miércoles, 31 de mayo de 2006

Paul Auster, premio Príncipe de Asturias de las Letras

Hay noticias que lo alegran a uno, como la concesión del premio Príncipe de Asturias de las Letras a un grandísimo escritor como Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 1947). Ganara quien ganara, la decisión iba a ser justa. Uno de los finalistas a los que se ha impuesto Auster es Philip Roth (Newark, Nueva Jersey, 1933), el autor de Lamento de Portnoy, Me casé con un comunista, Pastoral americana y La conjura contra América, entre otras. Del otro finalista, Amos Oz (Jerusalén, Israel, 1939), no he leído nada, pero en el Kosmopolis 2004 me quedé embobado con su conferencia, una de las dos mejores a las que he asistido en toda mi vida. (La otra coincidió con una entrega de premios de relatos en la Universidad Autónoma de Madrid y la dio Mario Benedetti. Palabras mayores, también.)
El acta del jurado es la siguiente:

Reunido en Oviedo el Jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006 integrado por D. Andrés Amorós, D. Luis María Anson, D. J. J. Armas Marcelo, D.ª Blanca Berasátegui, D.ª María Luisa Blanco, D. Rogelio Blanco, D. Pedro Casals, D. Antonio Colinas, D. Francisco Javier Fernández Vallina, D. José Luis García Martín, D.ª Pilar García Mouton, D. Manuel García Rubio, D. Emilio González Ferrín, D. Manuel Llorente, D.ª Rosa Navarro Durán, D.ª Berta Piñán, D. Fernando Rodríguez Lafuente, D. Fernando Sánchez Dragó, D. Darío Villanueva, presidido por D. Víctor García de la Concha y actuando como secretario D. Román Suárez Blanco, acuerda conceder el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006 a Paul Auster por la renovación literaria que ha llevado a cabo al unir lo mejor de las tradiciones norteamericana y europea, innovar el relato cinematográfico e incorporar a la literatura algunas de sus aportaciones.
Con su exploración de nuevos ámbitos de la realidad, ha conseguido Auster atraer a jóvenes lectores, al dar un testimonio estéticamente muy valioso de los problemas individuales y colectivos de nuestro tiempo.
Oviedo, 31 de mayo de 2006
Ante lo cual, sólo me cabe decir que amén. Aunque uno le perdone truñetes como Lulu on the Bridge (que se salva por las interpretaciones de Harvey Keitel y Mira Sorvino), lo cierto es que sólo por haber sido el guionista y codirector (junto con Wayne Wang) de Smoke y Blue in the Face se merece entrar en la pequeña historia del cine independiente estadounidense. Resulta imposible olvidar esa secuencia en la que Harvey Keitel va narrando el cuento navideño mientras la cámara se acerca y, sin que apenas nos demos cuenta, lo que empezó como un plano medio se ha convertido en un plano de su boca, que narra y narra hasta hipnotizarnos.

Pero el Auster de verdad es el literario. Las desventuras de Míster Bones, el perro que protagoniza Tombuctú, no son otra cosa que un retrato descarnado de la condición humana. La búsqueda de "Ciudad de cristal" (en Trilogía de Nueva York), que se sucede a lo largo de la geografía de una Nueva York espectral, es uno de los ejercicios de literatura detectivesca más originales que he leído. Y, por encima de todo, Auster es el autor de la mejor descripción que he leído de la soledad, la caída en la indigencia y la pérdida de raíces. En El palacio de la Luna hay un pasaje sobrecogedor. El protagonista, que empieza viviendo en su casa amueblada y llena de libros, va vendiendo sus pertenencias a medida que necesita dinero; en paralelo, su mobiliario se va reduciendo hasta componer un paisaje espectral de cajas de cartón, y al final ni siquiera eso.

Auster es el autor que nos viene a la memoria si pronunciamos la palabra azar. Pero, sin duda, el azar no ha intervenido en absoluto en la decisión del jurado. Es un premio merecido. Para celebrarlo, voy a comprarme Brooklyn Follies y veré si adelanto La noche del oráculo en la enorme pila que invade mi habitación. Hace mucho tiempo que no tengo un Auster nuevo entre mis lecturas, y ya apetece.

Otras tres canciones para el nuevo milenio

Y con estas ya son trece, que queda mucho mejor que la decena.

En la otra anotación dejé pendiente una canción de Chucho que me encanta. Tal vez no sea la mejor de su genial Los diarios del petróleo (honor que acaso habría que reservarle a “Ricardo Ardiendo”) ni alcance la intensidad de “La mente del monstruo”, pero la letra me fascina, por la manera en que Fernando Alfaro aborda un asunto como el suicidio y lo hace aparecer como una gesta cotidiana, algo tan simple como abrir todas las ventanas y saltar. El juego a dos voces (con Isabel León) en el estribillo dota de una intensidad especial el momento de la iluminación final del protagonista. Uno de los broches de oro del disco más triste de Chucho. Y que me da pie para felicitar a mi amiga Lola, paisana albaceteña de Chucho, por su cumpleaños.

Chucho
"Abre todas las ventanas”
(Diarios de petróleo, 2002)

Era la última locura del cruzacables profesional.
Dicen que la vida es dura, y que a veces te trata tan mal.
Te trata mal.
Se llegó al hotel de siempre, al hotel para estrellaos como él
y pidió el piso más alto que le pudieran dar,
“para que haya más luz”,
como Jesús sin paracaídas.
La noche la pasó fumando.
Llamaba y ella no estaba en casa.
Tampoco funcionaba el mando.
Miraba la ventana y ocurrió: amaneció.
Entonces la abrió.
“Que corra el aire.”
Abre (ya abrí la ventana y)
que corra (corrió como sangre)
el aire (el aire de la mañana)
ya. (y ya pasó)
Abre (ya abrí la ventana y)
que corra (corrió como sangre)
el aire (el aire de la mañana)
ya. (y ya pasó)
Y el humo veneno de toda la noche con
el mal pensamiento se esfumó.
Y el humo veneno de toda la noche con
el mal pensamiento se esfumó.
El pensamiento apuntando hacia el cielo de abajo,
hacia el cielo de asfalto, ya voló.
Y en las ondas de radio ya voló mi diario
y yo ya lleno estadios con mi voz.
Y ya quemé mi pasado y me he volatilizado.
Ya no soy mi pasado, sólo yo.
Y los discos quedaron ahí latiendo callados
y aún hacen su trabajo de demolición.
Abre (ya abrí la ventana y)
que corra (corrió como sangre)
el aire (el aire de la mañana)
ya. (y ya pasó)
Abre (ya abrí la ventana y)
que corra (corrió como sangre)
el aire (el aire de la mañana)
ya. (y ya pasó)
Y el humo veneno de toda la noche con
el mal pensamiento se esfumó.
Y el humo veneno de toda la noche ...


El talento de Nacho Vegas no tiene límite. Es el mejor letrista español de la actualidad, como ya dejé patente en la entrada anterior, al incluir la letra de “El hombre que casi conoció a Michi Panero”. “En La Sed Mortal” no le anda a la zaga, y de hecho es la responsable de una expresión que dejo caer a veces y que casi nadie me entiende: “Pedir perdón como en una canción de Nacho Vegas”. Estremecedora.

Nacho Vegas
“En La Sed Mortal”
(Miedo al zumbido de los mosquitos, 2002)

Llevo ya una copa de más, aquí en La Sed Mortal, cuando entra Dodó.
Y yo no me muevo de aquí,
y aun así habré de llegar a la conclusión de que no hay un ser más culpable que yo
-ni lo habrá- sobre la tierra.
Y empiezo a pedir así:
Por las cosas que siento y por aquellas que odio sentir;
por mi mala cabeza;
porque mi calavera, ella, no dejará de reír;
por las lunas nuevas;
por las cosas revueltas que dan vueltas dentro de mí;
por seis años de penas
y por cosas que ni tan siquiera me atrevo a decir;
perdón por mis pies siempre fríos;
por la noche pasada, y por la otra, y por aquella también;
perdón por el Gran Sinsentido;
por querer comprenderlo y, sobretodo, por no comprender...
Perdón.
Y Dodó me observa, y yo le oigo rezar así:
-Perdón por existir.
Y amablemente invito a un güisqui a Dodó,
y él me cuenta que incluso los perros se ponen tristes después de eyacular.
Después, salimos agarrados de La Sed Mortal,
y es entonces cuando puedo jurar que no hay un ser más culpable que yo
-ni lo habrá- sobre la tierra.
Y
por dos mil años de cristiandad;
por tener la osadía de alimentarme y de respirar;
por los superdotados;
por el hombre tripudo y por la liberación sexual;
por el circo italiano;
por el viejo que agita una servilleta al hablar
y me jura y perjura que en ella
ha resuelto el misterio de la Santísima Trinidad;
perdón por la gente moderna;
porque corro el peligro de mirarme y perder la razón;
¡perdón, por el amor de Dios!;
por la gran decadencia de una vida pidiendo perdón;
perdón por los cuatro elementos;
por la tierra y el agua y el fuego y la polución;
perdón por todos mis lamentos;
por Dodó y, en fin, os pido por esta canción...
Perdón.
Y os miro a los labios, y a todos oigo pedir
perdón por existir.


Mi primo y sus canciones. Después de marcar la parte más canalla del rock español con Los Enemigos, el primer disco en solitario de Josele lo confirmó como un cantautor sin más, al margen de las estrechas definiciones de género. Las golondrinas etcétera fue considerado el mejor disco del año 2004 por publicaciones que siempre lo habían ninguneado en su etapa de Los Enemigos. Fui uno de los afortunados que pudo disfrutar de la presentación del disco en la Pedrera de Barcelona. La banda, con el impagable Nacho Mastretta como maestro de ceremonias y la presencia de instrumentistas virtuosos como Pablo Novoa, Luca Frasca y Ricardo Moreno, dio lo mejor de sí misma. Josele estuvo colosal. Pero, por encima de todo, están sus letras.

Josele Santiago
“Mi prima y sus pinceles”
(Las golondrinas etcétera, 2004)


Qué peligro.
Aquí siempre es domingo
y empezamos a pensar
siempre en lo mismo.

Es claro.
Es de catecismo.
Mi primita se dispone
a hacer turismo.

De excursión por el abismo.

Prepara
mi prima sus pinceles
y pinta puertas
por todas las paredes.

Y pieles.
Se pinta muchas pieles.
Sabe dónde cambiarlas
por más pinceles.

Y pintarse así más pieles.

Escucha:
Los muertos dicen que no.
La calle grita que sí.

Ay ay ay ay…De entre todas sus pieles
ya se asoma la más blanca,
la que más le duele.

Ay ay ay ay…No pintes tus papeles,
que todo el mundo
reconoce ya tus pinceles.

Todo el mundo se los huele.

Escucha:
Los muertos dicen que no.
La calle grita que sí.
(Esta es la portada de Las golondrinas etcétera, de Josele Santiago)


(Y estas son dos instantáneas, rapiñadas de Internet, del concierto de La Pedrera)

lunes, 29 de mayo de 2006

Pornografia oral contagiosa

Como decía William Burroughs (y Laurie Anderson lo convirtió en canción), el lenguaje es un virus. Y de los más contagiosos, además. Se propaga por vía oral. Una vez infectados, nos modela a su antojo y nos determina como personas y colectivo; nos une y nos separa; y es objeto de mutaciones, que lo transforman y hacen inmune a cualquier intento de control. También muere, si no existe el caldo de cultivo adecuado.
En los seres humanos, el lenguaje es una continua sucesión de infecciones. Primero nos infectan en casa, donde nuestros padres o abuelos nos contagian sus idiomas e inoculan sus usos locales. Puedes haberte criado en Madrid, pero si tu familia es cordobesa (como en mi caso), tus expresiones serán más cordobesas que madrileñas. A veces se me escapa algún «curiana» por «cucaracha», como homenaje a mi abuela. Y si me voy a hacer pan con aceite para el desayuno, me preparo unos hoyos (pronunciado joyos). Los hermanos mayores también influyen.
Más tarde, el contagio se extiende a la calle. Salido del entorno aséptico del hogar, te expones a múltiples virus idiomáticos: el de la ciudad en la que resides, el de tu entorno más inmediato, tu niñera, tus compañeros de colegio, tus profesores, la frutera, el lechero… Cuatro años después de haberme venido a vivir a Barcelona, aún pronuncio los ejques, de los que estoy haciendo una especie de seña de identidad. Rita se reía mucho de mí cuando lo decía, y Aleix, Emmanuel, Ricardo y ella decían «Ejqueee» en tono de chanza cada vez que querían imitarme. Me he criado en un entorno andaluz, pero también en un barrio madrileño razonablemente típico, en el que a la vecina la dijeron que hiciese esto o aquello, y punto pelota.
Cuando emigras a otra ciudad, se te contagian los localismos. Además, si la ciudad pertenece a otro ámbito lingüístico te expones a una segunda invasión: la del idioma autóctono. Aunque sigo sin hablar el catalán con fluidez, lo entiendo bastante bien (al menos, el catalán xava o pixapins; cuando Cristina me habla en gironí, y además lo adorna y exagera con acento de pagès, no me entero de la misa la media) y algunas expresiones, como el sonoro y eufónico «¡Jooodeeerrr!», van siendo sustituidas por la suave «¡Collons!». (Pronunciado «cúyons», eso sí.) Entre mis grandes logros en materia lingüística, sin duda hay uno que me enorgullece particularmente: no sólo entiendo el catalanísimo e intraducible al castellano «Déu n’hi do» (cuya traducción más aproximada sería el vasquísimo «¡Ahí va, la hostia, pueees!»), sino que lo sé utilizar de manera correcta… ¡e incluso me sale espontáneamente!
Pero la cosa no queda ahí. Me he pasado tres años y medio conviviendo con mexicanos, portugueses, venezolanos, chilenos y gentes de otras procedencias. Resulta evidente que la gente con la que más hablo me suele infectar con sus maneras de hablar. Yolanda siempre se ha descojonado del hecho de que no cojo el metro, sino que lo agarro: es una influencia del mexicano que se habla en casa. Tampoco digo exclusivamente «Vaya gilipollez», sino que lo alterno con «Menuda chingadera». Supongo que, de estar infectado por el virus mexicano, lo estoy por la variante tapatía, pues al fin y al cabo Emmanuel es de Jalisco; si hubiera sido del D. F., mi acento sería mucho más fresita y mis expresiones serían genuinamente chilangas. Pero ni modo, güey.
No llego al extremo de decir «¡Qué chévere!» en lugar de «¡Qué bien!», aunque después de una tarde con Lily puedo correr ese riesgo. De todos modos, su acento merideño es menos exagerado que el que se habla en Caracas, por lo que supongo que me he salvado.
Pero estoy hablando de acentos y expresiones locales. Desaparece el contacto, y menguan. Algunas se quedan para siempre, pese a la distancia. Y otras se renuevan, conforme conoces a más gente. La promiscuidad favorece el contagio. Eso ya os lo habrán explicado en otro contexto más… eh… profiláctico, pero ello no mengua la veracidad de esta frase.
La asiduidad y la proximidad también son factores de riesgo. Acabas adquiriendo los giros y tropos de la gente a la que tienes más cerca; por lo general, las expresiones más enojosas y reiterativas, los «Huuuummm», «Eeehhh», «Esteee» y demás.
Y, si tienes pareja, terminas hablando como ella. Y ella como tú. Laura tenía familia gallega, con lo que se me pegaron muchas expresiones como «chosco» (en vez de «bizco») y «Non dibuixes» (por «No lo flipes»).
También puedes hablar como la persona que te gusta.
Supongamos que has cortado con tu pareja hace relativamente poco tiempo. Y, por fin, cuando ya te has revolcado de todas las manera posibles en el fango de la autocomplacencia y estás empezando a convencerte de que el tren del amor se te escapó sin remedio, conoces a una chica y te hace tilín. No es una exageración, no se puede catalogar como amor, aunque la atracción está allí, es perceptible, la chica te gusta y te apetece entrar al trapo.
En el intervalo transcurrido entre que la conociste y decides darle un empujoncito a la situación has hablado lo suficiente con ella; de otro modo, tal vez no te habría empezado a gustar. Tiene una peculiaridad: utiliza mucho determinada expresión; «Tócate lo que no suena», pongamos por caso.
Como la chica te gusta y empiezas a estar obsesionado por ella, tú también empiezas a decir «Tócate lo que no suena». Con tus amigos, en el trabajo y, por supuesto, con ella.
Un buen día decides invitarla a cenar a tu casa, aprovechando que estás solo. No eres un gran cocinero. De hecho, no cocinas una mierda; pero hay restos de comida rica y, total, no se trata de preparar la Gran Cena Romántica, sino de efectuar un ensayo general de la misma, con los mismos personajes (ella y tú) en una situación de fuego real, para valorar si realmente hay posibilidades.
Aunque si pasa algo, pues bienvenido sea, ¿no?
Aparece a la hora convenida.
Pero no viene sola.
Trae consigo a un chico.
Ya lo conoces de otras veces, pero no creías que fueran novios.
No entonces, al menos.
Ahora está claro que lo son.
Todos juntos: Tócate lo que no suena.
La cena a tres transcurre con cordialidad: ella es tu amiga y él te cae bien. No consigues odiarlo por más que lo intentes: al fin y al cabo, la cosa estaba aún en una fase inicial, en realidad ella no te gustaba tanto, todavía tienes que olvidarte de tu ex novia, aún no estás preparado para iniciar una nueva relación, sin duda no era el momento, tal vez ella no fuera la persona más adecuada para ti, tampoco la conoces tanto, a lo mejor te has precipitado, es mejor que seáis amigos, el fútbol es así, son once contra once, no hay rival pequeño y tócate lo que no suena.
En un momento dado de la conversación, empiezas a percibir algo extraño.
Ella habla como él.
No es que él hable como ella, sino lo contrario. No es una diferencia de matiz. Hay parejas que son equilibradas y establecen un relación simétrica; también hay otras que no, y uno de los dos es el que lleva el peso principal, el que marca el paso. En esta pareja, él lleva la voz cantante y ella es la joven padawan de su chico. Está obnubilada. Igual que en nuestra infancia repetimos los gestos y habla de nuestros hermanos mayores y, en nuestra adolescencia, los del líder de la pandilla, cuando estamos enamorados en una relación asimétrica repetimos los de la persona que nos tiene encadilados. Y este es un caso muy claro. Él marca las pautas, y ella repite e imita.
Están hablando mientras les llevas una cerveza y empiezas a presentir lo que se te viene encima.
Ella habla acerca de cualquier banalidad, y él sentencia:
-Tócate lo que no suena.
Y entonces se e viene el mundo encima.
Vamos a ver. La chica te gustaba, y estabas tan impregnado de ella que empezaste a hablar como ella. Incluso llegaste a adoptar sus expresiones.
Con una salvedad: no estabas adoptando sus expresiones, sino las de su chico.
No te contagió su virus, sino el de él.
Como sucede en la mayoría de las enfermedades fruto de la promiscuidad.
A es la pareja estable de B y le pega ladillas. Por otro lado, B se cepilla a C y, aunque usan condón porque C padece de sida. C hace el amor con D, quien le pegó el sida, y le transmite las ladillas. Por otro lado, C arrastra el resfriado que contrajo por besarse con D, quien a su vez lo pilló por estar en contacto con E, y se lo contagia a B la siguiente vez que se van a la cama, para desesperación de A, que tiene las defensas por los suelos y termina contrayendo el tercer trancazo en lo que va de primavera.
Con esto sucede lo mismo. Te gusta una chica, entre otras cosas por su manera de hablar, y descubres que su expresión más paradigmática no es suya, sino de otra persona, quien a su vez podría haberla heredado de su padre o su mejor amiga, o de una novia anterior, a la que tal vez conociste en el instituto o la universidad, te amaba en secreto y te imitó alguna expresión o muletilla, probablemente la misma «Tócate lo que no suena», que por algún motivo te dio por emplear durante una temporada y luego terminaste olvidando. Imagínatelo por un momento: tú mismo puedes ser el inicio involuntario de esta cadena.
Formamos parte de un circuito. Tus virus, sean los del lenguaje o la gripe, van a terminar llegando a mi organismo, anidando y haciendo de las suyas, aunque no se haya producido contacto directo entre nosotros. Flotan en el ambiente. Se propagan por el aire. No nos escapamos. Nos determinan. Vemos algo en la televisión o en Internet y se propaga como un reguero de pólvora. Todo el mundo lo dice. Y tú también terminas por repetirlo o adaptarlo a tu repertorio.
Yo ya decía «Así me lo aprendí yo» antes de ver el programa de Eva Hache.
Y me sabía lo de «Qué passsaaa, neeennng» antes de haberlo visto en la tele.
Imagina que has vivido varios años fuera de España y cuando regresas todo el mundo hace aspavientos con las manos y dice «No puidooorrrrl» o «Jandermorl».
Sí, formamos parte de un circuito, infectado por un virus para el que no existe ninguna vacuna. Y lo peor de todo es que en muchas ocasiones el origen de la cepa mutante que trastorna tu vida o tu corazón eres tú mismo.

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viernes, 26 de mayo de 2006

¿Qué es friquismo?, dices mientras clavas en mi cota de malla tu sable de luz

Pornografía Emocional entretiene y enseña.
Ante la pregunta lanzada ayer («¿Qué es un friqui?»), no se me ocurre mejor respuesta que esta imagen. Resulta bastante explícita e ilustrativa. Imposible explicarlo mejor con menos palabras (con ninguna palabra, de hecho).

Gracias a José Antonio Palomares por pasármela.
(Y síii, dije que no iba a actualizar con más cosas relacionadas con el orgullo friki ni el frikismo en general, pero es viernes y, al fin y al cabo, soy la contradicción personificada. O no lo soy. Bueno, puede que lo sea. Qué sé yo.)

Meme friqui

Terminamos los fastos conmemorativos del Día del Orgullo Friki con un meme que me ha pasado Álex, quien a su vez lo encontró en Microsiervos. La semana que viene retomaremos los contenidos pornográficamente emocionales ya habituales en este blog. Sé que voy con un día de retraso, pero tampoco creo que importe.
Las reglas son las siguientes:
Comparte tu frikismo
Revela al mundo tu frikismo enseñando y describiendo el objeto más friki que tengas en tu casa (o en casa de tus padres, o en tu cueva). A ser posible con algunas fotos. Valen todo tipo de cosas siempre que el frikismo esté fuertemente presente en ellas: desde figuritas de tus personajes favoritos a colecciones de objetos extraños, ediciones especiales de películas o series, disfraces estrambóticos, comics incunables, juegos de rol extremos, videojuegos clásicos, mangas inconfesables, libros con algún tipo de valía friki especial… o bien cualquier agrupación masiva, combinada o peculiar de todo lo anterior. En definitiva, cualquier tipo de objeto que al verlo puedas decir claramente: ¡eso sí que es friki!
Describe ese objeto friki y pásale al final el meme con un enlace a cuatro amigos que estén en Internet y cuyo frikismo ya conozcas. Sí, esos amigos que en vez de nombres tienen apodos, algunos de ellos élficos o algo así. O incluso a gente cuyo frikismo quieras que salga a la luz. Es probable que no tengas muchos amigos, de modo que puedes hacerlo con un número más reducido de gente o denominar «amigos» a aquellos que no conoces de nada, tal vez sólo de leerlos en Internet.
¡Ah! Si no tienes amigos que te «pasen el meme» pero te mueres de ganas de compartir tu frikismo con alguien más que tus gatos pues hala, lánzate al ruedo de forma espontánea y todos tan contentos.
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Asín que entremos en materia.
Como tengo mis cosas repartidas entre cinco lugares distintos (casa de mi madre, casa barcelonesa, casa de David Panadero, casa de Cristina y oficina), unifiquemos criterios: mi casa son todas ellas. Hablamos de cualquier objeto friki que haya en cualquiera de ellas.
Y no tengo muchos objetos friquis.
Atesoro sendas figuritas de Bart y Homer Simpson, de tamaño Madelman, en una caja que está en la oficina. No llegué a llevármelas en la mudanza de Avenida de Madrid a Arizala, por falta de espacio, pero son mi objeto friqui favorito.
David Panadero y los hermanos Díaz (Luis M. y Francis A.) me regalaron una simpática calabaza / cráneo muy Halloween, con una parte superior / cabeza de plástico que permitía ver el interior líquido, en el que pululaba un gusano verde del tamaño de un dedo meñique. La gracia del asunto estribaba en que si apretabas la calabaza, el gusano iba saliendo por la burbujita que se formaba. Muy friqui y gore.
Tengo todos los deuvedés de la serie The Work of Director, con videoclips de Spike Jonze, Michel Gondry, Chris Cunningham, Jonathan Glazer, Anton Corbijn, Mark Romanek y Stéphane Sednaoui. Me proporcionan grandes momentos de diversión. Soy muy friqui de los vídeos musicales, qué le voy a hacer. Algún día les dedicaré una entrada del blog.
En la cena navideña de Cyberdark del 2004 hicimos un Amigo Invisible y me regalaron un organillo que toca la melodía de Amélie. Es una cosita pequeñita que me hace mucha ilusión. El Amigo Invisible del 2005 fue mucho más currado y me hizo la misma ilusión.
Quique Corominas me regaló un original del dibujo de Cersei Lannister que hizo para el portafolio de personajes de Canción de hielo y fuego aparecido en Gigamesh número 40, y que ahora se ha convertido en una de las láminas promocionales que regalamos con la compra de cualquier libro de la serie en la Feria del Libro de Madrid.
En Madrid tengo casi toda la discografía de Los Enemigos en vinilo. La mayor muestra de friquismo musical en vinilo, aparte de las entradas de todos los conciertos a los que he asistido, es el doble directo 1969: The Velvet Underground Live, que me costó un pastón innoble para la época en que lo compré. Y, en formato cedé, sin duda el objeto más friqui que conservo es la edición en cedé del Sticky Fingers de los Rolling Stones. Me empeñé en que quería una copia con la cremallera de verdad, y Laura se pasó un año y pico buscándola hasta que la encontró. Tiene un plástico protector para no rayar la carátula. Cuando lo abres, tienes que bajar la cremallera y te salen los gayumbos de Mick Jagger. Muy, muy friqui.
Tengo libros firmados por sus autores (muchos de Tim Powers y algunos de Angélica Gorodischer y Robert Silverberg).
Coleccionaba llaveros cuando era mozo, y hay verdaderas virguerías en la colección. Pero a saber dónde está.
Siempre que voy a Madrid intento traerme algún Geyper Man. En su momento, tener un Geyper-man en mi habitación era normal porque se traba de un juguete; ahora sería una muestra de friquismo rayano en el kitsch.
Y no tengo muchas más frikadas dignas de mención. Si es que en el fondo soy muy normalito.
Como ya pasó el Día del Orgullo, no le voy a enviar el meme a nadie. Pero no será por falta de ganas, que conste.
Hala, a pasar buen finde. Besitooos.

jueves, 25 de mayo de 2006

Consumo responsable

Claro. Eres sueco, te vienes de Erasmus a Barcelona, te pasas seis meses a todo trapo, vives al límite, tomas cosas y cuando regresas a Göteborg terminas juntando a treinta compañeros de correrías para editar un disco con canciones tan tiernas y corales como esta "We're From Barcelona". ¿La respuesta vikinga al "Amo a Laura"? Tal vez.

I'm From Barcelona son un grupo formado en torno a Emmanuel Lundgren (el del bigotón setentero, que parece recién salido de un episodio de Los hombres de Harrelson o un videoclip de los Beastie Boys). Le dio por componer un par de canciones pop, reunió a treinta amigotes (suecos, todos ellos), les puso cazús, trompetillas y otros instrumentos que no requiriesen conocimientos previos de solfeo, y ¡hala, a grabar!
Les ha ido bastante bien, a juzgar por su cuidada página web. Acaban de editar un cedé, Let Me Introduce My Friends, tienen su propio merchandising (con camisetas tan sositas como ellos), circula por ahí un vinilo en edición para coleccionistas y ya han tenido algún bolo por esos parajes agrestes de Escandinavia, donde la lluvia ácida sólo le deja alternativa a largas noches de vodka o a fines de semana relámpago (o años de Erasmus) en la atrasada pero soleada España.
La letra es de las que tienen mensaje; tal vez oculto, pero mensaje:
I'm gonna sing this song
with all of my friends
and we're I'm from Barcelona.
Love is a feeling
that we don't understand
but we're gonna give it to ya.
We'll aim for the stars.
We'll aim for your heart
when the night comes.
And we'll bring you love.
You'll be one of us when the night comes.
Tantos años de estado del bienestar para esto.
Después de la campanada de Lordi en Eurovisión, y máxime en vísperas de un mundial de fútbol, sólo cabe un resumen: Finlandia 1 - Suecia 0.
Esto viene a cuento de que hoy es el Día del Orgullo Friqui (o friki, como prefiráis) y, la verdad, no se me ocurría ningún post más friqui / friki que este. La idea viene de un mensaje de Pau Blackonion a listas de correos, aunque de un par de días para acá se está empezando a propagar por varios blogs.

miércoles, 24 de mayo de 2006

25 de mayo, día del orgullo friqui

Pues sí, mis niños: mañana se conmemora el Día del Orgullo Friqui (lo siento, la regla de estilo en Ediciones Gigamesh es «friqui», no «friki»), por aquello de que el 25 de mayo de 1977 se estrenó una película de George Lucas: Episodio IV: Una nueva esperanza, vulgo La guerra de las galaxias.
Por este motivo, las librerías y sectores más echados a perder de nuestra juventud (los peterpanes siempre cuentan como juventud, aunque tengan cincuenta años) van a conmemorarlo a lo grande, con descuentos, juegos de rol en vivo, quedadas, disfraces, partiditas varias, desayunos, almuerzos, meriendas, cenas e incluso un book-crossing friqui. ¿A qué esperas para salir a la calle y proclamar tu friquismo a los cuatro vientos?
Maldición, tengo la camiseta de Supermán rojo en la pila de la ropa sucia; habrá que buscar otra alternativa, para ir a tono con el evento.
Otro de los aspectos interesantes del Día del Orgullo Friqui es que hay un manifiesto. Me encantan los manifiestos. Desde el Manifiesto futurista de Marinetti para acá, los manifiestos son la mejor manera de darle cierta pátina de credibilidad a la causa más peregrina. Si, además, le acompañas una cantidad insensata de firmas (de cuatro millones para arriba), pues tanto mejor.
El Manifiesto Friqui proclama lo siguiente:

Porque hay Dia del Padre, de la Madre, del Trabajo, de la Mujer Trabajadora, del Orgullo Gay... comenzaremos una campaña a nivel nacional para que a los frikis (que ya somos legión) se nos tome en serio y no nos definan como «niños grandes».
Porque tenemos derecho a hacer cola por ver una película durante horas. Porque podamos ir a la juguetería, a comprar en el Corte Inglés cualquier figura de Star Wars o de McFarlein Toys, para que no nos miren raro en el metro por ir leyendo un tebeo de Spiderman...
Por eso se declara desde esta página el dia 25 de mayo (fecha del aniversario del movimiento Friki, cuando se estrenó Star Wars) como el Día del Orgullo Friki. Ir pensando en actividades, kedadas, visionados... lo que sea para ese día, y por favor darle el máximo de publicidad posible... a ver si conseguimos salir en el telediario. Seguiremos informando.

DERECHOS IN-ALIEN-ABLES DEL FRIKI
1.-Derecho a ser más friki.
2.-Derecho a quedarse en casa.
3.-Derecho a no tener pareja y ser virgen hasta la edad que sea
----3.1- Derecho a, si tiene pareja, intentar convertirla en friki.
4.-Derecho a no gustarnos el futbol ni el deporte en general.
5.-Derecho a la asociación friki.
6.-Derecho a tener pocos amigos (o ninguno).
----6.1-Derecho a tener todos los amigos frikis que se quieran.
7.-Derecho a no ir a la moda (una camiseta de Homer es ir siempre de moda).
8.-Derecho al sobrepeso y a la miopía.
9.-Derecho a exhibir el propio frikismo.
10.-Derecho a dominar el Mundo.

DEBERES DEL FRIKI (DE OBLIGADO CUMPLIMIENTO)
1-Ser friki, pese a todo.
2-Intentar ser más friki que otro friki.
3-Si hay alguna discusión sobre algún tema friki, entrar a dar opinión.
4-Salvaguardar todo el material friki de «personas desaconsejables» (niños pequeños, personas limpiadoras compulsivas...).
5-Hacer todo lo posible para exponer el material friki como si fuera un «Museo del Frikismo».
6-No ser friki de todo. Hay que estar especializado en algo.
7-Ir al estreno de cualquier película friki, comprar antes que nadie un libro o DVD friki.
8-Esperar cola ante un estreno friki, aunque haya posibilidad de telecompra de entradas. Y si es disfrazado, o con camiseta friki, mejor.
9-No desprenderse de nada NUNCA relativo al mundo friki, aunque sea un envoltorio arrugado.
10-Intentar dominar el mundo.
Ante lo cual, declaro anonadado, e incluso preocupado, que cada vez cumplo menos requisitos para ser friqui.
Tengo novia, que por cierto no es friqui (ejem) ni intento que lo sea (ejem, ejem), me gusta el fútbol (los domingos por la tarde es la mejor de mis aficiones), tengo una cantidad bastante respetable de amigos (muchos de ellos, no friquis) y paso de ir disfrazado. Por contra, soy el socio número 6 de la AEFCFT (el 3, con la renumeración), trabajo para un supervillano de cómic y soy un gordito con gafas y camiseta negra.
¿Qué me pasa? ¿Son las malas compañías? ¿Me estaré volviendo mayor?
Hasta mañana. Nos vemos en la friquisfera. ¡Salud y friquismo, compañeros!

lunes, 22 de mayo de 2006

Un paso adelante hacia mi cyborgización

Visto así, suena muy bien: la dentadura ideal de cualquier adulto.
El problema llega cuando te tienen que quitar alguna pieza.
Y te dan el presupuesto.
Y se te caen los cojones. Aunque lo disimulas a la perfección.
Y ves que, bueno, puedes permitírtelo, sin necesidad de meterte en créditos.
Qué bonito: sigo perteneciendo a la exigua minoría de españoles que aún no le han vendido el alma a un banco. Me he librado por los pelos, gracias a las financiaciones a dieciocho meses. Si me hubieran financiado a veinticuatro, además, hubiera tenido que pagar intereses. Y si me hubiera decidido el mes que viene, tendría que pagar a seis meses.
En resumen: que de lo malo, lo menos malo.
La historia arranca hace once años y medio. Estábamos en vísperas de la primera hispacón de Burjassot (octubre de 1994) y tuve la mala pata de que se me chafaran simultáneamente los dos molares inferiores. Como ya no tenía tiempo material de ir a la dentista a que me los medio apañara, me fui con lo puesto.
La hispacón fue divertidísima, pero las pasé un poco putas, porque tenía dos nervios al aire y, para tapármelos, probé primero con miguitas de pan y más tarde con sendos chicles. El molar derecho me estaba fastidiando mucho: rozaba contra la lengua, con lo que me provocaba heriditas que me impedían comer y beber. Además, llegué a la hispacón con un trancazo de la hostia, con lo que me pasé los tres días a base de couldinas y vitamina C efervescente, que me escocía un montón.
Caty, nuestra dentista, nos pasaba consulta gratis, porque era compañera de promoción de mi padre en la Facultad de Medicina (en el antiguo Hospital de San Carlos). Tener médicos en la familia conlleva estas ventajas.
Las desventajas: que te tratan con mucha familiaridad, como si fueras de la familia.
-¿Pero a ti no te han dicho que los chicles tienen azúcar y eso es malísimo para los dientes?
-Sí, pero era la única manera que tenía de taparme.
Me hizo sendos empastes.
Me duraron cosa de cinco años.
Me volvió a hacer sendos empastes.
Me duraron cosa de dos años.
En aquella ocasión, la cosa estaba mucho peor que en las anteriores. Había que matar los nervios; de hecho, lo procedente eran sendas endodoncias. Pero Caty ya estaba mayor, así que me recomendó a una colega suya que trabajaba en una franquicia de consultorios odontológicos.
Para allá que me fui. Me hicieron las dos endodoncias. No recuerdo si coincidió con mi estancia en la Biblioteca Nacional o en el depósito de Alcalá de Henares, pero en todo caso fue durante mi etapa de bibliotecario.
Me duraron dos años.
Ya estaba en Barcelona. Ricardo, Adriana, Ericka, Emmanuel, Lily, Rita y yo nos apuntamos a la Cursa Popular de El Corte Inglés y a la vuelta, mientras comía algo, noté como que me estaba comiend una arenilla. Después de aquello, se acabaron las dos endodoncias. Como tenía los nervios muertos, no sentía nada. Las piezas dentales colgaban, pero tenía mucho miedo del gasto que me pudiera suponer y lo dejé estar. Al principio, en la oficina les molestaba la manera en que me llevaba el dedo a las muelas sueltas y hacía ruiditos, pero supongo que terminaron por aceptarlo como un tic más. Lo comenté cuando hablé de mis manías.
y así estuve, cerca de tres años, hasta que el martes pasado me volvió a ocurrir. Me había quedado en la oficina hasta las nueve de la noche, ensobrando las revistas para los suscriptores, cuando me dio por comerme lo que quedaba de una barra de pan. Topé con algo duro, y deseé con todas mis fuerzas que no fuera lo que yo creía que era, que se tratara de una piedrecita, para así poder cagarme tranquilamente en los panaderos.
Pero no. Era lo que parecía. Me saqué el resto de muela, estuve mirándolo, lo tiré a la papelera, bebí agua hasta limpiar la zona lo más posible y por la noche, mientras me limpiaba los dientes, la espuma tenía un leve toque rojizo. Cristina decía que mis besos tenían un ligero sabor a sangre.
Pedí hora lo antes posible. Y me la dieron para esta tarde.
Aparte de los reproches ("¿Cómo es que te has pasado tres años sin venir a revisión?") y una respuesta un tanto bordecilla a la sugerencia de que me blanquee los dientes ("No lo he hecho porque cuando me dijeron cuánto costaba se me quitaron las ganas"), me han comentado que tengo que hacerme sendos implantes (de titanio, supongo) en los molares afectados, las piezas 36 y 46 (o sea, los molares inferiores). Los nervios ya están muertos y no merece la pena intentar otra endodoncia. Además, hay que reconstruir tres piezas cariadas.
El desglose del presupuesto ha sido acojonante, pero me lo he tomado bastante bien. Con resignación y tal.

Expansión ósea 201,00 €
Implante pieza 46 1398,00 €
Implante pieza 36 1398,00 €
Membrana 209,00 €
Odontosección 46 92,00 €
Odontosección 36 92,00 €
Reconstrucción 13 48,68 €
Reconstrucción 26 48,68 €
Reconstrucción 37 48,68 €
Curetaje 2 cuadrantes 120,00 €

Total presupuesto: 3.656,04 €.

Ah, sí: las revisiones mensuales y la limpieza son gratuitas.
En cuanto se me ha pasado el susto (que he sobrellevado con cara de póquer y una entereza que ni cuando me diagnosticaron el linfoma), he empezado a preguntar por la financiación. Y, como decía más arriba, todo son ventajas. Pago a 18 meses, a razón de 203,11 euros por mes. Me lo puedo permitir, aunque por los pelos. He acabado algún mes con cien euros en la cuenta corriente, pero entre la conferencia de enero, el curso de verano de julio, el previsible aumento de sueldo en junio y alguna otra historia, el caso es que creo que me las apañaré. Habrá que restringir gastos (adiós, Machiroku dos o tres veces por semana; adiós, viajes no rigurosamente necesarios; adiós, Razzmatazz; adiós, Apolo), pero se puede. Y, lo más importante para mí: no me hace falta pedir un préstamo.
De momento, puedo prescindir del blanqueamiento de dientes, pero total, ¿quién quiere tener una sonrisa Profidén? Al tiempo.
Como con el jaco y la farlopa, la primera dosis (digo, visita) ha sido gratis, ya que la finalidad era realizarme el presupuesto. Me han dado hora para el miércoles, de modo que este es el primer paso hacia mis dos primeros implantes de titanio. Después de tantos años con gafas, el lustro que llevo con una media elástica, la adolescencia con el lastre de una ortodoncia y los tres años que estuve con corsés ortopédicos, este es otro paso más hacia mi cyborgización.
A la salida de la consulta me pasé por el Dia, a hacer la compra. Pero, aclaro, no porque esté ensayando la economía de guerra que me espera en lo sucesivo, sino porque me pillaba de camino. Lo juro.
Ah, sí. Ahora debería hablar de mis dientes de leche, mi ortodoncia y cómo perdí la fe en el Ratoncito Pérez, pero mejor lo dejo para otro día.
A pasarlo bien. Y, por lo que más queráis. Si alguna vez discutimos y llegamos a las manos, por favor, no me partáis los piños: apuntad directos a las gafas, que, total, hace mucho tiempo que no me gradúo la vista. Pero mis dientes, ni tocarlos. Son mi mayor inversión.


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viernes, 19 de mayo de 2006

Pégale al ruido

Ojito al dato: Primera anotación que subo al blog por aclamación popular.

Recuerdo aquellos días de primero de carrera, en Geografía e Historia de la Universidad Autónoma de Madrid. Hasta aquel momento, mi formación musical se limitaba a la amplísima discografía que había en casa, cortesía de mis hermanos mayores, que abarcaba prácticamente todos los clásicos del rock sesentero y setentero (Rolling Stones, Doors, Lou Reed, Beatles, Kinks, David Bowie), la movida madrileña (Radio Futura, Coyotes, Gabinete Caligari), mucha canción protesta y cantautores (Lluis Llach, Raimon, Rosa León, Luis Pastor), alguna que otra pijadita de las que escuchaba en el instituto y tímidos intentos de frecuentar el lado más jevi de la vida.
La universidad cambió todo aquello. A partir de aquel momento, mis gustos musicales empezaron a ser los míos, no los de mis mayores. Cierto es que ahondé en algunas tendencias: en cosa de dos años, y gracias a las series medias de Discoplay y Madrid Rock, completé casi todos los clásicos obligatorios de la música pop y rock. Casi todos los discos de la Velvet Underground fueron cayendo en mis manos. Empecé a coleccionar la discografía de mi primo Josele y Los Enemigos. Descubrí a U2, en parte como penitencia por haber rechazado la invitación de mi hermano Enrique para verlos en el Santiago Bernabéu (sí, aquel concierto del 87, en que tocaron con B.A.D., UB40 y Pretenders)...
...y empecé a estar al día de lo que se estaba haciendo. Gracias a Ernesto, Horacio y el sector más moderno de la facultad, comencé a frecuentar el barrio de Malasaña: La Vía Láctea, La Vaca Austera, el Malandro y, por supuesto, el Agapo. Comenzó la era de los conciertos: Siniestro Total (todos los años iba a verlos por lo menos una vez, y la del Agapo fue una de las mayores salvajadas en las que he participado: el aforo completo, dando botes entre un charco de sudor), Los Enemigos (como Josele estaba saliendo con Marisa, hermana de los dueños del Agapo y el Revolver, tenía bastantes invitaciones a conciertos, no sólo suyos), Los Coyotes... Con el tiempo me fui haciendo asiduo del Revolver, de la calle Galileo, donde iba con Ernesto, José María Faraldo o Luz. Allí vi a Los Ilegales, Los Flechazos, Mudhoney, Los Enemigos (varias veces), Siniestro Total y Negu Gorriak. A este concierto fui solo, porque Luz me dijo a última hora que pasaba de ver a un grupo que propugnaba la violencia (el atentado de Irene Villa estaba demasiado reciente). Aquello era un puñetero horno, y yo estaba sudadísimo. Josele me vio, me dijo "Pero reponte, hombre, reponte" y me tendió su copazo. Que me bebí.
También iba a la Universal de la calle Fundadores. Asistí, junto con Faraldo, a una serie de tres conciertos de Los Coyotes: Víctor Abundancia es lo más parecido a Prince, por su manera de moverse en el escenario y su capacidad de seducción, pero en gallego.
Alguna vez me aventuré a la Universal Sur, en Leganés. Allí vi a los Pixies, con Ernesto, y vi a mi vecina Mayte, que también iba a lo loco: casi nunca he bailado tanto. Y a Public Enemy: como nadie quería acompañarme, fui yo solo, toqué el cielo cuando le di la mano a Flavor Flav y Chuck D... y tuve que volverme haciendo autostop, porque no había manera de regresar a casa.
Otra alternativa eran los conciertos al aire libre. La Fiesta de la Primavera de la Autónoma, que se celebraba en mayo, era lo más parecido a un festival de verano, de los que tanto proliferan. El primer año, como estaba en la UEI (Unión de Estudiantes de Izquierda), me tocó en tareas logísticas; es decir, me pasé la tarde poniendo copas en nuestra caseta y la primera hora de la noche en seguridad, bajo unos bafles en los que atronaban A-10 (un grupo británico que pasaba por allí), Pleasure Fuckers (el grupo del inefable Kike Turmix), Sex Museum, y Los Enemigos. Un verdadero infierno.
Otros años la cosa fue más llevadera. Faraldo y yo llegamos a cometer la tropelía de corear en un concierto de La Musgaña una especie de "Marruecos / entera / se siente comunera" cuando el grupo, que (no lo olvidemos) tocaba folk con raíces castellanas, interpretó un tema con una darbuka. No era extraño guiar hasta la estación de tren de cercanías a tus compañeros de clase, porque no sabían ni quiénes eran ni dónde andaban. Tanto exceso terminó fatal, con la fiesta suspendida... Pero eso ya no me afectó: durante mis cinco años de universidad, el primer jueves de mayo había conciertos asegurados, y gratuitos.
Podría hablar de tantos y tantos conciertos. En el Vicente Calderón (Rolling Stones, Prince, Bruce Springsteen), en el campo del Rayo (Metallica y Suicidal Tendencies), en Sirocco (Los Estragos), en Aqualung (Sonic Youth), en el Palacio de los Deportes (Manowar, Nirvana y el famoso "concierto homenaje" al concejal Matanzo)...
Eran otros años, y yo estaba descubriendo la música que se hacía en aquel momento, aparte de completar mis lagunas con respecto a los clásicos. Mis mentores musicales eran Faraldo y Ernesto.
De hecho, con Ernesto me inicié en la música más malasañera. Trabamos una conversación de manera casual en primero de carrera, a colación de mi primo. Y no tardó en pasarme las maquetas de Def Con Dos. Lo tenían todo para gustarme: hacían rap (que en aquella época me gustaba mucho, supongo que por la novedad), eran un grupo malasañero (en la esfera de influencia de Siniestro Total), sus manifiestos eran desopilantes (esas peroratas en las que se advertía, en tono apocalíptico, de que ya iba siendo hora de "llevar a cabo el manteo sistemático de Fernando Sánchez Dragó... de flambear al ron la melena del repulsivo cantante de Héroes del Silencio..."), sus fanzines eran divertidísimos, la organización casi paramilitar era una burda parafernalia de la de Public Enemy pero en castizo (el Escuadrón de las Sombras, la Agrupación de Mujeres Violentas...) y, en fin, sus letras hablaban de cosas de frikis, estaban en mi longitud de onda y la de Ernesto y Faraldo.
El Primer asalto, que se editó en casete durante la primavera de 1989 (cuando primero de carrera estaba próximo a terminar), contenía "Quiero la cabeza de Alfredo García", "Pesadilla en Elm Street" ("Jooohn Fitzgerald Kennedy / se paseaba / como un idiota / por Elm Street. / Él no sabía / que aquel era el día / que Freddie curraba / y pasó por allí") o "Los discursos de Lenin". Sonaba muy tosco, pero la actitud contundente era lo que importaba.
El Segundo asalto estaba mucho más pulido. Para financiar la grabación, César Strawberry, Karras, Kurtz y compañía recurrieron al patrocinio de varios comercios afines, de ahí las divertidísimas cuñas publicitarias que le añadían más encanto si cabe a las vitriólicas "Salman Rushdie" ("Salman Rushdie / dónde estás, / dónde estás / triste de ti"), "La cotorra criolla", "Pégale al ruido" (y su "Es la hora de los mamporros") y sobre todo la monumental "G.I. Joe", en la que rapeaban todos los textos de las cajas en las que venían los muñequitos de marras.
El Tercer asalto dio un salto cualitativo: se editó directamente en vinilo, y aquello era otra cosa. "Apocalipsis ahora", "Edipo rey", "Veraneo en Puerto Hurraco" y demás canciones marcaron un salto cualitativo que se mantuvo en las siguientes entregas, Armas pal pueblo y Alzheimer. Pero poco a poco fueron perdiendo la frescura, dejaron de hacerme gracia, empezaro a banalizar el mensaje o agotar las ideas y, en definitiva, me fui desenganchando del carro. También es verdad que no puedes estar siete años encallado en el homenaje a los Beastie Boys, aunque se les notaba la intención de mejorar disco a disco.
Por ejemplo, y sin ir más lejos, aprendiendo a tocar.
Porque Def Con Dos no tocaban en directo. Y, cuando lo hacían, era con música enlatada.
Así lo hicieron cuando fui a verlos al Revolver. Debía de ser el segundo o tercer concierto que daban. Con el tiempo formaron una banda, pero en aquellos primeros conciertos tocaban con la música en play back y se limitaban a rapear.
Aquel concierto fue espectacular. Fui con Faraldo, María José (su ex mujer; entonces, novia) y Ernesto, que cubría el concierto para la revista Boogie, para la que trabajaba de fotógrafo.
No es que yo fuera rapper ni nada de eso, pero la parafernalia me hacía gracia y fui vestido para la ocasión. El maqueo consistía en un collar elaborado con una chapita de camioneta Mercedes, arrancado por mis propias manos (era una época en la que coleccionaba chapitas de coches: llegué a tener una veintena), un pin de los Rolling Stones (el concierto del Vicente Calderón estaba muy reciente, o muy próximo a celebrarse, ya no recuerdo) y un Cobi que me encontré en el césped de la Universidad Autónoma, frente al Pabellón B, y al que empalé con una aguja y posteriormente pinté de rojo en el pecho, simulando sangre. Y, por supuesto, mi camiseta de Public Enemy, que me privaban.
Fue una locura. Todos íbamos como locos, porque por fin podíamos verlos en directo. César Strawberry estuvo soberbio. Llegado un punto del concierto, empezaron a repartir discos sencillos de "Veraneo en Puerto Hurraco". Le arranqué uno de las manos a otro asistente: era mío, era mi tesssoooorooo.
Y todo fue genial.
Al final del concierto, Ernesto nos sacó una foto, la que podéis ver más abajo, el verdadero motivo por el que he escrito esta anotación. Son muchos años de enseñarla a hurtadillas, sólo a la gente con la que hay verdadera confianza, pero total, de perdidos al río: a estas alturas, ¿a quién pretendo engañar? Tengo un pasado, muy friki, y quiero compartirlo con vosotros.
No os riáis demasiado. Sed indulgentes: al fin y al cabo, vosotros también tuvisteis veinte años.



Réquiem por Ian Curtis (1956-1980)

Ayer se cumplieron veintiséis años de la muerte de Ian Curtis, el alma mater de uno de los grupos más influyentes del rock: Joy Division. Los de Manchester supieron imprimirle un contrapunto oscuro a la felicidad despreocupada de la new wave británica con su sonido opresivo y sus letras depresivas.
Ian Curtis se unió en 1976 al grupo Warsaw, que no tardó en cambiar su denominación a Joy Division, así llamados en honor a las brigadas de prostitutas forzosas que acompañaban a los nazis en los campos de concentración. La polémica no cesó de acompañar al grupo de Curtis, quien ya era de por sí una persona conflictiva: "She's Lost Control", el primer corte de su primer elepé, Unknown Pleasures (1979), habla de un personaje epiléptico, como él mismo.

La idiosincrasia de Ian Curtis se muestra a la perfección en la fenomenal película 24 Hour Party People, de Michael Winterbottom (2001), una divertidísima revisitación de la época dorada del «sonido Manchester», que ya reseñé en Bibliopolis. Podéis leer la reseña pinchando sobre este enlace.

Closer (1980), segundo disco de Joy Division, depuraba el sonido oscuro de la banda. Estaba mejor producido que Unknown Pleasures, con lo que perdía en intensidad; pero contenía algunas canciones como "Atrocity Exhibition", "Colony" o "Decades" que son auténticos proyectiles disparados a lo más profundo del alma.

Recuerdo mi primera escucha de Closer. Me lo compré en Madrid Rock, en las series medias que me imprimieron cierto gusto musical. El tema inicial, "Atrocity Exhibition", arrancaba con una batería impecable que te atrapaba con su ritmo hipnótico; estaba basado en el libro homónimo de J. G. Ballard, del mismo modo que "Colony" tenía ecos de Joseph Conrad y "Interzone" (del álbum anterior) era un homenaje a William Burroughs. El disco me sobrecogió. El final, con esa monumental "Decades", casi me hizo llorar.

Pero Curtis no llegó a ver Closer en la calle. Dos meses antes de su aparición, el 18 de mayo de 1980, dijo basta. Abandonado por su mujer, Deborah, y su hija de un año, se ahorcó en su habitación mientras veía Stroszek, de Werner Herzog, y escuchaba The Idiot, el elepé de Iggy Pop. El resto de la banda (Bernard Albrecht, Peter Hook y Stephen Morris) formó New Order, otro de los grupos fundamentales para entender la historia de la música popular de finales del siglo XX. Resulta tentador suponer qué hubiera ocurrido de seguir vivo Ian Curtis. ¿Hubiera continuado la Joy Division el camino que luego emprendió New Order, o por el contrario habría permanecido recluida entre las fronteras que imponían las neuras de Curtis? Es difícil saberlo, pero Still (1981), también póstumo, nos arroja alguna luz sobre el asunto. Me hubiera encantado escuchar a Ian Curtis cantando una canción vagamente relacionada con la "Blue Monday" de los New Order que conocemos en este universo.
Uno de los temas póstumos de Ian Curtis es la inolvidable "Love Will Tear Us Apart". Otra es "Atmosphere", que en 1988 (con motivo de la promoción del recopilatorio Substance) dio origen a un videoclip dirigido por el holandés Anton Corbijn, quien en la actualidad debería estar a punto de estrenar Control, una biografía de Curtis basada en las memorias de su viuda, Deborah.

miércoles, 17 de mayo de 2006

Servicio de novedades de Gigamesh: Choque de reyes (edición de lujo) y Gigamesh 43

Reenvío el comunicado de prensa que Álex Vidal acaba de publicar en la lista de correos de Gigamesh (gigamesh@yahoogroups.com):

Estimados amigos:

Nos es grato anunciaros los siguientes títulos de Ediciones Gigamesh que se pondrán a la venta el viernes 19 de mayo:

GEORGE R.R.MARTIN
Choque de reyes

(Canción de hielo y fuego / 2)
Colección Éxitos núm.2
Edición de lujo, ilustrada,
en cartoné con sobrecubierta
Traducción de Cristina Macía
Portada de Corominas
Fantasía
ISBN: 84-96208-38-9
928 págs., 36,00 €

Canción de hielo y fuego: Libro segundo
La novela río más espectacular jamás escrita

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo, cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del mar Angosto, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fratricidas.

George R. R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fratricidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.

Choque de reyes, segundo volumen de Canción de hielo y fuego, narra con vigor y rara intensidad los terribles acontecimientos que sacuden dramáticamente los Siete Reinos. Martin utiliza el formato de la fantasía y el folletín, deliciosamente subvertidos, y retrata la esencia del ser humano y las debilidades que lo guían por el sendero del miedo y la destrucción. La traición, el incesto, la rebelión, el ansia de poder y la sed de venganza... Todo tiene cabida en un libro tan poderoso e hipnótico como espectacular.

Cuando los reyes chocan... la tierra entera se estremece bajo sus pies.
Una narración apasionante cuyo interés e intensidad crecen a cada nueva entrega.

«Martin supera holgadamente las expectativas
creadas con el primer título y continúa la que
está llamada a ser una de las mejores series de
fantasía de todos los tiempos.»
The Denver Post

Gigamesh 43
Portada de Gonzalo Goytisolo
Ciencia ficción, terror y fantasía
160 págs., 5,95 €

La revista de cabecera de los aficionados a la ciencia ficción y la literatura fantástica, decana en su género en España.
Relatos, análisis y críticas de las novedades editoriales más destacadas cada dos meses. Una publicación seria y rigurosa única en su ámbito.

Sumario del número 43:
"Agenesia congénita de la ideación sexual, por K. N. Sirsi y Sandra Botkin", Raphael Carter
El James Tiptree, Jr. se creó en 1991para premiar las obras de fantasía y ciencia ficción que propicien el entendimiento entre los sexos. En 1998 ganó este relato, casi la única obra de Raphael Carter (junto con la novela The Fortunate Fall, de 1996). Escrito a la manera de un ensayo, es al mismo tiempo una divertidísima parodia de la investigación científica y una inquietante reflexión sobre nuestra capacidad para relacionarnos con individuos de distinto sexo.Carter urde un cuento subversivo, un reto a nuestras ideas preconcebidas y a nuestra capacidad de reconocimiento de la realidad que nos rodea.

«Los nuevos alienígenas de la ciencia ficción», Nicola Griffith
Una asignatura pendiente de la CF es la normalización del papel de las mujeres (lectoras y escritoras). En este sentido, durante la década de 1990 ha ganado fuerza una corriente de opinión canalizada a través de los premios James Tiptree, Jr., una de cuyas representantes es Nicola Griffith (1960). La autora de Ammonite (premio Tiptree 1994) y Río lento (Nova CF, premio Nebula 1997) esboza una historia de la CF que invita a la autocrítica: ¿Hacia dónde se dirige un género que retrata con mayor verosimilitud a los extraterrestres que a las mujeres? ¿Quién tiene una mentalidad más alienígena? ¿Los marcianos, ellas o los escritores?

"En Grupo", Robert Silverberg
Decir que el relato que os ofrecemos es uno de los mejores de la época dorada de Robert Silverberg (1935) es tanto como afirmar que nos hallamos ante uno de los mejores relatos del género, incomprensiblemente inédito en España. El autor de Muero por dentro y Regreso a Belzagor nos deleita con esta metáfora certera e inquietante de la incomunicación y los deseos reprimidos en las relaciones interpersonales. Murray nada y ama a contracorriente en una sociedad cada vez más superficial y despersonalizada, en la que se ha producido una inversión de la normalidad, y lo que ayer era normal hoy parece aberrante.

«Reflexiones sobre el sexo virtual en grupo y la inseguridad masculina», Pere Gallardo
Director del departamento de Filología anglogermánica de la Universidad Rovira Virgili de Tarragona, Pere Gallardo está contribuyendo a introducir la CF en el ámbito docente español. En este ensayo analiza el relato de Silverberg desde una doble perspectiva, utópica y sexual. Las frustraciones sexuales de Murray son las de un individuo cuyo concepto de la sexualidad difiere del de una sociedad que reprime cualquier desviación de la norma. Este ensayo apareció originalmente en Foundation, la publicación británica señera de ensayo sobre género fantástico.
«Ciencia ficción y teoría queer», Wendy Pearson
De gran difusión en el mundo feminista y homosexual en la década de 1990, la denominada teoría queer trasciende su objeto de estudio inicial y se postula como herramienta para conocer no sólo la orientación sexual de los individuos, sino el propio concepto de sexualidad. Wendy Pearson va más allá y la utiliza para explicar la historia de la CF a través de las diferentes ideas de sexo planteadas desde Sturgeon y Varley hasta la actualidad. Este trabajo se publicó en The Cambridge Companion to Science Fiction, un texto introductorio académico sobre el género que ganó el premio Hugo de ensayo en el 2005.

«El ansia. Avatares de una noble vampira en Manhattan», David G.Panadero y Jesús Fernández
Desde el Drácula de Bram Stoker, la figura del vampiro está asociada con la sexualidad. La década de 1980 marcó el punto de inflexión en esta temática. El vampiro rebosante de virilidad fue sustituido por otro más ambiguo, a veces notoriamente bisexual. Novelas como El ansia (1981), de Whitley Strieber (1945), marcaron un camino, al igual que la adaptación al cine dirigida por Tony Scott (1983). David Panadero y Jesús Fernández analizan uno de los triángulos amorosos con más morbo del cine reciente, y lo relacionan con la cultura audiovisual de los veinte últimos años. Un ensayo para leer a ritmo de rock gótico.

"El útero de la noche", Lawrence Schimel y Billie Sue Mosiman
Lawrence Schimel (1971), neoyorquino residente en Madrid, es uno de los personajes más polifacéticos del mercado editorial anglosajón: ha seleccionado cerca de cincuenta antologías y cultivado el ensayo, el relato (Mi novio es un duende, 1997), la biografía (Venus and Serena Williams, 2000), el cómic (Vacaciones en Ibiza, 2003) y el cuento infantil (Manual práctico para viajar en ovni, 2005, ilustrado por Sara Rojo Pérez). Esta colaboración con la escritora de terror y misterio Billie Sue Mosiman (1947) es una desasosegante vuelta de tuerca a la temática vampírica.

«La última lamia:Vida, pasión y muerte de Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta», Francisco J.Ortiz
El vampiro suele ser un personaje literario dotado de una sexualidad subyugante cuya fuerza sólo es superada por la de otro personaje literario: la vampira. En su origen se encuentran Lilith, las lamias y otras mujeres fatales mitológicas o literarias. Sin embargo, y del mismo modo que Drácula está inspirado en el personaje histórico de Vlad Tepes, la fuente de inspiración de las vampiras es Erzsébet Báthory. La Condesa Sangrienta ha dado origen a varias novelas; la última, Ella, Drácula, de Javier García Sánchez, le ha servido a Francisco J. Ortiz como coartada para esbozar un perfil de la femme fatale por antonomasia.

«Una hermosa desesperación: Sexo y dolor, a propósito de Hellraiser, de Clive Barker», Francisco J.Ortiz
Desde que Stephen King lo lanzó a la fama con la célebre frase «He visto el futuro del terror, y se llama Clive Barker», el escritor británico ha tenido una trayectoria literaria irregular cuyo punto culminante son los Libros de sangre (1988). Barker creó un universo narrativo tan enfermizo y desagradable como fascinante, un mundo en el que el placer y el dolor van muy unidos. Francisco J. Ortiz analiza las sinergias que estableció Barker con la industria cinematográfica, en particular con la primera película que dirigió, la influyente Hellraiser (1987), basada en una novela corta del propio Barker.


Y eso. En otra anotación conté los pormenores de la elaboración de este número. Ahora toca hablar de los contenidos. Creo que es uno de los mejores números que he dirigido, aunque la última palabra la tenéis los lectores, por supuesto.

Besitos a todos.

sábado, 13 de mayo de 2006

Hurra por ese peaso de torpedooorls

Pues sí, queridos: la canción del momento no es la cosa esa que ha sacado Shakira (y su poderoso giro de cintura) con Whicleaf Jean: no, bonita, tus caderas no mienten. Ni siquiera es la divertida "Opá, yo viacé un corrá", del malagueño El Koala, ni la entrañable mistificación de himno posconciliar que es "Amo a Laura", de los inexistentes Los Happiness, ni siquiera su desopilante réplica a cargo de los guiñoles de Acebes, Rajoy y Zaplana, llamados Los Peppiness para la ocasión. Por no hablar de La Terremoto de Alcorcón y su peculiar ajuste de cuentas con el "Hung Up" de Madonna, ese "Taim Gous Bai, con Loli", que no termino de ver muy claro si me pone el corazón en carne viva o la carne de gallina. No. Salvo que Finlandia gane el festival de Eurovisión con la potentísima "Hard Rock Hallelujah" de Lordi (y soy capaz de votar, aunque ello atente contra mis principios), mi peaso canción favorita de todos los tiempos de esta semana es la versión del "Total Eclipse of Heart" de Bonnie Tyler, perpetrada por los noruegos Hurra Torpedo. Oh, sí, Hurra Torpedo son mis nuevos héroes. Lo que hacen con Bonnie Tyler es mi canción del momento, pero no es la única que tienen en repertorio. A muy escasa distancia en mi orden de preferencias le sigue la performance del "Al the Things She Said", de las rusas tAtU, una cover version inenarrable de "Thank You for the Music", de Abba, y versiones bastante apañadas de "Born to be Wild", de Steppenwolf, y "These Boots Are Made for Walking", de Nancy Sinatra. Ahí andamos, deconstruyendo la cultura pop, que diría un crítico sesudo.
Formados en 1993, Hurra Torpedo están especializados en tocar con electrodomésticos. A la manera de Stomp, pero con más ritmillo y melodía. Son buenos instrumentistas, tienen una pose de esas que, como salten al estrellato, los convertirá en firmes candidatos a actuar en el próximo Primavera Sound (¿me está leyendo algún promotor? Quiero verlos en Barcelona, ¡y ya!) y, en resumen, son la alternativa bizarra al atocinamiento en que se va a ver sumido el panorama musical en las noches de verano, entre reguetones, salsas y ketchups varios. Freak power!
Eso sí, una advertencia: no intentéis hacer esto en casa, que las lavadoras suelen costar un huevo y la yema del otro. Os lo digo desde la experiencia.
(Ah, sí, es sábado, tengo lumbalgia, no me apetece planchar ni leer y decididamente ando demasiado vago como para escribir una anotación en condiciones. Si ejque no se puede escribir bajo los efectos del ibuprofeno.)

jueves, 11 de mayo de 2006

Soy un ninja, pero me puedes ver

Ninja veo, ninja quiero. ¿A que es una monada?

Ninja!

Lo tomé prestado de la siempre recomendable bitácora de Simbionte. El ninja original, para los envidiosos, se puede encontrar en esta página.

miércoles, 10 de mayo de 2006

Pornografía ilustradora

El número 43 de Gigamesh está a puntito de salir de imprenta; pero si queréis estar informados sobre sus contenidos, mejor os suscribís a la lista de correos gigamesh@yahoogroups.com (o curioseáis en http://es.groups.yahoo.com/group/gigamesh/, como prefiráis), donde en su momento publicaremos el comunicado de prensa relativo al próximo servicio de novedades. Que se pondrá a la venta durante el mes de mayo.
Bueeenooo, vaaaleee, os puedo dar un pequeño adelanto de los contenidos del Giga 43, puesto que ya los he comentado en la lista de correos. Será un número potente, potente de verdad.
Para abrir boca, el premio James Tiptree, Jr. de 1998: "Agenesia congénita de la ideación sexual, por K. N. Sirsi y Sandra Botkin", de Raphael Carter. Está escrito a la manera de un ensayo ficticio sobre la genagnosia, una supuesta variante de la prosopagnosia (incapacidad de reconocer rostros) que implica el no reconocimiento de los atributos sexuales. Los doctores Sirsi y Botkin muestran su estupor cuando el cuarenta por ciento de sus pacientes les responden sin dudar que Arnold Schwarzenegger es una mujer. En el trasfondo de este relato late una idea: las diferenciaciones sexuales son lo de menos a la hora de reconocer a las personas. Si profundizamos más aún, nos encontramos con que el propio autor es andrógino, en cuyo caso podemos leer esta deliciosa historia en clave transrealista, y por tanto le podremos sacar más enjundia. Un aviso para los lectores muy versados en el género: el magnífico relato de Ted Chiang "¿Te gusta lo que ves? (Un documental)" es cuatro años posterior al de Raphael Carter. Por si acaso alguien (que no padezca de prosopagnosia temática) jugara a sacarles parecidos.
A continuación viene un ensayo muy interesante, pese a su brevedad: "Los nuevos alienígenas de la ciencia ficción", de Nicola Griffith, una aproximación general al tratamiento que la cf le suele dar a las mujeres. Es una respuesta a las interrogantes que planteamos en la entradilla: ¿Hacia dónde se dirige un género que retrata con mayor verosimilitud a los extraterrestres que a las mujeres? ¿Quién tiene una mentalidad más alienígena? ¿Los marcianos, ellas o los escritores?
Después viene el que para mi gusto es el plato fuerte del número, con permiso de Raphael Carter: "En Grupo", de Robert Silverberg, una auténtica obra maestra que no entiendo cómo podía continuar inédita en castellano. Es la historia de Murray, y el amor imposible que le profesa a Kay. Disfruta de buen sexo con ella, pero ambos forman parte de un Grupo, una relación de sexo virtual con doce miembros, en la que queda muy claro que todo el placer debe ser compartido por el grupo y no hay lugar para las relaciones de pareja «tradicionales». Cualquier cosa que añada, aparte de que lo considero lo mejor del número y uno de los mejores contenidos que han aparecido en Gigamesh desde que la dirijo, seguramente aparezca desarrollada y explicada de una manera mucho más elocuente en el ensayo que sigue al cuento de Silverberg: "Reflexiones sobre el sexo virtual en grupo y la inseguridad masculina: 'En Grupo', de Robert Silverberg", de Pere Gallardo. El director del departamento de Filología Anglogermánica de la Universidad Rovira Virgili de Tarragona publicó este relato en Foundation, la mejor revista de ensayo sobre género fantástico que se edita en inglés.
Tras él va un ensayo potente, extraído del Cambridge Companion to Science Fiction, uno de los libros de referencia básicos de los últimos años: "Ciencia ficción y teoría queer", de Wendy Pearson. Tal vez resulte demasiado académico en algunos pasajes, pero traza un magnífico panorama de la teoría queer y de la historia del género analizada desde esa perspectiva. Me encanta el énfasis que hace en "El mundo bien perdido", de Theodore Sturgeon, uno de mis relatos favoritos de mi autor de relatos favorito, quien con esta historia se adelantó prácticamente cuarenta años a la libertad con que se tratan las cuestiones sexuales en las publicaciones del género.
Con "El ansia: Avatares de una noble vampira en Manhattan", de David G. Panadero y Jesús Fernández, se abre un mini apartado sobre literatura vampírica. Es un estudio sobre la novela de Whitley Strieber y la película de Tony Scott, pero también sobre la música gótica de los primeros años ochenta.
"El útero de la noche", de Lawrence Schimel y Billie Sue Mosiman, es un relato de vampiros con una variante más que enfermiza: la vampira que llega a un motel especializado en acoger criaturas de la noche está en avanzado estado de gestación, con lo que la sexualidad que emana de la siempre morbosa figura del vampiro está dotada de matices... eh... más morbosos, si cabe. A título personal, me hacía mucha ilusíón publicar algún relato de Lawrence, buen amigo del equipo de la editorial. Y la ilustración de Alfredo Esteban Arroyo es genial, aunque contiene un spoiler de la hostia. Algún día le dedicaré una entrada a Alfredo. Prometido.
Cierran la primera parte de la revista dos ensayos de Francisco J. Ortiz: "La última lamia: Vida, pasión y muerte de Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta" y "Una hermosa desesperación: Sexo y dolor, a propósito de Hellraiser, de Clive Barker". Ambas tienen un origen común: estaban destinadas a ser las reseñas de Ella, Drácula, de Javier García Sánchez, y Hellraiser, de Clive Barker, respectivamente, pero tanto Fran como yo vimos que la cosa daba bastante más de sí y que merecían ser ampliadas a la extensión de los ensayos.
A continuación, el hit parade de la crítica, las reseñas, reseñas breves, listados de títulos más vendidos en la librería Gigamesh y listado de novedades editoriales en la librería.
Como digo, es un número potente, y estoy bastante contento con el resultado. Además, el número supone un pequeño salto cualitativo dentro del esquema de la revista: a partir de ahora contamos con corrección de estilo de Natalia Cervera y Antonio Rivas Gorinkai, con lo que el proceso de corrección de Gigamesh revista sigue el mismo camino que los libros de Ediciones Gigamesh. Es un paso más en el proceso de profesionalización de la revista, y creo que se notará.
Con todo, y este es el motivo por el que he escrito esta entrada (aparte del autobombo puro y duro, por si alguien tuviera dudas), la anécdota más interesante relativa a este número de Gigamesh es el origen de su portada, que en realidad es tanto como decir el origen de todo el número.
Me explico.
Las portadas de Gigamesh se le suelen encargar a nuestros ilustradores habituales según una pautas generales, aunque a veces son ellos quienes nos las ofrecen. También pueden ser bocetos descartados de portadas para nuestra colección de libros; pero lo habitual es que se trate de encargos.
Así, la portada del número 35 era un boceto de la ilustración de cubierta de Ciudad maldita, de Arkadi y Borís Strugatsky, obra de Juan Miguel Aguilera. Aunque la ilustración que finalmente apareció en la revista era más bonita y lucida, la que definitiva respetaba mejor el espíritu del libro, por lo que desechamos la primera y la reservamos para la revista. A raíz de aquello urdimos un número especial sobre literatura fantástica europea.
La portada del número 36 era delicada: era el primer número de la nueva etapa, con formato libro y aumento de tirada y distribución en librerías generales. Por tanto, se trataba de un número que requería una cubierta vistosa y espectacular. Al ser el primer número de la nueva etapa, queríamos que funcionara como tarjeta de presentación de la editorial, con lo que los contenidos eran más autopromocionales que de costumbre. Por este motivo jugamos con los bocetos que Juan Miguel Aguilera estaba realizando para los cuentos completos de Fredric Brown. La idea de un ratoncito jugueteando entre la cabeza de un robot zumbado tenía que ver con el relato "Mitkey cabalga de nuevo", pero también con el título del primero de los volúmenes de que constaban los cuentos completos de Brown: Ven y enloquece. Al final, desechamos esa idea para centrarnos en la visión de un perturbado mental, pero la desarrollamos en la portada de la revista.
La portada del número 37 fue un detallazo de Enrique Corominas, una ilustración basada en su historia Dontar (Ed. Recerca); de hecho, el castillo de la portada es la ilustración del interior de portada de su libro. Para no desentonar de aquella ilustración, armamos un número dedicado fundamentalmente a la fantasía, con el magnífico relato de Kelly Link "Viajes con la Reina de las Nieves" como punto culminante.
El número 38 era un número sin un hilo conductor definido, uno de esos «porque nos da la gana» que nos marcamos de vez en cuando, aunque tiraba más hacia el género negro que hacia la ciencia ficción. Contábamos con una ilustración muy resultona de Juanmi Aguilera, que sin embargo tuvimos muerta de risa cerca de dos años. Esto se nota en el «No War» pintarrajeado en el helicóptero derribado: es una referencia a la guerra de Iraq. Aparece un tanto descontextualizado, debido a la fecha en que apareció publicado. No obstante, para mí fue un número interesante, y contiene otro de los grandes relatos que han aparecido conmigo de director: "Tratando de conocerte", de David Marusek.
El 39 era un especial Philip K. Dick. Teníamos acumulado bastante material sobre Dick, necesitábamos un número de la revista que estuviera a la altura de nuestra fama de papanatas dickianos y además habíamos contratado tres títulos del autor, el primero de los cuales iba a ser La pistola de rayos. Todo nos llevaba hacia una portada dickiana. La ilustración de cubierta es el primer esbozo de La pistola de rayos. Aunque la composición es exactamente la misma, hay diferencias notables entre la revista y el libro, sobre todo porque cuando editamos la revista aún no teníamos claro que queríamos que el propio Dick fuese el protagonista de las ilustraciones de cubierta de sus libros. Salimos ganando con el cambio, aunque la portada de Juanmi Aguilera es resultona y a mí me hace mucha gracia. Además, el número quedó cojonudo de principio a fin, desde esa rayadura de Michael Bishop, "Tomate errante", que convierte a Philip K. Dick en un tomate del tamaño de un planeta, hasta la bibliografía comentada por Juan Carlos Planells.
El siguiente número era el especial George R. R. Martin y queríamos cuidarlo sobremanera. De hecho, es el único ejemplar de Gigamesh que ha habido que reeditar. Iba a coincidir con la edición de Tormenta de espadas y sabíamos que funcionaría bien, aunque no de la manera en que lo iba a hacer. Aparte de su valor comercial, los contenidos de este Giga son excepcionales, no sólo por los relatos ("El hombre con forma de pera" y "Las canciones perdidas de Lare Dorr") como por los ensayos de Cristina Macía y Corominas y, sobre todo, por la deliciosa conferencia de Martin, "El corazón de un niño pequeño", que es otro de esos contenidos que me enorgullezco de haber hecho aparecer en Gigamesh. Enrique Corominas estaba trabajando en el portafolio de ilustraciones de personajes que aparece en el interior de la revista y nos presentó una imagen de un Jon Nieve «diferente», más oscuro y tenebroso, que jugaba con un wargo que algunos aficionados a Canción de hielo y fuego se han empeñado en identificar con un pony. Nos la quedamos inmediatamente. Tal vez no sea muy fiel al verdadero Jon Nieve, pero es hermosa como ilustración. Muy hermosa.
Para el número 41 nos arriesgamos. Quería una ilustración de Alejandro Terán, así que nos pusimos en contacto. Alejandro es tremendamente intuitivo: sabe interpretar un texto a la perfección, de ahí que sea el ilustrador de moda y actualmente trabaje para Bibliópolis, Grupo Editorial AJEC y nuestra serie de libros de terror. Me traía entre manos un número muy moderniki, con relatos de Pat Cadigan, Bruce Sterling, Valerio Evangelisti y Paul Park, y un ensayo sobre eXistenZ. La única nota discordante tal vez fuera el fenomenal ensayo de Lorenzo Luengo sobre La fuerza de su mirada, de Tim Powers, pero quería sacarlo en la revista lo antes posible, para que coincidiera con la edición del libro. Así pues, quería una portada en la que se reflejara que el futuro descrito por la ciencia ficción ya está aquí, que vivimos en ese futuro, inmersos en una sociedad audiovisual sujeta a cambios, y que la ciencia ficción de esta realidad en la que vivimos veinte minutos en el futuro es una ciencia ficción comprometida ideológicamente, aunque la estética también resulte fundamental. El mejor reflejo de este futuro es el relato de Bruce Sterling, "No opinamos lo mismo", otro de los contenidos sobresalientes que han aparecido en Gigamesh desde que la estoy dirigiendo. Le comenté esto a Alejandro, y él se descolgó con mi portada favorita de la tercera época de Gigamesh. Una verdadera obra maestra. Este hombre es telépata. Como dice Alejo: «Es tan bueno que debería estar prohibido».
Para el número 42 no hubo que darle muchas vueltas: íbamos a sacar "Duelo", de Richard Matheson, el relato (¡inédito en castellano hasta que lo editamos en Gigamesh!) en el que se basa El diablo sobre ruedas, de Steven Spielberg. Una ilustración basada en ese relato era la única ilustración de cubierta posible, así que le encargamos una a Juanmi Aguilera, quien, como de costumbre, cumplió con nota. Aunque mi debilidad de este número son los dos relatos de Mike Resnick (el mejor, "He tocado el cielo", otro de los contenidos que me enorgullezco de haber dado a publicar, aunque "El sumidero de la memoria" me hizo llorar de tristeza cuando lo leí por primera vez en inglés), lo lógico era ilustrar un pasaje de la pesadilla al volante que padece Mann en una carretera secundaria del Oeste americano.
Así pues, llegamos al número 43, el que debería salir de imprenta durante esta semana y va a ponerse a la venta a finales de mayo.
El caso es que hace tiempo decidimos poner en marcha una línea dedicada a la literatura de terror. Íbamos a empezar con la serie de Anita Blake, de Laurell K. Hamilton. Anita Blake es una reanimadora de cadáveres. Su trabajo resulta necesario para dirimir, por ejemplo, pleitos familiares. ¿Que alguien se muere sin haber dejado testamento y los familiares del difunto se disputan la herencia? No hay problema: Anita los reanima y les pregunta directamente a ellos. Pero no es su única fuente de ingresos. En el Saint Louis en que vive Anita, los monstruos existen, los vampiros son los dueños de los locales nocturnos y en ocasiones crean problemas... eh... disciplinarios. El vampirismo está permitido, siempre que haya consentimiento de la víctima. Cuando no lo hay, Anita entra en acción. Y, aunque es pequeñita, tiene muy mala hostia.
¿Os suena a Buffy, cazavampiros? Bueno, en realidad es más bien al revés: Laurell K. Hamilton escribió las primeras novelas de la serie antes de que Joss Whedon crease a Buffy.
Con las novelas de Anita Blake poníamos en marcha la línea de libros de terror, lo cual nos llevaba a un aspecto bastante interesante: necesitábamos un ilustrador.
Como la numeración de la colección Gigamesh Ficción no distingue el subgénero, la única manera de distinguir la temática de nuestros libros es la cubierta: si la ilustración de cubierta es de Juan Miguel Aguilera, el libro es de ciencia ficción; si es de Enrique Corominas, estamos ante un libro de fantasía. Así intentamos tener una imagen definida e inconfundible.
¿Quién iba a ilustrar nuestros libros de terror?
En principio, pensamos en Gonzalo Goytisolo. Goyti, hijo de Luis Goytisolo y amigo de Alejo, nos pareció la persona más apropiada: es pintor y está dotado del toque morboso que buscábamos para ilustrar la serie de Anita Blake, así como los otros títulos contratados por la editorial. Alejo se reunió con él y le expuso los conceptos básicos que quería para las ilustraciones: vampirismo y sexualidad desbordante. Anita Blake es un poco mojigata al principio de la serie, pero según van avanzando las novelas el tono sube progresivamente, hasta alcanzar lo pornográfico.
Un buen día nos llaman de la librería. Goytisolo ha dejado ¡tres cuadros! No tres ilustraciones, no: tres cuadros, de más de un metro. Es pintor. Lo olvidábamos.
Este cuadro es la ilustración destinada a ser la cubierta de Placeres Prohibidos, la primera novela de Anita Blake.

La miramos de arriba abajo. Nos gusta. Está bien. Peeerooo... No es la imagen que queremos para ilustrar una línea de terror dentro de una colección especializada en literatura fantástica. De modo que, con gran dolor de nuestro corazón, hay que rechazar las tres ilustraciones. Los tres cuadros. Nos ponemos en contacto con Alejandro Terán. Alejo le expone la filosofía de la serie de Anita Blake, y en cuestión de semanas tenemos las cubiertas de los tres primeros Anita.

Le pagamos a Goytisolo la tarifa para originales rechazados, que es la mitad de la tarifa normal de la editorial. Y la tarifa de las cubiertas de una revista es la mitad de la tarifa de una cubierta de libro. No obstante, había un cuadro que nos gustaba. Era una pena desecharlo sin más. Así pues, Alejo llegó a una conclusión: si la tarifa de los originales rechazados es la mitad de tarifa de los aceptados, y la tarifa de las cubiertas de la revista es la mitad de la de los libros, entonces ya teníamos una portada de revista... ¡y además estaba pagada!

Un día, llego a la oficina y me encuentro con una nota en un margen de la impresión del cuadro de Goytisolo, ya montada como portada de la revista:

Habría que sacar algo relacionado con esta portada. ¿Contenidos?

Una vez repuesto del susto, me puse a trabajar en ello. Era la primera vez que teníamos que confeccionar el sumario de la revista a partir de una ilustración. Jean Ray trabajaba de una manera parecida cuando escribía las novelas de Harry Dickson: la editorial le enseñaba las portadas ya montadas, con su título y su ilustración, y el autor «sólo» tenía que escribir su novela policíaca. Y cuanto más rápido, mejor, claro.

La idea inicial era confeccionar un Gigamesh especial vampiros; en primer lugar, para que su aparición coincidiera con la de Placeres Prohibidos; en segundo lugar, porque no solemos editar muchos contenidos relacionados con el género de terror, y este número era una buena ocasión para agruparlos en un número monográfico. No obstante, según avanzaba la fase de búsqueda de material, nos fue apeteciendo explotar el lado más «sexual» de los vampiros; en concreto, su ambigüedad. La conexión con la teoría queer se nos hizo evidente. Los vampiros son el máximo exponente que ha dado el género fantástico al abordar sexualidades «alternativas», pero no son el único. Hay un premio, el James Tiptre, Jr., que está produciendo algunas de las mejores obras de la ciencia ficción reciente, dedicado específicamente a propiciar el entendimiento entre sexos. La temática gay, lesbiana, transexual y bisexual está ganando terreno en la ciencia ficción, la fantasía y el terror. De buenas a primeras, nos encontramos con que estábamos preparando un Gigamesh dedicado al sexo y la literatura fantástica, pero desde una perspectiva madura y académica.

También aprovechamos para publicar algún material pendiente de edición, como el relato de Silverberg y el ensayo sobre el mismo, que eran los restos de un número especial que al final no pudo concretarse. Alejo y Juanma Barranquero hablaban maravillas del relato de Raphael Carter: lo leí y me decidí a publicarlo en Gigamesh. Llevábamos tiempo queriendo pedirle un relato a Lawrence Schimel: era la ocasión más propicia para ello.

Así que, meses después, este número de la revista está a punto de salir de imprenta, y en cuestión de semanas lo tendréis a vuestro alcance. Vosotros decidís si soy un exagerado y mis comentarios son simple pasión de director (al fin y al cabo, sólo por la manera tan original en que fue concebido ya es uno de mis favoritos) o si el realmente se trata de uno de los mejores Gigamesh. Sea como sea, una cosa es segura: no os va a dejar indiferentes.