jueves, 28 de septiembre de 2006

Buscando el sol de medianoche en el fondo de mi corazón

La música genera estados de ánimo. Te recluyes en las tinieblas de tu habitación, apagas las luces, pones en marcha el reproductor, te conectas los cascos y, a medida que todo se oscurece a tu alrededor, los contornos de la realidad se difuminan y el sol y la luz crecen en tu interior. Todos tenemos música para escuchar con determinados estados de ánimo. Nadie en su sano juicio puede dejar de animarse si escucha a Madness o los Ramones o sentirse apalizado hasta que duele y afloran las lágrimas si suenan las tres últimas canciones del Berlin de Lou Reed.
A veces, la música te transporta a esos mundos interiores por sí misma: es ella la que genera los estados de ánimo. Pero en ocasiones nos dejamos guiar por la experiencia: una melodía vinculada a una persona concreta, una canción que asociamos a una época o una situación, una sintonía que nos remite a una serie... En esas ocasiones, nuestras defensas y muros racionales ceden ante la capacidad de evocación de los sonidos y lo que implican, y nos vemos arrojados a según qué mundos; generalmente, mundos interiores. A veces, universos enteros.
Hay muchas canciones que generan estos estados de ánimo en mí, pero, como todo en esta vida, voy por rachas. Hubo una época en que la banda sonora de mis depresiones consistía en escuchar el Horses, de Patti Smith; otras veces, ponía el Closer de la Joy Division. Recuerdo haberme inducido estados de euforia con el Ritmo de garaje de Loquillo y Trogloditas, pero también con los Pixies y Le Tigre.
Con todo, en los meses previos a la invención de este blog, algo afloró en mí. El recuerdo de un grupo al que hasta entonces no había prestado demasiada atención, y al que tenía asociado con los últimos meses en que Aleix permaneción en la casa de la calle Arizala: Sígur Ros. El post-rock se fue adueñando de mi corazón: por un lado, tiene una capacidad intensa de evocación; por otro, sus tonalidades suaves permiten escribir de manera indefinida, tal vez poseído por un embrujo no del todo inconsciente.
Desechado el ilustre precedente de Tortoise (tosto-noise, los llamaba en su época), los prejuicios se me quitaron con Mogwai, que se me incrustaron durante un Primavera Sound y un mes de locos (de mediados de mayo a mediados de junio del 2003), y terminé con relacionarlos con la muerte: la del padre de Emmanuel, y otra mucho más cercana, anunciada durante meses pero que finalmente no llegó a producirse; ni lo ha hecho. Cuando Aleix, Emmanuel y yo bailábamos medio borrachos (en promedio) en el Poble Espanyol, bajo el mayor chaparrón que me ha caído en un concierto, ellos no sabían que yo lloraba por la noticia que mi hermano me acababa de transmitir, ni que Emmanuel iba a hacerlo un mes después, pero con motivo; ni que, un año después, Aleix iba a encerrarse en su habitación durante horas, noches enteras, para intentar estudiar o diseñar, hasta arriba de hachís y dudas, hasta decidir que se iba de la casa, y que parte de aquella decisión fue tomada bajo el influjo casi obsesivo de Mogwai y Sígur Ros.
El Rock Action de Mogwai es uno de mis discos de cabecera desde entonces, y ha marcado el primer año de estancia en Barcelona, junto con A Rush of Blood to the Head, de Coldplay, Una semana en el motor de un autobús, de Los Planetas, Ladies and Gentlemen, We Are Floating On Space, de Spiritualized y Deserter's Songs, de Mercury Rev, por poner otros cuatro ejemplos que me vienen ahora mismo a la memoria.
Caso contrario es el de ( ), de Sígur Ros. En su momento (año 2002), no le hice ni caso. Cuando Iván y Ángel, mis camellos de música del G4 bibliotecario, comentaban que iban a asistir a un concierto de los islandeses en Madrid, invariablemente me ponía a ironizar: "Tened suerte y no os caigáis dormidos", les decía. Tal vez se debiera a que no se puede tomar al pie de la letra todo lo que se lee en el Rockdelux, o acaso los hubiera escuchado sin prestarles demasiada atención, pero no me mataban. Casi prefería a múm, mucho más fáciles de escuchar y asimilar, o, aunque no sea post-rock, a Björk y su Vespertine, con esas "Cocoon", "Pagan Poetry" o, sobre todo, "Frosti", que me trasladaban a un mundo de eriales inmensos en medio de glaciares, fuerzas telúricas descontroladas, una especie de plasmación en música de un cuadro de Friedrich, acaso un canto a lo ancestral. El vikingo que pasea cauto y asombrado por un mundo recién descubierto que sólo puede ser el Infierno o un escondite de los dioses. El colono que, después de ver cómo una edad de hielo en miniatura lo ha expulsado de las tierras verdes del norte, tiene que cruzar el mar, regresar a la Islandia de sus abuelos y conformarse con malvivir roturando terrones de hielo y esquejes raquíticos que no alcanzan a alimentar su rebaño de ovejas, antes de decidirse por la pesca del bacalao. El monje irlandés solitario que buscaba la isla de San Brandán y se da a la vida anacoreta. Lo viejo y lo nuevo. La frontera de lo humano con lo desconocido. múm me acercan a esa sensación y me enseñan a seguirla (como quien se ase a la aleta caudal de un delfín que nos ha de mostrar las maravillas submarinas que no vemos desde el barco), Björk me sumerge de pleno en ella, y Sígur Ros hacen que no quiera regresar a mi mundo.
Y así, escucha tras escucha.
Decir que el ( ) de Sígur Ros es un disco atmosférico es quedarse corto: los islandeses inventan una atmósfera y la terminan convirtiendo en tu única realidad.
Supongo que si estás hasta arriba de porros, como era el caso de Aleix, el efecto se multiplica. Tomando drogas para hacer música para tomar drogas. Es el título de un disco de Spacemen 3; pero, como no son islandeses, no hablaré de ellos en esta ocasión. Otro día, tal vez.
El caso es que mientras Aleix maduraba la decisión de irse de casa (impulsado en buena medida por las broncas que yo le metía, cada vez más frecuentes y subidas de tono), había noches enteras en que el único sonido que nos llegaba de su habitación era el del ( ), de Sígur Ros. Y, poco a poco, empecé a entenderlo. Y comprendí la intención de Jónsi y demás.
Por eso, cuando me decidí a abrir este blog y me pasé todo un mes (diciembre del 2005) escribiendo las primeras anotaciones, con las que pensaba ir actualizando durante los meses de enero y febrero, Sígur Ros se convirtieron en mis principales y casi únicos acompañantes. Con ellos, alcanzaba el estado en el que te sumerges cuando estás bajo los efectos de la hipnosis que te puedan inducir en una terapia cognitiva, o la sensación de plenitud y atención que alcanzas cuando realizas una meditación zen satisfactoria. Y, gracias a ellos, me liberaba de este mundo, me adentraba en mi espacio interior y escribía, sin importarme ninguna otra cosa. Me dejaba llevar.
Pero di otro paso: buscar vídeos de Sígur Ros. Y descubrí que había otras historias en esas canciones. Historias de frustraciones: al igual que me sucedía cuando recurría a ellos para aislarme y escribir, las imágenes de aquellos vídeos nos muestran cuerpos prisioneros e incapaces de cumplir sus deseos: de ahí que casi todos ellos empiecen con primeros planos de pies o calzado. Represión. Infancia.
La infancia es un tema recurrente en los videoclips de Sígur Ros.
En "Vidrar vel til loftarasa" se nos muestra una Islandia profunda, tal vez en los años sesenta, en la que las víctimas son dos adolescentes que juegan con muñecas. La metáfora es evidente, y se explicita hacia el final. Es una sociedad que no puede admitir la homosexualidad de su héroes. La contraposición entre fútbol (juego viril por antonomasia) y las muñecas arrojadas a un río en deshielo es brillante, así como la expresión del padre, que pasa sin transición de la euforia al escándalo más absolutos. La melodía se distorsiona y rompe a medida que el drama da paso a la tragedia. La vida puede ser una orquesta sin director, una nave desafinada a la deriva.



No obstante, siempre hay lugar para la armonía. Si en la canción anterior la situación ideal (un gol salvador que convierte en héroe al niño que juega con muñecas) da paso a la peor pesadilla del padre del héroe, en "Glósóli" partimos del desequilibrio (el niño tamborilero ha perdido el sol, y sale en su búsqueda) hasta alcanzar la paz total (lo consigue). La estética, muy deudora de J. M. Barrie y su Peter Pan, también nos habla de un mundo postcatástrofe, o de una metáfora. ¿Qué persigue este niño? ¿Por qué convoca a los otros niños descarriados que va encontrando en su camino? ¿Qué extrañas dotes de liderazgo posee? ¿Qué les ha dicho o prometido para que lo sigan tan ciegamente hacia un desenlace que sólo puede producirse si se tiene fe? "Glósóli" puede ser un canto a la libertad (privémonos por fin de las ataduras de lo material), un remedo infantil de Mad Max (la imagen de los niños intentando quemar coches abandonados), la historia de un primer amor (la aparición de la niña morena, de belleza casi imposible, parece puro Bergman) o una tomadura de pelo: los componentes del grupo estaban de gira mientras se rodaba este videoclip, no lo supervisaron y terminaron renegando del mismo. Para mí se trata de un inmenso error: es una de las creaciones audiovisuales más hermosas que he visto en mucho tiempo. Es, en sí misma, una gran historia. Por cierto: "Glósóli" significa "sol resplandeciente" en islandés.



La alegría de vivir es el asunto básico del que trata "Hoppípolla" ("Saltando en los charcos"). La canción ha entrado en listas de venta de Gran Bretaña, y supongo que no tardará en hacerlo en España, dado que la están utilizando como cortinilla en una cadena televisiva. Lo grandioso de estos niños es que son ancianos, pero se comportan como si tuvieran siete años: saltan en los charcos, llaman a los timbres y salen huyendo, roban golosinas en las tiendas, luchan con globos de agua y espadas de madera y se asustan cuando un miembro de la pandilla se lastima. Otra historia conmovedora.



Aunque no tanto como el último videoclip, mi favorito de Sígur Ros. Corresponde a la primera canción de ( ), un album sin título cuyas canciones tampoco tienen títulos. Por no tener, no tiene letras inteligibles: está cantado en hopelandish, un idioma inventado. El título provisional de esta canción era "Vaka", por la hija de uno de los miembros del grupo. Crea la atmósfera necesaria para engancharse al mundo que nos muestra Sígur Ros, y no querer apearse hasta pasadas dos o tres escuchas seguidas de todo el disco. El tercer y cuarto cortes marcan el punto culminante de ( ), pero este primer tema hace posible el milagro de entrar, mirar y buscar mundos nuevos en el fondo de nuestros corazones.
El piano entra, majestuoso, mientras vemos a unos niños que salen al patio del colegio. Pero lo que hay fuera es un mundo postcatástrofe, un apocalipsis nuclear con nieve negra, cenizas bajo un sol rojo. La imagen de los niños que no dejan de serlo, que juegan pese a heredar un mundo en descomposición que tal vez no lleguen a disfrutar, que chillan y disfrutan enfundados en una careta antigás, es uno de los momentos más bellos de la historia de los videoclips. Y nos recuerda, nuevamente, que la felicidad, la juventud y las ganas de vivir están dentro de uno mismo. Que todos llevamos un sol de medianoche en el fondo de nuestros corazones. Y que si nos descuidamos y entramos en contacto con el mundo real, la atmósfera exterior, nos arriesgamos a perderlo todo. A no ser nosotros. A no ser.


martes, 26 de septiembre de 2006

De Isabel y Fernando el espíritu impera

Se veía venir. Una cosa es que el principal partido conservador del Estado se deje llevar por sus opiniones democristianas (legítimas, como toda ideología democrática), y otra bien distinta es que a Aznar se le vaya la pelota de la manera en que se le ha ido en la última conferencia que pronunció el otro día en Washington.
El enlace, aquí. Leí la noticia en el siempre recomendable blog de Nacho Escolar.
El texto de la noticia es el siguiente:


PABLO PARDO

WASHINGTON.- El ex presidente del Gobierno, José María Aznar, se preguntó el jueves por qué existe un doble rasero en las relaciones entre Islam y Occidente algo que, según él, ha quedado de manifiesto durante la controversia por las declaraciones del Papa Benedicto XVI.

"¿Cuál es la razón por la que Occidente siempre debe pedir perdón y ellos nunca? ¡Ellos ocuparon España durante ocho siglos!", dijo Aznar en una conferencia pronunciada en el Hudson Institute, un 'think-tank' conservador de Washington.

Aunque se autodefinió como un "optimista", Aznar describió un panorama preocupante en las relaciones entre Occidente y el mundo musulmán, en buena medida por lo que consideró falta de liderazgo político. "Podría darles los nombres de varios líderes occidentales que no creen en Occidente", dijo.

En este sentido, el ex presidente español calificó la Alianza de Civilizaciones promovida por el actual Gobierno —y que cuenta con el respaldo de, entre otros, la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice— de "estupidez".

"¿Qué significa Alianza de Civilizaciones? ¿EEUU o la UE deben estar en una alianza con el régimen de los ayatolás iraníes? ¿Cómo es posible una alianza cuando nosotros defendemos los derechos de los hombres y las mujeres y el mundo musulmán defiende lo contrario?", se preguntó.

'Soy partidario de Isabel y Fernando'

Aznar fue más específico cuando una de las asistentes al acto le interrogó acerca de la actitud de España, un país que, según la interviniente, "fue el primero de Occidente en ser atacado por el Islam" cuando el reino visigodo de Don Rodrigo fue conquistado por los musulmanes en el año 711. "Debo decir que yo soy un partidario de Isabel y Fernando", afirmó Aznar, en referencia a los Reyes Católicos, que conquistaron el último reino musulmán en España en 1492.

El ex jefe del Gobierno español insistió en que el peso de siglos de enfrentamiento con los musulmanes hace que la opinión pública española sea consciente del peligro islámico, a pesar de que éste es ignorado por el actual liderazgo político. "Los españoles saben esto muy bien. Otra cosa es la respuesta del actual Gobierno".

Otro frente de batalla para Aznar es la inmigración, ya que es muy difícil imaginar "un país en el que la población nacional está envejeciendo y llegan inmigrantes de países musulmanes cuya integración es muy difícil".

El ex presidente del Gobierno se definió a sí mismo como "un ciudadano privado, más o menos", lo que provocó risas en una parte del público, e insistió en que "necesitamos reconstruir Occidente". Aznar explicó que ésa es una tarea en la que está comprometida "mi fundación, mi 'think-tank' en Madrid", presumiblemente en referencia a la Fundación para el Análisis de los Estudios Sociales (FAES).

En su intervención, Aznar recalcó la importancia de que Occidente mantenga sus valores, con un tono similar al del rearme moral lanzado por el entonces presidente de EEUU, Ronald Reagan, en la década de los ochenta. En su opinión, ése es un punto clave, ya que "nos encontramos en un momento de guerra en el que es o nosotros o ellos".

Aznar explicó que "nuestros valores son los mejores del mundo", dijo, en referencia a los ideales democráticos y de igualdad de Occidente frente al Islam radical. Un Islam radical que "está fijando la agenda mundial", y que ha llevado incluso "a que Marruecos, un país teóricamente moderado, haya retirado temporalmente a su embajador del Vaticano" como consecuencia de las palabras de Benedicto XVI. Para el ex presidente español, "hay que combatir el relativismo y defender los valores familiares", ya que ésa "es la batalla más importante. Y yo estoy aquí para defender esos valores".

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Vaya, un iluminado.
No contentos con esta conferencia, y la controversia subsiguiente, Eduardo Zaplana ha acudido en defensa de su ¿ex? jefe, en los siguientes términos:

Zaplana defiende a Aznar por pedir a los musulmanes que se disculpen por la conquista de España

El expresidente del Gobierno se refirió así a la controversia por las declaraciones del Papa

EFE
MADRID



El portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, ha lamentado que se "persiga" a José María Aznar "por lo que dice y por lo que opina en un momento determinado y a miles de kilómetros de España", cuando otros expresidentes de Gobierno "tienen visitas o relaciones más polémicas y comprometidas".

Zaplana se ha referido así a las declaraciones de Aznar en un centro universitario de Washington, en las que apuntaba que mientras se escuchan peticiones para que el Papa pida perdón por sus palabras sobre el Islam, aún no ha oído "a ningún musulmán que pida perdón por conquistar España y estar allí ocho siglos".

Zaplana ha recordado que las opiniones de Aznar se realizaron en un "foro académico" y ha destacado –en alusión al viaje de Felipe González a Irán-- que otros expresidentes "no se sabe si a título personal o en representación de alguien" tienen visitas más comprometidas y polémicas.
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Con lo que, llegados a este punto, uno se pregunta si habrá algo de verdad en el discurso actual del Partido Popular, en cuyo caso podemos aprovechar este blog para convocar las siguientes movilizaciones por otras tantas causas justas:

-Convoco una manifestación en la garganta del Olduvai, para exigir la repatriación inmediata de todos los descendientes directos de Lucy que hayan cruzado el estrecho de Gibraltar sin papeles. Sería una petición con efectos retroactivos; de ochocientos mil años para acá, pongamos por caso.

-Luego podríamos iniciar un conflicto diplomático con Italia, hasta que su Gobierno pida perdón por la ocupación romana que tuvo lugar en España durante más de medio milenio... Porque, veamos, ¿se puede saber qué nos han dado los romanos?

-Por supuesto, la cosa no acabaría ahí. Hay que reclamarle a Alemania, no sólo la devolución de Endesa (si prospera la OPA de E.On), sino la invasión visigoda. Hasta ahí podríamos llegar.

-Y, por último, hay que exigirle un comunicado a los Estados Unidos en el que se retracte por la guerra de Cuba... Bueno, no, igual eso no, que José Mari se quedaría sin trabajo, y no queremos que nos prive de sus geniales ocurrencias.

Firmas, en el apartado de comentarios.


(Gracias a Rafa Marín por la ilustración. Y, porfa, utilízala para promocionar Juglar, que está a punto de salir al mercado y que vais a comprar todos en cuanto salga. Porque está muy bien y lo digo yo.)

viernes, 22 de septiembre de 2006

Artistas del hambre

Siempre me ha gustado la cafetería de la Filmoteca Española, con su arquitectura modernista, ese porte de cine construido en una época que ya no volverá, la cómoda distribución de espacios, el ambiente que se respira mientras ves las colas de acceso a las salas (formadas por intelectuales y medio indigentes) y ese balconcito abierto al escaparate de la librería. Tomando un café allí, te sientes en el epicentro de la vida cultural española, o bien encuentras cobijo si te sorprende una tromba de agua camino de las zonas de bares de Huertas y Lavapiés.

Mi época de frecuentador de la Filmoteca fue breve, apenas mis años universitarios. Eran los tiempos en que empezaban a cerrar los cinestudios (el Griffith, el Fantasio, el Duplex…), despuntaban las televisiones privadas (y, con ellas, el final de la programación de cine clásico en horarios razonables) y, en resumen, la Filmoteca se estaba convirtiendo en la única sala madrileña que ofrecía cine de calidad a precios razonables. Allí descubrí una cantidad innoble de películas de visionado obligado, desde Andrei Tarkowski hasta Iván Zulueta. Y pude revisitar en pantalla grande otras cintas que se contaban entre mis favoritas pero que hasta entonces no había podido degustar en condiciones, pues la televisión hacía que se perdiera parte de su grandeza. En la sala de verano de la terraza de la Filmoteca podías ver La edad de oro, de Luis Buñuel, y reirte a mandíbula batiente de su iconoclastia. También podías olvidarte del aparato de traducción simultánea y verte condenado a asistir a la proyección de una película alemana en versión original.

Como digo, esa etapa cinéfila de calidad duró relativamente poco. Mis años de opositor la cortaron de raiz. Y, cuando volví (en contadas ocasiones), ya no era lo mismo. Las luces de la sala principal ya no se iban apagando de manera tenue, a manera de recordatorio de que nos adentrábamos en un mundo de sueños y fantasía. La terraza de verano dejaba de funcionar. Algunas de las salas de la planta inferior, también. El programa empezaba a perder interés, tal vez por la inclusión de demasiadas películas de actualidad.

Esto sucedió una tarde de día laborable, durante el periodo de transición entre mis etapas de asiduo de la Filmoteca y mero espectador ocasional. No recuerdo los detalles, pero lo más probable es que Alfredo Lara (actual director de la colección de novela histórica de Valdemar y copropietario de la librería Opar) acabase de cerrar la caseta 24 de la cuesta de Moyano y estuviéramos dando un rodeo por la calle de Atocha (tal vez por Santa Isabel) antes de bajar hacia su casa de la calle de Argumosa, en el corazón de Lavapiés. O tal vez me lo encontrara por casualidad mientras me dirigía a utilizar el ordenador en la casa en que vivía mi padre por aquel entonces, en el tramo inferior de la calle de Atocha, y decidiéramos tomarnos un café allí.

El caso es que Alfredo y yo estábamos, como siempre, hablando hasta los codos. Tal vez el tema de conversación fuera el siguiente número del fanzine Opar, que Alfredo dirigía con entusiasmo conmovedor, o alguna lista de recomendaciones literarias, que seguramente abarcaran desde Thomas Burnett Swann hasta Concha López Narváez, pasando por Wilbur Smith, Pilar Pedraza y Dorothy M. Johnson. En un momento de la charla, Alfredo miró hacia un punto situado a mis espaldas, esbozó un saludo e hizo ademán de levantarse. No le hizo falta, porque ella se sentó con nosotros.

Era frágil y anciana, vestidos demodés, el cabello recogido con un turbantito a lo Simone de Beauvoir. Manchas delatoras de que las primeras acometidas de la vejez llegaban a aquellas manos suaves y blandas. Cutis terso, con menos arrugas de las que le correspondían. Cigarrillo de boquilla encendido. Volutas de humo dispersándose entre la luz otoñal del atardecer, rayos de sol que se posaban en el montoncito de programas de mano del mes anterior, aún sin retirar.

A continuación, un diálogo que no podría reproducir aunque quisiera, lleno de requiebros y juegos con el lenguaje (Alfredo, además de ocurrente, es una de esas personas a las que da gusto escuchar), el equivalente en palabras a una cantata de Bach o una columna salomónica de la basílica de San Pedro. Yo asistía entre extasiado e intrigado. ¿Qué hacía Alfredo hablando con una mujer de esa edad, que parecía estar allí únicamente por obra y gracia de la apertura de una puerta espacio temporal que la hubiese arrojado allí desde las tinieblas del Madrid bohemio de los años cuarenta y cincuenta? Tal vez fuera una clienta; acaso una marquesa, y Alfredo podía estar buscándole los escasos tesoros bibliográficos que faltarían en su (a buen seguro) nutrida biblioteca particular.

Alfredo se ofreció a pedirle un café en la barra. Me dejó a solas con ella.

Y entonces, como si el mismísimo Sauron hubiese reparado en mi existencia y me iluminase con su monumental Ojo, la mirada de aquella anciana se posó sobre mí.

-¿Y tú? Cuéntame algo acerca de ti. ¿Qué tienes que decirme?

Lo dijo con una dulzura y una educación que no dejaban lugar a dudas: no sólo era una marquesa, sino que pertenecía a otra época. Un anacronismo.

¿Qué podía contarle acerca de mí a aquella mujer? ¿Qué era un licenciado en Historia sin oficio ni beneficio, a punto de embarcarme en la preparación de unas oposiciones, el mayor error de mi vida? ¿Que quería ver todas las películas del mundo, leer todos los libros, escribir todas las novelas? ¿Que una vez estuve a punto de tener un gato azul y otro gris?

Me quedé petrificado, como un conejillo asustado presa del hechizo lanzado por una cobra. Y respondí lo que me salió del alma:

-Nada. No se me ocurre nada que contar.

Y su respuesta, tan sosegada que el fondo de tragedia que exudaba me resultó más humillante aún, fue:

-Alguien tan joven como tú, y no tiene nada que contar. ¿No es terrible?

El silencio que sobrevino a continuación duró poco, gracias a la aparición providencial de Alfredo. Continuaron con la charla apenas cinco minutos, y cuando ella se levantó, nos ofreció la mano con gesto e intención inequívocos de que se la besáramos.

Transcurridos unos segundos de cortesía, Alfredo me contó quién era aquella mujer.

-Es (nombre), una cocotte de lujo del Madrid bohemio de hace unas décadas. Es un personaje muy popular en esos círculos. Como no tiene ni un duro, sus amigos organizan todos los años una subasta, en la que ponen a la venta sus obras de arte. Con el dinero recaudado, ella tiene para ir viviendo hasta el año siguiente.

La historia se me quedó clavada en el corazón. ¿Aún había gente que vivía así, de la caridad, de la amistad, el honor y el recuerdo de una época en blanco y negro o tecnicolor? ¿Indigentes con boa de visón, cigarrillos de boquilla y olor a cuplé y casa de citas de la calle de las Naciones? ¿Cadáveres andantes de la época en que Madrid era una ciudad con un millón de cadáveres (según las –por aquel entonces- últimas estadísticas)? ¿Los aspirantes a poeta llevaban bajo el brazo cajas con lo que aseguraban eran los restos de sus hijos muertos al nacer? ¿Descartes de un cuadro de Gutiérrez Solana –de los de tertulias del Café de Pombo o carnavales cadavéricos, indistintamente- o una novela de Camilo José Cela o Francisco Umbral?

Años después, mi tía me refirió una historia parecida. Un amigo de mi tío, comunista de la vieja escuela y antiguo guionista de cine, autor verdadero o encubierto de algunas de las joyas del cine español, pasaba hambre y vivía de la caridad de los amigos. Entre unos cuantos, asiduos del Café de Gijón, ponían una cantidad fija, con la que el escritor tenía una suerte de salario mensual que le permitiera salir del paso. Frecuentaba varios bares y restaurantes en los que le fiaban o, directamente, lo invitaban a comer. En uno de ellos, tuvo la ocurrencia de comentar:

-A mí me gusta la comida frugal. Una sopita… verdura… algo de postre. Nada de carne ni comidas pesadas… Soy de gustos sencillos.

Mi tío y el propietario del bar se miraron de hito en hito y, cuando hubo salido a la calle, comentó:

-Pues menos mal que no le gusta la carne ni los alimentos caros. ¡Me arruinaría!

Otro artista del hambre. ¿Cuántos más habrá? ¿Cuántas de las vidas que vemos consumirse en la calle tendrán un pasado esplendoroso, oropeles en lugar de cartones, caviar y Dom Perignon en vez de restos del Dia y vinorro de tetrabrick? ¿Qué tiene de romántico asistir a la caída de quienes pudieron llegar a algo, o lo fueron, o lo han compartido con quienes lo son o serán? El atractivo del fracaso es innegable, las caídas venden más, y echar una moneda al vaso de plástico raído, vender un cuadro que de otro modo criaría polvo en un almacén o prescindir de una caña a la semana para mantener a uno de estos artistas del hambre puede ser un gesto de supremo altruismo, un lavado de conciencia o, simplemente, un “por si acaso”, un seguro de que, llegado el caso, nosotros también atenuaremos los efectos de nuestra caída en desgracia.

Cada vez que pienso en estas dos personas, una de las cuales ni siquiera aparece en Internet (o no habré sabido buscar), acude a mi mente un relato magnífico de Ursula K. Le Guin: “Los que se alejan de Omelas”. En la próspera ciudad de Omelas todo el mundo es feliz; no obstante, hay gente que la abandona, escandalizado, incapaz de soportar una existencia tan placentera. ¿Por qué? Porque en un oscuro sótano yace un niño vejado, llagado por su propio excremento. Todo el mundo acude a verlo, en procesión, como un rito más de las fiestas; algunos se escandalizan y huyen de Omelas; otros lo miran al desgaire, como una atracción de feria; otros racionalizan la situación, conscientes de que es necesario que alguien sufra, de que ese niño en concreto sufra, para que toda la sociedad sea feliz. Y eso asusta. Generaciones enteras de novelistgas, pintores, impresores, editores, poetastros, dramaturgos, hoteleros, especuladores, políticos, cineastas, funcionarios, camareros y ganapanes arrojando a la basura a la puta de lujo ya arrugada, al escritor prometedor ya desbravado, trepando en la sociedad y el glamouroso mundo de las artes y el espectáculo, o viendo cómo cae el otro, el receptor de su semen, el receptor de su limosna. El portador de una mirada penetrante y taladradora, que desnuda almas y llega a una conclusión tan certera como terrible:

-Alguien tan joven como tú, y no tiene nada que contar. ¿No es terrible?

Lo terrible no es que me lo dijera (en todo este tiempo me han pasado demasiadas cosas y tengo mucho que contar), sino pensar que tal vez sea la norma, y no la excepción.

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miércoles, 20 de septiembre de 2006

¿Para qué sirve Internet?

Está clarísimo para qué sirve.


Si no se ve, el enlace está aquí.

La música tiene un agradable toque a comedia musical o a espectáculo de los Monty Python, los personajes son entrañables y la letra no tiene desperdicio:

KATE
The internet is really really great...
TREKKIE MONSTER
For porn.
KATE
I've got a fast connection so I don't have to wait...
TREKKIE
For porn.
KATE
Huh?
There's always some new site,
TREKKIE
For porn!
I browse all day and night.
TREKKIE
For porn!
KATE
It's like i'm surfing at the speed of light.
TREKKIE
For porn!
KATE
Trekkie!

TREKKIE
The internet is for porn.
KATE
Trekkie!
TREKKIE
The internet is for porn.
KATE
What are you doing!?
TREKKIE
Why you think the net was born?
Porn porn porn.

KATE
Treee—kkie!
TREKKIE
Oh, hello, Kate monster.
KATE
You are ruining my song.
TREKKIE
Oh, me sorry, me no mean to.
KATE
Well, if you wouldnt mind, please being quiet for a minute so I can finish?
TREKKIE
Me no talkie.
KATE
Good.

I'm glad we have this new technology...
TREKKIE
For porn.
KATE
Which gives us untold opportunity.
TREKKIE
For por... oops, sorry.
KATE
Right from you own desktop.
TREKKIE
For...
KATE
You can research browse and shop
Until you've had enough and your ready to stop.
TREKKIE
FOR PORN!!

KATE
Trekkie!
TREKKIE
The internet is for porn!
KATE
Nooo!
TREKKIE
The internet if for porn!
KATE
Trekkie!
TREKKIE
Me up all night honking me horn to porn, porn, porn!

KATE
That's gross you're a pervert.
TREKKIE
Ah, sticks and stones, Kate monster.
KATE
NO really, you're a pervert
Normal people don't sit at home and look
At porn on the internet.
TREKKIE
Ohhhh?
KATE
What?!
TREKKIE
You have no idea.
Ready, normal people?

NORMAL PEOPLE
Ready... Ready... Ready.

TREKKIE
Let me hear it!

TREKKIE AND GUYS
The internet is for porn!
PRINCETON
Sorry, Kate.
TREKKIE AND GUYS
The internet is for porn!
PRINCETON
I masturbate!
TREKKIE AND GUYS
All these guys unzip their flies
For porn, porn, porn!

KATE
The internet is not for porn!!

TREKKIE AND GUYS
PORN! PORN, P...

KATE
HOLD ON A SECOND!
Now I know for a fact that you, Rob, check your portfolio and trade stocks online.
ROB
That's correct.
KATE
And Brian, you buy things on Amazon.com.
BRIAN
Sure!
KATE
And Gary, you keep selling your possesions on Ebay.
GARY
Yes, I do!
KATE
And Princeton, you sent me that sweet online birthday card.
PRINCETON
True!
TREKKIE
Oh, but Kate...
What you think he do... after? Hmm?
PRINCETON
Yeah!
KATE
EEEWWWWW!
TREKKIE AND GUYS
The internet is for porn!
KATE
Gross!
TREKKIE AND GUYS
The internet is for porn!
KATE
I hate porn.
TREKKIE AND GUYS
Grab your dick and double click.
KATE
I hate you men!
TREKKIE AND GUYS
For porn, porn, porn!
(harmonizing) porn, porn, porn, porn.
KATE
I'm leaving!
TREKKIE AND GUYS
Porn, porn, porn, porn
porn, porn, porn, porn.
KATE
I hate the internet!
TREKKIE AND GUYS
Porn, porn, porn, porn.

TREKKIE
The internet is for...
TREKKIE AND SOME
The internet is for...
TREKKIE AND ALL
The internet is for PORN!
TREKKIE
YEAH!

(Gracias a Juanma Lektu, que me lo envió antes del verano.)

martes, 19 de septiembre de 2006

Tenedme miedo, mucho miedo

No hacía falta rellenar un test para confirmar que soy un tío raro: soy un friki, leo ciencia ficción y tengo un blog, ¿no?
De todos modos, aquí está la prueba definitiva:

Personality Disorder Test Results
Paranoid |||||||||| 34%
Schizoid |||||||||||| 42%
Schizotypal |||||||||||| 46%
Antisocial |||||||||| 34%
Borderline |||||||||||||| 58%
Histrionic |||||||||||| 42%
Narcissistic |||||||||||||||| 66%
Avoidant |||||||||||| 42%
Dependent |||||||||||||| 58%
Obsessive-Compulsive |||||||||||||||| 70%
Take Free Personality Disorder Test
personality tests by similarminds.com

Estoy de acuerdo con lo de obsesivo compulsivo, aunque preferiría ser más histriónico que narcisista. Me jode lo de dependiente y borderline, pero es la pura verdad.
Todo esto me recuerda un comentario que me hizo la psicóloga que me trataba hace años: "¿Qué más quisieras que ser un psicótico? Como mucho, un neurótico, y arreando".
Lo tomé prestado de los blogs de Errantus y Charlotte.
El test completo, aquí. No se lo reenvío a nadie, que estos tests los carga el Diablo. Pero os animo a que lo rellenéis en vuestras casas. Es divertido y se aprende mucho acerca de uno mismo.

lunes, 18 de septiembre de 2006

Burritos, tacos dorados y música de mariachi

No, no es México, sino el recinto del Teatre Grec de Montjuïc, el sábado por la tarde. Nos fuimos de parranda, gracias al II Festival de Mariachis de Barcelona. Después del almuerzo, Cristina y yo le salimos al encuentro a Emmanuel y Wendy, y juntos nos fuimos al epicentro del desmadre. Nos contaron cómo había ido la noche anterior. El desfile de mariachis, bien; el Grito, muy bien, pronunciado por el cónsul de México en Barcelona, el mismo que los casó; la peda, inmejorable.
Partíamos de un error de base: que, al ser la entrada gratuita, todas las actividades iban a serlo. Pero ni modo. Había que pagar una cantidad respetable por la degustación de comida mexicana. Nos decantamos por unos burritos de chicharrones, especialidad que Emmanuel no prepara de manera habitual y que Cristina no conocía.

También había cervezas mexicanas, pero no estaban frías; de modo que Emmanuel, siempre previsor en estos asuntos, extrajo de su mochila una botella de Xibeca, que nos bebimos con la ya habitual dedicación.
También había pollo al mole, pero lo conocemos, y tacos del pastor, deliciosos; pero acabábamos de comer, y con los burritos ya tuvimos suficiente.
El jardín del Grec se había convertido en una sala de conciertos improvisada, a razón de un mariachi por hora. No faltaron las canciones típicas ("Serenata huasteca" y cosas de esas) , los gritos entre el público, la gente tocada con atuendos típicos mexicanos y el sorteo de un viaje para dos personas a la Riviera Maya (no compramos boletos: cuando vayamos para allá, lo haremos por nuestra cuenta, y siempre con unos anfitriones amigos, vayamos adonde vayamos).

Emmanuel y Wendy nos contaron la costumbre de llevarle mariachi a la chica a la que pretendes. Aquí tenemos a la tuna, que es como mucho más chunga; pero allí también tienen de eso, aunque lo llamen rondallas.
En un momento dado, Cristina comentó que no había probado los tacos dorados. Como no podía ser menos, Emmanuel se ofreció a cocinárselos, y sobre la marcha improvisamos una cena. Los comensales: Emmanuel, Wendy, Andrés, Eli, Patrick, Deborah, Gerrit, Cristina y yo. Con Andrés y Eli nos cruzamos cuando bajábamos de Montjuïc; Patrick saldría a esperarnos a casa, y Gerrit y Deborah llegarían cuando pudieran, ya que estaban de compras en el Ikea. Tras sortear un atasco monumental en la Plaça de Espanya (nunca le agradeceré lo suficiente a las autoridades de Tráfico de Barcelona los esfuerzos titánicos que están realizando de un tiempo a esta parte para que los madrileños nos sintamos como en casa), decidimos seguir camino a pie y hacer la compra en el camino. Mientras Emanuel y Wendy preparaban la cena en la cocina, Andrés, Eli, Cristina y yo nos partíamos el pecho con la entrevista de Iñaki Gabilondo a Mariano Rajoy, con un atónico Patrick como espectador. En un momento dado, adornamos el comedor con motivos mexicanos, algunos de ellos sobrantes del Grito del año pasado. Todavía tenemos una bandera mexicana en la terraza, la nota discordante entre las senyeras que aún no se recogieron después de la Diada. Al final, una nueva ocasión de disfrute gastronómico y delirio para los sentidos, compuesta por un pollo al mole con arroz y tacos dorados rellenos de frijoles, puré de papas, lechuga, cebolla y chile. Helado de postre. Alcohol. Juegos. Risas...

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viernes, 15 de septiembre de 2006

¡Viva México, cabroneees!

Hoy, 15 de septiembre, se celebra el Grito, la fiesta de independencia mexicana. Se llama así porque conmemora el Grito que el cura Hidalgo lanzó en la ciudad de Dolores el 15 de septiembre de 1810:
¡Mexicanos, viva México! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Muera el mal gobierno!
Así arengados, los vecinos de Dolores tomaron las armas, dispuestos a luchar contra el estado de las cosas. Fue el principio de la independencia.
Casi dos siglos después, el Grito se ha institucionalizado como una fiesta nacional, que traspasa las fronteras mexicanas. Esta tarde, sin ir más lejos, se va a celebrar un Grito en la Plaça Reial, en el marco del II Festival de Mariachis de Barcelona que organiza el Consulado de México en Barcelona. Así que ya lo sabéis. Si esta tarde veis la Rambla llena de mariachis no os alarméis, no son turistas gringos que se creen que el sombrero mexicano es el tocado típico de España: es que realmente son mexicanos.
En mi caso, la convivencia con mexicanos es parte de mi vida barcelonesa. Desde hace cuatro años vivo entre mexicanos y, aparte de pasármelo muy bien y hacer sanos ejercicios de relativismo cultural, no negaré que se me ha pegado algo de su cultura. La afición por el tequila (que es todo un mundo, tan fascinante como el del whisky o el coñac). La adicción al chile habanero. La incorporación a mi dieta básica de platos como el pollo al mole o los chilaquiles. La adopción de algunas expresiones como "Esto es una chingadera", "No mames, güey", "Ya valió madre", "Vete a la fregada" o la que media Barcelona va a poder escuchar a lo largo de esta noche. "¡Viva México, cabrones!!
En el primer piso compartido en el que viví, el de la calle de Valencia, Emmanuel ejerció como nexo y conformó un grupo que aún hoy subsiste, pese al tiempo transcurrido y las innumerables bajas que se han producido.
Emmanuel estudia un doctorado en Robótica en la UPC. Dado que el CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) cuida a sus alumnos más que el CSIC de aquí, el sistema de becas funciona muy bien y Emmanuel podrá estar aquí hasta que presente su tesis, o más tiempo aún. Los primeros meses fueron duros, porque le pagaban en dólares y coincidió con la revalorización del euro, y más tarde ocurrió la enfermedad de su padre y tuvo que regresar durante medio año. Pero en la actualidad, y con Wendy ya en España durante al menos un año, su situación es más que estable.
Aparte de Emmanuel, en el principio de los tiempos hubo otros dos mexicanos que aglutinaron el grupo: Norberto y Ray.
(De izquierda a derecha: Arturo, Ricardo Flores, Ray, Gerrit -alemán, pero no lo iba a quitar de la foto, porque después de tanto tiempo juntos él también tiene algo de mexicano-, Emmanuel y Norberto.)

Raymundo vino a estudiar un doctorado, como Emmanuel, pero sin beca. Como tenía familia catalana (entre ellos Jordi, que vivió durante tres meses en el piso de la calle Arizala), no tuvo excesivos problemas de adaptación, y además fue viendo cómo venían sus primos, Arturo y nunca recuerdo cuántos más. Llegó un momento en que se mudaron en bloque a la Avenida de Madrid, con las incorporaciones de Ricardo y Vicky, que también estudiaban en la UPC.
Otra compañera de doctorado de Emmanuel era Ericka. Durante un tiempo estuvo saliendo con Ray. Las circunstancias del comienzo de su relación las dejo para otra anotación, porque tuve bastante que ver, aunque no recuerdo todos los detalles, porque... Bueno, lo dicho: en otra anotación lo contaré.

(Ray posando para la posteridad con un delantal impresionante y un espontáneo graciosote. La instantánea se tomó en la casa de la Avenida de Madrid.)

Norberto era otro de los nexos del grupo. También estudiaba el mismo doctorado que Emmanuel. Más tarde llegó Aurora, su novia. Contrajeron matrimonio en un viaje navideño a México. La boda fue toda una odisea. Al regresar a Barcelona, Norberto más o menos terminó el doctorado, aunque aún no ha presentado la tesis. A Aurora le salió un trabajazo en México y regresó. Norberto lo siguió meses después. De él recuerdo que se podía hablar de cualquier cosa. Llegamos a tener un grado de conexión muy elevado, en particular cuando salía a relucir Eduardo Mendoza, un autor al que ambos apreciamos de verdad, en concreto La ciudad de los prodigios, que sería el título perfecto para el relato de estos años de tequila y rosas, si Mendoza no lo hubiera escrito hace años.
En cierto modo, Norberto encabezó un clan no declarado, igual que Ray. Nos presentó por messenger a su prima Rox, que estuvo estudiando en Madrid durante un año. Ya sea en Madrid (cuando yo iba a ver a mi madre) o en Barcelona (cuando ella vino para acá, la primera vez con otra mexicana, Reyna), hemos mantenido el contacto, sigo sus andanzas a través de su blog y puedo decir que me enorgullezco de considerarla una buena amiga.
Otro primo suyo, Carlos (Carlitos, para los amigos) vino a Barcelona a estudiar música, y se quedó algo más de un año. Era un desparrame. Ya he hablado de él y del encuentro triunfal que tuvo con José Antonio, nuestro inquilino colombiano favorito.
Ricardo y Vicky eran pareja, y también estudiaban sendos doctorados en Barcelona. Me dio mucha pena que regresaran... una pena atenuada por las buenas noticias que llegan desde México: a lo largo de este año han encontrado trabajo y se han casado. Enhorabuena, si me leéis, y un besazo muy grande a los dos.

(Vicky, Bere y Lily. Lily es venezolana, pero Vicky es chilanga, y Bere, tapatía. Las botellas son de bebidas riojanas, catalanas y mexicanas.)

Bere y Rodri son de Guadalajara y estuvieron viviendo una temporada en casa, cuando Ricardo y Adriana se fueron de luna de miel. Más tarde, Bere se instaló en casa, pero sólo estuvo tres meses. Eran pareja, o no, o qué sé yo. Esas cosas que pasan cuando eres pareja, te vienes a vivir a otro país y las cosas van mal y entras en bucles extraños y vicios irresolubles. Rodri era compañero de facultad de Emmanuel en la UDG (Universidad de Guadalajara), igual que Carlos Aldana, que fue testigo de bodas de Emmanuel. Aldana pidió la misma beca que Emmanuel, pero le dieron una en Grenoble, donde estaba cuando falleció su padre. Después de meditar si dejaba el doctorado, decidió regresar, y terminó renunciando. Antes de ello le dio tiempo a venir a Barcelona y ser testigo en la boda, a la que volveré más adelante.
(Adriana, Iguana, Juanma, Emmanuel, San Matías, Jimador y Aleix. Cinco mexicanos, dos de ellos bebibles y uno reptilesco; de propina, un madrileño y un catalán, por aquello del detalle exótico y pintoresco.)

Adriana era amiga de Ericka (ambas son de Tijuana), y un día decidió invitarla a una fiesta en la Avenida de Madrid. Nos acabábamos de mudar, y de hecho era el primer sarao que montábamos. La fiesta fue de las que solíamos montar, aunque no hubo tantos desvaríos como era habitual. Nadie bailó en calzoncillos, nadie cayó en estado de sopor tras beberse una botella de cava, nadie vertió vino en las paredes. Cuando la fiesta estaba en su apogeo, llegó Ricardo (nuestro compi de piso gallego, no el mexicano del que acabo de hablar), que por aquella época trabajaba de ejecutivo agresivísimo. Después de la fiesta hubo bailoteo; yo no fui, porque estaba enfermo, pero la mayoría sí salió. Y Ricardo y Adriana se gustaron y se enamoraron. Poco después, ella entró a vivir en la casa, y allí siguió durante año y medio. Para la boda, que se celebró en Las Vegas, eligieron la fecha en que se habían conocido: el 14 de febrero. Tuvieron que atrasarla un día, por un motivo de peso: alquilar una suite en Las Vegas cuesta un par de cientos de dólares, excepto en San Valentín, que sube a más de mil.
Seis meses después de casarse, Ricardo encontró trabajo en Santiago de Compostela, y la pareja se fue. No hace mucho me enteré de que se han separado. No todo iban a ser buenas noticias en esta historia.
(Wendy, Juanma y Emmanuel, que luce orgulloso su Anillo Único. No, la foto no está retocada por Photoshop: también puedo ir trajeado si me lo propongo.)

Hay más mexicanos, y casi todos los que no se habían regresado a México se dieron cita en la boda de Emmanuel y Wendy. Me enteré el mes antes. Estaba regresando de la Semana Negra del 2005 y, mientras me subía al tren, me sonó el teléfono móvil.
-Juanma. ¿Vas a estar en Barcelona a finales de mes?
-Sí, claro. ¿Por?
-Veras, es que necesito a alguien que me haga de testigo y...
Uno. Dos. Tres. Ahora lo pillo. Ha costado un poco, pero lo he pillado.
-¡Enhorabuenaaa! ¡Claro que síii!
Y así fue. A finales de mes nos desplazamos al consulado de México en Barcelona, que es un edificio precioso del Paseo de la Bonanova, y allí tuvo lugar la boda de Emmanuel y Wendy. Después lo celebramos en un almuerzo multicultural, con asistentes de aproximadamente una docena de nacionalidades.
La mamá de Emmanuel, Amalia, es un capítulo aparte por ella misma. Y sus tías, Delia y Ofelia, que nos han visitado alguna que otra vez.
Hay más mexicanos, sí. Están Karina (que en breve se irá a vivir a Sevilla con Eduardo), Rebeca (que no conoce a mis mexicanos, porque es amiga de Ana, pero vive en Barcelona), Adrián (otro primo de Ray, aunque de otra rama familiar, que estudia cine), y muchos, muchos más. Me encanta estar con ellos y frecuentarlos, irme de peda con ellos o evitar que me emborrachen (según el momento existencial en que me encuentre), compartir caramelos de tamarindo o de chile, esperar el momento en que alguno regrese de México y me traiga los mazapanes de cacahuete que siempre les encargo...
He vivido tan buenos momentos con ellos que los llamo mis mexicanos, y a buen seguro tengo algo de mexicano, porque si no no entiendo el nivel de conexión que tengo con ellos. Aunque cuenten chistes de gallegos (españoles), que inevitablemente tienen como protagonista a un Manolo y un Venancio. Aunque no nos entendamos si hablamos de política interna del país (quién sale elegido presidente, y cosas de esas). Son parte de mi vida en Barcelona, de mi vida en general, y lo único que puedo decir, en una fecha tan señalada como hoy, es (léase a grito pelado) "¡Viva México, cabroneees!"



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jueves, 14 de septiembre de 2006

La selección española de fútbol tiene que echarle... recogepelotas




En vista de que con once jugadores no es suficiente para dejar de hacer el ridículo, le sugiero a Luis Aragonés que cambie de táctica y, en lo sucesivo, le enseñe este vídeo a sus pupilos. A lo mejor nos empieza a ir bien y pasamos de cuartos de final en alguna competición... siempre que superemos la fase previa de la Eurocopa, claro.
La noticia (por si no se ve el vídeo), aquí.

martes, 12 de septiembre de 2006

Furioso incidente con un cerdo a media tarde

Pocas veces somos conscientes de que vivimos en una ciudad oculta que se nos escapa por completo. En ocasiones le servimos de parapeto a esa ciudad, y retrocedemos en el tiempo. Las luces de neon de las calles comerciales esconden callejones retorcidos, ajenos a toda lógica. Un plan urbanístico mal rematado, una prebenda con un concejal libre de probidad, un resquicio de la industrialización... Todo es válido para configurar un paisaje urbano caótico, la ciudad que no sale en las guías, las callejas que nunca imaginarías.
Desde siempre me ha encantado callejear, descubrir por mí mismo los itinerarios que leía en los callejeros y planos, de modo que en mis vagabundeos le ponía tres dimensiones a las líneas rectas, torcidas o quebradas que conformaban la imagen de ciudad que se veía en las agencias inmobiliarias, mariposas cazadas y aprisionadas por unas chinchetas que asegurasen su cautiverio, su inclusión dentro de un orden arbitrario y artificial.
Las ciudades tienen vida propia, ajenas a los designios perpetrados en los despachos... o hasta que alguien, desde su despacho de Urbanismo, repara en los conatos de resistencia al sistema que constituyen algunos barrios mal construidos y, por tanto, susceptibles de derribo y especulación.
Como el barrio de Sants.
Hasta que empecé a salir con Cristina no reparé en las callejuelas que hay detrás de nuestras casas. Vivimos muy cerca. La ruta tradicional para ir de una casa a la otra consiste en bajar por la calle Arizala, donde vivo, desde las inmediaciones del Camp Nou, hasta la carretera de Sants, y una vez allí seguir hasta la calle anterior a la rambla de Badal. Una vez allí, las luces de las zapaterías, ópticas, bares y tiendas de moda dan paso a una farola que se enciende cuando le da la gana, tres contenedores de basura que casi tapan el acceso a los vehículos, una buena cantidad de casas okupas y, por fin, la casa de Cristina, la única de obra nueva que tiene la calle.
No es la única manera de llegar hasta allí. También se puede entrar por la rambla de Badal, desde una plazoleta que últimamente tiene ocupada una panda de chavales con indumentarias de rapero y aspecto suramericano. Fue la ruta que escogí para asistir a nuestra primera cita, porque iba demasiado bien de tiempo y me hacía cargo de que llegar cinco minutos antes de la hora hubiera supuesto una falta total de consideración, un atentado al decoro que requieren estas situaciones.
Pero, como en política, hay una tercera vía de acceso a casa de Cristina, un pasaporte a los años cincuenta y sesenta, tal vez a las primeras décadas del siglo XX, un Brigadoon urbanístico que me habla de una Barcelona que ya casi no existe.
Si tomo la Avenida de Madrid o la calle de Arizala y me desvío por Roger o Portbou, la ciudad moderna se difumina, y emerge el antiguo barrio de Sants: fábricas abandonadas, casas derribadas o a punto de ser demolidas, callejones estrechos, laberintos, jardines entrevistos tras una tapia. El sonido del tráfico apenas llega. El bar que marca el final del siglo XXI tal como lo conocemos aún está cerrado por vacaciones, y el único ruido procede del locutorio.
Es el momento de torcer a la derecha y penetrar en una calle que parece inconclusa desde la calle Roger.

Al fondo, un taller de reparación de aluminosis. A la derecha, una pequeña tapia y un jardincillo que franquean el paso a una vieja casa. A la izquierda, una manzana que continúa siendo un enigma para mí, pues, sobre el papel, hay dos calles que deberían continuar su camino por allí. En lugar de eso, árboles y edificios espectrales, y en ocasiones gente que sale de una cancela que tal vez conduzca a un pasado de navajas brillantes empapadas de sangre, emigrantes murcianos o extremeños, chimeneas aún pletóricas de actividad fabril y los no tan lejanos clamores de la maquinaria con que se estaba construyendo el mayor estadio de fútbol de Europa.
Si el taller está cerrado, el paisaje se antoja más espectral, si cabe. La calle es coto exclusivo de perros que buscan la esquina perfecta para orinar o defecar, o para los vecinos que se conocen la ruta y no están dispuestos a revelar su secreto. O la extraña pareja compuesta por un cojo y un okupa, pertrechados tras una muleta y un perro, respectivamente, y que parecen los guardianes del perímetro de esta barriada.
Giramos a la izquierda y nos adentramos en un callejón que no tiene ni una sola casa: tan sólo paredes. Parece la parte trasera de varias calles, de varias construcciones. Una camioneta abandonada, con una rueda reventada, y dos postes de teléfonos, se erigen en los obstáculos para los vehículos y viandantes que sortean este callejón, llamado de les Ànimes. Las ánimas. Intento imaginarme una noche de Todos los Santos en este callejón. ¿Por qué se llama así? ¿Por qué no hay ningún edificio, ningún portal? ¿Pudiera ser que hubiera portales, y no me está dado verlos? ¿Por qué sólo hay cacas de perro, orines y restos del agua de la fábrica? ¿Cómo llegó hasta allí la furgoneta? Sería interesante saberlo.

El callejón da a una especie de plazoleta en la que ya hay edificios modernos, de los años sesenta. Hay una tapia que da a un aparcamiento que cierra de noche, y que también podría servir como pista de patinaje o campo de fútbol improvisado. A veces llegan ecos de chicos jugando a la pelota.
Todavía hay que torcer a la izquierda y llegar a un último callejón, que nos acerca a la calle de Cristina. Cincuenta metros más, y habremos llegado a la carretera de Sants, y con ella el metro y las luces de la ciudad. Otros cincuenta metros, en dirección contraria, y saldremos a la rambla de Badal, ese parque milagroso que se construyó al soterrar la Ronda del Mig y que le está dando tanta vida al barrio.
Al fondo, justo al fondo, apenas a un metro de la calle, hay un poste de teléfonos.
Y allí tuve mi pequeño altercado, hace tres semanas.
Era viernes. Estaba atajando por el dédalo de callejuelas que ya he referido, para llegar antes a casa de Cristina, coger el monedero y hacer alguna compra para la cena, cuando lo vi.
Tenía unos cincuenta años. Una persona normal. Pantalones cortos, de bermuda. Una bolsa de la compra. Aire despreocupado. Un vecino del barrio, lo más probable: no es seguro que alguien que no sea del barrio transite por estas callejuelas.
Deja en el suelo la bolsa de la compra y veo que se planta delante del poste de teléfonos. Se lleva las manos a sus partes.
Paso de largo, consciente de lo que está haciendo, y no sé por qué extraño impulso, yo, que nunca digo nada, me doy la vuelta en cuanto giro a la izquierda, ya en una calle "de verdad", y digo:
-No se te ocurrirá ponerte a mear.
Me mira con una mueca desagradable y unas gafas de cuello de botella.
-¿Eh?
Como no tiene la chorra al aire, me detengo a reflexionar durante unos segundos en la posibilidad de que haya malinterpretado sus intenciones.
-Perdona... Te veía con gesto de ponerte a mear.
Se pone furioso.
-¡Tú a lo tuyo!
Y me cuadro.
-¡Mira! ¡Es que yo paso mucho por esta calle!
Estoy abochornado, a mi manera. Es probable que haya hecho el gilipollas, por un error de apreciación. Y el tono tajante del individuo no le deja alternativa al buen rollo.
Así pues, me voy, llego a casa de Cristina, dejo mis cosas, me voy a hacer la compra, la dejo y, sin acercarme al callejón, voy al encuentro de Cristina.
Según nos acercamos a su casa, le cuento el desagradable incidente. Y cuando llegamos a la puerta de casa, nos desviamos un poco, lo justo para mirar el poste telefónico de marras.
Hay un hermoso reguero de meados.
El muy cerdo ha utilizado una vía pública de un metro de ancho para hacer sus cositas. Una vía pública bastante transitada, además.
Cómo mola.

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Club de lectura de literatura fantástica y de ciencia ficción en Barcelona

Algo se mueve en las bibliotecas públicas de Barcelona. Después del ciclo "Ciència-ficció. Cròniques d'avui", en el que incluso intervine, se ha puesto en marcha otra iniciativa interesante para los aficionados al género: el Club de literatura fantástica y ciencia ficción que tendrá lugar en la biblioteca Jaume Fuster de Barcelona del 26 de octubre del 2006 al 21 de junio del 2007. A continuación reproduzco el comunicado oficial, que colgó Pau Martínez en listas de correo y foros. La selección de títulos es bastante interesante, tanto para los aficionados con callo como para los neófitos. Estoy seguro de que va a ser todo un éxito. Juzgad por vosotros mismos. Allí nos veremos.

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Club de literatura fantástica y ciencia ficción en la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona


El Club de Lectura de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción es una reivindicación de dos géneros literarios que, pese a ser considerados menores, se han convertido en una herramienta de análisis crítico de la realidad, a partir de un concepto básico: el uso del sentido de la maravilla y la fabulación de otros universos. En sus obras descubriremos nuestras carencias y virtudes en toda su crudeza, sin el filtro que nos da la cotidianidad.

El Club de Lectura de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción se dirige a un público con ganas de descubrir nuevos géneros literarios y nuevas formas de conocer la realidad. Es un club que pretende acoger tanto a los lectores habituales del fantástico como a los nuevos lectores que quieren tener una primera aproximación al género. Las obras que se van a tratar son títulos emblemáticos del género que han accedido a la categoría de clásicos literarios. Algunas han tenido incluso adaptación cinematográfica.

Los libros se comentarán el tercer jueves de cada mes, de 19:00 a 20:30 h.

26 de octubre
Flores para Algernon, de Daniel Keyes

23 de noviembre
El fin de la Eternidad, de Isaac Asimov

28 de diciembre
La guerra de los mundos, de H. G. Wells

25 de enero
Dioses menores, de Terry Pratchett

15 de febrero
Blade Runner (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), de Philip K. Dick

15 de marzo
La historia interminable, de Michael Ende

26 de abril
1984, de George Orwell

17 de mayo
Los tejedores de cabellos, de Andreas Eschbach

21 de junio
Crónicas marcianas, de Ray Bradbury


El Club será dirigido por Pau Martínez, antiguo colaborador de Cyberdark.net y uno de los miembros de la Biblioteca de La Tercera Fundación. En la actualidad actúa como moderador de los foros literarios de Sedice.com, y es reseñador de C, el hijo de Cyberdark. También ha colaborado en la publicación de Mundos de fantasía: De Ulises al Señor de los Anillos, publicado por Martínez Roca en el año 2004.

Las inscripciones estarán abiertas a partir del 15 de septiembre de 2006.
Es necesario inscribirse personalmente en la bibilioteca Jaume Fuster.
Horario:
De martes a viernes, de 10 a 21 h.
Lunes y sábados, de 10 a 14 h y de 16 a 21 h.
Domingos, de 11 a 14 h.
Dirección: Plaça de Lesseps, 20-22. Barcelona 08023.
Teléfono: 93 3684 564
E-Mail: b.barcelona.jf@diba.cat
http://www.diba.es/agda/Biblioteques/BibDetall.asp?Bib=7034856&Id=15018072
http://www.bcn.es/biblioteques/pagstot/informacio/bib_jaumefuster_inauguracio.html

domingo, 3 de septiembre de 2006

70-47


Por fin ganamos algo. Grande, de veras.