jueves, 29 de junio de 2006

Perdimos, perdimos, perdimos otra vez

Con permiso de Les Luthiers reproduzco su impagable himno "Ya el sol asomaba por poniente", que viene pintiparado para glosar la tragedia nacional que vivimos estos días.
La marcha "Ya el sol asomaba en el poniente" compuesta por el Coronel Músico Nepomuceno de Alfa, se estrenó en una cena de camaradería en el tercer Batallón de Artes, Oficios y Logística. La arenga que se escucha al principio fue la que el Coronel de Cocina Lamberto Loplatto dirigió a los postres, agradeciendo en nombre de estos un flan con crema. El brillante sonido logrado, que no parece provenir de instrumentos informales sino de una banda militar completa, la obtuvimos grabando una banda militar completa.
CORONEL: ¡Soldados! ¡Pelar los sables! ¡Una vez pelados los sables... se corta al enemigo en pedacitos... se vierte hasta la última gota de sangre... se baten todos bien sobre fuego de metralla... y se sirve... a la Patria... o bien, en el molde!
CORO: Ya el sol asomaba en el poniente, ya el cóndor surcaba el firmamento y la Patria, gloriosa heróica y valiente de victoria profiere el juramento. Refulgentes aceros se preparan a lanzarse a la lid libertadora ya broncíneos clarines, amenazana la fiera vorágine invasora.
CORONEL: ¡Defensa y Victoria! ¡Libertad e Independencia!¡ Triunvirato y Avenida de los Incas!
CORO: Con sus fieros cañones apuntando ya se ven de la Patria al enemigo hacia nuestros patriotas avanzando los salvajes ya se vienen ¡pucha digo!
Y ya entran nuestros héroes en la Historia esgrimiendo la justicia inexorable con mosquetes cargados de victoria con espadas de acero inoxidable.
CORONEL: ¡A las armas¡ ¡A la batalla! ¡A la... ! ¡Caballería, montar y al abordaje! ¡Hagan fuego... señores! ¡Fuego!... ¿quién me da fuego? ¡A ellos! ¡A ellos, esos de uniforme color caqui! ¡Pelotón, avanzar!... ¡No, para allá! ¡Pelotón! ¡Media vuelta! ¡Paso vivo, marr...! ¡Alrededor mío, carrera marr...! ¡Tocar el árbol, carrera marr... ! ¡Levantars...! ¡Sentars..! ¡Descanso! ¡Cambiar de parejas! ¡La hora, referí!
CORO: El fragor de la lucha ya se extingue por doquier de la muerte la amargura; ya el odiado enemigo se distingue alejándose deprisa en la llanura; ya los fieros enemigos se alejaron no resuena el ruido de sus botas. Nos pasaron por encima y nos ganaron, nos dejaron... en derrota.
Perdimos,
perdimos,
perdimos otra vez.

lunes, 26 de junio de 2006

Y el mundo gira

Inmersos como estamos en la vorágine mundialista, el tiempo parece haberse detenido. Cada cuatro años sucede lo mismo, y el mundo converge en la misma mezcla de calor, siestas y esperanzas frustradas. Se disputa el mundial, ganan los de siempre y nos quedamos en las puertas del éxito, con la satisfacción, eso sí, de haber jugado como nunca (y perdido como siempre). Y regresamos al mismo punto: todos alelados ante una pantalla de televisión (o actualizando cada quince minutos el marcador en Internet o el teletexto de nuestro canal favorito, si trabajamos o estamos en casa de nuestra pareja). Nada distingue este mundial del anterior. Podríamos estar pendientes de México '86, Estados Unidos '94 o Japón y Corea '02. Nadie advertiría la diferencia: Alemania, Italia, Argentina y Brasil jugándoselo todo, España eliminada cuando mejor lo estaba haciendo, el sol cayendo a plomo en el mundo exterior y esa sensación de disolución de fronteras temporales, de que hoy podrías estar haciendo exactamente lo mismo que hace doce años o dentro de ocho.
Del Mundial de Alemania '74 no recuerdo nada, aunque me hubiera encantado ver en directo aquellos dos primeros minutos mágicos de la final, en que la Naranja Mecánica holandesa no le dejó tocar bola a los alemanes; tampoco lo hubiera entendido, porque tenía cuatro años. Mis recuerdos de Argentina '78 son algo más claros: el «gol» de Cardeñosa, algún detalle de la final (en blanco y negro, todavía) y el cómic de Mortadelo en el que España llegaba a la final y la cosa terminaba como terminaba.
De España '82 recuerdo haber llorado cuando Italia eliminó al Brasil de Zico, Sócrates y Falçao; el sonrojo de ver cómo hacíamos el ridículo frente a Honduras e Irlanda del Norte; la revelación de los cameruneses, con Tommy N'Kono en la portería; un coleccionable magnífico de Forges; a Sandro Pertini viendo la final en el palco y saludando a los Reyes cada vez que Italia metía un gol; y la algarabía que se montó cuando los italianos salieron a las calles de Madrid a celebrar la consecución del Mundial.
México '86 es para mi el famoso gol anulado a Michel (que fue gol), los cuatro goles de Butragueño a Dinamarca, la invención de la ola mexicana y la mano de Dios, encarnada en Maradona. Con todo, tengo recuerdos más vívidos de aquel mundial que del siguiente, Italia '90, del que juraría que no vi nada, porque lo tengo completamente olvidado.
Estados Unidos '94 fue el mundial del codazo de Tassotti a Luis Enrique, la constatación gestual de que «Hijo de puta» se pronuncia igual en castellano que en búlgaro (al menos, cuando era Hristo Stoikov quien lo decía), el memorable Brasil-Holanda que no pude ver porque estaba con mis compis de facultad viendo un hentai bastante interesante, el penalti fallado por Roberto Baggio en la final y poquita cosa más.
Japón y Corea '02 me sorprendió a medio camino entre Madrid y Barcelona. Vi en una casa rural de Gironella los octavos de final, el España-Irlanda que terminó en la tanda de penaltis: estábamos celebrando la despedida de solteros de Álex y Núria, el último fin de semana que venía a Barcelona antes de venirme a vivir aquí. Estaba demasiado ocupado para ver ningún otro partido, y de hecho no recuerdo haber visto la final: tal vez se celebrara el mismo día que yo estaba viajando a Barcelona para quedarme. Eso sí, me reí cuando supe de las cantadas de Kahn, hasta entonces el mejor portero del torneo, supongo que movido por esa alegría casi cruel que te entra cuando los grandes son humillados donde más les duele.
Dejo para el final el mundial de Francia '98. Sí, el de las cantadas de Zubizarreta frente a Nigeria, la eliminación prematura, el palizón inútil que le metimos a Bulgaria y el fútbol primoroso de una Francia encabezada por Zidane que se mereció de calle ganar aquel mundial.
Sin embargo, hubo un hecho que hizo que me olvidara del mundial, del fútbol y de todo lo que no tuviera que ver con la persona con la que estaba.
En aquella época salía con Laura. Ya empezaba a irnos mal: yo estaba encallado en unas oposiciones que sabía que no iba a aprobar, ella empezaba a meterme presión para que me buscase cualquier trabajo que nos permitiese plantearnos una vida en común y las broncas se recrudecían. Las oposiciones me tenían anulado. Te despertabas para estudiar, y el 15 de febrero de 1997 era indistinguible del 19 de octubre de 1998 o el 9 de julio de 1997: todos los días eran equivalentes e intercambiables, la única diferencia estribaba en el tema que tenía que ir a «cantar» aquella tarde, qué preparador me echara la bronca o me diera consejos útiles, si aquella tarde tenía psicóloga y qué fanzines me llegaran en el correo de la media mañana. Se acercaba el que iba a ser nuestro último viaje juntos, cuatro días muy placenteros en Granada.
Era una mañana de domingo de julio. Aquella tarde se disputaba la final del mundial. Acababa de hablar con David Sánchez Reyero, con quien la relación empezaba a tensarse, y casi lo corté porque esperaba una llamada de Laura. Había quedado con su amiga Tulita, y cuando terminara con ella quedaríamos para darnos una vuelta. Tulita era del Opus Dei. Yo no la conocía, pero Laura me decía que era una de esas personas que jamás te daban dos besos cuando te presentaban: te tendía la mano, y ya. Muy Opus.
Laura me llamó. Estaba en una cabina. Yo no sabía en cuál: sólo sabía que habían quedado en la plaza de Colón, frente al cine Carlos III.
Estábamos hablando, supongo que de trivialidades. Después del fin de curso, todo se relajaba y por lo general no era mala época, las broncas rebajaban la intensidad y yo tenía la cabeza más en nuestro viaje a Granada que en el temario de las oposiciones.
De repente, oí un grito desgarrador. De Laura. Un grito espantoso, al que siguió el estrépito de un vehículo accidentado. Un coche, problablemente. Primero un derrape, luego un retumbar, más tarde el estruendo de cristales rotos.
Y no oía a Laura.
Primero me quedé lívido. Tardé algunos segundos en comprender qué podía estar sucediendo. Laura no respondía. Se oía un rumor insistente, cuchicheos, y yo empezaba a ponerme histérico. Primero la llamaba, repetía su nombre una y otra vez; después empecé a gritarlo; por último, una vez entreví la posibilidad de que le hubiera ocurrido algo, comencé a interpelar a un interlocutor invisible, intentando hacerme notar, con la esperanza de que alguien se acercase al auricular y me explicase qué estaba ocurriendo allí. Se oyeron unas sirenas, pero de policía, y, a lo lejos, conversaciones con walkie-talkie. Yo estaba hecho un manojo de nervios. La sola idea de perder a mi pareja, con menos de treinta años, de una manera tan estúpida e inesperada, me estaba quitando la vida. Reflexionando sobre ello, alguna vez me ha dado por pensar que justo en aquel momento, al verme privado de semejante manera de la persona a la que quería, algo en mi interior pudo haber hecho clic y dado comienzo a la cuenta atrás hacia el linfoma de Hodgkin que se me declaró diez meses y medio después.
Por aquel entonces apenas había teléfonos móviles, y ni Laura ni yo teníamos. Lo único que podía hacer era esperar a que se agotase el tiempo de conversación y la comunicación se cortase. Si ella había metido una moneda de veinte duros, bien podrían ser diez minutos. Que se me hicieron eternos.
Por fin se cortó la comunicación. No sabía qué hacer. Se me pasó por la cabeza la idea de ir a la plaza de Colón, pero no sabía dónde buscar, ni qué buscar. ¿Una ambulancia? ¿Algún curioso que hubiese presenciado el accidente y supiese darme razón de lo que había sucedido? Finalmente, llamé a su casa. Me respondió su madre, a la que sólo había visto una vez (y no volvería a ver). No sé qué le dije, ni de dónde saqué claridad mental para explicarle, aunque fuera de manera aproximada, lo que acababa de suceder. Lo único que recuerdo es que justo después de la conversación estaba corriendo detrás del autobús que llevaba hacia su casa. Nunca he corrido tanto detrás de un autobús. Aún estaba echando el bofe cuando llegué a su parada. Su madre me salió al encuentro en medio de la calle, sin esperarse a que yo llegara a la casa. Laura estaba bien, me explicó. Había estado llamando a mi casa, y yo no se lo cogía, así que la llamó para darme instrucciones. Estaba en la esquina de Serrano con Goya. Estaba bien. No le había pasado nada; sólo el susto.
Me dirigí hacia allá en tiempo récord. No sé cómo pude atravesar medio barrio con tal rapidez, trasbordando en Avenida de América.
Laura me estaba esperando en el lugar convenido. Me presentó a su amiga Tulita, la del Opus, la que sólo daba la mano, y nos dimos dos besos: fue demasiado espontáneo. Y Laura estaba de una pieza.
Me explicó qué había sucedido. Estaba hablando conmigo cuando vio que un vehículo perdía el control (¡un domingo a la una del mediodía, en la calle Goya!) y se dirigía directo hacia la cabina desde la que ella me llamaba. Como estaba viéndolo de cara, tuvo tiempo de reaccionar, gritar y echarse a un lado. Si hubiera estado mirando hacia la acera, no lo hubiera contado. El trompazo tuvo que ser impresionante, porque la cabina se veía en muy mal estado. Después había intentado llamarme desde todas las cabinas de la plaza de Colón, pero no paraba de comunicar.
Recuperado del susto, tranquilizado por la víctima real del accidente, nos dedicamos la tarde e incluso vimos algunos momentos de la final del mundial, pero yo no me enteré de nada. No estaba viendo el fútbol. Ella había vuelto a nacer. Y yo, de resultas del susto, tal vez estuviera empezando a morir.
Fue uno de los mayores sustos de mi vida, y hoy puedo contarlo como una anécdota un tanto desagradable pero inocua. Y ese es el sentido último de todo lo que nos sucede: grandes titulares en el momento en que te sucede algo que tal vez pueda marcar un antes y un después, y una simple nota a pie de página cuando el peligro ha pasado. Te ves desbordado e impotente ante una situación que se te ha ido de las manos, no terminas de verle la solución y, tiempo después, cuando ya no te agobia, todo se te antoja un sobresalto tal vez necesario, que te recuerda que estás vivo y el mundo gira, y que la vida es un conflicto permanente, y que a veces la solución está totalmente fuera de tu alcance, pero otras veces depende de cómo la afrontes. Estoy pensando en la última semana que ha pasado Cristina, con unos problemas en el trabajo que podrían haberle costado un disgusto muy serio (un despido, incluso), y en cómo ha sabido manejarlos y sortearlos, y cómo hoy es un día esperanzador, del mismo modo que el jueves fue un día muy duro en el que era lícito esperar lo peor; estoy muy orgulloso de ella. O en el casting para encontrar compañeros de piso, en cómo todo se desmanda y parece un escollo insuperable, y el fantasma de la habitación sin ocupar vuelve a cernirse sobre nosotros, otra vez, y a última hora todo termina encauzándose y encontramos a alguien. La vida puede ser muy cabrona, pero también te ofrece vías de escape. Y, como siempre, casi todo depende de la manera en que te la tomes.

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jueves, 22 de junio de 2006

Programa de actos de la AsturCon 2006

Este año hago doblete en la AsturCon. Participo en dos actos. Espero que ambos os resulten interesantes.
Para los profanos: la AsturCon se celebra en Gijón el sábado 8 y domingo 9 de julio, y básicamente consiste en comprimir en un fin de semana los actos de la Semana Negra relacionados con el género fantástico. La organización le corresponde al colectivo Avalon.
El programa de actos de esta edición es el siguiente:

Sábado, 8 de julio

10:30. Conferencia de Juan Miguel Aguilera: "Teoría y práctica del diseño de universos space-opera"

11:30. Presentación del Magazine Tierras de acero: "¿Nos quedamos sin cuentos?". Con Juanma Santiago, Mariano Villarreal, Santiago Eximeno y Alfredo Álamo. Modera: Rubén Sousa.
12:00. Mesa redonda: "Blogueros". Con Alvy, Alfredo Álamo, Julián Díez y Rafael Marín.
12:00. Incio Partida de rol en vivo.

13:00. Tertulia con los asistentes complementando la mesa redonda "Blogueros".


Domingo, 9 de julio

10:30. Conferencia de Rafael Marín: "Traduttore, tradittore (mercenario pero de buena fe) ".
11:30. Presentación de los libros de David G. Panadero y Miguel Ángel Parra: Tim Burton, diario de un soñador y Ed Wood: Platillos volantes y jerseys de angora. Presentan Juanma Santiago y David G. Panadero.

12:00. Taller de Microrrelatos (I). Coordina: Iván Olmedo.

13:00. Taller de Microrrelatos (II). Coordina: Iván Olmedo.

Además, hay muchas más actividades. El recinto de la Semana Negra, situado frente al estadio del Molinón, es una fiesta continua. Se puede confraternizar con los autores de la Semana Negra y la AsturCon, en un ambiente relajado que contrasta con las convenciones al uso. Puedes desayunar en el hotel Don Manuel rodeado de escritores de primera fila. Minotauro trae a casi todos los autores de la antología Franco: Una Historia alternativa (Julián Díez, Javier Negrete, Juan Miguel Aguilera (que además es el autor del cartel de la AsturCon), Pedro Pablo May, José Antonio del Valle, Santiago Eximeno, Rafael Marín, Eduardo Vaquerizo, Ramón Muñoz y David Soriano), más León Arsenal. Bibliópolis traerá al búlgaro Khristo Poshtakov, de quien ha editado Industria, luz y magia. También se podrá ver a Joe Haldeman, reciente ganador del premio Nebula con Camouflage (que aparecerá en la nueva colección de CF de Rocaeditorial), y a los fijos Rodolfo Martínez y Elia Barceló. Por primera vez, se dejará un espacio para la novela gótica, en el que participarán Pilar Pedraza, José Carlos Somoza y Francisco Torres Oliver.
Ediciones Gigamesh llevará a dos autores «de la casa» de los que presentaremos novedades en Gijón: David Gemmell (El Mensajero de la Muerte, quinta novela del ciclo Drenai) y Richard Morgan (Leyes de mercado).
Pero como somos friquis y estaremos en Asturias, la AsturCon va a acarrear una considerable carga gastronómica y etílica. El viernes 7 se celebrará una primera cena no oficial, pero a la que a lo tonto a lo tonto ya nos hemos apuntado sesenta comensales.
Con todo, el acto social por antonomasia es la espicha del sábado por la noche, en el llagar El Trole. Aparte de beber sidrina y comer a lo loco, habrá una fiesta de disfraces, que este año tiene como eje temático el space opera, y suponemos que el habitual karaoke de Jesucristo Superstar con el que nos deleitarán Juan Miguel Aguilera y Rodolfo Martínez.
Durante la espicha se procederá a la entrega del II premio Avalon de relato y los I premios literarios Xatafi-Cyberdark. El listado de finalistas es irreprochable, a título personal estoy muy contento con las candidaturas a la mejor iniciativa editorial (por los cuentos completos de Fredric Brown) y el casi pleno de Gigamesh en relato extranjero (cinco de seis finalistas: "El hombre con forma de pera", de George R. R. Martin [Gigamesh 40], "No opinamos lo mismo", de Bruce Sterling [Gigamesh 41], "Duelo", de Richard Matheson, "He tocado el cielo", de Mike Resnick, y "El sumidero de la memoria", también de Mike Resnick [los tres en Gigamesh 42]). Los premios Xatafi-Cyberdark nacen como una iniciativa necesaria, que aspira a consolidarse como un premio de la crítica y que puede resultar un contrapunto interesante a los Ignotus, concedidos por los socios de la AEFCFT.
Si vais a ir a Gijón, allí nos veremos. Y si no, ya os iré informando desde aquí.
(Ah, sí. Ando de cabeza, actualizo más bien poco y no parece que la cosa vaya a mejorar durante las próximas dos semanas. Pequeños cuellos de botella. Espero que a la vuelta de las vacaciones pueda retomar el ritmo de tres actualizaciones semanales.)


viernes, 16 de junio de 2006

«¡Cómo odio Gigamesh!»

No lo digo yo: lo decís algunos de vosotros. (Bueno, vale, y también lo decía yo hace años, cuando venía de paso a Barcelona, me acercaba por Gigamesh y me dejaba toda la paga en libros.)
Se acerca el fin de semana y, con él, las excursiones al centro o los viajes relámpago a Barcelona, que si eres friqui suelen llevar aparejada la tarde dedicada a hacer compritas compulsivas en el Triángulo Friqui y, en concreto, en la librería. No es inhabitual ver escenas como la siguiente:
Más allá del cachondeíto metarreferencial, el «¡Cómo odio Gigamesh!» proferido por compradores que se dejan sus buenos cien euros por incursión a la librería es ya un clásico y, me aseguran los compañeros de la librería, es real. Hay quien sale lleno de bolsas y bolsas, exclamando la frase de marras. De hecho, no hace mucho tiempo me rondaba por la cabeza la idea de escribir una Trilogía Friqui, que iba a estar compuesta por tres novelas, tituladas Vicio y subcultura, ¡Cómo odio Gigamesh! y ¿Cuándo sale Festín de cuervos?, respectivamente. La idea me motiva y lo mismo me pongo a ello un año de estos.
Rescato esta ilustración después de practicar un poco de arqueología en el disco duro. Es de Albert Monteys, ahora famoso por ser la mitad creadora de esa gran serie que es Para ti, que eres joven y por ser el director de El Jueves. En origen era un anuncio para la revista Trama, que edita Astiberri. Debe de ser de la época en que Albert ilustraba el correo de la revista. Cuando empecé a dirigir Stalker y, más tarde, Gigamesh, Albert se dedicaba a realizar pequeñas viñetas sacándole punta a las cartas más ocurrentes de los lectores. Durante los primeros números de Gigamesh, ese cometido le había correspondido a Cels Piñol. Cuando Cels se dedicó a tiempo completo a los narizones de Fanhunter, nos recomendó a Albert Monteys, y el nivel se mantuvo. Cuando Albert no pudo seguir por falta de tiempo, Rafa Marín nos recomendó a Mel Prats, que sigue ilustrando el correo al mismo nivel que sus predecesores. El correo de Gigamesh era uno de los primeros lugares por donde abrías la revista, buscando tu carta, a ser posible con chiste incorporado, o, si no habías escrito nada, por el placer de ver aquellas ilustraciones o los nunca bien ponderados Títulos Pervertidos (los mejores siguen siendo Me las piro de Salem's Lot, de St*ph*n K*ng, y Soy merienda, de R*ch*rd M*th*s*n, aunque en los últimos tiempos se les ha acercado el brillante Tormento de espera, de G**rg* R. R. M*rt*n).
Ahora las listas de correos de Yahoogroups y los foros de Internet se han cargado un poco el concepto tradicional de cartas de los lectores, pero en el próximo Giga he conseguido rescatar la sección. Por supuesto, con ilustración de Mel. Y unos cuantos títulos pervertidos, algunos de ellos muy agudos. Buenas noticias.
Buen finde a todos. Y a no sudar mucho, que la cosa viene calurosa.

jueves, 15 de junio de 2006

Pantallazo

Siguiendo el comentario de Alfredo Álamo, voy a hacer una pequeña captura de la pantalla de mi ordenador. Este es el del curro, pero tanto da: en el de mi casa tengo el mismo fondo de pantalla.
Aparte de propiciar el «¡Oooooh!» más grande y unánime que he escuchado jamás en una sala de cine (y del que participé), esta escena pone de manifiesto que estamos ante la mejor interpretación hollywoodiense de Antonio Banderas (con Almodóvar estaba que se salía, sobre todo en Laberinto de pasiones y La ley del deseo), aunque no pudo eclipsar a un Eddie Murphy en estado de gracia. ¿Cuándo crearán la categoría de Mejor Actor y Mejor Actriz de película de animación en los Oscars?
El fondo de pantalla también me sirve como espejo en el que ensayar miraditas de pequeño friqui desprotegido cuando toca bronca en el trabajo o en casa. Pero esto es nuestro secreto. Que no salga de aquí, por favor. No se lo digáis a nadie.

Por lo demás, mi vida transcurre con una placidez y un estado de sonrisita bobalicona totales que me atrevo a calificar de felicidad, interrumpida sólo por pequeñas irrupciones del trabajo (el Gigamesh especial Ursula K. Le Guin), el dentista (esta mañana, la cosa ha sido muy sosa: mi dentista showman se ha limitado a quitarme los puntos, citarme dentro de dos meses para una radiografía y hala, para el curro, después de un desayuno con Cristina; no ha cantado ni una canción de Rocío Jurado, ni le ha dedicado un solo comentario salaz a Lidia, la ayudante: definitivamente, se muere la fiesta), la explosión de euforia y autoafirmación nacional que todo español de bien debería haber sentido ayer por la tarde tras el 4-0 a Ucrania (no, si todavía llegaremos a cuartos de final y todo), los problemas de salud familiares (que ayer fueron leves, por suerte, pero en el sentido habitual), la eterna pregunta que me formula cualquier friqui que se precie en cuanto me ve («¿Cuándo sale Festín de cuervos?») y ese leitmotiv de mi estancia en Barcelona que es iniciar un proceso de cásting en casa. Esta vez no toca meter gente en una habitación sino en dos. Salen tres compis (Andrés y Eli, que ya tienen casi a punto el piso que se compraron, y Bere) y entrarán dos o tres. Prometo dedicarle una entrada, dependiendo de lo jugoso que sea el proceso de selección.

lunes, 12 de junio de 2006

Algo nuevo: ¡Recuentos de manifestantes en 3D!

Nos manipulan. Otra cosa es que nos dejemos manipular en el sentido en que nos gusta que nos manipulen.
Uno de los ejemplos más significativos de manipulación es la guerra de cifras consustancial a las manifestaciones. De un tiempo a esta parte, parece que todo se soluciona echándose a la calle, lo cual me parece una expresión muy legítima de la participación ciudadana. Resulta temerario descalificar las manifestaciones del signo ideológico contrario al nuestro y luego echarse a la calle en cuanto te dan ocasión para ello; acusar de golpismo encubierto a quienes recurren a las demostraciones de fuerza en la calle y luego intentar apropiártela cuando las urnas te han sido adversas; minimizar las cifras de asistencia a manifestaciones contrarias a tus intereses y magnificar las de aquellas que te convienen.
Aclaro que estoy hablando indistintamente del PP y el PSOE, y que no voy a entrar a valorar las motivaciones de los manifestantes del sábado ni de ninguna otra manifestación: todas son perfectamente intercambiables, y los bailes de cifras son moneda común, sea cual sea la causa de la protesta.
El blog Manifestómetro nació para intentar aclarar algunos aspectos oscuros de las guerras de cifras que se desatan cada vez que hay sarao. Y lo hacen recurriendo a argumentos bastante más científicos que la estimación a ojo de buen cubero: el cálculo de densidad de manifestantes por metro cuadrado y el recurso a la fotografía aérea.
De este modo, Manifestómetro calculó la cifra de asistentes a la manifestación del sábado. El método empleado se explica muy bien en la entrada de hoy.
Tomemos una fotografía aérea de la zona en cuestión durante la hora de máxima afluencia de manifestantes.

Se calcula un área de 72.700 metros cuadrados. A continuación se divide esta superficie en siete sectores y se aplican diferentes densidades de ocupación (número de personas por metro cuadrado), con estos resultados:

Sector 1: 3.000m2 x 3 personas por m2= 9.000 personas.

Sector 2: 5.625m2 x 4 personas por m2= 22.500 personas.

Sector 3: 12.300m2 x 4 personas por m2= 49.200 personas.

Sector 4: 6.420 m2 x 3 personas por m2= 19.260 personas.

Sector 5: 16.900 m2 x 3 personas por m2= 50.700 personas.

Sector 6: 6.223 m2 x 2 personas por m2= 12.446 personas.

Sector 7: 22.300 m2 x 1 persona por m2= 22.300 personas.

TOTAL: 185.406 personas.

Lo cual contrasta con las cifras facilitadas por la Comunidad de Madrid (1.000.000 de asistentes; es decir, un millón) y se acerca bastante a las proporcionadas por la Delegación del Gobierno (243.000), un diario progubernamental como El País (200.000) y otro diario descaradamente antigubernamental como El Mundo (216.000). Demasiado similares, y además coinciden con las de Manifestómetro. ¿A quién creer?

No obstante, Manifestómetro le concede el beneficio de la duda a la Comunidad de Madrid y nos da un dato: para que, en efecto, hubiera salido a protestar un millón de personas, la densidad debería haber sido de trece (13) personas por metro cuadrado.

Parece una cifra descabellada, teniendo en cuenta que la densidad máxima que se suele alcanzar en las manifestaciones es de cuatro personas por metro cuadrado.

Sin embargo, ni Manifestómetro ni los diarios afines al peligroso polanquismo que nos invade (ni mucho menos la Delegación del Gobierno) han tenido en cuenta el método de análisis que propongo, y que en mi modesta opinión le concede un margen de credibilidad a la Comunidad de Madrid (cuya presidenta encabezaba la marcha, aunque este detalle sea menor).

Todos los medios realizan los cálculos teniendo en cuenta concentraciones por metro cuadrado. Son bidimensionales. Así, resultaría descabellado suponer que se puedan haber manifestado trece personas por metro cuadrado cuando lo máximo que puede pasearse por las calles de Madrid es algo menos de la tercera parte. No obstante, he investigado y, fruto de mis pesquisas, he dado con la única manera posible de juntar la cantidad de manifestantes que la Comunidad de Madrid nos asegura que se produjo:

Los manifestantes eran castellers.

¿De qué otra manera puede haber trece, o incluso veinte, manifestantes por metro cuadrado?

Juzgad, juzgad por vosotros mismos.

Ahora que habéis visto este cinc de vuit ejecutado por la colla «Frederic Jiménez Losantos» todo cuadra, ¿verdad? ¡Teníamos la solución delante mismo de nuestras narices y no habíamos sabido verla!

Así pues, es cierto: nos mienten. Otras manifestaciones y otros recuentos son posibles. La Comunidad de Madrid no miente. Manifestómetro, la Delegación del Gobierno, El País y El Mundo, sí lo hacen; y como bellacos. Y, además, le restan todo el valor a esta bella composición de la colla de castellers de La Moraleja. Por no hablar del mérito de este dos de nou amb folre i manilles, el segundo que se consigue en lo que va de siglo, impecablemente ejecutado por la colla de castellers «L'Àngel Acebes», de Nuevas Generaciones de Ávila.

(Parida de lunes lunesoso a la hora del café, urdida a raíz del debate que se está desarrollando ahora mismo en Escolar.net.)

viernes, 9 de junio de 2006

«Cariño, ¿desde cuándo te gusta el fútbol?»

El Mundial acaba de empezar. Si vuestra pareja de repente empieza a ver los partidos junto a vosotros, e incluso se apropia del mando a distancia, no os hagáis ilusiones: probablemente no haya descubierto las excelencias del fútbol. Iker Casillas. Apañó.
Roque Santa Cruz. Paraguayo.
Cristiano Ronaldo. Portugués.
Freddie Ljunberg. Sueco.
Y ni un rubio. Fíjate tú.
(Pequeñas maldades de viernes por la tarde.)

Refinitivamente, ni de coña

Definitely Maybe, de los Oasis, elegido el mejor álbum de la historia del pop, según los lectores del New Musical Express y The Guinness Book of British Hit Singles and Albums.
Menos mal que en el resto del listado hay muchos de los grandes.
Echo de menos a los Rolling Stones, la Velvet Underground, Lou Reed, Joy Division, los Pixies, Sonic Youth o Bruce Springsteen, pero el listado es razonable, con la excepción del primer puesto.
También hay muchos británicos, pero eso se le presupone a un listado elaborado por una publicación británica. Si lo hicieran aquí ganaría Bunbury, supongo.
Los veinte primeros puestos están ocupados por los siguientes álbumes:

1. Definitely Maybe, de Oasis
2. Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, de los Beatles
3. Revolver, de los Beatles
4. OK Computer, de Radiohead
5. (What's The Story) Morning Glory?, de Oasis
6. Nevermind, de Nirvana
7. The Stone Roses, de los Stone Roses
8. Dark Side Of The Moon, de Pink Floyd
9. The Queen Is Dead, de los Smiths
10. The Bends, de Radiohead
11. The Joshua Tree, de U2
12. London Calling, de los Clash
13. The Beatles (el álbum blanco), de los Beatles
14. Abbey Road, de los Beatles
15. Up The Bracket, de los Libertines
16. Never Mind The Bollocks Here's The Sex Pistols, de los Sex Pistols
17. Led Zeppelin IV, de Led Zeppelin
18. The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars, de David Bowie
19. A Night At The Opera, de Queen
20. Is This It, de los Strokes

Buen finde a todos.

jueves, 8 de junio de 2006

Otras corridas son posibles

Más pruebas de que el Apocalipsis se acerca.
Diez activistas de la asociación PETA (Personas por la Ética en el Trato a los Animales) se echaron ayer a las calles de Washington, para protestar ante la embajada de España contra las corridas de toros.
Al grito de «La tortura no es arte ni cultura», y pertrechados únicamente con ropa interior y pañuelos sanfermineros, los manifestantes departieron con el embajador de España en los Estados Unidos, Carlos Westendorp.


Fijaos en que hay un cartel en catalán, lo cual indica que detrás de esta maniobra de distracción está la mano oculta del Tripartito, para terminar de romper España (la piel de toro, no lo olvidemos) y sus tradiciones seculares. El crimen no descansa.
Como forma de protesta, no se puede negar que es original, impactante y divertida.
Toda la secuencia fotográfica de la protesta se puede encontrar en la web de 20 Minutos, de donde extraje la información.

martes, 6 de junio de 2006

666

6 de junio del 2006; o sea, 6-6-6, aunque Juanma Barranquero me diga que sus fechas tienen licencia ISO y hoy es 20060606.
Me tiro tres días desaparecidillo en casa de Cristina y emerjo al mundo exterior con los siguientes titulares:
Un señor que fue ministro del Interior con un partido que sacó una mayoría absoluta esgrimiendo como principal logro la tregua de ETA de 1998 afirma que el plan de paz de Zapatero es el plan de ETA, con lo que convierte al PP en la única fuerza política que se mantiene al margen del proceso de paz, en una posición aún más radical que la ilegalizada Batasuna. Ah, sí: Aznar autorizó el inicio de conversaciones con ETA en 1998.
Esperanza Aguirre le pregunta a los dirigentes del PSOE si han pedido perdón por el gulag de Stalin. Espe nos recordaba de esta manera que el PSOE se definía como marxista en 1979, y por tanto tenía que estar de acuerdo con las atrocidades stalinistas. Todo esto viene a cuento de que Maragall recordó ayer que el PP (entonces, AP) votó que no al Estatuto de autonomía de Catalunya de 1979 (y a la Constitución de 1978, si vamos a eso). A todo esto, Espe es la persona mejor situada dentro del PP para suceder a Rajoy si pierde las próximas elecciones generales.
Unos maulets sabotean un acto de los Ciutadans de Catalunya de Arcadi Espada y la emprenden a golpes con parte de los asistentes al grito de «¡Fascista! ¡Inmigrante! ¡Bilingüe!». Vivan la coherencia, la tolerancia y el buen rollito.
Mercedes Cabrera, flamante ministra de Educación, dice que los jóvenes abandonan los estudios antes de tiempo porque «la economía va bien» y se lanzan al mercado laboral. Venga, bonita, reza para que la economía no vaya tan bien y no tengas que perder tu trabajo, no sea que te quedes sin jóvenes a los que educar.
Zapatero le desea suerte a la selección española. Ya sabemos a quién exigirle responsabilidades políticas cuando España palme frente a Suiza en octavos. Opá, vamos a por el Mundial.
Javier Solana, nuestro Míster PESC favorito, vuelve de muy buen rollo de Irán, donde ha mantenido conversaciones «positivas, útiles y constructivas» acerca del programa nuclear del gobierno de Teherán. (Y ahora, todos juntos: «Gran ganga, gran ganga».) No, si ya verás cómo el Apocalipsis lo va a desatar un sociata. Quod erat demonstrandum.
Yo ya no entiendo nada. ¿A que va a ser verdad que hoy es el Día de la Bestia?



viernes, 2 de junio de 2006

Simetría bilateral tope gore

¿Clive Barker? Un moña.
Ayer di el primer paso hacia la conversión de Juanma en cíborg: la extracción de los dos molares que hay que sustituir por los implantes de titanio.
Voy a la clínica con Cristina, después de regalarnos un almuerzo de primera en una taberna libanesa que acaban de abrir en el barrio. (Meshwar Kafrun, calle Riego núm. 36. De nada.) No estamos ni diez minutos en la sala de espera y me llaman.
El cirujano tendrá más o menos mi edad y está todo el rato tirándole los tejos a las ayudantes y personal femenino de la clínica. Si tuviera gafas, bigote pintado y un puro habano entre los dedos, sería Groucho Marx.
Me quito las gafas (momento culminante de indefensión) y prácticamente empezamos.
Mientras me inyecta la anestesia se pone a cantar:
-Como una ola tu amor llegó a mi vida.
Como una ola de fuego y de caricias.
Y la ayudante, una chica como de veintipoquísimos años que llevaba mucho cachondeíto encima, lo secundaba:
-De espuma blanca y rumor de caracolas,
como una ola.
(Nótese el homenaje implícito, y sin sacar el tema ni escribir una anotación ad hoc.)
-¿Y las radiografías? -me pregunta.
-¿Qué radiografías? -contraataco.
-Así que no le habéis hecho ninguna radiografía. Da igual. A esto se le llama simetría bilateral: hay que extraerte la 36 y la 46.
-Mmmmm mmmm mmmmm -digo, a lo Kenny. Parece que la anestesia está surtiendo efecto.
-¿Qué?
-Gue digo gue lad dod buedad diembde ze be han gaído a la ved. Pdimedo hubo gue haced empadted, ze me gayedon a la ved y hubo gue haced oddoz embadtez y duego daz doz endodonciaz me laz hiciedon a la ved.
-Pues eso: simetría bilateral.
Y sigue manos a la obra.
-Quiéreme o no me quieras, pero que parezca que me quieres -continúa tirándole los tejos a la ayudante. Luego se dirige a mí-: Con esto es lo mismo. Abre la boca todo lo que puedas.
Y me empieza a extraer la muela derecha. Que sale relativamente bien. Me la enseña. Veo una cosita embadurnada de sangre. Para el caso, podría ser una bala o la sorpresa de un roscón de Reyes cubierta de mermelada de frambuesa.
-Estoy haciendo mucha fuerza, ¿verdad? Tienes que notar la presión.
-¡Nggggg! -respondo, como si fuera una imitación especialmente inspirada del blog de Chewaca.
-De acuerdo... Aquí viene Torrente, el brazo fuerte de la odontología.
Comienza con la segunda muela.
-Está dando bastantes problemas. Luz, más luz. Que ya que no me haces caso, por lo menos me des luz.
Sigo mirando a un punto inconcreto, más allá del foco y de las caras del cirujano y la ayudante.
-Notarás que te presiono mucho, ¿no?
Pongo mirada de gatito desasistido, como dando a entender que sí. Pero ni un puto quejido, oye.
-Miiiira, allá va una raíz.
Y, en efecto, una raíz de la muela sale de la boca pegando un bote y casi me acierta en el ojo.
-Bien, bien.
Y se pone a cantar:
-Lo estás hasiendo muy bien, muuuuy bien.
Y la ayudante, que lo secunda:
-Lo estás hasiendo muy bien, muy bien, muy bien... ¿Esto de quién era? ¿De Miguel Bosé?
-Ee-een Aa-aa -digo, automáticamente.
-¿Qué?
-Gue la gandión ez de Zemen Ab.
-¡Muuuy bieeen! ¡Eres de los míos!
No añado que es del 85 y que el cantante y compositor de Semen Up es Alberto Comesaña, que luego formó Amistades Peligrosas con Cristina del Valle. Pero no lo añado porque no me iban a entender, no por falta de ganas. Que si no, de qué.
Luego hay un momento crítico. La ayudante me tiene que sostener un carrillo (que debe de estar anestesiadísimo) para que el cirujano pueda extraer la segunda raíz. El cirujano vuelve a tirarle los tejos y a ella le da un ataque de risa tonta. Hasta Cristina lo oye en la sala de espera. Bueno, a decir verdad, Cristina oye todo el chou, de principio a fin. Y supongo que el resto de la sala de espera también.
-Y esto no es nada. Tendrías que estar en quirófano. Allí sí que hay cachondeíto.
Lo corroboro. Cuando me operaron para drenarme la infección que luego terminó siendo un ganglio necrosado por efecto del linfoma, la intervención se realizó con anestesia local. Ahí estaba yo, despierto y con varios bisturíes a escasos milímetros de mi carótida. Mi hermana estaba presente, porque los cirujanos que me operaban eran residentes cuando ella estudiaba la carrera, y habían coincidido en el hospital. Se pasaron toda la operación marujeando.
Cuando me operaron de hipospadias (una reconstrucción uretral, para entendernos), lo hicieron con anestesia epidural. Tenían puestos Los 40 Principales.
O sea: sí, un quirófano es peor.
-Bueno, esto ya va saliendo -dice, y me arranca la raíz que quedaba.
Acto seguido, empieza a taparme el desaguisado con una especie de masilla. Y a coserme. Qué hilo más grueso, joder.
Termina. Me limpian la cara, que debe de estar ensangrentada hasta las mejillas, y dejan que me enjuague.
-Muy buen paciente. Has sido muy buen paciente.
Llevo oyendo eso desde que tenía dos años. No voy a montarle un cirio a cualquiera, sólo porque estén haciéndome algo que hay que hacer de todos modos, y que cuanto más rápido me lo hagan, mejor. Gritando y poniendo problemas no soluciono nada.
Además, no por ser un paciente sufrido voy a ser un buen paciente. A veces hay que decir que te duele, para que no te hagan un destrozo, y me suelo callar hasta eso. Hoy no.
Y aparte, que sí, soy buen paciente, por lo general. Siempre me lo han dicho.
Pues qué bien.
-Es que el otro día, un cliente intentó pegarme.
-Sí, qué desagradable fue -corrobora la ayudante.
Por otro lado, entiendo al cliente. Aunque, bien mirado, me lo he pasado de puta madre y ha habido un par de momentos en que casi me da el ataque de risa. Intentad partiros el pecho a carcajadas con un señor hurgando en vuestra boca con unas tenazas, o lo que sea.
Pero me lo he pasado muy bien. Si la finalidad del numerito era tenerme entretenido y que no me fijara en lo que me estaba haciendo, desde luego el tipo es un profesional como la copa de un pino, y además tiene sentido del espectáculo. Si es así, pues bueno: también El Gran Wyoming empezó como médico, y mira.
Después, las indicaciones:
-Quítate las gasas cuando llegues a casa y ponte estas. -Me dan un paquete de gasas estériles-. Tómate un Urbasón, un antibiótico y un Ibuprofeno cada ocho horas. Tómatelos ya, antes de que se te pasen los efectos de la anestesia. Y un Nolotil si ves que te duele.
De la clínica al cajero, de allí a la farmacia, de allí a mi casa, allí me tomo la primera tanda de medicamentos, y de allí a casa de Cristina. Por el camino me encuentro con mi casero. Camiseta Armani, gafas de sol Armani, reloj de 300 euros y peinado a lo Beckham. Que ingresemos hoy el dinero, que el lunes es fiesta.
-Pedo fi ya lo fé. Bida lo gue me han hedcho en lod diented.
-Haaaala. Venga, te doy mi email y me confirmas el ingreso.
-Este tío es un gilipollas, ¿no? -comenta Cristina, en cuanto lo perdemos de vista.
Qué gran resumen para dos años y medio de mi vida de inquilino.
Y después, a cambiarme las gasas cada hora y pico, tomarme el Nolotil porque la cosa estaba muy malita, pasarlas putas cada vez que cogía el teléfono (y tenía que hablar, se entiende) y cenar, sobre todo cenar. Me daba pánico cenar. Una crema de espárragos, un yogurcito de coco y un vaso de agua. Nada sólido, aún.
Y esta mañana, por fin, un enjuague bucal. (Limpiarme los dientes, aún no.) Y mucho mejor.
Segundo asalto, dentro de dos semanas.

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