por el concierto de Jesus and Mary Chain.
Para relajarnos un poco después de tanto exceso, nada mejor que un concierto atmosférico y tranquilito. Air cumplieron con creces, y nos regalaron un chill-out improvisado entre los matojos colindantes con la terminal Este (en la pista y en las gradas ya no cabía un alfiler). Túmbate en un terraplén, mira al cielo y, mientras ves las nubes pasar entre las hojas de los árboles, escucha "Cherry Blossom Girl" y déjate llevar. "Sexy Boy" y "Kelly Watch the Stars" sonaron simplemente perfectas y, por decir alguna maldad, Jordi y yo no dejamos de comentar que la estructura del concierto era clavadita a los de Massive Attack.
Calificación: 7,5.

Después del descanso, el derroche de fuerzas. Chk Chk Chk (visualícese como tres signos de cierre de admiración: Blogger no me deja ponerlos) protagonizaron el momento culminante de la jornada y demostraron que su nombre les viene corto: tendrían que llamarse Chk Chk Chk Chk Chk Chk Chk, como poco. Nick Offer es tan alto como Jarvis e igualmente espectacular, pero en otro registro. Vestido como un paleto de vacaciones por Europa, demostró que ni es un paleto ni estaba de vacaciones: estaba aquí para trabajar, sudar y hacernos sudar. Repasó sus dos álbumes, tal vez con alguna omisión destacable (eché en falta "Me and Giuliani Down By the School Yard"), pero con una coherencia y una contundencia admirables. Tardaré mucho tiempo en olvidarme de su funk rockero, con hasta cuatro percusionistas tocando a la vez y un cantante incansable e hiperactivo.
Calificación: 9.

Y, después del gran éxito, el gran chasco. A lo mejor era una cuestión de expectativas, o de planteamiento. Mi conclusión acerca del concierto de los Chemical Brothers es que no se puede analizar en términos de ver la botella de agua medio vacía o medio llena, sino de ver si la botella sólo tiene agua o, por el contrario, lleva otras sustancias. En mi caso, sólo llevaba agua; por tanto, sólo vi un concierto y un escenario. Y supongo que por eso me decepcionaron. Presiento que me perdí algo.
Otro factor estriba en que se centraron en presentar su último disco, We Are the Night, y prácticamente se olvidaron de sus clásicos (excepto "Hey Boy Hey Girl" y algunas ráfagas de "The Golden Path"). Fue un concierto de medios tiempos, más concebido como un espectáculo audiovisual que como lo que esperaba encontrarme: una máquina apisonadora, hora y media de baile inolvidable, un "Block Rockin' Beats" después de un "Galvanize", un "Let Forever Be" dándole paso a un "Elektrobank". Y no fue eso, ni siquiera en los bises. Y tal vez no tuviera por qué serlo.
Calificación: 7.

Así pues, nos fuimos relativamente decepcionados. En el punto de encuentro pudimos escuchar parte de la sesión que tenía lugar en la terminal Norte, la única que no habíamos pisado durante el Summercase, y mira, pinchaban temas de los míos: Eurythmics, Ramones, Rage Against the Machine... Y allí que nos quedamos un rato, antes de emprender la marcha, mientras amanecía sobre la cementera de Sant Adrià de Besós, una estampa casi ciberpunk que puso el broche de oro (involuntario, fuera de guión) a este Summercase 2007.

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sábado, 14 de julio de 2007

Crónica de urgencia del Summercase (viernes 13)

Como esta semana he actualizado poco, aprovecho para escribir una mini crónica en dos partes del festival musical Summercase, que durante este fin de semana se está celebrando de manera simultánea en Madrid y en Barcelona. ¿Cómo es posible simultanear un festival en dos ciudades? Fácil: el cartel del viernes 13 en Barcelona toca en Madrid el sábado 14, y el del viernes 13 en Madrid lo hace en Barcelona el sábado 14.
Llevaba cuatro años sin asistir a macrofestivales; en concreto, desde el Primavera Sound del 2003, cuando todavía se celebraba en el Poble Espanyol. Para mí era un lugar muy cómodo, porque podía regresar andando a casa. Aquella edición deparó momentos inolvidables, como los conciertazos bajo la lluvia de White Stripes, Mogwai y Sonic Youth. Muy importante.
Para esta ocasión, el cartel me resulta algo más ajeno. He perdido contacto con la música que se hace ahora, y en cierto modo quería saldar cuentas con grupos e intérpretes a quienes aún no había ido a ver en concierto, así como ver qué se está haciendo en estos momentos. El rollito festival me empezaba a agobiar hace unos cuantos años (no sé si porque me estoy haciendo mayor o qué), pero en general compensa. Te pasas el fin de semana la mar de entrenido, y, por mucho que vayas de un lado para otro durante dos noches seguidas y no tengas tiempo ni para mear (dicho sea esto de un modo casi literal), resulta mucho más agotador ir a una hispacón o una Semana Negra, por ejemplo. Al menos, en mi caso. Por lo menos, en un festival musical no me paso hablando veinte horas diarias.
Durante la jornada de ayer pude constatar varias verdades incómodas:
-Me faltan diez centímetros de patillas para estar a tono con el espectador medio del Summercase.
-Al no llevar gafas de pasta, la gente se me quedaba mirando.
-Mi camiseta negra de Sin City daba mucho el cante. Y no tengo polos a rayitas horizontales rojas y negras. ¡Cielos, esta noche volveré a dar el cante!
-Siguen estando plenamente vigentes las leyes de Murphy sobre Tíos Altos O Gilipollas (o ambas cosas) Que Se Ponen Justo Delante De Ti En Los Conciertos Que Más Te Interesan. Aunque, en los cuatro años transcurridos desde mi último macrofestival, he podido comprobar que existe un corolario a la citada ley. Además de tíos altos o gilipollas, existe un tercer tipo de espectador que, con una probabilidad cercana al cien por cien, te va a joder tu concierto favorito: el Tío Con Sombrerito A Lo Muchachito Bombo Inferno. Por supuesto, no existe ninguna incompatibilidad con las otras dos categorías, y es perfectamente posible que delante de ti se plantifique un Tío Alto, Gilipollas Y Con Sombrerito A Lo Muchachito Bombo Inferno.
Dicho esto, las posibilidades del Fòrum como lugar de celebración de eventos de estas características son harto interesantes. Los cuatro escenarios están lo suficientemente alejados como para que no se produzcan demasiadas interferencias entre conciertos, y lo suficientemente cerca como para que el desplazamiento de un concierto a otro sea rápido. Además, está alejado de lugares habitados, y el vientecito del mar ayuda a sobrellevar las calurosas noches estivales de Barcelona. Los lavabos son infectos, aunque sigo con la duda razonable acerca de si fui a mear a un lavabo portátil o a un montaje artístico de los que se suelen exponer en el MACBA.
Las colas para el acceso eran un desmadre a primera hora de la tarde. Álex y Nuria tardaron cerca de una hora en poder entrar al recinto. Jordi, Kaoss y yo tuvimos más suerte. De todos modos, eso de pasar tres controles de seguridad no termina de parecerme muy normal. Ni que hubiera amenaza de atentado de Al Qaeda, joer.
Las tiendas de mercadotecnia tampoco es que estuvieran muy bien surtidas. En un momento dado me planteé despojarme de mi camiseta negra friqui (insisto, iba dando el cante), y no hubo manera de pasar desapercibido, porque todas las camisetas eran tirando a espantosas. Tampoco había pelucas con flequillos y patillas.
Las colas para adquirir tickets de comida y bebida eran kilométricas, ya que no se permitía el acceso de comida desde el exterior, y las botellas sólo podían entrarse sin tapón. Visto lo cual, Jordi y yo nos pusimos las botas en un bar chinocatalán de los alrededores. Con decir que llegué a casa a las seis de la mañana, y no tenía ni pizca de apetito...
Los cuatro escenarios (o terminales) intentaban conciliar los gustos de los espectadores con las características de los conciertos a celebrar. De este modo, las terminales Sur y Norte son carpas de circo o de feria de abril, muy aptas para desvariar a altas horas de la noche, pero no cuando aún es de día y no cabe un alfiler. Es lo que sucedió en la terminal Sur durante el concierto de PJ Harvey: si estabas al aire libre, soplaba un vientecito muy rico; pero si te metías bajo la carpa, llovía sudor condensado. Por contra, la terminal Este era un escenario muy amplio, con gradas desde las que el público podía contemplar el concierto sentado y comiendo tranquilamente, reponiendo fuerzas de cara a los siguientes conciertos. En el centro, la terminal Oeste, donde tocan los platos fuertes.
En cuanto a los conciertos propiamente dichos, me da la impresión de que el cartel está muy descompensado: demasiados conciertos interesantes el viernes, y muy poquitos el sábado. Un espectador de Madrid supongo que dirá lo contrario.

Al llegar a las ocho de la tarde, me perdí a Hidden Cameras, uno de los grupos que tenía apuntados entre mis musts. Álex y Nuria contaron que había estado bien, y que, por supuesto, terminaron con su himno "Ban Marriage". Jordi, Kaoss y yo nos quedamos viendo a los Editors, un grupo razonablemente bueno que suena a Joy Division (vozarrón del cantante) y que supo graduar muy bien el repertorio, con un final de concierto espectacular.
Calificación: 6,5.

De allí nos fuimos a la terminal Sur, donde Guillemots estaban en un momento psicodélico distorsionador que nos mareó a los dos minutos. Seguimos el resto del concierto tumbados en el césped, y la verdad es que la cosa se tranquilizó y pudimos escuchar a un grupo con muy buenos fundamentos.
Calificación: 6.

Una de mis deudas musicales pendientes hasta ayer era no haber visto en directo a PJ Harvey. Ayer saldé la deuda, pero me fui con una sensación agridulce. La apuesta era muy arriesgada: Polly Jean tocó en solitario, sin ayudas, tan sólo con su presencia (aunque su modelito retro parecía más propio de Björk), su imponente voz y su repertorio prácticamente perfecto. El único precedente que recuerdo en un macrofestival fue Julian Cope en un Primavera Sound, y casi tuvieron que sacarlo a rastras del escenario. PJ Harvey comenzó de una manera arrolladora, tres canciones seguidas interpretadas con su guitarra y sus cambios de ritmo y de voz, y me emocioné tanto que incluso envié sms a amigos para compartir la magia del momento. Sin embargo, cuando se sentó al piano la cosa cambió radicalmente. Polly Jean se enredó y espesó, y me pasé el concierto a trompicones, arrastrado hacia dentro y hacia fuera a medida que se sucedían los cambios de instrumento. Hacia el final, lo arregló con una interpretación del "Rid of Me" que nos puso los pelos de punta a todos los asistentes. Como digo, la apuesta era muy arriesgada, y de haberle salido bien habríamos tenido uno de los conciertos del año. O puede que mis expectativas fueran demasiado elevadas. No sé.
Calificación: 7.

En este punto, comenzaron las dudas: ¿Astrud o Flaming Lips? Me decanté por los últimos: ya podré ver a Manolo y Genís en más ocasiones. El principio de los de Oklahoma fue desastroso, con una "Race for the Prize" que apenas tenía que ver con aquel arranque tan imponente de su obra maestra, The Soft Bulletin. Jordi y Kaoss estuvieron a punto de largarse, pero les pedí que se les dieran un margen de confianza de tres canciones. Bendita la hora. Wayne Coyne se entonó, empeñado en parecer una versión indie de Peter Gabriel, y la profusión de freaks bailando sobre el escenario llegó a resultar entrañable, a medida que el grupo se afianzaba sobre el escenario y los globos gigantes saltaban de un extremo al otro de las gradas. El punto culminante del concierto fue la diatriba contra George Bush y la canción que se sucedió a continuación. Flaming Lips remontaron, tras un inicio decepcionante, y dejaron buen sabor de boca.
Calificación: 7,5.

A continuación, uno de los conciertos de mi vida: Arcade Fire. El inmenso combo canadiense, que salió al escenario con sólo nueve de sus no sé cuántos componentes, ofreció un concierto sin una sola fisura. Con sólo dos discos, Funeral y The Neon Bible, ya tienen un repertorio lo suficientemente acojonante como para que uno eche en falta canciones en el directo. Derrocharon ganas, fuerzas, contundencia, actitud, ilusión y todo aquello que convierte a un artista en un Artista, y a un muy buen grupo en un grupo indispensable. Ellos encarnan a la perfección el concepto de conjunto o grupo, en el que la suma de las partes es más importante que cada una de ellas por separado. Así, son una máquina perfecta cuyas piezas pueden ser intercambiables (Régine tocó el acordeón, el harmonium, la batería, los teclados y cantó), Win cantó (y sudó) con una intensidad pocas veces vista sobre un escenario y nos convirtieron en un intérprete más. No cabía un alma, pero todos coreábamos (insisto, como un intérprete más) sus himnos, uno a uno, esos "Rebellion (Lies)", "The Neon Bible" o el colofón, "Wake Up", que nos levantó un palmo del suelo y nos hizo desear más, mucho más. El rock como comunión de masas, la pérdida de identidad individual para convertirte en miembro de un evento mucho más amplio e importante, el delirio ante unas canciones fabulosas y una interpretación -insisto- sin fisuras... Todo ello hizo de Arcade Fires los triunfadores de la noche. Tan sólo dos defectos alejaron al concierto de la perfección: uno, que el batería no acertó a recoger la pandereta la tercera vez que la lanzó al aire durante los bises; y el segundo, y mucho más grave: que el concierto terminó. No debería haber acabado. Deberíamos seguir allí, todavía, embelesados con el grupo de Montreal.
Calificación: 9,99.

Cualquiera iba a ver nada después de Arcade Fire. Pese a que Diego y Valentina nos habían recomendado que fuéramos a LCD Soundsystem, nos decantamos por un doble juego: empezar a ver a Bloc Party, y luego llegar mediado el concierto de LCD Soundsystem. Bloc Party estuvieron contundentes, sin contemplaciones, haciendo un rock con fundamentos y olvidándose de los temas más lentos, que, a decir de Kaoss, lastraron su actuación de hace unos meses en Razzmatazz. Mediado el concierto, Jordi y yo nos fuimos y, salvo que Álex, Nuria y Kaoss me digan que el guión cambió sustancialmente, lo cierto es que fue un muy buen concierto.
Calificación: 8.

LCD Soundsystem
llenaron a reventar la terminal Sur, de modo que decidimos escucharlos desde el césped. Lógicamente, no fue lo mismo, pero llegaron claros los compases de "Daft Punk Is Playing At My House" y toda la fuerza del grupo de James Murphy. Hubiera estado bien meterse allí... si hubiera cabido un alfiler.
Sin calificar. (Intuitivamente, supongo que le hubiera puesto un 8.)

Scissor Sisters dieron un conciertazo. Si nos los tomamos como una sabia combinación de lo mejor de la música dance de los años setenta con el estado actual de las cosas, nos encontramos con que Scissor Sisters son tal vez el grupo que mejor capta la esencia de este confuso comienzo de década, siglo y milenio. Más allá de la estética y de sus influencias (David Bowie suplantando a los chicos de Abba y cantando con el falsete de los Bee Gees), Scissor Sisters dieron un espectáculo irreprochable, entablaron una comunicación real y sincera con el público, chapurrearon algunas frases en español (la más destacable: "Mi vagina es sussia"), jugaron con nosotros como quisieron y nos hicieron bailar y cantar. Cierto es que, como apuntaba Álex al final del concierto, les falla un poco el repertorio (que tal vez no dé para hora y cuarto de concierto manteniendo el nivel), pero las ganas de cachondeo y bailoteo no decayeron en ningún momento. El calvo que hizo Jake Shears, pese a ser el momento "comentable" de la noche, no fue ni mucho menos lo más espectacular. Ana Matronic también estuvo inmensa.
Calificación: 8,5.

Esta noche, más. El cartel está más relajado, pero sólo en el sentido de que no hay tantos grupos de relumbrón y va a ser más fácil elegir. En principio, empezaré con Jarvis Cocker (si no llego antes, a Soulsavers con Mark Lanegan), continuaré con Jesus and Mary Chain (corre el rumor de que "Just Like Honey" contará con la voz invitada de Scarlett Johansson), me solazaré con Air y reservaré algo de fuerzas para la traca final: !!! y Chemical Brothers.
A ver qué tal se da la segunda jornada. Seguiremos informando.


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lunes, 9 de julio de 2007

Ganadores del premio Xatafi-Cyberdark 2007

Tal como anuncia Fidel Insúa en su blog, el pasado sábado se dieron a conocer las obras ganadoras de la segunda edición de los Premios Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica 2007.

El acta del jurado es la siguiente:

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La Asociación Cultural Xatafi en colaboración con la tienda on-line Cyberdark.net tiene el placer de dar a conocer a los ganadores de los Premios Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica 2007, concedido a las mejores obras de literatura fantástica, ciencia ficción y terror editadas el año anterior, según el criterio de un jurado compuesto por Ignacio Illarregui Gárate, J. Fidel Insúa, Cristobal Pérez-Castejón, Juan Manuel Santiago, Javier Vidiella, Mariano Villarreal y Arturo Villarrubia.

Ganador en la categoría de INICIATIVA EDITORIAL:
- Planeta-De Agostini, por «Biblioteca de Ciencia Ficción», de distribución en quioscos.

Ganador en la categoría de RELATO EXTRANJERO:
- "Aprendiendo a ser yo", de Greg Egan (Axiomático, AJEC).

Ganador en la categoría de LIBRO DE FICCIÓN EXTRANJERO:
- Kafka en la orilla, de Haruki Murakami (Tusquets).

Ganador en la categoría de RELATO NACIONAL,con un premio de 150€:
- "Huerto de cruces", de Santiago Eximeno (Paura 3, Bibliópolis).

Ganador en la categoría de LIBRO DE FICCIÓN ESPAÑOL con un premio de 350€:
- Parientes pobres del diablo, de Cristina Fernández Cubas (Tusquets).

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Para mí ha sido todo un placer participar como jurado en esta edición del premio. Asistir de primera mano a los entresijos de un premio es una experiencia interesantísima, tanto en la fase previa (con la propuesta de obras nominables, y las defensas de cada una de ellas) como en la fase definitiva, especialmente en las categorías más reñidas, en las que todos los jurados exponen sus argumentos, pros y contras, y uno sale con la impresión de que ha aprendido un montón sobre crítica y literatura.

En cuanto a los ganadores, creo que el listado se corresponde con lo que fue el año 2006 en el terreno fantástico. Recomiendo muy especialmente la recopilación de relatos de Cristina Fernández Cubas: le sorprenderá a más de uno. Es una autora muy reivindicable, poseedora de una trayectoria literaria muy sólida en el campo del relato breve, y resultaba un tanto incomprensible que su obra no hubiera llegado a los lectores especializados en literatura fantástica, terreno en el que se ha desarrollado la mayor parte de su producción. En estos momentos, en que el lector de fandom está más abierto que nunca a los autores que practican buena literatura de género sin importarles su procedencia, este premio puede ayudarlo a situar a Cristina Fernández Cubas en el lugar que merece, junto a José María Merino, José Carlos Somoza o Pilar Pedraza. Por decirlo con claridad, "La fiebre azul" es uno de los mejores cuentos españoles de terror de los últimos años.

La categoría de mejor iniciativa editorial refleja el estado actual de la edición especializada: esperanzador, lleno de iniciativas interesantes. Planeta De Agostini se ha llevado el premio gracias a una colección para quioscos prácticamente irreprochable, que tal vez no llegue a alcanzar las cotas de ambición y de proselitismo de la Biblioteca de Ciencia Ficción de Orbis, pero que, a su manera y para los tiempos que corren, es la mejor herramienta de que disponemos para captar a nuevos lectores.

El premio a Santiago Eximeno confirma su buen estado de forma (nada menos que dos relatos finalistas) y tal vez resulte el mejor indicador del estado de las cosas de cara a la próxima votación de los premios Ignotus. Al mismo tiempo, confirma que las antologías Paura han acabado con todos los prejuicios existentes contra la literatura de terror, al tiempo que confirman un florecimiento de este género en España. (También los relatos de Cristina Fernández Cubas están adscritos a la temática terrorífica.)

En cuanto a las categorías «extranjeras», poco que añadir. La novela de Murakami ha arrasado en la fase final, pese a tratarse de una obra relativamente menor dentro de su producción: Murakami es mucho Murakami, incluso cuando no está en plenitud de facultades. Es una obra difícil, que habría que degustar con calma, pero resulta tan adictiva que se termina leyendo de un tirón.

Otro tanto cabe decir de los cuentos de Greg Egan, cuya recopilación emblemática aparece en el palmarés gracias al mejor relato que aún quedaba inédito en España: "Aprendiendo a ser yo". Una precisión: ya había aparecido en un número del fanzine argentino Cuasar, pero las bases especificaban que debía tratarse de relatos publicados en España.

Todos los libros y relatos premiados son muy recomendables. Tal vez no quepa hablar de la excelencia de la cosecha del 2005, pero ha sido un año muy interesante. Decidir los finalistas y ganadores ha sido un verdadero suplicio, porque creo que todos los jurados hubiéramos concedido algún que otro ex aequo de buen grado. No podemos olvidarnos de grandes títulos, como las novelas de David Mitchell o Ian McDonald, la antología «franquista» seleccionada por Julián Díez o los relatos de Raphael Carter, Robert Silverberg, Cristina Fernández Cubas y Eduardo Vaquerizo. Pero sólo puede haber un ganador por categoría.

Sé que en su momento prometí ir reseñando las obras finalistas, pero al final me pudieron la pereza, la falta de tiempo y la sensación de que los posts más «literarios» no terminan de cuajar en el blog. En todo caso, tengo intención de hablar de algunos de los títulos más importantes del año pasado, ya sea en este blog, ya sea en publicaciones como Hélice. Permaneced a la escucha.

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jueves, 5 de julio de 2007

En attendant Woody Allen

No podía ni imaginarme el revuelo que se iba a organizar con la estancia de Woody Allen en Barcelona, con motivo del rodaje de su próxima película. La gente sale a recibirlo adondequiera que va, no se habla de otra cosa que de los ojos de Scarlett Johansson y las canas del genial director neoyorquino y, en resumen, parece que al barcelonés medio el seny se le ha ido al carajo, y ya no le importan la derrota del Barça frente al Real Madrid en las pasadas ligas de fútbol y baloncesto, ni las recientemente arrancadas transferencias en materia de gestión de aeropuertos y trenes de cercanías (que a mí, personalmente, me parecen más una putada que un regalo de Madrid), ni de las broncas internas de Ciutadans per Catalunya y Esquerra Republicana de Catalunya. En resumen, Barcelona, ciudad cosmopolita donde las haya, espejo en el que se miran miles de japoneses amantes de la obra de Gaudí, sólo tiene ojos para las andanzas y paseítos de Woody Allen, Scarlett Johansson y Javier Bardem. Ni siquiera durante el rodaje de El perfume recuerdo tal revuelo: sólo noté que una noche iba paseando por el Gòtic y no pude pasar a la plaza de Sant Felip Neri, una de mis favoritas de la Ciudad Condal, porque estaban rodando una escena. Y aquello fue todo. Pero esto ha desbordado todas las expectativas.

Doy fe de ello, porque el otro día, mientras paseaba por las inmediaciones de la Villa Olímpica, me crucé con un grupo de curiosos y vecinos que estaban esperando la aparición de Woody Allen. Al final se quedaron un poco decepcionados, porque el director estadounidense pasó de largo, en vez de detenerse a departir con ellos y sacarlos de extras en la peli.

Pero basta de cháchara. Mejor que lo veais por vosotros mismos.



Y a lo que iba: que conste que Woody Allen me encanta, que es uno de mis directores favoritos y que le perdono deslices como la tontísima Scoop: sigue siendo el autor de Zelig, Manhattan, Annie Hall, Hannah y sus hermanas, Match Point, La Rosa Púrpura de El Cairo, El dormilón y Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero no se atrevía a preguntar.



Pero el espectáculo mediático-paleto que están montando a costa de su presencia en Barcelona me parece innecesario y de mal gusto. Como si no hubiera otros problemas en la ciudad. La vivienda y RENFE, sin ir más lejos.

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lunes, 2 de julio de 2007

Otro blog...

...y con este ya van cuatro.
Durante los últimos días del máster surgió la idea de realizar un blog conjunto, para seguir en contacto después del fin de las clases, pero también para traficar con información valiosa sobre el mundo editorial y todo aquello que nos une: comida, libros y rocanrol.
Como coña particular, estaba clarísimo desde el principio que el nombre debía contener las palabras Bodoni y Blog y, obviamente, los contenidos tenían que estar escritos en letra Bodoni.
El resto ya lo iremos improvisando. La idea es que los dieciséis compis de máster seamos administradores y actualicemos cuando nos venga en gana, con los contenidos que nos apetezca.
La idea, como digo, es mantener en contacto a un grupito de amigos, pero también darle un poco de vidilla para todos aquellos interesados por el negocio editorial, los libros y lo que se tercie.
Seguro que va a estar divertido.

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